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viernes, 24 de septiembre de 2010

1253.- LUCILA LEMA


Lucila Lema nació en Ecuador el 15 de marzo de 1974. Tiene estudios en comunicación social con especialidad en televisión, en la Universidad Central del Ecuador, Una maestría en Ciencias Sociales con mención en Asuntos Indígenas en la FLACSO, estudios de creación literaria, en la misma institución. Y un diplomado en Periodismo Audiovisual en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí en Cuba. Ha colaborado en organizaciones indígenas como la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), La Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonia Ecuatoriana (CONFENIAE) y La Confederación de pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador (ECUARUNARI). En su trabajo con la CONAIE ha realizado varios vídeos referentes al fortalecimiento de la identidad cultural de los pueblos y nacionalidades indígenas; uno de ellos, referente a la medicina tradicional fue ganador del uno de los Festival de Cine y Vídeo de la Primeras Naciones de Abya Yala. De sus trabajos como periodista logró el premio publicación en el concurso Mujeres Imágenes y Testimonios, de la ciudad de Cuenca. Ha participado en el encuentro Internacional de Comunicadores Indígenas y de Escritores en Lenguas Indígenas, invitada por la UNAM y la Asociación de Escritores en Lengua Indígena de México, respectivamente. Su poesía ha sido incluida en el libro Las palabras pueden: Los escritores y la infancia, editado por la UNICEF. Fue presentadora del noticiero en lengua kichwa, KICHWAPI, durante seis años y medio, en el canal nacional RTS. Actualmente colabora en el Ministerio de Cultura del Ecuador.


Anaku (falda)

Dijo el viejo viento -pongámosle flores de mora a los anacos de las mujeres-,
que, como botones chispeantes, llamen brebajes de lluvia y yerba buena.
Que en ellas escondan sus voluptuosos vientres de ovalas caricias,
y vuelen mariposas extintas entre pétalos y olas.



Abuelo

Brotan estrellas
y el ocaso aplaude.
En el vientre de la tierra,
eres llama tibia
de perfil bronceado.
Eres tú
mi paso peregrino,
el grito que mi cuerpo aguarda,
retrato de mis antepasados,
alma de mis montañas.
Eres tu
la savia Kichwa.



Árbol andante

Que dirán los nogales
de mi sombra vacía.
Hablarán del viejo abandonado
Derramando su savia,
sin oír tu respiro.
Escuchará el viento
mi música sin tu voz
dirá que fui a tu encuentro,
Que soy el árbol andante,
posada de mil gorriones.
Díme, a quién pertenecen tus manos
entendidas con el fuego.




Yaku (Agua)

En aquella pampa de flores
vive el espiritu de la mujer.
a lo lejos, su eco llama a dioses hombres
y diosas mujeres.
a primera luz corre vital: sangre de la tierra.



Arawi (POESIA)

Amanece y estás ahí,
con una belleza muy fuerte,
te pareces al revolotear de las aves buscando cielo para amarse;
estás en la palabra de los abuelos, en el vientre de la tierra:
que por dentro lleva el espíritu de la mujer.
Ocurres invisible, y en el aire queda
La energía, el color sagrado del lenguaje sembrado por los dioses.




Constelación

Están en el cielo los ojos de la llama:
Destellantes pupilas
dibujando a su paso,
el paso del runa,
impregna su valor,
su palabra.
Caminan las estrellas
Toda la noche
Toda la vida



Sara (Maíz)

Dio a luz la madre tierra
a su hija de siete colores.
El sol para amarla
en mitad del día,
en mitad de la noche
dibuja en el horizonte su figura.
Juguetean en los surcos,
esparcen su manjar
y su alimento
guaguas de maíz son
en mitad del día
en mitad de la noche




Te llamo

¡Te convoco¡
Ser de la cascada,
de los bosques
y la cueva de piedra.
¡Te llamo¡
Espíritu del agua.
¡Te nombro¡
Dueño de la lluvia,
Gran Imbabura,
corazón gigante,
samay de la existencia.




Regreso

El tiempo no ha perdido su encantamiento
y la esencia de los conejos
envuelve lejanías.
Las horas fermentan la espera,
el pilche derrama ansias
y el Imbabura se ha bebido la savia,
embriagados están los cerros vecinos
el tigre ama a dos hijos de la luna,
el gran fuego ha regresado.




Tu silencio

Se acaba tu aliento
la dulce miel de tus labios,
el silencio cada vez mas profundo
son horas enteras aguardándonos.
Vino la muerte a llevarte dormida,
se llevó tu cuerpo,
no tu palabra erguida.
Quedan en la tierra:
La pequeña flor de cactus azul,
el eco del viento,
la voz de los ancianos
dando nombre a las cosas
animando a los recién nacidos.




Guerrero

Bien decía tzamarenda “Mi lanza, mis plumas y las semillas que me adorman jamas pasaran de moda”; cuando su cuerpo danzando en medio de la noche, se hacía lluvia, se decía trueno. Salvaje de hermosos adornos, que fuera eco su voz. Guerrero llamando a batalla, que aún apagada su vida, en los campos camina entre flores y perfumes inolvidables.




Urbana

Coincidimos profanando las avenidas;
somos dos peatones tropezando con la memoria
al igual que otras estrellas,
lunas y soles: de rostros desdibujados por el viento,
indicio de tierra las manos,
lluvia que rememora a los abuelos,
maduración del fuego nuevo;
que a la vuelta de la esquina
se confunden con tigres,
águilas, conejos y serpientes,
vírgenes o jesucristos.




Hombre Viento

Cuando tú viento hayas partido
entre las ondas fulgurantes de tu propio cuerpo
y la soledad se transmute en honda negrura,
pensaré que fuiste a la calle a buscar vida
que agitado transcurres
y amaneces en flores como grandes duraznos
de dulces besos
Pensaré que en cualquier senda un día encontraremos
el afán en una palabra y contaremos los vuelos de nuestros corazones:
altos como las nieblas caminantes del cielo,
profundos como la tierra amamantando las semillas,
y reiremos.
Pensaré -caminan invisibles-
pequeños crepúsculos tus ojos. -Es noche-
y nos nacerá una luna,
llena de nuestras manos.




Encuentro

Antiguo cielo, de espesa neblina,
es cóndor de crestas alborotadas en danza nupcial.
Gigante en vuelo mayor despotricando en mi pecho,
en busca de mis ojos.
Laberinto de enormes alas aprisionándome a tu recuerdo,
engañosa y venerada visión,
llamándome.




Quizá

En otros tiempos
en el mismo sol
vimos nacer nuestras caricias;
caminamos descalzos
sobre las aguas sagradas
pidiendo por nuestras vidas;
escondidos tras las antiguas piedras gigantes
nos robamos un beso,
arrancamos flores de maíz
y jugamos con la tierra mojada,
pensando en el mañana;
en complicidad con la luna
poco a poco nos amamos.
Los años pasaron
y solo en sueños
otra vez nos hallamos,
callados, extraños, ajenos;
a cuestas nuestras madrugadas
incompletas, frías, agonizantes.




Mujer Guerrera

Amanecí lluvia.
Abundancia,
libertad.
Atada solamente, por los chumpi
que da forma femenina a mi cuerpo:
suena igual que el aguacero mi respiro.
Mi cuerpo, montaña de los antepasados en florecimiento.
En mi alma, el alma de uno de mis finados:
Alma jaguar, que siempre me encuentra.
-Es mi abuela que ha venido-,
como agua de lluvia
trayendo noticias de las mujeres
canciones por miles de años callados
-es ella-
muy dentro, mujer guerrera
en demasía.



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