lunes, 4 de julio de 2011

CARLOS MORALES DEL COSO [4.075]


Carlos Morales del Coso



[Tarancón de Cuenca, España, 1959].
Es autor, como poeta, de "Palabras de Tierra y Vino" (1982), "S" (1984), "Un rostro en el jardín" (2000), "Il tridente nel giardino" (2000), "El libro del Santo Lapicero" (2000) y "Salmo" (2005). Traducido a varios idiomas, publicó en el año 2003 una de las versiones más celebradas de El Cantar de los Cantares. Como antólogo, ha editado la "Poesía secreta" de Federico Muelas, "El cántio de la Creación", de Carlos de la Rica y "Coexistence", una antología de poetas árabes y hebreos que trabajan por la reconciliación. Como editor, dirige "El toro de barro" (la segunda colección de poesía más antigua de España), los "Cuadernos Sefardíes" (con M. Matitiahu) y la "Biblioteca del Holocausto" (con J.Vandor). Actualmente, codirige con Juan Ramón Mansilla la revista "Hilos de araña".




SALMO DE LOS NEGROS PÁJAROS DE HIERRO


a Esther Bendahán


Hierro somos negros pájaros de hierro negro
repetimos tu silbo repartimos tu nombre
por los campos Señor desplegamos la noche
tu Voz por los canchales la dejamos caer
sobre las torres de luz sobre las guarderías
sobre los ciervos que manan de los montes Señor
sobre las silenciosas plazas y los mercados vacíos
de Jerusalén llegamos con el alba
ululan las sirenas de los claustros
se agitan las campanas se agitan los escombros y los perros
los lirios se arrodillan Señor al paso de tus ángeles
de mañana y de tarde lo hacemos en tu nombre
de mañana y de tarde volamos y volamos
los ojos las escuelas y las puertas
volamos en tu nombre Señor los hospitales
las piernas de Manhattan tronchamos sobre el Hudson
esbeltas las antorchas de Manhattan los ícaros ardientes
cayendo sobre el Hudson las bestias saludando en los cristales
los taxis amarillos las reses colgando de los puentes
de Sebrénika tú júbilo Señor
tus crisantemos rojos las risas que tú mismo cultivaste
bajo la fresca cúpula de tus santuarios oh Dios de Notre Dâme
oh Dios que riegas tu jardín en las basílicas que humedeces tu pelo
con el agua fresquísima de las mezquitas y alivias tu silencio
con el dorado aceite de las sinagogas ¡levanta tu cabeza
escúchanos cantar sobre Bagdad en la nochada!
de mañana y de tarde tu nombre repetimos
tu música dejamos Señor caer sobre los cuerpos
sobre la piel tendida de aquellos dos amantes
desnudos para siempre los amantes sobre una cama muerta
Señor bajo tus rosas
para que tú los cubras para que tú dibujes en su boca
tus negras flores negras los tibios dedos negros de tu burka
izamos las trompetas ondeamos los tambores
como ayer anillos de humo blanco como ayer
Señor escritos en el alba como un temblor de seda
sobre las frías zanjas del invierno sobre las chimeneas
sobe las puertas oscuras de los trenes que tocan con sus dedos
la música de Auschwitz los tangos de Treblinka
los dulces salmos negros de tus chimeneas lo dicen los periódicos
que envuelven la reseca comida de los albañiles los pendientes de plata
que una muchacha olvidó colgados de los negros violines
en las suaves colinas de Polonia bajo las fauces negras de un cerezo en flor
que tiembla al mediodía cuando el reloj entreabre su túnica de arena
y la mujer se inclina buscando la sandalia de un muchacho
en una fosa común oculta en las nevadas cunetas de Kosovo
Señor bajo tus ángeles lo hacemos en tu nombre
¡oh Padre levanta la cabeza desnúdate y respira
somos tus negros pájaros de hierro! Señor tu nombre dibujamos
en la nuca del alba el agua de tus rosas
de mañana y de tarde sobre el atardecer
tu risa repartimos Señor danzamos y danzamos
cosidos a tu muerte Señor ahítos de tu Gloria
tu flor de cada día por los siglos de los siglos

Aaaaaamen

Este poema fue publicado en el año 2005, en el libro Salmo.



El RÍO DE LAS MARIPOSAS

(Para Aira Meneri)

Se afana el dedo en cruzar en barco el Río de las Mariposas
sobre las espaldas rasgadas de tu corazón
encontrar
el puente que aun tiembla
alma adentro
y cavar
cavar y cavar
cavar cavar y cavar
pintar sobre tus hombros el silencio de la mariposa
que muerde ahora los cielos
con sus dientes
en medio del dolor
y en el único día de sus alas abiertas
un día tan sólo para la eternidad
de la mujer que duerme
al cabo del dolor

bajo la mariposa....




JOSUÉ


De qué te sirvió la arena del desierto?
De qué te sirvieron las largas noches en vela
frente al fuego, contemplando las ánforas vacías
de tu vida, sin agua en que limpiar
las sales cenagosas de tus labios?

Debiste pensarlo mejor.
Recuerdo bien, Josué, mi torpe amigo viejo,
el brillo de tus ojos
cuando al tercer día bajaron de los montes
los jóvenes muchachos que enviaste a la ciudad
y dejaron caer sobre tu alfombra
el rumor interminable de sus huertos
y la rama de oloroso terebinto que traían para ti
como un puñal dorado colgada en la cintura
de sus iluminaciones.

Era tanto el ardor, Josué, tan larga fue la seca travesía?
Y todo lo olvidaste.
Y ya no te valieron
las aguas desbordadas del Jordán
que tus piernas cansadas rozaban con sus cantos:
era demasiada la pasión
que los vientos del este abandonaron
en las cuevas donde yacen las leonas
que te dieron de beber:
querías entero el mar,
entero el mar,
para arrojarte a él, para flotar en él,
para hundir en él tus crisantemos rojos...

Y miraste la noche,
porque querías tan sólo que la noche
cubriera tu estupor y te entregara
el secreto de la música en su blusa
para encerrarla luego
en las trompetas, en las cuernas de millones de carneros...

Debiste pensarlo mejor:
yo te recuerdo, Josué, mi pequeño amigo tonto,
levantando tus brazos desnudos hacia el cielo
y ordenando a los ángeles caer
sobre las sólidas murallas de la ciudad que amaste...

¿Y todo para qué?
Ganaste una ciudad,
mas lo que viste tras los muros derribados
no eran los fresquísimos jardines de su corazón
sino un río devastado a los pies de tu corcel,
una túnica en el barro,
y el enorme y vacío rumor de tu silencio….



Vino de mujer


El vino en la copa que derramas y rompes
es un tigre despierto oculto en los juncales
fuego en la lengua
un ejército de negros con tambor
rasgando las costillas de la noche
No sé cómo decirlo
si agitar este cántico de guerra
amor oscuro
si huir hacia los montes
o abandonarme
amor
en los torrentes
tuyos
donde crece el mundo
la luz que nos despierta
el nombre de las cosas



La mujer dormida


Fuego toco y boca
me aplasta la humareda
ese gesto intenso de sus hombros
cuando duerme y todo
es
silencio blanco
instantes derramándose hacia el fondo
del mundo
la luz por la ventana

Yo pongo lo preciso
dialogo en voz baja
me arrastro tras el tacto como un ciego
soy un manantial de vino sólo
que corre mientras duerme
sobre sábanas rojas y rasgadas
y fluye hacia su voz
lentamente
ola alejándose

Y yo no sé qué hacer con el rumor
de todas estas rosas



Conspiración del fuego


Penetran sin llamar furiosos los amantes
augures de la lluvia
fluyendo como abejas estivales al rumor del polen
al banquete nupcial de los furtivos
ríos en el pecho
Sacerdotes denudos lanzándose manzanas
animales hinchados unos junto a otro
se rompen los amantes
con la fiebre que inflama la roja cintura de las bailarinas
se persiguen y enroscan en el jardín secreto
de su tarde madura
de los ojos se toman
de los brazos
como hilillos de agua cruzando las umbrías
se envenenan
y tiemblan
entre sábanas rotas crujen los amantes
y se dejan morir en la conspiración del fuego
navéganse y encallan
y no saben huirse ni yo quedar tampoco



LA DANZA DE LOS PÁJAROS


A Daniel Chanoch y a Mercedes Escolano

Cielo triste
cielo mira mujer con niño dentro
hombre solo mira cielo
mira niño
mira mujer sola
contempla nube oscura pintada en cielo triste

Indio pone quena en boca
quena silba mágica
trota en aire
llama pájaros
pájaros duermen en monte
pájaros no quieren despertar
no pueden despertar
no saben volar en cielo triste

De pronto cielo fulge
de pronto brama cielo
toca címbalos y llora
entorna sus esclusas himen Dei
vienen pájaros en medio de tambores
pájaros y espinos la música buscando

Quena encuentra pájaro qui vola
rara escoba baila cielo triste
danza tosca
oh pájaro insolente
oh pásharo que bajas
oh páxaro infelice en plomo dibujado

Hambriento el Agnus Dei el cielo triste cruza
cielo llove pájaros y lluvia
quena llora pájaros cursivos
gozoso Santo Espíritu a pájaros espera
a pájaros que lumen pecatta tollis Dei
al cabo pico santo rompe pájaros ingrávidos
plumas llueven
en garra de Dios oh pájaro abolido

Indio sella boca
guarda quena
hinchado Sancti Espíritu regresa a la montaña
ya no pájaros
ya no ojos mirando cielo triste
solombras nubes rojas
sólo un hombre en la tempesta
mujer sola con niño dibujando
el rastro del espíritu
el caos que se avecina

(Del libro Salmo)







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