jueves, 31 de octubre de 2013

MERCEDES LUNA FUENTES [10.722]



Mercedes Luna Fuentes

Mercedes Luna Fuentes (México, 1969) es autora de los libros de poemas Yo/carnicero (2008) y Elogio a la incomodidad (2011); este último libro se encuentra entre “los libros más extraños, fuertes y fascinantes de la reciente poesía hispanoamericana”, según palabras del poeta chileno Raúl Zurita. Su trabajo ha sido publicado en distintas revistas y antologías en México y España. Se ha presentado en México, España y Marruecos en festivales, encuentros y en Ferias Internacionales del Libro. Fue Jefa de Cultura en una dependencia federal, Consejera editorial del Grupo Reforma y becaria del FECAC, y ostentó la beca del PECDA en el área de Creadores con trayectoria en la disciplina de Poesía. Actualmente dirige y produce el programa de radio Libros de arena y es Coordinadora de Difusión y Medios de la Coordinación General de Bibliotecas, Publicaciones y Librerías del Estado en su país.





Pizarra digital

Bienvenidos

vendedor comprador visitante    noventa y cuatro mil cuatrocientos dólares por el riñón de un condenado a muerte    dinero para sobornar a buenos profetas    noventa y cuatro mil cuatrocientas noticias higiénicas diarias    no nos importan muchas cosas    noventa y cuatro mil cuatrocientas cuentas burbujeantes de caviar en línea –que no existe    sexo sin sexo    noventa y cuatro mil cuatrocientos rezos antiguos por la humanidad suspendidos en la costilla tridimensional del tiempo    creyentes –pocos son los entierros que van camino a casa    noventa y cuatro mil cuatrocientos botones azules activados en la red de aquí hacia el resto del mundo    los desterrados viven aquí    noventa y cuatro mil cuatrocientos motores se activan por las noches    el cansancio no es suficiente    noventa y cuatro mil cuatrocientos caminantes frente a la muerte con un condón en mano   todos atesoramos un bisturí    noventa y cuatro mil cuatrocientos cableados finos alargan sus dedos hacia nosotros    la electricidad es la electricidad    noventa y cuatro mil cuatrocientos ciberpilotos van al cielo    volar sigue siendo un sueño   noventa y cuatro mil cuatrocientos ciegos en la antesala de la oscuridad    vivimos la ceguera de otros    noventa y cuatro mil cuatrocientas cuerdas sujetan los elevadores de la ciudad    la caída sigue siendo la caída    noventa y cuatro mil cuatrocientos cuerpos heridos de vida por el carnicero    seguimos esperándote seguimos esperándote    noventa y cuatro mil cuatrocientas hachas llenan los vagones    no vamos a cancelar el metro    noventa y cuatro mil cuatrocientas cunas apiladas a los costados de nuestros caminos    nos sentimos solos    bienvenidos     bienvenidos      b

Del libro yo/carnicero.









modular la voz : un delfín atraviesa la bahía

un hombre habla así
sesenta años cara de luna y labios de mujer
rubio

dice que nació en África
y la camisa de seda blanca le ilumina el rostro
dice en inglés
mi sobrino ganó un grammy
por efectos especiales en Hollywood

Poema del libro Elogio a la incomodidad.









Emprenden caminos a lugares tan incómodos y necesarios como la habitación.
Instalados en –intenciones– botas que golpean el desierto, o en la cima de tacones delgadamente falsos, los pies avanzan a lugares inseguros: su propia casa. Ellos favorecen las apariciones nocturnas, los cuentos de horror por las mañanas, las entregas a domicilio. Son jaulas soberbias de incomunicación también.


Desdeñan teléfonos celulares, desdeñan a la red. Son expertos en utilizar aviones, autos, pavimento, banquetas, arena.

Uno de ellos toca
con su planta una pantorrilla
o se hunde sobre el pecho.
El pie se siente bien
al desaparecer
por momentos.


Los pies tienen un acojinamiento suave en la base para aminorar la herida que produce el aproximarse a otros pies.

Para examinarlos bien hay que acercar primero un instrumento: poseen un empeine silencioso, de una suavidad acosadora. Sus venas tímidas se esconden entre los dedos. Los huesos estrechos abrigados por una blanda garantía. Hay que observar su talón oval experimentado.

Bajo sombras de nicotina, luego de admirarlos, tomar esa herramienta. Tomar el mango del mazo, levantarlo en lo alto y estrellarlo sobre ellos. Quebrarlos. Perfectamente romperlos. Descansar.

Poema del libro Elogio a la incomodidad.






TODOS TENEMOS CABEZA DE PATO EN ESTE PAÍS

Anudamos al emplumado cuello corbatas de seda al amanecer y, al hacerlo, afuera, el sol observa el avance de las tropas mexicanas.

Algunos ojos de pato –lunares ámbares, hipnóticos– siguen el polvoriento camino rural en espera de un bus majestuoso. Sólo llantas gordas de la marina aplastan las piedras.

La cabeza de pato mexicano es café grisácea, tiene el pico color olivo con dos orificios como chimeneas industriales oxidadas. El pico se abre para comer moscas plateadas o para graznar a deshoras en las orillas de lagos contaminados. La cabeza ostenta una línea de plumas finas y negras en la cima. Llenas de grasa, las plumas apartan la lluvia.
La cabeza no suele ir al fondo de ningún lago, asoma para ver su interior, se hunde deseando practicar el buceo libre sin aventurarse al fondo jamás. Al salir, de sus mejillas emplumadas escurren gotas como lágrimas. Resbalan tan fácil que no dejan rastro.
La cabeza es una guía para las alas durante el vuelo. Impulsada por ellas, se eleva sobre el agua y busca el cielo, sostiene el vuelo un par de minutos negando la gravedad de la perversión, luego, la cabeza gira levemente para caer en una picada extraordinaria. La caída, siempre la caída, la efectúa limpiamente.
Las plumas de la cabeza son tan pequeñas que pocas veces se utilizan para rellenar almohadas o edredones, son un desperdicio. La cabeza no tiene utilidad para la comida, para la taxonomía sí.

Cuando los cazadores matan una especie, toman su cabeza y cuerpo, le vacían de vísceras. Lo sumergen en sustancias para que resista la mirada exigente al exhibirlo y lo rellenan. Y dirán: “Oh sí, esta cabeza de pato tiene los ojos brillantes como si estuviera vivo, mira sus plumas. Pónganlo allá.”

Buscamos rutas seguras, los mejores blindajes; planeamos defensas estratégicas e instalamos juncos corredizos y acerados que distraigan a los cazadores. Abrochamos alrededor del tórax gordo, oloroso a cigarro y droga, chalecos antibalas. Y decimos también, no, no hay miedo aquí.

Hay cabezas de pato que beben whiskey con hielo, tiesas, inexpresivas, se creen concientes e iluminadas, lucen hermosas aunque no lo sean. Hay cabezas de pato apoyadas sobre una mesa de madera, el alcohol extiende sus cuellos indefensos.

Cabeza de pato muerto las intimidades que se escriben en las editoriales, se exhiben en tiempos de carne desprendida. Yacen aún tibias, lánguidas, con el cuello roto. No sabemos si enterrarlas o llorarles al darles lectura. Vamos, no exageremos, no hay porqué llorar. Todo se comercializa. Todo sirve. Sólo a veces esconden el nombre a las intimidades, mas las detallan, describen obscenamente sus secretos y las mandan a la Sagrada Web o a imprenta. Los personajes las utilizan para construirse.
Finalmente nadie enterrará a esas cabezas de pato, quedarán expuestas, olorosas a tinta, a divino cieno que mancha con su descomposición las manos.

Los discursos oficiales utilizan las palabras de la real academia española y las transforman en cabeza de pato, en blanco perfecto sobre los puentes del discurso. Las arrojan atadas. Durante el vuelo desafortunado, las matan antes de caer al asflato, al punto final.

Nuestros amados, con cargos o sin ellos; nuestros hermanos, con placas o sin ellas; nuestros niños con armas o sin ellas; los devotos ateos; los políticos devotos; no lo notan, pero todos, todos tenemos a alguien apuntando directo a nuestras cabezas.

México es una gran laguna. Todos tenemos cabeza de pato en este país.








Situada al centro del cuerpo, atraviesa nuestra espalda y nos levanta como un gancho vestido de carne. La Anatomía lo dice: está diseñada para mantenernos erguidos, para sostener al cráneo que se inclina y mira sobre una cama de hospital a un cuerpo tendido.

Hay algo que la sostiene, sin eso, la columna no cumple su función. Ese algo nos ayuda a girar el cuerpo dentro de las aguas de mar, a girarlo sobre la arena dentro de la noche, a girarlo sobre el asiento dentro de un autobús. 
Ese algo ayuda a la columna a envolverse sobre otra como soga.

Es falso que la columna se sostenga por sí misma. A esa curvatura hecha de puños cerrados y blancos ensartados dentro de la carne, la sostiene el pensamiento más obsceno, vulgar; verdadero como la mentira; algo que hemos nombrado y escrito hasta el asco.







Mantienen esa flexión, hacia adelante, como alcanzando algo que no sabemos. No se extienden lineales. Aún si caminamos con el agua de mar cubriéndonos hasta el borde de los hombros; los brazos, flotantes; no se convertirán en vías de tren. Atraviesan el mar sosteniendo ese doblez a pesar de cualquier voluntad marina. 

Ni toda la suavidad que el agua en grandes cantidades es; ni toda la fuerza del río demente –corriente que abre montañas, tierra–; ni todas las olas oceánicas que destruyen, cambian superficies de playas; logran que los brazos pierdan su curvatura. El mar, el océano, el río, son asesinos que lo han intentado. Ni matándolos se doblegan, pierden su forma.

Los brazos, dos partes del cuerpo que están hechas para recibir, para abrazar, para cargar. Hacia adelante. Nada hacia atrás. Los brazos de los recién nacidos lo dicen. Desde el nacimiento están así, doblados, esperando algo, alguien.

El agua arrastra los brazos mientras se avanza dentro del mar, el agua salada los mueve, sólo eso.

Tostados por el sol, en una tarde del año que casi termina, mantienen su forma en espera de encontrar, de acunar un premio –mecer al animal herido–, para calmar, para enfermarse. Para encontrar presión, pasión, prisión.

Los brazos, los lazos, los trazos de uno mismo penden del cuerpo. Son la parte más verdadera. No miente. Desde siempre, desde hace siglos, el doblez de los brazos es más fuerte que todos los océanos, que toda degradación. Es indestructible.







Se abren las puertas de un elevador. La cintura sale de él. Se adentra en el hospital. Sigue un pasillo. Se detiene ante la puerta de la habitación, la abre.

Un cuerpo de hombre duerme sobre la cama flexible.

La cintura se acerca al cuerpo en descanso. La cintura tiene dificultad para decir palabra.

En silencio, en el escaso hueco al costado de la cama, se sienta. Hay un anzuelo que la une a ese hombre. Despacio, se recuesta a lado. La cintura queda suspendida entre la cadera y el hombro, sin un brazo que la rodee. Por un momento imita a los que descansan, se abraza con cuidado al cuerpo conectado a sondas.

La cintura encuentra ahora los ojos abiertos del cuerpo, la observan con un gesto parecido al gozo.

Siseos delicados del clima artificial husmean entre las cortinas.

El cuerpo dice algo sobre la puntualidad. La cintura mira los brazos de ese cuerpo, observa su muñeca: puntos rojos, una aguja dentro y una línea blanca con su nombre.

La cintura, con la misma sábana, se cubre; acomoda de nuevo su perfil curvo cerca del cuerpo.

La cintura, procurando no tocar las sondas, cuidando de no mover el suero, acerca su cabeza al pecho de él. Intentarán dormir un momento juntos, antes de que se abra la puerta, antes de que lleguen las enfermeras.


AMANDO GARCÍA NUÑO [10.721]


Amando García Nuño 

(Segovia 1955)
Poeta. Licenciado en Ciencias de la Información y Ciencias Químicas. 
Ganador de numerosos premios literarios en prosa y verso.

Ser poeta no es una ambición mía, es mi manera de estar solo... Puse estos versos en boca de mi heterónimo, un tal Fernando Pessoa, en alguna vida anterior. Tiempo después, cuando ya me sentía demasiado viejo, vine a nacer. Esquivé mi infancia como pude. Desaprendí Ciencias Químicas y Periodismo. Perdí dinero mensualmente en la nómina de un trabajo que no entendía... A medida que rejuvenecía, fui archivando mentiras. Ahora orlo mis vanidades con marchitos laureles de concursos literarios, casi un centenar, donde pierdo cada vez que parezco ganar. Al fin, casi niño, os invito a visitarme en este espejo de retornos tardíos. Me miro en él con vuestros ojos, me devuelve la imagen rasgada de ahí arriba, ese gesto de ausencia. Sobre el cristal dejo escritas las líneas del estupor, del vacío acaso. Escribo para no tirar el alma por el desagüe. Pero está bien así, es mi manera de estar solo.




Meteorología de algún sueño

Soñaste una tormenta
desgajando las ramas
de un tronco enamorado
hasta hacerlo memoria,

                                      y astillas,
                                                     y silencio,

luego tu sueño hilaba
presagios de borrasca
aún sin confirmar,
ficciones del clima
entre esas isobaras
                               donde
                el amor
circula,
pronósticos inciertos
para ese temporal
-dicen que inevitable-
que acecha a  medio plazo,

  
puede que despertaras
abrazada al presente
con perfil de almohada,
                                       puede que despertaras
algún alba de otoño
y soles acunados
en tu vientre dormido,
                                    puede que despertaras
en la brisa de un beso,
y no fueras capaz
                              (y no fueras capaz, o te olvidaras)
de descifrar siquiera
aquel sueño de invierno. 

                    Premio Letras de Baños, Baños de Montemayor. Octubre 2013







Manual para retornos

Volvíamos de aquel viaje por el norte
con jirones de niebla en las maletas
melladas de amargura,
y fotos que acechaba el desamor.
Al llegar a casa, la puerta no se abrió.
Comprobamos las llaves, por si el tiempo
había limado los dientes de la ausencia
con palabras huidas.
                                 Ninguna abrió
aquel hogar que almacenaba dentro
rincones de sonrisas infantiles,
fiestas de cumpleaños, y algún disfraz
de ilusiones vencidas.

                                      Era tarde,
y estábamos cansados
de esperar respuestas por las estaciones
donde habita el ayer. Entonces fuimos
en silencio a un hotel, como otras veces,
de esos donde nadie te pregunta
si quieres vista al mar.
                                     Mientras subía
hacia la planta quinta del hastío
y tú llamabas al futuro en móvil,
pensé en nuestra vivienda silenciosa,
los cuartos de los niños, y esas cosas
que habitan los pasillos sin memoria.

Luego anocheció, y un frío lento
fue tomando los muros de aquel cuarto
donde nada era nuestro. Es posible
que incluso me abrazara a tu recuerdo
en forma de almohada. Y nos dormimos
soñando besos que, quizá mañana,
abrieran los cerrojos al olvido.

                    2ª Premio Feliciano Rolán, A Guarda, Agosto 2013.







Meditación del ocaso

Decidme, ¿debo seguir hablando
ahora que ya florecen
silencios a la orilla de los charcos?

¿Debo, acaso, podar las ilusiones
de las quinceañeras
que cogen al descuido el autobús?

Quizás me haya llegado,
sin darme cuenta, el tiempo
de sentarme a mirar desde el banquillo,
sentir que ya anochece
sobre las vanidades,
                                  intuir
que se está bien aquí, al resguardo
de ese relente umbrío,
de ese pavor que suele aparecer
a media tarde por las escombreras
donde arrojé  hace tiempo,
junto a un verso oxidado, el corazón.








Morir una mañana así

Retornó al cuarto donde le soñaba,
quién podía morir una mañana así,
tan temprano
y con Purcell sonando en el pasillo,
rasgó la última llama en el mechero
donde encendía ayeres,
                                      e hizo arder
sin tristeza, los ajados restos
de aquellos viejos diarios, y las cartas ,
promesas, claro está, de amor eterno, 

quemó también,
al tibio sol que velaba su impostura,
la palabra empeñada,
                                   complacida, acaso,
de ver su juramento hecho cenizas, 


quién podía morir una mañana así,
                                                       pensó
mientras bajaba en ascensor hacia el olvido,
tan temprano
y con Purcell sonando en el pasillo.

                  Premio Rodrigo Manrique, en Siles (Jaén). Agosto 2010








Recordatorio


Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son (Lincoln)                                                                                    
                                                         
                   Ya todos somos iguales, dijo alguno 
desde el nicho de la fila once
al cuerpo cuatro sepultado en tierra,
era lo que querías, según creo… 

Éste movió en silencio su osamenta
cambiando de postura, no lo creas,
yo aún tengo un hueco por los corazones,
y a ti te han sucedido en los despachos
donde se mata gente a plazo fijo, 

no lo creas, repitió, en mi caso hay alguien
que aún me lee poemas de algún tiempo
rescatado al recuerdo, en mi caso
hay alguien todavía,
                                  pero a ti
ya te habrán anulado los decretos,
tapizado el sillón y sepultado
bajo olvidos de flores tu memoria,
ésa que siempre solías maquillar
porque no conjuntaba con la vida.

Incluido en el poemario Tiempo de fingirse parecidos. Premio del Certamen de Poesía Social Julia Guerra, Algeciras.








Intruso

Me colé en tu recuerdo, otra vez
intruso por otoños desconchados,
allí estaban, algo amarillentas,
dos fotos mías, junto a un mechero viejo
con la publicidad de un desengaño. 

Palabras oreándose al futuro
por tendederos con presente al viento,
poca cosa, quizá, para aquel sueño
abocetado en besos. 

                                Así que me fugué,
te cruzaste conmigo en la escalera
sin reconocerme, me saludaste
                como a quien soy, apenas un intruso
de aquel tiempo entre fotos y mecheros.

Intruso, del poemario Mapa de lugares sin tí, Premio Jaraiz, de la Asociación El Trascacho, en Valdepeñas.








martes, 29 de octubre de 2013

DAIVA ČEPAUSKAITĖ [10.720]


DAIVA ČEPAUSKAITĖ 

(Marijampole; Lituania, 1967)
Poeta, dramaturga, actriz. Estudió en Kaunas y obtuvo el título de médico, pero no se convirtió en médico. Sin embargo, comenzó a asistir a un estudio de teatro juvenil. Desde 1990, trabajó algún tiempo de actriz en el Teatro de Cámara. 
En 1992, publicó su primer libro de poesía "sin título". 

OBRA:

Požiūriai. Rimvydas Stankevičius, Daiva Čepauskaitė (2007)
Daiva Čepauskaitė. Žinojimo poezija ir nežinia?. (2006)
Variacijos poetės Daivos Čepauskaitės tema (interviu, 2005)
Daiva Čepauskaitė: „Jei mokėčiau tai pasakyti kitais žodžiais, nerašyčiau poezijos...“ (2004)
Nida Gaidauskienė. Tu pats sau (Daiva Čepauskaitė. Nereikia tikriausiai būtina, 2004)
Liudas Gustainis. Nereikia metareligijos tikriausiai būtina metareligija (Skaidriaus Kandratavičiaus „Metareligija“ ir Daivos Čepauskaitės „Nereikia tikriausiai būtina“, 2004)
Rimantas Kmita. Iš naujausių zootechninių tyrinėjimų (Daiva Čepauskaitė. Nereikia tikriausiai būtina, 2004)
Lukas Miknevičius. Šnekėjimas ne be reikalo (Daiva Čepauskaitė. Nereikia tikriausiai būtina, 2004)
Rita Tūtlytė. Tikriausiai būtina (Daiva Čepauskaitė. Nereikia tikriausiai būtina, 2004)



 ARRULLO PARA UN AMANTE

 Mi tonto, mi pequeño 
 tonto,
 sólo quedamos nosotros dos,
 todos los demás han muerto hace rato,
 lavados, afeitados,
 peinados, preparados,
 prolijamente alineados,
 decorados con flores,
 descansando en paz
 sin riesgo alguno.
 Sólo nosotros podemos encontrar
 ninguna manera de morir
 caer cabeza primero
 siempre dentro del mismo cielo,
 siempre hasta la próxima vez.
 En las esquinas de nuestros ojos
 hay dos canarios,
 diferentes como los dos
 ojos de la misma persona,
 mi tonto, mi pequeño 
 tonto,
 esta noche otra vez podemos encontrar
 ninguna manera de morir,
 esta noche yo lloro canarios
 y mis lágrimas cantan.



 POESÍA

 Soy una vaca llamada Poesía,
 doy un poco de leche,
 habitualmente 2,5% grasa,
 a veces consigo
 exprimir un 3%,
 me pone orgullosa que es procesada
 con la más avanzada tecnología
 y en tetrapacs de papel
 llega a usuarios que no lo piden,
 estoy enferma con todas las enfermedades
 no desconocidas para los seres vivientes
 y cuidadosamente detalladas
 en los textos de veterinaria,
 pasto con una buena manada
 (lo colectivo es amistoso
 no hay barreras idiomáticas),
 tengo miedo de los tábanos y del zootécnico,
 puedo ser útil también de otras maneras-
 cuando viene el frío, cuando defeco,
 sube a mi pila descalzo,
 verás cómo el calor
 se alza desde tus pies
 hasta la parte de atrás de la cabeza.


 (¿Cómo andás?)

 ¿Cómo andás?

 - Bien, digo yo, bien.
 Dormí bien.
 No soñé nada.
 Me desperté por mi cuenta.
 Miré en el espejo.
 No vi nada raro.
 Me acordé de una o dos personas.
 una o dos que no recordaba.
 Limpié las migas de la mesa.
 Encontré una pasa.
 Abrí una ventana.
 Me sentí feliz una vez.
 Infeliz dos veces.
 No sentí nada tres veces.
 Pensé en el significado de la vida una vez.
 Acerca de la falta de sentido dos veces.
 Acerca de nada tres veces.
 Tosí.
 No dolió nada.
 Nada faltaba.
 Nadie estaba preocupado por mí.
 Miré las noticias.
 Cortaron la cinta.
 Dieron una entrevista.
 Bombardearon.
 Dos chicos y un auto se ahogaron
 (por separado).
 Hablaron más acerca del auto
 Que acerca de los chicos.
 Miré hacia el jardín.
 Miré en mi billetera.
 Eché un vistazo al pasado.
 Extendí mis pérdidas.
 Me regocijé con mis descubrimientos.
 Recorrí los eventos.
 Contemplé el contexto.
 Evalué el objeto.
 Descubrí conexiones.
 Expliqué las razones.
 Honré a los muertos con un minuto de silencio.
 Suspiré a causa de mi amante.
 Pensé en mi madre.
 Me cambié la ropa.
 Me rasqué la cabeza.
 Bien, digo, bien.


FUENTE

Jean Boase-Beier, Alexandra Büchler & Fiona Sampson. A Fine Line. New Poetry from Eastern & Central Europe. Arc Publications, 2004.
Las versiones del lituano al inglés son de Jonas Zdanys.
Traducido por Robert Rivas
http://inutilesmisterios.blogspot.com.es/



No hay mañana nunca, mi vigilante oscuro

No hay mañana después de la noche, digo, no hay,
puedes mirar con los ojos entornados por mucho tiempo,
se departe desde blando cuerpo del cielo
solamente seis chinches llenos de aire.

Solamente seis estrellas reptan a la constelación,
y qué –si eso no significa nada.
Alguien pone un nombre bonito para esta colmena
y sólo justifica un pensamiento claro

–no hay mañana. Y todos los vagabundos roncan
soñando una ceja fina de una mujer.
No hay mañana nunca, mi vigilante oscuro,
solamente amanece. Pero eso tampoco puede ser.




QUIERO DECIR

Quiero decir –amo,
pero me da vergüenza,
alguien puede reírse,
por eso digo –odio.
Quiero decir –odio,
pero no tengo enemigos,
por eso digo –salud.
Quiero decir –hola,
pero puede sonar demasiado fuerte,
por eso pretendo no había visto.
Quiero decir –adiós,
pero me temo que regresaré,
por eso no digo nada.
Quiero decir –nada,
pero será demasiado sereno,
por eso digo –llueve.
Quiero decir –frío
pero puede ser que no me oigas,
por eso me pongo más ropa.
Quiero decir –me voy,
pero no hay nadie cerca,
por eso simplemente voy.
Quiero decir –un gorrión,
pero puede ser mal interpretado,
por eso digo –la piedra.
Quiero decir –duele,
pero eso ya lo decía antes,
por eso aprieto los dientes.
Quiero decir –apesta,
pero no es bonito,
por eso no respiro.
Quiero decir –al diablo todo,
pero eso es obvio,
por eso digo –¿quieres sopa?
Quiero decir –por qué,
pero nadie responde
a las preguntas tontas,
por eso digo –nada, nada.
Quiero decir –bonito,
pero por el gusto no discuten,
por eso digo –ayer.
Quiero decir, pero no digo,
porque no puedo, y cuando puedo –no quiero.
Quiero decir –deseo,
pero los deseos no siempre se hacen realidad,
por eso digo –caramelo
o simple alguna tontería.
Quiero decir –bueno
pero en estos casos no dicen nada,
por eso digo –buen tiempo.
Quiero decir –no hay caso,
pero no hay caso y simplemente así
no se dice nada.



CÓMO ALCANZAR EL PARAÍSO

Debes tener coraje
para escribir un poema,
debes tener coraje
para no escribir un poema,
debes decir hola
y adiós
debes tomar vitaminas
debes respetar a todas las personas
y amar solamente a una
da igual si se lo merece o no,
debes sufrir en silencio
y permanecer pacientemente callado,
permanecer callado cuando alguien habla
y hablar cuando toda la gente calla,
debes arrojar la basura fuera,
regar las flores,
pagar el gas y el agua,
los errores y los aciertos,
debes entregar el corazón
por un ojo y un ojo
por los dientes,
no debes pedir nada
aunque lo desees todo,
y exigirlo todo
aunque no desees nada,
debes dormir cuando toca
y fijar las horas,
encontrar dos zapatos para el pie izquierdo
porque los otros dos son del derecho,
no esperar que alguien regrese
o deje de regresar
sólo porque alguien está esperando,
debes mirar el cielo
porque él nunca te mirará,
debes morir porque es lo que toca,
aunque no lo merezcas,
debes escribir un poema
nacido del miedo
entre un sí y un no,
que hable del porqué,
del para qué,
para ser agradecido
aun cuando
no se lo merezca.

(Trad. Theresa Grinberg)
Cortesía de Jonio González.



LOVE, A LAST GLANCE

Which branch will you string that rabbit,
the fruit of our love, from?
I neither got drunk, nor killed myself:
just let the snow smack my forehead.

And I stopped in the middle of the square
and paid them not to play.
Once Noah had faded downstream,
the animals converged behind bars.

Nothing else had any point.
Mice all fled their nests.
At any rate, there wasn't enough snow
to snub me off for good.

Translated by Vyt Bakaitis




It's time to bury this age
with its litter of yearbooks and daws.
My teeth are busy at the window ledge,
gnawing an ice-locked apricot bud.

White winter oozing down the throat
how good it is, not to believe in heaven,
I chuck my rhymes into one heap,
breaking my pledge and my umbrella.

All names take on the form of lies,
sloshed full of a day's precipitation.
How good to die and turn up late for
the grave that's yours by reservation.

Nothing to boast of, no regrets,
with dreams that hold no riddle or bait.
In any case, they'll shower you with rocks.
That's why I say: now is no time to wait.

Translated by Vyt Bakaitis




LULLABY

It's too late now, the road washed out;
maybe there never was a road through here,
with just mosquito tracks on the skin of the flood,
or where a whip struck you across the legs.

It stung, you say? Hard to believe. No need to.
Keep your own flea to testify for you.
Speak loud and clear, kid; even raise your voice
louder to say that none of it is true.

It's no longer crucial, no one calls you by name,
now moths crowd into empty shoes,
autumn in passing wrecks the house
and hacks its lungs out along the way.

Soon it gets dark, flies settle for the comfort
of oversize seats they find set out for them;
if their wings give off shade and buzzing,
clue me in: nothing there I can hear, or see.

A red skirt in the yard still plays at hopscotch,
roosters stay mum, their coops now full of stars.
So sleep, you human fool, rest and stay calm,
now no one ever checks on you, no one at all.

Translated by Vyt Bakaitis



Įtakos“ žodžiu:

man darė įtaką lietus
ir jaunas buninas, ir vėjas,
ir šventas jonas – du kartus,
ir tris kartus – šviesos kūrėjas

ir keturis kartus kadai,
o ne, penkis – Tarkovskio kinas,
ir kokį trisdešimt – baltai
kasmet pražystantis jazminas

kelis kartus, sakykim, mūzos,
bet daug dažniau – mėlynė, guzas
ir daugel panašių dalykų

iliuzijos, pegasų karčiai,
ir vieną sykį – šitas karčiai
saldus gyvenimas už dyką





***

En el marco del dossier de Nueva Poesía de Lituania, preparado y traducido por Dovile Kuzminskaite en colaboración con María Sebastià-Sáez, prentamos la poesía de Daiva Čepauskaitė. Daiva se graduó en medicina pero nunca llegó a ejercer como doctora. Dice que una prescripción mal hecha a alguien le puede costar la vida, sin embargo, nadie va a morir por culpa de un mal poema. Por eso escribe poesía, teatro y trabaja de dramaturgia. Publicó 4 poemarios y un libro de obras de teatro. Sus textos han sido traducidos al inglés, alemán, sueco, italiano, esloveno, búlgaro, bielorruso, letón, ruso, ucraniano, polaco, y al español.

http://circulodepoesia.com/2017/04/poesia-lituana-daiva-cepauskaite/


El mejor

Él es uno de los mejores poetas lituanos,
porque así lo cree
otro poeta lituano, también el mejor,
y no está equivocado
porque es
uno de los mejores poetas lituanos
y se interesa solo en los mejores
y no llama ¨mejores¨ a aquellos,
en los que se interesa…
Él es el mejor porque tiene una cinta de vídeo
sobre si mismo que su hijo
pone y pone encerrado
en la habitación de al lado,
es el mejor porque le han otorgado premios,
lo reconocieron como el mejor
porque sigue sin ser lo suficientemente valorado, apreciado,
pero todos saben que no merece esto,
es el mejor porque pronto
nos dirá aquello que todavía nadie
nos había dicho y de manera en la que
todavía nadie había hablado, es el mejor
y este país lo necesita,
como a un bombero, un doctor o un policía,
nadie podrá avisar tan bien
sobre nuestra vanidad, miserabilidad y otras
deficiencias, sobre nuestros mejores defectos.
Él es el mejor y si no lo entiendes
no pasa nada, no todos son capaces,
aún si él es solo una burbuja
debajo de la nariz de Dios, que sepas
que es la mejor burbuja.
¨¿Tienes un pañuelo?¨ le preguntaba
a Herta Mueller su madre antes del Nobel.
Ay Señor, ¿tendrás un pañuelo?



*


los desinflados chalecos salvavidas
dispersos en la costa
como cáscaras de huevo color naranja
de los que salen personas
algunas muertas
otras van en fila
cambias el canal

allí en algún lugar en China hacen sopa
de los nidos de vencejo
en estos hay baba del pajarito
que fortalecen el sistema imúneo de la gente
cambias el canal

los niños y los chabacanos llenos de balas
el plomo los arrastra hacia abajo
ellos caen y llegan a la tierra tan rápido
que no les da tiempo para madurar
cambias el canal

el niño buscando algo para comer
visita todos los rincones de la casa
encuentra un ratón muerto
lo tumba en la cama a su lado
para que no esté tan solo
antes de dormir
cambias el canal

el vestido de Marilyn en la subasta
se vendió por 4,5 millones
el vestido era tan ajustado
que la actriz legendaria
debajo de este no llevaba nada
cambias el canal

en el vaso en el alfeizar
como el lirio más blanco
flota la dentadura postiza
de mi abuela
las oraciones ceceantes
fluyen de la boca hueca
cambias el canal

escuchas cómo susurra la escarcha
blancos cristales de gota
se acumulan en la superficie de la tierra
por la mañana de repente cruje
el tallo congelado de la hierba
la cáscara de huevo
el hueso de chabacano la bala
la cama del niño
las articulaciones de Marilyn
la dentadura postiza
el eje de la tierra
la columna vertebral del mundo

cambias el canal


*

Este año he notado muchos ratones
en mis poemas.
¿Quizá porque pronto será invierno?
¿Quizá se están mudando a mis estrofas,
buscando un rincón más calentito?
Andan entre los versos,
olfatean, roen.
Ahora traerán todo tipo de basura,
llenarán todo mordiendo, de migas, de huellas,
tendré que limpiarlo.
Por otro lado,
por lo menos algún uso
darán a esos poemas.
Quizá no habré trabajado
en vano,
porque los animalitos tendrán
donde pasar el invierno.
Es que de otro modo toda esta poesía
no tiene sentido,
ningún propósito, ningún uso,
cuando te lo planteas seriamente.
Meteré también diferentes
metáforas de avena,
migas de expresiones sabrosas,
también algo sobre el árbol de Navidad
y queso.
Entonces miraré como durante el frío
llenos y felices
los ratoncillos
celebran la Navidad.


*

Cupe en las botas,
hasta en los zapatos,
hasta en mis huellas,
entre las puertas cupe,
entre los dientes y en el seno,
en la gorra cupe,
con el nido de ratones entero
y cinco ratoncillos desnudos,
en la cabeza cupe,
en la foto no siempre,
algunas veces la recortaban,
cupe en el bolsillo
al lado de la castaña del año pasado,
en el puñado cupe,
hasta quedó espacio
para que no me caiga
me apoyé con las piernas
y me sostenía
dura como trigo sarraceno,
en la puntita del pulgar de mi madre
cupe hasta que se lo cortó,
cuando no atinó con el hacha
en el cuello
de la gallina,
en su chorro de sangre cupe,
dolía y cupe,
hasta que cesó,
cabía cabía
hasta que me callé.


*

Ya es la hora de acostarse,
espera un poco, me pondré
toda la ropa que tengo,
todo hasta la última prenda,
vestidos y camisas,
también los abrigos de cuero más gruesos,
seré abundante,
enorme,
pesada seré,
pensarás, vaya mujer,
tanto trabajo tendrás
hasta el amanecer
cuando entre las cáscaras
encontrarás
un pezoncito marrón, chico
como una cagarruta de golondrina.






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