jueves, 30 de diciembre de 2010

2729.- MAGDALENA BIELSKA


Magdalena Bielska (1980) es una joven poeta de Cracovia (Polonia) que publicó su primer libro, Animales feos, en una de las editoriales de poesía más prestigiosas de Polonia, dirigida por el también poeta Ryszard Krynicki.





Sueño

Miras viejas fotografías y de repente por fin recuerdas:
un verano a la orilla del mar
tirabas grandes cebollas al agua
y los gatos se zambullían y te las traían de vuelta.
Y la tarde, siempre esa misma tarde en el pequeño pueblo
de casas de paredes blanqueadas.
Y el aire, un aire salvaje con olor a sal.
Y el sabor del ruibarbo.
Por fin estás seguro, tranquilo -no he estasdo nunca ahí-
no lo he visto, lo recuerdo.




Un sonido lejano en la noche: un tren en marcha,
(¿cómo sabes que es un mercancías?)
el borboteo de las palomas en el balcón,
el agua hirviendo en la tetera eléctrica de la cocina
en un piso apagado y vacío.
En una oscuridad parduzca, apagamos el miedo,
nos planteamos seriamente
dónde están realmente las vías.
Al atravesar la ciudad en tren o al regresar, siempre,
ves los entresijos de la ciudad,
sólo así era posible mirar
las pálidas espaldas de los edificios, sin polvo,
las partes no transitadas de la plaza del mercado,
las misteriosas bambalinas de la ciudad.
Ahora en las sábanas mojadas oyes el incesante
traqueteo del tren;
lo escuchas porque el cuerpo teme no escuchar.
Y otra vez el mismo sueño; nos deslizamos
tras la catástrofe por una ventana en lo alto
hasta un grava gruesa que nos hiere; vivimos.
Nuestra antigua vida está lejos, lejos.

De Animales feos






Nadar en un mar cálido, ¿fue posible aquel momento?
(entonces pasado por alto)
En una playa fría completamente solo
te adentraste en el agua y pesada,
encarnecidamente, nadaste mara adentro.
¿Seguro que no había nadie? olas, sol, una persona;
pájaros, eso sí:
a lo lejos viste una línea ordenada de gaviotas
con sus siluetas giradas contemplando
algo incomprensible, infinitamente pequeño
o demasiado grande.
Y cuando empezaste ya a sentir aquel temor infantil,
sudoroso, entonces, finalmente, llegaron:
una abuela gorda y su atormentado nieto,
viste cómo nadan: ella de una forma patosa,
con unas infantiles alas hinchables en los brazos,
un gorro de baño amarillo;
él, enfadado, pensando en otras cosas.
Te vas aliviado.
A tus espaldas oyes un sordo murmurar,
las hoscas respuestas del niño.

De Animales feos






En el tranvía

Un muchacho minusválido sonríe al ver a otro
de pie frente a él,
otro normal, guapo, con una cazadora
de sport cara.
Es una sonrisa divertida,
llena de una misteriosa superioridad.

De Animales feos







Primeras horas de una tarde de abril,
voy en el tranvía detrás de una pareja de viejecitos
sólo veo el triángulo dolorido de sus espaldas
encogidos escuchan el acordeón del tranvía
con manos débiles le dan dos zlotys al músico.
El espacio entre ellos se convirtió hace tiempo
en otra cosa, algo mejor –lo veo-
la gente de la calle, de millones de calles,
no es capaz de nada malo
ninguno de ellos será capaz.
Qué suerte, bajamos – nosotros
a pleno sol, con el verde fulgurante de los setos.
Sopla un meridional viento de abril.

Tengo los ojos cegados; lo sé, no entenderé
nada más.

De Animales feos







Una playa blanca, estás tumbada con la cabeza
vuelta hacia el mar, a lo largo de la orilla pasean
algunas personas, ves únicamente el borde
como si el mar ya no estuviera allí desde hace tiempo
y los que pasean recorrieran, a lo largo, una gran nada,
como si unos pocos supervivientes
estuvieran de pie en el borde y escucharan el ruido
de un mar desaparecido hace tiempo
no sustituido por ninguna otra cosa.
Pero ya empiezan a colocar las tumbonas,
los niños corren, cocinan patatas fritas.
El uniforme sonido del mar adormece, suave, reparador.

De Animales feos




POEMAS TRADUCIDOS POR ABEL MURCIA
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[http://altrasluz1.blogspot.com/2009/04/magdalena-bielska-1980.html]







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