lunes, 27 de diciembre de 2010

2687.- MARIO MARTZ D´LEON


MARIO MARTZ (León, Nicaragua, 1988) padece de aburrimiento crónico. Afirma escribir en papel mojado porque no encuentra mejores argumentos para defender su existencia. En el 2006 Obtuvo el Primer Lugar en poesía en el XII Certamen de Literatura «JOSÉ CORONEL URTECHO» y segundo lugar en género Cuento del mismo, de la Universidad Politécnica de Nicaragua. Segundo Lugar en el II Premio Nacional de Poesía Inédita «EL CISNE» que convoca el Instituto Nicaragüense de Cultura. Ha publicado en diferentes suplementos literarios nacionales e internacionales. Cofundador y actual director de l a revista literaria «VOCES NOCTURNAS».

Viajero melancólico, y para bien de todos los males, es autor del libro de poemas «Viaje al reino de los tristes» y el de cuentos hiperbreves «Ficciones para morder la manzana de los mudos».



Viaje al reino de los tristes
Mario Martz D'León

PRIMERA Y ÚLTIMA EVOCACIÓN CONTRA EL MIEDO

A Julie Vallejo

Yo también
recuerdo a mi madre.
Me da miedo evocarla
a como quiso ser un día.
Pensó en los desaires
que provocaba
la maternidad prematura,
pero no fue obstáculo
para que enrollase la cuerda
de la caja de música
en la silla mecedora.
Llegó a un asilo de ancianos
muerta de miedo:
La guerra la sorprendió
en el parto.
Un día las calles quedaron
desiertas
de mujeres tristes
que sonreían
por haber visto morir el miedo
en sus pechos.
Y todavía hay misterios de goteras
que caen en la garganta
del niño muerto:
—el invierno que lejos llegó
de las colinas de sal.
Mi ciudad se encendió
luego que las rocas
fueron manchadas de sangre,
los hombres y mujeres
olvidaron que la paz
era la gloria perdida de los años
y que entonces,
la revolución de los miedos
era el triunfo sepultado
en el vientre de las madres solteras.






CONFESIÓN DE UNA MUJER CUALQUIERA

A Regina

Mamá está orgullosa de mí
porque a mis veinte años
no he probado
ni una sola gota de alcohol
por eso cedió
darme permiso
de venir a este mundo.
Lo que ella no sabe
(qué tristeza mamá)
es que el orgullo que siente
por la ingenuidad
que Dios le imprimió en su frente
se proyecta en la falta de confianza
de ese doble mía
que anuncia la llegada
de la siguiente ronda de cervezas.








UN HOMBRE CANTA Y RECUERDA

He aquí un hombre que canta
y recuerda.
Aris Disteos
A Salvador Cardenal
Por aquí vimos pasar
a los niños
que ahora son viejos.
Ya sé que el tiempo
es un joven avaro
que acusa a los buenos hombres:
Antes que naciéramos
eran infantes felices
jugando a la guerra
con soldados de barro.
Hice dormir al día
en el bolsillo de mi pantalón
y desde entonces
la noche construyó
casa en mi cuerpo.
Dejé desvanecer a las mujeres
que venían a mi encuentro
cuando torpe y sordo de corazón
preguntaban por el amor
que un día perdieron
por temor a lo ignorado.
Hace tiempo que olvidé el horror
y la lástima
porque el antiguo silencio
dibujado en las hojas de los árboles
era la vida del hombre
que en esta ciega tarde
canta y murmura su orfandad.









LA ORFANDAD DEL MAR

El mar se ha quedado
huérfano, los marineros
y los barcos
declinan en una hoja
manchada en sangre
porque cada vez que viajan
al reino de los tristes
comprenden
que la vida es un viaje en paracaídas
y no lo que tú quieres creer
y yo he creído que tu sonrisa
es una lágrima sembrada en mis ojos
cuando mi tristeza muere
en tu cama de algas.








TAMBIÉN UN VIENTRE LLORA DE ALEGRÍA

(patrimonio de la tristeza)

A este cementerio
de pájaros
a este niño muerto
encontrado
en el basurero municipal
lo han declarado
patrimonio de la tristeza
—nada extraño para mujeres como tú:
Te ves al espejo
y eres una anoréxica
ante esa muerte que te ampara
insistes en burlarte
de ella,
mientras ella
insiste nacer de tu vientre:
«¡silencio! la tierra va a dar a luz un árbol»
el sarcástico silencio (ríe de tristeza)
duerme junto a ti
muere de alegría
y en ti sepulta el nombre
de quien escribió este poema.









A UNA MESERA

(Marilyn Monroe)

Terminó de recoger sillas y mesas
con una sonrisa subjetiva de perfil
y en nombre de mi cuenta
la invité acompañar a mi soledad.








AMONESTACIÓN MATUTINA

Yo no tengo nombre.
Sólo soy un semejante
del que sueña ser hombre
al morir en la sombra
del agua. No cubrirá
otro parche de soledad
la herida ficticia
de la sonrisa mortal:
—el sueño sigue ausente
de sí mismo
porque tiene que morder
plenilunios
de una noche matutina.
Y de nuevo pregunto:
¿Quién es el hombre
que le sonríe a la muerte
y baila con ella
en un solo ladrillo?
¿Quién eres tú
si cuando sonrío
eres ajena a las manos
de ese alguien que tiñó
con sangre corrosivo
su cuerpo
¿Y quién es Dios cuando sueña ser Dios?









TU NOMBRE ESCRITO EN LA ARENA

Entre la nada y el sueño
cruzan mis horas insomnes
las sílabas de tu nombre…
Octavio Paz


I
Queda la línea del abrazo perdido
escrita en la arena.
El poema hecho carne
lo he arrojado al mar
para que tu fe sea ciega
cuando de amarme se trate.
Estamos solos,
solos de nosotros dos:
sola tú de tu otra yo
y solo yo en la cuesta de esa línea
de abrazo con dudas.
He doblado el lápiz
para escribir bajo la tenue luz
las innombrables noches en vela
que en el sueño
de mis ciegos días olvidé,
cuando tu nombre hecho piedra
bordeó las costas de mis párpados.

II
De las siete líneas grabadas en la piedra
una muérdese los labios
cuando noche adentro
todo es desierto en el mar
y tú, ajena al olvido
observas cómo tus mareas
medidoras del tiempo
irrumpen en las camas galantes de las algas;
fuera de todo aquello
que debe escribirse con los dientes,
es tu nombre que debe olvidarse del mar.







HABITACIÓN DE HOTEL EN SILENCIO

A Claribel Alegría
Construida a molde
de nocturna
me he encontrado
en esta habitación.
El silencio impropio
muda a travesti viento suicida
y el salón de cristales paganos
yace en el reglón
de soles nocturnos
que puestos uno sobre otros
han muerto en ausencia de los días.
De vez en cuando viene un señor
a tocar mi puerta para recordarme
que no soy yo
quien habita este cuarto:
—Es un pequeño infierno
el que me habita
¿o acaso la sombra del hombre
que habita este cuerpo?
Pasarán los días y las noches
y con ellos me iré
antes de que mujeres vírgenes
concilien el sueño
con sexo envejecido.









EPITAFIO DE UN JOVEN CARTERO

Es locura vivir sin la sonrisa.
Czeslaw Milosz
Aquí yacen los restos del joven
que nunca vio la sonrisa
petrificada en el polvo
—fue un cartero de vida—,
entregó tantas cartas
que nunca nadie respondió
a sus remitentes;
ahora que usted lee la última
y sabe que su soledad
fue honda y ancha:
Corresponda
y confirme a la muerte
la compra de su boleto
en esta vida,
antes que le sorprenda el día
sin haber hecho nada.

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