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viernes, 3 de marzo de 2017

NANNE TIMMER [19.979]


NANNE TIMMER 

(La Haya, Holanda 1971). Poeta y ensayista. Como investigadora se ha ocupado principalmente de la narrativa latinoamericana contemporánea. En cuanto a ficción ha publicado Einstein´s three fingers (La Haya: Doublepoint, 2011), un libro que combina movimiento, poesía y fotografía, y el poemario Logopedia (Amberes: Bokeh, 2012). Su poesía se escribe principalmente en español (pero también en -y entre- varias lenguas), y la ha combinado con instalaciones o performances en los que lenguaje y danza devienen actores en diálogo. Trabaja en la Universidad de Leiden (Países Bajos).

El caso de Nanne Timmer es similar al de Larbi El-Harti: se trata de especialistas en una lengua y una literatura extranjeras cuya relación con su objeto de estudio evoluciona y los hace dar el paso que va del análisis a la práctica. En ambos casos, se trata igualmente de creadores que ya son poetas en su lengua materna, y que deciden desdoblarse como poetas al cambiar de lengua. Y es que el atractivo de escribir en otra lengua (siempre y cuando se la maneje bien) es grande. Porque, si bien es un rasgo de la poesía poder violentar la gramática, la sintaxis y la semántica, la libertad que tiene un poeta que llega tardíamente a una lengua con respecto a los preconceptos de un hablante nativo (qué es bello, qué se puede, qué no) es inmensa, sobre todo si no se corre peligro de deslizarse de una lengua a otra sin querer (y no hay deslizamiento entre lenguas de raíz diferente como el neerlandés y el castellano). 

Esa alegría de contar con el idioma como juguete, que cualquiera que se haya lanzado a escribir poemas en otra lengua conocerá, se hace evidente en los poemas en castellano de Nanne Timmer.

En "Noche", por ejemplo, la energía comunicativa de la voz poética la hace prescindir de preposiciones que podrían debilitar la fuerza expresiva de la frase, sacarle velocidad ("[...] miedo que barrigas llenas de agua/ se cuelen entre la felicidad"). Y es una voz poética que se permite una fascinación completa por las palabras, que puede repetir como un encantamiento ("porque la corriente se traba demasiadas/ veces la corriente se traba a veces").

En "Abril en Anapawlonaplein", la voz que escribe, que habla, que cuenta, involucra al lector en la experiencia de la escritura, evitando borrar líneas que se supone ha descartado ("[...] tiendo a melocotón, a mediodía./ Borrado uno", "Piel aún cohibida./ Borrado dos","todavía cosas que contar/ Borrado tres").

Al escritor nativo puede ocurrirle ir dejando de utilizar recursos a veces por temor a no repetirse, sin que eso quiera decir que dichos recursos hayan dejado de ser eficaces. Un remedio para eso es leer (buenos) escritores en lengua segunda, menos proclives a eso. Así, la vieja y querida figura retórica de pasar de lo literal a lo metafórico (cara, por ejemplo, a las letras de Joaquín Sabina) tiene su lugar, y queda bien, en "Y vuelta" ("Me tiró la mesa /encima, el boleto de tren/ y su desprecio").

Leer poemas es siempre un ejercicio lúdico de mirar desde otro lugar. Leer a un poeta en lengua segunda es como un viaje más lejano. Siempre en cuestión, como en todo viaje, corto o largo, de elegir bien el destino.

http://enanosenelefante.blogspot.com.es/2014/02/nanne-timmer-o-la-lengua-segunda-como.html




SOÑANDO CON COIMBRA

                    para una poeta anónima

Cuando tenía cinco años yo soñaba con Coimbra
y ahora hace treinta y nueve que
no había soñado con aquello:
calles, escaleras, árboles y una piedra. Y de repente
me encuentro con un gesto y mirada de Coimbra,
una mano, y una poeta escribiendo sobre ella.
Incertidumbre, como tenía que ser. Ya nos hablaremos,
me dijo y se hizo de noche.
¿Qué habrá querido decir? ¿Que nos hablaríamos?
¿O que nos íbamos a quedar callados? ¿O que alguna
vez íbamos a abrir la boca? ¿O que había algo
específico que decir que algún día nos diríamos?
¿O que un hasta luego y adiós, y que se hablaría,
ni ella ni yo, sino otros, en impersonal? ¿Que las cosas
hablarían a través de nosotras, de los versos y el pan?
Cosa sencilla para poetas: ya nos hablaríamos...





UN HOMBRE Y SU SOMBRA

                          para G. I.

A su clase se puede entrar con pistola, con ganas
de suicidio o enseñando las piernas. Todo eso, poco es.
A su clase se puede entrar con pucho, vino malo o
peste a noche anterior. Todo eso, lo mismo da.
Aun si fuera con mugre en los pies descalzos y las manos
sucias, comiendo frutabomba. No que eso pase en los países
de las universidades asillonadas. Pero poder, se podría, eso sí.
El profe se lo permite todo al estudiante, menos
que no sepa volar. Regla número uno en clase del hombre
de la sombra. Allí va él, en busca de la Ciudad Oculta,
los laberintos de los mataderos de las salas del Witte Singel,
que demasiado blancas aparentan ser.
Weniger Licht! Exclama, quiere ver, y así flirtea
con su propia sombra. Su sombra se ríe de él, y él
se ríe de su sombra. No que esto le sea angustioso,
en el fondo se lo pasa bien. Y cuando uno
menos se lo espera, tirachinea a los que le rodean
en plena luz. Nada de otro mundo: un pequeño gesto
de agresión contra lo intangible e inocente.
Así dos pájaros de un tiro: matar el aburrimiento con juego de tirachinas,
y lanzar el aullido como anuncio del apocalipsis. Le ronca la luz, le ronca.
Le ronca el día y la peca ingenua, le ronca.
A lo lejos se le sale un viejo anhelo a comunidad perdida,
llama, grita, llama otra vez. Busca
una mirada conjunta,
una voz hermana,
una desde abajo,
desde la noche que se cree la más oscura.
Sin mucha esperanza prueba a ver si hay respuesta.
Silencio, y después
se queda solo, confirmado
en sus ideas del statu quo del apocalipsis que ya fue.
Nada nuevo: relamiéndose los jugos de la carne, masticando
huesos y escupiendo dientes, el profesor perro del desierto.
Pero hay días en que ocurre distinto: en que luz y sombra
se ponen de acuerdo para dejar ver, dejar hablar, dejar entender.
Cuando uno ve la sombra de la luz a la luz de la sombra.
Le ronca la amistad, dice, y se ríe. La inevitable y generosa compañía
de los solitarios perros del desierto, aunque al profesor le ronque.
Un acontecimiento que uno sólo puede ver a la luz de la noche,
como si de un soneto del acantilado se tratase: la amistad.




Abril en Anna Paulownaplein

Una bici roja me dice que empezó la tarde, en primavera.
Una barriga que pedalea despacio, rostro de albañil.
Camiones alborotan,  yo
tiendo a melocotón, a mediodía.
Borrado uno.
Mujer naranja corretea, tacones, ella, bolso en mano.
Piel aún cohibida.
Borrado dos.
Gemelos que ríen, buenos genes,
todavía cosas que contar
Borrado tres.
Ella trenza teñida, zapatillas,
On travaille, carga su vida como si nada.
Abuela en pelo, ella transparente,
Todas las fotos que no tomé,
rostros que no capté,
miradas que perdí.
Es peligroso, fumar.
Es peligroso
que se evaporen las imágenes,
que se disipen los recuerdos.
Es peligroso, fumar.
Es peligroso.






Mi prima Vera

Allí pasa
pavo real y cascanueces, ella,
crujiendo notas musicales,
tan ligera,
abriendo palabras que hormiguean
las sienes por la ciudad.
Líneas,
dibujos de jazz en el aire,
pasos y Fred Astaire. Llueven
canciones por la avenida.
Burbujas
bailan en las mejillas:
brrpapá
brrpapá
papa,
Una historia de esa niña, esta mujer.
Sonidos mimados van descosiendo
silenciosas palabras de la piel.
El espacio borbotea, todo brota
hacia afuera,
hacia arriba
y tan lindo, tan.



La promesa del tiempo. Acerca de Logopedia, de  Nanne Timmer.

Por Luciana Irene Sastre


“…el tiempo antes del tiempo que llegará a ser”

Alan Badiou.

“Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.”

Roberto Bolaño.



Los poemas de Nanne Timmer no tienen tiempo o los convocan todos. La palabra de la que el poema habla es infantil, es la que retorna con la experiencia de la dificultad para articular la idea. Lo no dicho, lo que se sospecha fuera del cuadro poetizado queda trabado en la boca, como en una red, y como si la lengua fuera un pez atrapado. En la trampa, el cuerpo habla.

El cuerpo del poemario es narrativo, cuenta porque rodea la promesa del diálogo. En este sentido, la escritura de la poeta busca fuera de sí misma, casi con desesperación, y esto es, en total, una soledad, uno ante la soledad de lo que llegará a ser dicho, el conocimiento que vendrá después de la infancia o Logopedia (Antwerpen: Bokeh, 2012).

La logopedia que comienza con la niñez se muestra en poemas en que la lengua es metonimia del cuerpo. Balbucear (“Balbuceos”, 19), susurrar (“Ouverture”, 11; “Y vuelta”, 12; “Danza invisible”, 15), sollozos (“Ojos para ti”, 21), todos movimientos de la palabra por venir pero siempre aún ausente.

Los versos articulan en el uso de la coma, en la pausa del sonido, el diálogo imposible si por él se entiende el conocimiento de dos, que es también el autorretrato.

“Y vuelta”, poema de dos que se hablan y vuelven a hablar sin que las palabras digan:


Chocolate espeso, barruntó.
Me tiró la mesa
encima, el boleto de tren,
y su desprecio.

No sé si el brazo roto
o el cráneo fracturado,
escupidera.

Puede doler la lluvia, si,
si te la tiran. Suelo
escuchar el frío, allí,
susurrando silencios,
labiorrota.

Pero me gustan las cabezas
con té y hablando,
siempre que haya respiración,
claro, eso sí, y que regresen.

Que si quería chocolate, que si yo. (12)


La niña que balbucea se hace mujer en el dolor del silencio. La logopedia de la mujer es la del amor.

La lluvia duele para revelar el cuerpo para sí, el labio sangra como manifestación interior, y la mirada ajena muestra el cuerpo visto por el otro erotizado. La mirada se posa en la lejanía que es casi ausencia, que es el paraíso perdido por inalcanzable pero no por invisible, que es la mujer más allá, como en los siguientes versos del poema “La tercera mujer”:



Acariciaba su brazo, ella, buscaba afirmación. Él felicidad.
Su brazo era precisamente ese intermedio.

La tercera mujer fui yo. Miré hacia un lado, ella también, a él.
Él le tocó la mano, la miró a los ojos, su café, y a mí de soslayo.

Señorita, su hora de embarque. (14)



La danza de los ojos dibuja las estrellas de la constelación sobre el cuerpo, por lo tanto, otra vez sucede que el secreto de la figura no se revela: “atreverse a hablar palabras líquidas” (“Balbuceos”, 19). La metáfora del agua se reitera como forma del diálogo, de la vida y de la muerte a lo largo del poemario. Las corrientes acuáticas que ondulan el cuerpo que se deja llevar como un acto amoroso.

Este es un lenguaje cifrado que trae a cuenta la tercera logopedia. “Tres” es el capítulo de la  exudación y la penetración en los sentidos. Las palabras “brotan”, las mujeres son de colores, tomar y dar son procesos peligrosos, como la inspiración y la escritura que le sigue en los siguientes versos de “Abril en Anna Paulownaplein”:



Es peligroso, fumar.
Es peligroso
Que se evaporen las imágenes,
Que se disipen los recuerdos. (27)



La piel que conecta el dentrofuera funciona como un filtro histórico que trae a colación la repetición constitutiva. Los balbuceos en “Mi prima Vera” tienen su centro, su esfuerzo, en la percusión de la lengua contra los dientes hasta que los ruidos saltan fuera de los labios:



Brrpapá,
Brrpapá,
Papa,

Una historia de esa niña, esta mujer. (28)



De este modo, los ruidos se componen en las primeras palabras, en los primeros amores. Los sonidos tienen múltiples sentidos, las unidades en que se reúnen se desperdigan y transitan un mapa lingüístico: “Eén steen”, “Einstein, zweistein, dreistein, / pedra no camino, piedra, stein.” (29) “Cuatro” es el capítulo del espacio y del tiempo. El índice ya es su poema transversal:

Afuera
Sin aviso
Línea 4
Ver llegar la tarde
Noche
Logopedia
Huella
Poema en la calle

La imagen es la del salto por la ventana, para hacer más rápido el tramo de tiempo que lleva fuera, “casa atrás” (“Línea 4”, 40) y en presente, “ya”. El hogar queda detrás desde ese momento. La  logopedia conduce el camino del conocimiento en el afuera, en el desamparo para exponerse al amor sin cuidado de sí. Este es un amor en la intemperie, sin pasado ni reparo. Es allí donde se figura la totalidad del amor y del ser amado porque se ha dejado amar. El poema “Noche” es ladeclaración de amor de la mujer que espera y ve su imagen espejada en cómo ser amada desligándose de las palabras anteriores. El amor es una revolución, es la oportunidad para la mujer nueva que se sumerge y experimenta el vaivén de las fuerzas exteriores:



[…] Me quiero mojar,
no bienamada, no inteligente,
sino total y absoluta y como sea bajo agua,
porque la corriente se traba a veces
y entonces no sé cómo, ni dónde, ni cuándo
ni izquierda, derecha, si a secas o a solas,
porque la corriente se traba demasiadas
veces la corriente se traba a veces. (42)



Hacia el final, urge el tiempo. La poeta juega con eso pero anhela la realización del deseo. La poeta, nadadora onírica, recuerda la hora de la enfermedad y la muerte. “Si me da por morirme hoy”, es una muerte como algo dado a uno mismo, y “tú sin venir”, como algo ausente que viene con la muerte que se piensa. Los muertos recuerdan la muerte a los vivos porque no están, y los vivos recuerdan a los ausentes. El poema curva los tiempos y hace de “ahora” una palabra atemporal, una
palabra plena que se explica como “la hora en el ahora” (“La hora”, 50).
El arco de las horas, los días y los años se figura en la colección de poemas cuando la mujer está frente a la nada. La mirada se concentra en los pies al borde del abismo y del salto. En ese segundo antes del movimiento se multiplican las preguntas monológicas. Sin embargo, los recuerdos atraen a los interlocutores hacia el centro del poema. El final reza “hazlo de nuevo” (55) en el poema “Dadá, una vez más”, e inmediatamente se refiere a los perros románticos. El intertexto bolañiano es una revelación. En el primer poema de Los perros románticos (Barcelona: El Acantilado, 2006) se lee el mandamiento “crecerás”. Puede imaginarse que la poeta sustituye el texto de Bolaño a partir del segundo título que es “Autorretrato a los veinte años”, aunque “para entonces / ya tenía treinta y nueve”, así que se dicta su propio mandato, no sin una cita: “Now, babyornever, cantó Billie” (55).

El tiempo propio y el otro se entrelazan amorosamente en poemas que se prometen mutuamente, en lenguas que se rozan. Logopedia lleva los movimientos hacia las palabras y viceversa. 





Danza invisible 

Susurra un cuerpo
allí donde nudillos pisan.

Allí donde corretean dedos,
una blusa cruje.

Ella llama. A tirones largos,
tiene también manos, ella.
como un torbellino minúsculo
repta curvando líneas,
espiralea ecos.
Da una palmada. Y otra vez
corren sus pies hacia delante.

En algún lugar sopla un pantalón,
allí vive el alma

Se despliega el pecho, un tono, todo 
se abre en la voz





Sueños olivos 

La noche fría toda tuya,
y yo que despertarte no quería.
Emborracharte, eso sí, eso quizá.

En mi almohada
rezumaban sueños tuyos.
De verdeolivo hablaste,
de zapatos, y de tu mujer.

Todas esas palabras
goteando hacia mi cocina.
Por la mañana me quedé
con restos de azul cobalto,
una mesa y yo misma.

Nada: escuchaba,
me inventé cordones atados,
esperaba rojo crepuscular.

Ninguna silla logró captar
tu respiración, ningún vaso tu mirada.

Y sin embargo. Hielo, carámbanos fuera, 
ventanas empañadas, y tus soplos escarcha.





Balbuceos 

Palabras gotean sobre el vidrio
mojado, tú dices ojo, yo digo té.
Ella te lleva vendado al cine
y yo que reclamo balbuceos
pronuncio pájaro. Pájaro.
Parpadean al viento, pálpebras,
palabras, bicicletas recién sacadas,
tormenta por haber. Anochece,
y tus palabras se deslizan
sobre mi piel, y caen
caricias, que saben a fruta
tejida en naranja, tú a tabaco y miel.
¿Atreverse a hablar palabras líquidas,
a decirnos pájaro o arena
sin que sus nombres nos congelen?





Encuentro

Balas de ilusión, balas de desesperanza.
Tú disparas. Yo no. O sí. O no.
Deletrea sonido, habla música.
Aprieto los huesos de tus palabras,
pincho los ojos de tu deseo,
atravieso. O sí, o no, yo disparo y tú en cambio.





La tercera mujer

Un nuevo rostro me miraba. 
La tercera mujer se sentó a su lado. 
Yo pagaba el café, ella el almuerzo.

Caía 
          silencio

Ella miraba. Él miró en el aire, yo hacia un lado. 
No había habido baile todavía. Dos palabras se atraparon entre las ruedas: 

¿Y tú?

Acariciaba su brazo, ella, buscaba afirmación. Él felicidad. 
Su brazo era precisamente ese intermedio.

La tercera mujer fui yo. Miré hacia un lado, ella también, a él.
Él le tocó la mano, la miró a los ojos, su café, y a mí de soslayo.

Señorita, su hora de embarque.






-

GERARD FIERET [19.978]


GERARD FIERET 

Gerard Fieret (La Haya, Holanda  1924-2009) tuvo que esperar hasta los últimos años de su vida para convertirse en un fotógrafo de renombre internacional. Actualmente se encuentran obras suyas en el MoMA, el Rijksmuseum, y en las más distinguidas galerías internacionales. En este último año, una exposición dedicada a toda su obra se ha dado a conocer en París, Turín y La Haya. No sólo las composiciones originales, el juego con los desenfoques y la mirada “propia” con respecto a la intimidad, lo frívolo y la sexualidad son lo que hacen interesante a su obra. Es también una reflexión sobre el medio artístico en sí. Cada impresión de Fieret es singular: imágenes a veces en papel medio arrugado, con manchas o excrementos de palomas, y a menudo con la firma o estampa de Fieret en grande. Más que fotos, son ya objetos artísticos, y así es como él entró en la historia de la fotografía, transgrediendo las convenciones (la de los sesenta) de una sociedad en tumultuosa transformación. Él se hacía llamar “fotográficus” porque concebía su obra como un entrelugar de dibujo, diseño y escritura con el arte como fin y la técnica fotográfica sólo como uno de los medios a su disposición: “Se podría decir que en mi caso la poesía es un poderoso río del que nacen dos fuertes ramificaciones, el dibujo y la fotografía. Al final los tres medios se unifican… Se funden, la fotografía se vuelve poesía, la poesía se vuelve fotografía, el dibujo se convierte en una forma de escritura, y el dibujo y la poesía se convierten en una forma de ver y la fotografía se convierte en un puente en los corredores de un laberinto.”

Sus fotos han viajado por el mundo, pero de su poesía se sabe poco internacionalmente, mientras que Fieret publicó más de diez libros. La inmensa producción fotográfica que dejó en realidad sólo abarca diez años de su vida. El resto de sus 85 años lo dedicó más bien al dibujo y a la poesía, cuando no andaba ocupado con sus palomas. Muchos de sus poemas los escribió en posavasos de cerveza, al igual que sus dibujos, cuando frecuentaba el bar De Posthoorn, en La Haya. (Cuando lo dejaban entrar.)

Por ser no sólo un hombre extravagante y con un gran encanto particular, sino también por ser una persona difícil que podía ser agresiva y paranoica fue excluido de muchos lugares. Su enfermedad psíquica hizo que sus últimos años los pasara solo y marginado. Mientras que una foto suya se vendía por 10.000 dólares en Nueva York, el artista vivía en extrema pobreza entre ratones y palomas, durmiendo sobre una silla. Las fotos en esos catálogos hace rato que habían dejado de ser de su propiedad, aunque en su paranoia sobre la expropiación se había asegurado de firmarlas y estamparlas. Su preocupación más bien era la alimentación de las palomas. A menudo podía verse con una bici en una mano, mientras del volante colgaban dos cubos de comida para “sus” pájaros. Así iba haciendo su recorrido por los lugares fijos donde les daba de comer.

En su poesía aparece la ciudad, la estepa y la lluvia como motivos recurrentes, al igual que el “hombrepájaro”, que era tal y como se le conocía en La Haya. El desdoblamiento psíquico, la experiencia humana y el viaje existencial son ingredientes en su obra. Su lenguaje es fresco y el humor y la ironía marcan su autenticidad y estilo vital, al igual que en su fotografía. Los poemas provienen de El lazo del amante (1980) y Filosofía de una mariposa (1976).


Seis poemas | Gerard Fieret

Versiones y nota de Nanne Timmer
Las fotografías de: Gerard Fieret




Me desenrollo en mí
yo a, yo b, yo etc.
me disuelvo en la lluvia
yo a, yo b, yo etc.

En el país de las cuatro corrientes
continúo
yo a, yo b, yo etc.

Allí arribo en aluviones
a las imágenes extremas
del pasado
yo a, yo b, yo etc.

Me nombro zeus júpiter
u odiseo ruido
yo a, yo b, yo etc.







el óxido come mi pensar
en el abrigo mil veces
envuelto
monto mi caballo
por estepas eternas

a veces soy una montaña
o pájaro y veo mi
caballo con el ojo de
miniaturas








paisaje


veo el paisaje debajo de mí
cómo cambia

de abajo para arriba
giro
para verlo, el paisaje
la gente

ellos hablan a sus sombras
que saludan
por caminos agitados
y pueblos sin rumor







yo-el otro

yo -no el otro abre la puerta

veo el paisaje al revés
los pájaros vuelan boca arriba

no yo – el otro lo atraviesa

el cielo
debajo de sí, él ve
su ego sin gravedad

un último aletazo






presente

si no tú
soy yo
llamo a la puerta
y dejo que entre

siéntese, quiere
tomar algo
no, no quiero nada
entonces está usted ausente

quiero algo
llamo a la puerta
alguien que no está
me deja entrar

se sienta a mi lado
un alguien
que no está







viene lluvia
lógico, dice uno

pero la lluvia
hace crecer, dice uno

viene usted de arriba
es lógico, di,
es la lluvia,
dice uno.








-

viernes, 17 de febrero de 2017

ANNA ENQUIST [19.949]


Anna Enquist

Anna Enquist (Ámsterdam, 19 de julio de 1945) es el seudónimo de una de las escritoras más populares neerlandesas, Christa Widlund-Broer. Es conocida sus trabajos de poesía y por sus novelas.

Nacida en Ámsterdam, estudió piano en la academia de música en La Haya y psicología en la Universidad de Leiden. Sus primeros poemas aparecieron en la revista Maatstaf en 1988 mientras que su primera colección Soldatenliederen se publicó en 1991 mientras estaba trabajando como psicoanalista. A partir de entonces dedicó la mayor parte de su tiempo a la literatura. En poesía, publicó seis colecciones más: Jachtscènes 1992, Een nieuw afscheid 1994, De tweede helft  2000, Hier was vuur 2002, De tussentijd  2004 y Nieuws van nergens  2010. Todos estos poemas han sido publicados en un único volumen Gedichten 1991-2012.

Los  primeros trabajos de prosa, Het meesterstuk 1995 y Het geheim 1997, son novelas psicológicas en las que la música clásica juega un papel importante. En 2002, llegó a un amplio número de lectores con De ijsdragers que estuvo distribuido como un regalo durante la Semana del Libro en neerlandés del 2002. Su reconocida novela histórica De thuiskomst de 2005, se centra en Elizabeth Batts, la esposa del explorador británico James Cock.


 ESTACIONES

 Después de yacer poseída por el arado
 la tierra yace doblada, huesuda.
 Lo que está muy hondo ha surgido sin resistencia.
 Ninguna piel áspera ha recibido arcilla, huir
 está impedido para quien se abre de esa manera.

 La tierra gime bajo el pasto,
 llorando su añoranza del acero
 -ven el próximo año, regresa-. El tardío sol
 calienta la tierra pólder que sueña aparentemente
 con ser hendida dividida quemada.



 SILENCIADA

 Arraigada más sólidamente que nunca
 en la realidad- Diciembre, en mi bici,
 tormenta alrededor de mi cabeza- compro
 un libro que dice
 cómo el tiempo pierde su dominio.
 Durante meses tomo de la vida
 no más de lo que me pertenece. El autor
 está paralizado y enfermo. Él no puede hablar.
 Oh, nubes cabalgando el viento, oh canto, oh amor.



 SEGURIDAD

 Dondequiera durmiésemos ese verano,
 cada noche la lechuza gritaba
 su boscoso llamado. ¿El mismo?
 ¿Lechuza? - Así es como suena una lechuza
 había dicho alguien, y nosotros
 creímos y recordamos.



 DE REPENTE

 De repente perdí
 el poder de retener
 calor. Ahora que los chicos
 han dejado la casa, resoplé
 ¡sí! Repté bajo 
 aún más frazadas. La estufa
 rugía. El más calentito de nosotros dos
 ya no podía 
 darme calor. Tirité
 y temblé como si estuviese
 cara a cara con la muerte.

 Que era el caso, en realidad. La muerte
 y yo estábamos en un terraplén.
 Entre nosotros no había nada sino
 una considerable distancia.



 JULIO

 Es verano ahora; el jardín
 está lleno de gente muerta de calor; los perros
 están jadeando y las frambuesas
 están grandes como cabezas de duendes.

 La humedad rodea nuestros vidrios:
 se conversa acerca del precio de las bicicletas
 y los pasajes aéreos, y todo el rato
 un campo interminable de hielo se estira dentro mío.



 ESCAPE

 En la jaula del día y de la noche,
 la jaula de los mandados,
 latas de cerveza, el mejor trabajo.

 En la jaula del álbum de fotos,
 del amor. En la jaula del arte,
 en la jaula de saber:

 Levantate, aferrá las barras,
 tomá el máximo de aire y
 rompete el corazón en pedazos.



 ENCOGIMIENTO

 Cómo los días se me escapan, siempre
 uno nuevo sopla contra la ventana.

 Un chico sombrío en la cocina ya no
 come de mis platos. Escasa

 es la vieja vida que se siente como siempre.

 Entretanto mis horas se vuelan; son
 las verdaderas. Lo que golpea contra mi ventana

 es la vida genuina, el presente
 que come, que come de mí.



 INVASIÓN

 En el desnudo rechazo, viento en mi pelo,
 estamos parados y vos mirás. Con todas tus fuerzas
 me mirás, imagen de amor.

 Y yo, entro gateando a través
 de tus ojos llenos de lágrimas, me deslizo por los senderos
                                                                    [de tus nervios,
 salto sobre láminas de mielina, el susurro
 de las sinapsis, el ARN fuerza a las proteínas
 a alinearse en mi imagen:

 soy tallada, cincelada, en tu cerebro
 hasta que mueras, hasta que te mueras.


FUENTE
Modern Poetry in Translation. New Series. N° 12. Winter
1997. Dutch and Flemish Issue.

Publicado por Robert Rivas
http://inutilesmisterios.blogspot.com.es/




VAN HET WATER

Hij torent hoog boven mij uit, de brug,
en grijpt met harde vingers in het gras.
Voertuigen schuiven heen en terug, een kind
brengt bloemen, de fanfare juicht.

Ik wacht. Men zal zich naar mij buigen
krom van waan en klacht en in de golfslag
troost van honderd moeders horen. Ik ga
gewillig rond de nieuwe pijlers staan.

Ik zal nog tegen stenen slaan als deze brug
is overwoekerd en vergaan. 0 wolkenlucht,
spiegel u in mijn huid. Ik heb mij laten
leiden en omspannen en verslaan.



OF WATER

Towering tall and over me, the bridge
grabs into the grass with hard fingers.
Vehicles slide back and forth, a child
with flowers, a roaring fanfare.

I wait. They’ll bow in my direction,
bent with madness and malady, hearing in the waves’ slap
comfort from a hundred mothers. I’m willing;
I take position, surround the new piles.

When this bridge is overgrown and gone
I’ll still be beating stones. O cloudy sky,
see yourself reflected in my flesh. I’ve let myself
be led, be spanned, be beaten.

© 1996, Anna Enquist
From: De tweede helft
Publisher: De Arbeiderspers, Amsterdam, 2000
© Translation: 1998, Lloyd Haft




UIT DELFT

Als hier licht valt, dan onder loden
lucht, valse gloed in de namiddag.

Kon ik de stad innemen, mij stellen
in de stenen cirkel op de markt, drinkend

de bloedige schaduw van het stadhuis –
Laat naar je kijken. Ik bonk op de muren,

zij verstuiven als ochtendas in de kachel,
of ik er ben. Uit de grachten rijst

een wal van zuur water. Hier was het,
hier zuchtte ik om de polder, viel ik

tegen ijzig bouwwerk. Hier ruilt men
de reis tegen een enge thuiskomst.




FROM DELFT

If light falls here, it's under a sky
of lead, false glow, late in the day.

Wish I could take the city, set myself up
in the stone circle in the marketplace, and drink

the blooded shadow of town hall
Get your head examined. I pound on the walls;

they go up in dust like ash in a stove in the morning,
as if I exist. Out of the canals rises

a wall of caustic water. Here's where it was,
here's where I sighed for the open polder and fell against

an icy structure. Here's where you trade the trip
for the tight home corner.

© 2000, Anna Enquist
From: De tweede helft
Publisher: De Arbeiderspers, Amsterdam, 2000, 9029515120
© Translation: 1998, Lloyd Haft




TAMBOER

We horen hem wel, de tamboer in de verte,
maar luisteren niet. De maat van zijn stokken
bepaalt onze stappen. Ook nu. Verwijlen

wil ik bij een wals van vroeger, een dans,
kind op de arm. Het spant ondraaglijk
tussen toen en vandaag. Aan de mars valt niet

te ontkomen. Woedend doe ik een greep
in de muziekdoos van het geheugen, waar
haar te vinden voor ik omval? Maar kijk,

de trommelaar brengt ons het kleinkind,
verlokt ons tot een nieuw lied, zadelt ons op
met de laatste vreugde voor de eindstreep.



THE DRUM

We do hear it, the drum in the distance,
but don’t listen. The rhythm of the sticks
determines our steps. Even now.

I want to linger by a waltz from before,
a dance, a child in my arms. The tension
between the past and present is unbearable.

The march is inescapable. Furiously
I dig into memory’s music box, trying
to find her before I fall. But look,

the drummer brings us the grandchild,
luring us into a new song, saddling us
with a final joy before the end.

© 2013, Anna Enquist
From: Een kooi van klank
Publisher: Stichting CPNB & Poetry International, Amsterdam, 2013, 9789059651852
© Translation: 2013, David Colmer




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