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miércoles, 5 de abril de 2017

SELENE FALLAS [20.073]


SELENE FALLAS 

(San José. Costa Rica, 1978). Estudió Literatura en la Universidad Nacional hasta obtener el grado de Licenciatura, también es egresada de la Maestría en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Costa Rica y fue profesora en esta casa de estudio durante diez años. Ha publicado diversos artículos sobre literatura costarricense y latinoamericana y participado en varios congresos especializados. En 2015 publicó el libro “El teatro en Paradiso”, un análisis sobre la novela del cubano José Lezama Lima. En ese año también publicó su primer poemario “Hijas de Safo” (de donde son los textos que les comparto). De este libro el poema “La cólera de Tetis” fue traducido al italiano y publicado en la revista Proa (Italia). Actualmente, por un proyecto personal, reside en Montgomery, Alabama. EEUU.



HIJAS DE SAFO

Para leer este poema
debés llevar un sostén negro
con encaje, sin cordones.

Lo irás soltando poco a poco
como si fuera de palabras,
como si no tuviera comas,
ni ganchillos, ni botones.

Tomarás el tirante como un renglón
que nada pesa
y liberarás tus pezones,
versos sin candado
que no apuntan a la rima.

Comenzarás en la estrofa
que se parezca más a vos,
no tenés que detenerte.

Terminarás desnuda
en el regazo de Érato,
pero no serás poesía,
ni musa, ni ninfa.

Serás la poeta,
la hija de Safo,
la castradora de Zeus.



ANIVERSARIO

“si yo quisiera te encontrara un día
plácidamente al borde de mi muerte,”
Eunice Odio


¿Estarás al borde de mi sábana,
esa noche, que será un lapso de frío?

¿Tendrás valor para no odiarme
mientras me restriego con Anubis?

¿Soportarás que esté en los labios de Hades,
ignorando los tuyos?

¿Observarás como manosea mi cuerpo
con su lengua?

¿Escucharás mientras me grita perra
y le respondo jadeante?

¿Estarás cuando mi cuerpo se retuerza
en su último intento de ser piel?

¿Te quedarás mientras grito y me revuelco
en las sábanas del mismísimo demonio?

¿Podrás siquiera oler mi nombre en la mañana
cuando hasta el café te sepa a muerte?




LA CÓLERA DE TETIS

El dolor es un animal políglota,
su grito empapa desde el sema,
desde la lágrima seca de la tierra.

Su grito invade, esgrime, lacera…
llueve, mancha, sella…
llega, abraza, penetra…
marchita, deshoja, desmiembra.

Su grito amenaza, lulle, despelleja…
muerde, cansa, increpa…
habla, gime, aúlla, cacarea…
roe, muge, croa, ronronea…
escupe, ultraja, blasfema…
escarcha, estía, envenena…
reclama, recorta, resuena…
infarta, maltrata, enferma.

No solo está en tu lengua,
el maldito se desborda de unas tetas,
de unos ojos, de una hilera.

El maldito camina, cojea,
se arrastra, se desvela,
se comporta, se rebela,
me consume, me condena.

Maldito cuerpo el tuyo de marea,
maldito cuerpo el suyo de ballena,
maldito dolor, maldita pena,
maldita necedad de tanta esperma,
maldito corazón de anacoreta,
maldita voluntad de cadeneta,
infame mi quimera:
de que el mundo se haga mierda.



PLATO DEL DÍA

¿Adónde remojaremos
las esquinas del fracaso?,
¿dónde esperan los zánganos
oficios que debimos cumplir?
El cromo de la niña enfermera,
profesora, madre, estilista,
pero nunca verás mi rostro
esmaltado junto a una vidriera.
¡Tanto odio cabe en un solo plato!
Soy experta en cálculos
alimento día con día doce tropas.
Me encantaría servirte
un filete en salsa de bastardo
o un arroz con maldiciones y patadas,
pero en vez de eso,
no te serviré.
Cerraré esta puerta y me dedicaré
a resolver crucigramas
y terminaré coleccionando estampillas,
practicaré rodar por los salones del vicio
y la pedantería,
no por imitarte,
sólo para saber si me equivoco.










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CRISTHOFER ANGULO BORBÓN [20.072]


Cristhofer Angulo Borbón 

Cristhofer Angulo Borbón. (Pérez Zeledón, San José, Costa Rica, 1990). Egresado de la Universidad Nacional de la carrera de Artes Escénicas. Poeta, actor, director, dramaturgo y profesor. Ha participado en distintos talleres sobre dramaturgia. En poesía participó en el taller literario Tráfico de Influencias, a cargo de Alfredo Trejos y en el Antitaller-Anti, a cargo de Melvin Aguilar y Cristian Marcelo. Algunos de sus poemas han sido publicados en las antologías de dichos talleres y en la Revista Conjetura.



El risco de María

Construí este risco
con las plumas del fénix
antes que fueran ceniza,
con el golpe de una mirada honda,
mirada gata,
puta.

Tiene ranuras
con la forma de su vagina
que devanan
las manos del alpinista,
al meter un dedo, en algunas
nacen caballos y mariposas
que sacuden sus alas
al trote de las bestias,
ambos animales
acompañan al alpinista al final del risco
donde lo absorbe
el capullo de la muerte.

Los que han llegado arriba
quedan ciegos al mirar abajo
o se convierten en polvo
al verla a ella:
con su pubis cerrado al vacío,
con la piernas abiertas,
gimiendo y lubricando.

Ella no espera al arcángel Gabriel
me espera a mí
para ascender al cielo.




Las manos de mi padre

En las manos de mi padre
bien pudo cenar Jesucristo
en su última noche
o bailar las primeras strippers
del night club más antiguo del mundo.

Tienen la precisión lapidaria
para calzar las espuelas del gallo
que cada mañana
hacen caer la luna.

Sus manos nunca hicieron origami,
lo suyo es derribar una selva,
tallar alambre de púas
y ceñirlo al corazón.




Chica Monroe

Naciste entre la falta de tacto
y el humo de la calle.
La conciencia
se la dejaste a tu madre en el útero
para los hijos que valieran la pena.

Somos de los que preferimos escuchar en silencio,
leernos,
hasta que la casualidad nos junte
en alguna cama
en algún teatro
para partirnos a punta de sexo
o de miradas.

Soy el cursi
pero defiendo mi inocencia,
porque creo que eso viene
del cromosoma Y.

Acepto que nos desencontremos
y sigamos al paso.
Pero guardo la imagen tuya,
chiquitita,
perdiéndose entre los huecos de la calle
y con los buses subiéndote el vestido
como una chica Monroe sin glamour.





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IGNACIO CARBALLO LUJÁN [20.071]


IGNACIO CARBALLO LUJÁN

Nació en San José de Costa Rica, el 12 de octubre de 1965. Realizó estudios en la Escuela de Arte Escénica de la UNA. 1985-1988 Publicó en el periódico CONTRAPUNTO, varios de sus poemas, en la sección literaria, dirigida por el escritor Alfonso Chase. 1988. El borrador de su primer libro “ESPASMOS” desapareció misteriosamente en la soda La Perla, en el año 1990. Poemas suyos se han publicado en diversos periódicos, revistas y blogs literarios. Miembro fundador del taller literario LUNA ROJA. Gestor cultural, curador de arte y representante del maestro de la pintura, Fernando Carballo. Publica OSCUROS LABIOS, ediciones Guayaba, 2014. Publica SOL DE DICIEMBRE, ediciones Guayaba, 2015. Tiene una novela inédita, CABALLITO. Director de Pueblarte Art Gallery.




DECLARACIÓN

Este no es un poema del amor. 
Tampoco es una oda de la rabia. 
Menos el verso de los llantos eternos. 
Quizá un poco de alegría transpira en estos poemas. 
Tal vez algo de tristeza se percibe en alguna de sus líneas. 
Este no es un poema de los celos. 
Pero sí es un poema de los cielos, 
las flores, los soles y las soledades placenteras. 
Este no es un poema de las lluvias. 
(Aunque chorreen sus ojos el líquido de los efluvios sinceros)
Este es un poema sin rima, 
sin aroma, 
sin sal, 
sin reservas. 
Este es el poema de la oscura luz, 
de la luminosa sombra postrera. 
Este es el poema de todas las notas que se anclan en mis palabras, 
escalera de caracol que nos eleva hasta la médula. 
Este es el poema de las ternuras, 
de las caricias, 
de los fervorosos abrazos al final de la tragedia.
Este poema nos mira de reojo los pasos, 
los murmullos, 
los silencios que coleccionan sus pupilas. 
Este poema está bañado por rayos marrones, 
haciéndose ámbar su luz perpetua, 
en el cenit dorado de la complacencia. 
Este poema se va doblando, 
de tanto gozo, 
tanto esfuerzo, 
tanto estremecerse, 
crujiendo con su sonido perfecto: 
este no es un poema de amor.



XIV

Jugo de luna
sorbe la noche blanca.
La sed me bebe.



XVI

Cierro la puerta
de tu blanco silencio.
Grita el aire.



XX

Lanza tu verbo
delirante pájaro.
Vuela caricia.



XXI

Hablan tus ojos:
Ríos negros de fuego
navegándome.



XIV (del libro inédito HORROR VACUI)

No miro no como no sorbo
no trago camino paseo.
Afirmo denigro siembro
presagio pregunto.
Repito recito soporto
el sueño de las noches.
Nombres que abres no cierras
no hables no escribas
otro lío
otro horror vacui.
Otro hedor otro camino
otro cavilo
otro abecedario
otro palimpsesto.
Otro palíndromo.
Oro por velódromo.
Oro por rezo.
Oro por sangre.
Oro por aliviar/me por acariciar/me.
Amar/me. Aterrar/me.
Fabricar/me. Atacar/me.
Aliviar/me o atarantar/me
o acusar/me o mía la lupa o mea la culpa
o mía gallega o seguro que la gansa camina
fermenta alimenta al nigromante
disparándole dispara/te.
Dispersándose
disgregándose
discernimiento.
Decir miente. Decir fuerte.
Decir calma. Decir alma.




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NATHALIE CRUZ-MORA [20.070]


NATHALIE CRUZ-MORA 

Nathalie Cruz Mora. (Costa Rica, 1987). Ingeniera Biotecnóloga (ITCR), empresaria y gestora cultural. Dirigió el Festival La Poesía Vive (2015), como estudiante universitaria dirigió el Festival Rana Dorada (2008), actualmente desarrolla proyectos literarios, y apoya a diferentes artistas en sus proyectos individuales. Además, gesta proyectos el tema ambiental y pedagógico.

Ha participado de varios talleres poesía, actualmente frecuenta el Anti-Taller-Anti dirigido por Melvyn Aguilar y Cristian Marcelo, algunos de sus trabajos fueron publicados en el blog y en la Antología de este taller (2014-2015).
La mayoría de su obra poética permanece inédita.



Insectívoro

De un lado las mantis fallecen,
del otro sobreviven cucarachas.
Los grillos resuenan esperanzas
-si no ellos ¿quién?-.
Las mandíbulas de las langostas
comen lo que no les corresponde,
Escarabajos doloridos
niegan a sus muertos.
Hormigas obreras cortan hojas
que otros roban.
Algunos tienen las mejores flores,
otros ni un centímetro
donde caer patas arriba.
Y los demás,
solo ostentan su espíritu,
su trillito del aire.
Es la ley de la selva
en el jardín insectívoro.



Caballo de guerra

"Como el caballo se alimentaba de jardines, 
tenía todos los colores de las flores que se comía". 
Aquiles Nazoa.

El agua para beber debería
ser transparente,
sublimarse angélica 
si un rayo la calienta.

En tu pueblo una guitarra rasgaba
y rasgaba su calor de morada.

Hasta que de la llaga más podrida
brotaron gusanos y asesinos,
radiactivos líquidos de bombas
tiñeron pieles, blancas y oscuras,
 no dejaron ni una limpia.

¿De dónde provino el agua pura que nos diste 
mientras cantabas?
¿de los ojos infantiles de un caballo asesinado?

Ojalá la muerte fuera 
como en aquel cuento,
 y niños  y equs 
renacieran, intactos, en los dibujos
 florales de las carretas. 



Equilibrista

¿Cuál sol quemará
la cera de estas alas?
Dentro del abismo,
en ausencia de redes,
huyo de mi hastío,
en nombre de la rosa,
de otros montes,
del dinosaurio
y las lapas.
Avecino una nubosidad,
tenso la cuerda agitada
entre dos mundos,
mi pie ante otro pie
resbala.
  



SUJETO

Quiero caber en una caja
de madera,
aceitar mis articulaciones
y tuercas,
medito como podría
ser menos material,
más efímera o gaseosa,

desencajo mi esqueleto,
las uniones se dan vuelta,

la espina debe doblarse en ángulos
obtusos,
estrechar el ligamento a los músculos,
inclusive el hierro de mi pierna.

Debo ser flexible,
cual el algodón de la tela
o del campo,
el líquido viscoso y maleable de un metal
fundido,

contener la forma aproximada del objeto,
ajustarme a esa des-identidad
de cara “en blanco”,
de sentimientos “en blanco”,
al antojo del titiritero,

-que la sonrisa no parezca macabra-,

y los sueños no me manchen el vestido,
el número,
el talento de la voz que habla detrás
de mí.

Lo más importante es que yo pueda
caber en esa caja,

luego colorearán mis mejillas
con carmín-achiote,
peinarán mis cabellos de plástico,
desenredarán de día los nudos
tejidos de noche.

-que la sonrisa no parezca macabra-.

Si lograra meterme en esa caja,
llorar sin lágrimas,
o danzar por mí misma sin asustar
al público.

Lo cierto es que nunca podré entrar
ahí,
por eso me he separado
en partes,

ya quiero ver el rostro de mi amo
será un momento feliz:

sus ojos asomados por la hendija de luz,

se abrirá la tapa

y yo estaré
en partes,

con mi sonrisa macabra,
adentro.




EPSILON

Recorro lugares pasados

estampas y texturas,
esto es un abrigo o un aroma,

el lápiz con punta filosa que rodó
debajo de la mesa.

Entre muros extraños
perdí los rostros

(mis rostros)

a los que di una linterna
para la clave Morse.

Me cuesta aprender
direcciones de memoria,
me cuesta volver y ser la misma,
recorrer con el mismo plumaje
los tejados,
bailar con similitud el 3X4.

Bajo las tormentas
deseo ser la placa
que inmóvil aguarda un empuje
orogénico.

Las tormentas se componen
de rutas inciertas,
y la improbabilidad abunda
en este plano.

Aún hebras de negros cabellos
en mis dedos,
huellas de lo impuro en mi cara,

a la botella de vidrio
le crecieron algas en su base,
en el agua flotan
dañinas criaturas invisibles.

Miro fantasmas florecer
en los salones donde hay bailes,
pesados candelabros,
mujeres con enormes vestidos.

Estática
es la matriz del tiempo,
y quizá hasta yo,
si escarbo en las tumbas,
también sea la misma.

Recorro dimensiones pasadas
el Péndulo

da una vuelta de carnero
completa.
“Otra vuelta de tuerca”
ante mis ojos.



TRÓPICO

Levemente desvanece el cielo entre los dedos de un hombre, llora su miseria humana, se pregunta si la muerte dará fin a su naufragio, las brújulas no siempre señalan hacia el norte. Presume que al caer la lluvia se lavará su lamento, o las golondrinas se llevarán entre alas al meridiano. El hombre sabe que anda descalzo entre los charcos, donde los renacuajos le golpean los tobillos mientras buscan convertirse en sapos. Se mira la sombra en el espejo, sabe que está siempre ante la cuerda floja del final, y su mortalidad subyace en la aguja de un zancudo chupasangre. El hombre decide quitarse los zapatos y correr, correr de vuelta al abismo de donde ha salido. Tal vez de los huevos dejados en el fango surjan unos peces.



Re-sonancia

Esta zozobra es un estado de alegría límbica, de ligero sobresalto hacia el porvenir, la batería como banda sonora de este instante, un corazón de cristal que me pongo en la solapa; risa temerosa hacia el paso siguiente, casi caer, casi volar, meter cabeza en la hendija que abre paso a otro mundo, estaciones que se suceden rápidamente, sin pensar elijo el viento, y si no fuese el viento, sería el mar, o un volcán donde viven criaturas imposibles, el centro de la lava donde nada me quema.



Viento eléctrico

No hay otro sur que la amplitud del aire
aquel camino que se dirija hacia cadenas
será de otro.
El mar incontenible
destrucción expansiva en un intento.
Tabla a tabla
hacia el otro lado del precipicio:
un puente se desploma.
Practico volar
aunque algunos pájaros nunca sabrán
expandir sus alas.
Alzo la frente para buscar una aguja en el horizonte,
se ha vuelto costumbre herirme las pupilas
con la intensidad vocal de los relámpagos.
El ejercicio de partir es magro
y el silicio me aprieta la cavidad torácica.
Alguna vez el árbol que camina echará sus raíces,
y, solo entonces, podré quedarme.



Cataclismo

Lo peligroso se escondía en las escamas
en la pluma desprendida
salientes en lo liso del paisaje
que con su punta metálica rajaban la carcasa:
mostraban sus partes. 

Estaba en el viento
en el torbellino que nos saturó la garganta
y constipaba el pulmón, los alveolos.

Surgió del peñasco
y vertió sobre nosotros una nube de polvo
la mano se incineró
dinamitó el labio
explotó el sexo. 

Lo peligroso tenía varias caras
varios aguijones que se dejaban las tripas. 

No era el grito sobre el oído
ni el puñetazo que presionaba el esternón
lo peligroso era ser devorada por lo imposible:

avanzar en línea recta hacia el eje del mar
abastecer de piezas lo eterno
ser el leño que combustiona espontáneo
los 21 gramos de los muertos
permanecer en el muelle
y enjuagarse con gasolina la cara
luego acercarse a una hoguera tierna
y, por voluntad propia, ofrendar los ojos.








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jueves, 30 de marzo de 2017

VÍCTOR HUGO FERNÁNDEZ UMAÑA [20.056]


VÍCTOR HUGO FERNÁNDEZ UMAÑA

Nació en San José (Costa Rica), el día 07 de Agosto del año 1955. Es poeta y ensayista  aunque incursiona en la novela. Escribió una obra teórica sobre la danza: El cuerpo no tiene memoria. Suele escribir en el periódico La Nación, en el suplemento Áncora.

NOVELA

1.   Los círculos del cuerpo: 1993

POESÍA

1. Calicantos: 1993
2. Las siete partes en que antiguamente se dividía la noche: 1989


La única novela de Víctor Hugo Fernández, escrita hasta hoy, la publicó en el año 1993.1

Es una novela sencilla, de estructura lineal y de escasos personajes, prácticamente solo uno, Lupita Pola. El narrador omnisciente se acerca a la perspectiva de ella y lee, interpreta sus pensamientos, sus proyectos, sus anhelos y como el cieguito que está detrás de Miguel Ruiz, va construyendo la voz de Lupita, la dirige, la codifica como si fuera su propia voz. Nunca le da independencia, libertad, ella en sus manos, es su monigote, su símbolo. Es una de las muchas novelas de la literatura costarricenses yoísta.

Este narrador enfrenta dos facetas del mismo problema: Las voces de América con La musa de América. Lupita encarna el papel de la fanática de los cantantes populares de América que se entrega sexualmente a ellos, les da vida, les hace sentirse hombres, les recuerda que son machos y ella disfruta haciéndolos felices, realizados en su cuerpo. También ella vive para ellos, se complementa en ellos, no existe sin ellos, vive para ellos pero exige únicamente una condición, que le canten al oído sus canciones, sin ella, de nada sirven sus otros atributos. Es la amante de la voz de ellos, el clímax lo alcanza en el susurro de las canciones. No importa que ellos sean niños, estén cansados, vacíos, superficiales, tontos. Su valor radica en la voz.

Lupita es millonaria, bellísima, independiente y liberal. Solo existe para encontrarse con los vocalistas, nunca con los que forman sus comitivas, los espera, los busca, paga enormes cantidades de dinero en hoteles y discotecas, hasta que llega la noche del encuentro. Se entrega con pasión, sin restricciones, da y siente cada una de las caricias y disfruta hasta de lo imaginado, soñado, esperado y repasa los recuerdos de esos momentos sublimes de amor. No anhela otra cosa que poseerlos, ser de ellos, ser la musa, eternizarse en el recuerdo de ellos, las letras de sus canciones. Por ello deja de lado las fiestas familiares, las amigas conservadoras, de novios de escuela, de solo un hombre. Abandona todo, hasta su misma familia en pos de ese ideal: ser la musa de las Voces de América. Ellos, por el contrario, buscan su cuerpo, su entrega, su pasión, su orgasmo, su aventura.

El final para ella es trágico. Se entrega a Miguel Ruiz, lo ha esperado tanto tiempo, sin límites pero no es feliz, siente que se muere, no se realiza, a pesar de tener todos los atributos de un joven bien formado y buen amante. Se da cuenta que él no le canta al oído, cuando la ama,  la penetra, casi no le habla. Se lo hace saber y recibe la más inesperada respuesta que la envilece y la hace sentirse, ahora sí, como una puta. Él no canta, solo finge que lo hace, es su secreto. No tiene voz. Lupita guarda silencio y lo abandona, huye desconsolada en busca del mar para purificarse, para lavarse de la impureza de haberse entregado a un falso cantante, un intruso, un suplantador. De camino escucha la voz de un locutor radial que anuncia la próxima llegada al país de Durango y eso le trae nuevas ganas de vivir.

Esta novela es una especie de ironía a la hipocresía de la sociedad, al machismo, a la superficialidad de una joven millonaria pero con un ideal que aunque estúpido, por lo menos cree en algo y unos hombres que se convierten en falsos héroes, mitos, seres vacíos, niños adultos, hijitos de papi, incultos, aventureros, personajes sin madurez que aún no se han destetado y que de pronto amanecen en la gloria de la fama superficial, por no ser nada, ni siquiera hombres. Lupita era capaz de entregarse por un ideal, ellos ni siquiera tenían alguno.

1 Fernández, Víctor Hugo. Los círculos del cuerpo. Ed. REI Centroamérica, San José, 1993.


ELEGÍAS AL HERMANO

l

Mi hermano se llamaba Jorge
ahora se llama duermevela,
se acostó a dormir hace unas noches
y desde entonces navega en mi memoria.
Tenía la cálida presencia
del mes de abril entre las flores
su brazo de arcángel no alcanzaba a los más próximos,
siempre comprometido con los ajenos.
Conversaba con la enfermera
que hacía guardia en los pasillos del hospital
donde se fue a morir desconsolado.
Tenía aires marciales en todo lo que hacía,
blandía la espada sin otro afán que afirmarse,
pero era incapaz de herir, a pesar de su hoja afilada.
Pensaba que bastaban solamente las palabras
para abrir zanja y conminar al día.
Era general retirado, oficial del servicio secreto
mitómano convencido,
de esos que bajan las estrellas con solo mencionarlo.
Mi hermano decidió morirse cuando menos lo esperaba,
Aún le faltaba conquistar el Everest
Y descender a las profundidades
De su propia inocencia.


ll

Los hermanos son ese otro que nunca fuimos
pero que llevamos dentro.
En ellos nos miramos como en un espejo,
nos asusta su independencia.
Tienen su propia sombra,
Se quejan de una sed ajena
Pero no pueden ocultar nuestros gestos.
En su sonrisa se esconde una alegría
Tan propia como la piel con que salimos a la calle.
Las horas pasan por sus cuerpos
Y parece ser que un reloj muy diferente
Determina el ciclo de sus días,
Pero en ellos nos miramos como en un espejo.
Son el agua bendita que protege la liturgia de los días,
Los hermanos son lo que nunca fuimos,
La boda con alguien desconocido,
Los hijos que nunca tuve
La profesión que nunca me interesó
La mar espléndida que desemboca
En la bahía donde me espera la bondad ajena.
Los hermanos son un dolor en el pecho,
Una pérdida dolorosa cuando menos lo esperamos.


lll

Tiene la marca en la frente
La cruz de ceniza anuncia su partida.
Despliega su mirada triste
Los ojos perdidos en la inmensidad oscura
De los caminos que se aproximan.
Llora en silencio,
Como lo hacen los hombres buenos
Como lo hacen los que saben que no hay retorno
Como lloran los que se rehúsan
A aceptar su destino inexorable,
Porque vivir es siempre una apuesta con los pájaros
Que vuelan lejos del invierno de los días.
El dolor lo habita y lo consume
No le da tregua
Le arrebata la poca energía
Que ya se le extingue.
La muerte se avecina,
ya se encuentra estacionada entre sus huesos,
hace escala en las vértebras
se anida en los pliegues de la carne
y se asoma cuando ya casi
se le agotan las palabras.
Tiene la marca en la frente
No dispone de brújula que lo oriente
Pero insiste en abrazarnos
Como si al hacerlo,
Acorralara a las moiras
Que bailan indiferentes,
Sobre la agonía de su historia.









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