jueves, 27 de enero de 2011

2941.- RADAMÉS BUFFA


Radamés Buffa
Escritor y docente uruguayo (Montevideo, 1952). Desde 1980 es profesor de historia egresado del Instituto de Profesores Artigas. Ha escrito diversos trabajos, conferencias y cursos sobre historia precolombina y colonial, así como sobre algunas características del siglo XX, en historia del Uruguay y universal. Ha publicado cuentos y poemas en medios como la revista Trova (Montevideo), Excelsior (México) y La Semana, suplemento del ex diario El Día (Montevideo), y en medios digitales como Letralia, Tierra de Letras (Venezuela), Gente con Talento (Colombia), MindFire Renewed (EUA), Archivos del Sur (Argentina), Kordon (Argentina), Axolotl (Argentina), Almiar (España), Francopolis.net (Francia), Literra, Proyecto Gutenberg, Boletín Brasego (Israel) y otros. Poemas suyos han sido traducidos al francés, al inglés y al rumano. Ha publicado el poemario Temblor de tierra (Banda Oriental, Montevideo, 2004).



Juramento

(pocas o nunca)
hay
por ejemplo
cuando moja
una pestaña
dicen
cuando estalla
una sirena
(pocas o nunca)
una lluvia
tierra
sobre fuego
(pero a veces)
igual
cuando escarbo
me quemo
las manos
(pocas o nunca)
hay un juramento.









Traición

La confesión huele como un rapiñero
como la transpiración del culpable
Es la traición
que se vuelve deseo
Un tango
el corte de un vestido
Las líneas de una carretera
Un trampolín en las nubes.








Refugio

Una nube de polvo
Una pequeña cerradura
Una ventana
y la estepa
en la memoria
Cansado de pájaros
me amparo
sólo
en el ámbar
de compañías
volátiles
y sueño, sueño
con el ritmo regular
de un corazón enloquecido.







Imposibilidad

Articulación,
vértebra sísmica,
corte, duelo.

Vengo y voy del charco
al desliz de los gusanos.
Arrastro la culpa, taladro
sobre el asfalto, sobre.
Ignoro el motivo
o las causas
o las conexiones.
Pero voy y giro
como las pistas
y vuelvo
al número
uno.

Memorizo y olvido
y no olvido ni recuerdo.
O sea: debería cambiar
los cirios, el ángulo,
el principio:
pero no puedo.










La muerte de Marat

Mantuvo la rebeldía,
el juramento y la palabra,
la carta lejos del agua.
Y cayó la venganza
que corroe, que paga,
que acecha.
Aun haciendo justicia
cayó el grano y la verdad,
las llagas y los calzones
de los artesanos, la noche.

La tinta podría ser volátil,
podrían ser las pelucas,
los traidores, habladurías
y el terror de las cabezas
rodando.

Y la trama corrió
la pintura del cadáver
mientras suben la bandera
los niños y marchan
y mueren y marchan
y mueren los hijos
de Francia.

Llegan como salvación,
como tribunal de la razón,
flácido cuerpo del odio
y con palos los siervos
y las calles de París
desagües de sangre.










La farola del mar

El mar se cayó en un bulbo de láminas de cuarzo.
El mar sin agua de mar en la levedad de una burbuja.
Sobre la capelina de metal los núcleos del trópico.
La estrella frente a la soledad de los cinco brazos
de la estrella y la heurística del globo de oxígeno.
Los cefalópodos sosteniendo las vértebras
de los peces y las grietas de las cáscaras
vacías. El grito de la multitud sobre la corteza
de las algas y los hombres del espejo
sin vestigio de remordimiento.








Mundo

El canal y detrás
la tierra y el pasto
seco como la tierra.
Desechos, fluidos por
el desagüe y no sé
que espera el niño
sobre la humedad
y el cemento.
Mueve la cabeza
y pregunta:
¿una mujer
en una caja
de luz?

El arco del pie
escucha el rumor
de otra lengua
y la mano
el agua
y la mano
el puente
y la pierna.
A lo lejos,
muy lejos,
el mundo
interminable.








Pausa

Hacer una pausa
como espera la lechuza.
Un punto y coma
sin luz, pendiente.
Crear una clave
como la otra luna,
pero firmar la fractura,
el yeso anónimo.
Confiar la tinta
a una caricatura,
al racimo,
al amanecer.
Dejar las lágrimas
sin planisferio,
entre la puerta
y el deseo.
Perder el aire
como los pulmones
de un ahorcado.
Pero, hacer una pausa,
como si nada
hubiera pasado.










Pasado

Lo visible es lo invisible.
Los hijos los padres
transparentes.
La foto y otra foto
la sombra entre
las sombras.
Los trozos de vidrio
el cuello de un cisne.
Nosotros: crónicas
en los rollos de tinta.
El lago y la espada
una burbuja:
imposible.









Pérdida

Estoy en la mitad de la ventana.
El reflejo del sol está de mañana.
El cuello de la fortaleza del cerro
al costado de la bahía de Montevideo,
blanquea las copas de los árboles.
No puedo dormir ante la pantalla.
Quisiera perder el tránsito
del texto a las estrellas
y las grúas de los brazos.
Quisiera y persisto
doblado en la silla
como la penumbra
y los olores de la sal.
Tomo el cristal
y lo muerdo,
repito, lleno,
y sin embargo,
quedo en el olvido
cuando mi cuerpo
se deshace de luz
hasta el mareo
de la próxima
noche.

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