sábado, 19 de marzo de 2011

3524.- ITALO TESTA




ITALO TESTA
(Castell’Arquato, Italia, 1972)
Vive en Milán. Como poeta ha publicado Gli aspri inganni (Lietocolle, Como, 2004), Biometrie (Manni, Lecce, 2005, premio Poesia In/Civile, San Giuliano Terme) y Canti ostili (Lietocolle, Como, 2007). Está en posesión de los premios Dario Bellezza y Eugenio Montale. Está presente con sus textos en varias revistas italianas e internacionales, entre ellas Gradiva, Portals. A Journal in Comparative Literature, Cuadernos del matemático, New Review of Literature, RE: viste, Atelier y en antologías como en Chaos and Communication (Link Diversity, Sarajevo, 2001), Nodo Sottile 3 (Crocetti, Milano, 2003), Il presente della poesia italiana (Lietocolle, Como, 2006). Es codirector de la revista on line de poesía L’ULISSE. Enseña en la Universidad de Parma y ha publicado ensayos sobre el pensamiento contemporáneo y la teoría crítica, como Ragione impura (Bruno Mondadori, Milán, 2006, en colaboración con R. Genovese).
Este poema es inédito en español.



Traducción y nota: Emilio Coco


Dogma

1.

Tienen razón ellos,
tienen razón
tendrías que rendirte y seguirles el juego
joder y hacerte joder,
doblegarte a la voz del dueño:

tienen razón,
ocurrirá todavía
el latigazo en la frente, el olor
rancio del poder que devora:

tienen razón,
pues esta es la hora
para meterse en sus fauces
doblegarse al yugo,
ofrecerse al martillo pilón que tritura:







2. abecedario para el nuevo mundo

Demuéstralo,
no te falta madera,
tienen razón
es un juego elemental:

azuzar a un perro contra un hombre
pegarle una patada y un mordisco, dejarlo
agonizar en sus mismas hoces;
ponerle la traílla
como a un animal,

en el aire que tiembla de calor
degollarlo como un cerdo,

dejarlo pudrirse entre los desechos
como a una puta de color

tienen razón ellos,
que basta poco
tienen razón,
cualquiera puede hacerlo:







3. (animus hostilis)

tienen razón ellos,
esto desde siempre,
de nada vale el corazón puro,
la palabra escudo de la muerte:

tienen razón,
firma la rendición
deja que crezca el pelo obsceno,
levanta la cabeza

a tan caro
precio véndete,
demuestra que no te haces menos




UNA MUJER

se vive así, abandonadas
en un pavimento de cuadros
con la cabeza inclinada
o los brazos cruzados
con los ojos cerrados nos roza
el borde de una taza
el mantel escarchado en la luz

pero desplazar una silla
dejar que una cortina nos toque
como un bien que acaricia la piel
y es un halo azul y luminoso
colocado en el pecho
para que cualquier cosa se oiga
y todo sea nuestro

para que en el abandono
todo nos espere.



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El corazón pesado

Como la fábula del provinciano
perdido en la gran ciudad:
en la explanada donde las calles convergen
se orienta mirando los tilos
el callejero cobrizo de las manchas
que aquí atormentan las hojas.
Todo es selva, las torres de acero
las paredes que reflejan, los vidrios
son estanques hechizados, ramas y troncos
recorridos por cuervos parlantes;
será como el cuento del muchacho
que se casa con la selva y transforma
las venas en cables de acero, los ojos
en canicas de vidrio incoloras:
si un transeúnte sin querer lo roza
disipa el sortilegio, lo deja
caer en pedazos, en miles de añicos
de las agujas de pino del bosque.
Así caminas, en trance, a lo largo de los bulevares
rumiando un solo pensamiento
después de días que nadie te habla
te enfermas de luz, de los pasos
destinados a la masacre, arrojados al azar
sobre el mapa de las poblaciones,
la corona de calles sin salida
donde la nada te ha invadido;
y atravesar el crucero que ningún dios
campesino mira y protege
es exponerse al viento helado que sopla
desde la sombra lunada del mal:
o será como el niño velado
del apólogo que a tientas
vuelve a subir la cresta de la almohada
e inconsciente se abandona
hasta el día en que su corazón será pesado
y los ojos ofrecidos ante un altar
de nubes, hasta el nido del mirlo
donde una aureola de plumas
sobre el fondo azul oscuro de la infancia
lo clavará a su dolor.

- traducción de Jeannette L. Clariond-


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