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martes, 12 de enero de 2016

ROSA MARÍA ESTREMERA [17.884]


Rosa María Estremera Blanco

Nací en Ceuta en 1966, las luces de los mares de mi infancia iluminaron mi pasión por la palabra.

Desde que en la adolescencia colaboré en una pagina juvenil en el periódico local, hasta la profundización en el psicoanálisis, no he parado de buscar la palabra allí donde la vida habla.

Soy madre ante todo, psicoanalista de profesión y poeta por destino. Estudié piano y danza, fui enfermera militar, estudié relaciones públicas y fui directora de departamento de relaciones públicas. Estudié en la Escuela Española de Psicoanálisis y Psicoterapia. Realicé un Máster en Clínica Psicioanalítica. Asistí a innumerables seminarios y congresos, impartí conferencias y escribí en diversos medios escritos... Lo que me enseñó que no sé nada y que todo está por aprender y volver a cuestionar...

Ha publicado los poemarios:

-"Sinfonías y voces" Ediciones Vitruvio, 2014.
-"El tacto de la luna hiriente" Ediciones Vitruvio, 2015.




“Sinfonías y voces”. Publicado por Editorial Vitruvio.




"Por ese hueco, donde se vislumbra
el paso del tiempo…

 En ese espacio, donde alumbra
La lluvia en invierno.

 Allí, a solas te encontré hace tiempo
y juntos, nos bebimos el momento.

 A solas, descubrimos el llanto eterno.
Juntos: Tú, Yo y el Invierno".

* Poema de la contraportada






Sólo somos palabras que dotamos de sentido y a ellas nos enlazamos.
Palabras que dicen cosas imaginadas y soñadas.
Palabras que nos besan y acunan en un rincón del alma… Que  nos dicen:
“Despertad y descansad en el vacío que llena tu palabra”.





VI LA MUERTE

El goce escondido de un lamento
recordado eternamente entre el amor
y el placer muerto.
Y me encontré reflejada,
capturada por un objetivo lento
entre las reflejadas aguas
del puerto de mi infancia.
En ese sublime instante
vi la muerte descansando
en mi sosiego consciente.
Y aprendí a resguardarme del oleaje,
aprendí a entregarme a los brazos
de aquel puerto sin reproche,
secuestré tus ojos,
y los embalé…
junto a mi vida y mi equipaje.




SER LUZ

Ser luz, luz del reflejo  

luz del viento y del alma.
Luz al nacer,
del renacer…
Luz que caliente por dentro,
por dentro y por fuera del alma.

Ser fuego transportado,
enervado en luz,
enamorado…
profusamente alejado,
fuego entre los campos.. ¡Luz!
Fuego reflejado.

Ser llama salpicada
del fulgor escarpada…
Tronera deslizada
de la mente: sus cimas cansadas.
Luz de mis rejas
luz que enciende, que acaricia y besa.




DESCREÍDA

Como cuando velas la muerte,
dejé encerrado tras
la puerta de mis sueños
las ilusiones desgastadas,
los deseos inacabados,
los anhelos perdidos
por el sendero que anduve.

Como cuando dejas de creer en algo,
dejé olvidado
en el fondo de mi esperanza
aquello que me crea,
que me nombra,
que me miente
y me pertenece.

Como cuando lloras el desamor
y las lágrimas
enturbian tu mente,
dejé de buscarte,
de creerte,
de tenerte…
Desterré tus palabras,
olvidé tu sentido
y traicioné mi alma
mi verso y mi destino.




TE ENCUENTRO

Y de nuevo te encuentro,
esperando un nuevo abrazo,
un nuevo anhelo,
un beso, una palabra más…
un camino, un sendero
un nuevo encuentro,
y para siempre… te quiero.




A VECES... LIBRE

 A veces cambias
 y te conviertes en otra...
 en otra alma,
 en otra palabra.
 A veces sólo eres el aire
 que se escapa, que se mece
 de lejos en la nada.

 A veces se deja todo;
 a veces... nada...

 A veces, las cadenas
 a las que un día te entregaste
 se han hecho llaga en tus manos
 cansadas de arrastrar falsas
 promesas,
 falsos himnos,
 falsos sueños y esperanzas.

 A veces desobediente
 a los dictados esperados
 uno se vuelve,
 y mira asombrado la larga cadena
 que uno mismo ha forjado y mezclado
 con el sudor y la tierra;
 impregnada en el rostro
 después del camino transitado.

 Se decide:

 A veces, sigues caminando
 junto a los falsos ídolos
 esclavizados.

 A veces uno decide:

 ...o escupe la tierra
 y el sudor de sus labios agrietados,
 y sin dudarlo
 rompe las cadenas
 que uno mismo ha buscado;
 ...o se traga la arena seca,
 el sudor y el eslabón usado
 de una cadena esclava
 y sigue llorando, esclavo...

 A veces el hombre sabe ser libre,
 a veces... habrá que comprobarlo...





El tacto de la luna hiriente, Ediciones Vitruvio, número 525 de la Colección Baños del Carmen.



Huele de lejos el agua
que debe juntarse en los cielos,
como a tu cuerpo
y a tu pelo de hojas blancas.
Huele a la tierra herida,
a las lágrimas de tu existencia,
a la dulce desesperanza
que no termina de sucumbir.
Con la fuerza del desasosiego
caen jarrones sin flores
llorando cristales rotos,
sembrando reflejos falaces.
En la fuerza de las centellas,
presta tu voz latido.
Y mis manos como esa jara
se tambalean frente al desprecio.
Huele el campo a aguas distantes,
al caer de tus labios
frescos, a los brotes envueltos
en tu cuerpo de hojas blancas.




Calma inconquistable

Hoy me deseo en esta calma inconquistable,
abrupta al ser. Vencida.

Agarrada a los abismos
de las fortalezas más aguerridas.      

Me imploro en la  inocencia
de los montes más altos
donde las brumas se disipan,
y las cercas laceran sin sentir
los rodeos del pensamiento
asfixiado en cada una de sus letras.

Nada se puede contra
la tajante laxitud de lo inevitable,
tras la pasión incontrolada
que hace crear burbujas
en el cristal
más finamente elaborado.

La placentera quietud de lo conocido
que se eleva
silencioso,
entre las habitaciones que construimos
bajo la presión de la existencia.

Sobrevive. Intacto.
La feroz apetencia de lo amado.



PRESENTACIÓN DE EL TACTO DE LA LUNA HIRIENTE
                                                                                     
(Ediciones Vitruvio, Colección “Baños del Carmen, nº 525;
Madrid, 2015.)

Por ANTONIO DAGANZO 


         A veces el aliento lírico es una “sinfonía expansiva”, que nos evoca aquella gran partitura de idéntico título compuesta por el danés Carl Nielsen; como su tiempo lento, donde la fluencia de la música va ensanchando su cauce, cruzando tierras de panorama diverso, hasta abrirse a un verdadero canto sin palabras, a las sorprendentes y bellísimas vocalizaciones de la soprano y el barítono. Una obra como la que hoy presentamos aquí se inscribe plenamente en tal naturaleza creativa y discursiva. ¿Nos sorprenderá acaso que el libro inaugural de su autora, publicado en 2014 por Ediciones Vitruvio, se titulase, precisamente, Sinfonías y voces? Ahora, sólo un año después, y bajo el mismo sello editorial, la escritora y psicoanalista ceutí afincada en la periferia madrileña Rosa María Estremera presenta El tacto de la luna hiriente, su segundo libro: cincuenta y cuatro nuevos poemas reunidos bajo el epígrafe de “Monólogo de las despedidas y pasiones”, que funcionaría como una suerte de subtítulo para la obra toda. Nuevo trabajo donde la autora nos confirma sus personales búsquedas líricas, su particular progresión y, por supuesto, el venero inagotable de la poesía más intimista para hacer del corazón no necesariamente un fruto amargo, recordando a Ignacio Aldecoa, sino aliento expansivo.

            “La vida de cada hombre es un diario en el que trata de escribir una historia pero escribe otra”. La cita se le debe al escritor escocés James Matthew Barrie, y cierto que resulta, tal cual lo es, un pórtico sumamente evocador para El tacto de la luna hiriente. Porque cuanto hallaremos en el segundo libro de Rosa Estremera es la expresión de una necesidad, la de “susurrar con suavidad en el papel / lo que de mí aún no he aprendido”, que coloca al sujeto poético ante el reto sutil de intentar reconocerse en los márgenes de lo escrito, en la sombra de su árbol vital, en el espejo de su voluntad incumplida, en sus sueños rotos. Los primeros compases del poemario nos dan ya la medida de la iluminadora belleza de tal empresa: “Este calor, que en mí despierta, / rasga un rumor oculto / que se libera como la luz / de aquellos tejados. // Encarnados. Vacíos. / Tiemblo. / Sólo hoy veo, nunca antes”. Y cada uno de los poemas de El tacto de la luna hiriente -entre los cuales, por cierto, la impresión de continuidad resulta notoria en muchos casos-, contribuye a que esa visión se haga, cómo no, más expansiva; a que el reparo de revelar la orografía del dolor, sus escarpadas regiones, desaparezca. “Los despojos perdidos del tiempo / se marcan tallados en las entrañas”, leemos en el poema XIII, y unas páginas antes, los poemas VI y VII se antojan una certera muestra de la nostalgia amorosa. Pues el amor y el desamor, o siendo más exactos, la irrevocable certeza de un amor -“La certeza de quererte siempre / a pesar de las lluvias / y por encima de las tierras / que nos cubren”-, el mineral tenaz de una pasión cuya plenitud no llega a cumplirse -aunque se sueñe trascendida, como en el poema XVIII- va desplegándose aquí como un atlas de derrotas que, no obstante, forja el alma en una lucidez plenamente lírica. Si “hay despedidas que nunca se cumplen / como pasiones que no desaparecen”; si el sujeto poético muestra su desesperación por teñirse “de blancos” para que reflejen en él “los infinitos paisajes”, y además no vacila en declarar, en un momento dado: “Debería esconderme bien y no encontrarme”; pese a todo el lamento legítimo, su voz afirmará sentir “más pasiones que desdichas, / más ilusiones que reproches, / más por buscar que guardar”. De hecho, el mismo sujeto poético que, experimentando “la fuerza del desasosiego”, ve caer “jarrones sin flores / llorando cristales rotos, / sembrando reflejos falaces”, se definirá, bellísimamente, como “la furia de una primavera que se defiende de su fracaso”. Que se defiende del abandono con las armas de la poesía, pues los versos enseñan emociones, fijan el “empuje audaz” del destino y representan el designio de un aprendizaje mayor: “Ambiciono los dulces y tiernos principios / de los versos, que enseñan a evitar / el habla de los hombres embriagados / por sus vanidosas quejas”. Revelador de una gran sensibilidad, investido de la dolorosa dignidad que otorga el apego a cuanto pudimos ser, la integridad del corazón sin esa abdicación última -“Algún día, besaré tu imagen perdida / en la eternidad de este silencio”, leemos en el poema LIII-, El tacto de la luna hiriente constituye, además de la confirmación de Rosa Estremera en el universo de las letras actuales, una hermosa oportunidad para descubrir el poder expansivo de la poesía que no teme al vacío, que refunda el amor por la palabra. 




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jueves, 30 de abril de 2015

CÉSAR LLADÓ MONTERO [15.811]


CÉSAR LLADÓ MONTERO

César Lladó Montero (Ceuta, 6 de abril de 1987) es uno de los fundadores de la banda de rock Carta Baladí en el año 2004, con la que ha publicado hasta la fecha tres álbumes: "...Cómo?"(auto-editado, 2009), "El Olmo Da Peras" (DFX, 2009) y "Con Humilde Osadía" (Gaser Discos, 2012), además del sencillo "Por Una Canción" (Gaser Discos, 2012). Actualmente, la banda se encuentra a punto de grabar su cuarto trabajo de estudio.

En agosto de 2011 participa en el VIII festival poético Agosto Clandestino, que se celebra anualmente en Logroño (La Rioja) y publica su primer poemario "Lunas, Martes y Estiércoles" (Ediciones 4 de Agosto, 2011). 

Con la apertura del blog "Desconcierto Programado" en marzo de 2015 comienza una aventura en solitario donde dará rienda suelta a las inquietudes que no caben en Carta Baladí, a través de vídeos, canciones, textos o ideas.







EN VASOS, EN PÁGINAS

Ya que hoy
sostienes tú
mi cuerpo
por mí,
te dejaré hablar un poco,
te ayudaré a expresar tu reflexión.
Acabaré siendo parte de tu ser,
como tú del mío, lo sé.
No tengo remedio, a cada paso que doy
olvido mi sangre en vasos
olvidados por el mismo tiempo.
No importa el sol que se cae
y se rompe entre mis pies,
aunque después me quede mirando
sus despojos esparcidos.
Mi boca se acostumbró a tu saliva
y lo demás, después de todo,
no importa,
es la nada.

noviembre de 2003






UN PITIDO INSOPORTABLE

El silencio retumba en mis oídos
con un pitido insoportable.
Todo me oprime, nada me deja respirar.
Mis manos se despellejan de pena
al verme reflejado en un espejo.
El ambiente se vicia
y cae sobre mis párpados,
me hace bostezar,
me hace odiar a mi propio ser.
Me hundo en el cieno de mi habitación,
en el cieno creado por mis sueños
mal tachados sobre papel.
Cada vez, me encorvo más y más
hacia la tristeza,
y nadie de los que me rodean
y pisan el suelo puede parar mi caída.
Y no importa.
Soy así.
Soy el hijo no deseado de lo normal.

3 de abril, 2004






LA ÚNICA RIMA

Cómo poder escribir en esta prisión
de muros invisibles mil poemas,
es mi cometido averiguar.
Me encierro en mí para no ahogarme
sobre el asfalto del mundo,
construido sobre papel mojado,
que sigue aguardando a su hecatombe.
No espero abrazos ni palmaditas en la espalda,
mis pasos me sirven
para seguir adelante, sin más,
con la tinta imperante en la conciencia.
Y tú, si realmente me lees,
si realmente me escuchas,
sabrás que la única rima que existe en estos versos
es la implícita en el latir de nuestro corazón.

13 de mayo, 2004





EMPECINADO

Sigo empecinado
en describir
los lentos fotogramas
de mi memoria
y contar así
cómo, a veces,
logro comprender
la incomprensión
que hace saltar las chispas
de mi salud mental.
Mal que te pese,
siempre estaré en tu memoria.
No sé
si alguna vez
pudimos sentir
cierto apego
el uno
del otro.
Un día nací —qué te parece—
y, desde hace poco,
sé que no existe
ese ansiado volver a empezar
que predican
las bonitas narraciones.
Una pena para ti.

Aquí sigo.
Y espero seguir.
Sé que no escucharás
y, de hecho,
creo que mis palabras
nunca alcanzaron tus oídos.
Ya no puedo discernir
si la pena, en este caso,
fue para ti o para mí.
Sigo empecinado en describir.

27 de agosto, 2006





PASTO PARA LAS LLAMAS

La punta afilada
y la llama
oscilando
sobre mi lengua.
La puta disfrazada
y la cama
calentando
bajo mis posaderas.
La cama encharcada
y la punta
chorreando
sobre mis letras.
Mi lengua enfrascada
y el charco
pudriendo
bajo mis entendederas.
Las palabras mermadas
y la botella
vertiendo
hacia mi garganta.
La llama apagada
y la vida
apostando
por mis llagas.
Tu mirada exánime
y una nevada
cayendo
sobre mi almohada.
Una canción inane
y una palabra
abogando
por la incultura.
Una frase inacabada
y una sonrisa
defecando
sobre mi tormento.
Una flor agostada
y un deseo
acabando
con mi verborrea.

20 de marzo, 2007





MÁS MIERDA

Todo lo que bebo
se convierte en mierda,
todos mis recuerdos
sobre ti
se convierten en mierda,
el silencio
se convierte en mierda,
lo que respiro
se convierte en mierda.

Lo que escribo
es mierda.

4 de junio, 2008





SEA CÍVICO: RECICLE ESTE PAPEL

Mi más sincero pésame,
lector,
hoy no es mi día.

Hoy es día
como tantos otros.

Hoy es día
de apagón matinal,
de ocaso
permanente,
de alambrada
de estrellas
que auguran un nuevo
tropiezo.

7 de noviembre, 2008






OTRO SUEÑO ES CENIZA

En el mismo
catre
en el cual ayer
estuve dormitando,
me he vuelto
a dispersar en cenizas.

Beso
     a beso
voy ensoñando
           con apetito
una perspectiva
                  feraz.

26 de abril, 2009





DEMOSTRACIÓN EMPÍRICA

Desde tus ojos,
el mundo entero está desnudo.
Desde tus labios,
en carne viva y en silencio.

26 de octubre, 2009






AUTOCONCEPTO

Quizá se deba
a mi baja autoestima,
a mi pobre autoconcepto,
pero acostumbro
a disfrutar
de la corrosión
a la que someto
a mi propio córtex cerebral
con el mismo orgullo
con el que un veterano de guerra
se ve reflejado
en sus honorables medallas
podridas.

Por suerte
o por desgracia
y aprovechando
el viento favorable,
gusto de poder discernir
aún
los cantos
en movimiento
que se disipan en la oscuridad.

16 de agosto, 2010







viernes, 21 de enero de 2011

2863.- LUIS LÓPEZ ANGLADA


 


LUIS LÓPEZ ANGLADA

Nace en Ceuta el 13 de Septiembre de 1919. Su padre fue el Comandante de Infantería D. Enrique López Urquiza y su madre doña Isabel Anglada España, los dos hijos y nietos de militares.
En el año 1928 se trasladan a Zaragoza y posteriormente a Valladolid donde estudia el bachillerato teniendo como profesos al poeta y académico Narciso Alonso Cortés que encauza su vocación literaria. Dirige la revista Valor y Fe con el P. jesuita y poeta Nazario Pérez y publica sus primeros versos en El Diario Español de Buenos Aires enviados por el poeta Nicomedes Sanz y Ruiz de la Peña. Nace entonces su amistad con el poeta Manuel Alonso Alcalde.
Al estallar la guerra de 1936 se incorpora al frente como Alférez Provisional. Es herido al final de la guerra. Inicia en Valladolid la carrera de Filosofía y Letras que abandona para incorporarse a la Academia de Transformaciones de la Infantería en Zaragoza, siendo promovido al empleo de Teniente de Infantería. Ha estado destinado en Canarias, León y Madrid. En 1972 fue nombrado Jefe de Prensa del Ejército de Tierra. Se retiró con el empleo de Coronel en 1985.
Durante su estancia en León, formó parte de la revista Espadaña que editaba el poeta Victoriano Crémer. Fundó la emisora de radio La Voz de León y estrenó su comedia en verso A mis soledades voy. En 1941, con los poetas Manuel Alonso Alcalde, Arcadio Pardo y Fernando González y el novelista Miguel Delibes, fundó la revista y colección de libros de poesía Halcón. Más tarde fundó y dirigió en Madrid las colecciones de libros de poesía Palabra y Tiempo y Arbolé.
De 1969 a 1972 fue secretario del Ateneo de Madrid.
Es académico de número de la Academia Castellanoleonesa de Poesía, académico de número de la Academia Nacional de Gastronomía y Juglar número 1 y presidente de la Academia de Juglares de Fontiveros "San Juan de la Cruz". Correspondiente de las Academias de Bellas Artes "Purísima Concepción" de Valladolid, San Telmo de Málaga e Hispano-Americana de Cádiz. Es miembro titular de la Institución "Gran Duque de Alba" de Ávila y del Instituto de Estudios Ceutíes, de Ceuta. Pertenece a la Asociación de Críticos de Arte, actividad que ejerció durante varios años en La Estafeta Literaria.
Es hijo adoptivo de Burgohondo y Fontiveros (Ávila). Posee numerosas condecoraciones militares y civiles, entre estas, encomienda de la Orden de Isabel la Católica.
En 1946 contrajo matrimonio en Valladolid con María Guerra Vozmediano, autora de dos libros de poemas y de la que es viudo. Tienen diez hijos y reside actualmente en Madrid.
Ha publicado más de sesenta libros de poesía, ensayo, biografía, antologías y críticas de arte.
Luis López Anglada falleció en Madrid el 3 de enero de 2007.

-POESÍA:

Albor (1941).
Impaciencias (1943).
Indicios de la rosa (1945).
Libro de viajes (1945).
Al par de 111 sendero (1946).
Destino de la espada (1947).
Continuo mensaje (1949).
La vida conquistada (1952; 1954).
Dorada canción (1954).
Elegías del capitán (1955).
Contemplación de España (1961).
Antología (1963).
Ayer han florecido los papeles donde escribí tu nombre (1964).
Sonetos a Ceuta (1964).
Plaza partida (1965; 1970).
Poemas americanos y otros poemas (1966).
Pregón de romería (1967).
Escrito para la esperanza (1968).
Arte de amar (1968).
En los brazos del mar (1968; 1969).
Los amantes (1972).
La arena y los sueños (1973).
Castilla amanecía como nueva (1974).
Las manos en la pared (1974).
Elegías del capitán y otros poemas (1977).
Ciudadano del alba (1979).
Al alba del relevo (1979).
Juglar en Fontiveros (1982).
Oficio militar (1983).
Canto de Tarik (1984).
Sonetos a la vida y fundaciones de Santa Teresa de Jesús (1985).
Memorial de antiguos vientos (1986).
El bosque y otros poemas (1986).
Poemas para recordar a Gerardo Diego (1988).
Padre del mar (1989).
Coral del vino (1990).
La distancia del sábado (1995).
Brindis (1995).
Segunda antología (1996).
Las palabras y el tiempo (1996).
Reflexiones sobre mi poesía (1997).
Territorio del sueño (1998).
Coral del sur (1998).
Altas hierbas de soledad (2001).
Sonetos a Urganda la desconocida y una oda al poeta Adriano (2001).
Dolorido sentir (2003).
Examen de amor (2003). Poemas a San Juan de la Cruz.
Lo que piensan los pájaros (2004).
Semidioses e inmortales (Tauromaquia Lírica) (2006).

- POESÍA (inéditos):

La fábrica de pájaros.
Rimado de Castilla.
Sonetos.


- NARRATIVA:

Los cuentos del coronel (1981).
La cigüeña también sabe escribir (1993).


- TEATRO (inédito):

A mis soledades voy

- ENSAYO:

Signos providenciales para el descubrimiento (1961). Discurso de las Fiestas Colombinas.
Las armas en la poesía hispanoamericana Una casa para toda la vida (1968).
Aspectos poéticos de Pedro Antonio de Alarcón (1972).
Los ataques ingleses a Cádiz (1973).
El duque de Rivas (1973).
Garcés (1974).
Redondela (1974).
Cantón checa (1980).
"España en la poesía de Rafael Morales" (1986). Separata de "Razón Española".



A una muchacha que se matriculó en la Escuela de artes y oficios

Yo vi al amor comprar papel sellado
para matricularse por novicio
allí donde ni el arte ni el oficio
vieron jamás papel enamorado.

Raro aprendiz, alumno aventajado,
llenó con su esperanza el edificio
humilde y escolar, pero propicio
a jugar con lo vivo y lo pintado.

Cuando le vio llegar, el viejo Apeles,
tras de cambiar las flechas por pinceles
de los ojos de Amor desató el velo.

¿Quién pudo sospechar lo que vería?
Mandi, que estaba allí, sí lo sabía:
mi corazón sirviendo de modelo.







A unas iniciales grabadas en un árbol

Iniciales de amor en la madera
vino a grabar la mano bordadora.
Fue lino el tronco, bastidor la aurora
y testigo la blanca primavera.

Bordado amor quedó y eterno fuera
sin la mano del tiempo, leñadora,
que en seca savia y a cercén ahora,
con filo poderoso lo partiera.

¡Oh, frágil tiempo, tronco, blanca mano!
¿Por qué grabar amor en ramas tiernas,
muerto despojo ya de vendavales?

Aquí tenéis mi corazón humano.
Venídmelo a grabar y tendrá eternas,
con heridas de amor, las iniciales.







Celebra el poeta haber hablado por teléfono con su amada...

Al hilo de tu voz y asida al hilo
tengo el alma, mi amor, para escucharte.
Viento de muchos álamos comparte
tu voz conmigo y la sostiene en vilo.

Asiento para pájaros y asilo
de enamoradas nubes. Por hablarte
hoy, pasando lo azul de parte a parte,
se atraviesan los cielos con su filo.

Un fresco olor a tierra que se labra
y a manantial con luna se improvisa
para inundar tu voz cuando navegue

la quilla dulce y fiel de tu palabra.
Y un silencio de pájaros avisa
mi muerte, amor, cuando el silencio llegue.







Cuenta cómo sucedió lo de enamorarse

Sucedió que aquel año se decía
que los tiempos cambiaban. Cierto era;
aquel año empezó la primavera
cuando apenas enero se moría.

Aquel año la tarde convertía
en campos de pasión la Tierra entera
que, por cazar, el alma fue campera
y la caza le hirió que perseguía.

Sucedió que era invierno, que el destino
preparaba un asombro campesino
de manos blancas y sandalia breve.

Y me encontré en Castilla deslumbrado
con todo el corazón enamorado
como una antorcha en medio de la nieve.








De cómo robó el poeta un racimo en un viñedo

Cuando en algún momento del viaje
viste un viñedo donde el sol cantaba
me pediste un racimo. Todo estaba
coronando a Septiembre en el paisaje.

Corté un racimo para ti y lo traje
tan maduro a tus labios que estallaba
como si el dulce zumo que sangraba
a tus labios rindiera un homenaje.

Nunca a más suavidad llevó el destino
lo que en las uvas iba para vino
y encontró en tu garganta su condena.

Y nunca ya mí corazón amante
volvió a encontrar, como en aquel instante
tan bello el hurto de la viña ajena...







Despertar

Mi niña, al despertar, desaliñada,
casi como las rosas, o más breve,
duda entre niña y pájaro, se atreve
a inaugurar la aurora de la almohada.

Mi niña de la nube o de la nada
debe venir cuando despierta. O debe
de los vientos venir, de los que bebe
mi vida a sus rosales limitada.

Beber vientos, atarse a una camisa
que duda entre las alas y la brisa,
diminuta extensión que el mar quisiera.

¿Qué rey me compra el despertar? ¿Quien sabe
porque es tan breve el mundo y por qué cabe
en una habitación, la primavera?







El poeta camino de Francia

Me voy, me voy, me voy. Una barrera,
una muga de piedra y un sendero
y ya para mis pies el mundo entero
poniendo al corazón una frontera.

Y tan lejos estás que no hay siquiera
un pañuelo en el aire ni un «te quiero» .
En otra tierra ya. Soy extranjero.
-¿Cómo se dice amor?- . Nadie me espera.

Y ya ves, sigo andando y sigo andando
y, paso a paso, te me vas quedando
como un lejano sueño desvaído.

Otra luz, otra tierra, otra belleza.
Y el corazón se llena de tristeza








El poeta cita a su amada, junto al Museo del Prado

El Prado y yo, la tarde y el museo,
esperaremos con el alma en vilo
donde Velásquez sueña y, a su asilo,
los pájaros de otoño y mi deseo.

Contará el corazón cada gorjeo
y el agua que en las fuentes, hilo a hilo,
desmadeja un Neptuno en paz, tranquilo
tenedor de esperanza en el paseo.

Te esperaré cuando la tarde apoya
sus últimos desmayos sobre un goya
de piedra ya, pues no alcanzo a mirarte.

Y hasta que llegues tú, de trecho en trecho,
yo me pondré la mano sobre el pecho,
que estallará de amor por esperarte.







En este soneto intenta describirse una rodilla

Donde la pierna asciende a maravilla
y apunta hacia el misterio y la cautela;
donde acaba el vestido y se desvela
el sueño del encaje por la orilla.

Visible rosa donde el viento humilla
su giratorio afán de falda y tela.
Flor de la pierna, nudo, centinela
del campo de la seda; la rodilla.

Desde aquí, alta columna adivinada,
es clandestino el roce y la mirada
se ciega entre su nieve y la clausura.

Y en duda de ser ala o de ser viento
asciende femenino el movimiento,
tierra en los pies y cielo en la cintura.







Geografía

Abriré las nevadas cordilleras
que componen, amor, tu geografía
y subirá un caballo de alegría
hasta el gozo floral de tus caderas.

Horizontales nardos y laderas
que la espuma del mar envidiaría
le pondrán a mis besos, como guía,
el distintivo de tus primaveras..

Apuraré los últimos pudores
que limitan el reino de las flores
allí donde la vida canta y cuenta.

Y quedaré junto a tus campos puros
como quedan los árboles maduros
después de haber vencido a la tormenta.







Imagina el poeta a su amada en la ducha

Con recato...

Ésta que en nieve y sueño la clausura
viola y la canción del agua fría;
Venus de soledad, mitología
del azulejo y la temperatura.

Ésta que en dos palomas la estatura
divide en rosas que el rosal querría,
por donde el agua que resbala ansía
quedar, dormir, morir en su blancura.

Ésta que al níquel alza los asombros
del rocío y redime por los hombros
del agua desahuciada del cabello,

es ella, amor, que, en soledad, ensaya
a dar forma a la espuma, pero... calla
que nada tienes tú que ver con ello.







La bodega

Bajé, contigo, amor, a la bodega
y me acerqué al tonel que allí dormía
por ver si era verdad que en él crecía
la flor del vino, diminuta y ciega..

Y para poder ver lo que trasiega
el vino al corazón, pensé que unía,
para jugar, tu boca con la mía,
porque el amor no sabe a lo que juega.

Uniendo así en tus labios vino y mieles
le dimos a la flor de los toneles
como vaso tu labio femenino.

Y todo fue tan dulce y abundante
que nunca la bodega vio otro amante
ebrio de tanto amor y tanto vino.







Madrigal

Desde esta mañana, amor,
la rosa será más rosa
y más vivo el ruiseñor.

¡Y tú sin saberlo, amor!

La fuente mucho más clara
mojándome de alegría
con agua fresca la cara.

Y el cielo, desde hoy, azul,
y, dentro del cielo, dios...

¡Y tú sin saberlo amor!







Noche de vendimia

Era de tanto amor la noche aquella
que hasta el alba rompió su compromiso
de clausurar las sombras y no quiso
partir la noche y apagar la estrella.

Subió a su boca el vino y puso en ella
tan breve y embriagante paraíso
que, robando a sus labios el permiso,
busqué su rastro y apuré su huella.

Tantas veces mezclamos vino y beso
que, al fin, el sueño la rindió, por eso
le sirvieron mis brazos como almohada.

Y cuando pudo el sol alzar el vuelo
estaba rojo, como el vino, el cielo
y azul, como sus ojos, la alborada.








Recuerda el poeta los primeros tiempos de su amor

Déjame que del tiempo de otro día
miré prados de amor, recuerde aroma,
y en el agua pasada la paloma
moje otra vez el alma en que bebía.

Que si ha ganado el tiempo la porfía
y ya la nieve por la sien asoma
fuego otra vez cada ceniza toma
y un campo de pasión hay todavía.

Déjame que confunda en tu cintura
lunas perdidas, que la luna nueva
no contó el tiempo ni perdió blancura.

Alma y cabellos el pasado nieva
pero la llama es fiel y a la ventura
hoy, como ayer, tu corazón me lleva.







Seguirá siendo el sol, cuando amanece...

Seguirá siendo el sol, cuando amanece,
hermosamente bello y cada día
la vida será buena todavía
cuando en cada rosal Mayo florece,

Seguirá el mar sereno cuando ofrece
a su virginidad la poesía
de la luna que al cielo desafía
cuando sobre las olas aparece.

Todo seguirá igual que cuando ella
con su callada vocación de estrella
inauguraba todo lo que existe.

Y todo estará igual; el sol, la rosa,
las estrellas, el mar, la luna hermosa;
sólo yo, para siempre, estaré triste...







Soneto de amor

Te sigo, amor; herido en tus colmenas
tengo mi corazón sin esperanza.
Sé que eres fuego y siento cómo avanza
tu posesión de llamas por mis venas.

Sé que eres hierro, amor, y me encadenas
sellando de agonías tu alianza.
Sé que eres sed y siento cómo avanza
mi corazón y de avidez lo llenas.

Herido estoy, amor; certeramente
sigo tu luz o sigo tu amargura
sin comprender mi corazón siquiera.

Sólo sé que te sigo ciegamente
y es posesión de cielos mi ventura
y claridad de gloria mi ceguera.





< Soneto de amor en Gredos Amarte en Gredos, en la roca, es darte razón de eternidad. La tierra ama como mi corazón y, roca o llama, en fuego acabaré de eternizarte. La soledad y tú me dáis la parte que el alma necesita. El tiempo llama con más dureza y, cada vez, reclama lo que doy por salvarme y por salvarte. Amarte aquí, en la inmóvil serranía donde el mundo se acaba y todavía no pisó el hombre, es redimir la tierra. Es coronar el tiempo de futuro y hacer de luz y fuego el trozo oscuro de soledad que somos yo y la Sierra. Soneto de amor en la Puerta del Sol, donde comienzan todos los caminos Como mi corazón es este cero de todos los caminos y del tuyo. Cuanto de mí comienza en ti concluyo. De solo a Sol basta una letra, pero también para morir basta un murmullo de soledad. A tus caminos huyo. Pero si nada vale a tu distancia mi continuo nacer a esta fragancia de ir entre rosas a buscarte y verte, desengaña a mi amor recién nacido y déjame en la nada confundido de una quietud más dura que la muerte. Soneto para el final Tal vez, cuando después de haber vivido llegue un amanecer a despertarme les diga a los que puedan escucharme: ¡Qué sueño tan extraño el que he tenido!. Porque, efectivamente, si no ha sido mas que un sueño la vida, al acordarme de todo lo que vino a enamorarme tendré que darlo todo por perdido. Tanto peregrinar, tantos sucesos, tanto cambiar las penas por los besos, tanto opinar y tanto desengaño, cuando, de pronto, acabe con la muerte, con el que al otro lado me despierte comentaré: ¡Que sueño tan extraño!