martes, 15 de noviembre de 2016

SHERKO BEKAS [19.549]


Sherko Bekas

Es un destacado poeta kurdo contemporáneo. Nació el 2 de mayo de 1940 en Suleimaniya, Irak. Es hijo del gran poeta kurdo Fayak Bekas. Se unió al movimiento de liberación kurda en 1965 y ha trabajado en la estación de radio del movimiento (La Voz de Kurdistán). Dejó su patria debido a presiones políticas del régimen iraquí en 1986. Desde 1987 hasta 1992 vivió exiliado en Suecia. En 1992 regresó al Kurdistán iraquí. Murió de cáncer en Estocolmo, Suecia, el 4 de agosto de 2013.


Poetas kurdos
(Traduccion de Mohsen Emadi y Arturo Loera)

Semillas

Éramos millones,
éramos viejos árboles, 
recientes brotes de plantas
y semillas.
Desde el casco de Ankara
llegaron al amanecer
ellos nos desarraigaron
nos mandaron lejos, muy lejos.
En el camino, las cabezas de
muchos árboles viejos cayeron,
muchas plantas nuevas murieron en el frío,
muchas semillas fueron pisoteadas, perdidas y olvidadas.
Crecimos delgados como el río en verano
Hemos disminuido como bandadas de pájaros
hacia la época del otoño
Nos hemos reducido a unos cuantos miles
Tuvimos las semillas arrastradas por el viento,
llegaron a las montañas sedientas otra vez
se escondieron dentro de las hendiduras de la roca
la primera lluvia
la segunda lluvia
la tercera lluvia
crecieron otra vez
Ahora somos de nuevo un bosque
Somos millones
Somos las semillas,
plantas
y árboles centenarios
¡El casco antiguo ha muerto!
Y ahora tú, el nuevo casco
¿por qué has puesto la cabeza de la lanza
debajo de tu mentón?
¿Puedes terminar con nosotros?
Pero yo sé,
y tu sabes, siempre que hay una semilla
para la lluvia y el viento, este bosque nunca terminará.


El viento

Tu amor es como “el viento”
Cuando quiero estar inflamado
Viene y me apaga
Tu amor es como el “viento”
Una vez que estoy inflamado
Viene y me enciende 


Suelo

Con mi mano, busqué la rama
La rama retrocedió ante un dolor insoportable
Cuando alcancé la rama
El tronco del árbol gritó de dolor
cuando abracé el tronco del árbol
la tierra bajo mis pies se estremeció.
Las rocas gimieron
Cuando me agaché
y recogí un puñado de tierra
todo El Kurdistán.
soltó un gemido.



El reloj

Cuando era un niño,
Mi mano izquierda deseó,
buenos vestidos similares a los de los hijos de nuestro vecino.
Tener un reloj.
Lloré.
Mi madre podía solamente morder
mi muñeca:
Con sus dientes,
ella dibujaría un reloj.
Ah, ¡me encantó!
Cuando era un niño,
El significado de la felicidad era: 
en el baño, las burbujas, 
las linternas de verde y rojo que hice
inflando la espuma de jabón.
Cuando era un niño,
en invierno,
en el calor del hogar,
me sentaba
mirando las brasas,
brillantes y florecientes,
Deseé,
como un niño,
entrar en las brasas,
sentarme,
¡hacerlas mi casa!
Cuando era un niño, muchas tardes
me enviaron a la casa de la señora Manija
a comprar pepinillos.
Eso sabía tan delicioso porque,
después de mirar sobre el hombro,
en el espinazo del callejón,
en uno o dos tragos,
colaba el jugo del vaso.
Cuando era un niño,
el amor significaba para mí:
La noche antes de la fiesta,
hasta la mañana, hasta que se abrían mis ojos,
Conmigo, en un abrazo,
dormían mis zapatos nuevos.
Cuando crecí,
mi mano izquierda vio
muchos relojes reales, hermosos
Pero ninguno como el reloj
grabado por los dientes de mi madre
en mi brazo superior y delantero,
ninguno podía complacerme tanto.
Cuando crecí,
ninguna de las cuarenta lámparas y luces de mi habitación 
podría, como las burbujas de la espuma de jabón,
hacerme reír.
Cuando crecí,
no hice ningún fuego en mi cocina,
un hogar donde vivir.
Cuando crecí, la falta de comida
tenía el sabor del jugo de los pepinillos.
Cuando crecí,
no vestí camisas, corbatas y trajes nuevos.
En mi cama,
como mis zapatos de fiesta,
esos que mis ojos veían con anticipación
dormía conmigo, en un abrazo...
¡Ninguno de ellos, ninguno de ellos!


Queríamos decir amor, pero escribimos resistencia

La poesía más lúcida y reivindicativa se hace desde esos lugares a los que tan poco miramos, y desde esas guerras que tantas vidas se llevan

Por: Luna Miguel 


«Si privan a mis poemas 
de las flores 
una de mis estaciones morirá. 
Si privan a mis poemas
de mi amada 
dos de mis estaciones morirán.
Si privan a mis poemas 
del pan 
tres de mis estaciones morirán. 
Si privan a mis poemas/de la libertad 
mi año entero morirá
y yo con él.»



En este breve poema escrito por el Sherko Bekas, poeta de Kurdistán nacido en 1940 y fallecido hace apenas un año, podemos encontrar la esencia pura de buena parte de la última poesía escrita y publicada por los autores nacidos no ya en la cultura islámica, sino más bien en la cultura de la guerra. Para Bekas hay cuatro cosas esenciales en el universo, y estas son el amor, la naturaleza, el alimento y la libertad. Todas estas palabras son sinónimos cuando las leemos en su poesía, y todas estas palabras son reclamos que en ocasiones desde occidente no logramos apreciar. Parecen fáciles, pero son brutales. Parecen pobres, pero guardan dentro de ellas toda la humanidad y el amor que aquí hemos perdido.

Precisamente la palabra amor fue la primera en aparecer sobre la mesa cuando un periodista del Atlantic, Eliot Ackerman, contactó con Aref Akrez y Ammar Tabbab para un reportaje sobre los poetas sirios refugiados tras la guerra que sufrieron en su país hace cuatro años. Cuando Ackerman les preguntó esa clásica e inevitable pregunta a propósito de cómo habían comenzado a escribir, los dos coincidieron en una misma respuesta: “por culpa de una chica”.

Es curioso ver cómo al fin y al cabo todos comenzamos a escribir por la misma razón, para enamorar, para hacernos notar, para hacer ver al ser deseado que existimos, y que estamos aquí dispuestos a dedicarles todas nuestras mejores palabras. Ammar Tabbab, de hecho, nunca ha dejado de amar a esa mujer de la que se quedó prendado años atrás, aunque ya no sepa dónde está, ni cómo se llama, y ni siquiera se atreviera a mostrarle su primer poema. Ahora, para él, esa mujer ya es sólo un símbolo, y ese símbolo se llama compromiso, y ese compromiso es pura política.

En su conversación con los dos poetas sirios, lo que Ackerman nos hace comprender es una cosa muy sencilla pero triste a la vez, y es que en ciertos países de Oriente Medio y Próximo hay generaciones y generaciones de escritores condenados a debatirse entre su intimidad y la violencia del terreno que habitan. Mi trabajo es político. Toda la política tiene sus raíces en la emoción por lo que el poeta tiene que estar presente en esta intersección, reconoce Ammar Tabbab a The Atlantic.

En Siria, sí, pero también en Palestina, Afganistán o Irak encontramos ejemplos de autores que sólo han conocido la guerra, la opresión y el miedo. Escritores de culturas y países muy distintos, que de pronto han encontrado palabras parecidas. La libertad cuesta sangre, dice el joven poeta sirio. Si privan a mis poemas de libertad, mi año entero morirá, y yo con él, dice el viejo poeta iraquí. Porque ellos, como muchos otros, quisieron primero escribir “amor”, pero al final acabaron diciendo “resistencia”.

«Revoluciones tras la puerta de cada casa»

En 2013, pocas semanas después de que Sherko Bekas falleciera, la poeta iraquí Dunya Mikhail publicó en la célebre editorial norteamericana New Directions una pequeña antología poética que reúne a 15 poetas iraquíes que vivieron y escribieron durante el siglo XX. Muchos de ellos están muertos, y otros son ya muy mayores. Algunos alcanzaron la fama, otros consiguieron exiliarse, y otros vivieron para siempre en su país, dedicándose como buenamente pudieron al oficio de la literatura.

No sorprende ver que si hacemos un repaso a todos los poemas que conforman la antología —uno por autor, eso sí, traducidos al inglés y acompañados de una extensa biografía de cada cual— nos toparemos con que algunos de los conceptos en del libro son Dios, Guerra, Cuerpo, Amor, Niños, Sangre o Revolución.

A finales de este mismo año, el célebre escritor y agitador egipcio Ahmed Fouad Negm también dejaría este mundo, y con él dejaba huérfanos a muchos lectores y escritores que lo seguían desde muchos rincones del mundo, como una especie de profeta, símbolo de la revolución en Egipto, amigo de las clases más pobres, liberado tras casi dos décadas en prisión por sus acciones políticas, y portador de un espíritu juvenil que consiguió contagiar a muchos. Con 85 años, él aseguró que escribía como uno de 25. «Que se sepa por todos/ que las cárceles son sólo paredes/ que las ideas son como la luz/ que esa luz que puede saltar por más de un millar de paredes/ y que los muros no retienen el espíritu.»

Queríamos decir amor, pero escribimos resistenciaQueríamos decir amor, pero escribimos resistencia
Y como los muros, el fuego tampoco es capaz de retener a los espíritus. Precisamente el de Zarmina, la joven poeta afgana que acabó quemándose viva por el maltrato de su hermanos, fue la señal que hizo temblar al mundo y la que provocó que Eliza Griswold y Seamus Murphy se aventuraran a publicar la antología I am the beggar of the world, una recopilación de poemas breves y anónimos de mujeres de Afganistán que critican al Islam, a la cultura estadounidense, al machismo y a la horrible guerra. « Que Dios destruya la Casa Blanca y mate al hombre/ que envió misiles estadounidenses a quemar mi casa.» El libro salió a la venta a mediados de 2014, y la noticia de su publicación dio la vuelta al mundo, convirtiéndose en estandarte de la literatura feminista.

Pero si algo está haciendo terrible al año presente, eso es el regreso de la violencia a las tierras palestinas, donde más que nunca las voces de sus escritores e intelectuales se estén abriendo paso para concienciarnos del horror que su pueblo está pasando. ¿Cómo no van a hablar de odio? ¿Cómo no van a hablar de infierno? ¿Cómo no van a esconder revoluciones tras la puerta de cada una de sus casas?

Precisamente de revueltas secretas habla Natalie Handal, poeta palestina que en octubre visitará el festival de Cosmopoética (Córdoba) con sus dolorosos y femeninos poemas. De rabia habla Yahya Hassan, el joven danés de origen palestino que en septiembre publicará en España su primer y radical libro. De acción, de política y de brutalidad habla Remi Kanazi, activista palestino residente en Nueva York que lleva años intentando traducir y dar a conocer en occidente la poesía más ácida de su país. Desde su web Poetic Injustice él batalla a diario. Escribe también poemas sobre la libertad. Escribe también con el único propósito de detener tanta sangre.




Tempestad

La marea dijo al pescador:                        
Hay muchas razones
para mis olas furibundas.
La más importante es
que estoy por la libertad de los peces
y en contra
de la red.

Sherko Bekas

El diario secreto de una rosa: Una antología de poemas kurdos; Traducido al inglés por Mirza Shirwan, MD, Universidad de Vermont, Burlington, VT 05405 Traducido al castellano por Actualidad Kurda.- N.I



Stormtide

The tide said to the fisherman:
There are many reasons
why my waves are in a rage.
The most important is
that I am for the freedom of the fish
and against
the net



Statue

The day will come 
When all the lamps in this world
will rebel
and refuse to light up anymore,
because ever since they have existed
their eyes have been shining
above the heads of thousands of statues
in this world, 
but not a single statue
has been erected 
for Edison.



Seeds

We were millions
we were old trees
newly growing plants
and seeds. 
From the helmet of Ankara
they came at dawn
they uprooted us
they took us away
far away.
On the way the heads of
many old trees drooped
many new plants died in the cold
many seeds were trampled under foot
lost and forgotten
We grew thin like the summer river
we diminished like flocks of birds
towards the time of autumn
we diminished to mere thousands 
We had seeds
carried back by the wind
they reached the thirsty mountains again
they hid inside rock clefts
the first rain
the second rain
the third rain
they grew again
Now again we are a forest
we are millions
we are seeds 
plants
and old trees
the old helmet died!
And now you the new helmet
why have you put the head of the spear
under your chin?
Can you finish us off? 
But I know
and you know
as lond as there is a seed
for the rain and the wind
this forest will never end? 


__



The meadow that remained arid 
despite last year's kisses of rain 
I will make green this year, 
said the cloud. 
With that beautiful flower 
that I did not thread in my hair last year 
I will adorn myself this year, 
said the garden. 
That beautiful tall tree 
with whom I did not dance last year 
I will ask to dance this year, 
said the breeze. 
The New Year's crown 
that I wore last year 
will look much smaller than this year's crown, 
said the mountain top. 
The brooks 
with whom I dallied last year 
I will ask for their hands this year, 
said the lake. 
The horizon 
in which I did not fly last year 
will be this year's destination of my journey, 
said the bird. 
The dark-eyed letters 
that I did not know last year 
I will slip over my hand as a bracelet this year, 
said the little girl. 
The whirlwind 
by which I was thrown back last year 
I will break through this year, 
said the horse. 
The candles on my twelve fingers 
radiate more hope this year 
than last year's did, 
said the candlestick on the table. 
The grain of wheat 
that I did not manage to store in my ant-hill 
I will take there this year, 
said the ant. 
The poem that is shy like a deer 
and that last year I could not tame 
or acquaint with my eyes 
I will tame this year 
and take into the bright attic of my poetry-book 
and let it sleep in my arms, 
said finally I. 

The Secret Diary of A Rose: A Kurdish Anthology of Poems; Translated by Shirwan Mirza, MD; University of Vermont; Burlington, VT 05405 





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