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jueves, 24 de abril de 2014

LUIS ARTURO RESTREPO [11.576]



Luis Arturo Restrepo


(Medellín, Colombia  1983) 
Profesor de la Universidad de Antioquia. Ganador de las beca a la Creación Artística Ciudad de Medellín, en la modalidad Poesía, en el año 2009 y el 2013.  En 2010 Tragaluz Editores publicó Apuesta de cenizas, su primer libro. En 2011 participó en el XXI Festival Internacional de Poesía de Medellín como ganador  del Primer Premio de Poesía Joven, organizado por dicho festival, con el libro Réquiem por Tarkovski, libro publicado en 2012 en coedición del Ministerio de Cultura de Colombia y Sílaba Editores.




De Apuesta de cenizas (2010)



siento sed de mí, de ti, cuando me tienes y no
estoy
y sólo soy ese instrumento raído por tus manos

Siento sed de mí, de ti, arenas ambos diluidos
en aguas distantes

Siento sed de mí, de ti y sólo el vértigo de la
caída
logra saciar la desnudez que me impones









el tiempo. Parquedad que agrieta la espera. Hoy
será, quizás, el día señalado

En la vertiente de un río que huye de sí mismo
voy dispuesto a la distancia que se me
imponga. Nadie sabe de mí, mas sé que me
esperan, todo en ellos es una reunión de
secretos olvidados

El horizonte es siempre el mismo, un ápice que
inventa respuestas

Sopeso el olvido, la espera, la calma. Sigo
buscando la palabra en que se funda esta
huída








¿vendrá alguien a visitarnos?

Aquella idea del horizonte sólo nos sirvió
mientras vivimos
Ahora nos queda el silencio, el temor
innombrable de su vacío

Parece que su voluntad fuera este olvido







mujer, te llevo en mí como quien lleva en la
espera su destino

Soy de ti en la palabra, en cada despedida que
guardo en los ojos

Cuerpo inmerso en el tuyo, devorado en otros
cuerpos

Soy quien va sobre el mar, inútil al viento.
Lejos ya, carne muerta piel desnuda, y tú,
bella sombra de mis días, la sal que cura, la
palabra que tiembla, el temor constante que
clama por la espera







De Réquiem por Tarkovski (2012)


tiento en el vaho la posibilidad de descifrar las palabras que por mis dedos salen.  Descubro entonces que mi mano es sólo un puño al que se anudan la escarcha y la sangre. Cuando abro los ojos el perro que me lame huye de mí.

Nuestra mirada es un solo trazo que nunca más borrará la noche.





he guardado las aguas con la devoción de quien alberga una roca ante la dureza del frío. Llevo años siendo en ellas el vapor en que se van. Su secreto no lo pretendo, únicamente inquiero el calor, la calidez de sus burbujas reventando en el rostro de quien respira.

Sólo así, cada vez que vuelva el invierno con su inmovilidad, podré detener sobre su cauce una gota de agua que nos recuerde para siempre la temida esperanza.





el techo de mi casa es ahora la lluvia. Descubre tus pies y deja que se aten al suelo hasta echar raíces. Tus lágrimas serán las semillas germinando sobre el agua.

Todo lo que intentes de aquí en adelante será un golpe vano sobre la tierra. La piel es el fruto que han de comer los cuervos. En ellos alcanzaremos el cielo.

Tus pies y los míos hacen parte del mismo nudo.





La mano hace un recodo que alberga la luz. En cada paso advierto el corazón que late bajo mis huesos. Entre la garganta la niebla aspirada se aferra al hilo de sangre en que sucumbo.

Ahora lo comprendo: el sustento del mundo es el fuego que del hombre mana, no la voz sino el callar que celoso lo consume.





No camines en línea recta, aunque a tus pies la tierra los reciba con cariño. Aquí el mundo es hostil con quien tercamente se aferre a él.

Planta ya tu piel a la corteza del árbol. Insta cada rayo de sol a que fecunde en ti la vida que te falta. Sólo el silencio guiará para siempre los recuerdos de tu infancia. El horror no crecerá en tu frente ahora que los hombres de ti se alejan. Respira hondo, todo aquí carece de olor y la resina espera desde su nacimiento por cristalizarse a tu voz.





Cuando es el cielo el que persevera, hacia dónde entonces dirigir nuestra mirada. Sabemos que la nube se impone sobre el azul y la tardanza de la lluvia viene a demorar también la dureza de la voz.

Queda sólo la palabra que se anega en la garganta, no hay oración que valga cuando la súplica es sólo un suspiro. Llegado el momento la piel se resiente con las primeras gotas. Cantas entonces celebrando el prodigio, ya poco queda de aquel primer impulso, entonces prefieres callar. Sobre la hierba, la dulce lluvia lo dice todo por ti.





Fue el desarraigo quien primero prometió otro trozo de tierra. Luego, las hojas de los robles iniciaron su huida siguiendo el trastabillar de mis pasos. El rastro de la sangre sobre la nieve fue su perdición. Otra vez fueron las aves, a pesar de la insistencia de los cazadores, buscaban la sombra propicia para el sosiego en las grietas de mi rostro.

Hoy vuelvo la mirada atrás, todo es confusión y hastío. El trozo de tierra que soy se pudre bajo las hojas que nunca tuve, y los pájaros que hicieron nido en mí vuelan ahora agujereados por sus propias crías. Nunca antes conocieron el temor de ser padres. Quizás a ellos como a mí, las llagas les cubrirán los ojos, volarán en torno sacudiendo sus plumas y el errar será desde entonces su único destino.





Tu vientre es una catedral donde los pájaros anidan. No hay ahora sobre ellos un cielo abierto que convoque sus alas. Sólo la piel soporta el canto en que se reinventan.

Ahora la luz le nace al día: revela en tu desolación el cobijo de sus plumas y el punto negro de tus ojos es el centro de las miradas que tiemblan cuando el viento arremete en las orillas.

Podrás entonces retener el canto cada vez que el cielo sucumba en sus temblores, pero una vez el milagro se realice, no habrá asidero posible sobre las tablas de la salvación ni sol ni nubes para soportar tu orfandad. La muerte es la única respuesta que llega tarde, no olvides de ella más que las palabras que nos fueron dichas justo al momento de nacer.





No digas noche, sólo porque la luna madura sus gajos bajo la mirada exangüe de cada estrella. No digas madre, sólo porque en la oscuridad ofrendada desaparece el vestigio de los animales que reclaman de ti tu negra leche.

Guarda cada palabra. Oculta cada vocablo tras tu lengua, no dejes que el cielo los descubra; si esto ocurre, huye a las aguas sedosas, siempre han esperado por ti. Prefiere siempre la lengua de las mariposas al ronco gemido de los enfermos. Recuerda que cada sílaba pone en evidencia al mundo. Sólo así será tuyo el silencio que todo lo nombra.





La vigilia ha hecho de ti la masa de un hombre que camina al vacío. Tus palabras, padre, son desde la niñez un plácido rincón hecho de espejos. Con cada una de ellas tolero la oscuridad en que sucumbo, con todas al tiempo, oculto el cuerpo ajado que todavía me soporta.

La vida no ha merecido de mí ningún diezmo. Para qué la llama que impertinente alumbra la cueva. Todo es oscuridad y en ella la conciencia de la muerte roe la piel de todo hombre. Prepararlo para qué entonces, si desde la altura de su mirada vislumbra ya el abismo en el que caerá.

Sé que lo bello queda oculto a los ojos de aquellos que no buscan la verdad. Lo grité mil veces ante la pantalla, ante el lienzo en blanco, ante la hoja que sé te cegaba en su soledad. Lo grité ante aquellos que preferían la guerra, la mordaza, el poder del silencio y el silenciar, pero la verdad se impone como fallecimiento y temor, cuchillo en el pecho que arranca de un tajo lo que creíamos nos hacía humanos.

Vuelve pues sobre mí la esperanza, zanja en mi garganta y en mis ojos la palabra, rastrilla con tu poesía, si es posible, un lugar para arar de nuevo el grito en que reconozca el tenue equilibrio por el que se avientan desde antiguo, mis obstinadas noches.





Fragmento de la consagración

Fragmento de la consagración
hinca en mi piel el alivio de tu engaño

***

El grito: soga que se tiende

Escucho tu desgarro

Lo uno al mío para morir de abismo

***

Respira cada uno de mis cabellos

Reconocerás las raíces

a las que se atan nuestras voces

***

El sueño lame las paredes de la habitación
y es desde ya la cal un animal asido a mi lengua

***

Intento descifrar las palabras
escritas con sangre sobre el muro
pero cada sílaba lacera las cuerdas de mi voz

***

Todo en ti recuerda la vocación del fuego sobre la madera

Lenta comunión
que acrecienta el olvido

***

El relámpago se revela como herida impuesta sobre el agua

***

Las hojas del árbol caen en la tormenta
y son ahora brasas que vienen a morir en el fango

***

Los pájaros descansan en un nudo de plumas

Ahogados
suman su canto a mis palabras de muerte

***

La sed escucha el goteo del agua

Tanteando

en sus pasos nace el desierto

***

A qué la noche si está fundada en sueños la vida
A qué el rojo si todo lo que perdura en el fuego es disipado por el viento

***

Brasas encendidas y abandonadas sobre la arena
A qué tanta furia si se consumen solas en su ira




MARÍA FERNANDA CEBALLOS CALVACHE [11.575]



María Fernanda Ceballos Calvache 

(1978, Colombia) Socióloga de profesión y poeta de corazón y oficio; con 35 años de edad escribe acerca del amor, el desamor, los sentimientos y las realidades políticas y sociales de su ciudad y país como escenarios desde los cuales busca liberar sus palabras e ideas con matices nostálgicos y existencialistas. Ejerce la crítica política y el activismo social y ha participado en organizaciones y movimientos sociales de base así como en causas por la defensa y promoción de los Derechos Humanos, espacios desde los cuales intenta fortalecer su visión del mundo y la vida. Ha publicado con la Fundación Plenilunio y en espacios de poesía y grupos literarios virtuales. Obtuvo primer premio en el  concurso Rápido, Rápido de Poesía auspiciado por la Editorial Argenta Sarlep. Participó de la Antología Poética “Amores Urbanos” con Mango Biche Ediciones en 2011. Forma parte de la Comunidad del Megáfono de Cali, del Grupo Poesía Grainart y del Colectivo Trébol de Cuatro Hojas. Ha participado en recitales poéticos de la región y el país.



EL NAVÍO

Trae tu amor, una pesada cadena
un navío tripulado
por diez mil almas en pena.

Fantasmas de tu alma
que desolaron tus proas lisonjeras
y que soltaron tu ancla
en un terreno estéril, en ciénaga.






POEMA DE AMANTE

Y me miras,
y te miro.
Y nuestras miradas parecen
dos palomas blancas,
dos nubes que se mezclan y se cruzan
en lo espeso y gris
del cielo.

Y me besas,
y te beso.
Y nuestros labios se encuentran,
se enredan y se prensan
como cremalleras que se cierran
y que no quieren dejar que se escape nada,
ni un milígramo del líquido
del fondo de sus lenguas.

Me río,
te sonríes.
Nuestras risas son
dos ecos que se auscultan juntos
desde el sin fin  de nuestros pechos,
amplias ondas emergen
como señales diáfanas,
melodías iridiscentes
que transitan
después de la carcajada,
del golpe y el abrazo,
del palpito y el segundo que decide
ser fracción
para nuestro espasmo.

Tu mano,
la mía.
Dos tenazas que pretenden sujetarse.
Dos tibiezas trémulas
que exudan agonía.
Dos pequeños trazos desiguales
de puntiagudas y finas pinzas,
que palpan y recorren
con finísima precisión y prisa
las innumerables acequias
que desbastan mi geografía.

Mi sexo,
el tuyo.
Las páginas del libro se desmiembran,
la tinta se oxida.
Y parece que un viento sopla
y todo ha perdido el brillo.
Nuestras renuncias crecen como ramas
con la raíz en nuestra culpa.







365 OLVIDOS

Sientes que me he ido de estas veinticuatro paredes.
De estas doce ruinas que se desgastan y se ajustan.
De estas catedrales resignadas.
De estas crueles y olvidadas esferas lánguidas.
Sientes que me he ido y estoy más cerca.
Más cerca de la mano que no es mía.
Más cerca del sol que te ilumina y no me brilla.
Más cerca de tu mirada que no me mira.
Más cerca de hoy y de mañana. De ti y de tu prisa.
Sientes que me he ido y estoy abandonada en este piso.
En esta calle cubierta de polvo,
de transeúntes que nada les importa,
que nada se les hace nido.
Estoy aquí y no me has visto.
Estoy aquí y me das una moneda.
Me confundes con el mendigo, con el ladrón y la ramera.
Estoy aquí y no me miras.
Estoy aquí y no me tocas.
Sientes que me he ido de tus trescientas sesenta y cinco noches y tan sólo estoy en una
noche, con trescientos sesenta y cinco olvidos.

(Poema Inédito)






HABÍA QUE DECIRLO

Había que decir que se me abría el pecho como una rosa.
Que me sangraba como una corola con su néctar y que como enjambre,
una colonia de aguijones me sacudían, me hacían mella.
Había que decir que se me caían las hojas.
Que la corteza se me vencía y las raíces estaban secas.
El tallo languidecía y eran horas sin circular líquido en las venas.
La savia ya no llenaba las arterias. El vientre estaba tullido
como si una sequía se hubiera aposentado en mi tierra.
Había que decir que el fruto se perdió en la cosecha.
Que la vulva no estaba fresca y las semillas no alcanzaron la juventud,
murieron antes de salir de la nuez en la que estaban presas.
Había que decirlo todo.
Había que sacarlo y exponerlo como un cabrito resignado en un altar de sacrificio.
Curarlo en una hoguera de dolor. Calcinar el hueso de la traición
y macerar el veneno de la herida. Trasplantarlo y redimirlo. Hacerlo nuevo.
Había que decirlo. Había que sacarlo. Todo.

(Poema inédito)







SIETE PERPETUIDADES

Hay siete perpetuidades en mi esencia.
En el rincón de mi oreja se esconde la primera.
Dulce olor marchito en el lóbulo que cuelga
el silencio y el sonido,
como péndola de lo que se recuerda.
La segunda como estampilla
es un grabado en la azotea;
mis ojos dos estanques
con gotas siempre en sus vidrieras.
La palma de mi mano es la tercera.
Manchada con tinta y en el centro de su muñeca
un estambre de hilos
que urden con sangre las letras.
Hay siete perpetuidades en mi esencia.
La cuarta de ellas se encuentra en la cabeza.
Es cruel cuando emite ideas,
cuando alucina o cuando piensa.
Le gusta sentirse libre
a pesar de que en mí es presa.
La derecha de mi pecho envuelve la quinta perpetua.
Una especie de baúl carcomido por la existencia,
anida en un hondo resquicio
plagado de ramas y puertas;
una caracola parece su vestíbulo,
anticuario con viejas perlas.
Hay siete perpetuidades en mi esencia.
La sexta.
¡Ay, la sexta!
¡La perforación en mi costado,
la válvula que me alimenta!
El aire que respiro,
fogonazo para no perder la pelea.
El limbo de mi caída es la séptima esencia.
La boca por la que supura
la herida que no cierra,
la vertiente por la que desciende
el calvario de mi pena,
la ponzoña que adormece,
el bálsamo de mi anestesia.
Hay siete perpetuidades.
La octava es tu ausencia.

(Poema ganador Concurso Rápido Rápido de Poesía. Editorial Argenta Sarlep)







CONSIGNA LIBERTARIA

                     «La resignación es un suicidio cotidiano»
                         Honoré de Bahac

 Un grito de libertad
una consigna libertaria.
Un panfleto que incendie
toda la tremenda 'paz'
de los que callan.

Agonizan los estruendos
del régimen que acalla,
patrocinado por las fuerzas
que mutilan y avasallan.

¿Qué enfermedad adolece
- qué febril victoria vana -
un pueblo que sucumbe
ante la idiotez de quienes ufanan?

Yo me visto de colores,
me engalano con la asonada.
No me hablen de rencores,
sólo de consignas libertarias.

Mi tesis no está en teorías,
mis discursos no son de Marx o Vargas Vila,
yo construyo mis valías
más allá de lo que se idealiza.

Y canto un canto franco,
un blues como consigna,
un estribillo que pretende
ser algo más que poesía.

Nos confinan al abuso,
vacían nuestras arcas;
las banderas de nuestras justas
se izan a media asta.

Humillan nuestras luchas,
nos apabullan con sus lágrimas
¡despertad oh pueblo
del sueño que oprime y mata!

Claro es el destino
de quienes se resignan
y pierden la esperanza.
Desechad el imperio
de la miseria y la lástima.


Que el olvido se quede
allí donde no se recuerda
sólo se escarba;
que la verdad se apadrine
en quienes hablan palabras sensatas.

Que no me tapen la boca,
que no me pierda en la marcha,
que mi voz no cese
de fraguar una consigna
libertaria...

  





Mujeres

Hay mujeres combatientes,
Mujeres de carne,
Mujeres de hueso.
Existen mujeres que son más que mujeres.

Mujeres indómitas,
Tercas,
Que se fastidian
Con este azar de imperturbable silencio...

Hay mujeres valientes,
Hechas de fuego
De las últimas brasas
Que en el carbón se escondieron;
Y despojadas de sus vestiduras
Corrieron al encuentro
De su intimidad
Sin caer en los excesos...

Mujeres que todos los días
Se levantan con el sueño sin despertar,
Con la cara puesta al sol
Sin dar la espalda.

Mujeres que se parten
Más que el alma
El puño de la victoria
Que significa reír
En medio de la batalla...

Hay mujeres de esas
Que a uno lo sorprenden,
Mujeres ciertas,
Mujeres necias.

Mujeres que se enfrentan
Sin necesidad de una espada,
Mujeres que con caricias
Nos dejan
Con la boca cerrada...

¡Ay mujeres!
¿Por qué tanto escepticismo en nuestra asonada?
¿Por qué se nos burlan cuando reclamamos pan,
En medio de migajas?

¡Ay mujeres!
Continuad con la lucha
Con la afrenta,
Aquella que nos augura
¡Más que usar falda!

Seguid mujeres
Caminad descalzas,
Libres de ataduras
Callos y malas pisadas,
De los tacones del imperio
De los zapatos que tanto tallan...









En ángel del sueño

Mírame.
Vos y los ojos del mundo
el fuego que devora a los árboles,
las alas del pájaro y su cielo;
el color que tiñe y nombra.
Una larga hora encendida,
luz y sombra.
Vos y la voz de todas las cosas,
el silencio;
las palabras devorándose unas a otras,
las notas en el péndulo,
las canciones en el viento y la córnea.
Vos.
Zig zag matutino que es pálpito y es nota,
vos, el sentido profundo de las horas.
La  miel de la colmena,
la paz y pestañeo que titila,
la luz que se abre paso en las alcoba.
Mírame.
No hay otra manera más lúcida de saber que sos vos,
el ángel del sueño.






El pájaro ha huido de su jaula

El pájaro ha huido de su jaula.
Atendiendo al ruego,
que le hicieran sus alas;
el pájaro ha huido de su jaula.
El pico muy convexo,
las alas muy largas;
la polifonía del canto,
el zumbo en las entrañas.
El pájaro ha huido
se ha escapado de su jaula,
ha evadido los barrotes,
se ha salido por una zanja.
Nadie supo cómo
logró escapar sin dejar signo de nada,
como si se hubiera desvanecido
en el agua, en los granos o en la jornada;
entre los pedazos de la mazorca,
entre las ramas del alpiste ya agotadas.
El pájaro ha huido de su jaula.
No pregunten cómo,
la libertad no tiene forma
ni se explica con una palabra.
Miren bien la soga.
El alma se ha ido en la mañana.





martes, 22 de abril de 2014

KAROL WOJTYLA [11.574]


LA POESÍA DE KAROL WOJTYLA

Karol Wojtyla - Juan Pablo II
(18/05/1920 - 02/04/2005)

Nació el 18 de Mayo de 1920 en Wadowice, sur de Polonia. 

Hijo de Karol Wojtyla, un militar del ejército austro-húngaro, profundamente religioso y Emilia Kaczorowsky, de origen lituano. Su madre falleció cuando él tenía 9 años y cuatro años después muere su hermano mayor. 

De joven su interés se centra en el estudio de los clásicos y un encuentro con el Cardenal Sapieha, le lleva a considerar dedicarse al sacerdocio. En el año 1938 se marcha con su padre a Cracovia, donde se matricula en la universidad Jaghellonica en filología polaca. 

El 1 de septiembre de 1939, las tropas de Hitler ocupan Polonia cerrando todas las universidades y junto a otros jóvenes organizan una Universidad clandestina donde poder estudiar filosofía, idiomas y literatura. Para evitar la deportación a Alemania, busca trabajo como obrero en una cantera. Ayudó a familias judías para que pudiesen escapar de la persecución del régimen nacionalsocialista. Cuando contaba 21 años fallece su padre y emprende el camino de su preparación para el sacerdocio. En el año 1942 ingresó en el Departamento teológico de la Universidad Jaguelloniana. Durante estos años tuvo que vivir oculto, junto a otros seminaristas, quienes fueron acogidos por el Cardenal de Cracovia. Estuvieron en esta situación hasta el 18 de enero de 1945, fecha en que los alemanes abandonaron la ciudad. 

El 1 de noviembre de 1946, fiesta de Todos los Santos, con 26 años, fue ordenado sacerdote en el Seminario Mayor de Cracovia, celebrando su primera Misa en la Cripta de San Leonardo en la Catedral de Wavel. Fue enviado a Roma donde obtuvo la licenciatura de Teología en la Universidad Pontificia Angelicum doctorándose también en Filosofía. Profesor de ética en la Universidad Católica de Dublin y en la Universidad Estatal de Cracovia, en 1948 regresa a Cracovia donde es destinado Vicario de la parroquia de Niegowic, e imparte cursos de religión en las escuelas. Un año más tarde es trasladado a la parroquia de San Florián, haciéndose cargo de la pastoral universitarias de Cracovia. En 1951 se dedica a la enseñanza de Ética y Teología Moral en la Universidad Católica de Lublín ejerciendo también en la Facultad de Teología de la Universidad Estatal de Cracovia. 

El 23 de Setiembre de 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar del Administrador Apostólico de Cracovia, Monseñor Baziak, convirtiéndose en el miembro más joven del Episcopado Polaco. Tendrá una activa participación en el Concilio Vaticano II, donde participó activamente, especialmente en las comisiones responsables de elaborar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y la Constitución conciliar Gaudium et Spes. El 13 de Enero de 1964 a causa del fallecimiento de Monseñor Baziak, ocupa la sede de Cracovia como titular. En 1966 el Papa Pablo VI convierte a Cracovia en Arquidiócesis. En Mayo de 1967, a los 47 años de edad, es nombrado Cardenal por el Papa Pablo VI. En contra de las autoridades, inauguró una iglesia en Nowa Huta, una ciudad comunista. En 1975 asiste al III Simposio de Obispos Europeos, en el que se le confía la ponencia introductoria: «El obispo como servidor de la fe». Ese mismo año dirige los ejercicios espirituales para Pablo VI y para la Curia vaticana. 

En 1978 a la muerte Pablo VI es elegido nuevo Papa el Cardenal Albino Luciani de 65 años quien tomó el nombre de Juan Pablo I. El nuevo Papa fallece un mes después de su nombramiento y el 15 de octubre de 1978 Karol Wojtyla es elegido como el sucesor de San Pedro, rompiendo con la tradición de más de 400 años de Papas de origen italiano. Elegido pontífice, el 16 de octubre de 1978, escogió los mismos nombres que había tomado su predecesor: Juan Pablo. 

Desde el comienzo de su pontificado, realizó 95 viajes pastorales fuera de Italia, y 141 por el interior de este país. Entre sus documentos principales se incluyen: 13 Encíclicas, 13 Exhortaciones apostólicas, 11 Constituciones apostólicas y 41 Cartas apostólicas. El Papa también ha publicado dos libros: "Cruzando el umbral de la esperanza" (octubre de 1994) y "Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal" (noviembre de 1996). Juan Pablo II ha presidido 131 ceremonias de beatificación -en las que ha proclamado 1282 beatos- y 43 canonizaciones, con un total de 456 santos. Ha celebrado 8 consistorios, durante los cuales ha nombrado 201 Cardenales. También ha presidido 6 asambleas plenarias del Colegio Cardenalicio. Desde 1978 presidió 15 Asambleas del Sínodo de los Obispos: 6 ordinarias (1980, 1983, 1987, 1990, 1994, 2001), 1 general extraordinaria (1985), y 8 especiales (1980, 1991, 1994, 1995, 1997, 1998 [2] y 1999). Ningún otro Papa se ha encontrado con tantas personas como Juan Pablo II: en cifras, más de 16 millones de peregrinos han participado en las más de 1000 Audiencias Generales que se celebran los miércoles. Ese numero no incluye las otras audiencias especiales y las ceremonias religiosas [más de 8 millones de peregrinos durante el Gran Jubileo del año 2000] y los millones de fieles que el Papa ha encontrado durante las visitas pastorales efectuadas en Italia y en el resto del mundo. Hay que recordar también las numerosas personalidades de gobierno con las que se ha entrevistado durante las 38 visitas oficiales y las 650 audiencias o encuentros con jefes de Estado y 212 audiencias y encuentros con Primeros Ministros. Karol Wojtila ha sido sucesivamente el Papa polaco, el Papa viajero, el Papa de María, el Papa renovador de la doctrina social de la Iglesia, el Papa de los jóvenes, el Papa del perdón y de la paz.

El 13 de mayo de 1981 en la plaza vaticana, el turco Ali Agca le disparó dos tiros que a punto estuvieron de costarle la vida. Juan Pablo II siempre mantuvo que se salvó por la intervención de la Virgen. Ese día se celebraba la Virgen de Fátima. Según el Pontífice una mano disparó -la del turco- y otra, la de Virgen, desvió el tiro que le rozó partes vitales, sin dañarlas. Fue trasladado al policlínico romano 'Agostino Gemelli', donde fue intervenido quirúrgicamente y le extirparon 55 centímetros de intestino. El 20 de junio de 1981, 17 días después de haber sido dado de alta, volvió al 'Gemelli' para ser tratado de una infección de cytomegalovirus, derivada de la operación. El 12 de julio de 1992 fue intervenido de un tumor en el colon en el 'Gemelli'. La operación duró cuatro horas y le fue extraído un tumor benigno del tamaño de una naranja. A la vez le fue extirpada la vesícula biliar y detectados cálculos biliares. El 11 de noviembre de 1993, durante una audiencia, cayó y se produjo una luxación del hombro derecho con fractura de la glena. Ese mismo día fue operado en el Gemelli. En 1994 se fracturó el fémur de la pierna derecha al resbalar cuando salía de la bañera de su apartamento privado del Vaticano. Por quinta vez volvió al hospital, donde se le implantó una prótesis de titanio para sustituirle la cabeza del fémur, lo que le obligó a caminar durante varios meses apoyándose en un bastón. En el mes de marzo de 1996 un proceso febril atribuido a un trastorno digestivo le obligó a guardar reposo durante una semana. En menos de tres meses padeció otros dos trastornos intestinales. El 8 de octubre de 1996 volvió a ser ingresado en el 'Gemelli' para ser intervenido de apendicitis previa a la eliminación de adherencias loco-regionales. En junio de 1999 durante su octavo viaje a Polonia cayó en la Nunciatura de Varsovia, abriéndose una herida en la frente que obligó a aplicarle tres puntos de sutura. En marzo del 2002 se le diagnosticó una artrosis en la rodilla derecha, que le obligó a renunciar a presidir algunos ritos de la Semana Santa y no pudo realizar a pie el Vía Crucis a lo largo del Coliseo de Roma. De todas formas, tomó la cruz en las dos últimas estaciones. Hasta mediados de octubre de 2003, cuando celebró los 25 años de pontificado leía el principio y final de los discursos, pero a partir de esa fecha -cuando beatificó a la madre Teresa de Calcuta y celebró su noveno consistorio- ya no leyó párrafo alguno de los textos. 

 Juan Pablo II fue sometido a una traqueotomía el 24 de febrero de 2005. Volvió a sus estancias en el Vaticano el 13 de marzo, pero su estado de salud se deterioró y apareció muy fatigado en los actos de Semana Santa, donde apenas pudo pronunciar unas palabras a los fieles. La última aparición pública de Juan Pablo II fue el 30 de marzo de 2005, cuando se asomó a la ventana de sus aposentos para bendecir a los fieles. Aquel día las personas que se congregaban en la Plaza de San Pedro de Roma pudieron ver al Papa muy deteriorado. Intentó hablar, pero no lo consiguió. En la tarde del 31 de marzo de 2005, le fue diagnosticada una infección en las vías urinarias, tras lo cual tuvo lugar "un choque séptico con colapso cardiocirculatorio". A pesar de la gravedad de la situación, Juan Pablo II pidió no ser trasladado hasta el hospital Gemelli y permanecer en sus aposentos del Vaticano. 

Murió a las 21:37 hora local del 2 de abril de 2005. La causa del fallecimiento fue un 'shock' séptico (una septicemia) y un colapso cardiocirculatorio irreversible. 

A las 10 de la mañana del 1 de mayo de 2011 se dio comienzo a la ceremonia de su beatificación. Su sucesor en el trono de San Pedro, Benedicto XVI, presidió los actos en la entrada de la Basílica, con la plana mayor de la jerarquía católica y numerosas autoridades extranjeras. "Juan Pablo II, Papa, de ahora en adelante sea llamado beato y que se pueda celebrar su fiesta en los lugares y según las reglas establecidas por el derecho, todos los años el 22 de octubre". Con estas palabras pronunciados en latín Benedicto elevó a los altares a su inmediato antecesor. 






Karol Wojtyla / Andrzej Jawien “La Cantera”

El 1 de noviembre de 1940, Karol Wojtyla empieza a trabajar en las canteras de Zakrzówek y en la fábrica de la Cía. Solvay. En la cantera se arrancaban grandes bloques de piedra caliza por medio de cargas explosivas y se trasladaban por ferrocarril de vía estrecha hasta una planta situada en el distrito industrial de Borek Falecki, él tendía raíles y hacía de guardafrenos, colocaba los explosivos y las mechas en la roca.

De alli su experiencia con el trabajo manual pesado y su poema “La cantera” firmado bajo el nombre de Andrzej Jawienm “nombre que apareció en la escena literaria de Polonia a sus 30 años como “poeta maduro” conciente de sus expectativas en cuanto a la literatura, con su propio lenguaje poético. Pasaría un tiempo hasta su publicación. En 1950-52 tres de sus poemas aparecen en las columnas del semanario Tygodnik Powszechny. Es probable que debido a la suspensión del semanario hasta 1956 que sus poemas posteriores no fuesen publicados. Desde el momento de su debut con la publicación de “Cantico al esplendor del agua” hasta “Meditacion sobre la muerte” en 1975 (firmada con el seudònimo Stanislaw Gruda) desarrolló un mundo poético homogéneo. Su universo lírico SE va enriqueciendo con el pasar de los años, florece lentamente, sin alejarse de la sustancia.(Krzystop Dybciak)

“La cantera” publicado en 1975 habla sobre el proceso del trabajo – lo define en contacto con la naturaleza que produce bienes materiales, y por extensión y amplitud por la manera que influye en la personalidad y crea autenticas relaciones interpersonales y como, hasta los trabajos manuales pesados, al margen de su aspecto tecnológico, influyen en el desarrollo de la personalidad promoviendo sentimientos comunitarios. (Jerzy Peterkiewicz)





LA CANTERA


La materia

Escucha bien, escucha los golpes del martillo,
La sacudida, el ritmo. El ruido te permite
Sentir dentro la fuerza, la intensidad del golpe.
Escucha bien, escucha, eléctrica corriente
De río penetrante que corta hasta las piedras,
Y entenderás conmigo que toda la grandeza
Del trabajo bien hecho es grandeza del hombre.

La mano encallecida, de viejas cicatrices,
Su voluntad tozuda prolonga en el martillo
Mientras el pensamiento encuentra soluciones
En la piedra que salta, en la piedra que cede.
No hay poder en la piedra si la privas del hombre.
Si la arteria de pronto, bulliciosa de sangre,
Partes en un instante y en el lugar preciso.
Busca amor en la ira, encendida de fuego,
Metida en el aliento como viento en el río
Hasta cortar las cuerdas sin que salga la voz
Luego los transeúntes se meterán en casa.
Dispersos y asustados y alguien dirá en voz baja
¡Nadie lo hubiese dicho: eran un hombre tan fuerte!

Y tú no tengas miedo. Los asuntos humanos
Discurren por un cauce de muy anchas orillas,
Todo viene de lejos, todo sigue adelante.
En todo lo que pasa mira presente Aquel
Que te llega en el rítmico golpear de martillos.

(de Karol Wojtyla "Poesias" (Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1993)





"La Madre" - Karol Wojtyla


La trilogía LA MADRE de Karol Wojtyla, ciclo poético en tres partes, fue publicada por primera vez el 10 de diciembre de 1950 por "Tygodnik Powszechny" bajo el seudónimo Andrzej Jawień, el mas usado hasta 1979. (tambien publicó bajo los seudónimos Stanislaw Andrzej Gruda y Piotr Jasień) Agradezco a Tygodnik la confirmación de la fecha de publicación.

“En la búsqueda del sentido de la vida, la convivencia con el prójimo y la naturaleza la poesía de Karol Wojtyla es un eterno peregrinar hacia las fuentes misteriosas de la existencia, una forma de testimoniar la incesante búsqueda de las verdades mas profundas del ser, cuando en medio de la fugacidad de su existir intenta concienciarse de su existencia en la perspectiva del infinito”. (Niko Jež)

Creo que para tratar de comprender cabalmente la poesía de Karol Woytyla solo es posible hacerlo desde la perspectiva de su alma eslava, pero no siendo facil leer el original polaco sugiero la edición de BAC - POESIAS de Karol Wojtyla, si bien, no obstante haber sido traducida por poetas, está basada en una traducción literal. Personalmente me quedo con la, para mi accesible, versión en esloveno publicada por la Asociación Esloveno-Polaca de Amigos de Ljubljana, pero será bienvenido cualquier comentario que pueda ayudarnos a descubrir una poesía que “significa cubrir una distancia que abarca al ser en su totalidad, a nivel estético y emocional, hasta llegar a tocar las fibras más íntimas del significado de la experiencia humana “(Antonio Spadaro en Totus Tuus Septiembre 2007)

Transcribo a continuación El espacio que permanece en ti, poema que Karol Woytyla, según mi propia interpretación, le dedica a su Madre, a nuestra Madre, la Madre de todos los hombres:

Con frecuencia vuelvo al espacio
Que tu Hijo, tu único Hijo ocupa,
Mis ideas se ajustan a su forma,
pero quedan vacíos los ojos
Y cuelgan de sus labios las palabras de siempre,
las mismas tras las que se ocultaba
Cuando deseaba quedarse entre nosotros.

¿Es posible que estas mismas palabras
Contengan el espacio mejor que la mirada?
¿Mejor que la memoria y el corazón?
¡Oh Madre! de nuevo puedes hacerlo tuyo

Inclínate junto conmigo y acepta,
Tu Hijo tiene sabor a pan
Pan de una sustancia eterna
¿Donde está este espacio: en el murmullo de mis labios,
En los pensamientos, en la mirada, en el recuerdo,
o, tal vez en el pan?
Se ha perdido entre tus brazos, con la cabecita
apoyada en tu hombro,
porque este espacio ha quedado en ti y de ti procede.

Nunca se ve el vacío. Nuestra unión es tan intensa,
que, cuando con dedos temblorosos partía el pan
para ofrecerlo a la Madre,
me he quedado un momento atónito,
Al ver toda la verdad en una lágrima que asomaba
en tus ojos





LOS NIÑOS

Crecen casi sin advertirlo
a través del amor.
Pero de pronto
ya grandes,
caen bajo el control de las multitudes
que van y vienen sin sentido,
desdibujados entre el día y la noche,
sus corazones atrapados como pájaros.
El pulso de la humanidad
comienza con ellos a latir.
En la orilla de un río
un árbol levanta sus brazos
a la luz de la luna
mientras la tierra
apenas se atreve a respirar.
Ese es el momento
en que los corazones de los niños
salen del agua.
¿Cómo serán mañana cuando echen a andar?

Poema de juventud de KAROL WOJTYLA







MUCHACHA DESILUSIONADA DEL AMOR

Con el mercurio medimos la tristeza

como medimos el calor de los cuerpos,
y del aire.
pero no es ésa la forma
de poder saber de nuestros límites.
Porque tal vez tú crees
que eres el centro 
de todas las cosas.
pero si pudieras vislumbrar
que no es así
sabrías de pronto
que el único centro de todo
es Él,
y que Él tampoco encuentra el amor.
¿Cómo es que no lo sabes todavía?
Temperatura cósmica
tristeza
mercurio.
¿Para qué sirve entonces 
el corazón humano?






EL NEGRO 

Mi querido hermano
eres como una inmensa tierra
donde de pronto los ríos se secan
y el sol quema el cuerpo
como una fundición de metal.
Siento tus pensamientos
como míos
aunque tomen otros caminos.
Porque usaremos la misma balanza
para pesar el error y la verdad.
Es como una fiesta:
pensamientos que resplandecen
diferentes
en tus ojos y en los míos
aunque sus sustancia
sea la misma
para los dos.

fuente: http://www.alundain.com.ar/lospoetas/7-4-karo.htm#poemas






El obrero

Los nuevos modelos salen de mis manos.
Zumban ya en las calles lejanas.
Yo no controlo su acelerador en la autopista
lisa: es cosa de la policía.
Han robado mi voz; ahora hablan los motores.
Mi alma está abierta. Quiero saber
contra quién combato, para qué vivo.
Pensamientos más fuertes que palabras.
No tienen respuesta.

Esto no lo preguntes en voz alta.
Sólo tienes que llegar al trabajo
como siempre a las seis de la mañana.
¿Qué te hace pensar que en la balanza
del mundo es el hombre quien vence?




¡Patria! Desafío de esta tierra nuestra, 
lanzado contra nosotros y contra nuestros antepasados, 
para decidir sobre el bien común 
y envolver la Historia en la bandera de nuestro propio idioma. 

El canto de la historia surge de las gestas fundadas en la roca de la voluntad. 
Desde la madurez de nuestra autoconciencia, 
juzgamos nuestra juventud, los tiempos de la desmembración 
y el siglo de oro.

Tras la dorada libertad vino la condena al cautiverio. 
Los héroes llevaban sobre ellos la sentencia: 
al desafío de la tierra entraban como en una noche oscura exclamando: 
¡la libertad vale más que la vida! 

(2005c, pp. 126-127).