sábado, 19 de marzo de 2011

3516.- LORNA CROZIER



LORNA CROZIER
(Swift Current, Canadá, 1948)
De niña creció en una comunidad donde los héroes locales eran jugadores de hockey, de modo que nunca pensó dedicarse a la escritura. Después de la universidad, Lorna fue a enseñar inglés por institutos. Durante esos años, Lorna publicó su primer poema en la revista Grain y su primer libro, Inside in the Sky was (1976). Desde entonces, es autora de catorce libros de poesía, incluyendo The Garden Going on Without Us, Angels of Flesh, Angels of Silence, Inventing the Hawk, Everything Arrives at the Light, Apocrypha of Light, What the Living Won’t Let Go, y más recientemente Whetstone. Mientras escribe sobre ángeles, el paso del tiempo o el sandwich de trucha de Louis Armstrong, sigue en contacto con lectores y escritores de toda Canadá y el mundo por su gracia, sabiduría e ingenio. Ella es, como escribió Margaret Laurence, «una poeta por la que estar agradecida».
Sus poemas continúan siendo antologados, aparecen en colecciones como 15 poetas canadienses X 3 [15 Canadian Poets X 3] y más recientemente Campo abierto: Una antología de poetas canadienses contemporáneos [Open Field: An Anthology of Contemporary Canadian Poets], una colección seleccionada por lectores estadounidenses.
Estos seis poemas, que pertenecen a La vida sexual de las legumbres [Sex Lives of Vegetables], son inéditos en español.




Traducción: Alberto Manguel


Zanahorias

Las zanahorias follan
la tierra. Una erección
permanente, horadan
la oscura humedad.
A lo largo del verano
se esfuerzan por dar placer.
¿Gozas?
¿Te gustó?

Quizás porque la tierra no contesta
siguen probando.
Mientras tú te paseas por el huerto
pensando torta de zanahorias,
guiso de carne con cebolla y zanahorias,
budín de zanahorias con azúcar quemada,
están follando como animales
a la hora más tórrida de la tarde.





Coles

Lentas y de larga vida,
contentas con dormir al sol,
con las cabezas replegadas, las coles
ignoran la caricia de la mariposa,
el suave vientre del gusano.
Sabes que no puede ser así,
pero, como yacen tan inmóviles,
tan autosuficientes, te las imaginas
poniendo huevos
en los oscuros bolsillos de la tierra,
sueñas que una mañana se habrán ido,
arrastrándose penosamente
hasta el arroyo que corre detrás de la casa,

abriéndose camino
muy deliberadamente
hacia el mar.





Coliflor

Pálido cerebro del jardín,
conoce la vida oculta
de todas las legumbres,
encierra sus fantasías,
y sus verdes líbidos,
todas, en sus carnosos lóbulos.




Cebollas

La cebolla ama la cebolla.
Abraza sus muchas capas
diciendo O, O, O,
cada vocal más breve
que la anterior.
Algunos dicen que no tiene corazón.
Pues no lo necesita.
Se rodea de sí misma,
se sabe entera. Primordial.
Primera entre las legumbres.

Si Eva la hubiese mordido
en lugar de morder una manzana,
qué diferente
el Paraíso.





Papas

Nadie sabe
qué hacen las papas.
Silenciosas y secretas
se agrupan en catervas.
Tantas bajo un mismo techo
que hay rumores de incesto.
Las caras bobas, pálidas,
sin expresión, vacías.
Buñuelos de papa.
Tortillas de papa.
Papanatas.

En sótanos oscuros
se buscan en sus cartones
para estrecharse las unas a las otras
en sus finos brazos blancos.





Guisantes

A los guisantes nada de eso les agrada.
Te hacen sufrir por gustar ese dulce
estallido verde en la boca. ¿Recuerdas
las horas pelándolas sentada en el umbral,
el repiqueteo en la tinaja? Tu madre
sobornándote con limonada para hacer que te quedes,
abriéndolas con tus pulgares.
Tu lengua les descubre algo de clítoris
cuando se desliza por la vaina.
Eso a los guisantes no les parece divertido.
Ellos, que se han pasado la vida entera
con las piernas pudorosamente cruzadas.

http://www.elcoloquiodelosperros.net/numero20/espanola20lo.htm

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