jueves, 2 de septiembre de 2010

832.- NÉSTOR ROJAS


Biografía de Néstor Rojas: Nació en El Tigre, Estado Anzoátegui, Venezuela en el año 1961. Docente en el Instituto Superior de Artes Visuales “Armando Reverón” de Ciudad Bolívar. Es autor de los libros de poesía: Transfiguraciones (Fondo Editorial Miguel Otero Silva, 1988) Sepia, (Fundación “Rómulo Gallegos, 1992, Diario de El Fulmar (Monte Avila Editores, 1993); Ocre (FUNDARTE, 1994); Los Trabajos del tiempo (Fondo Editorial de la Secretaria Sectorial de Cultura del Estado Aragua.
Escribió la obra Hexagramas del vértigo (Fondo Editorial Miguel Otero Silva del Ateneo de El Tigre, Estado Anzoátegui). Estudie Letras y Filosofía y Literatura Contemporánea en la Universidad Autónoma de México (UNAM) y Literatura Irlandesa en Irlanda.
Su trabajo creador ha merecido premios y menciones en diversos certámenes literarios nacionales e internacionales. Colabora regularmente en periódicos regionales y nacionales. Su nombre aparece en varias antologías de poesía latinoamericana, incluyendo una preparada por el reconocido crítico Julio Ortega. Su trabajo en Artes Plásticas es conocido en el extranjero. Actualmente se desempeña como docente en la Universidad Politécnica de la Fuerza Armada (UNEFA).





OTROS DE LOS PRECIPICIOS
DE LA CARNE

No vuelvo por haber vivido
Busco en mí los nombres
de la devoción

el ojo
de la alcayata celeste
que me sostendrá

los vaticinios
ocultos
el fuego
espinoso

Vislumbres de mí

Otras señales no hay
El pajizal no deja ver las cruces
la zamurana
y el canto de ese mochuelo alerón
que es aleluya
cielo caído




HAGO TODO LO QUE PUEDO

Toco la nitidez del aire
con la pluma del piapoco

Espero el mes de la espiga
No quiero vivir en la ceniza
del fracaso
No quiero estar prisionero
en mi propio temor
Espero
la resurrección de las alas

Espero
desnudo
en las arenas
¿Qué dios ilumina mi desamparo?

La llama del vértigo
reverbera en mi alma
desolada






ARREMOLINADO COMO SI FUERA
o viniera

Me pesa la muerte de los sueños
que no pudieron ser
Y me pesan los recuerdos

Tiendo las manos: no hay nada:
sólo aire

¿Bajo qué forma
volverá
lo que fue?

Con el reflejo de esta piedra edificaré mi templo
pues nadie regresa
(aunque regrese)






ME HA TOCADO el aire
de un relámpago

Esta desolación es el principio del fuego
Es la intemperie

y la única respuesta de la alianza
anterior a la palabra

Mira mis escombros. Todo quedó consumido
en sus cenizas áureas.

Todo me fue arrebatado

Sólo el signo de los arenales
me hace visible

¿En qué asombro me apoyo
para caer?

En la cola del relámpago




Todo no es más que ilusión

Las cuerdas todavía vibran como cuando el comienzo
aunque los caídos vivieron su tiempo y ya no vuelven.
Todo en verdad cae de bruces,
se hace nada volando hacia el punto más negro,
tan brillante en el fondo que la luz se oscurece
y gira en la cola del relámpago devorándose
y acaso nadie sabe al fin para dónde regresa
cuando deja la tierra, si es que sube o baja
porque el universo es una membrana elástica que se roza
o se cruza una y otra vez
y es así como todo comienza:
aquí y allá en los predios del sol o más lejano,
en lo oscuro, en lo más profundo donde todos caemos,
ya despojados del aroma terrestre, sin cajón ni cristal,
sin tacto aunque las manos tocan los extremos,
sin boca aunque del alma salen los quejidos.





Resuello

A veces el alma se quiebra, desde afuera,
errada y rota por los codos
y da vueltas apartada del camino
que siguen las ovejas sin salirse del rebaño.
A veces uno se cansa de girar como gitano
en la nave sin timón,
pez solar en la pecera de los altos ministros
celestiales.
Y vive uno un día sí y otro no como avestruz,
largo el cuello como si fuera jirafa,
estirándose hacia allá donde todo es estrella
o sombra de una estrella ya ardiendo por los pelos
y áureo sueña en la fauces del dragón que nadie ve,
pero está allí mordiéndose la cola,
gira que gira a la velocidad del relámpago,
tan veloz que todo se deshace y o se hace polvo estelar
mientras aquí en este punto blanco del mundo
yo voy como encantado,
en la boca de Lesbia que ríe y se estira sinuosa,
muy tentadora ella llamándome otra vez al pecado.
Y pocos saben que apenas comienza el espectáculo:
la catira y el perverso en el vértigo a punto de volar,
de volarse de lo que jamás subirá,
porque lo que sube más temprano
que tarde termina cayendo
y eso lo saben los más estrechos de miras
en su propia prisión.
Un día llega cuando la sangre abandona
los vasos terrestres
y el alma sale del cuerpo en busca de su jardín
de flores.
Yo por ejemplo he pasado la edad de las orugas
y quiero ser yo mismo de otro modo,
desde adentro mirar hacia fuera haciendo
corrección de mis vicios:
palabra por palabra pronunciándolas bien,
moviendo mi lengua ortopédica
para que adquiera el arte de la pronunciación,
letra por letra para corregir los defectos de la vista
y dar con los verbos respectivos de la normalidad,
entre líneas o corrientes sigo zigzagueando,
en caídas alternas oscilando
página por página, desde la última hasta la primera.





La urna da vueltas para todos

Cuando un solo hombre no encuentra dulce
el sabor de los festines:
¿para qué entonces intentar alargar el tiempo
de vivir
si mientras hablamos huye el tiempo impalpable
hacia ninguna parte?
Cuando todo es incierto e inmenso es el hueco
del alma:
¿para qué esperar sin ansias las flores
del mañana si más tarde o temprano
ha de llegar la hora que nos embarcará
a todos al desierto?
Todos terminaremos en el mismo lugar.
Mejor será a la sazón aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos
o largos los veranos que el destino nos conceda,
ya sea éste el último momento que vivo contigo,
terrena de mar y cielo en los ojos.
Mejor será, antes que hacer otra cosa más inútil,
besar tus labios recién pintados,
beber la vida de tu boca escarlata
y meterme en el breve espacio de tu cuerpo
que es toda mi casa.
Contigo el día lo vivo alegremente
sin fiarme del incierto mañana.




Polvo

Uno mismo es el viento que viene
y a otra parte se va.
Como semilla
a veces
lo que somos
vuela por los aires.
Como soplo
el alma se deja
y ya en el aire
se hace aire.





Lo sagrado

El misterio es la puerta de lo que no se ve.
¿Quién descifrará el acertijo que esconde
la palabra
que nadie ha dicho jamás?
Lo oscuro es la profundidad de lo que mucho brilla,
la forma sin forma que se oculta en su propio resplandor,
el canto escondido en el fuego del silencio,
lo invisible que el aura delata.
Lo sagrado es la nieve de lo que permanece,
el beso en la sangre atado al aire,
el soplo en la cola del viento,
lo hermoso que será develado,
la vida aquí o allá que siempre se mueve.
Nuestro destino está escrito mucho antes
de nosotros nacer.





Todo es aire

Todo es polvo en la boca de Dios.
Sobre la tierra lo misterioso nunca se detiene:
Echa raíces, florece
y se alarga
buscando siempre la luz.
En invierno la tierra bebe el agua de los cielos.
Las semillas se abren.
Suben las espigas
entre piedras y retamas
hacia el sol
y vuelven otra vez
a echar vástagos las plantas que perdieron
sus hojas.





En la línea del sol

Como un pequeño dragón fabuloso por la lengua,
el sol abrasa todo lo que veo.
Dentro de mis ojos el fuego se agita
y sacude su ramaje escarlata.
Sé que la vida no se detiene en los arrecifes
de la oscuridad.
Lo que vive devora lo que morirá.
Por un hilo de agua comienza la abundancia
y nada termina:
todo es un incierto viaje hacia arriba y hacia abajo.
Uno va y viene llevado por la corriente,
arrebatado,
sin dioses,
en la cordillera de la soledad.





Sólo lo invisible es eterno

El silencio nos hace fuerte cuando nada deseamos.
En el vuelo de los pájaros del atardecer
puede estar el fin de nuestros días.
En esta orilla que el tiempo deshace,
vivo el instante tal como se viene: a veces apacible
y en ocasiones aireado por los céfiros alegres.
Sé que los dioses nos tienen asignados
las mejores cosechas de la vida,
pero también los momentos más tristes.
Esa es la ley que nos gobierna a todos.
Rápido reparan las lunas sus mermas en el cielo.
Mas nosotros, en cambio, una vez que hemos caído,
polvo somos de una sombra.





Todo es un hueco

Todo es hueco: hueco en el aire o en el mar,
hueco el cielo y cavidad en todas partes.
Hueco el cosmos conteniéndonos,
Hueca esa vulva celeste siempre abierta.
Todo es hueco en el vacío silencioso.
Hueca es la conciencia del hombre cuando calla,
Hueca la tristeza del alma, hueco el mundo
que se hunde
sin saber que se hunde,
hueco el tiempo que devora los años,
hueca la muerte cuya voz lleva el viento.
¿Será que Dios, mi Dios,
el más oscuro de todos los misterios,
mi Padre más cercano, es hueco también
o se hace hondo cuando más hueco me pongo?




Ejercicio de la cuerda

¿Qué hay debajo del párpado: acaso aire o cielo en lo oscuro?
Me haré viento, música en el viento, polvo con alma cuando llegue la muerte,
hueso no seré aunque me trague la tierra o me quede
en la roca para que el tiempo me borre, porque todo se borra:
lo que está dentro o afuera, lo que entra o sale en el parto, la escritura babilónica,
esta mano moviéndose en cada una de las letras,
tejiéndolas día y noche en el telar secreto:
hebra tras hebra el hombre va armando el universo,
la partitura de Dios, el encantamiento, el juego de las palabras
en perfecto acorde que parecen que vuelan, dejándolas escrita, dejándolas,
verso tras verso en la tensión con ritmo de cítara,
tocándolas para que suene su música, arpa de los dioses,
cuerdas arriba o abajo, muchas cuerdas impulsadas,
punteándolas, tensas o vibrando en el aire,
urdiendo el punto, el cielo con sus nubes y todo abierto,
arriba y más allá, abierto en lo claro, de una estrella a la otra,
de una rosa a la otra y en todo lo que vemos: el mundo entero abierto a la fascinación,
revelado o puesto videncia, todo ahí transparente,
recién despierto, nombrado, lo blanco saliendo de lo oscuro, esa eternidad,
ese cosmos de seda pleno de almas que vuelan
lo simultáneo tan veloz como luz, ala áurea en pleno vuelo.





El Tabernero

Entre el humo de agria fetidez, el ojo se acostumbra al vacío.
Cuando el alma es un grito desgarrado en plena noche,
a qué mover el cuerpo que no habla, a qué vestirlo con tanta pompa y glamur.
Mejor quedarse quieto si una bala un día detiene su crecimiento.
Hoy los caminos no son tan apacibles ni tan calmos los nervios.
¿De quién es esa oreja sangrando y atrapada en su muerte,
de quién esos labios arrancados de cuajo?
¿De quién ese cuerpo tirado en la calle, esa pestaña de pobre prostituta
ya caída y media envuelta en el aire?
¿Qué se ve de lo ciego, sin anillo ni gozne?
Nada queda para la observación: ni perno ni el horno,
todo sale de su quicio con sangre.
El salteador más antiguo anda en sí bullicioso, cambiando tizne por lumbre,
Todavía en auge y en tiempo de miserias.
Pero, el Tabernero no bebe solo en la mesa de mármol:
Los que jamás volverán se embriagan por última vez:
cuánta cháchara dicen en el oscuro retrete de la perdición,
libres ya de la inmortalidad.





La primera piedra del templo

“ El habla es plata, el silencio oro.” Proverbio alemán
Uno se acostumbra a los últimos días.
Se acostumbra a callar,
a cerrar todas las puertas.
Se olvida, con mucha frecuencia,
que los puñales y las lanzas
no son tan afilados como las lenguas.
Con el tiempo, uno aprende a espantar la vejez.
Pero nunca logra entenderse:
Tanto ladrar para nada decir.
Cómo olvidarse de todo lo que se piensa.
El comienzo de la sabiduría es el silencio.





Avaricia

No es vela de junco lo que se quiebra allá fuera,
ni árboles azotados por el viento aunque crujen sus hojas.
No es alma bermeja la que grita en la calle,
aunque muchas a esta hora oscura se escapan a los cielos.
Eso que apesta en las manos del mundo es la avaricia mordaz,
el tatuaje en la piel añublada que se tuerce,
a veces como tótem o áureo carnero presidiendo la fiesta,
donde todos se dan a la lujuria de amarse porque nada es más breve que la vida,
que apenas si deja beneficios.
Será por eso que siempre nos entregamos a la inútil vanidad de tener
y nos lleva ese afán desordenado de poseer cosas
y acumular riquezas para atesorarlas.
Quien guarda lo que no gozará, pierde el esfuerzo vanamente.
La vida cruje adornada con borlas para que se vuelen las ganas de vivir.
Llegará un día que nuestros recuerdos serán nuestra única riqueza.






POSEE SÓLO AQUELLO QUE PUEDES PERDER
EN UN NAUFRAGIO

Quien regresa se arriesga a quedarse
en la periferia de los recuerdos.
El tiempo que vivimos jamás volverá,
aunque lo recordemos.
El que mira hacia el pasado se detiene
como estatua de sal
entre muertos, cruces y lamentaciones.
A veces, el que va retrocede temeroso de seguir,
acosado por la incertidumbre.
El errante de sí mismo siempre habla de un viaje,
del último que está por hacer o del que todavía no ha hecho.
Cada salida es una entrada a otro lugar desconocido.
La vida misma es un viaje que corre el riesgo de tropezar en el mismo camino.

De acuerdo al sabio, el que no vive para viajar no sirve para vivir.
Pero, también aconseja: si no sabes a dónde vas, no vayas.
Yo he vivido más cosas de las que recuerdo
y recuerdo más cosas de las que en este mundo he visto.
Cuanto más lejos dentro de mí he ido, más cerco me siento.
En verdad la partida siempre tiene retorno.





Grafitti escrito en el muro del olvido

Un día olvidé que la voz demorada en el tiempo nunca se recuerda.
Que la memoria, según recuerda Plotino, es para los que han olvidado.
El olvido es la única venganza y el único perdón.
Un día me perdí en el olvido tan pronto como cerré los ojos
y olvidé el pensamiento que palpa lo desconocido.
Olvidé la palabra que lleva a recordarnos
y de tanto andar en la periferia de la vida me hice tan obvio,
que casi muero en la misma superficie del hastío.
Dejé de pensar en mí mismo.
Una noche intenté borrar las huellas que permanecen latentes
en el alma infinita, pero no pude alejarme de mí.
De todo eso aprendí
que lo mejor de la vida es lo que todavía no has vivido,
lo que te espera adelante.
Puedes llegar despacio o tomar un atajo porque tienes prisa.
Recuerda que la vida siempre termina por acabarse de cualquier manera.



El incontenible universo

Entre lo que vemos adelante y lo que se halla detrás,
de este lado o del otro está lo verdadero,
lo que todo lo abarca:
eso invisible que teje el universo,
péndulo entre el hombre y su sombra,
soplo resuelto en la unidad que no es otra cosa que la diversidad,
expresándose de manera rotunda o en forma simbólica,
numeroso y uno, sostenido en sí mismo,
dueño de la cábala donde el azar es ley,
el eterno presente vibrando en el instante o el tiempo circular,
la espiral o serpiente mordiéndose la cola,
ese espacio que extrapola el laberinto,
ese ser que anula y acuña al individuo acosado por la muerte,
supremo conductor de nuestras vidas y más atrás de todo lo anterior:
el punto clave, el centro que de nada cuelga,
el origen del mundo,
múltiple,
espacio y tiempo a la vez,
agujero de la oscuridad,
simultáneo,
manifestándose en uno y ya en el otro.





Cronos

El tiempo engulle lo que existe y será:
da el tiro de gracia a la agónica cabeza de lo nuevo:
El instante consume lo poco que queda de nosotros
y nada se consolida: se deshace tanto la piedra que resiste
como el cuerpo ya envejecido que cae.
La hora que llega pronto se va:
pero termina ajada, abandonada en el desván de las cosas que no sirven.
El instante es la otra noción del universo: síntesis de la invención y la sorpresa.
Por eso
la palabra es la propuesta para vencer la muerte.
Hay que escribir para pasar entre las dos orilla,
aunque el tiempo siempre se hace cargo de todo:
propicia el roce de la piel entre los talismanes,
el sahumerio en el portal de los santos,
la noche y el día, el sueño y la vigilia.
Pero todo aparece bajo el designio de la magia:
la poesía es la sal de los designios
o mandato de los altos poderes que prefigura el verdadero sentido
de nuestra búsqueda y lucha contra la inevitable voracidad del tiempo




Comediantes

Somos de pronto hijos de Marte como de Venus:
un día somos como el zorro y otro como un león
y al día siguiente la serpiente sibilante y guabinosa:
no somos gentes de buen juicio y el vicio
acredita nuestra fama de comediantes y bufones de la hipocresía.
Mal consejo da el que no puede cambiar
y aún así escoge un talante general y juzga y prejuzga
como si fuera el sumo sacerdote en el patético sanedrín
donde no somos lo que aparentamos: ni ley ni verdad:
a veces la cara de la cruz, porque
a diario disimulamos los rasgos más comunes de la vida.
Nadie sobrevive a su verdugo y no hay perdón
para el gladiador vencido: los tiempos y los trabajos
a veces aportan mudanzas felices
y muchas veces la fortuna rebaja a los hombres
para luego elevarlos con mayor esplendor,
pero no te ilusiones: deja en la arena lo que quieres; vuelve a
lo que dejaste porque no hay nada menos hacedero que la constancia
y no hay orden cierto y seguro
y aunque la sabiduría es el fin principal del sabio
y la humildad su fortaleza,
no podemos abarcar y comprender en una sola todas las reglas,
porque eso es querer y no querer siempre
la misma cosa, que es imposible que sea siempre la misma cosa.
El vicio no es más que falta de medida o desarreglo
de los sentidos, que acarrea trastornos e inconstancias.
Quien lo probó lo sabe.





NOIGANMDRES: TEXTURA A VARIOS TIEMPOS.

El filo del vocablo poco visto, el poema
que embiste y se desviste, el sonido visual,
la forma que suena ligada a la palabra, no como cabra
sino más bien enjambre en el panal de lo que zumba y no es abeja.
Como la miel al barro todo se constituye como material
de composición y no como vehículo:
que cada quien le de la interpretación que quiera al verso,
que no es mundo objetivo ni tiene el motivo pintado de azul
para ser y hacerse en el papel;
en la piel del instante la llave es la clave del que busca el pasado
y su estructura es el verdadero contenido: porque
todo es estructura y ritmo, ondulación musical,
curso de la onda que va lejos llevando el mensaje:
el enigma revelándose, el misterio que está allí ante la vista de todos
pero nadie lo ve, nadie entiende lo más obvio: por eso el poema
no intenta hacer mimesis de la realidad,
que engendra monstruos porque es hija de la razón
como el sueño de Goya que envejeció viendo la joya del tiempo
ante sus narices
y jamás entendió que la cosa es el objeto del deseo
o la res descuartizada, puesta en venta,
pero el poema es otra cosa capaz de crear la realidad:
la otra realidad donde yo vivo más tiempo,
aunque sin ver el reloj, distraído, atolondrado: sí,
el poema es otra cosa y su forma se vislumbra
con su ritmo imponente, adecuado al flujo de los pensamientos,
su medida, que mudan según los días y que llegan enviados
de no sé donde y es cadencia de ese ritmo caudaloso
de largo aliento, verso tras verso, pletórico de imágenes y vorágines,
extendiéndose denso en el vuelo de la hoja
que cae y se entrecruza en la estela invisible de la mosca,
de la rosa diría Musse o Rilke al pie de su tumba,
intranquila, brumosa: allí el árbol espera su florecimiento
y el gusano –que olfatea la manzana-
también espera la caída de lo que polvo será




POEMAS DEL LIBRO INÉDITO
De la pasión desvelada
Néstor Rojas








Es preciso deshacerse de la piel
de todos los amores.
Ser tenaz e insistir en uno mismo
hasta que los sentimientos
se queden sin fondo ni memoria
como recién nacidos.
¿Será preciso también
madurar los latidos desvelados
para postergar el morir?

El preciso despojarse de todo lo que duele,
de las penas amargas
porque el corazón se endurece
con las secreciones del odio
y se crispa como un órgano herido
cuando da y no recibe.
¡Cómo siente la invisible furia de los desamores
que desgastan el vivir!

Las líneas de la vida no retroceden,
desaparecen en el viaje
sin retorno.



Lo desvelado,
lo que tuerce la mirada
sin entregar su bandera
desde algún rincón del corazón
se desnuda
para aliviar su carga de pasiones inútiles.

¡Cómo tocar lo que mis ojos
no ven!

El alma no es un árbol,
es aire meciéndose entre las ramas
del desvelo.



El revés de lo que existe,

lo incierto o el extremo tembloroso
de lo que puede ser lo tal vez
o lo posible,
¿será acaso lo que habremos de celebrar
desde la una y mil veces restituida esperanza?

Lo que no ha sido aún
desconoce el fervor
de los latidos ciertos y acompasados
del vivir.
No tiene historia ni voz,
ni días ya vividos.
Apenas es la promesa del gesto,
el quizás crispado
en los bordes imprecisos del futuro,
esa otra forma del misterio.



El pensamiento es la sospecha

más cierta
de que somos,
entre todos los animales,
seres inferiores.

Lo que siente y no logra descifrar
con la razón
es la mínima diferencia que lo separa de sí mismo
y lo acerca más al mono.



A veces

me abandono al azar de los acontecimientos
y ante el gesto insomne de la vida
que pasa con sus penas y glorias
dejo mi desnudez
libre y agreste
como mensaje de todo lo que fui.

A veces nada espero:
sólo voy
inexperto del misterio
hacia la última trampa
que nos tiende ese invisible tramoyista
que llamamos Dios.



Con los años

he ido perdiendo
la visión de las cosas.
Sólo la claridad del pensamiento
me visita de noche
y me desvela.
Pero mis ojos ya no ven
los detalles ni las sinuosidades
de las formas y sus disfraces.
Solamente leen las escrituras más claras del día.
Pero con anteojos.




Espejo para anguilas

Como ese sol levemente emplumado, a un lado de la tierra empinada está ella, la iluminada. Los filos de fuego del atardecer se expanden encandilando mis ojos que la ven. Ante el espejo ella saca su lengua húmeda de azul. Y pinta un dragón sobre mi pecho hundido. Ahora se aleja levitando. Y con ella se me van esos labios como pétalos de sangre en el fulgor de la tarde. Se me van esos senos como peras.
El pecado no se mueve tan cerca de mi boca.


Palo caído en guarnición

Sus senos sin pestañas trepan más allá de mis ojos. Azules los suyos se confunden con el cielo en esta hora temprana del día que también se me va.


Sueño

Al sesgo se levanta el deseo, tan impaciente y cálido. Me voy al Cielo de los que soñaron con ser santos y fueron condenados.


En las faldas

Aquí están las frutas del Paraíso que ofrece la tierra. Las flores se abren como lechosas tropicales y todo lo que florea se mueve en el instante. Para llegar al Jardín hay que escalar una montaña entre plantas con espinas. Sobre piedras hay que beber el agua de las uvas y comerse la Manzana que ayer me tentó. Despúes hay que cantar sin penacho ni plumero.


Pata de pájaro

“Si metes la cabeza por ahí perderás la razón”, eso me dijo mi padre sin sacar los ojos de la oscuridad. Caso no le hice y me quedé sin reservas. Se me vino a pique la vida de pájaro que tenía. Se me cayeron las alas que volaban.Y ahora ya no puedo pararme y cantar ni menearme sobre ninguna rama. Dejé mi libertad ondeando cual bandera en el aire. Por un grano de arroz llegué hasta aquí. Buscaba la sobrevida que cara se nos vende. A mí no me derribó la garra del leopardo ni el salto salvaje del león. No me llevó ese viento que a todos nos arrastra. Metí la cabeza por donde no debía y el Cazador puso el ojo al alcance de mi vuelo y me acabó para siempre.

Albur

Dragón es esa serpiente alada como dáctilo sobre tus ojos cansados. Son ilusiones esas piernas hermosas que ves, casi muy cerca de tus labios. Marca dactílica hay en el cuerpo de ese arácnido en falangio. Acércate más, pega tus ojos al ojo del deseo. Y verás tu cara atrapada como boca abierta que te quiere tragar, narciso atrompetado.


Naturaleza muerta

Esas flores en la pared simulan un jardín. Si quieres sobrevivir: simula y no te verán. Nadie te verá entre los títeres que tampoco se ven. Toda simulación es un arte. ¿Qué hay detrás de esas puertas enrejadas? Almas enrejadas en cuerpos como jaulas. Cabezas como lechugas aparentemente frescas. Pero grises y aplastadas. Ese paisaje es tiempo gris con cucarachas. Y aunque sueñes y huyas del que te persigue para matar tus sueños la muerte te descubrirá para volverte más gris.A pesar de las paredes y flores tu alma se irá, no se quedará. La casa de tu alma es vuelo.


Tal vez

Veo lo mismo que estás mirando: rejas y puertas con muchas cerraduras y flores grises o muertas sobre mesas pequeñas. Paredes pintadas como vientres destripados.Una piedra sobre otra como huesos. Y esa luz blanca para que los ojos se encandilen y no puedan ver lo que está escondido detrás de las puertas enrejadas:almas presas que más tarde se irán.




Fotografía

Estás aquí tan solo y triste. Y esta daga como una mano cerrada y este puñal como tu odio y esta cruz como tu fe agujereada y este obelisco donde escribes tu historia
se ven desde tus ojos perdidos en la negra distancia. No hay nada más allá de tu alma. Hazme la cruz hermano de mi suerte. Quítame la muerte de encimaque estoy de uñas comiéndomelas. Chiflado como extraviado en los aires. En ti ando en otra parte, enfangándome. La vida se me va sin percatarme y nunca más volverá.


Daguerrotipos en Dahomey

Los instantes de este día caluroso son violetas dentro de un triángulo blanco. En la pared descubierta por el tiempo se ve un ladrillo rojo con sus vísceras fuera: cabillas y venas de cemento compiten por la sobrevivencia. El Infierno es aquí: bajo este cielo todo lo humano sufre su cruz. Desde el suelo lo vivo se tira en el piso, a la intemperie. Entre cosas envejece para la posteridad.

Caracola

Soy caracola flexible que se alarga y encoge según la ocasión. Paso por el filo de la vida, resbalando. Deslizo primero una antena viscosa lentamente y con suavidad porque la hoja filosa corta. Después paso la cabeza entre tus brazos como una tripa. Porque la otra parte invisible está oculta dentro de la concha en espiral. Vuelta le doy a la página del tiempo para que no me vea el animal carnicero, el soldado que me persigue, el coleóptero con su carabina. La casa que llevo me hace distinta. Mi rostro no tiene rasgos ni carnet de identidad. Es un pedazo de viento de lince largo y fuerte sin capucho. ¿Qué verá el ojo que anda contigo, corazón?


Azucarar con dulzura

Tu corazón está azucarado, endulzado por mis besos. Cada lisonja mía, cada palabra dicha con amor, es un turrón de azúcar. Una almendra para agasajarte. Garapiñada sin remolacha. Sé que te gusta besar por la forma como tienes la boca.
A mí me gusta esa manera tuya de mirarme con deseo. Sofisticada será mi caricia azucarera, sin píldora, con caña y molienda porque sé también moler la caña. La molía, ya no, pero tal vez la muelo. Eso depende si hay zafra y se mueve el trapiche. Este pan de azúcar en tu boca, este confite de Saturno en la piel de tus labios, esta miel en los pechos son los motivos de mi querer. La cabeza melada deja sus huevos entre pétalos. Pero todavía no es la hora de caer: más tarde me llegará el momento. La tenaza apuro no tiene, tampoco el bisturí. La verdad que se oculta no es dulce como le gusta al mundo.


Una Manzana puede ser el Paraíso

Esta página es una manzana mordida por los dientes de Adán. La palabra es un gusano, es Luzbel en su envoltura que se teje. Estas letras son las flores de Eva. No te las comas con los ojos mi querido animal. Búfalo, mastica las hierbas menudas. Cómete estos chochos y confites. Un picnic en el césped con florecitas blancas como pequeños soles es este poema como paisaje. Un picnic en el campo de golf. ¿Es tu deseo el minotauro? ¡Qué cachos como golosinas tengo en la cabeza! Pulidos como dientes celestes. Sabroso está el Paraíso que sueño en la intemperie como para echarse de espalda sin la giva cabeza. Nada hay en el cerebro ya rematado en punta. La caparazón del bufón es su locura.

Una foto para la posteridad

Pongo cara seria cuando estoy a la espera una fotografía. Muestro a los aires las dos caras con sus superficies. Un guerrero acomoda el fusil a la bala que se mueve.
El blanco es la sombra que se va. ¿Qué dirá de la muerte la que nunca me ve con su ojo de lince? Impecable en la urna me veo. Exquisito como alegre bufón. Como para regalar, gustoso para los que en vida me quisieron. Pero desde aquí no me regalo ni me dejo comer tan fácilmente por los fieros gusanos. El mejor bocado se saborea, se moja con saliva. Saboréame muerte que estoy regalado, enséñame tus colmillos y tus dientes postizos. ¡Qué hermoso ganado tienes pastando en mi valle!


No tardes amor

No tardes amor, no pierdas el tiempo con esa bicha tuerta con ojo de hiena. Caracoléame. Dame otra vuelta que me ando mojando entre hojas sin cielo. El buen jinete hace dar al caballo lo que quiere. Este cuerpo caliente es el tablado de la margarita. Tu sexo es el vuelo de la caracola. Es un poliedro con tres palos como molusco sin concha, deslizándose lentamente por mis labios, pasando por entre los filos de mis dientes hambrientos. No te desesperes que ya se me estira el brazo de la oruga bien loca.
Gordura

Yo no toco la flauta ni flameo. Te pasaré ese cepillo bocel para que te agites y sacudas de espasmos. Hay que menearse, aletear brazos y pies hacia arriba y hacia abajo porque estas piernas acanaladas, con surcos, de tan gordas que están ya no revolotean. No bailan. En otras aguas están las velas flameando, ondulando más allá de tu alma que duerme encogida con ese alboroto por dentro de las banderas caídas. Guarda para otro día los desengaños. Todos verán esas formas subir y bajar
como nuevas, no como ahora que se hunden en la hojarasca del aceite.


Celulitis

Ningún hombre quiere la grasa que te sobra, las pistoleras con bambalinas, las arrugas como pliegues de cortina. Esa piel de naranja sobrante tiene que ser pasto de los animales de carroña. Esta flacidez de camello en aeropuerto alechugada no te hace feliz, álzate así como puente volador, con bajadas y subidas. Yo pongo miel en este hoyo para los ojos confusos y entierro este caramillo entre tus manos.
para que el pecho se te agite. Y se mueva la zampoña que se pliega porque no es de hierro de rizar. Dentro de ti hay un cuerpo perfecto como puñado de tierra dulce fermosura de mis amores.



(Referencias: El Wrong Side de Daniel J. Montoly)
(Referencias: El Wrong Side de Daniel J. Montoly)

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