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viernes, 4 de noviembre de 2011

PIREENI SUNDARALINGAM [5.068]

Pireeni Sundaralingam 

Nació en Sri Lanka y educada en Oxford. Su poesía ha sido publicada en varias antologías, incluyendo las de Oxford y Cambridge Antología de la Poesía (1992). Profesora de ciencias cognitivas, y su nuevo disco, Al otro lado del Puente Azul, examina temas de la identidad y la migración a través de la poesía y la música. Pireeni actualmente vive en los Estados Unidos.

Por favor, no dude en ponerse en contacto conmigo directamente, o para saber más acerca de mi trabajo y las fechas de gira, a través de mi página web: http://www.wordandviolin.com


Las esposas de Lot

Nos levantamos
como lo hicieron mujeres antes que nosotras

mirando hacia atrás a nuestras ciudades incendiadas
mirando cómo el humo sube
desde nuestros vacíos hogares.

Tanta muerte. El olor
de la justicia
yendo a la deriva en el viento quemado.

Estaba tranquilo entonces. Y frío.

Escuchamos sus gritos,
los pájaros enjaulados aferrados
a sus perchas, nuestras hijas
desnudas en la codiciosa multitud.

Lo vimos todo,
vimos el fuego como lluvia,

vimos nuestras lágrimas correr,
blancas venas sobre nuestros cuerpos,

vimos la salmuera
fluir de la piel cuarteada por la sal.

Ahora, impacientes en la noche vacía
nos damos cuenta de que permanecemos allí,
solos en la negra panza de la colina.

Nosotros, los olvidados,
cuyos nombres fueron tragados por Dios.


ANOCHECER


Porque el anochecer no es sólo el fin del día
sino el dibujarse de las oscuras fuerzas de la muerte

porque la noche es un lugar donde acechan las sombras
y deambula la dinastía de nuestros fantasmas
porque soy la hija de tu única hija
cuando nuestros hijos están todos muertos y los nombres
de los que viven han sido esparcidos,
tejerás para mí estas plegarias del Tiempo Oscuro
echarás agua, cortante como acero, a través de mis dedos
pondrás cenizas, sagradas, entre mis ojos.
Abuela,
manteniendo una casa cuyos cuartos han sido vaciados,
donde las reliquias desaparecieron
y las fotografías de nuestros hombres
se adornan con silencio,
encenderás estas lámparas de aceite para mí,
cantarás mantras que derriban planetas,
nombrarás estrellas que serán fieles,
siguiendo mis pasos
incluso en el exilio.
____
2003 marcó el vigésimo aniversario de la guerra civil de Sri Lanka, una guerra que causó 60 mil muertos y la diáspora de un millón de personas. Contando mi historia espero contar las historias de todas las mujeres cingalesas de mi generación que en su vida no vieron otra cosa que guerra y exilio. También busco relatar la universalidad de nuestra experiencia. Vivimos en un tiempo en el que el conflicto étnico diezmó simultáneamente numerosas comunidades en todo el mundo. Si bien la naturaleza de tal brutalidad no es nueva en la historia mundial, la escala del derramamiento de sangre es exclusiva de nuestra generación. No obstante, gracias a los avances en la tecnología de la comunicación de la década pasada, nunca antes habíamos tenido semejante oportunidad para comprender, en sus raíces, las similitudes de nuestras respectivas luchas y para construir puentes entre nuestras comunidades.


White Blindness 

My country is a white blindness,
an absence of newsprint,
a vacuum of words,
the falling snow of radio static.

But where is there left 
for me to pour out my secrets?

I will dig graves deep in the earth for them.
I will tear holes in the white silence of the page
and bury the words of witness
deep in the tomb of the text.

Let them bear fruit there,
let the sprouting grasses shout out their secrets,
let the blade-cut reeds blare out their names.

Published in Cyphers (Ireland), 2002



EASTER 2009
— Sri Lanka

The seas are full. The bones of men
crowd out the bones of fish, and quiet skulls
fall, like dice, before the gathering tide.

Here is the history book of beaches,
the slow parchment unrolling at our feet:
the scattered palm leaves, the empty shell,
the branch, lashed by a dutiful sea.




martes, 4 de enero de 2011

2771.- RAMYA CHAMALI JIRASINGHE


Ramya Jirasinghe nació en Sri Lanka, en 1971. Es poeta y ensayista. Realizó estudios en la Universidad de Londres en The School of Oriental and African Studies. Obtuvo un BA en Literatura Inglesa del American International University in London. Ganó el Primer y Segundo Premio del National Youth Awards por Blank Verse y Essay, respectivamente. También recibió el Graetian Award y The Channels Magazine Poetry en 1997.




Ramya Jirasinghe (Sri Lanka, 1971)


Inéditos en español



Sin título 1

Vámonos ahora,
mezclando sangre con sangre
otra vez y de nuevo
sobre playas forasteras,
sobre denso hielo








Lisboa

En el Jardín Tropical,
trepé por un muro bajo
y arranqué brillantes naranjas
Mandarinas.
Maduras.

Felices en reconocimiento,
ellas nos hicieron señas a través
de la familiaridad del sabor
en el jardín desierto donde
árboles foráneos languidecían entre
el calor salino y seco.
Mas eran frutas descompuestas.

Un descubrimiento insignificante,
un hecho aún más triste por su corazón podrido
abrasado en climas ignotos,
como las frondas de los bananeros
oscilando bajo las ventanas del monasterio
confundidas por su propio proceso.

Solamente las flores-Zapato
parecían haberse adaptado
para florecer en toda su profusa gloria
a lo largo de los pasillos del hotel y en los parques de los paseantes,
avergonzando al Monumento forjado en la arrogancia de la historia
que poco vio.

Y nada descubrió.







La serpentina

Una mujer incineró sus monstruos aquí,
en los acogedores brazos de sus
profundos inconscientes.
Mas ahora, congelado está el estanque,
apenas una superficie gris y agrietada,
sometida su extensión a
la helada anual.

Afuera, ignorando los flujos naturales,
nos sentamos en las bancas de un parque

golpeando el hielo invernal con
sacos cien por ciento de lana y guantes disparejos.

Nosotros no formaremos parte de procesos.

Nuestra sangre rehúsa congelarse y se derrite
con los vientos invernales.

En cambio, aprehendiendo sueños,
vislumbrando el flujo de la vida a contra sangre,
nosotros no aniquilamos monstruos,
y viajamos de ida y vuelta sobre sus espaldas
dejándolos lamer nuestra sangre.








Esperando las lluvias

Agrietados,
nuestros corazones.
La sangre ha fluido
dejando las venas colapsadas
ahogándose por su color.
Bocas secas, abrasadas por
la falta de humedad esperan
avaramente
las primeras gotas de
los cielos.

Los tintes, rojos alguna vez, se han
tornado negros,
y esperan los torrentes que a borbotones
correrán sobre ellos
para disolver los recuerdos de su
existencia,

hasta que los corazones, renovados,
las venas palpitando al ritmo
de la nueva lluvia,
se preparen de nuevo para el deletreo
de la sangre.


Traducciones de Rafael Patiño

sábado, 2 de octubre de 2010

ANNE RANASINGHE [1.351]




Anne Ranasinghe 


Nació en Sri Lanka en 1926. Ha publicado los libros de poesía: At What Dark Point, Not even Shadows, You ask me why I write poems, Desire and Other Stories, Mascot and Symbol, y Against Eternity and Darkness. Es una de las más destacadas poetas de su país actualmente y es considerada una de las más reconocidas escritoras en lengua inglesa. Su obra aborda el tema del holocausto nazi y ha sido traducida a las lenguas sinhala, tamil, holandesa, alemana, francesa, sueca y hebrea.



Escribir un poema me libera,
un viaje a las cavernas de la mente
para buscar entre las memorias o sueños
y a veces miedos
que han sido o son centrales en mi vida.
Difícilmente, cuando todo coincide,
encuentro el momento
que equilibra el límite entre la alegría y la nostalgia
y entonces escribo un poema, y me sorprende
que lo que escribo difícilmente es lo que pondero
pero de alguna manera dice una verdad
Yo no sabía que sabía.
Que todo es posible
En algún momento. Que no hay seguridad
En la poesía o en la música o inclusive en
La filosofía. No hay seguridad
En el hogar, en el templo
De cualquier fe


 Anne Ranasinghe





Poemas de Anne Ranasinghe
(Inéditos en español)



Traducción de Raúl Jaime





Bueno, lo siento

Bueno, lo siento
No tengo respuestas para tus preguntas.
Existe la injusticia, el odio y la guerra
Y la igualdad es solo un slogan.

No tengo luz en mis ojos. Fue obscurecida
Por la nube hongo de Hiroshima
Y el humo esparcido de las chimeneas de Auschwitz.

No existe el pasado. Es una ilusión
De rostros gentiles en espejos resquebrajados
Sus imágenes borradas por demasiadas lágrimas.

¿El futuro?—Yo parada en una estación del tren
Mi mano eternamente levantada en un adiós
Mientras parten los trenes uno tras otro. Lo sé

Sin seguridad ni refugio—El oro fluctúa
Y así los diamantes y las casas,
Los libros pueden ser quemados y los amores divididos

Y la tortura, la picota, la vara de hierro
Han sido todas santificadas en el nombre de Dios,
Ismos dividen al mundo entre ellos

Sus símbolos de puntas endurecidas chorrean de sangre-
La única certeza yace en la tumba
Donde no hay lugar para la perspectiva o la elección

Y el cuervo que no escuchaste antes
grazna oscuramente “nunca, nunca más”
Con un ruido sordo la puerta crujiente se cierra con estrépito.

De una vieja Fotografía





Tú, Padre

Tú, Padre, erguido en tu pesado abrigo oscuro
Ante el árbol de invierno. Hielo en el lago,
Y dos pequeños patos atrapados a flote
Por el invierno, congelados. El sol está tras de mi mientras tomo
Esta fotografía,y lo que hago
Es un último triste registro, aunque no podía saberlo.

El sol tras de mí es frío y blanco
Y proyecta mi sombra prolongada.
Él cae negro entre nosotros,
En la inocente nieve pulverizada.
Tú no sonríes—¿está el sol en tus ojos?
-Ahora me pregunto-¿pudiste haberlo sabido?





Auschwitz desde Colombo


Colombo. Marzo. La ciudad fuego blanco
Que se vierte a través de árboles vehementes estalla en llamas,
Y sólo un agudo y desvanecido viento
Removiendo el polvo
De reliquias de invasores extranjeros, arrojados
En este lejano litoral por casualidad o codicia.
Su extravío conmemora la extraña palabra mal pronunciada.
Un libro de leyes
Una pila de piedras
O tal vez alguna acción vil.

Una vez hubo otra ciudad; pero allí
Hacía frío - los árboles deshojados
Y había ya una fina capa de hielo sobre el lago.
Fue aquel invierno.
La dura nieve sobre la calle en la madrugada
Y flores congeladas talladas en hostiles cristales de ventanas.
Fue aquel invierno.

Sin embargo tan sólo ayer
Medio mundo de por medio y veinticinco años después
Aprendo acerca del estrecho corredor
Y al final del agujero, cuatro pies por cuatro
A través del cual los empujaron a todos - a los niños también
Derecho hacia abajo por un pasadizo de hierro de trece pies de largo
Frío y oscuro
Hacia el piso de concreto de lo que llamaban
El salón de estrangulamientos. Dios mío, el salón de estrangulamientos,
Donde ellos fueron golpeados -los niños también-
Por pesados mazos de madera,
Apaleados, y luego colgados
En afilados ganchos de hierro.

Me alegro de la calle sin ecos
Incendiada de blanco al calor de muchos años tropicales.
Pues la mente, ya sin agudeza
Abrasada por el sol tropical
Roza sobre la superficie de las cosas
Como el viento
Que remueve imperceptiblemente el polvo antiguo.




Atteriya (Reina de la Noche)


Incluso a través de las ventanas cerradas se filtra en esta noche de Nikini Poya,*
un aroma tan húmedo que ahoga los sentidos. Abro la puerta
al jardín lavado de luna- Qué silencio bajo la luz dorada
de la inmensa luna Puya, las ramas y las hojas están todas inmóviles-
en busca de Atteriya, Reina de la Noche,
y la encuentran,enredada, al lado del muro, sus hojas en verde profundo
luminosas en la noche lunar y cubiertas con capullos
de pétalos blancos cuyos centros sostienen sus estambres de puntas amarillas.
El aroma fluye desde la bóveda arqueada, ola tras ola
memoria fluyente, deseo que se despierta. Alzo mi mano para tocar
la tracería de hojas, y un aguacero de capullos llueve sobre mí:
la tierra está cubierta de nieve
y recuerdo las palabras de Asclepiades
que los gozos de la Diosa del Amor han de encontrarse sólo en los vivos
y que todos habremos de yacer sólo como polvo y huesos
en el lugar de los muertos.

*Luna llena de agosto.







.

lunes, 20 de septiembre de 2010

INDRAN AMIRTHANAYAGAM [1.194]


Indran Amirthanayagam 



Nació en Ceylán, Sri Lanka, 1960. Poeta, ensayista y traductor en inglés, español y francés. Redacta un blog sobre la poesía 
http://indranamirthanayagam.blogspot.com) que ha recibido visitas de 155 países. Ha editado cinco poemarios hasta la fecha: The Elephants of Reckoning (que recibió el premio Paterson en 1994), Hanging Loose Press, 1993; El Infierno de los Pájaros (con un prólogo de José Emilio Pacheco e ilustraciones de José Luis Cuevas, 2001), Ceylon R.I.P (International Center for Ethnic Studies, 2001); El Hombre que Recoge Nidos (con prólogos de Francisco Hernández y Eduardo Espina, e ilustraciones de Gerardo Cantú, 2005); The Splintered Face: Tsunami Poems (2008). Una edición bilingue de Ceylon R.I.P. será editado en 2010 en México. Sus ensayos han sido publicados en diversos periódicos y revistas incluyendo The Hindu (en la India), El Norte y Reforma (México), The Daily News (Sri Lanka), The New York Times (Estados Unidos). Sus traducciones de la obra del poeta mexicano Manuel Ulacia fueron incluídas en la antología Reversible Monuments: Contemporary Mexican Poetry (Copper Canyon Press, 2002). Ha recibido becas del Fondo México-Estados Unidos (para sus traducciones), the New York Foundation for the Arts y The MacDowell Colony. Sus poemas han sido incluidos en diversas antologías, entre las cuales se anotan ALOUD: Voices from the Nuyorican Poets Cafe, The Open Boat: Poems from Asian America y The United States of Poetry.





TRAS LA BATALLA

Táchenme de tonto por venerar al Mito,
gordo, entrado en años, entre cachorros,
por creer en el derecho que viene de la tierra
y de mi nacimiento, por creer que alguien escuchará mi voz

mientras estallan los cañones. Una verdad quisiera
compartirles. El dictador lo sabe más
que los demás residentes del planeta,
al escuchar que golpea su puerta

un ordenanza fiel
diciendo que los banqueros suizos revelan
nombres de sus cuentahabientes.
un avión monomotor

rumba tras la ventana,
huye, Hombre, corre
con los bolsillos llenos
y las manos libres, con tu mujer

e hijos, los bolsillos llenos
y las manos libres, en la manga
el discurso que dictaste en
Oxford aún joven alegre y mal

aconsejado donde decías
que ya contra la pared,
ojos vendados, estómago golpeado
abandonado en espera de una bala,

especialmente entonces, muestra compasión,
ama a tu enemigo, maromea,
mezcla tu sangre con la tierra,
vuélvete una mancha en el corazón,

una voz en el sueño, un recuerdo
que insiste en salir con el sol,
en el canto de un gallo, el gruñir
de un convoy armado

como los truenos y la lluvia
hasta que vuelva el monzón
al mar y la leche de los bebés
vuelve a cuajarse, a la intemperie

en este inclemente calor,
canto de hormigas que cosquillea
una paz que trasciende
al entendimiento

de cráteres y tumbas
cascarones de camiones escolares,
escupitajo de arena entre
el mar y la laguna.

Traducción de Leticia Damm





TENTACIÓN

Me sentaré en tus ojos hasta que
me mires. No tengo otro proyecto,
puedo quedarme años y horas.

He dejado a otros la prosecución
de la guerra, la competencia
para que todos se sientan

agobiados o muertos. Estoy fresco
como una limonada. Me visto
en ropa casi del aire. Me pongo

el maquillaje de los salones
de Francia. No tengo nada
que hacer sino darte gozo.

Soy tu sirviente, mis hombros,
mi cerebro, mis manos,
mis caderas están pulidos

para que puedas resbalar sobre ellos.
¿Por qué cruzas las fronteras?
¿Por qué no me miras?





ZAPATOS VIEJOS

¿Dónde se encuentran los mangos,
las tropas de monos,
los flamencos en su cuenca,
en el riachuelo, el elefante
que se baña en el océano?

No hay huellas de tus primeros
ocho años en los últimos versos,
y los chismosos dicen
que has olvidado tus antepasados;
eres amnésico,

comes la experiencia
como un sándwich,
digieres países como un monstruo
mientras sigues tu camino,
y usas anteojos de sol todo el día.

¿Qué dices, has puesto tu traje
de la mañana al lado de la cama,
y tus zapatos que compraste
de oferta en una tienda
de la calle ocho en Manhattan

que iba a cerrar para siempre?
¿Recuerdas tu alegría,
zapatos hechos en Inglaterra
para todos los climas…y tus herederos
y su tarea de vestirte cuando mueras.



ASÍ DE SIMPLE

Anda resfriado el poema
a un ritmo mesurado
por estornudos.

Cae en la estación
Patriotismo
a medio verso,

y su autor baja
rumbo
a Reynosa 63.

Ahí le espera
un desayuno
de mangos y

huevos,
un amigo,
poemas,

tristeza
por nuestros
desaparecidos,

regocijo
por habernos
encontrado de nuevo.



LÍNEA

Dado que asignaron
tres horas a los poetas
que en lo cotidiano

batallan con
una soledad malévola
y se quejan

de que nadie
les da bola
fueron pocos

los que cruzaron
la línea trazada
por el moderador;

el nivel
de corrupción
no fue tan alto.



IDILIO ÚTIL

Me queda
la esperanza
de que el archivo

de nuestro idilio
–su diseño,
plan de trabajo,

dónde colocar
casa, jardín,
alberca–

será expuesto
una tarde
y un par de visitantes

–una pareja– dirá
“así es como se debe
construir un hogar”.


BUDISMO

Ten por seguro
que tu carne
va a podrirse
–la lección es otra–

que sabiendo
lo que sucederá
en el escenario
que los personajes

experimentarán
un giro hacia
una catarsis
y un campo

de cadáveres
que tú –
por elección propia –
por no haber dejado

fluir tus deseos
dentro del río
a tu lado
vas a construir

un monumento
al lenguaje,
hecho de metáforas,
que tiene su propio sistema

de riego para los cultivos,
que no requeriría
más en esta vida, y
– por supuesto –

el propósito
de estas meditaciones–
es ni sufrir ni
gozar más del sexo.




METRO

Prefiero tomar el Metro.
La mujer de largas pestañas,
espejo, tinta,
pelo chino,
prepara su cara.

La jovencita
da leche a su bebé;
espera el tren
mientras hacen
un ajuste al itinerario

–así la morena,
vestida de morena,
puede entrar tranquila
y tomar asiento
al lado del poeta.

Hay música, trova,
corridos y clásicos
de rock, todo
a diez pesos, el boleto
del metro a dos

y el viento refrescante
generado por el tren
entre estaciones
y los nombres
Salto del Agua

Cuauhtémoc
Juanacatlán
la Línea Rosa.
Hay secretos mexicanos,
catacumbas,

templos enterrados
bajo la Catedral Metropolitana,
y el Metro,
telaraña de colores
que me atrapa

y todavía en el tren
alisa su cabello
la morena



CAMPO

En pleno vuelo
al lado de dos nuevas amigas
descubro otra vez la propuesta
que me lleva a sembrar
cultivos extranjeros

porque el mejor
espantapájaros
habla griego
o latín o sánscrito
idiomas que ya

han visto su auge
que podrían descansar
en paz y dejar su ropa
multicolor
su cabello lacio

u ondulante
como las olas
que superó Odiseo
fragmentos de una lírica sáfica
misteriosa

por la que hemos perdido
a lo largo de los siglos
hasta este terreno
y su espantapájaros
que guarda

en los brazos
dorados de tanto sol
un tatuaje
una pista de aterrizaje
para el pájaro bizarro

y conquistador
que va a depositar
ahí su cáscara
de maíz.




GINSBERG

¿Cómo lo conociste?
cuéntame de tu padre
la vez que fuiste con él al aeropuerto
para recoger al barbudo
con armonio.

Dime de nuevo
el consejo que te dio
sobre los poemas:
que debemos quitar
la mitad al borrador,

y la historia
del segundo padre
cómo Ginsberg dijo
al público esa noche
que solía leer

con su propio
padre poeta
y aquí de nuevo
un asunto familiar
Guy, Allen, y su hijo:

La Trinidad.
Ay, Ginsberg nos dejó
Howl, Kaddish, Sunflower Sutra,
¿Y tú qué vas a dejarnos?
¿Cómo vamos a recordarte?



JUÁREZ

I

Ni moscas, ni jejenes: alitas
nacidas en el polvo, mitocondria
se entrelazan dando vueltas
en el aire ante la mesa
donde los poetas hablan
de escribir sobre cadáveres.



II



No se puede caer
en estas barrancas y pasar
la noche tranquila, levantarse
a la mañana y caminar
para buscar agua dulce
del arroyo cercano que fluye

a través de los terrenos baldíos
y su maleza de plástico,
zapatos, tangas, dientes.

El continente de atrás

Hay una verdad que no se niega
con un saludo al orden, a la iglesia,
a la democracia, la actitud pesimista
natural de los mexicanos, que buscan
escapar su realidad, según mi amigo,
de vivir con falsas esperanzas,
pasar la tarde larga con sus
bocadillos, vinos, amantes,

mientras en el oriente
hombres encogidos aseguran
la producción rápida de piezas
para autos, heladeras, parrillas,
además de magos de resina
y vacas de plástico
para el pesebre mexicano,
las fiestas americanas.



ESPERANDO EL DILUVIO…

los cocoteros se doblan para frenar la tromba del viento

las bandas de monos gritan y saltan de rama en rama hacia
el interior de la jungla

un armadillo, una rata, una serpiente, hurgan
en la tierra redoblando sus esfuerzos para crear nidos
bien hechos y escondidos y a salvo de las aguas

un hombre camina en la playa con un paraguas como lo hace todos los días,
su nariz hacia arriba, soñando con su esposa dormida en casa.

El artista firma sus lienzos. No hay que dejar estas actividades
para el último momento. El chorro llegaría de repente y no habrá tiempo
para guardar tu huella ni en un cuadro ni en la tierra.

He esperado el diluvio por un buen rato---tal vez más de 20 años--cuando
dejé expirar mi pasaporte anterior y acepté la bendición de mi nuevo papá.

Estoy orgulloso de ser inmigrante, de haber cruzado el río y por cantar ahora en español.

Ni sé cantar, ni bailar tango, pero mi Amor, tengo buen olfato y hay algo extraño
en el mar. ¿Para dónde se han ido las aguas?

Miren, ustedes, peces gigantes se batallan para respirar, unas serpientes acuáticas se deslizan hacia mí…no se metan, les digo, hay algo raro en esta fiesta pescadora.

Dime, Dios, ¿te metes en los sueños de los grandes inventores justo cuando se preparan para morirse?….que desaparezcan contentos, sin miedo….Dios, no seas tan celoso de sus hijos.

La búsqueda de respuestas después de tormentas, huracanes, terremotos, tsunamis, tiros en la calle, la muerte repentina, infartos insólitos, el autobús asesino….siempre nos lleva a ti, mi Señor. Y después viene otra tragedia. El ciclo, Dios, parece sin fin. Y no habrá paraíso en nuestra tierra. Sin embargo, de repente, uno se enamora—de manera profunda, digo, no solamente por lo físico o por los gustos, es algo que va más allá de lo terrenal, hacia lo divino---y los niños, cuando empiezan a balbucear y a pararse y caminar….eso, Dios, nos da tanta alegría que nos olvidamos del tsunami que se llevó a los 25 miembros de la familia de mi vecino pero me dejó a deleitarme con los primeros pasos de mi hija…es la amnesia, Dios, mientras esperamos el Diluvio.


¿Y por cuánto tiempo deberemos recordar las fechas idóneas, el 26 de diciembre, el 6 de junio, el 11 de septiembre, el 17 de noviembre (por Bonnie Prince Charlie que decidió regresar a Escocia ese día en vez de seguir con la conquista de Inglaterra, además de ser mi cumpleaños.?) ¿Y a quién le importa el cumpleaños de uno de nosotros? Estamos todos en el arca y las aguas crecen y crecen. Dios, ¿no tenemos otras opciones que las hembras reunidas aquí?….y…Dios ¿Quiénes son estos hombres, este pueblo elegido? ¿No hay otros pueblos? Los chinos, por ejemplo, o los srilankeses, ellos que resistieron la hostia de los misioneros. ¿No hay lugar para ellos en otra arca ante otro diluvio?

Espero el diluvio. Espero alimentos. Espero visiones. Espero musas. Espero adelgazarme. Espero mi hijo. Espero mi hija. Espero que sean alegres. Espero mi amor. Espero que sea alegre. Espero el hambre. Espero la sed. Espero superar el hambre y la sed. Espero la mariposa. Espero la mariposa que vuela en el bosque justo cuando desaparezca. Espero poder ver a Dios antes de ser juzgado. Espero que no haya juicios porque se canse el Dios antiguo, el Dios temible, el Dios del diluvio.



DISCURSO IMPREVISTO

Soy escritor del Siglo XXI.
Me editaron mi primer
poemario mexicano
en el DF, en febrero
de 2001, así que califico.
No hay nadie
que puede hablar
en contra de esta boda.

Mis compañeros
que echaron a andar
sus obras hacia fines
del Siglo XX serán
olvidados como restos
de un largo aliento,
como los bebedores
de las ultimas copas

en el coctel, parados
todavía cuando
se han ido las cámaras,
las bellas invitadas,
y los músicos
han tocado
las golondrinas,
mientras, ¿sabes?

yo cultivo
la semilla híbrida,
medio tomate,
medio pez loro.
¡No me cierren
las puertas!
Se ha tallado
su madera

en mis tierras,
y el acero
inoxidable
de las chapas
se fabrica
en Oriente,
en Seul, coño,
cada día nace

un hongo, un poema.
No soy coreano,
ni mexicano,
ni Yo. Soy
escritor del Siglo XXI
y significa
mi declaración
de que no necesito

pasaporte,
y cuando tenga
tiempo, lee mi blog:
viaja por todo
el mundo salvo
aquellos países donde
se construye todavía
la Gran Muralla.


CARTA

--para J.E.S.
Dile que espero su carta,
que hay unas burbujas
que salen de las aguas termales
duranguenses y no sé
cómo describirlas,
digo, de manera científica,
formal, de la Real Academia.

Dile que no quiero
llevar los 20 volúmenes
o el compact por todos lados,
que hace falta su lectura
de mis manos, de las ideas
americanas
de mi papa adoptivo.

Dile que eligió bien
la novia bailarina,
bailan así sus versos
a un tiempo nuestro,
fracturado, con saltos
pero con una línea
inteligible.

Dile que los extraño,
y a mi no me molesta
si algún critico comenta
sobre los sentimientos
crudos de esta poesía
de amistades. Dile
que la muerte y el mar

son compañeros
de los poetas románticos
y no nos da vergüenza
reconocerlos
esta tarde de espera
cuando un avión
ha llevado mi familia

a otra ciudad, otro mar,
y no hay manera
de contactarlos—
no quiero decir celulares—
dile que un pasajero
en un avión vuela
en otro mundo

de espera y de tiempo
suspendido. Dile
que me gustaría
que todos los aviones
aterrizaran al lado mío
y sus miles
de amores hambrientos

se reunieran a la vez
con sus pares.
Dile que me gustaría
que me escribiera
en ese avión una carta
antes de aterrizar
para leérmela.

FESTIVAL

ROSTRO

Imagina que medio rostro
se te ha borrado y no obstante
vistes traje completo
y vas camino a la oficina.

¿Cómo te darán la bienvenida
tus compañeros?,
¿Será con pesar en el corazón,
con flores
y cuentas de rosario?

¿Cómo debemos saludar
al niño huérfano,
al marido cuya mano resbaló
y de la cual hijos
y esposa fueron arrebatados?

¿Cómo festejaremos
nuestros años nuevos
y cumpleaños?
¿Acaso tendremos que encender
siempre una vela?

¿En verdad recordamos
que el tiempo borra
la costa, que la hierba
crece y el dolor
amaina?

En Hikkaduwa
escribí en 1980 una canción
de marinos
a propósito de la lluvia
en la soleada Ceilán.

Ignoro
lo que los danzantes de Calipso
habrían compuesto
sobre esta monstruosa ola,
ese ciego con su hacha;
no conozco
el responso del coro.
Somos un pueblo feliz
y sencillo,
aunque la mujer del pescador
sabe
que su abuelo
fue devorado por el mar,
que las comunidades de pescadores
han padecido a su tiempo
y que lo ocurrido ahora
es apenas otro festín
en beneficio de esa madre sangrienta
y adormecida
que envuelve nuestra isla.

¿Pero si el océano
fuera inocente?,
¿Si las placas tectónicas
fueran inocentes? ¿Qué tal si Dios
fuera inocente?

No sé
cómo andar por la playa,
levantando un cadáver
tras otro
hasta quedar exhausto,
cómo detener las lágrimas
si la mitad de mi rostro
ha sido borrada
más allá
de los rieles del ferrocarril
y de esta anestésica
y calípsica llegada
al verso final.
¿Qué escribiremos
en la arena?

¿Dónde están las lápidas
incineradas? ¿De quién son
las cenizas dentro de la urna
que flota en una casa
ahogada por el agua?

¿Debemos construir
un monumento conmemorativo
a cierta distancia
del mar, en un parque,
con la forma de una ola gigantesca,
donde podamos escribir
los nombres de los muertos?
¿Han perdido ya las olas
su belleza y han de ser consideradas
como algo obsceno?

No obstante, mañana
tendremos que ir al océano
para refrescarnos
con la brisa marina,
en Hikkaduwa,
donde llueve,
en la soleada Ceilán.

Mañana
renovemos nuestros votos
al amanecer y en la puesta del sol.
Digamos –la próxima vez
que el mar retroceda
y los pájaros bobos
y los fugados e incansables
perros insistan para que los humanos
se levanten–: «No escudriñemos
la revelación
del lecho marino
ni busquemos tomar fotografías.
Corramos hacia un terreno más alto
y una vez reunidos allí
–con nuestros hijos,
nuestros gatos y perros
y cerdos, con lo que hayamos
cargado en nuestra manos:
álbumes, cartas–
formemos un círculo
–de rodillas, sentados
o de pie, sin orientarnos
hacia una dirección en particular–
y oremos y guardemos silencio,
abramos nuestros pulmones
para gritar gracias
a nuestros dioses, gracias
a nuestros perros.