viernes, 31 de diciembre de 2010

2741.- JUAN ANTONIO BERMÚDEZ


Nació en Jerez de los Caballeros (Badajoz), en 1970. Vive en Sevilla. Se licenció en Periodismo y se ha especializado en información cultural y en crítica cinematográfica.
Da clases de historia del cine y de creación literaria en varios centros, dirige la revista Cámara lenta (http://www.revistacamaralenta.com/) y forma parte del colectivo de agitación cultural La Palabra Itinerante.
Ha publicado el poemario Compañero enemigo (Libros de la Herida, 2007), además de otros textos literarios en revistas y volúmenes colectivos.
Mantiene el blog personal http://www.contrabandos.blogspot.com/







APUNTES PARA OTRA POÉTICA

Nadar contra corriente. Ese es el plan.
Cada uno lo sigue a su manera.
Hay quien se abraza a un árbol
y quien mide las nubes,
quien se arrodilla y quien se alza,
quien se persigna y quien abjura.


Sortear aduanas ortográficas,
recolectar parábolas, excitar
a los umbríos rumiantes del idioma.

Nadar contra la terca acometida,
desanudar la telaraña.
Nadar sin brújula
ni orillas a la vista.
No hundir al otro en nuestro nado.
No hundir al otro.




Mandamiento

Amar a cada uno por su nombre
en un idioma impar, íntimo código
en el que cada sílaba sea un mimo.

Amar a cada cual por la manera
intrépida o celosa de apretar
el paso en la borrasca y por el cúmulo
de discapacidades que lo azoran.

Amar a cada prójimo en su fe
por la ráfaga débil que lo surca,
por sus contradicciones, sus bostezos
y el temblor de sus piernas entumidas.

Amar a contrapelo, amar a ciegas,
celebrar que tendemos hacia el otro
el pulso, sin que nadie nos lo mande.

De Compañero enemigo (Libros de la Herida, 2007)



Compañero enemigo

Compañero enemigo, nos convocan
los bárbaros tambores, las sirenas
leprosas de la guerra, el olor acre
que reclama genética venganza.

Desobedeceremos, cruzaremos
los cuchillos delante de la lumbre
en la tierra de nadie, que es mi tierra,
nuestra tierra sin planos ni alambradas.

Y allí compartiremos el arroz
y la perplejidad de estar tan vivos
entre tanto cadáver contagioso.

Compañero enemigo, no te mueras,
ni me mates, ni huyas, ni te rindas
que tenemos que hablar de muchas cosas.

De Compañero enemigo (Libros de la Herida, 2007)




Fe en la errata

Las flechas desviadas, al final,
aciertan otro blanco;
las derivas desvelan continentes;
alguien huele y adopta
las cartas sin remite.

Cada desliz da cuerda,
cada gazapo prende.

El día que acudí
al sitio equivocado, a la hora impropia,
allí estaba esperándome
la muchacha más linda
de este baile de locos en desahucio.


De Compañero enemigo (Libros de la Herida, 2007)





Hambre para mañana


“[…] fue necesario un ancho espacio /

y un largo tiempo: hombres de todo mar y toda
tierra, / fértiles vientres de mujer, y cuerpos /
y más cuerpos fundiéndose incesantes”

Ángel González

En deuda, dos

Asomado a este cuarto –un faro en el océano–,
recuerdo como en sueños nuestra historia soltera
y acumulo pronósticos, premoniciones, índices
del misterio gozoso de descubrir tu cuerpo
–como un barco en mitad de la noche infinita–.

El aliento del big-bang sobre el barro sin forma
que acunaba el latido de este planeta inédito
fue un balbuceo sin huesos, sin articulaciones,
de un idioma de ritmos, matemático y dúctil,
que ha bordado en las mantas tu inicial con mi espuma.

Pienso ahora en el hombre, ese bípedo frágil,
en la rifa de genes que lo ata y lo conduce
al bombo de los siglos en el que nuestras sagas
sortearon epidemias, batallas, cataclismos,
celibatos que hubieran castrado nuestro germen
sin sentirlo o siquiera presentirlo, sin culpa.

Y agradezco sin límite la lluvia
que empujó a mis abuelos y a los tuyos
a una cama tan blanda como ésta.





Herida abierta

Como el nudo de un hueso se resienten
los edificios rotos;
las líneas injertadas del tranvía
que llevan ya a otro barrio
se quejan en las curvas, nos desdicen
los nombres de los bares
que cambiaron de nombre

y quieto en cada banco hay un fantasma
gemelo del que fuimos;

las ciudades son cuerpos
llenos de cicatrices
y el clima que las cambia punza
los dolores antiguos.

Déjame que te abrace todavía
sobre estas escaleras y estos puentes,
sobre esta herida abierta.













“Y por oírte orinar en la oscuridad,
en el fondo de la casa, /
como vertiendo una miel delgada,
trémula, argentina, obstinada, /
cuántas veces entregaría este coro
de sombras que poseo”

Pablo Neruda


Resaca y nubes

Con la puntualidad de los verdugos,
los aviones descosen los abrazos.

Vago por este jueves de ceniza
desorientado, torpe, transitorio;

zozobro en la ciudad, vacía de ti,
entre objetos viudos, flores secas,

extraños muy vecinos y animales
que me ladran su asombro en cada entrada.

Me duele la cabeza y casi llueve.









La mujer insólita

I

Cuando la vida era un absurdo jeroglífico ya resuelto,
ella lanzó una cometa
y le sopló altura con sus labios de nube.

Donde otras acariciaban una cicatriz,
ella nadó desnuda.

Era dulce y terrible y, sobre todo,
era una mujer insólita.

Quizá por eso la quise tantas veces tanto.



II

La insólita mujer de labios de algodón
me ha dejado una herida pequeña, inapreciable,
debajo de los párpados.

No es grave, como todos o casi,
creo en la vida con una devoción de náufrago.

Pero cierro los ojos
y los sueños me escuecen.






Vendrán más años y tendrán tus ojos

Cuando el silencio sea un cadáver de la risa;
cuando los años se escurran en su embudo
como peces de mercurio, como espuma;

cuando nuestra memoria quepa
en una fotografía en blanco y negro,

tú seguirás mirándome;
tú seguirás, mirándome.









Álbum

De todos los abrazos que brindamos
al sol desperezado en una esquina,
de toda la frenética torpeza
de las manos glotonas bajo el traje,

de aquella risa floja y contagiosa
oculta en los colchones de alquiler,
de todo aquel amor, que no nos cupo
ni en sortijas ni en rosas, heredamos

rectas conversaciones telefónicas
las fiestas de guardar, rencor y sombras
chinescas archivadas en un álbum
como opaca quincalla del recuerdo.









Escuchando a Miles Davis

What is this thing called love?

Hacía mucho frío y mucho tiempo
que bajaban temblando
la escala diminuta de los mapas
hasta las avenidas, los desiertos
del whisky con ceniza,
donde de vez en cuando se asomaban,
como en un espejismo,
fugazmente, en el cuerpo
del amante de turno,
del amante de guardia.

Hacía mucho frío y mucho tiempo
que vagabundeaban sin euforia
angustia por la vida,
tan borrachos y dignos
como un espantapájaros.

Hacía mucho frío y mucho tiempo
que se andaban buscando.

Se encontraron, por fin, en un semáforo,
digamos, en el metro, en una fiesta;
y se reconocieron de repente
por esa fuerza que arde o que se agita
bajo el gesto de escarcha.

Uno movió los labios
como el que va a cerrar una pregunta
suspensa en el reloj.

El otro, errante, alzó los brazos, quiso
detener el columpio, parar pulsos
para sincronizarlos.
Pero esa tuerca terca, la costumbre,
los dejó mudos, ciegos, paralíticos,
tan solos como siempre, tan dispuestos
a continuar buscándose.









El corazón desierto

De ventanilla a ventanilla,
desde otro tren contrario y paralelo
varado algún minuto
en la estación nocturna,
se encontrará mi vida con tus ojos.

Nos cruzará el amor, como un sonámbulo,
el corazón desierto.
Y pasará de largo.









¿Me concede este baile?

Todo el mundo carece, todos somos
nadadores sin rumbo ni costumbre,
paracaidistas sin paracaídas,
mansos recién nacidos entre fieras.

No tenemos memoria del peligro,
ni instinto, ni cautela, ni pudor;
el viaje es siempre de ida y no nos sirve
ensayar estrategias de socorro.

Por eso, tropezamos tantas veces
con la piedra afilada, incandescente,
que pica en nuestro centro como un pájaro.

Despistados, alegres, arrastramos
los pasos malheridos del borracho.
¿Me concede este baile, mademoiselle?









Deconstructing J

La habitación, como tú, queda un poco despeinada
tras ese dulce ritual de ir perdiendo las prendas
para ganar la piel como se alcanza una orilla
Por las calles y los días, nos buscábamos
sin saberlo, como dos astros en su órbita,
hasta este cruce que suma nuestras vidas
y da un balance distinto a antiguas cuentas.

Porque, igual que tu cuerpo desordena estas sábanas
barajas mis años como se desbarata un puzzle
y me inventas un modo nuevo de ser y de haber sido.












“Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos /
que son dos hormigueros solitarios /
y son mis manos sin las tuyas varios /
intratables espinos a manojos”

Miguel Hernández



“Mirá no pido mucho, / solamente tu mano, tenerla /
como un sapito que duerme así contento”
Julio Cortázar




Enredadera

Como cinco semillas,
como cinco penínsulas del limbo,
cinco y cinco animales vagabundos,
cinco náufragos siameses del océano sanguinario,
cinco ríos que se cegaban en el tacto,
del hielo, de la lija y de la seda,
del fantasmal ropero, del volumen
desordenado y arrugado de las sábanas,
de otras pieles que se fueron deshaciendo
de la nada hacia la nada con ternura,
cinco muescas, cinco huellas en el margen
de este libro en el que anoto los errores
del horror y del amor y de sus márgenes
para nombrar la rabia de perder,
para nombrar la suerte de existir
ahora y aquí, delante de un café con leche.

Cinco y cinco semillas por jardines laberínticos,
por los senderos y los siglos,
por los relojes y las brújulas,
fueron mis manos hasta encontrar tu tierra,
hasta encontrar destino de pulso y crecimiento.




JESÚS LIZANO [2.740]



Jesús Lizano 

(Barcelona, 23 de febrero de 1931 - Barcelona, 25 de mayo de 2015), licenciado en Filosofía, poeta y pensador libertario que defiende lo que el denomina "Misticismo Libertario", la evolución desde el Mundo Real Salvaje donde se encuentran todos los animales excepto la especie humana, que ahora se encuentra estancada en el Mundo Real Político, en su camino hacía el Mundo Real Poético, la acracia. Publica periódicamente "la columna poética y el pozo político" en la revista libertaria Polémica editada en Barcelona.
Actualmente está preparando la edición de los siguientes libros:

LIZANIA, edición definitiva.
VISIÓN DE LA ACRACIA.
CARTAS ABIERTAS AL PODER LITERARIO.
EL INGENIOSO LIBERTARIO LIZANOTE DE LA ACRACIA, ANTOLOGIA
CARTA AL HIJO (AUTOBIOGRAFÍA)

Bibliografía


Poemas de la tierra (Col. Atzavara, 1955)
Jardín botánico (Instituto Iberoamericano, 1957) Premio Boscan.
Libro de la soledad (Ed. Barna, 1958)
La creación (Ed. Occitana, 1963)
Tercera parte de la creación (Ed. Occitana, 1964)
La creación humana (Ed. Marte, 1968)
Fin de la tierra (Ed. Marte, 1972)
Ser en el fondo (Ed. Occitana, 1974)
Veinte poemas desesperados y un canción de amor (Ed. del autor, 1981)
Mi mundo no es de este reino (Ed. del autor, 1982)
Labios como espadas (Ed. del autor, 1983) Firmada por primera vez como Colectivo Jesús Lizano.
Sonetos del miserable (Ed. del autor, 1984)
Misticismo libertario (Ed. del autor, 1985)
Camino de imperfección (Ed. del autor, 1987)
Lo unitario y lo diverso (Ed. Lumen, 1989) Firmada por primera vez como Lizano de Berceo.
La palabra del hombre (Ed. Adonais, 1990)
La selva (Seuba ediciones, 1991) Premio Ciutat de Martorell.
Sonetos (Ed. Lumen, 1992)
Héroes (Ed. Libertarias, 1995)
Lizanote de la Mancha o la conquista de la inocencia (Ed. El Ciervo, 1997)
Lizanote de la Mancha o la conquista de la inocencia, segona part (Ed. El Ciervo, 1998)
Lizanote de la Mancha o la conquista de la inocencia, tercera part (Ed. El Ciervo, 1999)
Lizania. Aventura poética 1945-2000 (Ed. Lumen, 2001)
¡Hola compañeros! Manifiesto Anarquista (Editado por la Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, noviembre 2010)
El ingenioso libertario Lizanote de la Acracia o la conquista de la inocencia (Antologia) (Ed. Virus)
Lizania. Aventura poética 2001-2013 (Editado por la Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 2014)


Las personas curvas 

Mi madre decía: a mí me gustan las personas rectas

A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo
y la tierra es curva
y el movimiento es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos;
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas:
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.
A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
la alegría es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
las naranjas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños; curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva.
El día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!
Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.
Y la paciencia es curva.
El pan es curvo
y la metralla recta.
No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
detrás de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
a mí me gustan los maestros curvos,
las maestras curvas.
No los dioses rectos:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!
El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas.
Vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mí me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.


CABALLITOS
 


Que instalen caballitos
en todas las calles,
que llenen de caballitos las ciudades.
Siglos
llevamos con el invento de feria en feria
sin descubrir su humanísima aventura.
Que celebren los novios
su viaje en los caballitos,
de caballito en caballito.
Que cada familia tenga sus caballitos,
¡todos en los caballitos!

Que los amigos
hablen y sueñen y discutan
dando vueltas en los caballitos.
En ellos celebren sus consejos los ministros,
mientras queden ministros,
y en ellos se reúnan los señores obispos,
naturalmente, revestidos
de señores obispos,
mientras queden obispos.
Los pobres subirán para reírse del mundo
y los ricos
¡que suban los ricos a los caballitos
mientras todos los aplaudimos!

¡Y los señoritos!
¡Que suban los señoritos!
Y que acudan todos los solitarios, todos los vagabundos.
Y el congreso de los diputados
será el congreso de los caballitos.
Y los empresarios ¡qué risa, los empresarios!
Que suban los empresarios con los asalariados,
mientras existan salarios.
¡Los salarios del miedo!
Y, venga: comités centrales,
mafias, sectas, castas, clanes, etnias:
¡a los caballitos!

Y los músicos con los guardabosques
y el alcalde y los concejales
con las verduleras y los panaderos.
¡Viva! ¡Viva!,
gritarán los niños cuando vean
que suben los Honorables.
¡Venga, Honorables!:
¡A los caballitos!

Vamos a la ciudad a subir a los caballitos,
dirán los monjes a sus abades.
Y los académicos:
que se reúnan los académicos en los caballitos
y que se cierren todas las academias.
¡Ah, si todos los filósofos hubieran subido a los caballitos!
Que instalen caballitos en las cárceles,
en los cuarteles,
en los hospitales,
en los frenopáticos
y que se fuguen todos
montados en los caballitos.
Y todos los jueces a los caballitos,
¡venga! ¡venga!: ¡A los caballitos!
¿Y nada de procesos y de sentencias!
¡Ya vale de juzgar los efectos y no las causas!
¡A los caballitos!

Y que todos los funerales
se celebren montados en los caballitos
al paso silencioso y tranquilo de los caballitos.
Es la nueva ordenanza,
es el nuevo precepto:
¡todos a los caballitos!
¡La cabalgata de los caballitos!
¡Hacia la confederación de todos los caballitos!
Hasta que todos fuéramos niños…


MAMÍFEROS
 


Yo veo mamíferos.
Mamíferos con nombres extrañísimos.
Han olvidado que son mamíferos
y se creen obispos, fontaneros,
lecheros, diputados. ¿Diputados?
Yo veo mamíferos.

Policías, médicos, conserjes,
profesores, sastres, cantoautores.
¿Cantoautores?
Yo veo mamíferos…

Alcaldes, camareros, oficinistas, aparejadores
¡Aparejadores!
¡Cómo puede creerse aparejador un mamífero!
Miembros, sí, miembros, se creen miembros
del comité central, del colegio oficial de médicos…
académicos, reyes, coroneles.
Yo veo mamíferos.

Actrices, putas, asistentas, secretarias,
directoras, lesbianas, puericultoras…
La verdad, yo veo mamíferos.
Nadie ve mamíferos,
nadie, al parecer, recuerda que es mamífero.
¿Seré yo el último mamífero?
Demócratas, comunistas, ajedrecistas,
periodistas, soldados, campesinos.
Yo veo mamíferos.

Marqueses, ejecutivos, socios,
italianos, ingleses, catalanes.
¿Catalanes?
Yo veo mamíferos.

Cristianos, musulmanes, coptos,
inspectores, técnicos, benedictinos,
empresarios, cajeros, cosmonautas…
Yo veo mamíferos.

del libro Novios, Mamiferos y Caballitos



POEMO
 


Me asomé a la balcona
y contemplé la ciela
poblada por los estrellos.
Sentí fría en mi caro,
me froté los monos
y me puse la abriga
y pensé: qué ideo,
qué ideo tan negro.
Diosa mía, exclamé:
qué oscuro es el nocho
y que sólo mi almo
y perdido entre las vientas
y entre las fuegas,
entre los rejos.
El vido nos traiciona,
mi cabezo se pierde,
qué triste el aventuro
de vivir. Y estuvo a punto
de tirarme a la vacía...
Qué poemo.
Y con lágrimas en las ojas
me metí en el camo.
A ver, pensé, si las sueñas
o los fantasmos
me centran la pensamienta
y olvido que la munda
no es como la vemos
y que todo es un farso
y que el vido es el muerto,
un tragedio.
Tras toda, nado.
Vivir. Morir:
qué mierdo.



Cantando al mundo


En amor se transforma cuanto hacemos
todo lo que tocamos y sentimos,
lo que soñamos y lo que vivimos,
cuando nos vemos, cuando no nos vemos.

Ebrios de amor las alas y los remos
sólo para esas horas existimos,
abrazando los ramos, los racimos,
lo que tenemos, lo que no tenemos.

Saltan las olas, bañan las espumas
y se funden los oros con los plomos
y en la tierra final nos encontramos.

Y así unidas las luces y las brumas,
héroes por lo que somos y no somos,
cantando al mundo por el mundo vamos.



La Belleza
 

¿Y si os dijera que la belleza
se encuentra en todas las cosas,
que ilumina todos los mundos,
que alienta todos los cambios,
que se deshace y recupera
sus formas, sus alianzas,
que se funde y solidifica,
se extiende y se recoge,
se esconde y se manifiesta,
baila en una partícula,
se paseo en un astro,
despierta en todas las voces?
¿Y si os dijera
que no esta en la imagen sino en el impulso,
en la atracción que nos envuelve,
que la belleza
está naciendo continuamente,
que basta diluir se en ella
para olvidarse de nuestra finitud,
de nuestra esencia escindida,
confusa,turbulenta?
¿Y si os dijera
que la fuerais llamando,
que abrierais las ventanas de los sueños y de las cosas?
Qué cosa no fue antes un sueño
y qué sueño existiría
si no existiera la belleza.
Ella la que sufre,
la que grita, la que proclama
la libertad de las cosas,
la libertad de los sueños,
atraviesa los ojos,
atraviesa las manos
se confunde con las lágrimas,
emerge de todos los movimientos,
engendra nuestro deseos.
¿Y si os dijera
que morir es diluir se en la belleza,
transformarse en mundo,
que el mundo solo es belleza transformándose,
que vivir es transformarse en belleza?
¡Habría conquistado la inocencia!



Descubrimiento de la inocencia


Una vez desvelada
la oscura noche de la Razón
–aquella
famosa noche oscura
del alma…–
rota para siempre
la tela
de araña, la invisible
red de la Razón impura,
una vez salvada
la mente, dolida,
herida el alma,
pero sintiendo libremente
las cosas,
luegos de tantas aventuras
para lograr su conquista,
aspiración máxima
del sentir poético
en la vida humana,
la inocencia aparece
entre nosotros.

Aquella tierra descubierta,
aquella tierra nueva,
cuando nacía mi sentir
y mi vuelo,
eras tú, inocencia.

Vencidos los delirios
de la Razón, qué claras
aparecéis entre nosotros,
ante nosotros,
vosotras, claves del mundo,
tragedia y belleza
de los seres. Porque
descubrirla es conquistarla,
rescatarla de su silencio
llegar a comprender el mundo,
a entender lo esencial,
a sanar de aquellas
enfermedades de la Razón.
A ver que la inocencia
es la esencia…

Llegar a la humana
soledad, al humano
abrazo.
Y así salió Lizanote
de la Mancha ¡A la conquista
de la inocencia!
¡A la Mancha! ¡A la Mancha!
¡A la llanura sin límites
por donde no se va hacia el dominio
sino a la libertad! ¡A la intensa
vida interior, en donde
edificar el alma para hacer humano
el mundo construido
por el empuje de la Razón,
a la vida exterior
en donde somos víctimas
de su locura,
de su miseria!

Cuántas cosas
en aquel “he descubierto tierra”
al comienzo de mi aventura.

No hay otra aventura
que pueda llamarse humana
frente al indescriptible
mundo exterior que nos enfrenta
y divide:
ideas petrificadas,
dominantes enloquecidos,
muros infranqueables,
sepulcros de la inocencia.

Desalojada del alma
y de la mente la Razón
emerge la libertad,
todo se aclara.
Aquella tierra descubierta
ya está explorada:
he descubierto la inocencia.

Desde el comienzo estaba aquí
esperando ser descubierta.
La inocencia y no el imperio
de la Razón es nuestra tierra
prometida, sí, prometida,
por el mismo vuelo de nuestra especie.

La soledad abierta
no la soledad cerrada,
su enmascaramiento,
nuestro abrazo a la tragedia
porque sólo así
abrazamos a la Belleza.

¿Es eterna
la lucha entre lo unitario
y lo diverso
y no iba a darse en el ser
más diverso pensable?
Cómo hacer de la Razón,
mente y alma inocentes,
vuestra compañera…
Cómo es posible desde la locura
descubrir la inocencia.
Y fue surgiendo Lizania,
la danza de todos mis versos,
de todos mis poemas,
mi llanto, todo mi llanto
abrazado a ella,
mi alegría
despierta en todos sus sueños,
mi vida
entregada a la trágica Belleza.

Qué es Lizania sino la tierra
interior convertida
en tierra poética.

La inocencia
es el alma perdida del mundo
porque para ser libre
hay que saberse prisionera.
Entonces, la libertad despierta,
vemos que la libertad
es la inocencia de la tierra,
el sentimiento de lo diverso:
la resistencia a ser destruidos
por lo mismo que nos crea.

Ah, Razón, mensajera
de lo unitario en nuestra tierra
interior, en nuestra
realidad secreta:
mira cómo se cumple mi aventura
y mi vida con ella.

Sea mi último grito:
¡He descubierto la inocencia!



NOVIOS

(Poema místico libertario)

no hermanos.
Si fuéramos hermanos
sólo existiría un mundo
y el mundo se divide, se desintegra
en incontables mundos.
Y cada uno es un mundo.
En cambio: ah, en cambio:
somos novios,
novios llamados a la boda única.
El poeta debe anunciar a todos
que todos somos novios
y que sólo existe una boda
a la que estamos llamados todos,
que yo soy tu novio
y tú eres mi novia,
que estamos solos, que nacemos solos
y moriremos solos
y que vivir es la boda única
y que nos volvemos locos
viendo extrañas raíces,
parentescos extraños,
en lugar de entregarnos a la ternura de los novios,
a la ilusión con que se miran,
a la alegría con que se abrazan.
¡Ah, si saliéramos a la calle y nos viéramos novios,
nos sintiéramos novios
y mis amigas fueran mis novias
y todas las bailarinas de El Molino mis novias
y todos los monjes de Montserrat sus novios!
¡Ah, si los monjes de Montserrat supieran
que son los novios de las bailarinas!
¡Ah, si las bailarinas
supieran que los monjes son sus novios!
(Tampoco el hábito
hace a las bailarinas).
Si nos viéramos novios,
mamíferos enamorados,
huérfanos que vamos a la boda única
cuando se liberan nuestros sentidos
de tantos padres terribles...
¡Ah, si supiéramos que somos novios!
Cómo dominarían en nuestro mundo
los cargos, los altos cargos, las esferas,
las más altas esferas,
¡ah, las más altas esferas!
qué sería de todos ellos
(¡y de todos los vigilantes!)
si todos fuéramos novios.
Vacíos
iban a quedar todos los parlamentos.
Los novios no necesitan parlamentos
ni nombres ni contratos. ¡Si se olvidan
hasta de sus nombres los novios,
los maravillosos novios!
Se acabarían todas las sociedades anónimas
(¡nosotros somos los anónimos!)
¡Pobre mundo,
lleno de sociedades anónimas y de comités centrales!
Cómo va a ser una novia
una sociedad anónima.
No imagino lleno de novios abrazándose
los comités centrales.
Un comité central
cómo va a ser un novio,
cómo va a entender a los novios.
(¡Eso! ¡Eso! ¡Cómo va a entender a los novios!).
Y todas las vecinas serían nuestras novias
y todos los vecinos serían nuestros novios
y todas las mujeres serían mis novias
y todos los animales
nuestros novios.
(¡Ya son nuestros novios!).
Porque somos un mundo condenado y errático
que acabará desintegrándose, un mundo raro,
único, distanciado, al que venimos
cumpliendo el nacimiento obligatorio,
cubriéndonos de leyes desde que respiramos.
Quién iba a atreverse, en cambio,
a imponer unas leyes, sus leyes, en la boda única,
en la entrega única.
Desde cuándo los novios piensan en las leyes
y cómo iban a existir policías:
irían besándose por las plazas,
encontrándose en los jardines
en vez de vigilarlos para sorprender a los novios.
Y se disolverían todos los ejércitos:
nos fundiríamos en un abrazo en las trincheras
y huirían despavoridos todos los generales
y las novias correrían a todas las cárceles
a liberar a los presos porque serían sus novios.
¿Y los dominantes,
tantísimos dominantes?
¡Pronto no habría dominantes!
(¡Ni vigilantes!)
¡El aire! ¡El aire!
¡Sólo dominaría el aire
en la boda única!
¡El aire!
En vano gritan desde sus púlpitos que nos unamos,
ridículos y fantasmagóricos todos los púlpitos
(¡púlpitos!)
si no somos los novios del mundo,
si no avanzamos hacia la boda única.
(¡Historia de los monos que se transformaron
en políticos, historia
de los políticos que se transformaron en novios!)
(¡Vivan los novios!)
Mirad cómo los novios
acaban con el espacio y el tiempo
y cómo desaparecerían los poderosos
si no los tuvieran en sus manos.
Y el alma:
si no es una novia
qué es el alma
y qué es mi madre
y mi hermana.
Entregarse, olvidarse,
contener la tragedia entre los besos,
sostener el camino entre los abrazos.
Qué suspiros y qué sonrisas
en las fábricas, en las oficinas,
en las salas de espera, en los autobuses,
cuando todos fuéramos novios.
Y qué apoyo y qué ayuda
pasear solitarios por las noches
en silencio, con nuestros sueños.
Fantasmas, no: ¡sueños!
¿Y los Bancos?
¡Qué cambio! ¡Qué cambio!
¡Los Bancos serían nuestros novios!
¡Las Cajas nuestras novias!
¡Qué cambio!
¡Nuestros hijos
ya nacerían novios!
Y que llegara el cartero y anunciara:
¡Soy el novio cartero!
Y la portera:
¡Soy la novia portera!
Y los bomberos:
¡Somos los novios bomberos!
Y qué escuela, qué escuela
si los maestros fueran novios,
si no hubiera maestros ni maestras.
El mundo
sería una maravillosa casa de citas.
Nos citaríamos continuamente,
iríamos con el teléfono de bolsillo llamándonos
continuamente.
¡Qué hermosa es una cita!
¡Ah, los enamorados! ¡Ah, los novios!
No se preguntan, no cuestionan,
no reciben órdenes y contraórdenes,
no tienen dioses ni amos.
El mundo de los dioses
y de los amos
es el que acabaría
cuando todos nos sintiéramos novios.
Cómo puede sentirse un dios
un novio,
cómo puede creerse un amo.
Cuando creíamos que éramos hermanos,
cuando hablaba san Francisco a las florecillas
vinieron también los lobos.
¡Ah, las florecillas! Qué fácilmente
se transforman en lobos. ¡En colmillos
que nos destrozan!
Qué difícil lo pone el viejo mundo
para que seamos nuevos mundos,
para que seamos novios.
Cuando nacemos
¿no han pensado ya por nosotros?
¿no nos imponen sueños y aventuras?
¿no nos empadronan y clasifican?
Pero los novios
no saben de mundos dirigidos,
de leyes obligatorias, de padres únicos.
(¡Vivan los novios!)
Y sólo habría una fiesta:
el día de los novios.
Y una calle (ah, tormento de tantas calles
llenas de cárceles encubiertas):
el paseo de los novios.
Y el pensamiento volaría.
El pensamiento
sólo vuela en el alma de los novios,
como vuelan las manos y los ojos
(¡ojos claros, serenos!)
y los labios.
Y qué es un pensamiento si no vuela.
¿No es la más lóbrega de las cárceles?
Qué lucha por la libertad es esta
que no lucha por la boda única.
Y vivir abrazados
y morir abrazados.
Qué otra respuesta a la muerte indigna
que morir abrazados.
Organizaríamos viajes continuamente:
de novios, para hacernos novios
de todos los novios del mundo.
Los novios no saben geografía,
ignoran la estadística,
se saltan las aduanas,
hablan un sólo lenguaje.
¡Qué cambios, qué cambios
en las embajadas!
¡Cómo iban a conspirar los novios!
Y nos reiríamos de las banderas
¿o no se ríen de las banderas los novios?
(¡Y de las fronteras,
de todas las fronteras!)
¿Y la tierra? Contemplad la tierra:
¿no es una boda única?
No puedo llamar hermano a nadie
pero sí enamorarme de todo,
sostener la belleza entre mis sueños.
Si existe la belleza
es porque todos somos novios
aunque no lo veamos:
nace en el alma de los novios.
¡Sólo el amor no es ciego!
Hemos construido un mundo de falsos hermanos
y si no vamos a un mundo
en el que todos seamos novios,
decidme: a dónde vamos.
Amigos, viejos amigos míos:
sólo quiero recordar las novias que he tenido,
las cosas que he amado,
el poco amor que he recibido.
No he hecho otra cosa que soñar la boda única,
llorar amargamente por el amor perdido.
Qué puede hacer el poeta sino animaros
a la boda única,
al baile, sobre todas las cosas,
de los sentimientos y de los sentidos,
a soñar el día
en que todos fuéramos novios,
a la conquista de la inocencia...



Vida

(recordando a Pepe Hierro)

¿Es el Todo? ¿Es la Nada? ¿Es Todo y Nada?
¿Son retórica, en fin, la Nada, el Todo?
¿Un sueño? ¿Una locura? ¿Un triste Todo?
¿Una sola y desnuda y pobre Nada?

¿Una transformación del Todo en Nada?
¿Es un mito la Nada? ¿Un juego todo?
¿Y qué es la verdad? ¿Y qué es real? ¿Qué es todo?
Tanto todo ocultando tanta nada.

Tanta filosofía para nada,
«un dios mi vida», «por la patria todo»...
¡Todo! ¡Todo!, exclamamos. ¡Nada! ¡Nada!

¿Y el Poder? ¿El dominio de la Nada?
¿Y vivir? ¿La «política» de todo?
¡Estoy harto! ¡Del Todo y de la Nada!




Fuga de invernadero
(cuento)

Unas cuantas flores
decidieron fugarse del invernadero...
Querían respirar aire libre,
perfumar y adornar como todas las flores...
El invernadero, decían,
es la cárcel de las flores...
—Si salimos del invernadero podremos vivir como flores...
Y una noche,
arrancándose suavemente de sus tiestos,
dejaron el invernadero
y se fueron por el mundo.
Y comenzaron todas las flores
a fugarse de sus encierros
y a descubrir que todo el mundo
era un invernadero.


Poemas de la destrucción
(fragmento)

¿Qué sucedería
si todas las cosas redondas
se volvieran cuadradas
y todas las cosas cuadradas,
redondas?
Si todas las cosas redondas
se volvieran cuadradas,
ay, entonces, del sol,
ay, de nuestras caras,
ay, ay, de los pechos,
ay, de las manzanas;
¡ay, ay, de la tierra
si se volviera cuadrada!
Y
si todas las cosas cuadradas
se volvieran redondas,
¡he aquí convertidos
nosotros en un bola!
Las casas
en sandías rojas,
los libros en mandarinas,
las espadas en roscas,
los barcos, en el mar,
boyas,
y nuestros pies
como pequeñas bolas
de queso y nuestra nariz
un lunar, ¡una mosca!
En cambio, ¡qué sería
de los tambores y de las cacerolas
y de los vientres!
¡Hola! ¡Hola!
¡Todos los vientres cuadrados!,
todos los niños peonzas!
Las calles rectilíneas,
fosas;
el viento,
onda
y los peces (¡son ciegos!)
en monedas sonoras.
¡El reino
de las geometrías locas!
Y los pinos,
plancha de metal su copa.
¿Y todas las ruedas del mundo?:
¡muertas, sino redondas!
¿Y todas las ventanas?
Todas las ventanas, olas
febriles y mareantes
confundiendo las cosas.
Los ojos serían flechas,
se perderían en las sombras;
las flechas serían ojos
y sus niñas, rocas...
¿Y el universo? ¡Ah, el universo!
¿es una plancha?, ¿es una pelota?
Pues bien: hace mucho tiempo,
según nos cuenta la historia,
en un país muy lejano,
todas las cosas redondas
se volvieron cuadradas,
y todas las cosas cuadradas,
redondas...



Me lo creo todo

Yo me lo creo todo,
como hombre bien nacido:
que aquel era mi padre
—quién sabe
quién era su padre—,
que este es mi amigo
—y quién era su amigo—,
que mi madre era mi madre,
que mi hijo es mi hijo
—quién sabe—.
Me lo creo, me lo creo:
que cumplo con el deber
cuando sacrifico
mi tiempo, mi pensar,
mis sentidos
para que a todos nos domine
el orden establecido
—quién sabe
quién lo ha establecido—,
que mi madre me torturaba
por mi bien, que por mi bien
moriré, especie de malditos.
Que éste es una autoridad,
que aquél es un obispo
—qué es un obispo—.
Me lo creo, me lo creo,
me trago
todo el bolo alimenticio.
Aplaudo todas las leyes,
me creo todos los mitos,
que estoy lleno de mierda
y los demás están limpios.
Me creo todas las órdenes,
todos los desatinos,
la historia entera me creo
—la historia
de los asesinos—.
¡Ay, verdad, ay, quién te ve
y quién —ay— te ha visto!
Me lo creo, me lo creo:
decidme lo que queráis
de los griegos, de los ingleses,
de los turcos, de los indios.
Cumplo con el primer deber
de todo bien nacido
en esta especie de monstruos:
engañarme a mí mismo.


Oda a las mujeres que quieren
ser soldados

¡Los cuarteles!
¡Llenad de hijos los cuarteles!
¡Que se mezclen los niños en los desfiles!
¡Que jueguen con las armas y con los artefactos!
¡Que los desmonten y confundan!
¡Que interrumpan
las arengas de los coroneles!
¡Sí, sí, vosotras!
¡Pasad las noches en las garitas de los guardias!
¡Llevaos a la cantina a los alféreces!
¡Multiplicad los altavoces!
¡Al tiro! ¡Bajad al tiro con la merienda
y extended los manteles! ¡Manteles!
¡Manteles!
Y taponad de queso los fusiles
ensayando mil toques nuevos de corneta.
¡Que se vuelvan locos todos los capitanes!
¡Que bailen hasta descoyuntarse los turutas!
¡Tended las ropas en la Sala de Mandos!
¡Desfilad! ¡Desfilad
luciendo vuestros encantos!
¡Eso! ¡Eso! ¡Soldados!
Y luego ¡a los templos! ¡Hay muchos templos!
¡Llenad de criaturas los templos!
¡Que jueguen al escondite por los armarios, por los recovecos!
¡Que se disfracen con los hábitos y con las sábanas!
¡Incienso! ¡Mucho incienso!
¡Id a las procesiones con vuestros platos y cacerolas
y que se extienda por las naves
el olor a huevos fritos y a cordero!
¡La madre del cordero!
¡Ale! ¡Ale!
¡Cumplid la larga marcha hacia los bancos!
¡Confundid todos los códigos!
¡Acelerad los ventiladores!
¡Que vuelen todos los archivos y que se pierdan todos los créditos!
¡Casaos con los banqueros!
¡Con los alcaldes! ¡Con los accionistas!
¡Llenad de vuestras fragancias y de vuestras prendas los
ministerios!
¡Llevaos la calceta al hemiciclo!
¡Ni luz ni taquígrafos!
¿Luz? ¿Taquígrafos?
¡Sí, seres maravillosos que queréis ser soldados!
¡A las escuelas! ¡A las escuelas!
¡Poned patas arriba las geografías y las historias!
¡Las reglas!
¡Seducid a los catedráticos!
¡Al Paraninfo! ¡Al Paraninfo!
¡Y pasead desnudas y revestidas con sus togas!
¡Parid en los Consejos de Ministros!
¡Y en las logias! ¡Y en las Academias!
¡Recibid a vuestras amigas en las Academias!
¡En las Reales Academias!
¡Salvad del orden al mundo!
¡Comenzará un nuevo tiempo
y volveremos a la selva!
¡Y así terminará este ciclo tan antiguo
cuando Eva, esta vez, devuelva al género humano al Paraíso!




Pico a Picaso

Nadie ha picaseado
a Pablo Picaso.

Nadie cortó la pisoca
de Pitaco
ni le cambió los cacasos
ni le endilgó una pipisa
ni le mordió la sacosa
ni el copaco.

Nadie le ha cacapipido
ni machihembrado
ni hincado el pico
ni picoteado.

¡Era el único gallo!
¡El único picotorito!
Y, en cambio, ¡ah, en cambio!:
él convirtió en picaticos
a todos los del cotarro.

Nadie desriñonó
a las niñas de sus ojos,
la madre que los picó.

Nadie citó a Pichatato
y le dijo: ¡Eh, taureau!

¿Por qué si Paco Tipaco
multiplicó nuestros popos,
mezcló las mamas y el cucu,
cortó las pier y los zozos,
nadie ha cortado la piso
de Paco Tipaco!

Las meninas desproporcia,
las señoritas descuarta,
los ojos desenmilila
y desencuba los caba.
¡Hace
lo que le da la gana!
Y nadie ha picamolido
a este pinpín terralaca.

Nadie le picó la cresta,
nadie le rompió la crisma,
nadie encubó su picada.

Pero llegó la picuda
y ahora ya estamos todos
capitos, picatos, papa,
que ya te ha cogido el toto
y ya te pica la Paca.

Ahora te pico yo,
hermano picamañanas,
pablato del corazón
y eterno picamachaca,
arponero de los picos,
ángel de las cornadas.

Siga el munmun que aquí nono
ha picapicaso nada.




Un príncipe

¿Y si un príncipe, en un buen momento,
dijera como el poeta:
mi mundo no es de este reino?

¿Y si exclamara:
nada de dominantes y dominados:
todos compañeros,
todos
asamblearios?

¿Y si su última orden
fuera despojar a los dominantes
de sus uniformes,
dejándoles con una mano
detrás y otra delante?
¿De sus armas? ¿De sus estandartes?

¿Y si
se pusiera a trabajar,
no sé, de mecánico,
de médico, de bombero,
que más da, pero ganándose
el pan con su trabajo?

¿Y si viera
que no es necesario
que nadie represente a nadie?

¿Y si su último acto
fuera firmar el finiquito
de todos los mandatarios,
de todas las sedes dominantes,
de todos los palacios?

¿Y si, eufórico y tranquilo,
clamara a los cuatro vientos:
¡todos a los caballitos!?

Sería el último príncipe
y pasaría a la Historia
como el príncipe más humano.



A la mierda

Mierda, yo te saludo complacido
cuando sales patética y caliente
luego de abandonar en el crujiente
y alimentado cuerpo tu sentido.

Nada, sin tu calor, se ve nacido
ni sin verse en tu espejo es inocente,
mierda, pues nuestro fin es tu presente,
desecho, no, sino vivir cumplido.

Es tu fermento el que transforma en huerta
un universo lleno de intestinos,
danza de lo cocido y de lo crudo,

porque sin ti la tierra es tierra muerta,
solos y muertos todos los caminos.
¡Mierda, madre común, yo te saludo!


Lamento ácrata

¡Ellos
han!
¡Nosotros
hemos!
¡Vosotros
habéis!
¡Tú
has!
¡El
ha!
Pero, yo,
¿eh?



Hermanos

Sois mis hermanos, cosas, animales,
astros, ríos y selvas turbadoras,
hermanos sois, minutos, días, horas,
seres enanos y descomunales.

Hermanas las auroras boreales,
las tormentas, las playas, faunas, floras,
las calladas especies, las cantoras,
los fuegos y las tierras virginales.

Y las cuevas, las lunas y los vientos,
todas las variaciones y aventuras,
el grito hiriente y el rumor lejano.

Todos los infi nitos firmamentos
y todas sus extrañas criaturas.
¡Tú, incluso, hombre terrible, eres mi hermano!



Creo en la poesía y en la mierda

Creo en Pablo Picasso y en Ionesco,
en van Gogh, en Schönberg, en Albert Camús,
en Federico Nietzsche y en Jesús,
no el santo, el libertario, ¡el juglaresco!

En Stirner, el único, el grotesco,
en la peste, en los sueños, en la pus,
en Wagner, en la náusea, en los ubús,
creo en todo lo solo y quijotesco.

Creo en Sade, ¡que Sade desenvaine!,
en Chopin, en Dalí, en la juglaría,
creo en todo el que luche y, al fin, pierda.

En Kafka, en lo mamífero, en Verlaine,
en Chico, en Groucho, en Harpo, en la alegría.
¡Creo en la poesía y en la mierda!



Bomba en la Academia

¡Yo puse aquella bomba en la Academia!
¡Ardía como ardió la vieja Roma!
El fuego terminó con su carcoma
que a toda imagen viva era blasfemia.

Ya no fija ni limpia, esplende o premia
y su vano dominio se desploma.
De sus cenizas vuela una paloma
ebria de libertad y de bohemia.

Monumento a la losa, al privilegio,
a la letra que duerme y que delira,
rata de sueños y prisión del juego.

Destrúyase, por fin, el bodrio regio,
que lo mismo valdrá, oh hermosa pira,
arder ahora o consumirse luego.


El culpable

¿Culpables?
Ya no veo culpables.
Hay víctimas
pero no culpables.
Todo nos condiciona,
nos vive, nos arrastra,
confunde y desordena.
No puedo culpar a nadie.
Pero, a la vez, pobre de mí, qué oigo
desde que yo era un niño
(no nos dejan ser niños):
¡culpable!, ¡culpable!
Todos me acusan,
juzgan y sentencian:
¡culpable!
Y tengo sueños pesadisimos,
un punzante dolor punzante,
un dolor de cabeza inmenso de cabeza.
Mi cuerpo sufre
y mi alma tiembla.
Si no encuentro culpables,
si para mí nadie es culpable
y todos me señalan
y gritan: ¡es culpable!,
¿soy en verdad culpable,
el único culpable,
el culpable?
¿Así que debería acudir a las montañas,
descender por todas las calles,
asomarme a todos los abismos
y gritar con todas mis fuerzas:
«¡culpable!, ¡soy culpable!,
¡el culpable!»?


Ese hombre

SILENCIA
lo que tiene,
lo que siente,
lo que piensa,
bien oculto lo que es
—qué es—
en su apariencia.
Ese hombre
lleva la muerte a cuestas.
Si finges
fingido todo queda.
En ese hombre
quieren que yo crea.



Los pobres

Somos los pobres,
los famélicos pobres,
los mutilados pobres,
los pestilentes pobres,
por todas partes pobres,
los indeseables pobres,
los holgazanes pobres,
los miserables pobres,
los raros, los irritantes
pobres,
pobres de nacimiento,
pobres tirados por las calles,
los harapientos pobres,
los enfermizos,
los marginados,
los calenturientos pobres,
los pobres del puerto,
los contagiosos pobres,
los ciegos, los sordos,
los impotentes pobres,
los ridículos pobres,
carroñeros,
traperos,
inclasificables pobres,
pobres sobre pobres,
pobres vulgares,
pobres fantasmas,
pobres apátridas,
pobres de nadie,
pobres de nada,
pobres bien pobres,
los delirantes pobres,
en los bancos de los parques,
indeseables,
impresentables,
horripilantes pobres,
pobres con pobres,
condenados pobres,
malditos pobres,
tétricos, mugrientos,
polizontes,
polvorientos pobres,
esqueléticos pobres,
cada vez más pobres.
¡Vivan los pobres!



La silla

Entré
y allí tenía la silla,
mi silla.
Nadie iba a sentarse,
nadie iba a ocupa mi puesto.
Cuando te contratan,
si es que te contratan,
va incluida la silla.
Allí te pasas
todo el tiempo, sentado
y bien sentado.
Eso sí, te levantas
de cuando en cuando
(también en las galeras
se levantaban de cuándo en cuándo).
Pero debes volver a ella,
el Ojo te vigila,
muchos ojos alerta.
Debes cumplir
el encargo...
La silla y tú,
eso si que es dialéctica.
Yo soy yo y mi silla,
debió decir Ortega.
Pero Ortega
era una metafísico,
un metasillas:
qué sabía de sillas,
qué sabía de cuerdas
de presos.
No lo parece
pero esa silla
es una silla de ruedas,
es una silla eléctrica:
descargas lentísimas que te anulan,
que te esclavizan sin darte cuenta
(y aunque te des cuenta).
Allí tenía mi silla
y si me fuera de allí
allí a donde fuera
me esperaría una silla.
Para el Sillero
es evidente, es evidente,
que yo soy
la circunstancia de la silla...
La cuestión es tener
unas cuantas sillas
y mantener sentados, bien sentados,
a los que llegan
(La Empresa...).

Y sillas en los teatros,
sillas en las escuelas,
sillas en las iglesias
(esas que se llaman bancos),
sillas en los ateneos,
en las salas de espera
(qué es el mundo
sino una inmensa sala de espera).
Y sillas en las casas,
el alma llena de sillas.
Nacer
es sentarse en la silla
que te encuentras.
Me paso la vida vomitando sillas,
arrojando sillas,
sacando de mis sueños las sillas,
quemando sillas...
¡Hay que quemar todas las sillas!
Y aquí estoy:
en mi silla.


Las hermanitas de los pobres

Qué sería de los pobres
sin las hermanitas de los pobres.
Quién les consolaría,
les salvaría del suicidio,
les haría felices.
Y cuántas hermanitas:
una hermanita para cada pobre...
La hermanita estrella de los cielos,
la hermanita paloma de los parques,
las hermanitas flores de los jardines,
las hermanitas barquitas de los puertos.
Va un pobre,
contempla las barquitas,
y piensa: no soy tan pobre
si puedo contemplar las barquitas...
Las hermanitas fuertes,
la hermanita fiambrera,
las hermanitas tabernas,
¡ah, las hermanitas tabernas de los pobres!
La hermanita tristeza...
La hermanita noche:
quién acoge a los pobres
tan dulcemente como la hermanita noche.
Las hermanitas alucinaciones.
Tengo alucinaciones,
le dice un pobre a otro pobre.
Cuánta compañía hacen las alucinaciones...
La hermanita ciudad
llena de paseos y de árboles
por donde van tranquilos los pobres...
La hermanita libertad
que un día los despierta...
¡Vivan los pobres!



La idea higiénica

¡Qué invento el papel higiénico!
¡Qué benefi cio para la especie!
¡Ah, si no fuera por los inventos!
¡La nuestra
es la especie inventora!
Así
que a ver cuándo inventamos
la idea higiénica,
la idea que elimine
los restos putrefactos de las ideas,
de las ideas indigestas,
estrangulantes,
las heces adheridas
a las células del cerebro,
ideas infecciosas,
pestilentes,
los coágulos
que impiden tener ideas,
que evite sobre todo
las tifoideas,
¡ah las ideas tifoideas!
¡Excrementicias! ¡Intoxicantes!
Hay que procurar la limpieza
no sólo del culo
sino de la cabeza.
Hay que inventar la idea higiénica
que limpie a la especie
de siglos y siglos
de obstrucciones y diarreas,
que pueda pensarse limpiamente.
¡Qué especie tan distinta!
¡Qué invento tan tonificante!
¡Ese sí que será el hombre nuevo
cuando acaben las indigestiones
de las pesadisimas ideas
y podamos tener
las nuestras,
digerir todos los secretos,
sanar todas las mentes enfermas.
¡Inventemos de una vez
la idea higiénica!




La Acracia

«He descubierto tierra»
es el primer verso,
el primer paso
de mi aventura poética
siempre presente en ella.
No podía saber entonces
qué tierra
había descubierto
pero supe enseguida que mi destino
era explorarla, vivirla,
conocerla.
Y así, a medida
que me ha vivido
y la escribo, dando
testimonio de ella,
he sido consciente de su esencia,
de sus caminos, de sus mundos,
de lo lejos o cerca
que estamos estos seres
humanos, nacidos
para llegar a esa tierra,
esa tierra
siempre prometida
pero no siempre auténtica.
Y ha sido magnífica la aventura
porque han ido cayendo
los montajes, los espejismos,
los fantasmas de la Razón,
las absurdas ideas,
avanzando, como todos
los que somos vividos
por la aventura creativa,
dejando testimonio
de cuanto hemos soñado
y vivido.
A lo largo de este proceso
se iba formando un mundo,
un mundo mío,
que ha resultado ser
el que todos tenemos
desde que nacemos hasta que morimos,
y que tantas veces perdemos.
Y que morimos
sin conocerlo.
¿Cuándo termina la aventura?
El día en que contemplas esa tierra
aunque no puedas alcanzarla
pero descubres que es la única
tierra a la que vamos,
lleguemos o no lleguemos.
Esa tierra es la Acracia.
(Como veis
ninguna semejanza
con esas promesas fantasma...)
Hace tiempo
que os vengo hablando de ella.
Inconfundible
con esos espejismos,
con esos reinos
llenos de fronteras, de diferencias,
de sombras,
de holocaustos,
de falsos límites,
de inútiles mandamientos,
de leyes opresoras,
de enloquecidos dominantes...
en donde lo creativo se exilia,
lo sensible, el vernos
como somos.
No es que debamos
vernos compañeros,
¡es que lo somos!
y así lo vemos
en cuanto vivimos libres
nuestro pensar y sentir,
comprendiendo, coordinando
lo que de social, natural e individual
tenemos.
La tierra de las pequeñas asambleas
que ya debiéramos
empezar a construir aquellos
que de algún modo soñamos,
es decir, vemos,
y luchamos por ella.
Porque al tiempo
que la descubrimos,
que la vivimos, que nos vive,
van cayendo los mitos,
van perdiendo
su voz las retóricas,
desmoronándose los escenarios,
palideciendo las liturgias
de los montajes
de los falsos sueños
y así las vidas se liberan
de las ideas, ¡y qué ideas!,
que nos anulan.
Asumir la tragedia y la Belleza,
comprendernos y ayudarnos...
«Mi patria es mi mundo»,
hace tiempo que se dice en nuestra aventura,
«mi familia, la humanidad, la especie».
Ya veremos
qué hacemos con lo diverso
que tanto nos enriquece y confunde
desde esas asambleas,
la nueva estructura
que olvidará
ésta de dominantes y dominados
en la que aún vivimos.
La tierra prometida:
ésa es la tierra que descubrí al comienzo
de mi aventura poética.
La Razón, el dominio
es lo que impide la libertad
de pensar y sentir, la vida
interior, tan prisionera o confundida
y que sin ella, ya lo vemos,
nunca veremos, ni podremos
acercarnos a esa tierra
prometida desde que nacimos,
desde que nuestra especie
dio un salto magnífico
haciendo posible una plenitud
que ninguna otra especie tiene
en sus orígenes, en su aventura.
He descubierto tierra, compañeros,
y éste es el mensaje que ella os envía
a través de mis poemas
y de mis sueños.
Es más: a través
de mis sueños
y de mis poemas.




En un lugar de la Acracia

En un lugar de la Acracia,
de cuyo nombre quiero acordarme,
un Ateneo
de la Barcelona libertaria,
comenzó mi aventura
a ser no sólo poética
sino ácrata.
Siguen conmigo
aquellos compañeros
y todas nuestras andanzas.
Éramos
aprendices asamblearios:
lo que hacíamos
era lo de menos.
Era lo de menos
si acertábamos o no acertábamos,
éramos
de los primeros pobladores
del mundo al que vamos
pues no hay otro destino
para la especie humana
que la Acracia, en donde todos
seamos compañeros.
Éramos compañeros,
ni secretarios generales,
ni órdenes y mandos,
ni dominantes y dominados...
Bueno:
alguno respondía
a su falta de entrenamiento...
¡Ah, si ahora viviera
el ingenioso hidalgo!
¡Cómo entendería
este sueño humano!
No en vano
él se enfrentaba a los dominantes,
a los molinos sacrosantos,
y a los ejércitos,
disfrazados
de fuerzas luchadoras
(por el dominio...).
O sea, en fin: rebaños,
rebaños sacrificados...
El caso
es que con el tiempo
he venido en llamarme
no Lizanote de la Mancha,
así empecé como heredero
de todos los andantes y soñadores,
sino de la Acracia.
Ya sabéis: mi comunismo
poético...
Y es que no hay otro comunismo...
¿El religioso? ¿El político?
¿Los que siguen dividiéndonos
en dominantes y dominados
en mil montajes y cuentos?
¡Ah, qué lugar, qué tiempos!
Ludi, abel y carmina,
paca, paqui (y después la piqui),
ana, fernando,
ramón, luis, albert,
el gorila bodeguero,
y el tentetieso, ¡ah, el tentetieso!
Y ángeles, rosa, gloria,
el greñas y el chaquetas...
¡Y Eulalia! ¡Qué Ateneo!
Y el chordi y el enric
que venía de cuando en cuando...
Antes de que se me ocurriera
(cosas del misticismo libertario...)
aquella manifestación poética
por las Ramblas, ¡cómo olvidarlo!
ya hicimos aquí una parodia
de lo político
y nos disfrazamos,
alquilando los trajes
en una sastrería de teatro
(como si todo lo político
no fuera teatro...)
de obispo, de capitalista
y de militar con mando...
¡Y fuimos a las Ramblas,
dónde, dónde si no...
Y yo, que hacía de obispo
(con la iglesia hemos topado...)
(«Un día en las Ramblas»,
dirían Marx, los hermanos...)
rifé un pollo...
Y decían algunos:
¿pero es de verdad
un obispo?
¡Y bajo palio!
Cuatro libertarias
hacían de monaguillos
con cuatro cañas y una sábana
(el palio es necesario...).
Era algo sobre la otan...
¿La otan? Qué es la otan...
Bueno: a lo que íbamos...
La Acracia no es un sueño.
¡La Acracia es un destino!
Y si un día llegamos
esta especie mamífera,
enloquecida aún por el dominio,
los que la vivan pensarán
en aquellos aprendices
que un día comenzamos
la conquista de la inocencia,
buscando la senda que nos lleve un día
al mundo que soñamos.
En un lugar de la Acracia,
de cuyo nombre quiero acordarme,
un Ateneo
de la Barcelona libertaria...




El Okupa maldito

Es el Okupa maldito.
Hace de nuestro mundo
un mundo perdido,
un mundo prisionero
de sí mismo.
Anula la libertad que habita
en nosotros por haber nacido
mamíferos, mamíferos humanos:
frena nuestro instinto,
cierra sus ventanas,
fija su dominio
en toda nuestra mansión,
impide ver el camino,
hace de la Belleza, lo esencial,
un adorno, un mito,
confunde nuestros sueños,
impone su oficio
de planificador
y ejecutivo,
es ley y juez,
amenaza y castigo
(el señor Bien y el señor Mal
así nacieron de su artificio).
Cómo surge, no sé,
en nuestro destino.
Confunde el sentir
y el pensar, el signo
de nuestro ser conscientes,
sensibles y creativos.
(No es él quien piensa: eso parece.
¡Tejer montajes es su oficio!)
Cierra todas las puertas:
es el Okupa maldito.
Es más: es una diosa,
la diosa de lo vivo:
¡de lo muerto!
Nos envuelve en delirios,
en fantasmas, en sombras,
en nombres de un Olimpo
que pretende reinar sobre nosotros
por los siglos de los siglos.
Eres la locura,
Okupa maldito:
a las pruebas de lo humano
en tu red me remito,
a la estructura que nos obliga
a vivir divididos,
solos, confusos,
unos de otros cautivos,
rodeados de falsos soles,
de falsos destinos.
¡Qué ideas —y cómo— por encima
de las vidas, de su fluido!
¿Sanar? Cómo sanar
si las ventanas no abrimos
del pensar y del sentir
ahogado nuestro grito.
Pero quién eres tú,
Okupa maldito,
quién eres tú, ah, desventura
de una especie que ha salido
del mundo real salvaje
para ahogarse en tus hilos
sin compensar tu fuerza
con la luz de lo creativo.
Qué evolución puede hallar
encerrada en tu Castillo
(Castillo interior, decía,
sin comprender tu maleficio,
la bellísima iluminada
ave, aquella, ésa sí, del paraíso...).
Hace tiempo, hace tiempo
que yo te identifi co
y sé tu nombre, que te denuncio,
que nuestra virtud admiro
de ser compañeros
y únicos
cuando logramos compensar
con nuestra calma tu enloquecido
y desbocado impulso,
Gigante que no molino.
¡Soy Lizanote de la Acracia,
Razón maldita,
Okupa maldito!
Tu fuerza es el impulso,
tu locura el suicidio.
O sanamos de esa locura
o de nada habrá servido
este hermoso sueño
de un mundo real poético,
de una especie única,
de un mundo único.
¡Y lo humano acabará
autodestruido!
La especie heroica,
llevados al sacrificio
de sus vidas tantos seres
inocentes, Okupa maldito.
¿No dejamos la selva?
¡Dejemos de una vez el delirio!
¡A la conquista de la Inocencia!
¡Todos compañeros! ¡Todos únicos!




El Lizanismo

¿El Lizanismo?
En efecto:
todos compañeros y todos únicos
(en nuestros límites reales...).
¿Y el Comunismo?
Pues ya sabéis:
nosotros, nuestros próximos
—dijo el Gran Timonel—
y nuestros enemigos.
¿Y el Cristianismo?
Ah, el Cristianismo...
Los condenados, los malos,
y los buenos, los elegidos...
¿Y el Capitalismo?
Hombre, el Capitalismo...
Los pobres y los ricos.
¿Y el Pragmatismo?
Los ingenuos y los listos.
¿Y el Mafi anismo?
(Sí, sí... el Mafi anismo...):
pues los socios y los padrinos.
¿Y el Fascismo?
Pues Dúceres, Fúreres, Caudillos
y «Papaítos»...
¿Y el Islamismo?
Los iluminados y los sumisos.
¿Y el Budismo?
Sin dios, pero lo mismo.
¿Y el Anarquismo?
El Anarquismo... el Anarquismo...
Los idealistas y los políticos.
¿Y el Nacionalismo?
Nosotros y nuestros ídolos.
¿Y el Socialismo?
Fragmentos, todos, de lo social
pero unos dominados y otros en el Dominio.
¿Y el aristocrático Intelectualismo?
Muchos son los llamados y pocos los escogidos.
¿Y el Canibalismo?
Pues yo me lo como y yo me lo guiso.
¿Y el Racionalismo y el Irracionalismo?
Las trampas en nuestro camino
(entre retóricas, litúrgicas y montajes
y mitos, sobre todo, mitos...).
O sea:
el Lizanismo.
(Bueno, el comunismo poético...)