domingo, 28 de agosto de 2016

LUIS DE HERRERA Y ROBLES [19.084]


Luis de Herrera y Robles

Don Luis Herrera y Robles nació en Sevilla el 21 de mayo de 1838. Cuentan que en su infancia tuvo la fortuna de conocer al poeta, erudito y religioso sevillano Alberto Lista (1775-1848). Con sólo 12 años Herrera, fue nombrado Ayudante de los Maestros las Escuelas Pías de la Purísima Concepción de Sevilla, en atención a su buena conducta y adelanto. En los exámenes extraordinarios celebrados en Sevilla en enero-febrero de 1852 entre todos los alumnos de 1ª enseñanza, obtuvo la nota de Sobresaliente y elegido por el tribunal para el Primer Premio, que le fue entregado por el Rector de la Universidad de Sevilla.

Desde 1855 a 1862, cursará todas las materias de 2º enseñanza en el Instituto histórico de Sevilla (que después se llamaría San Isidoro), obteniendo el grado de Bachiller en Artes con la calificación de Sobresaliente.

En esos años, también cursó en la Universidad Literaria de Sevilla estudios de Filosofía y Letras (con obtención de Sobresaliente en las asignaturas de Prosistas Griegos, Literatura general y Española, Literatura clásica Griega y Latina, Poetas Griegos, Geografía, Historia de España, 1º y 2º curso de Hebreo, y Literatura Española) y los estudios de Sagrada Teología (con nota de Sobresaliente en todas las asignaturas de los 4 años del bachillerato).

Así entre 1864 y 1867, obtendrá el grado de Bachiller en Filosofía y Letras y el grado en Bachiller en Teología en la Universidad Literaria de Sevilla. 

Ese mismo año de 1867 accederá por oposición directa al cuerpo de Catedráticos Numerarios de Instituto.

En 1868, fue ordenado sacerdote y después de estar vinculado provisionalmente al Instituto de Osuna y al de Cáceres, llegaría definitivamente al Instituto de Cabra, como catedrático por oposición de Retórica y Poética.

En 1869, terminará la licenciatura en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla con la nota de Sobresaliente y en 1873 culminaría sus estudios con el grado de Doctor.

Durante 25 años estaría vinculado como docente al Instituto de Cabra, siendo Director del centro educativo y Rector de su Colegio durante en tres ocasiones. De 1875 a 1883, de 1884 hasta 1886, y de 1891 a 1892.

Como Director, además de potenciar el Solemne Acto Académico de Apertura de Curso, introdujo como otra actividad pública de gran éxito la llamada “Academia Literaria”, en el que participaban los alumnos con discursos, poesías y florilegios literarios, amenizados con música. 

Por su iniciativa, secundado por el Claustro, la Junta de Patronato del Real Colegio y la Diputación Provincial, consiguió de manos de S.M. Alfonso XII en 1877 la declaración del Instituto de Cabra como “Instituto Provincial” incorporándose al mismo varios colegios de la comarca: Lucena, Baena, Aguilar de la Frontera, Montilla, Puente Genil…

En la Memoria del Curso escolar 1872-1873 se dice que de los 63 institutos existentes entonces en España, sólo 25 tiene mayor número de alumnos que el de Cabra.

Como alumno destacado de esta época, se encuentra Niceto Alcalá Zamora y Torres, alumno del Instituto de Cabra entre 1887 y 1891, que cursó sus estudios con un expediente brillante.

La gestión de don Luis Herrera elevó al Instituto-Colegio a uno de los periodos más importantes de su historia.

Durante su mandato como Director, llevaría a cabo importantes reformas y ampliaciones del Instituto. Así en 1878, se adquirieron parte de dos casas contiguas y se construyó la fachada a la calle del Instituto (hoy Pepita Jiménez) con grandes ventanales y rejas de forma que pudiera verse a través de ellos el Jardín Botánico que allí se instaló. El levantamiento de un cuerpo de tres pisos, a continuación del antiguo comedor: destinándose el bajo a comedor y cocina, el primero a gabinetes de Física, Química e Historia natural, y el segundo, para dormitorio de colegiales.

En estos años es cuando también se dota a la Biblioteca Histórica y a los Gabinetes con sus lujosos armarios-estanterías y un material revolucionario para su tiempo.

Su llegada al cargo coincidió con la visita comentada de Valera al Instituto con motivo de la Apertura de Curso, y en la que se conocieron. Don Juan Valera estuvo siempre al tanto de las mejoras pedagógicas y materiales introducidas por el doctor Herrera y Robles. Y el prestigio del Centro fue tal que don Juan, al regreso de uno de sus viajes a Francia, donde visitó varios Liceos, dice en su correspondencia que ninguno llega “al estado brillantísimo en que se encuentra el de Cabra”.

Casualmente Valera, también asistirá a la Apertura de curso del curso 1883-1884, que cerraría la 1ª etapa de D. Luis Herrera como director. Con estas palabras le informaba a don Marcelino Menéndez Pelayo: “Mañana volvemos a Cabra donde asistiremos a la solemne apertura del curso en el Colegio, gran fiesta que celebra don Luis Herrera con notable pompa y concurrencia de señorío, no solo de cabreño, sino baenero y lucentino”.

En una época en la que la situación política se caracterizaba por la pugna de conservadores y liberales, D. Luis Herrera no quedaría al margen. Su rival político en la dirección del Instituto sería D. Antonio José Domínguez de la Fuente, que ejercería como Director durante 12 años aproximadamente desde 1862 hasta 1875, que le sucedería en el cargo Herrera, el protegido de Valera.

D. Juan Valera apadrinaba a Herrera, según sus propias palabras: porque era su amigo, porque era un buen director, que había nacido para ello, porque el colegio está en un estado brillantísimo, porque es de la Academia y amigo de sus amigos…

D. Martín Belda, figura relevante del partido conservador también apoyaba a Herrera, como el liberal Valera, que lo hacía independientemente de sus ideas políticas, en reconocimiento a su labor y valía personal. A principios de aquel curso de 1883-1884, los liberales maniobran políticamente y destituyen a Herrera. En aquella contienda, Juan Valera toma partido por Herrera, así como otro de sus buenos amigos, Marcelino Menéndez Pelayo. La correspondencia entre los dos escritores por esas fechas, como señala Galera, se ocupa frecuentemente del caso y comentan las gestiones que ambos llevaron a cabo para apoyarlo. Incluso desde Washington Valera escribe al ministro de Fomento don Alejandro Pidal y pide al mismo don Marcelino, que le insista sobre este tema: “Dígale –escribe en enero de 1884- que restablezca en Cabra de Director de aquel instituto a don Luis Herrera, que nació para ello, y a quien fue un acto de mi primo Juan Ulloa el dejar cesante”

Las gestiones de Valera, dieron su fruto, y Herrera sería nombrado de nuevo director en junio de aquel año, cargo del que cesó en 1886. En una tercera ocasión, entre otra fuerte controversia política, Herrera volverá a ocupar la dirección, desde julio 1891 hasta su renuncia en 1892.

Así que cuando ese año se traslada a Sevilla para ocupar la cátedra de Retórica y Poesía del Instituto de Sevilla y años más tarde, dar clase de Historia General de la Literatura y Castellano, el propio Valera escribirá: “Ya se largó a Sevilla D. Luis Herrera y se largó para no volver, y convienen que ya cesen las guerras en el Instituto”. 

Plenamente integrado en los foros artísticos e intelectuales de la capital andaluza, Herrera tuvo una singular presencia en la Academia Literaria sevillana. Continuó escribiendo versos; tradujo con esmero una de las obras universales de la Antigüedad clásica greco-latina: La Eneida de Virgilio, y se entregó entusiasmado a la escritura teatral, género en el que logró el reconocimiento gracias a la pieza titulada “La elección de estado”, una comedia compuesta de tres actos, de clara filiación moratiniana, en la que abordaba el espinoso asunto del casamiento por conveniencia.

En la Memoria del curso 1907-1908, del Instituto San Isidoro de Sevilla (señala la profesora Núñez en un artículo publicado en la Revista “El Paseo Cultural”) se informa del fallecimiento del doctor D. Luis Herrera y Robles. Y como elogio se transcribe un párrafo leído por D. Luis Montoto en la Academia sevillana de las Buenas Letras: “D. Luis Herrera y Robles fue el último y glorioso resto de la antigua Escuela poética sevillana. Sus libros de poesía y su magistral traducción de la Eneida serán modelo dignos de imitación, mientras gustemos del habla de Castilla, de la pompa y majestad de esta, limpia como el oro y sonora como la plata, de la rotundidad del período y del ritmo musical del verso, que no es sino un eco débil de los cielos y los mundos.”



Un triunfo más, de Luis de Herrera 

Pero no sólo hay cartas y artículos. Precisamente en el mismo volumen encontramos el primer testimonio poético, en este caso no directamente relacionado con la persona de Juan B. Cabrera pero sí con el secretario de su iglesia, Francisco Rodríguez. 

El poema surge con motivo de su conversión al credo católico el 15 de agosto de 1869 según data la protesta de fe firmada al efecto. Con tal motivo el polemista Gago envió una carta al director del periódico sevillano El Oriente del 17 de agosto dando cuenta de la abjura- ción de este protestante. A sus palabras añadía Gago el texto literal de la protesta de fe, una carta a Cabrera y la composición "del joven Luis Herrera'", el cual la fecha el día siguiente al de la abjuración de Francisco Rodríguez, es decir, el 16 de agosto; y, como vemos por las fechas, en seguida obra en poder de Gago. 
En las palabras que dirige a Cabrera, el catolicista Gago nos da unos datos sobre el converso y la relación con la iglesia de aquél. Lo hace así, ponderando el significado que tiene este cambio de fe: "[...]¡Convertirse al catolicismo un hombre afiliado desde hace quince años en esa reunión de comparsas que llamáis iglesia evangélica! ¡Un hombre a quien confiasteis un cargo importante en esa santa hermandad; un hombre de un tesón diabólico en la propaganda contra el Papa, contra el clero, contra toda idea y práctica de la Iglesia católica; un hombre con un hijo en colegio protestante extranjero, y cuyas hijas componían el coro de cantoras en la cabreriza; un hombre, en fin, a cuya petición se atribuye el que el padre Cabrera haya venido a fijar entre nosotros su ridículo apostolado...! Oh qué horror!" (p. 145)


El poema, titulado "Un triunfo más", muestra la rivalidad que entonces existía entre estos dos credos cristianos en España. Lo integran nueve octavillas agudas en versos heptasilábicos y con gran sonoridad. Las rimas agudas de los versos cuarto y octavo, ya de por sí sonoras, refuerzan su ritmo con los versos esdrújulos que van en primero y quinto lugar. El contenido se ditribuye en dos partes. Las cuatro primeras estrofas proclaman la gloria y el júbilo por la liberación que el omnipotente Dios ha hecho del alma subyuga- da por el despótico e infernal protestantismo. El resto del poema es una exhortación para que ese "nefando error inmundo" se recluya en su infierno y no mancille ni menoscabe el honor del católico pueblo español, acreditado defensor de su patria y de su religión, y de honda devoción mariana. El contraste entre el catolicismo y el protestantismo es bien notable según Herrera: siendo el primero la verdad y la luz, el protestantismo es el error que pretende eclipsar la luz que brota del árbol de la cruz. 


Un triunfo más 

Con motivo de la conversión al catolicismo en Sevilla de Don Francisco Rodríguez, secretario de la Iglesia reformada en esta provincia. En el día en que abjuró de sus errores y recibió la Sagrada Comunión, 15 de Agosto de 1869. 


Resuenen dulces cánticos 
De bendición y gloria, 
Y al firmamento suban 
Con eco celestial: 
Que el Dios de los ejércitos 
En singular victoria 
Hoy la cerviz quebranta 
Del déspota infernal. 

¿No veis de pueblo innúmero 
Pintada en los semblantes 
La célica alegría 
Que inunda el corazón? 
¿Y mil y mil espíritus, 
Que coros rutilantes 
Sacros himnos repiten

De gloria y bendición? 
Sí: tras el velo candido 
La eterna Omnipotencia, 
En el misterio augusto 
De humilde Magestad [sic], 
Trono sagrado erígese, 
De amor y de clemencia. 
En alma que oprimía 
La sórdida impiedad. 

Alma, que al yugo pérfido 
Del necio error impío, 
Su noble cuello incauta, 
En mal hora humilló; 
Mas hoy la arroja férvida 
Con valeroso brío: 
Que la verdad divina 
Su mente iluminó. 

Verdad santa y benéfica. 
Del necio perseguida. 
Del necio, que sus ojos 
Cierra a la luz del sol: 
Y entre tinieblas lóbregas 
Sin luz, calor ni vida, 
Mentida dicha ofrece 
Al ínclito español. 

Al español católico 
Que el orbe siempre ha visto. 
Su Religión y Patria 
Constante defender. 
Y con su celo en alas 
La Santa Fe de Cristo 
Tras los inmensos mares 
Con júbilo extender. 

Al Español, que lágrimas 
Ante la Virgen pura. 
Ante la Virgen Madre 
Derrama con fervor: 
Su Santo nombre invoca
Con gozo y con ternura, 
Y siente en sus entrañas 
La llama de su amor. 

Huye al horrible báratro, 
Nefando error inmundo. 
No eclipses de mi patria 
La esplendorosa luz: 
La luz que brilló fúlgida 
Sobre la faz del mundo, 
Luz santa desprendida 
Del árbol de la Cruz. 

Huye, que el pueblo intrépido 
De Otumba y de Lepanto, 
Aún siente hervir su sangre 
Con religioso ardor: 
Tu faz horrenda mira 
Con odio y con espanto, 
Y oprobio no consiente. 
Ni más mengua en su honor. 

Luis Herrera 
Sevilla 16 de Agosto, 1869. 
(pp. 148-150)





"Poesías" del licenciado D. Luis Herrera y Robles (Sevilla, 1872)
23.12.15 - Escrito por: Biblioteca histórica Aguilar y Eslava

Cuando el presbítero D. Luis Herrera y Robles publicó sus Poesías (Sevilla, Imprenta de Francisco Álvarez y C.ª, 1872) era catedrático propietario por oposición de Retórica y Poética en el Instituto de 2.ª Enseñanza de Cabra. El ejemplar que forma parte de la Biblioteca Histórica Aguilar y Eslava, y que traemos como Libro de la Semana, contiene manuscrita una dedicatoria del autor: "A mi querido amigo D. Rafael Lama y Leña, Licenciado en Filosofía y Letras, en testimonio de verdadero aprecio", por lo que imaginamos que sería el Sr. Lama quien donó la obra de Herrera a la Biblioteca.

En sus primeras páginas encontramos un prólogo o juicio crítico de estas poesías realizado por el ilustrísimo señor doctor José Fernández-Espino, catedrático por oposición de Literatura en la Universidad de Sevilla, director de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y exdirector general de Instrucción pública. Fernández-Espino (1816-1875) fue discípulo y colaborador de Alberto Lista en el Colegio de Humanidades de San Diego, donde explicó lógica y metafísica. La faceta poética del prologuista se decantaría progresivamente por el cultivo de la crítica desde su cátedra de estética en la Universidad de Sevilla. Los últimos años de su vida estuvieron consagrados en la redacción de un extenso y ambicioso "Curso histórico-crítico de la literatura española", cuyo único volumen publicado (Sevilla, 1871) comprende hasta la novelística cervantina. Así, pues, sus comentarios resultan altamente significativos para apreciar la calidad literaria del poeta.

Para Fernández-Espino, el espíritu dominante en los versos es el religioso, justificándolo en que D. Luis Herrera ha sido "amamantado en las sublimes y consoladoras doctrinas de la religión católica, a ellas debe su principal inspiración: su corazón, su inteligencia, su fantasía viven en las hermosas regiones de la fe, y ésta arranca a su plectro torrentes de poéticas armonías". Abre su poemario un soneto a la Santísima Virgen, en el que queda de manifiesto que a Ella, "Reina de vírgenes sagrada", dedica los cantos que salen de su humilde cítara; así se deja traslucir en los tercetos del soneto:

"A Ti consagro con ferviente anhelo 
humilde el eco de mi pobre lira, 
errante peregrino de este suelo:

Tú eres el numen que mi canto inspira, 
Tú mi amparo y dulcísimo consuelo, 
por quien mi amante corazón suspira".

La Virgen es para Herrera, como dice su crítico, el "faro luminoso que le guía en el proceloso mar de la vida, y el aliento que le inspira en sus creaciones", añadiendo que el misticismo del vate se dirige, en su oda "El alma en la soledad", a imitaciones del Cantar de los Cantares de San Juan de la Cruz, precisando que esta composición es una preciosa muestra de la poesía que trata de la vida espiritual y contemplativa y del conocimiento. Fernández-Espino indica que debemos ver en ella "a la Esposa, no en el campo, no buscando al Esposo por montes y collados, como en el poeta santo referido, sino en el retiro del claustro, unida a su Dios, pensando en Él, gozando en eterna primavera de ventura sus castos y purísimos amores: así, lleno el espíritu del poeta de ese ideal contenido, exclama:

¡Oh soledad dichosa, 
dulce refugio para el alma pura, 
do en calma deliciosa, 
la paz y la ventura 
a torrentes derraman su dulzura!

Feliz la que apartada 
del mundanal bullicio licencioso, 
en tu amable morada, 
con su adorado Esposo, 
vive en éxtasis puro y misterioso".

Desde luego, los ecos del patrono de los poetas en lengua española y cofundador de la Orden de los Carmelitas Descalzos junto a Teresa de Cepeda y Ahumada (Santa Teresa de Jesús) resultan evidentes; pero igualmente suenan a influencias de los escritores, religiosos agustinos, fray Luis de León y fray Pedro Malón de Chaide. Además de la llama mística, arde en el corazón de Herrera la llama del patriotismo. Así lo hace ostensible en A España el 22 de junio de 1866, una oda de 200 versos fechada en Sevilla el mismo mes y año de referencia. Estaríamos, por tanto, ante el hecho ocurrido cuando un grupo de sargentos del cuartel de San Gil intentaron una sublevación fallida contra la monarquía de Isabel II. La exaltación lírica se inicia con una cita de Manuel José Quintana y finaliza con la siguiente estrofa:

"¡Oh!, si del patrio amor la llama pura 
arde en vuestras entrañas, españoles, 
y ansiáis salvar nuestra querida Patria 
de eterno oprobio y servidumbre dura, 
que el lazo fraternal, que invictos hace 
en su defensa a los heroicos pueblos, 
vuestras almas magnánimas enlace:
Que unidos siempre el universo os vea, 
y "Patria y Religión" el grito sea".

La sublevación del cuartel de San Gil o "sargentada" fue un preludio de la "La Gloriosa", el movimiento revolucionario que expulsó de España a la reina Isabel II en 1868. Precisamente con el título de La Gloriosa localizamos un soneto en la colección, que termina con el endecasílabo: "Ese monstruo infernal es La Gloriosa"; verso que declara su pensamiento sobre este hecho histórico.

Hay un poema titulado A Silio, Marcio y Ennio, fechado en Cabra en 1867, el mismo año que ocupa su cátedra por oposición de Retórica y Poética en el Instituto, en el que sus octosílabos están impregnados de una gran melancolía por su tierra. Aquí, en la ilustre villa de Egabro parece que se encuentra desterrado. El cambio de Sevilla a Cabra debió estar colmado de añoranzas. Unas añoranzas que nos recuerda el soneto A Córdoba de Góngora, escrito desde Granada, donde se trasluce con mucha fuerza su sentimiento personal lleno de nostalgia. 

Herrera súplica diversas cosas a los poetas latinos: A Silio, que lleve su voz a la orilla del mar de Gades; a Marcio, que cante "a la Virgen sin mancilla", y a Ennio, que salude a la patria suya, "a Sevilla la gloriosa, / a mi adorada Sevilla". En esta situación emotiva pide su última voluntad en la estrofa que cierra el poema:

"Dile que si en tierra extraña 
se extingue mi triste vida, 
conceda en su patrio suelo 
tumba humilde a mis cenizas".

Otros títulos son la oda premiada con la lira de plata en el Certamen Poético celebrado en Lérida en 1867, titulada A Nuestra Señora de la Antigua en Sevilla, ofrendado a su madre. Su crítico y prologuista, Fernández-Espino, es el destinatario de un soneto elogioso. También pone un epitafio al sepulcro del licenciado D. Juan Valdelvira, catedrático que fue del Instituto de Cabra, en el que implora "el galardón del cielo" a su virtud. 

Un apartado de poesías latinas reflejan la educación literaria del presbítero en los clásicos. Antes de su lectura se justifica: "Bien conozco que serán muchos los lectores que, no versados en el idioma del Lacio, no podrán entender estas poesías; por lo cual inserto a continuación de cada una su traducción en verso castellano".

El tomo termina con un ensayo dramático: "La elección de estado", una comedia original, en tres actos y en verso, cuya acción transcurre en Sevilla en casa de D. Tomas. Trata sobre la necesidad de que los padres tengan en cuenta la vocación y deseos de los hijos, evitando los matrimonios de conveniencia que pueden marcar un destino infeliz en sus vidas. Bastante crítico es Fernández-Espino con el texto teatral: "El autor no asiste a las representaciones escénicas, y esto trae la dificultad, tal vez invencible, de no conocerse con seguridad los medios que pueden emplearse acertadamente, para interesar y mover el corazón", aunque si el lector no encuentra los efectos de la experiencia, señala, "aparecen a cada paso los del gusto, la sensibilidad y el ingenio". La decoración donde se desarrolla la acción es igual para los tres actos: "Salón lujosamente amueblado: puerta en el foro, que comunica con la de la calle, y laterales de las habitaciones interiores", según la acotación.

En la producción literaria de Herrera Robles destaca su traducción en verso castellano de La Eneida de Publio Virgilio Marón, la epopeya latina escrita en el siglo I aC. por encargo del emperador Augusto con el fin de glorificar el Imperio, atribuyéndole un origen mítico. Virgilio elaboró una reescritura, más que una continuación, de los poemas homéricos tomando como punto de partida la guerra de Troya y la destrucción de esa ciudad, y presentando la fundación de Roma a la manera de los mitos griegos. La traducción cuenta con un prólogo de don Juan Valera en el que alaba el trabajo del presbítero. Está editada en Sevilla en 1898. 

De la figura de D. Luis Herrera y Robles puede deducirse que atendió más a su vocación lírica que a la llamada del ministerio religioso. De ella se hacen eco Ramona Núñez Quintana en un artículo que publica en El Paseo Cultural (Ayuntamiento de Cabra y Diputación de Córdoba, junio 2004), y la Fundación Aguilar y Eslava, en su página web. El pasado 11 de diciembre, y dentro de los actos del Día de la Purísima programados por el Patronato de la Fundación Aguilar y Eslava, hubo un reconocimiento a su labor en el acto académico celebrado, esbozando el presidente del Patronato, Salvador Guzmán Moral, una semblanza del antiguo director del Centro educativo. Del discurso entresacamos estos datos biográficos:

Nació el 21 de mayo de 1838 en Sevilla. Desde 1855 a 1862, cursa todas las materias de 2.ª enseñanza en el Instituto de Sevilla, que después se llamaría San Isidoro, obteniendo el grado de Bachiller en Artes. Entre 1864 y 1867 alcanzará el grado de Bachiller en Filosofía y Letras y el grado en Bachiller en Teología en la Universidad Literaria de Sevilla. Ese mismo año de 1867 accederá por oposición directa al cuerpo de Catedráticos Numerarios de Instituto. En 1868 se ordena sacerdote y, después de estar vinculado provisionalmente al Instituto de Osuna y al de Cáceres, llegaría definitivamente al Instituto de Cabra, como catedrático por oposición de Retórica y Poética. En 1869 termina la licenciatura en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla y en 1873 culmina sus estudios con el grado de Doctor. Durante 25 años está vinculado como docente al Instituto de Cabra, siendo director del Centro educativo y rector de su Colegio en tres ocasiones: de 1875 a 1883, de 1884 a 1886, y de 1891 a 1892. La gestión de don Luis Herrera elevó al Instituto-Colegio a uno de los periodos más importantes de su historia.

Es en 1892 cuando se traslada a Sevilla para ocupar la cátedra de Retórica y Poesía del Instituto de Sevilla y años más tarde, dar clase de Historia General de Literatura y Castellano. En la Memoria del curso 1907-1908 del Instituto San Isidoro de Sevilla (según la profesora Núñez en el artículo que hemos aludido anteriormente) se informa del fallecimiento del doctor D. Luis Herrera y Robles (27 de diciembre de 1907), y como elogio se transcribe un párrafo leído por D. Luis Montoto en la Academia Sevillana de las Buenas Letras: "D. Luis Herrera y Robles fue el último y glorioso resto de la antigua Escuela poética sevillana. Sus libros de poesía y su magistral traducción de la Eneida serán modelo dignos de imitación, mientras gustemos del habla de Castilla, de la pompa y majestad de esta, limpia como el oro y sonora como la plata, de la rotundidad del período y del ritmo musical del verso, que no es sino un eco débil de los cielos y los mundos".

Hemos localizado un ejemplar de "Poesías", de la misma edición que comentamos, en la Biblioteca Pública Municipal Juan Soca, con un sello de caucho que pone: "Donativo del Ayuntamiento a la Biblioteca Municipal".

BIBLIOTECA HISTÓRICA AGUILAR Y ESLAVA
Libro de la Semana:

Herrera y Robles, Luis (1838-1907)

Poesías del licenciado Luis Herrera y Robles.-- Sevilla : [s.n.], 1872 (Imp. de Francisco Alvarez y Cª)

XXXV, 280 p., [1] h. de lám. ; 21,00 x 15,00 cm.
Manuscrito: "A mi querido amigo D. Rafael Lama y Leña, Licenciado en Filosofía y Letras, en testimonio de verdadero aprecio. El autor"
XXXV (Prólogo José Fernández-Espino)
Hoja ilustración figura Luis Herrera
Enc. plasta blanda

Lugar: España -- Sevilla

Sig. Top.: 2768





Poesías del licenciado D. Luis Herrera y Robles (Sevilla, 1872) - FOTO: Antonio Suárez Cabello





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BLANCA LUZ BRUM [19.083]


Blanca Luz Brum

Blanca Luz Brum Elizalde, (31 de mayo de 1905, Pan de Azúcar, Maldonado - 7 de agosto de 1985, Santiago, Chile) fue una escritora y poeta uruguaya.

Más que su obra es su vida la recordada por la posteridad: escribe poemas, artículos periodísticas, pinta y tiene actuaciones políticas y pasionales que atraviesan varias gamas del espectro. A lo largo de su vida formó parte de diversos movimientos latinoamericanos, como el grupo de la revista Amauta liderado por José Carlos Mariátegui en el Perú, el grupo de comunistas muralistas mexicanos a partir de su relación amorosa con David Alfaro Siqueiros, el Frente Popular de izquierda que gobernó en Chile desde 1937 a 1941, de la cual fue una de las organizadoras, y el peronismo en Argentina en el que desempeñó un papel destacado en su creación y en la movilización obrera del 17 de octubre de 1945.

Se casa a los 16 años con el poeta peruano –afincado en Uruguay- Juan Parra del Riego, la leyenda no desmentida dice que Parra del Riego la raptó del convento para casarse con ella. El 16 de noviembre de 1925 nace su hijo Eduardo y el 22 de ese mismo mes, muere Parra del Riego. Viuda a los 20 años, parte hacia Lima para que el niño conozca la tierra y la familia de su padre. En Lima, conoce a José Carlos Mariátegui, escribe encendidos artículos en la revista Amauta. Edita en Perú una pequeña revista: Guerrilla – Atalaya de la revolución que publicaba poesía rupturista y de contenido social.

En 1928 vuelve a Montevideo, describirá esta experiencia en el libro Blanca Luz contra la corriente publicado en 1936: «He nacido en esta ciudad sudamericana, he salido a cantar por todas las calles del universo, he llorado a gritos, he amado a gritos. He peleado y he regresado a esta ciudad sudamericana y todo estaba igual».

Hacia fines de 1928 logra publicar una sección semanal en el diario Justicia del Partido Comunista bajo el título de El arte por la revolución que pregona el deseo de terminar con «el arte por el arte para ponerlo al servicio de la revolución».

México - Buenos Aires

En mayo de 1929 llega a Montevideo el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros como delegado al Congreso de Sindicalistas. El encuentro entre ambos es apasionado y Blanca Luz parte con él a México llevando a su hijo Eduardo. En México se casan y viven tiempos difíciles: la pareja y el pequeño hijo de Blanca Luz permanecen dos meses presos. Son liberados pero Siqueiros vuelve a ser encarcelado por seis meses.

En México participa de las actividades culturales y políticas junto a Diego Rivera, Frida Kahlo, Tina Modotti, Sergéi Eisenstein (que estaba filmando ¡Que viva México!).

En 1933, la pareja llega a Montevideo y es recibida por Luis Eduardo Pombo, Francisco Pintos, Vicente Basso Maglio, Jesualdo Sosa, Carmelo de Arzadun, Justino Zavala Muniz, entre otros. Cruzan a Buenos Aires donde son recibidos por la intelectualidad porteña, participan de la peñas literarias en boga y captan la atención del magnate periodístico Natalio Botana y su esposa, la escritora anarquista Salvadora Medina Onrubia. Botana ofrece a Siqueiros el sótano de su quinta Don Torcuato para trabajar. Allí, Siqueiros realizó una de sus obras más innovadoras: Ejercicio Plástico. El mural de Siqueiros es uno de los dos murales que el artista hizo en América latina. Para su concreción, el artista mexicano tuvo como colaboradores a los argentinos Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino y el uruguayo Enrique Lázaro.

La modelo de las figuras femeninas, nereidas y ondinas que pueblan las paredes, es Blanca Luz. La permanencia en Don Torcuato culminó en gritos y escándalo debido al romance que sostenía Blanca Luz con Botana. Siqueiros parte a Nueva York y Brum permanece en Buenos Aires.

En 1941 Botana fallece en un accidente, la familia litiga por las propiedades y el bello Ejercicio Plástico queda a la espera de un fallo judicial que salve de la destrucción a la mayor obra realizada por Siqueiros fuera de México. Este mural «envolvente» es único, ya que toda la superficie visible en su interior está pintada (techo, paredes y piso).

El mural Ejercicio Plástico ha sido totalmente restaurado luego de lo cual ha permanecido en un galpón acondicionado en la Plaza Colón. En la actualidad se lo exhibe en la Aduana Taylor, en el edificio del Museo del Bicentenario detrás de la Casa de Gobierno de la Argentina. Su emplazamiento ha respetado el entorno genuino de modo que para verlo se debe ingresar al espacio que reproduce el original sótano de la mansión que la familia Botana tenía en Don Torcuato.

Chile

En 1935-a los 30 años - está divorciada de Siqueiros, viviendo en el norte de Chile, casada por los ritos católicos con Jorge Béeche, ingeniero de minas y diputado radical. A fines de 1938 nace su hija María Eugenia. Escribe poemas a sus hijos.

En 1942, Blanca Luz es la Jefa de prensa de su amigo y candidato radical a la presidencia de Chile Juan Antonio Ríos.

Argentina

A partir de 1943 se relaciona con los sectores sindicales que dieron origen al peronismo en Argentina, desempeñándose como la encargada de prensa de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social a cargo de Juan Domingo Perón. Desempeñó un papel destacado como organizadora y agitadora en la movilización obrera del 17 de octubre de 1945, que liberó a Perón de su detención dispuesta por un golpe de estado militar y abrió el camino a su triunfo electoral al año siguiente.

Chile - Isla Robinson Crusoe

Se divorcia y se casa nuevamente con un alto ejecutivo de apellido Brunson; nace su hijo Nils, en 1948. En marzo de 1957 ayuda al peronista Patricio Kelly a huir de la cárcel de Santiago, disfrazado de monja. Su situación se complica y se va a vivir a la Isla Robinson Crusoe.

En 1963 apoya a Eduardo Frei Montalva en su campaña por la presidencia de Chile.

El triunfo de la Unidad Popular y de Salvador Allende la llena de miedo y angustia y quiere irse de Chile. Busca por varios medios que el gobierno de Jorge Pacheco Areco le conceda una representación cultural en alguna embajada.

El golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, la tranquiliza, viaja a Santiago desde la Isla para marchar frente a La Moneda y donar joyas. Años más tarde recibirá una condecoración de manos de Augusto Pinochet.

Escribe sobre su vida en la isla:

«Huelo la brea y el alquitrán de los veleros, y ya estoy en ella. Amanezco en la Isla. De las pequeñas casitas de los pescadores que palpitan en la hondonada y en los faldeos de la isla sube el primer humo de la cocina isleña, se oye también el golpe seco del hacha que parte la leña y algún lejano balido de viejas cabras de Robinson Crusoe. Un rumor permanente de agua que corre casi debajo de mi almohada y que desde hace siglos viene rodando desde la salvaje cumbre del Yunque, entre siglos de helechos y fósiles antiguos de perfumados sándalos. Todo aquí es milenario. Un resto de los seis primeros días del mundo.»

Sus dos hijos varones mueren trágicamente en accidentes automovilísticos: Eduardo Parra del Riego en Lima y Nils Brunson en Santiago de Chile.

Su nieta Cecilia Brunson, curadora de arte contemporáneo, publicó en México junto a Olivier Debroise Blanca Luz Brum: Amor, me hiciste amarga en 2002.

Obra

Penitenciaría-Niño Perdido, México, 1931.
Atmósfera arriba, veinte poemas, Montevideo, 1933.
Blanca Luz contra la corriente, Chile, 1935.
Cantos de América del Sur, Chile, 1939.
El último Robinson, Chile, 1953.


Los poemas de Blanca Luz Brum reflejan un mundo interior intenso, donde la justicia social aparece como un signo constante. El amor, la ausencia y el dolor acompañan los himnos a la revolución que estas mujeres cantan:

La united Press
anuncia los últimos fusilamientos
las ciudades civilizadas
hacen crujir las horas
las cabezas de los decapitados
tienen los ojos vueltos
hacia Rusia.
Sacco y Vanzetti
trágica rosa de los vientos
giran hacia los cuatro puntos cardinales
de la Revolución
los hermanos del bosque
se esparcen por el mundo
¿no oís cantar las balalaikas?




Varios son los poemas que se publican de Blanca Luz Brum33, como “Fuerza”, donde expresa una profunda congoja maternal:



alma estás triste
como las tumbas hundidas por las lluvias
con las cruces tumbadas contra el suelo
y un deseo tremendo de perderte
pero yo
yo que he creído que he cortado el viento
que he tenido la verdad y la fuerza
como un filo en los dientes
y te he parido a ti ¡oh hijo!
te arrancaré llevándote
en las palmas de mis manos
en el medio mismo de mis ojos
contra el sol
contra la oscuridad
contra el daño
contra lo incierto
contra la vida
contra la muerte
¡alma por camino de Dios!


Blanca Luz compuso en 1944 un poema referido a la gesta heroica de su bisabuelo, el coronel Leonardo Olivera, el reconquistador de la Fortaleza de Santa Teresa, y que prologó el libro de César Pintos Diago: Leonardo Olivera, el Señor del Este; considerado la mejor biografía sobre el caudillo oriental.


“[...]
Por el Camino del Indio
cerca de Laguna Negra,
y por pantanos y médanos
entre yararás ligeras,
iban buscando los gauchos
la causa de la pelea.
Palmas de verde espesura
dejaron pasar el Alba.

La Española arquitectura
de la recia Fortaleza,
cayó bajo la fiereza
de las Orientales armas

En esa región del Este
cada palma un Olivera.
Orgullosos descendientes
que llevan alta la frente
como altas son las palmeras.

 MCMXLV.”



El 6 de enero de 1974 falleció en Cuernavaca (México) David Alfaro Siqueiros. Blanca Luz que estaba en su isla Robinson Crusoe y que, a pesar de su relación epistolar, no lo veía desde 1933, le dedicó una elegía que denominó Rey David- Canción de pena:


“Cubiertas con las húmedas auroras
yacen las cosas muertas y enterradas.
Las de una antigua y dulce primavera
que nunca más serán recuperadas.
Asido de un fulgor o de un relámpago
te alejas hoy en dirección al cielo
y eres un largo rayo penetrando
en la noche compacta de la muerte.

[…]
Por el amor que pusiste en mi alma,
la pasión que pintaste en mi cuerpo
yo te canto y te lloro, y te lloro y te canto,
con el más antiguo de los llantos
en el más antiguo de los coros
en las tragedias de la mitología.

¡Oh, viejo Rey David!
¡Ya regresa Caronte con su barca vacía
mientras se muere el sol en el mar
de esta isla!”




REVOLUCIÓN

¡Cristo!
otra vez descalzos hacia los crepúsculos
sobre las aguas flotan
banderas milagrosas.

Y vienes por el grito infinito
de los que sufren
sobre el pecho tajeado de los hombres
amaneces tendido como un canto.

¡Y dices a dónde vamos!
Trabajo — justicia — amor
tu trinidad maravilla
a las criaturas.

Los horizontes absortos
van siguiendo tus pasos
nosotros llevamos en la frente
tu bandera de gracia
con nuestro canto
levantamos bayonetas caladas
a los tiranuelos de América.




VOLVEREMOS A MIS CAMPOS 

Volveremos a mis campos:
dejaremos la ciudad
que nos emponzoña el alma
y nos hace de metal.
Volveremos a mis campos
que nos hacen de cristal.

Y por las laderas verdes
nos echaremos a andar
alegres y vagabundos
lejos ya de la ciudad…

Y por las laderas verdes
nos volveremos a amar.

Nos iremos a las parvas
doraditas de maíz;
y en las chalas asoleadas
me tenderás a dormir.
Nos iremos a las parvas
doraditas de maíz;

Treparemos a los cerros
a comer burucuyá…
Iremos a los bañados
a apedrear a los chajás.
Treparemos a los cercos
y tus brazos me alzarán.

Y los empinados cerros
volveremos a escalar.
Y a las lagunas plateadas
nos iremos a bañar.
¡Y los empinados cerros
tus brazos me sostendrán!

Volveremos a mis campos
que nos hacen de cristal.




Blanca Luz Brum: claras luces y negras sombras

Por Rodrigo Núñez Carvallo

UNO

Hubo una vez una muchacha uruguaya que se escapó del convento en la motocicleta de un poeta peruano. Pero una “dentellada brutal de la vida” bruscamente lo cambió todo. Juan Parra del Riego contrajo tuberculosis y muy enfermo decidió seguir adelante y casarse con Blanca Luz Brum. La ceremonia fue privada, los anillos prestados y Juana de Ibarbourou llenó el cuarto de retamas.  Seis días antes de morirse un día de diciembre de 1925, el poeta vio a través de un cristal a su hijo recién nacido. “De la niña celeste salió como una crisálida, otro ser de humanidad de fuego”.

Aquella mariposa era Blanca Luz Brum quien precozmente viuda alzó alas y con el pequeño Eduardo en brazos marchó a Lima, creyendo que la familia de su marido le daría protección y amparo.  Los Parra del Riego contaban con medios económicos, pero no vieron con buenos ojos la vida libre de la uruguaya. Blanca Luz comenzó a hacer presentaciones públicas, declamando los poemas de su malogrado esposo y de paso también los suyos propios. En tales andanzas Blanca Luz conoció a Magda Portal, una precursora del feminismo y de la revolución continental.

Una noche Magda le ofreció llevarla a la tertulia de José Carlos Mariátegui. Estarán todos los colaboradores de la revista Amauta, le anunció. En el camino se les unió el novio de la Portal, Serafín del Mar. Después de caminar unas cuadras tocaron con sigilo una puerta de Washington izquierda. Cuando entraron a la casa una veintena de personas conversaban en el hall principal pero el anfitrión todavía no salía de su biblioteca. Al rato Mariátegui hizo su aparición. Anita Chiappe le llevaba la silla de ruedas y a los lados lo acompañaban José María Eguren, y tres jóvenes que no pasaban de los veinte años: Armando Bazán, Martín Adán (por entonces Rafael de la Fuente) y Estuardo Núñez.

Núñez se sorprendió de ver a Magda Portal, pero prontamente volteó los ojos hacia una bella mujer de ojos profundos y pómulos marcados. José María Eguren con la melena desordenada y su candor infantil preguntó si aquella señorita tan hermosa era también revolucionaria. Mariátegui inmediatamente exclamó ¿Quién? y enfiló su silla de ruedas hacia ella. Soy Blanca Luz Brum de Parra del Riego para servirlo, dijo con aplomo la uruguaya inclinándose ante el dueño de casa. En ese momento un jovencísimo César Alfredo Miro Quesada (más tarde conocido como César Miró), observó fijamente a la mujer y le besó la mano. Perdone José Carlos, ¿Acaso no me la vas a presentar? La señora es la viuda del poeta Parra del Riego y acaba de llegar de Montevideo, replicó el Amauta. Al instante Mariátegui se apartó del grupo tras el llamado de unos sindicalistas. Un gesto de desagrado se esbozó en los labios de Blanca Luz. No era el centro de atención. Solo Cesar Miró la colmaba de halagos. Pero el futuro actor de Hollywood tenía tres años menos que ella.

En aquel momento un persistente ruido de soldados marchando entró por las ventanas. Todos corrieron a aguaitar tras los visillos mientras Blanca Luz y César continuaron su amena charla. Magda Portal trató de liberar a su amiga del imberbe que la asediaba, pero fracasó estrepitosamente. Entonces optó por acercarse a Mariátegui y contarle que la poetisa uruguaya era una estupenda recitadora y que debería declamar para los presentes. La Brum no perdió la oportunidad y salió a leer algunos versos de su difunto marido, aunque al final declamó también algunos de su autoría. Su estilo logró impresionar al dueño de casa quien le pidió en el acto una colaboración para Amauta. Ella había conseguido lo que quería. El propio Mariátegui al final del recital le entregó una magnolia que reposaba en un arreglo floral. La velada se animó. Es hermosa, realmente hermosa le susurró Estuardo Núñez a Martín Adán. Tiene vida y no es estudiada, dijo Martin Adán, pero sus poemas no son buenos. Mariategui se equivoca, mejor hembra que poeta, sentenció socarronamente.

DOS

Blanca Luz se enredó prontamente con la oveja negra de la familia Miró Quesada, y tuvo que abandonar la casa de sus suegros. Con aquel jovenzuelo  con ínfulas de poeta y revolucionario coincide en algo: el afán de notoriedad. Un día caminando por el centro de Lima los enamorados se encuentran con el poeta José Santos Chocano y le gritan ¡Asesino! El autor del crimen de Edwin Elmore se escabulle entre el gentío. Acaba de ser indultado por el régimen de Leguía. Blanca Luz y César Miró ríen cuando comentan la ocurrencia con Mariátegui.

Una madrugada del invierno de 1927 la policía del dictador allanó la casa de Washington izquierda  y cargó con todos los contertulios, incluido el dueño de casa que terminó detenido en el hospital militar de San Bartolomé. Otros cuarenta activistas entre los que se encontraban Jorge Basadre, Serafín del Mar y César Miró, fueron confinados en la isla penal de El Frontón. Semanas después Blanca Luz Brum fue deportada a Valparaíso debido a las presiones que ejerció la familia Miró Quesada. Querían alejarla a cualquier precio del díscolo heredero. Pero fue en vano.

Blanca Luz y César se casaron por poder y un par de meses después se reencontraron en Santiago y se dirigieron a la capital argentina. Pero el idilio no caminaba. “Repetir el amor es muy triste”, escribió Blanca Luz por entonces. César era muy guapo pero ella buscaba alguien de mayor peso para despegar política y literariamente. Sus ambiciones crecían. Ya no era la viuda de Parra del Riego, sino la desterrada embajadora de Mariátegui. Así que una triste tarde en Buenos Aires le dijo adiós a un destrozado Miró y se marchó. Sola y de nuevo en Montevideo se ligó al partido comunista y a su vocero, “Justicia”, donde tuvo a su cargo una columna llamada “El arte por la revolución”. En una suerte de manifiesto estético proclamó:  “queremos un arte y una literatura proletarios”, cuya misión sea romper “a patadas la torre de marfil”.

Casi al mismo tiempo organizó una manifestación de repudio a la visita del presidente Herbert Hoover a Montevideo. Nicaragua por entonces se hallaba invadida por tropas norteamericanas, y concitaba la solidaridad continental. Más tarde para avivar la leyenda Blanca Luz echaría a correr el rumor de que había abofeteado al mandatario gringo durante una recepción, al grito de ¡Viva Sandino! No era cierto…

TRES

Corrían los días de marzo de 1929. En Montevideo se realizaba el  congreso de la Internacional Sindical Roja cuando Blanca Luz conoció al muralista mexicano David Alfaro Siqueiros. El encuentro habría sido en la casa de la escritora Giselda Zani, y el flechazo fue inmediato. Deja todo, vente conmigo, le propuso él. Ella accedió inmediatamente quizás intuyendo que el mexicano, que ya era un pintor consagrado, le abriría muchas puertas. Poco después, el 18 de julio de 1929 dejaron Montevideo y tomaron un barco a Norteamérica con el pequeño Eduardo. Luego de una breve temporada en Nueva York entraron a México por la península de Yucatán, y en las cercanías de la ciudad de Mérida, se entrevistaron con Augusto César Sandino, en cuyo nombre la Brum le estampó la presunta cachetada a Hoover. Aunque inverosímil, la anécdota sirvió para acercar a ambos personajes.

Ya en el distrito federal, Siqueiros y su mujer se integraron al ambiente artístico e incluso compartieron un departamento con Diego Rivera y Frida Kahlo en el Paseo de la Reforma. Pero Frida y Blanca Luz no se llevaban bien. Quizás tenían algunos rasgos comunes. Ambas se sentían iluminadas por el destino, las dos querían romper el papel tradicional de la mujer, una y otra intentaban acercarse al arte como forma de justificar su vida. Eran además de la misma edad. Pero el talento de la Kahlo y la sublimación del sufrimiento estaban lejos de la megalomanía y la suficiencia exacerbada de la Brum.

Tras el atentado contra el presidente Pascual Ortiz Rubio en febrero de 1930, las fuerzas del orden detuvieron a cientos de izquierdistas, entre los que se encontraban la Brum y Siqueiros. Ambos permanecieron detenidos hasta mediados de marzo. A poco de obtener su libertad, Siqueiros participó en las movilizaciones del primero de mayo y cayó preso de nuevo. Blanca Luz, además de visitarlo en la cárcel de Lecumberri, le escribía pequeñas cartas que llevaba en el doblez del puño, las que fueron posteriormente recopiladas en un libro que se llamó “Penitenciaría –Niño perdido”. El título aludía a la ruta del autobús que debía Blanca Luz tomar todos los días para dirigirse a la cárcel. El género autobiográfico se convirtió desde entonces en un sello de Blanca Luz. Siente que la historia le ha dado una misión, y no duda en recurrir a Mariátegui para darle solidez a su postura: “Las únicas obras que sobrevivirán a esta crisis serán las que constituyan una confesión y un testimonio”.

Terminada la reclusión en Lecumberri, fueron obligados a vivir en Taxco por mandato judicial y allí Blanca Luz tuvo un hijo que falleció a los pocos días. “Esta jaula sin rejas” como la denominó Siqueiros le permitió dedicarse por entero a la pintura. Trabaja todo el día y se aleja momentáneamente de la política. En aquella temporada Siqueiros se hizo muy amigo de Serguei Eisenstein mientras éste filma a trompicones “Que Viva México”, una película concebida como un fresco de la revolución que jamás fue terminada por el autor. La influencia de la cinemática en la pintura de Siqueiros comienza a hacerse evidente.

En 1932 viajan  a la ciudad de Los Ángeles. Siqueiros dicta un curso sobre pintura al fresco y realiza tres murales, mientras ella tiene una agitada vida social. Blanca Luz se jacta de haber conocido en aquella estadía a Charles Chaplin y a Marlene Dietrich y cultiva una curiosa fascinación por la vida de los ricos y famosos, como si toda su vida hubiera sido una persecución en pos de ellos. Pero no todo es color de rosa. Por entonces las riñas con su marido se vuelven terribles. Los celos atormentan al pintor y le propina grandes golpizas. Tal vez para aquietar las olas deciden formalizar su relación y se casan. Pero el amor entre los dos está herido de muerte.

CUATRO

En 1933 Siqueiros y Blanca Luz vuelven a Montevideo, pero él decide seguir hasta Buenos Aires para realizar una muestra  en una importante galería y dictar algunas charlas. Acuden a recibirlo Victoria Ocampo, directora de la revista Sur, y el poeta Oliverio Girondo. Siqueiros se sumerge en una febril actividad: pinta, escribe diatribas contra la pintura burguesa, escandaliza al establishment argentino y se involucra con el movimiento sindical. Finalmente su exposición desata una gran polémica, se suspenden las conferencias, y el dinero comienza a escasear. Encima Blanca Luz está lejos, y él la asedia con innumerables cartas y telegramas.

En aquel Buenos Aires extraño Siqueiros se asoma al pánico. Pero tiene recursos y una imaginación despiadada. Un día de locura entra al local del periódico Crítica y pide hablar con el propietario. Natalio Botana, el cultísimo millonario dueño del diario lo atiende. Sabe obviamente quién es Siqueiros y como mecenas de muchos artistas y escritores, le propone hacer un mural en su casa. El mexicano acepta en el acto y se instala en la quinta de diecisiete hectáreas que Botana tiene en la localidad de Don Torcuato. La situación cambia inesperadamente. Blanca Luz cede y se reúne con su marido.

La vida en la finca de Don Torcuato es agitada. Se reúne allí la flor y nata de la intelectualidad y las artes. Hay grandes comilonas y fiestas, y entre las alfombras de leopardo y la biblioteca de incunables desfilan desde Federico García Lorca hasta Pablo Neruda, Volodia Teitelboim y Vicente Huidobro. Blanca Luz juega varias cartas amorosas al mismo tiempo. Seduce a Pablo Neruda “una noche erótica cósmica” en la torre que está al lado de una enorme piscina, mientras Lorca oficia de centinela. Pero para su mala suerte, el celestino da un traspié en las escaleras y se rompe la pierna.

En tres meses, el indoblegable Siqueiros termina el mural. Una amiga de los Botana recuerda el ambiente del sótano abovedado pintado con sopletes y pinturas sintéticas. “Era como entrar adentro de un huevo, todo redondo, menos el piso, las paredes cóncavas, el techo, todo decorado. Entrar ahí era como estar adentro del mar; plantas, peces, elementos marinos”. Gran parte del mural que su autor denominó “Ejercicio plástico” está ocupado por desnudos de  mujer. Siqueiros proyecta fotos de su esposa en las paredes y la imagen se distorsiona. Blanca Luz se siente y es el centro de la creación. Su narcisismo no sabe de límites. Ha abandonado la  boina y el negro de sus trajes. El pelo castaño oscuro lo tiñe de rubio. Gasta ingentes sumas en vestidos y perfumes. Ella que ha vivido una vida austera y modesta se deslumbra ante el boato y el dispendio, y prontamente termina en los brazos de Botana. Pero él es casado.

Siqueiros está enamorado hasta la médula y anda de tumbo en tumbo y para colmo de males el gobierno lo expulsa de la Argentina. Pero antes de zarpar según confesión de la Brum hay una despedida y ésta causa disgustos: “Botana no ha podido entender que a última hora yo haya despedido a David que se embarcó ayer para Nueva York. Además cené y me acosté con él”.

Blanca Luz lleva el asunto muy lejos. Se muestra en público con el millonario, se alucina la dueña de casa, y usa la limusina Rolls Royce del amante. La mujer de Botana, doña Salvadora Medina Onrubia, anarquista y dramaturga para más señas, se entera y se arma un escándalo de proporciones. La manda expulsar de la quinta y Botana regresa con ella como un perro asustado. Años más tarde Blanca Luz recordará esta pasión sin hacerse reproches: “Es atroz, es canalla que sórdidos enemigos me ataquen por ese instante de mi vida del que no me arrepiento”. Brum se queda desamparada en Buenos Aires y nadie quiere saludarla. Entonces huye hacia adelante, como siempre.

CINCO

Primero viaja a Montevideo en busca de su hijo Eduardo, que ya tiene ocho años y al que engríe en demasía porque lo ve poco. Y aprovecha de la estadía para editar un nuevo libro, “Atmósfera arriba” y retomar sus vínculos con el mundillo intelectual del Uruguay. Blanca Luz tiene una gran disposición para las relaciones públicas y el autobombo. Es desenvuelta y sabe promocionar su imagen. Pero el ambiente le parece un poco provincial. Quiere otear otros horizontes. Blanca luz acepta entonces la invitación de Vicente Huidobro y parte a Chile. Se aloja en la casa de playa del poeta en el balneario de Cartagena y el anfitrión cae rendido bajo sus encantos. Pero Ximena Amunátegui, la mujer de Huidobro que está embarazada, la pone de patitas en la calle. Otra vez la soledad en tierra ajena y el vacío. El sentimiento de frustración la asalta. Ha vuelto a ser nadie. Blanca Luz no sabe estar sola y la tentación del suicidio la atormenta. Pero como siempre, corre hacia el futuro en busca de otro hombre que le proporcione el soporte emocional del cual carece. La temprana desaparición de su madre ha dejado heridas en el alma de la escritora.

Al poco tiempo conoce a Jorge Beéche en una reunión política y no duda en aceptar la propuesta matrimonial de este acaudalado minero, que gusta de volar aviones, y tiene algunas veleidades izquierdistas. Además está vinculado familiarmente a los Edwards, los dueños de El Mercurio. Blanca Luz ya tiene 30 años y quiere estabilidad. Siente que su lucha ha sido en vano, está decepcionada del comunismo soviético, como tantos. y comienza a regresar a sus orígenes. Quiere paz, cierta estabilidad y Beéche se la ofrece. Así, que se viste de blanco y llega hasta el altar donde la espera un cura. Las creencias religiosas del convento no han muerto, solo estaban sumergidas.

Un poco antes su flamante marido ha sido elegido diputado por el partido radical, y ambos apoyan al frente popular, una coalición progresista que llevara a la Moneda a Pedro Aguirre Cerda. Otra vez Blanca Luz esta cerca del poder y además acaba de tener una hija, María Eugenia. “Soy feliz”, afirma, con fácil sentimentalismo. “Soy uno de los seres más felices” y “esto no lo pueden entender los pobres diablos”. Quisiera andar descalza para no agitar el aire de mi dicha”.

Durante estos años publicó dos libros. El primero es en prosa,  “Blanca Luz contra la corriente” (1936). En él justifica su desencanto frente a Stalin y la revolución, y siente la necesidad de exponer sus puntos de vista. El mismo hecho de incluir su nombre en el título del libro da una idea del papel que cree cumplir. Tiene un concepto demasiado elevado de sí misma,

El segundo volumen, “Cantos de la América del Sur” (1939), es un poemario de homenaje a la republica española, pero su pluma se ha anclado en los moldes del modernismo y su sensibilidad parece un poco trasnochada. Lejos de los ideales de juventud su pretensión realista social suena postiza e impostada. Los tiempos han cambiado. La epopeya se convierte en tragedia. La década del 30 ha sido una involución para la progresía. La vieja guardia bolchevique termina aniquilada por el propio Stalin. Las brigadas internacionales que iban a luchar por la república española, se disuelven. Stalin y Hitler han pactado. El fascismo parece imponerse en la vieja Europa.

En 1941 Aguirre Cerda muere de tuberculosis y se convocan nuevas elecciones, resultando elegido José Antonio Ríos del partido Radical que es muy amigo de Beéche. Blanca Luz que se ha desempeñado como jefe de prensa, propaganda y radio durante la campaña, no se integra al nuevo gobierno. Algo ha sucedido. Beéche se la lleva al desierto a seis horas al norte de Antofagasta. Allí están las minas del marido y la soledad del norte de Chile que la enloquece con su silencio. Ya no es feliz: ” Te hablaré de mi marido, un hombre como todos, pero con educación…” le confiesa a una amiga. Las desavenencias han comenzado y termina escapándose a Montevideo y luego a Buenos Aires.

SEIS

Con esa formidable capacidad para estar en la cresta de la ola, se vincula a Juan Domingo Perón, hombre fuerte del movimiento militar que toma las riendas de la Argentina en 1943. De la noche a la mañana integra el equipo de prensa y propaganda de la secretaria de trabajo y previsión social, suerte de poderoso ministerio que el coronel dirige. Obviamente es amiga de Perón, y hasta duerme con él, pero no es la única. El futuro caudillo del justicialismo es viudo, las mujeres lo asedian y tiene muchas amantes, entre ellas Eva Duarte.

Inesperadamente, Perón es obligado a renunciar y recluido en la isla de Martín Garcia en medio del río de la Plata. En tanto Blanca Luz cumple un destacado papel en la movilización obrera de aquel 17 de octubre de 1945 que logra la libertad del líder y la convocatoria inmediata de elecciones. Queremos a Perón grita medio millón de personas en la plaza de Mayo.

Días después Perón de casi cincuenta se casa con Evita que tiene 25 años, casi quince menos que la Brum. Cuentan que, el día de la asunción de mando de Perón desde el balcón del diario Democracia y viendo pasar el coche presidencial  Blanca Luz dijo con cierta amargura “allí debí estar yo”. El comentario debió llegar a oídos de Eva Duarte, de la boca de algún informante porque la señora de Perón le dio cuarenta y ocho horas de plazo para abandonar el país. Otra vez la uruguaya desaparece del mapa.

El 23 de octubre de 1947 Blanca Luz ha contraído matrimonio con Carlos Brunson, gerente la compañía Panagra en Chile. En abril de 1949 nace su hijo Nils Alarik. Aparentemente Blanca Luz ha sentado cabeza. Pero un golpe mortal del destino destroza su vida en 1952. Su hijo mayor, Eduardo Parra Brum, de 26 años muere durante una visita a Lima en un trágico accidente automovilístico. El muchacho es atolondrado y temerario. Coge un carro Hudson de exhibición de la tienda de su tío Ricardo y termina estrellado contra un camión en la antigua vía de Atocongo. La vida de Blanca Luz ya no será la misma. Desde aquel instante comienza a pensar en el exilio. Necesita huir de sí misma, de su tragedia, de las relaciones conyugales. En 1953 publicó “El último Robinson”, dedicado a la memoria de su hijo, sobre la vida del barón de Rodt, colonizador de la isla Juan Fernández. Desde entonces habita en ella la pasión por este archipiélago ubicado a casi 700 kilómetros de las costas chilenas, que le sirviera a Defoe de fuente de inspiración para su Robinson Crusoe.

Blanca Luz siente en carne propia la caída de Perón en 1955. La lealtad que manifiesta por el líder de los descamisados se mantiene incólume a lo largo de los años. Por ello no duda en ayudar a Guillermo Patricio Kelly. El peronista de pasado nazi había escapado de la prisión argentina de Río Gallegos  junto a Héctor Cámpora  y cruza la frontera. Ya en Chile son apresados en espera de un largo juicio de extradición promovido por la dictadura argentina. La Brum visita durante varias semanas a Kelly y finalmente lo disfraza de mujer y lo saca a la calle. El peronista se hace humo en las narices de la policía chilena y aparece en Caracas dos meses después. García Márquez narra la historia en una vibrante crónica titulada “Kelly sale de la penumbra”. Este relato periodístico asegura que la Brum terminó encarcelada luego de la fuga, y que Kelly cumplió su deber de caballero. “Fue a darle las gracias a la poetisa Blanca Luz en el correccional de mujeres, disfrazado de sacerdote. Fue una visita de 56 minutos en presencia de dos guardias.”

¿Lealtad a Perón? ¿Tuvo algún affaire sentimental con Kelly? Nunca lo sabremos. Lo único cierto su participación en la fuga de Kelly no pudo menos que complicar su situación personal. Su matrimonio con Carlos Brunson se terminó de desmoronar al tiempo que decidió trasladarse a la isla llamada de Mas a Tierra y que ella bautizó como Robinson Crusoe. Allí levantó una rústica hostería, se puso a pintar unos cuadros muy malos y comenzó a fantasear con viejos tesoros de piratas.

SIETE

Las elecciones de 1970 que conducirían al triunfo de la Unidad Popular y de Salvador Allende produjeron pánico en Blanca Luz. La “amenaza roja” sacó a la uruguaya de su letargo insular y se la vio vistiendo de luto ante el Palacio de La Moneda, y agitando las calles con cacerolas y pancartas. La antigua revolucionaria se ha vuelto una “momia”. La vida ha dado muchas vueltas y la ha colocado en las antípodas.  Efectivamente ha pasado a la historia pero por razones totalmente distintas a las que pretendió originalmente. Ha abandonado la escritura.  No queda nada de la Blanca Luz resplandeciente que salió un día de Montevideo para iluminar América.

La tragedia asoma otra vez en su vida. Nils Brunson Brum, pierde en la vida en un accidente de tránsito a la misma edad y de la misma manera que su hermano mayor, Eduardo Parra Brum. Blanca Luz es solo oscuridad. Envuelta en gasas y tules recorre las playas de la Bahia de Cumberland como un fantasma. Es un cadáver viviente que ama a Pinochet y que cuando le preguntan en 1984 por los crímenes de la dictadura que apoya, solo atina a decir: “No hay escritores desaparecidos en Chile”. La mentira la cubre de negro. Un año después muere de cáncer al pulmón. Acaba de cumplir ochenta años. Unos meses antes premonitoriamente ha sentenciado: “Nuestras experiencias son nuestros fracasos”. Así sucede cuando el yo pierde su norte, debió añadir.







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