sábado, 24 de diciembre de 2011

5537.- FERNANDO BINVIGNAT



Fernando Binvignat
Fernando Binvignat Marín (1903, Coquimbo, Chile - 1977, Coquimbo, Chile) era un profesor de castellano y poeta chileno.
Se desempeñó como profesor de castellano en diversos establecimientos de La Serena y Coquimbo. Designado Miembro de Número de la Academia de la Lengua. Premio Regional de Literatura del Círculo Literario Carlos Mondaca Cortés (1975). Falleció en Coquimbo en 1977.1


Obras
Canto humilde, poesía, 1922
Elegía, poesía, 1924
La luna de oro, poesía, 1926
Ciudad de bronce, poesía, 1930
Cántaro, poesía, 1934
Calle de la Merced, poesía, 1940
Versos de amor, poesía, 1953
Madrigal de palomas, poesía, 1964
El príncipe feliz, poesía, (versificación de la obra de Oscar Wilde), 1965
















La ola


La ola de otra ola paralela,
rueda enhebrando su hialino encaje;
y el fugaz azahar de su ramaje
es un eterno juego de acuarela.


Y entre la flor inmarchitable riela
una canción de celestial linaje,
una canción de proa en el soñar del viaje,
canción de remos de dorada estela.


Abre la playa su bruñido lecho
de la luciente arena agradecida,
como quien a la muerte se abre el pecho.


Y huye la ola por la tarde herida
cual la ventisca de un jazmín deshecho,
como el pañuelo de la despedida.














La muerte de la paloma


Una paloma se murió, ¡Dios mio!
Como una rosa yace sobre el prado.
Por ella el día amaneció nublado
y está llorando de dolor y frío.


Tiene el coral del corazón vacío.
La vena de su arrullo se ha secado
y en su plumaje de fulgor nevado
el cielo se desangra de rocío.


La hierba se le ofrece en verde cuna
para que duerma su quietud de luna
y el jazminero le dará su aroma,


a fin de que hecha flor en Dios despierte
y se olvide del trance de su muerte,
de su temprana muerte de paloma.












La inmensidad del cielo se ha dormido en mi frente
y al nombrarlo ya mi labio comienza a temblar
¡Oh imposible hecho carne, susceptible y doliente,
alas rotas sin vuelo, por un amor ardiente
seréis agua en las aguas más amargas del mar!


DE “Canto Humilde”

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