sábado, 22 de enero de 2011

2869.- BORJA DE DIEGO LOZANO



Borja de Diego Lozano nació en Sevilla, España, en 1988 y todavía no se ha muerto. Es estudiante de Periodismo y escritor, por ahora inédito. Cultiva la poesía y la narrativa. Participa en el forum Letras Libres y sus textos han sido incluido en las antologías de Sensibilidades y Letras Libres, y revistas como el Manual de lecturas rápidas para la supervivencia y La guinda. Es miembro activo de un grupo de tertulia en Sevilla y lleva adelante el blog de (mala) literatura y (libre) expresión “bitácora en llamas” (http://diariodelpoeta.blogcindario.com/ ) Está disponible para colaboraciones, recitales y casi todo...





ALQUIMIA

El mundo se fabrica
con vapores que segrega
una espiral en continuo consumo
(eso es cierto),
y así nos hacemos las personas,
los perdedores solitarios
o el matrimonio y las familias.
Así la vida se hace fácil,
se hace formulario. .

Pero a veces hay encuentros,
accidentes,
hay gente dispuesta ahí fuera,
en calles cualquiera
o estaciones de tren, o aeropuertos,
hay gente que todavía
ama las palabras
y la grandeza de decir,
de quien dice.

(Palabras como las que dibujan
un caballo en carrera hacia el abismo,
palabras que son, nos hacen,
palabras que atraviesan los ejes
exactos del tiempo.)

El tiempo ya no es
preludio de muerte
ni un accidente continuo,
ahora es risa, festival, primavera,
certeza de un tiempo antiguo
y una sonrisa antigua.
Alquimia.
Por eso
imploramos la sinrazón,
adiestramos musarañas,
nos perdemos en las miradas
que juegan a decir.

Así fecundamos las palabras.
Así colonizamos
las entrañas de la bestia.







COMO BARCOS DE PAPEL

Creyendo conocer la vida,
la cruzamos como barquitos de papel
en alta mar.
Caminamos con los ojos
teóricamente abiertos
por áreas de servicio.
Adoramos la velocidad.
Salvaguardamos la costumbre.
Algunos imploramos el naufragio.

Luego despertamos,
o eso parece, y ya no vimos
lo que debíamos ver.

Todo hombre de verdad
guarda metralla en los ojos.
A todo hombre de verdad
le escuece la mirada.










ELLA ES UNA MUJER PURA Y HABITA LAS SEIS

DE LA MAÑANA.

Ella es una mujer pura
y habita las seis de la mañana.
Y vela por nuestra vuelta
a casa a esa misma hora,
y brilla en las lunas
de los coches
como un lucero omnipresente.

Ella insiste en la madrugada
y su leve rumor de gatos,
y se disuelve entre las calles
como una brisa
de aquel verano
en que ella vestía de azul
y besaba con los dientes.

Ella recuerda a un ángel
y su anatomía luminosa,
ella es regeneración
y una fuente de mi sangre,
y congela el mundo
cuando sonríe
y airea los huesos
líquidos como vinagre,
pero se duele en los espejos
y no se encuentra las alas.

Y ahí las tiene,
cortando el aire
con caricias,
tan pálidas y tan frágiles,
de ese color dorado
como la luz presa
en los eclipses.






ERES JOVEN, DIJISTE

Y entonces mi juventud
fue mi cáncer.
Y quise regalártela.
Y descubrí que no valía nada.
Mi juventud.
Nada.







ES SENCILLO

Ámame
como a un árbol:
lluéveme,
derrama mi simiente
bajo tierra,
llora la caída
de mis hojas.







ESCRIBIR

Escribir
para grabar el presente
con un punzón
en la guadaña preventiva
del tiempo.

Para descubrir el color
de las rosas de la muerte

y decirlo.









LIJA

como si fueran balas.

No los escribas si no apuntas
al corazón o a la cabeza.







RESACA

Me sonríe
en las lunas de los coches
y los charcos de entrañas
en el suelo.
Viene de madrugada
y duele.
La que alumbra
el retorno a casa
de los que no morimos anoche.







Te quiero enorme y desnuda

abandonada en el mundo
y salvando las vidas
de la gente,
humilde como la lluvia
escrita en tu ventana,
tan precisa e hiriente
como unos ojos.
Te quiero pura,
orilla de una isla virgen
como una herida en la Tierra.
Te quiero libre y dulce
como una gacela que se muere.
Te quiero imposible,
como la comunicación
entre barcos distantes.

Y sin embargo estás tan lejos
con tu vestido de cadáver,
tan creyente en la distancia.
Pero que eso no importe,
que nada importe, porque

voy a besarte con mis dientes,
voy a escribir en tu cuerpo
el final de este poema.









Las parejas en la calle

son minas anti-persona
cuando estás solo.
Abrazándose.
Bebiendo de sus bocas.
Dándose cobijo
como cachorros de hombre
que intuyen la destrucción.

Me destruyen por separado.











Frenética

A Roman Polanski. A Michelle

Recogió sus piernas rotas,
su cuerpo ausente
como una fuente de sangre.

Cuánto ganó el mundo
hasta entonces:
su silueta que encaja,
sus ojos como un filo,
esas largas largas piernas
con las que bailaba
al ritmo del diablo.
Su perfume que recuerda
al gato de Dedé.
Un chicle en su boca.

¿Quién recordará todo esto?
No será suficiente
para guardarla.

Cuando muera tendrá frío,
como todos los demás.










Desnudo como un ataúd que no se cierra

Desnudo
de todo cuanto me salve
o espante mi mala reputación,
o se oxide o brille,
desnudo de todo
cuanto no pueda respirar.
Desnudo como un ataúd
que no se cierra.
Desnudo como un lago.
Desnudo de mujeres
como fantasmas
y su conquista,
desnudo de la piel
y sus espinas de encaje.

Fuera todo cuanto hice
y no se hundiera,
fuera mi máscara soberbia
y los méritos de sangre,
sólo vestido
por las criaturas
que escribo.

Ahora soy
yo de verdad,
yo a solas,
yo y mis miedos
y mi cuerpo-cáscara
y sus heridas mortales
con sus viejos nombres
de ceniza.









A una mujer con las manos frías como el invierno

A una mujer con la perversión pura
cultivada en el vicio.
A una mujer que busque refugio
en el aliento de una gaviota.
A una mujer-mar rodeada de islas
por todas partes.
A una mujer cuya sonrisa guíe
a los fugados en el exilio.
A una mujer cuyo paso deje
rosas escritas en el hielo.
A una mujer que cuente naufragios
en un vaso de agua.

A una mujer con las manos frías
como el invierno,
una mujer sola y simple
que cuestione en sus ojos
todas las verdades del mundo.


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