sábado, 22 de enero de 2011

2876.- CARLOS ALBERTO ROLDÁN


Carlos Alberto Roldán
Nació en Sáenz Peña, Buenos Aires, y vive en San Martín, de la misma provincia.
Publicó un único libro personal, Poesíada, de distribución personal, y participó en algunas antologías. Su poesía está, en su mayoría, en los archivos de distintas listas de correo, blogs y páginas webs. Precisamente es el fundador de una de las más prestigiosas y antiguas, Utopoesía, que tiene miembros de habla castellana y portuguesa. Actualmente lleva a cargo la realización de los Encuentros Poéticos de Vientos Contrarios, a los que concurren, como invitados, escritores de los lugares más diversos del mundo.
Es docente terciario, periodista y fotógrafo.








hebra hebra de luz
que supo hacer de sol un día
allá cuando la sombra
mueve el barro infinito
besa la boca de lo horrendo
apóyate candente y vibra
que un nombre te lleva

vimos el mar
consideramos su extensión y manera
largamos estos pájaros que muertos
dieron el vacío de su canto

vimos la altura toda
combamos el músculo ciego
y dejamos que cayera el aire todo

era una víbora y quemaba
una palabra que hería
un dios sin mundo

hebra de luz
que se quemaba a la distancia







ya las cinco cuarenta
y el sol que debía haber salido
perdido su horizonte de rojo y estremecimiento
se ahoga en un pozo nocturno
clamando por sed y agua
por tanta cosa que uno no le entiende
vaya saber qué es eso del querer los soles
y las estrellas mismas qué de su querer si algo
por mínimo o grandote quisieran
y qué por fin de mí
cinco cuarenta y uno en vilo
por el sol el sol y su horizonte todo
un día por venir quizá grandote
puro vísperas abrumado
cinco cuarentidós
la noche sigue









érase el desplegado ejercicio del geranio
su deseo de extensión en gloria
un vertical color una manera
de partir de un tajo todo lo gris del mundo

érase el vaivén sensual del sauce
su tierno brote vivo vegetal
un modo de acatar la vida estableciendo
un principio de goce
la libertad de entresoñar muy propio al mundo

éranse los pájaros fugaces
los del canto en asombro y del quejido
los que buscan sin paz en la distancia
y trepan hasta estallar el propio pecho

érase un hombre en todo esto
su tirar los dados la engañifa
de un parlotear amor y retraerse
érase el poema de ese hombre
que si no fue por más
su sombra le devoraba la estatura

pudo trazar al aire
mano suelta
un dibujo su signo y la promesa
atroz
de mandar al desván
a cada sueño

érase lo que ocurrió
lo malversado
lo que pletórico amagaba
un océano y la pleamar
la moneda de oro
que perder del bolsillo

la desnudez trivial de la mañana
sin su rayo de sol
y el desamparo







A veces pienso que el amor este,
que conocemos por acá,
es la única ocasión de mística que nos queda a algunos.
Maldito sea, también.


amor encienda lámparas si hubiera
beatrice me desciende
a esos bosques de fronda
tan espesa
que nada importa laberinto a puro cuerpo
dios casi luz casi borde que de amor me sobrepaso

yo tuviera el poema que dijera
hubiera dicho tan excelso y pleno y
marejada
o previsto tan sol en fugándome y creerte

(cuánto es que puedo yo
cuánto pude y apenas fuera
poeta al punto gris orillador poeta
a cuyos perímetros abismos/ y no saberte)

(cuánto se fue de mí con los arroyos
sin ver sin dar sin ser
y no supiera
este místico de amor que se gestaba)

oh la noche es suave al ciego que desciende
a la su más honda espesura
y va cantando









21.

no sé qué es esto que te busca pero te busca te busca
y cuando cree que te encuentra estabas más allá y entera
y aún y como una rosa celeste una pradera
en que cabalgar sin noche un universo
del que se fuga una última estrella

no sé qué es esto de enardecer los cuerpos
de alimentar más sed más hambre
de reclamar a lus de ojos eso que quema y arde arde
como dicen que ocurre donde todo se acaba
final del tiempo y todo se deshace

oh cielo pequeño
todo gire veloz
que yo te abrevo


22.

haber dispuesto tanto cielo y mar
y planicies de sal o selva o piedra recia
para un no y para el hambre
y para toda una vida sin entender

haber tenido el sol sobre los ojos
y que doliera tanto y tanto
hasta el repudio

ni un solo dios que agarrar de las solapas

pero sí alguno
solapado y altivo
jugando a que lo fuera


41.

algunos poetas abren sobreactuados bandoneones
de su puta soledad
otros creen que el olvido de alguno o alguna
narrado en una línea con tres metáforas y un quiasmo
detendrá la embestida del tiempo

pobrecitos los poetas de jueguitos de jardín
van a la manicura y se llenan de afeites
con su verso aburrido

en todas partes leen y declaman
oh de mi dolor que enciende las candelas
cuya negrura intensa se delata
en un poema gris

dejame todavía
inventar de la noche una luz
del silencio una voz
del olvido
una sombra que moleste
y perdure


Carlos Alberto Roldán
De "Poesíada", Ed. El Escriba, Bs. Aires, junio de 2007

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