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jueves, 23 de octubre de 2014

JEAN PIERRE BONNEFONT BELLOLIO [13.816]


Jean Pierre Bonnefont Bellolio

Nació en 1976 en Concepción, Chile. Trasladado a Santiago en 1980, terminó su educación media en el Liceo Alemán y en 1994 ingresó a la carrera de sicología de la Universidad Católica de Chile. En 1992 figura en el libro Temporada Cultural que incluye a ganadores del concurso nacional
de poesía organizado por la Sociedad de Escritores de Chile (SECH) filial Concepción, y el Hotel Araucano. Desde 1994 participa en lm Taller de Poesía personalizado con Miguel Arteche, poeta y Premio Nacional de Literatura que le prologa un primer libro, La Edad del Sol, Ediciones Rumbo, 1994.



Te quiero cerca
(Poesía) 


TE QUIERO CERCA

Te quiero cerca
pues he vivido tu inexsistencia,
capturado tu partida.

Es porque ya
has vuelto la mirada
ida,
en ruinas originada.




EMPIEZA ESTO EN EL FINAL

¿Cómo ser otro y explicarte cómo soy
en el fondo, y al mismo tiempo
entregarte en una caja eterna un beso?

Trascender este cuerpo, también
esta dimensión respiratoria,
donde tú eres tú y yo soy yo.

Quiero ser tú y amar
en tú lengua-je.

Eso en el comienzo.

Ahora
¿cómo retroceder si tus latidos avanzan?
¿te vas?

¿cómo sellar tu silueta inmensa
en el lienzo que empapaste
como agua en el agua?

Empieza esto en el final.




OCASO

¿Dónde vamos a anidar cuando este otoño acabe?
¿Y cuándo acabará este peso de noche?

¿Dónde iremos cuando la vida ya no continúe,
cuando creamos ver la muerte?
¿Dónde anidar el frío de las manos separadas?

¿Acabaremos de vivir el vértigo, la cabeza roída
de tanto pensamiento, como osamenta hecha polvo?
¿Vivirá también el gusano
para podrirme y acabarme de una vez
-estúpido deseo inmortal-
y para decirme la nada que debo decir, que será vómito?

El agua pasa y pasa.

¿Podremos mirar el ocaso,
cuando debamos anidar para siempre?





LO NUESTRO

Mi felicidad quedó atrapada allí donde lo nuestro jamás sucedió. 
Lástima habernos separado antes de conocernos, antes que llegase la caricia. 
Lástima no habernos amado como personajes lluviosos en estaciones de tren, 
sus manos alejándose y sin cesar el tiempo. 
Quizá no haber dicho lo que no se lleva el viento; haber sostenido ese beso atemorizado. Quizá apostar en favor de lo desconocido, dejar en automático pilotos y destinos.

Curioso. Acordamos en lo escrito, el anonimato y un mismo silencio; 
tras bambalinas recitábamos idéntico monólogo. Y fue igual también 
el invierno padecido. Y a destiempo se abrieron nuestros ojos. Y quedamos vertidos en arrepentimiento. Fuerte el asunto, hablábamos en serio, creo.

Ahora nos existen tres poemas y una carta. La nuestra es historia de fantasmas. 
De todo lo que no tuvo lugar, ni tiempo. Tanto deseo, tanto calor ahogado. 
Tu sola imagen era tan fuerte como la opresión de las sábanas una mañana de invierno.
Era un peligro nuestra estancia fuera de la palabra. 
Nos dolía la piel sin tocarnos siquiera. ¿Había manera de aliarnos 
sin reventarnos al mismo tiempo?

Dijiste "Se ha erizado mi cuerpo y te salgo a buscar donde nunca estuviste conmigo 
¿te acuerdas? Ahora es tu refugio esa calle donde jamás caminamos juntos 
y me acuesto en otras camas por si acaso.
Voy a estallar, te lo advierto, y que Dios te pille confesado."

Tal vez tú también escribes esta historia. Desde Brasil, ya vas para los 40, 
te ves más feliz, el clima te acompaña, ondulas aún tu pelo de pantera,
y te preguntas si alguna vez fuimos presa el uno del otro.

Figuramos como mito en cuatro o cinco páginas escritas. La memoria 
nos va distorsionando. Lo nuestro era imposible. Intentar lo nuestro 
era pura soledad.




CONSUELO

Sujétate de mí, desabrocha con cuidado mis ropas, tócame, 
préndeme, pero despacio porque estoy
herido.
Y si me tienes desnudo te ofreceré el cuello.
Abusa de la oscuridad, susúrrame con la lengua,
has que pierda el sentido y ámame por un segundo;
que con ese segundo viviré más.
Perdona mi silencio, comprende mi estatua;
rómpela, recoge los pedazos y moldéame desnudo,
siempre desnudo.
Pero con ternura porque aún estoy herido.
Hunde tus manos en mi pecho como si fuera
un pozo antiguo, y extrae el agua
y el fuego que gimen despacio.
Hazlo tú, por favor,
yo ya no puedo.


CARLOS BAIER [13.815]


Carlos Baier 

(Rancagua, CHILE  1971)

Nació en la ciudad de Rancagua el 13 de Noviembre de 1971, donde cursó casi toda su enseñanza básica y media en el Instituto O´higgins de los Hermanos Maristas. En 1991 ingresa a estudiar periodismo en la Universidad Nacional Andres Bello. En 1992, recibe la Beca Fundación Pablo Neruda para participar en su taller de poesía anual. En 1997, recibe también la beca Talleres José Donoso a cargo de la Biblioteca Nacional. Es co-autor junto a Cristián Basso, de la antología de poesía, 22 voces de la novissima poesía chilena (Ed. Tiempo Nuevo, 1994). Figura en diversas antologías nacionales.




Yo sé que hable contigo en lo oscuro

Yo sé que hablé contigo en lo oscuro
Que te llamé en la oscuridad
Cuando todo era principio tan sólo iniciación
Cuando todo era también el final de los tiempos
Yo sé que hablé contigo en lo oscuro
Yo sé que te hice verbo
Cuando la luz era sólo de los condenados
Temblados desnudos en el piso de los mataderos
Cuando fui el verbo que te habló
Te hizo mariposa o águila o cuervo
Hablé en el murmullo que hay en lo oscuro
Toqué tus labios gruesos con dos lenguas saladas
Fui palpando tu cuerpo en lo oscuro con una hoja de olivo
Que no es de este mundo
Yo sé que hablé contigo en lo oscuro.





Perdí mis dos manos escribiendo 
poesía para ti mujer

Perdí mis dos manos escribiendo poesía,
para ti, mujer; manco,
cojo de arriba; las he perdido las dos
en el aire,
izquierda y derecha
en lo oscuro. Se me fueron a las nubes, y más arriba todavía
en el intento se me fueron las dos manos a la cresta; las
mandé de un solo
tajo, arriba del Globo.
Perdí mis dos manos escribiendo por ti diez poemas a
la vez que no valían
ni 1$,
femme delgada, y
oscura:leona:pantera loca, y
todo para qué: botado a la semana; excusa
y más excusa: mal parida,
te bastaron sólo 7
para dejar botado a este chileno enamorado hasta las
patas de tus ojos redondos como el horizonte; la cuestión
es que las perdí de hambre, de desaparición: se volaron:
se arrugaron: se recogieron mis manos sudorosas
que escribieron en tu cuerpo toda la luz.
Arriba del mundo se abrieron de pronto
señalándote con el dedo
Índice.




El secreto

Un punto aparte en la línea de la vida. La Belleza
completa con la Nada, con un signo que ilumina los
vacíos,
hasta abrir

la Vista.






Sangría

Broto, broto, broto, broto

como una flecha
saliendo por el mundo.



VIAJE CON MICHELLE EN LA LETRA O

Creaturas metafísicas somos, Michelle.
Nuestras bocas giran como las luces de un estadio de fútbol
vacío, en un largo viaje hacia no sé dónde. Anímalos
somos, fuego somos, Michelle,
suave creatura intangibles. Y ni el ser
tiene esencia con nosotros ni ropero tiene
fémina mía, inmateriales de lo más
besando lo nocturno en las mareas. Nos pusieron cuerpos
de mujer y de hombre, silueta que nos son ajenas, Michelle;
y lo que no existe nos existe ante nosotros; La nave
nos espera; el viaje donde tanta belleza, nos espera. Águila,
potros libres que corren
fiera mía,
entrándonos en silencio
al universo. Oxípala y mágica hija de Gamínedes,
olorosa y ondulada, oscilante en la O del Oeste
donde nos amamos, Michelle, calle Echaurren N° 560,
abriendo entre la lluvia nuestro libro de astros
que nadie conoce y que nos lleva
a donde van
abandonándose espléndidas
las ciudades.




CUÁNTAS MUJERES HAY EN TI ROSARIO

Cuántas mujeres hay en ti, Rosario,
cuántas en una ola que van y vienen,
que soplan el aire eterno de su cuerpo,
esas que van saliendo como alcoholes
o sangre, mil veces en ti como águilas
de mi cuerpo a los planetas.
Van reventando millones en mi pecho, abriéndolo
ellas las que aguantan el aliento,
se manchan el vestido conmigo de ese modo sin hablar
una palabra, encendiendo el último cigarro
a las 03:45 horas de la noche, en mí,
llevándose para siempre mi hermosa juventud.
Cuántas mujeres van saliendo de ti Rosario,
cuántos rostros, cuántas bocas que voy oliendo,
cuántos, cuántos cuerpos repartidos por el mundo
en rosas y en peligro, cuántas mujeres son
que me están mirando y no conozco
y que aún sin saber su nombre las llamo siempre; -Rosario.





ÓSCAR SEPÚLVEDA [13.814]



Óscar Sepúlveda

Nació en San Carlos en 1878, y ya a los veinte años era colaborador asiduo del diario La Tarde. Contribuyó igualmente con producciones poéticas a Pluma, Lápiz, de Marcial Cabrera Guerra, y en 1904 anunciaba en esta revista la próxima publicación del libro titulado Cantos del Paraiso, en que intentaba recoger sus primeros versos. No pudo hacerlo porque la vida periodística y bohemia que llevaba le fue alejando de los centros adecuados para la impresión de libros. Trasladado al norte, fue redactor de La Patria y El Nacional de Iquique y de El lndustrial de Antofagasta.
Escribió varias piezas teatrales, entre las cuales se recuerdan La máscara,
Macul, Amor plebeyo, Salitre y yodo, Diablos azules, y otras más. Estrenadas en diversos sitios, estas piezas se han perdido y de ellas no queda por el momento otra cosa que la mención en los diarios que dieron cuenta de los respectivos estrenos.

Víctima de un atentado criminal contra su vida, falleció en el Hospital del Salvador, de Antofagasta, el 22 de mayo de 1910.



COPOS DE NIEVE

Lágrimas de los astros desprendidas,
blancas flores del aire, nieves puras;
corona de realeza en las alturas
y en las serenas sienes bendecidas;

páginas en los aires esparcidas,
llenas de simbolistas escrituras:
epitafios en hoscas sepulturas 
y en cunas, rosas del candor nacidas;

emblemas santos de inmortal pureza,
besad con vuestros besos de terneza,
la alba frente de luz y poesía,

las manos de la virgen inocente,
¡mas no ¡por Dios!, su corazón ardiente
ensueño, vida y esperanza mía!




SIEMPRE

¡Cuánto tiempo, cuánto día.
largo y triste, vida mía,
que yo anhelo
ver la santa poesía,
ver el cielo
de tu rostro, cuyo hechizo
es perdido paraíso
que en mi ardiente devaneo
ver deseo
cada día más y más! ...
¡Cuánto tiempo! ¡Cuánto día,
vida mía!
¿Dónde estás? ...

¡Cómo sufro! ¡Cuán amargo
es el tiempo triste y largo
de tu ausencia
que me cubre de letargo!
¡Cuál devora
mi existencia
esa ausencia
matadora!
¡Desfallece
mi alma en hondo desconsuelo,
pero crece
mi desvelo
más y más!
¡Si supieras! ¡Te has marchado!
¿no sabías que te amaba
mi alma toda tuya esclava?
¿Te has marchado? ¿La has dejado?
¿Eras ángel y tu vuelo
ya tal vez alzaste al cielo? ...
Yo me ofusco.
¡Tanto tiempo! ¡Tanto día que te busco! ...
¿Dónde estás? ..

¡Vuelve! Dame
un instante, tan siquiera
yo te vea, yo te ame ...
y después... , amando, muera
del eterno amor que encierra
esta débil alma humana
por ti, reina! ¡Soberana
de los cielos y la tierra!
¿no me escuchas? ..
¡Mis angutias ya son muchas!
¿Volverás?
Angel mío, ¿no me escuchas?
¿no vendrás? ..
Ya se calma
este loco devaneo
de mi alma ...
Ya se calma, vida mía,
el tenaz, mortal deseo
que he sentido, tanto día,
más y más:
ver tu rostro, cuyo hechizo
es perdido paraíso
que creía.
no volver a ver jamás;
ya se calma mi desvelo,
ya mi negro desconsuelo,
porque siento que, en mi alma,
¡oh blanquísima azucena,
de ternura siempre llena,
siempre amada, siempre buena,
siempre estás!




El Nicho 406 de Antofagasta

En el nicho 406 del Cementerio General de Antofagasta reposa su muerte el poeta Oscar Sepúlveda, a quien la vida trajo desde San Carlos a los ásperos caminos de la pampa. Era un ansioso de novedades y aventuras. Poseía una singular hermosura de hombre. Don Samuel A. Lillo recordaba su blancura de nardo. Compañero de Marcial Cabrera Guerra en "Pluma y Lápiz", en 1904, bebió de buenas fuentes la nueva inspiración Domingo Melfi habla de la "simplicidad delicada" que definía sus poemas. Su "rima bohemia" permanece, como un trozo de su verdad de sangre.

"Ay, yo no sé, yo no sé"
cuando encerraban en si
esos versos que escribí
en la mesa del Café.
Pero la altiva Frine
siempre que esta junto a mi
recuerda lo que escribí
en la mesa del Café…
Y llora mucho Frine¡
… acaso llorando así
Sentirá lo que sentí
Cuando versos le escribí
En la mesa del Café…

En "Selva Lírica", lo describen, como "un nuevo Juan Bautista", predicando a los obreros pampinos "el Evangelio moderno", diciéndoles sus poemas y arengándolos en su fervor de días mas puros para los hombres. Amaba los teatros y las copas donde el vino y la noche se mezclan, embraveciendo al hombre:

"Bebemos entonces de ese rojo vino por las almas tumbas, por su mal divino".

Murió el 22 de Mayo de 1910, en una sala del Hospital del Salvador, de Antofagasta, asistido por espíritus hermanos que lloraban en su muerte a un poeta en cuya voz surgían, lejanas, las de Alfredo de Massot y lord Byron. Luís Bettelini que se encontraba, allí, escribiría que a Sepúlveda caracterizaba una "honda sutileza":

"La vida, tesoro mió,
Es un caudaloso rió
Que arrebatándonos va
Y dos hojitas caídas
Por la corriente unidas
Somos nosotros no más".

Bajo el seudónimo de Volney, firmo artículos polémicos y criticas a cuanto era turbio y sin ley de verdad. Marchaba con un libro inédito bajo el brazo "Cantos del Paraíso", soñándolo en la imprenta a la que nunca llegó, distraído por la vida que lo solicitaba en combates y en amores.

Una puñalada lo abrió a la muerte. Cumplía 32 años.

Ahora, allí, junto a las flores que lo honran, están las rogativas de los que no ignoran que un poeta es un hacedor de milagros, criatura a la que se le puede pedir que florezcan imposibles. Oscar Sepúlveda no defraudará a quienes les confían su esperanza, porque un poeta, aun muerto, por ser hombre de palabras, es "hombre de palabra".





BERNARDINO ABARZÚA TRONCOSO [13.813]


Bernardino Abarzúa Troncoso

El Capellán Bernardino Abarzúa Troncoso nació el 28 de junio en 1876 en la ciudad de Linares, Chile y falleció en 1955.

Es reconocido como catedrático, periodista, escritor, orador y capellán.

Sus padres fueron Bernardino J. Abarzúa y Rudecinda Troncoso.

Estudios

Hizo sus estudios iniciales en una escuela de Linares y posteriormente en un Liceo donde se graduó de bachiller en Humanidades. Posteriormente se mudó a Santiago ingresando al Seminario Conciliar de Concepción ordenándose de sacerdote. Estudió en la Universidad de Chile obteniendo el título de Licenciado en Leyes el 12 de junio de 1911. Diez días más tarde obtuvo de la Corte Suprema de la Nación el título de abogado.

Su vida sacerdotal en las Fuerzas Armadas

Profesó un gran cariño por el personal castrense lo que le indujo a prestar sus servicios sacerdotales primero en la Marina como capellán naval en el acorazado Almirante Latorre hasta fines de 1920.

Más tarde en 1932, durante el gobierno socialista provisional de Carlos Dávila Espinoza, se suprimió el presupuesto del Servicio Religioso para las Fuerzas Armadas mediante el Decreto Ley 292 del 26 de julio y otra Ley sobre la Planilla del Ejército, en la cual no se consultaba las plazas de Capellán Castrense, dejando fuera de servicio al entonces Capellán militar que prestaba servicios en la Escuela Militar en calidad de “Capellán Ad Honorem”.

Durante este período gubernamental, el Capellán Abarzúa hizo gala de sus dotes de escritor, registrando un histórico intercambio epistolar con el entonces Ministro de Guerra, en la cual el presbítero le expuso la inconveniencia de la decisión que había llevado a supresión el Servicio Religioso.

Su vida periodística y magisterial

Gran parte de su vida la dedicó a periodismo. Es así que en 1905 trabajó como redactor en el Diario El País, y luego seis años más tarde se traslada a Concepción para hacerse cargo de la dirección del periódico La Unión.

Durante este período se dio tiempo para obtener su Licenciatura en 1911. Y además colabora con el Diario Austral, publicando algunos artículos.

Asimismo continúa a la vez con su labor magisterial por las provincias de Tacna y Arica dando conferencias en institutos de enseñanza superior.

Distinción

El 7 de febrero de 1930, recibe en nombre del Rey de España, don Alfonso XIII, la distinción de Comendador de la Real Orden Isabel La Católica.

Reconocimiento

El Capellán Bernardino Abarzúa Troncoso, fue un sacerdote muy querido y reconocido dentro del ambiente militar y civil. En la actualidad una calle de la Comuna de Providencia en la ciudad de Santiago, lleva su nombre.





MAL DE AUSENCIA

La colina parece arrodillada
en la alfombra ritual de la llanura
un regato infantil lejos murmura 
y vuela sin rumor una bandada.

Con mano leve y aterciopelada
el silencio arrastró su vestidura
de quietud; y en los árboles perdura
éxtasis de oración atormentada.

Reina en el campo soledad de muerte,
mientras las nubes, hacia el mar, colora
la súbita rojez del arrebol.

¡Es la pena del mundo que convierte
sus lágrimas en sangre, cuando llora
el mal de ausencia que le deja el sol!





CALLA

Yo sé que sufres. En tus ojos leo
el epitafio que el dolor imlprime
sobre la tumba heroica de un deseo
predestinado a la oblación sublime.

¡Pero no digas nada! ¡Que no brote
de tu labio un suspiro ni una queja!
Deja crujir el repentino azote;
rodar las horas de borrasca deja.

Tal es mi lema de secreto encanto:
nada más bello que un pesar oculto;
nada más grande que sorberse el llanto
con misterioso y apacible culto ..

Esta vida no entiende ni respeta
el lenguaje ideal de los dolores;
este mundo se burla del poeta
cuando él se cansa de arrojarle flores ...

¡Guarda las tristes lágrimas! Acaso
debas brindarlas al dolor ajeno;
que es muy noble vivir en el ocaso
para que otros disfruten un sol pleno.

Al que escéptico invoca a la esperanza
y al que solloza por su dicha muerta,
diles, con fe, que el porvenir avanza,
¡ay!, y de nuevo la ilusión despierta.

Entonces .. , llora; que es ofrenda suma.
Pero esconde tu pena, si te inmolas:
el mar en la sonrisa de su espuma
envuelve la amargura de sus olas.

Si de tus frescos párpados cayera
llanto por lo que temas o recuerdes,
no tardará la brisa pasajera
que enjuga el llanto de las hojas verdes ...





POR EL PAN

Hombres del pueblo, humildes y sencillos,
que merecéis el pan ... , isois mis hermanos!
Bendigo yo vuestras nervudas manos
y su labor, sin lisonjeros brillos.

Sean los corazones como anillos
de cadena de unión, firmes y sanos;
y a romperla no alcancen los tiranos
en que, a veces, encarnan los caudillos.

Mirad a un cielo que el rencor no empaña;
y en las hambrientas horas de abandono
sed siempre forjadores de la hazaña,

mientras viene a vosotros Él que un día
en el alma del pueblo halló su trono
y el pan de su cariño repartía ...





Remanso Vesperal
Santiago de Chile: Impr. San José, 1943
Remanso Vesperal. 
Poemas de Bernardino Abarzúa




CRÍTICA APARECIDA EN EL DIARIO ILUSTRADO EL DÍA 1943-11-07. AUTOR: CARLOS RENÉ CORREA

Tiene este libro de poemas del Capellán Abarzúa un “Proemio sobre estética literaria” que ofrece fundamentales aspectos en el campo de la poesía. Palabras maduradas en meditaciones lentas y profundas, acertadas explicaciones del milagro lírico, eruditas doctrinas sobre estética, etc. Vienen en su ayuda críticos notables, pero sobre ellos está el definido pensamiento del autor que se expresa con estas palabras: “Si me fuere lícito opinar, yo dijera que la poesía, especialmente la subjetiva, no tiene por qué ser docente, a pesar de las epístolas morales. No hay para qué invadir los caminos didascálicos”.

El poeta se encuentra dueño de su mundo interior y camina con paso seguro por las sendas anímicas sin que haya nada que le pueda, siquiera, entorpecer el paso.

La poesía de Bernardino Abarzúa, derramada y contenida en formas tradicionales, tiene un acento parnasiano, religioso, a veces místico. Domina la elegancia de la forma sobre la emoción del poeta que se siente subyugado por la fuerza creadora, sin que siempre el camino sea todo lo feliz que hubiésemos deseado.

Sin duda que lo mejor de “Remanso Vesperal” son los sonetos que contiene; todos ellos bien trabajados, pulidos y muchos con un acento de auténtica emoción. El verso de Abarzúa es fuerte, medular y vigoroso; tiene hondura y adornos de buen gusto. Jamás el poeta se traiciona y antes que nada guarda el sello de su personalidad.

Lo encontramos épico y sonoro en “Tríptico de la raza”, tres sonetos que hablan de España, de Arauco y de Chile:



“Hace ya mucho tiempo que los bronces callaron…
Y en la paz armoniosa se estremeció la tierra,
al sentir en la entraña herida por la guerra
la semilla violenta que los héroes dejaron”.



Recoge el poeta sus acentos patriótico-religiosos y da expansión a sus sentimientos que loan la raza, el valor, las tradicionales epopeyas. Al conjuro de entusiasmos varoniles han nacido la mayoría de estos cantos. Pero también el poeta sabe mirar hacia su interior y nos cuenta de un “Mal de ausencia” estremecida voz de su tristeza e interpretación de un momento anímico, dijéramos mejor, espiritual. Escribe con desolación interior:



“La colina parece arrodillada
en la alfombra ritual de la llanura;
un regato infantil lejos murmura
y vuela sin rumor una bandada.

Con mano leve y aterciopelada
el silencio arrastró su vestidura
de quietud; y en los árboles perdura
éxtasis de oración atormentada…

Reina en el campo soledad de muerte,
mientras las nubes, hacia el mar, colora
la súbita rojez del arrebol.

¡Es la pena del mundo que convierte
sus lágrimas en sangre, cuando llora
el mal de ausencia que le deja el sol!”

El soneto ha logrado toda su expresión de paisaje y espíritu: hay sugerencias muy hondas y síntesis de poesía indudable.

En “Florilegio de Aquino” brilla la elegancia parnasiana del poeta que se enfrenta con difíciles temas que lindan con la Teología; no se ha perdido la fuerza poética, antes por el contrario hay una segura e inmaculada voz que nos sorprende en cada verso.

“Remanso Vesperal” nos brinda un placer estético que difícilmente se encuentra mayor en libros de poesía actual; se han cruzado en este libro múltiples caminos, antiguos y modernos, y por todos ellos llega el poeta a la belleza pura, eterna y solitaria en su montaña.


ABELARDO VARELA [13.812]


Abelardo Varela 

(Chile,  1871-1903), poeta inédito que se suicidó a temprana edad, traduce a Verlaine, Richepin, Poe y Catülo Mendes; funda la Revista Cómica y publica poemas de exquisita factura modernista.

Nació en Valparaíso en 1871. Hizo estudios de humanidades en el Colegio
de los Sagrados Corazones de su ciudad natal desde 1880, y en seguida pasó a Santiago, en donde fue periodista. Dirigió desde agosto de 1897 la
Revista Cómica, que había sido fundada por don Julio Vicuña Cifuentes.
Sus versos, que no han sido nunca recopilados en volumen, quedaron dispersos en aquella publicación y también en la Revista de Chile, en la cual colaboró intensamente a partir de 1900.

Habiendo atentado contra su vida, falleció en Santiago el 8 de noviembre de 1903.






SIMPATÍA

Son mis encantos las noches
tristes y negras,
porque son parecidas
a mi existencia,
porque en ambas no brillan
luces de estrellas
y los senos henchidos
de llanto llevan.

Son mis encantos las noches
tristes y negras,
porque son insondables
como mis penas;
de fúnebres crespones
visten como ellas
y lágrimas y hastíos
tan sólo alientan ...

Cuando acabe el calvario
de mi existencia
y descansar me dejen
mis hondas penas,
de mi escondida tumba
borrad las huellas,
amadme siempre, ¡oh noches
tristes y negras! ...





ADÉLFICA

¿Que me ves distraído?
                                             Es que oigo voces
que en los espacios flotan; voces vagas
que a la mente me traen el recuerdo
de seres que me amaron; voces santas
que fueron luz, aroma
y arrullo de mis días de bonanza;
voces de seres que del mundo huyeron
y a eterno luto condenaron mi alma,
de seres que aún padecen
cuando ruedan mis lágrimas,
que me tienden los brazos incorpóreos
y sin cesar me llaman ..





MADRIGAL AMARGO

Recuerdo de tu amor falso,
una trenza obscura tengo:
cuando me cargue la vida
he de anularla a mi cuello.





ENTRE LAS RAMAS

Entre las ramas
de las lilas y lauros floridos,
por vez primera
me sonrieron las glorias triunfales
de sus ojos -azules abismos.

Entre las ramas
de las lilas y lauros floridos
leí el poema 
de marmóreas y tiernas estrofas
de su cuerpo -una tarde de estío.

Entre las ramas
de las lilas y lauros floridos,
sus brunas trenzas
a mi cuello arrolladas cual sierpes,
extenuados de amor nos dormimos.

Entre las ramas
de las lilas y lauros floridos,
una cabeza
bicornuda, riendo asomóse:
¡la de un fauno, tal vez, o un marido! ...





LA NOVIA

A Manuel Thomson.

Dentro de un blanco féretro tendida,
la frente coronada de azahares,
hermosa, pura, libre de pesares,
parece que tan sólo está dormida.

Verla es, aún, encadenar la vida;
dentro del pecho levantarle altares;
soñar con ella, y dilatados mares
hender de una ventura no extinguida.

Cuando en la copa del licor preciado
que el misterio del bien y el mal encierra,
iba su alma a calmar vago anhelos,

cual rico aroma de un cristal guardado
que triza el aire, sin tocar la tierra
se elevó, blanca nube, hacia los cielos.






INVIERNO

II pleure dans mon coeur
Comme il pleut sur la ville ...
VERLAINE.

Cuando cae la lluvia
incesante y monótona
en la desierta calle
amortajada en sombras;

cuando la agita el viento
y en el cristal redobla
como medroso anundo
de una visita incógnita:

en el fondo del alma,
sepulcro en que reposan,
suelen de nuevo alzarse
quimeras ya sin forma.

Suspira el alma entonces,
y algunas veces llora,
al contemplar la eterna
tristeza de las cosas.

y abstraída la muerte,
y en su tortura absorta,
las horas van pasando
lentas y melancólicas,

mientras cae la lluvia
incesante y monótona
en la desierta calle
amortajada en sombras...





LUCHANDO

Medroso corazón que tiembla y calla
es hoja seca que arrebata el viento,
rey derribado de su augusto asiento,
pastos de cuervos en la gran batalla.

Si el ansia loca de luchar no estalla,
si altanero no vibra nuestro acento,
más ruin a cada instante y más violento
nos acosa el puñal de la canalla.

¡Oh, la canalla! ... De su astucia en mengua
yo el velo rasgaré de su falsía,
escarnio haciendo de su orgullo necio.

Le arrancaré la venenosa lengua,
y al aplastarla con mis pies un día,
escupiré en su rostro mi desprecio.