miércoles, 14 de diciembre de 2011

5378.- SALVADOR BÉCQUER PUIG


Salvador Bécquer Puig (Montevideo, Uruguay, 9 de enero de 1939 - 3 de marzo de 2009) fue un poeta y periodista uruguayo.

Entre 1967 y 1968 se desempeñó como crítico literario del semanario Marcha.1 2 Asimismo ofició de corresponsal de las agencias de noticias Reuters entre 1976 y 1982 y ANSA entre 1982 hasta 2004.1 2 Entre 1974 y 1985 integró el equipo de CX 30 La Radio, fue su voz institucional, condujo programas periodísticos, y animó a un equipo de profesionales que resistieron contra la dictadura cívico-militar uruguaya desde su trabajo diario.
En 1987 participó del Congreso de Escritores Iberoamericanos realizado en Israel.1
Como poeta recibió distintos galardones, entre los que se cuentan el "Premio Bartolomé Hidalgo" en 1993,3 por el libro "Si tuviera que apostar", y el "Premio Juan José Morosoli" en el año 2000,3 por su obra literaria.2 En el año 2001 recibió el primer premio de Poesía en la categoría “inéditos” otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura por su libro "Falso testimonio".1 2
Varios de sus poemas han sido incluidos en antologías publicadas en países como España, Francia, Brasil y Canadá.1
Fue amigo entrañable del cantautor Alfredo Zitarrosa, con quien compartió los estudios de CX 14 El Espectador en la segunda mitad de los años 60, ambos locutores e informativistas.

Bibliografía
La luz entre nosotros (Alfa. 1963)
Apalabrar (Arca. 1980)
Lugar a dudas (Arca. 1984)
Si tuviera que apostar (1992)
Por así decirlo (Cal y canto. 2000)
En un lugar o en otro (Cal y canto. 2003)
Escritorio (2006)











CUALQUIER DÍA DE ESTOS

Por lo que sé, la noche
refiere a muchas cosas,
entre otras, la vida familiar,
la consabida soledad,
el sabor de las ciruelas,
el agua simple,
farándula privada con el cielo,
los textos ya sabidos
pero igual repasados,
el cándido aprender del ala
de los pájaros.
Sépase que el día también habla
pero no dice nada.

Eso está en nuestras manos.











MUERTE DRIBLEADA

(a Eduardo Darnauchans)

Toda la muerte cerca a un
niño, que le hace una finta,
se le escapa, la descoloca.
No suelta la pelota.

No me compliques la vida,
dice la muerte.
Y el niño se le ríe en la cara.













NEGOCIOS

Mi negocio es la vida.
La muerte sólo pasa la factura.
Algunos entendidos aseguran
que hay algo mís:
la herencia de la muerte.

Para mí "contradigo" el negocio
es mirar unas gaviotas, ponerle nombre
a cada una de ellas y,
como digo gaviotas,
puedo decir el aire en que planean,
cada aleteo del viento.
Es cierto que, cuando los nombres
diversos del aire pasan a ser silencio
o noche, las gaviotas se van,
son simplemente ideas,
vuelos imaginados, alas
que no se ven, negocios extraviados.

Los asesores de confianza,
expertos, sin embargo,
creen firmemente en su
particular nombre de pila,
acaso más que en Dios.
Cuando oyen ese nombre
se dan vuelta en la calle
como cualquier mortal o como
si fueran un vecino de tantos,
pero no saben bien qué diferencia hay
entre una bandada de gaviotas y el nombre
"escondido" de cada una de ellas.

Este es sólo un ejemplo de negocios.
Hay otros y muy prósperos.

La idea del negocio
es el comienzo de la vida
que tiene, entre otras cosas,
una descomunal plusvalía de risas.











TANGO INFINITO

Volverás
Hoy fue la noche quien lo dijo
Hoy la noche cayó del caballete
y la ventana entró pintando
lunas azules en mi cuarto

Volverás
Aunque
la noche mienta
Porque
la noche inventa.











Llamadas

Este poema quiere nacer
Como el candombe:
De las palmas de las manos

Así:

En un cerrar de ojos
Ver
Las manos por dentro
(Oír
O dejar ir
Las manos por fuera)
En un abrir y cerrar de ojos

Así:

Viene el mundo girando
Por tambores
Viene el tiempo
Girando por tambores
Los que estamos aquí
Los que no estamos
Todos estamos en el son del tiempo
Girando por tambores

Así:

Soy tu llamada
Fuego verde y azul y
Llamarada que anuncia
La presencia de todas
Las caras
La presencia de todos
Los tambores

Así:

En un abrir y cerrar de ojos
Que anuncian llamaradas
Llamadas
Llamaradas

Del libro “Apalabrar”, Montevideo, 1980.










Una carta al exilio

Escucho una casete
(debo
interrumpir lo que escribo
para poder oírla).
Interferencia de tiempos
amigos.

La vida es violenta:
ustedes lejos
piden respuesta a sueños personales
que dejaron de ser una pregunta aquí.

Aquí hay otras preguntas.
Yo trato de soñar una respuesta
que sea real
y ahora que veo mis palabras escritas
parecen más irreales
que las que oigo.

Escribir y oír al mismo tiempo:
Una mezcla de pez sobre la arena
y voces bajo el agua.

Pero igual:
esta carta
corre pareja con las nubes
que aquí en el sur
quieren tapar el día
viernes, en que les escribo
sacando de la manga
mi condición de no ser mago.

Volveremos a vernos:
No les pido respuesta
a ningún sueño personal.
Tengo miedo de que cualquier pregunta
haya dejado ya de ser
una pregunta allí:

Volveremos a vernos.

Del libro “Lugar a dudas”, Montevideo, 1984.










A.Z.

Voz saturada
de negro,
voz de oscuro
presagio,
salida de una cara
alunada
de chiquilín trampeado.

Desaparecido / encontrado.

Trampeado.

Intensos, tercos malestares:
tenue alivio del cante
jondo de la milonga,
toda su música.

Tenías (tengo ahora)
dos pocos años más
de los que, cuando jóvenes,
calculábamos dignos de vivir.
Aunque también imagináramos
una aceptable vejez
de andar por personales,
ínclitas bibliotecas.

1960:
tiempos de gran pensar
y de pensión:
la calle Yaguarón 1021.

Cante parido entonces,
pero expandido, ido
luego por esos mundos,
graderías
de extensiones heladas.

Cante crecido junto
al resplandor oscuro de su voz,
cante amarrado al grave
recinto de su voz.

Voz que venía
de más allá,
de adonde ahora calla,
pero crece.

Del libro “Si tuviera que apostar”, Montevideo, 1992.










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