domingo, 21 de noviembre de 2010

2017.- NICOLA NAPOLITANO


Nicola Napolitano nació en Casale di Carinola (Caserta) en 1914 y murió en Formia en 2003. Licenciado en Letras por la Universidad de Roma.

Entre otros libros, ha publicado:
La terra fiorirà (1954), Scogli (1956), Sommessamente (1959), Come un cero (1969), Anche il vento (1972), Ciclamini (1980), Ottantacinque poesie (1998) y Pasado presente / Passato presente (traducción de Carlos Vitale, Save As, Barcelona, 2001, del que se ha hecho esta selección), poesías; Non si torna indietro (1967), Vie di paese (1975), Mariagrazia (1983), Viandante (1985) y Scorza e Mollica (1992), relatos; Figlie di Eva (1981), L'albicocca (1981) y Disegnare il tuo nome (2004), novelas; Sorriso di mamma (1967), poesías y prosas; Poesia e umanità (1974) y Scrittori contemporanei (1997), lecturas críticas; Masaniello e Giulio Genoino (1962) y Casale. Proverbi e modi di dire (1993), ensayos; y Casale. Memorie del tempo che fu (2001), memorias. Sus textos han sido incluidos en numerosas antologías escolares.



ISLA DE CRETA

(septiembre de 1944)

En esta abrupta roca
me atenazan las tinieblas,
áspero y titánico fragor
mareas aullantes se rompen a mis pies.
¿Mi madre?
Más allá del mar hostil,
más allá del tiempo falaz
que se desmorona en este escollo.
Y mi inocencia
suavísima resurge
en estos jirones de vida
que la muerte ha rechazado.
Oh niñez luminosa y jovial,
pespunteada de remotas lejanías,
¡qué radiante te vuelvo a ver
en esta oscuridad!
El desasosiego me alivia
para hallarme a mí mismo en los recuerdos.
Mamá,
en brazos me tenías
pendiente de tus cuentos,
y no era soldado en el Egeo
de una guerra perdida.






TARDE

Colmado
está el corazón de amargura,
suavísima tarde.
Lánguida
huye en las ventanas
agonía de luz;
voces evanescentes
tantean racimos de sombras.
Por vías desconocidas
me llevo a mí mismo
al encuentro de lo ignoto.
El mar
tiene un escalofrío ligero,
como las escamas
de una serpiente que muere.
Éxtasis y espera
desbordan en el corazón,
suavísima tarde.






QUEDAMENTE

Tus arrugas
son mis arrugas.
¡Cuánto vacío
excavaron los dolores tenaces!

Tomémonos de la mano
y que nos sostenga, juntos,
este hilo de voz
que aún nos resta.

Ahogaron los nubarrones
nuestra juventud,
y ahora anochece.

El rojo melocotón está podrido,
apretamos en el puño
un hueso áspero,
dentro hay una semilla
amarga.







HACIA OTRAS COSTAS

Y ahora los días colmados están vacíos,
conchas inertes bajo el sol que declina
sobre playas solitarias.
En torno, el callado morir de las hojas,
un lánguido estupor de horizontes.

Y se transforma en altar el universo:
desde remotas raíces
hasta estos sentidos frágiles y extraviados
fluye una ola
de cósmica plegaria.

Sumisa es la tierra, y un quedo llanto
— último adiós —
me alivia, me sumerge
y hacia otras costas me lanza,
sombra entre las sombras.






HIJO MÍO

Cuando veas la muerte en mi rostro,
estrecharás en tu corazón mi angustia,
cargarás mi saco a tu espalda
e irás mendigando briznas de alegría.
Andaré contigo, compartiendo tu pena,
aunque tú me olvides;
y si las zarzas te destrozan los pies,
podrás odiar la vida que te he dado,
pero en ti me llevarás,
en un rasgo innegable del rostro
o escondido en el fondo de tu ser.
Viviré tu frío, tus horas oscuras;
pero en un día de luz deslumbrante
me plantarás en la delicada carne
de una joven mujer
y un niño florecerá con mi semblante.
También él, un día — ¡cuanto más tarde mejor! —
cargará tu saco a su espalda
e irá mendigando briznas de alegría.
Irás con él...





Traducción de
Carlos Vitale

http://www.eldigoras.com/pdi/02nnapolitano06.htm


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