sábado, 19 de marzo de 2011

3539.- ANA TAPIA


ANA TAPIA (Almería, 1974). Licenciada en Psicología y en Antropología Social. Ha sido profesora de Escritura Creativa en los Talleres Castalia de Granada. Colaboró en revistas como El fantasma de la glorieta, Iguazú y El Coloquio de los perros, así como en el diario La Voz de Almería. Fue redactora jefe de Campus (Universidad de Almería). Algunos de sus relatos aparecieron en antologías como Todos somos diferentes (Asociación de Derechos Civiles, Madrid, 2000), Relatos Martín Vivaldi(IAJ, 999) y Microrrelatos Art Nalón (Langreo, 2006). Su poemario Túnel de espejos deformantes (Andrómina Ediciones, 2006) recibió el Premio Leonor de Córdoba. Obtuvo premios de relato como el Premio Carmen de Burgos por El baile de las agujas (Almería, 999) y el Premio Martín Carpena por La Misión de Gorio. Trabaja como profesora en un instituto de secundaria.




APUNTES SOBRE EL CORAZÓN DE MARGARET MEAD

El mundo entero es un lugar
que rezuma hogares
donde poder vivir.

No se mide el amor a un hogar
por el tiempo
o por la antigüedad de sus hechuras
sino por la vivacidad que allí reside.

He visto el mundo y sé que es un hogar
de muchas chimeneas
desde el que al fin podré mirar
el vuelo de las ocas que se marchan al sur.

(El polizón desnudo)






REANIMACIÓN

Yo no sé si quiero que los muertos
regresen de su tumba
e invadan nuestra hiel con sus ojos perplejos.

Yo no sé si quiero que los muertos despierten
y me acunen y canten una nana de estrellas.

No sé si abrir los ojos o cerrarlos
ante su andar etéreo y su desdicha
manos blancas que asustan, voz quebrada

yo no sé
yo no sé

si es mejor o peor que recuperen las plazas
los mercados y las carreteras
donde vagan, perdidos, esperando mi mano.






(Anti) Epitafio

Pobre siglo veinte
que ha visto morir tantas culturas
que ya nadie recuerda.
Yo nací en el siglo veinte. Eso me gusta.
Es como haber estado en los postres
de una última fiesta.
La fiesta del olvido de los hombres
y las lenguas
la finalización de una batalla
sin principio.
El siglo de la voz de las mujeres.
La muerte de bastantes tradiciones.
Pobre siglo veinte
vapuleado por nuestra tristeza.
Yo nací en él. Nací en él.
Y le he sobrevivido.







Shock cultural

Y qué cojones hago yo aquí
frente a estos tipos que escupen
baba verde y me enseñan la polla
como bienvenida.
Tengo hambre y sueño y quiero a mi mamá
y mi colchón de siempre.
Oh dios hay niños piojosos que me tocan
la cara para ver si soy cierto.
Yo me vuelvo, yo me vuelvo.
Mañana me vuelvo.
Pero que paren ya que dejen de bailar
y de babear
por favor.
Voy a desmayarme.
Da igual. De todas formas
moriré de tristeza.
Fracaso de antropólogo. El cerebro
empieza a adormecerse y todo
es irreal y estoy algo borracho
de mi propia locura.
Alguien me escupe
algo de baba verde y ahora sí
me desmayo.
Después otros intentan reanimarme
con un líquido gris
en el que flota un bicho.
Pero yo ya he cruzado al otro lado
de la confusión.
Dejo que hagan conmigo lo que quieran.
Extraño soy. Esclavo de otros mundos:
mi alma no es sólo mía
y puede que mañana
no quiera regresar, después de todo.






Oráculo de un nómada hambriento


Octubre llegará y no habremos
muerto.
Cambiarán el reloj
soñaremos
tímidas pesadillas
por el hambre.
Buscaremos trabajo en las esquinas
perplejas.
Tal vez nos acordemos de la vida de antes.

Octubre llegará
y con él
la incertidumbre.

Aves migratorias cruzarán nuestros ojos
de parte a parte.

Yo seguiré queriendo ser nómada
sin pánico.

Cambiarán el reloj y no habrá
muerto
el minúsculo cauce de esperanza
de nuestros cuerpos jóvenes.


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