viernes, 23 de diciembre de 2011

5527.- ROQUE VALLEJOS








ROQUE VALLEJOS
Nació en 1943 en Asunción (Paraguay). Su ficha personal dice: Periodista, poeta, crítico, médico.


Forma parte de la llamada "promoción de 1960", con Francisco Pérez Mariecevich, Esteban Cabañas y Miguel A. Fernández: "Poetas urgidos por una misma ansiedad y un mensaje unívoco: el de un mundo ent rizas que cada uno de ellos trata de salvar reconstruyéndolo con la palabra, enfrentándolo con un temple distinto, en un ámbito diverso de la imaginación o de la sensibilidad, pero con una equivalente desesperada sinceridad".


Aparte de sus ensayos, ha publicado Pulso de sombra, Los arcángeles ebrios y Poemas del Apocalipsis. En ellos Josefina Plá ve que "Vallejos ha creado una poesía desnuda penetrada por un lívido rasgo al sesgo; como en los cuadros de los "tenebrosi" es notable la ausencia en ella de palabras que aludan a la claridad, a la luz, a la compañía de las cosas; su claridad es siempre una claridad sin memoria, opaco, renunciante. Poesía engañosamente desnuda, con una inabarcable desnudez abismal. Asida como el trago de muerte a que alude en uno de sus poemas".








POEMA 12


I


Todos velábamos a Dios
aquella noche,
como a un muerto gigante,
ahogado en nosotros.
La tierra se ahuecaba
para sorber la vida
mientras un cielo ausente
nos volvía la espalda.


II


Toda una inmensa noche
nos trepaba los huesos,
llovíamos callados
sobre nosotros mismos,
la nada nos lamía
tibiamente las sienes,
era baldío el tiempo
que nos soplaba adentro.


III


Como a madera vieja
nos digerían insectos,
el hombre era una jaula
abierta
para adentro,
nos poblaban arcángeles
extrañamente
ebrios,
muertos insomnes éramos
de pie bajo la tierra.


IV


Fermentaba ya el Verbo
en las entrañas, y en las oleadas
nos llegaba su vacío,
átomo ausente
cayéndonos de abajo,
sombra desperazada
en vez de sangre


V


Piel subterránea.
Latido volteado.
Eternidad de nuevo
bautizada.
Cielo crucificado
en vez del hombre.
Infierno inaugurado
en vez de nada.














POEMA


A Franciso y Ricardo Mardones


En polvo que rodando
se hará hombre
para iniciar de nuevo
su jornada
sin nacer otra vez,
rumbo a otro cielo,
desde su alta mar de ceniza.


Extraña fundación, parto vacío, resucitado
sueño de la arcilla. Dios
consumido por el triste oficio
e ser la llama de su propia hoguera.












PARÁBOLA DE LA RESURRECCIÓN


A la llorada memoria de mi tío Livio
Pérez Garay, guía y maestro.




Se ha apurado la sangre
inútilmente
desde el vacío cáliz de la carne,
se han sorteado en vano
las entrañas del hombre,
como vampiro inmenso
el cielo abre sus alas,
la tierra se desdobla
en dos maderos anchos.


Ya ha consumido el sol
su propio fuego, como un licor
para embriagar al mundo,
y en el opaco alero de su sombra
sólo el lampo del hombre.


Como un turbión de nubes
se despeña, la figura de Dios
sobre el abismo,
mientras su luz rebota
desde el fondo
como espuma hasta el hombre.


Y se ha rasgado en dos
el velo de la muerte
en la hora novena,
y se ha borrado
el límite del tiempo,
mientras la cruz vacía
se yergue sobre el mundo
el hombre se reencarna
en la madera,
y fosforece.












TESTIMONIO


(Fragmento)


Y los cuatro jinetes
llegaron a mi pueblo
preñando con sus potros
la matriz de la tierra,
una tormenta roja
los escupió del cielo
y les quebró las alas
de vampiros sedientos.












POEMA


A Betti


Yo no quiero la paz,
quiero la aurora,
el crepitar de fuego
que me encienda
como pequeño sol
o luna calcinada,
desde la piel
al hueso,
desde la tierra
al cielo.


Pira de fuego blanco
y sin cenizas,
holocausto de pájaros
dormidos,
roja tortura
de una sangre abierta
para besar las
grietas de otra herida.








POEMA


A Francisco y Ricardo
Mardone Restat


El polvo que rodando
se hará hombre
para iniciar de nuevo
su jornada
sin nacer otra vez,
rumbo a otro cielo,
desde su alta marea de ceniza.


Extraña fundación,
parto vacío, resucitado
sueño de la arcilla. Dios
consumido por el triste oficio
de ser la llama de su propia hoguera.












POEMA DEL APOCALIPSIS


Yo los he visto resucitar
Y ser la luna,
Y alumbrar con sus ojos
Desde lejos,
Las alas las tenían
Combadas por el viento,
Y la piel más desnuda
Y arriada que nunca.


Sus huesos parecían
Un rosario de fuego,
Como lava filtraba
La sangre de sus venas,
Galopaban inmensos
Caballos amarillos,
El cielo era un circo
De nubes desbocadas.


Las bocas derretidas
Se negaban al beso,
Sin corazón los hombres
Parecían ausentes,
El musgo les servía
De oscura cabellera,
Y emergían serpientes
De sus poros baldíos.


Antorchas apagadas
Derretían la tierra,
La fiebre coagulaba
El agua de los mares,
Animales heráldicos
Trepaban los abismos,
Colgaba de las nubes
El hedor de la carne.


El tiempo era una flor
De postigos cerrados,
La muerte un fruto ácido
En el vientre del ser.
El infierno soplaba
Con su lengua tridente
Y un tatuaje dejaba
La pezuña de Dios.


La multitud seguía
Su féretro gigante,
Con el luto adherido
Como costra a su piel.
Era una mascarada
Donde los querubines
Sin mirada en los ojos
Vieron morir a Dios.












POEMA


Y no habrá sol
ni ojos que nos miren,
ni habrá mar
ni tierra
que nos traguen,
flotaremos callados
con las velas rasgadas,
sin rosa de los vientos,
ni marea en la sangre.


Y no llegaremos
nunca
a puerto alguno
ni anclarán nuestros
pies,
en piedra o nube,
se gastarán las alas
batidas como remos
y zarpará la nada
hasta nuestro naufragio.










Roque Vallejos, un poeta esencial
Por Delfina Acosta


Roque Vallejos es una figura capital dentro de la poesía paraguaya. Sobre todo porque su lenguaje abre una nueva vertiente y porque conjuga la intimidad del ser y la nada a través de metáforas incandescentes.


Roque Vallejos estudió en el colegio San José junto a su hermano mayor; era hijo y sobrino de figuras importantes de la época, médicos y abogados renombrados como eran los Pérez Garay; su madre fue una ilustre conocedora de la ciencia y de la literatura; realizó varios estudios en la ciudad de Buenos Aires. Era la nieta del célebre Blas Garay.


Vallejos realizó sus estudios de medicina en la Universidad de Ciencias Médicas de Montevideo. Se especializó en Psiquiatría.


Y fue su acabado conocimiento de la psiquis lo que permitió entrar en los terrenos densos y poblados de tensiones espirituales de los poetas para hacer no solamente una semblanza literaria, sino también una reseña sicológica de las obras de los vates.


Su poesía es desgarradora.


Ella se alimenta del cosmos y de la condición del ser y de las difíciles circunstancias humanas.


Publicó varios poemarios. A mí, particularmente, me gusta aquel que lleva por título Los arcángeles ebrios.
Libros suyos son los siguientes: Poemas del apocalipsis (1964), Los labios del silencio (1986), Tiempo baldío (1988). Intelectual de raza, hizo dos antologías literarias en las que explora el universo literario del Paraguay.


Gabriela Mistral había admirado su palabra poética.


En sus poemas se ubica la esencia del hombre de nuestro tiempo.


El silencio permanente de Dios, los interrogantes que se abren cuando el ser humano viene al mundo, la pasión, en suma, por el verso, marcaron acentuadamente la labor de la poesía en la pluma de uno de los mejores vates del Paraguay.


POEMA


En polvo que rodando
se hará hombre
para iniciar de nuevo
su jornada
sin nacer otra vez,
rumbo a otro cielo
desde su alta mar de ceniza.


Extraña fundación, parto
vacío, resucitado
sueño de la arcilla. Dios
consumido por el triste oficio
de ser la llama de su propia hoguera.





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