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martes, 11 de abril de 2017

ALCIDES HERRERA [20.083]


ALCIDES HERRERA

Alcides Herrera (Sancti Spíritus, Cuba, 1974). Narrador y poeta, es fundador del proyecto musical Los Bloomers, en Miami.




Abren el libro

Va despacio el encierro.
Y vertical, como si fuera unánimes
vejaciones en el asilo

del Paseo Norte
y también
una lectura de cartas. 

Alfredo Cuba, en milicias de Cristo,
sin horno futuro,
nunca rezó en el techo

de la Iglesia de la Merced.
Abajo, la calle tenía su apellido.
Va despacio.





La hora universal

Era, como buzón de vísperas,
en nuevo asalto a mi viejo corazón, una marca
en el aire, la catedral
que hasta hoy
guarda todos tus huesos,
madre del mundo y del olvido.
Era un límite parecido a la mirada
de tus hijas, que sin nacer ya fueron tuyas,
que te llaman
desde un vertedero de New Orleans.
Era pan con tomate,
la perplejidad de un nuevo atardecer,
Amtrak,
pasan los campos.
También una especie de reconciliación
con la goma del tiempo,
con los usuarios de la goma del tiempo,
algunas fotos de Brasil.
Buzón de vísperas
nunca será la imagen de esos barcos hundidos,
botón de oro no será.
Era un límite igual
al instante
en que te quiero y no recuerdo dónde estoy,
quién eres tú,
por qué estoy viendo tres televisores.
En vez de decirlo, lo reviso.





La marcha

Tan silencioso, áspero,
se involucraba en los renacimientos
de la flor lila.
En símbolos del río
han de leer tanta gravitación
y, solas,
muy cerca de la quinta
de los teósofos,
presumirán.
Tan desconfiado, pobre,
despertaba a las seis
y andaba
hasta el callejón
de la panadería, se involucraba,
ay, en religiones,
en una sola rebelión.
Pasa el Día.
En tantos escapes de Alcatraz
han de escribirlo.





Obsoneto 33

En el Morro murió Luis de Velazco
y en el Morro gritó. Ya los ingleses
eran malos y buenos y los meses
de deseo fatal no daban asco

y vendían a veces pan de flauta.
Hoy tú vienes. En naves amarillas.
En discretas canciones. Las sencillas
primaveras se han ido y eres cauta

y defiendes un templo. Este delirio
de salvar una parte de la mente,
su sorpresa invernal, llena de lirios

y nostalgia futura del presente,
hoy envía, Señor, raro martirio
a Velazco y al ojo de su frente.





Muerte de Pavlidis 

Goma ponchada, diente roto.
Algún dolor ha de venir
de lomas que hay en Portugal,
en naves amarillas.
Lengua de camping,
roto elefante,
vas a saber la hora del polvo.
Mátame un sábado,
ocurra en Lila’s Bar




Alcides Herrera: músico, poeta y loco

Por: Erwin Perez



Alcides Herrera. 2012. Foto: Delio Regueral

Miami es una ciudad pródiga en humoristas profesionales, pero quien más gracia me causa no es lo que se dice un cómico o un comediante común, sino un poeta y trovador: Alcides Herrera.

Hay algo en su manera de hablar, de mirar, de pensar e, imagino, en su “look” de hippie que me divierte. Su humor es inteligente y absurdo. “Nací vago”, jura, “uno está regido por la hora en que nació, y yo nací a las cinco y cuarto de la tarde, cuando todo el mundo regresa del trabajo”.

En efecto, Alcides –“El Pescao”, para los amigos de la infancia- nació a las 17:15 horas (o las 5:15 pm, como se dice aquí) de un 3 de abril de 1974, en una ciudad ubicada en el centro de Cuba, más antigua que La Habana, Sancti Spiritus, fundada en 1514 por el conquistador Diego Velázquez.

“En la infancia escribía cuentos cortos y dibujaba, pero con el tiempo noté que eso no me bastaba para poder conseguir mujeres, así que a los 23 años aprendí a tocar guitarra”, me cuenta, de lo más serio, en una calurosa tarde de tertulia, en el estudio del fotógrafo Delio Regueral, uno de sus íntimos.

Además del arte y las chicas, Alcides es un apasionado de las cervezas. Las plateadas Pabst Blue Ribbon son sus preferidas. Pero volviendo al artista hay que decir que es un prolífico poeta y compositor, aunque, por aquello de su predestinación a la vagancia, no ha publicado libros ni ha grabado canciones.

Regueral, que ha retratado a numerosas celebridades locales y le tomó la singular foto que ilustra esta nota, se rinde ante su amigo:”Como poeta, no se rige por normas preestablecidas, trabaja con una libertad cretiva increíble; y como músico, tiene un gran sentido estético y armónico”.

El respetado poeta Rolando Jorge también le tiene simpatía a Alcides; tanto es así que le dedicó un poema, titulado “Tapa a tapa” y que en su primer verso reza:

“camisa de cuadros enfermos refieren
quien tiene tisis al alhorre abraza
pabellón a pabellón”

Desde México, vía Facebook, otro de sus “cuates”, el cantante Jorge “Tereso” Correa, lo define así:”El es un enamorado agridulce con una lanza en la lengua y una mira certera”.

La lengua, el verbo, son el fuerte de Alcides, qué duda cabe. Ese ángulo suyo, más la agudeza, brilla especialmente a la hora de aplicarlo al humor. “Minero 34”, me bautizó, por ejemplo, en honor a mi nacionalidad chilena y a la famosa gesta que protagonizaron los 33 mineros.

Sin libros y sin discos en tiendas reales o virtuales es difícil disfrutar de lo suyo. La mejor manera de asomarse a su trabajo es a través de su cuenta de Facebook. Allí anuncia sus esporádicos conciertos – a los que llama “peñas”-, publica fotos y provoca oleadas de risas con sus comentarios.

“Si me levanto temprano, fresco y curado, claro y feliz, llama al Rescue, que ando malito de los nervios”, escribió hace poco, parafraseando a Silvio Rodríguez, a quien, como muchos cubanos exiliados de su generación, admira por sus canciones, pero desdeña por su postura política oficialista.

Van otras tres perlitas juguetonas del Face del “Pescao”:
- “Mi teléfono inteligente me escupió”
- “Unos hackers malísimos me robaron la identidad y al otro día me la devolvieron con este mensaje: ‘Tú no eres nadie, comemierda’”.
- “Aún soy católico: quiero tener siempre la culpa”

En la poética, los referentes de Alcides son San Juan de la Cruz, Manuel Sosa, y José Lezama Lima. Musicalmente, la Nueva Trova, Leonard Cohen. En cuanto al humor, asegura que lo heredó de sus ancestros espirituanos, pero reconoce como influencia en ese item a Pablo Garí, alias El Pible, también exiliado.

“El ‘Pescao’ empezó de muy jovencito en un grupo que yo fundé, en el que hacíamos algo que terminó caracterizando nuestras carreras: un humor muy cercano al que practicaban los Les Luthiers, lleno de juegos de palabras y de absurdo”, recuerda El Pible.
?Cuál es la principal virtud artística que el maestro le encuentra a su pupilo?
“Lo multifacético que es”, afirma, sin vacilar.

La lengua de Alcides derrama humor, aún en sus momentos de fragilidad; como los actuales, teñido por una reciente ruptura amorosa.

“Minero 34”, me cuenta, “soy ‘maiamero’, pero cada vez que estoy soltero necesito huir de la ciudad y ahora tengo la posibilidad de ir a Nueva York o a Nuevo México”.

“¿Y a dónde vas a ir finalmente?”, le pregunto.

“Nueva York”, responde, pícaro, pero sin entusiasmo, “porque si voy a Nuevo México voy a querer cruzar la frontera y en México me voy a ‘perder’ en ciertas tentaciones”.

“Bueno”, agrega, al instante, “en realidad ahora no puedo salir del territorio de Estados Unidos porque dentro de dos meses me voy a hacer ciudadano americano”.

“Minero”, pregunta, con un nuevo brío en la voz, como el niño grande que es, “¿si te invitara, vendrías a la ceremonia en que me voy a hacer ciudadano?”.

* Poema de Alcides Herrera (Sin título)

Cuando aparezco
se acaba más pronto la cerveza.
Sin pensar (es el estado
que me entretiene) atravieso
el salón donde repartes los bocadillos
y no acepto ninguno.
Yo soy el hombre del bigote rojo:
necesito entrenarme con las princesas
y descubrir (tal vez hablamos
del último día)
un juego detrás de cada corazón,
un party secreto.
Cuando aparezco
algunos ojos brillan
y saben que habrá predicaciones.
Sacrifico energía de mi pozo
para ver rodar un anillo,
para verte reír.
Cuando aparezco
soy música en el aire, espíritu
mirando desde el balcón.
Por llenar una forma
(no me refiero a lo que estás pensando)
me sale una cana diariamente,
un sufrimiento árabe.
Entretenerse va por las filas de la luz,
se sube a la hoja doble,
deja para mañana casi todo.
Aunque unos gatos se sacrifiquen
y regresen a Venus.
(O mejor dicho:
siempre que un gato se sacrifica,
regresa a Venus.)
Cuando aparezco repito la sed,
reparto margaritas,
juego a las damas.
Ya se rompió la boda judía,
los hijos se quedaron sin nombre,
sin hijos.
Ya sé que nadie va a venir por mí,
que pierdo las misiones y el pan
en un país extraño.





Tres historias de fajazón

ALCIDES HERRERA | Miami



A Separation

No había más nada y se les ocurrió alquilar A Separation, la iraní. No iban por la tercera escena y ya se estaban fajando, debido a lo cual no durmieron juntos. La película estuvo en pausa hasta la noche siguiente. ¿Y qué mejor modo de arreglarse, tras practicar deportes, que ver una película? De más está decir que la escena (la de ellos) se repitió y ha estado repitiéndose por un mes. El recargo en Red Box ya es casi un sueldo de camarero. Han empezado a hablar de separarse.




Mentes gemelas

Las Mentes Gemelas se fajaron en el hotel. Horas después estaban declarando (el mismo horario, canales diferentes): yo lo veía venir.




GPS

Pavlidis empezó a sentir cierta molestia en el culo. Aparcó en un Publix, entró al baño y se revisó: tenía un GPS pequeñísimo incrustado en área tan privada. Lo tiró al inodoro y descargó. Al poco rato lo llamó Katiuska: "¿Qué pinga tú haces holgazaneando en el desagüe municipal?"




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AUGUSTO LEMUS MARTÍNEZ [20.082]


AUGUSTO LEMUS MARTÍNEZ

Manual Augusto Lemus Martinez nació en Guantánamo, Cuba, el 29 de diciembre de un año indeterminado y oblicuo. Ha publicado: Tropismos (Ed. EntreRíos, Los Ángeles-Las Vegas-Miami, 2005), Cartas de odio, amor y de otras nimiedades (Ed. Linden Lane, Fort Worth, Tx., 2011) y En verde iluminado (Ed. Alfabeta, Miami, 2011). Está representado en las antologías Lenguas recurrentes (Ediciones Ego, Guantánamo, 1982), Lauros (Ediciones AHS, Guantánamo, 1989), Epigramas (Ed. Oriente, Santiago de Cuba, 1994), Antología cubana del exilio (Ed. Aduana Vieja, Valencia, España, 2011) y Postales (Ed. Linden Lane, Fort Worth, Tx., 2015).



Carta de presentación

Nacido bajo el signo de Capricornio
en el año de la Cabra
hijo de Abraxas
devorador de mí mismo
ángel de los silencios
y endemoniado verbo
vengo a dejar mi fardo
en tus manos.



En verde iluminado

Esta máscara verde sangra
superficie perfecta de cristal líquido
recipiente idóneo de apariencias.
Sólo tu espalda ancha como el mundo
quebranta la astucia con que sojuzgo al hombre.
Yo miento ellos callan
ellos mienten otorgo yo
sobrevivimos mutuamente la farsa.
Enveneno con mi lengua
al monstruo inasible de las masas.
No hay sorpresas
ellos esperan la palabra yo el silencio.
Soy vino
risa
y máscara
soledad en multitud.




Foto

 A Mercedes Valdés

Ya no soy más ese hombre que sonríe en la foto,
a quien se mira con deseo y maliciosamente,
que se regodea en la posibilidad de la aventura.
Veloz y tierno, apasionado, ardiente
mano que tantea y señorea los abismos.
Vivaldi rosa de primavera,
galán presto a desvestirse y subyugar
las zonas vírgenes de sol.
Un peregrino rumor de sedas y cipreses
fue su voz atrapada en la rueca de los tiempos,
otrora ave-semilla plantada por las manos de Dios.




A un desconocido

    A Maricel Valleux

Está sola sentada frente a mí
contemplando su imagen movediza
en el espejear del vino.
Piensa tal vez en alguien
que tiene un nombre diferente al mío
a quien agobian otras penas
o entona un canto ajeno al de mi estro.
Alguien que cruzaré desandando calles
y no sabrá que pensando en él
he escrito estos versos
frente a un vaso de hastío y vino
en el Bouquet.



Carta de la culpa

     A Minaldi

Qué extraña ironía de memorias
recordar la alevosía de tu carne
el perfil de tu boca
el calor de tu rostro
el olor de tus ojos
la pátina de tus manos
el seísmo de tu cuerpo
el ángulo del delito
el espesor de tu llanto
lo impoluto de tu sangre
la agresión en tu risa
el fragor de tus pechos
el sarcástico alejarse de tus pasos.
Qué extraña ironía de memorias
recordar que no he olvidado nada
nada excepto tu nombre
el miedo en las entrañas
el deseo de lo desconocido
la fe en ganar la vida
el canto adherido al verso
y el dolor de las sirenas en los oídos.
Qué extraña ironía de memorias
recordar que ya he vivido
un día como hoy, que estoy bebiendo.







Estos textos pertenecen al libro Yo Augusto (NeoClub, 2016)



New York

              a Zenaida Manfugás

Antes que los ángeles ungieran
las circunferencias de la cuadratura.
Antes que el acero y el vidrio
fueran fragmento del dolor
fuiste la atónita imprudencia de la vida
la inefable armonía de lo estridente.

Digo mal: eres
      alas de gaviota
      tañer de campanas
      bronce y pluma
simplemente New York
      New York
      New Yooork…

(2001)





Guantánamo

                      a Nidia Zoila Pérez y Pérez de Lemus

Guantánamo es un mundo de colores y sueños
las calles huelen a sexo
y andar por ellas es un desafío a la razón y a la cordura.

Pero estás tú distante en el alcance
presente en el recuerdo
y estoy yo
escribiendo para ti estos versos
mientras el amor nos cobija.

(1988)




Lluvia oportuna

            a Regino

La ciudad es abandono
preñez de olores dulzones
que abanica el guano de los portales en siestas.
Aguaza
declive del iris
salterio del viento
en los penachos de las palmas.
Socorrido pretexto para compartir el paraguas.




Carta del desamparo

              a La Columbié

Abrir el paraguas será un acto de urgencia.
Todo indica que en este día nos amenaza la ternura
y no puedo permitirlo.
Se descubriría que llevo puestas las venas
me verían en “los acuosos ojos del venado”
o me sentirán flotar en el vaho de la poesía.
Quién ha visto que un hombre llore
que se conmueva hasta el paroxismo
cargue con las angustias del Universo
en el afilado estilete de su lengua.
Lo dicho:
presuroso acudo a abrir el paraguas de las ironías.
No podría soportar el peso de la ternura.

(2008)








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DÉBORAH FERRER [20.080]


DÉBORAH FERRER

Déborah Ferrer (Villa Clara, Cuba). Estudió guitarra e Historia del Arte. Escribe poesía desde su adolescencia. Interesada en temas místicos y esotéricos. Ha escrito varios libros, entre ellos El nacimiento de Iohann, El bosque de los centauros y A través del verso, este último publicado por Alexandria Library en el año 2012.



XXV

Canto a la tierra
  
Para hablar de magia,
puedes llenarte la boca con toda Cuba,
saber lo que significa la miel de su nombre.

Dejando a un lado todos los libretos políticos
y los slogans de un sistema muerto,
volvemos los ojos a la tierra,
al polvo mojado de aguaceros.
La frescura del viento
trayendo toda una mixtura de aromas:
                leña quemada,
                guano bendito,
                hojas húmedas en los ríos.

Silencios atrapados en ecos lejanos:
                el campo;
amanece Cuba tras el cantío de gallos mañaneros
                         y esencias de café.

Nostalgia de andar sus calles,
las noches habaneras,
           los solares,
los fantasmas de una ciudad eterna
donde confluyen el barroco, el toscano, art deco y nouveau,
formando una simbiosis encantadora.

Panorama mágico:
conjuntos musicales en las esquinas,
poetas en las riberas del mar, añorando salir,
 sin entender que continuarán hechizados
por las sombras de Santa Juana.
Hay un llamado misterioso que nos hace retornar.
Madre Cuba,
                        tus hijos dispersos,
los ojos repletos de lágrimas
y aquel silbido como una remembranza:
¿cuándo te volveremos a ver?…
                                                               
        (20/feb/2013)



XXVIII

La noche se detiene en meditación,
es virtuosa esa voz de los silencios.
Siempre añoro la calma de las espigas:
el viento las empuja, y ellas impasibles.
  
El revuelo del día,
la algarabía de las mediocridades,
el desorden acumulado en las cizañas
       sembradas por mantras que dan paso a las hienas.
  
Pobre mundo,
todos los días intenta matar ángeles;
los mensajes sepultados una vez más,
cerdos pisan y hunden a las gemas en el lodo,
nunca llegarán a vislumbrar los tesoros ni las cúspides
de aquellas catedrales de cristal.
  
                      03/jun/2013






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lunes, 23 de enero de 2017

AMARANTA FREYA [19.889]


Amaranta Freya 

Seudónimo de Aleisa Ribalta (La Habana, 1971). Estudió Ingeniería en Telecomunicaciones, especializándose en Programación de Aplicaciones y Sistemas en IBM y tiene un Máster en Relaciones Internacionales otorgado por la Universidad Autónoma de Barcelona. Trabaja como profesora de asignaturas demasiado técnicas y muy lejanas a la literatura como: Diseño de Interfaces Gráficas, Diseño Web y Programación. Reside en Suecia desde hace ya casi veinte años. Sin embargo, escribe desde siempre poesía y piensa que los lenguajes de programación son también un modo de entender la comunicación y la literatura como forma vital de expresión. La poesía no ha sido la única pero sí una de las mejores fórmulas para sostener su exilio. Se considera una lectora vehemente, antes que nada. Escribe prosa esporádicamente, guarda inéditos algunos cuentos y ensayos. Junto a otros creadores participa en proyectos de difusión de la lectura y la cultura en general. Su primer poemario Talud será publicado próximamente.


Talud

Ah, eso de caer, tirarse toda,
tanto miedo a tanta altura.
El vértigo por fin ya, conquista
de despeñarse despeñada.
Ana cayendo, Ana al vacío
desde la ventana sorda
de ese rascacielos tirándose
tirada, caída, empujada.
Ana queriendo sangre
mucha sangre, más sangre
cada día, sangre de pollo,
sangre de mujer, sangre
de cualquier criatura
manchada o reinventada.
Ana hormiguita incansable,
pintando cuerpos de grana,
mutilando para crear
sin saber que un día el suyo,
minúsculo y sin levitar,
estaría completamente rojo,
reventado.

Ana que no murió
“de dos y dos son cuatro”
porque la tragedia de Ana
era la de querer crear
un universo totalmente suyo.
Algo desde donde poder
tirarse ya, despetroncarse,
que le supieran ella,
tanto que decir tenía.
Ana diciendo: ahora van a ver
por fin de lo que soy capaz.
Y yo queriendo escribir
estos versos inválidos,
dándoles mi voz para que
al fin sepas mientras
escucho la voz de Ana
cayendo al vacío reventada
en su penúltimo grito,
ya susurro
que me dice: dale, salta.



Urbe de la nada

                                            A Javier Marín

―Ninguna ciudad se parece a ésta―
me ha dicho el visitante.

En los atardeceres amargos,
cada fachada se sobrepone
al desteñir de todo
y emerge por sobre las olas,
como un arcoíris,
después de tanta lluvia.

La ciudad de las nostalgias,
y de los nostálgicos que la habitan,
ha dejado de ser.

Una parte de sí
ha huido tras el recuerdo.
La otra se acabó resignando con lo que sueña ser.

Y este existir entre la realidad y la fantasía
la hace humana, luego ninfa,
hasta volverla diosa.
Y un día cualquiera de no sé qué año,
te sorprendes adorando
la criatura de tu propio engendro.

Cuando te acercas a ella,
atraído por el influjo marino que despide,
eres sólo un soñador errante.

Pero cuando te arrastras
a refugiarte en su seno,
sorbido violentamente
por sus afrodisíacos vahos,
eres ya un perdedor,
un torpe enamorado de la nada.

―Ninguna ciudad se ama como a ésta―
concluye el visitante.
Y se marcha alucinado.



Piedra Blanca

Éste es un poema para inventar a Ulises,
para ponerlo a prueba,
como siempre.

Sabe que estoy sentada frente al mar,
que oigo cantar a las gaviotas,
pero no vuelve.

Ulises no llega. La última vez nos amamos
en este motel de la costa
sin ventanas.

Éste es un poema donde estoy sentada
sobre piedras blancas
que no lo son.

Todos los peces que encallaron aquí
perdieron el camino al mar,
sedimentados.

Sobre los esqueletos de miles de peces
se formó la arena blanca
de esperar.

Ulises, estoy en Piedra Blanca. Honda
la bahía, frente al mar
¿lo recuerdas?



Campo de Marte

Molote de habaneros
¡en verano ataviados!
para el gran acontecimiento.

Toldos sencillamente
transmutados
en sensacional
artefacto.

Portugués elegante,
más bien improvisado.
Empírico a chapuzas,
el toldero.

¡Bigotes! ¡Saco! ¿Tirantes?
Pajarita… casi un ingeniero…
¡Ah! Ir por arte de birlibirloque
de inventor a personaje.
Nuestro genuino Pérez.

El toldero,
navegante del
gran heliotransporte
dispuesto a tales hazañas
en la urbe más propensa
¡y dilo!, para la gran subida.
(Todo es allí grandilocuente
como nosotros mismos).

Globo que elevárase
repentino delante de los
atónitos y desventurados
(¡Joseíto, otra vez,
ese azar concurrente!)
ojos del distinguido público
allí por él concurrido
para perderse en un punto
cada vez más lejano
hasta dejarnos solo
la certeza de que aquí
todo lo que no vuelve
(el amor por ejemplo…)
es porque ha volado
¡como Matías, sí!
¿Pero a dónde?



Astro jodedor

                                    Para Alejandro Fonseca

Y ahora ponte el sextante al lomo
que no te faltarán constelaciones.

Puesto a catalogar
no te querrás perder
agarra brújula y azafea
y llévate una caneca
de aquello.

Sé que no puedes ni nombrarlo,
pero un día es un día.
Dáte el buche y pa´abajo.
Anonimemos eso.

Te advierto: las estrellas son curiosas
novias desde su propio azoro ante la nada.

Qué haces aquí y por cuánto tiempo
estarás, qué fue lo que te trajo,
caramba, cómo fue que caíste. En fin,
ese tipo de cosas que una estrella pregunta.

Tú no abras la boca, contempla
feliz y déjalas.

Sin prisa, enfoca el equatorium,
presume por vez primera de astrolabio,
sácales de remate un buen torquetum
despampanante y en desuso,
pa’ que sufran, bellezas.

Total, Galileo y el telescopio
se mueven ya patentados.

¡Ah! pero en eso de divisar el cosmos,
los golpes en la sombra, el cielo amplio,
el tiempo deslumbrado y tu ínsula
(de qué va a ser) del cosmos Barataria,
no te ganará nadie la pelea,
viejo poeta socarrón
astro jodedor maldito
hoy por la estela
de ti mismo
rejuvenecido.

Estos poemas pertenecen al libro inédito Talud.









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