lunes, 27 de diciembre de 2010

2686.- MISSAEL DUARTE SOMOZA


Missael Duarte Somoza (Juigalpa, Nicaragüa 1977). Segundo lugar en el concurso de poesía convocado por la biblioteca del Banco Central de Nicaragua en 2001. Fue miembro del Círculo de Lectores de la UCA. Participó en el I Festival Internacional de Poesía de Granada 2005. Organizó junto a otros poetas jóvenes el III Encuentro por el Día Mundial de la poesía 2006. Obtuvo el segundo lugar en los V Juegos Florales de Centroamérica , Panamá y Belice 2006. Ha sido publicado en los suplementos culturales como La prensa Literaria, Nuevo Amanecer Cultural, el semanario 7 Días. Fue publicado en la muestra de poesía Retrato de poeta con joven errante editada por Leteo ediciones.



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http://www.leteoediciones.com/files/3-MissaelDuarte-LiricosInstantesCP.pdf






Lienzos de la otredad



No pronombres yuxtapuestos

Con espinas o laureles
vuelvo al espacio donde descalzo mi ser
donde vuelvo a mí:
sin máscara
sin nombre;
Ajeno a los libros,
a la música,
y en la soledad de mi cama,
olores, sudores, movimientos
tuyos, recuerdo,
de cuando no somos
dos pronombres yuxtapuestos
entre sábanas.






Nocturno sombra

Verde
de largo cuello
sobre la mesa de noche
en la materialidad de los sentidos
Mas cuando la luz alumbra
aparece otro
intangible e inminente a la realidad
pero indiferente a la sucesión del tiempo:
jarrón de sombra
—inmutable forma inmaterial
fuera de la existencia racional del espacio






Nocturno bar

—Tríptico de la soledad—

Otear entre las mesas,
aspirar el vaho de aguardiente
y el perfume de la marihuana
esparciéndose con la música
entre el barullo juvenil de este dulce panal
donde liban estudiantes,
pequeñas y lindas prostitutas...
Erick Aguirre


I
Vacía, sobre la mesa de vidrio,
espera la mano que la hunde
en el olvido, la botella,
figuras de humo,
en extraña desfiguración,
se elevan, con voluntad del azar,
a rumbo incierto.
Y en ángulo oblicuo
ilumina la luz
ícono con boina y estrella.

Manecillas de reloj de pared
marcan la noche
aún inmensa de viernes
en este oráculo urbano moderno
sin dioses o pitonisas
mientras otra botella
mano desvelada la vuelve al olvido:
círculo cotidiano de la existencia.

II

Entre oscuridades de índice y medio
de mano diestra y fémina sedienta
crepita luz con intensidad de siglos,
cuando entrañas de humo se llenan;
En esta noche de soledad cósmica
y vacío universal
que compañía y cervezas
no pueden colmar;
Porque la duda de ella,
que la existencia es un cigarro
sin un más allá del cenicero,
la desgarra en el vacío.

III

La compañera del brindis,
para las manos solitarias,
sepulcro, donde entierran
atormentadas emociones.
Después, ida la mirada de él
frente a la nada absoluta
y el rostro entre curvas de humo
hasta que decapitada la cabeza
sobre la mesa
cuando el amanecer sangra.
`





Nocturno Viernes Santo

Con la tarde calurosa
caminamos por las calles coloniales.
Hemos andado esquinas más esquinas,
avenidas más avenidas.
Hemos visto la carne que arde en la brasa,
la cerveza bajo 0 grados centígrados,
los rostros coloridos de aserrín del Cristo
hechos sobre pavimento y tierra,
la multitud caminando...
Hemos visto el Santo Entierro
caminar sobre los rostros del Cristo,
pies caminando sobre las alfombras,
hemos visto llantas de taxis, camiones
machacar el Cristo.
Hemos visto los rostros vueltos lodo
y la luna llena que alumbra al Cristo crucificado
de un altar
crucificado una vez más
por el afán del uso y el desecho,
por los ojos ciegos a la belleza,
que es la muerte,
...en sandalia la planta pie celeste...
que entró
...por la batiente lámina de reflejo y ráfaga...
del SHOPPING CENTER
del CITI BANK
y el FONDO MONETARIO INTERNACIONAL...








Nocturno Matagalpa

Toda la noche batalló con la noche,
ni vivo ni muerto,
a tientas penetrando en su sustancia,
llenándose hasta el borde de sí mismo.
Estos versos evocaron
otro momento ido
en esta noche con jazz y poesía:
de calles onduladas, noche en plenitud,
ciudad sitiada por montañas,
casas en las alturas,
latas de cervezas en las cunetas,
caminar
y caminar
con silencios o palabras
para contemplar el encanto nocturno de la ciudad,
las palomas en las cornisas,
la danza tímida de los árboles.
Y nosotros ahí por la poesía,
con interrogantes en los ojos,
las manos dentro de los bolsillos,
bajo las milenarias constelaciones,
los mapas celestiales.
Y yo queriendo ir al borde de tu nombre,
al final de tu historia
más allá de tus palabras
que no dicen nada de vos.
Caminar
o pausa
—¿reencontrados? ¿por la poesía
o el azar o la causalidad?
—No lo sabemos.
Pero caminamos con sombras, silencios,
figuras inciertas,
pasos ebrios, besos de esquinas,
y la noche,
muestra, revela,
el otro ser de la ciudad.









Nocturno San Salvador

Indiferente es para mí por donde
empiece, pues allá retornaré de nuevo.
Parménides
Pero la ciudad vuelve y destaca la evidencia
de que todo es una cárcel, de que no hay salida.
Y yo vuelvo al poema
a la emoción
al silencio nocturno
que desvela otros planos de la realidad.
Vuelvo al tiempo
que era, que es, que será,
regreso a los signos olvidados,
al laberinto de palabras,
al silencio de la página inconclusa.

Vuelvo a esas calles
donde los ecos de la sangre gritan,
donde las lágrimas escapan
a la sucesión racional del tiempo,
vuelvo a ese tiempo
que vive, dice, entre edificios modernos,
centros comerciales,
zona rosa abigarrada de discotecas y bares,
la otra historia.
Vuelvo a esta tierra,
que ahora es el parque de Las Rosas,
visitado por miles de turistas,
que sintió
el calor de la sangre de Ellacuría,
Joaquín, Amando, Juan Ramón,
Ignacio Martín, Segundo Montes,
vuelvo al llorar interminable de Julia Ramos y su hija Celina.
Desde el vidrio del vehículo
las casas de la colonia Escalón
¿serán iguales a la de aquellos años
o las habrán remodelado para olvidar el pasado?
¿y el Sheraton? Me pregunto,
lo busco contra la velocidad del taxi
en este recorrido
con noche de lluvia y silencio.
Y ahora en este parque de Izalco
(que en 1932 fue patíbulo colectivo
de incontables indígenas
que por orden del general les dieron muerte)
nos reciben los indígenas
que la bienvenida con flores nos dan
pero me alejo del festejo
y camino sin rumbo alguno
entre el laberinto de aplausos, voces, cohetes.
Todo queda atrás,
como el tiempo de los aplausos...,
y llegué a un espacio del parque
donde era otro tiempo
que más que tiempo
era dolor, tristeza, miedo:
luto perpetuo sutil
aquello que sentí.
Volví a los aplausos y los versos
pero yo leía en mi mente
otros versos
Enredo circular:
todos hemos sido,
en el Gran Teatro del Inmundo,
jueces, verdugos, víctimas, testigos,
todos
hemos levantado falso testimonio
contra los otros
y contra nosotros mismos.
Y vuelvo al final
que es el principio:
TAZUMAL
pirámide más que de piedra
de tiempo
tus estructuras sobre puestas son tiempo:
tiempo sobre tiempo
donde sentí que nada fluye
donde sentí que todo es.
Pero la ciudad vuelve y destaca la evidencia
de que todo es una cárcel, de que no hay salida...







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