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domingo, 23 de noviembre de 2014

VICENTE DE CARVALHO [14.102] Poeta de Brasil


VICENTE DE CARVALHO

(1866-1924)
Nacido en Santos, Brasil publicó su primer libro de poesía, Ardentias, en 1885. Se graduó en Licenciatura en la Facultad de Derecho de São Paulo SP. participado en el Abolicionista Bohemia, el envío de los esclavos fugitivos a la Quilombo Jabalpur. Compitió por diputado provincial en el congreso republicano en 1887, en São Paulo, fue editor de la Revista de Santos, y fundó el Diario de la mañana en Santos. Se convirtió en diputado en el Congreso Constitucional del Estado en 1891, luego de participar en la Comisión Constituyente del Escritor.

Fue elegido miembro de la Academia Brasileña de Letras en 1909. En el período de 1914 a 1920 fue Ministro de la Corte de Justicia del Estado, en Santos. En 1924 publicó Louisette, comedia en dos actos.  

Poesía: Ardentias (1885), Relicário (1888), Rosa, Rosa de Amor (1902), Poemas e Canções (1908), Verso e Prosa (1909), Páginas Soltas (1911) e Versos da Mocidade (1912). 

Es considerado uno de los principales nombres de la poesía parnasiana brasileira.  



Sugestiones del crepúsculo

                    
I

Al caer el sol, por la tristeza
Que trae la luz crepuscular,
Tiene el acento de quien reza
            La voz del mar.

Crece, se arrastra y va pausado
Por las laderas del otero
De sombra el yermo, vago y huero,
De un cielo de astros despojado.

Todo se apaga; en todo anida
Una fatiga, un desconsuelo...
Cual la mirada dolorida
Que al muerto empaña en triste velo.

Vencida, pues, por un instante,
Por la escena que le rodea,
Melancólica balbucea
La voz piadosa del gigante.

Cede la ola y ya no lucha,
Se humilla, empieza a murmurar...
¿Qué pide al cielo que no escucha
             La voz del mar?

                    
II

Extraña voz, extraño salmo
Aquel salmo y aquella voz,
Cuya humildad y acento calmo
No parecen del mar feroz;

Del mar pagano, en desenvueltas
Distancias libres, cuya vida
Corre, agitada y desabrida,
En tempestad de olas revueltas;

Cuya ternura asustadora
Agrede a todo cuanto ama
Y una vez duerme y otra adora
A la playa en que se derrama...

Torvo gigante repelido
En su pasión lasciva y loca,
Es todo furia, y en su boca
Aúlla el dolor, mora el rugido.

La desnudez sueña: e impuro,
Blanco de espuma, ebrio de amor,
Desnudar quiere el seno duro,
Virginal, de la tierra en flor.

La tierra en flor teme y se apoca,
Quiere escapar: huye y se apena
Tras los montículos de arena
Y del granito tras la roca.

Tras de las huellas de la amante
Que se le hurta, sigue el mar;
Suelta las olas adelante,
Como jauría, a olfatear.

Y, hallado el rastro, con sus blancos
Penachos de olas y su airada
Fuerza, en la tierra devastada
Lame las rocas y barrancos...

                    
III

Más formidable se revela,
Más amenaza y más asombra
Aullando, aullando entre la sombra
Las hondas noches de procela.

Tremendo y próximo se advierte,
Llenando el aire y devastando,
El ruido de un combate a muerte
Que cielo y mar van disputando.

En cada ráfaga violenta
El viento agride al mar sañudo,
Roza su faz con el agudo
Latigazo de la tormenta.

De entre el estruendo, un estampido
Crece y estalla, alto y mayor,
Cuando, tirano enfurecido,
Truena el cielo amenazador.

De cuando en cuando, leve huella
De llama vese, entre lo oscuro...
Y el mar recibe el golpe duro
Que le descarga una centella.

Mas la batalla es suya: cede
El viento al fin... sosiega el vuelo...
La somnolencia le sucede
Y la luna ilumina el cielo...

Del campo su agua se apodera
Y el monstruo, lleno de osadía,
Maldice, insulta, desafía
Y al cielo escupe su salmuera.

                    
IV

El alma torva y libertina
De ese tenaz batallador
Que del escombro y de la ruina
Hace trofeos de su amor;

El alma osada y descompuesta
De ese pagano y descreído
Que se desquita y da respuesta
Al mismo cielo enfurecido;

El alma altiva, alma bravía,
Del mar, que vive combatiendo,
Se entrega a la melancolía
Conventual, atardeciendo...

En su clamor desfallecido,
Confuso y espiritual
Vibra un trasunto del gemido
De un órgano de catedral.

Y por las playas donde el cielo
Sombras y paz dejando va;
Y por las vegas donde el vuelo
Mudo detiene el sabiá;

Oyen los yermos espantados
Del mar contrito en el clamor
La confesión de los pecados
De aquel eterno pecador.

                    *
Escucha bien... De atardecida,
Bajo la luz crepuscular,
Es cual plegaria conmovida
La voz tristísima del mar.

Vicente de Carvalho, incluido en Antología de la poesía brasileña. Desde el Romanticismo a la generación del cuarenta y cinco (Editorial Seix Barral, Barcelona, 1973, trad. de Ángel Crespo).




AVES FUGITIVAS

Aves fugitivas que pasáis en bando
Por la tarde azul sobre el azul mar,
Aves huidizas que pasáis cantando,
iQué hacéis, pues? Pasar.

Pasáis de repente. En el vasto cielo
Blanco torbellino de repente crece,
Pasa, se retira como vino, en vuelo,
Y desaparece.

De plumas blancura blanda, rumor leve
De alas que se mueven sin prisa,
Pasáis como copos de nieve
Que en el viento susurran y disuelve la brisa.

De todo esto ¿qué queda? Un casi nada: en suma
Contemplo distraído
Una vaga impresión de blancura de pluma
Y el eco de un rumor cantándome al oído.

Trad. de Àngel Crespo 




VELHO TEMA

I

Só a leve esperança em toda a vida
Disfarça a pena de viver, mais nada;
Nem é mais a existência, resumida,
Que uma grande esperança malograda.

O eterno sonho da alma desterrada,
Sonho que a traz ansiosa e embevecida,
É uma hora feliz, sempre adiada
E que não chega nunca em toda a vida.

Essa felicidade que supomos,
Árvore milagrosa que sonhamos
Toda arreada de dourados pomos,

Existe, sim: mas nós não a alcançamos
Porque está sempre apenas onde a pomos
E nunca a pomos onde nós estamos


II

Eu cantarei de amor tão fortemente
Com tal celeuma e com tamanhos brados
Que afinal teus ouvidos, dominados,
Hão de à força escutar quanto eu sustente.

Quero que meu amor se te apresente
— Não andrajoso e mendigando agrados,
Mas tal como é: — risonho e sem cuidados,
Muito de altivo, um tanto de insolente.

Nem ele mais a desejar se atreve
Do que merece; eu te amo, e o meu desejo
Apenas cobra um bem que se me deve.

Clamo, e não gemo; avanço, e não rastejo;
E vou de olhos enxutos e alma leve
À galharda conquista do teu beijo.


III

Belas, airosas, pálidas, altivas,
Como tu mesma, outras mulheres vejo:
São rainhas, e segue-as num cortejo
Extensa multidão de almas cativas.
Têm a alvura do mármore; lascivas
Formas; os lábios feitos para o beijo;
E indiferente e desdenhoso as vejo
Belas, airosas, pálidas, altivas...

Por quê? Porque lhes falta a todas elas,
Mesmo às que são mais puras e mais belas,
Um detalhe sutil, um quase nada:

Falta-lhes a paixão que em mim te exalta,
E entre os encantos de que brilham, falta
O vago encanto da mulher amada.


IV

Eu não espero o bem que mais desejo:
Sou condenado, e disso convencido;
Vossas palavras, com que sou punido,
São penas e verdades que sobejo.

O que dizeis é mal muito sabido,
Pois nem se esconde nem procura ensejo,
E anda à vista naquilo que mais vejo:
Em vosso olhar, severo ou distraído.

Tudo quanto afirmais eu mesmo alego:
Ao meu amor desamparado e triste
Toda a esperança de alcançar-vos nego.

Digo-lhe quanto sei, mas ele insiste;
Conto-lhe o mal que vejo, e ele, que é cego,
Põe-se a sonhar o bem que não existe.

V

Alma serena e casta, que eu persigo
Com o meu sonho de amor e de pecado;
Abençoado seja, abençoado
O rigor que te salva e é meu castigo.

Assim desvies sempre do meu lado
Os teus olhos; nem ouças o que eu digo;
E assim possa morrer, morrer comigo
Esse amor criminoso e condenado.

Sê sempre pura! Eu com denodo enjeito
Uma ventura obtida com teu dano,
Bem meu que de teus males fosse feito".

Assim penso, assim quero, assim me engano
Como se não sentisse que em meu peito
Pulsa o covarde coração humano.

  

A FLOR E A FONTE  

"Deixa-me, fonte!" Dizia
A flor, tonta de terror.
E a fonte, sonora e fria,
Cantava, levando a flor.
"Deixa-me, deixa-me, fonte!
" Dizia a flor a chorar:
"Eu fui nascida no monte...
"Não me leves para o mar".
E a fonte, rápida e fria,
Com um sussurro zombador,
Por sobre a areia corria,
Corria levando a flor.
"Ai, balanços do meu galho,
"Balanços do berço meu;
"Ai, claras gotas de orvalho
"Caídas do azul do céu!...
Chorava a flor, e gemia,
Branca, branca de terror,
E a fonte, sonora e fria
Rolava levando a flor.
"Adeus, sombra das ramadas,
"Cantigas do rouxinol;
"Ai, festa das madrugadas,
"Doçuras do pôr do sol;
"Carícia das brisas leves
"Que abrem rasgões de luar...
"Fonte, fonte, não me leves,
"Não me leves para o mar!...
" As correntezas da vida
E os restos do meu amor
Resvalam numa descida
Como a da fonte e da flor...



  
PALAVRAS AO MAR

Mar, belo mar selvagem
Das nossas praias solitárias! Tigre
A que as brisas da terra o sono embalam,
A que o vento do largo eriça o pêlo!
Junto da espuma com que as praias bordas,
Pelo marulho acalentada, à sombra
Das palmeiras que arfando se debruçam
Na beirada das ondas - a minha alma
Abriu-se para a vida como se abre
A flor da murta para o sol do estio.

Quando eu nasci, raiava
O claro mês das garças forasteiras:
Abril, sorrindo em flor pelos outeiros,
Nadando em luz na oscilação das ondas,
Desenrolava a primavera de ouro;
E as leves garças, como olhas soltas
Num leve sopro de aura dispersadas,
Vinham do azul do céu turbilhonando
Pousar o vôo à tona das espumas...

É o tempo em que adormeces
Ao sol que abrasa: a cólera espumante,
Que estoura e brame sacudindo os ares,
Não os saco de mais, nem brame e estoura;
Apenas se ouve, tímido e plangente,
O teu murmúrio; e pelo alvor das praias,
Langue, numa carícia de amoroso,
As largas ondas marulhando estendes...

Ah! vem daí por certo
A voz que escuto em mim, trêmula e triste,
Este marulho que me canta na alma,
E que a alma jorra desmaiado em versos;
De ti, de tu unicamente, aquela
Canção de amor sentida e murmurante
Que eu vim cantando, sem saber se a ouvia,
Pela manhã de sol dos meus vinte anos.

O velho condenado,ao cárcere
das rochas que te cingem!
Em vão levantas para o céu distante
Os borrifos das ondas desgrenhadas.
Debalde! O céu, cheio de sol se é dia,
Palpitante de estrelas quando é noite,
Paira, longínquo e indiferente, acima
Da tua solidão, dos teus clamores...

Condenado e insubmisso
Como tu mesmo, eu sou como tu mesmo
Uma alma sobre a qual o céu resplende
- Longínquo céu - de um esplendor distante.
Debalde, o mar que em ondas te arrepelas,
Meu tumultuoso coração revolto
Levanta para o céu como borrifos,
Toda a poeira de ouro dos meus sonhos.

Sei que a ventura existe,
Sonho-a; sonhando a vejo, luminosa.
Como dentro da noite amortalhado
Vês longe o claro bando das estrelas;
Em vão tento alcançá-la, e as curtas asas
Da alma entreabrindo, subo por instantes...
O mar! A minha vida é como as praias,
E o sonho morre como as ondas voltam!

Mar, belo mar selvagem
Das nossas praias solitárias!
Tigre de que as brisas da terra o sono embalam,
A que o vento do largo eriça o pêlo!
Ouço-te às vezes revoltado e brusco,
Escondido, fantástico, atirando
Pela sombra das noites sem estrelas
A blasfêmia colérica das ondas...

Também eu ergo às vezes
Imprecações, clamores e blasfêmias
Contra essa mão desconhecida e vaga
Que traçou meu destino... Crime absurdo
O crime de nascer! Foi o meu crime.
E eu expio-o vivendo, devorado
Por esta angústia do meu sonho inútil.
Maldita a vida que promete e falta,
Que mostra o céu prendendo-nos à terra,
E, dando as asas, não permite o vôo!

Ah! cavassem-te embora
O túmulo em que vives - entre as mesmas
Rochas nuas que os flancos te espedaçam,
Entre as nuas areias que te cingem...
Mas fosses morto, morto para o sonho,
Morto para o desejo de ar e espaço,
E não pairasse, como um bem ausente,
Todo o infinito em cima de teu túmulo!

Fosse tu como um lago,
Como um lago perdido entre as montanhas:
Por só paisagem - áridas escarpas,
Uma nesga de céu como horizonte...
E nada mais! Nem visses nem sentisses
Aberto sobre ti de lado a lado
Todo o universo deslumbrante - perto
Do teu desejo e além do teu alcance!

Nem visses nem sentisses
A tua solidão, sentindo e vendo
A larga terra engalanada em pompas
Que te provocam para repelir-te;
Nem buscando a ventura que arfa em roda,
A onda elevasses para a ver tombando,
- Beijo que se desfaz sem ter vivido,
Triste flor que já brota desfolhada...

Mar, belo mar selvagem!
O olhar que te olha só te vê rolando
A esmeralda das ondas, debruada
Da leve fímbria de irisada espuma...
Eu adivinho mais: eu sinto... ou sonho
Um coração chagado de desejos
Latejando, batendo, restrugindo
Pelos fundos abismos do teu peito.

Ah, se o olhar descobrisse
Quanto esse lençol de águas e de espumas
Cobre, oculta, amortalha!... A alma dos homens
Apiedada entendera os teus rugidos,
Os teus gritos de cólera insubmissa,
Os bramidos de angústia e de revolta
De tanto brilho condenado à sombra,
De tanta vida condenada à morte!

Ninguém entenda, embora,
Esse vago clamor, marulho ou versos,
Que sai da tua solidão nas praias,
Que sai da minha solidão na vida...
Que importa? Vibre no ar, acode os ecos
E embale-nos a nós que o murmuramos...
Versos, marulho! Amargos confidentes
Do mesmo sonho que sonhamos ambos!



NO TEU ANIVERSÁRIO 

No lar cercam-te vozes d´alegria 
em bando, em nuvens doiro, mariposas 
que o teu olhar atrai. Canções e rosas 
sob os teus pés desfolham-se à porfia. 

A noite, alva corbelha de mimosas 
sobre ti volta o arcanjo da poesia. 
Nublam-te o sono as ondas vaporosas 
do turib´lo do amor, como de dia. 

Vives feliz no angélico ambiente 
de fortuna, feliz. Mas considera, 
que em um pobre, misérrimo, eu doente, 

eu vibraria a lira, se pudera 
vibrar a lira frágil e inocente 
a bruta e hedionda garra duma fera.





De 
Vicente de Carvalho 
POEMAS E CANÇÕES 
(SEGUNDA EDIÇÃO) 
Porto: Livraria Chardon, 1909 
250 p. 18 cmx 12 cm.

(Conservamos a ortografia antiga, original)



CAIR DAS FOLHAS 

“Deixa-me, fonte”! Dizia 
A flôr, tonta de terror. 
E a fonte, sonora e fria, 
Cantava, levando a flor. 

“Deixa-me, deixa-me, fonte!”” 
Dizia a flor a chorar: 
“Eu fui nascida no monte... 
“Não me leves para o mar”. 

E a fonte, rapida e fria, 
Com um sussurro zombador, 
Por sobre a areia corria, 
Corria levando a flôr. 

“Ai, balanços do meu galho, 
“Balanços do berço meu; 
“Ai, claras gotas de orvalho 
“Caídas do azul do céu!...” 

Chorava a flor, e gemia, 
Branca, branca de terror, 
E a fonte sonora e fria, 
Rolava, levando a flor. 

“Adeus, sombra das ramadas, 
“Cantigas do rouxinol; 
“Ai, festa das madrugadas, 
“Doçuras do pôr do sol; 

“Caricia das brizas leves 
“Que abrem rasgões de luar... 
“Fonte, fonte, não me leves, 
“Não me leves para o mar!...” 

As correntezas da vida 
E os restos do meu amor 
Resvalam numa descida 
Como a da fonte e da flor...





SAUDADE 

Belos amores perdidos, 
Muito fiz eu com perder-vos; 
Deixar-vos, sim: esquecer-vos 
Fôra de mais, não o fiz. 

Tudo se arranca do seio, 
— Amor, dezejo, esperança... 
Só não se arranca a lembrança 
De quando se foi feliz. 

Rozeira cheia de rozas, 
Rozeira cheia de espinhos, 
Que eu deixei pelos caminhos, 
Aberta em flor, e aprti: 

Por me não perder, perdi-te; 
Mas mal posso assegurar-me 
— Com te perder e ganhar-me 
Si ganhei, ou si perdi... 

  


sábado, 22 de noviembre de 2014

LUIZ DELFINO [14.101] Poeta de Brasil


LUIZ DELFINO 

(1834-1910)
Louis Delfino dos Santos nació en Isla de Santa Catarina, Brasil, en 1834 y murió en Río de Janeiro, en 1910. Político y poeta brasileño, considerado "el segundo poeta más importante de Santa Catarina, sólo superado por Cruz e Sousa." Licenciado en Medicina, fue también senador de Santa Catarina en el comienzo de la Antigua República.

No publicado libros sobre la vida y los distribuye en periódicos y revistas. Su obra es, sin embargo, amplia - más de mil poemas -y consideran perfecto. Se reunieron en catorce volúmenes y publicada por su hijo, Thomas Delfino dos Santos, entre 1926 y 1943.

Considerado un Parnaso, pero su poesía alcanza el simbolismo.


La fuente que extasía

Por soberbios peldaños de mármol reluciente
Se sube hasta la fuente de bronce; y, despeñada
En granos de oro y perlas sutiles, la corriente
De agua cae como gasa apenas arrugada.

Por un lado la dora, la irisa, el sol poniente,
Por el otro la hiere la sombra desmayada
Que traen los velos del ópalo que envuelven al ambiente...
Se ahoga en silencio la gran bóveda azulada.

Dos palomas, hermanas en nítida blancura,
Posan los pies color de rosa en la bacía,
Beben, el cuello encogen; y en tanto que murmura

El agua, y un Amor de bronce, arriba, espía...
Una linda mujer coger agua procura
Y le rebosa el cántaro, pues Amor la extasía.

Luís Delfino, incluido en Antología de la poesía brasileña. Desde el Romanticismo a la generación del cuarenta y cinco (Editorial Seix Barral, Barcelona, 1973, trad. de Ángel Crespo).




TRADUCCIÓN DE JAIME TELLO
De CUATRO SIGLOS DE POESÍA BRASILEÑA
Caracas: Centro Abreu Lima de Estudios Brasileños, Instituto de Altos Estudios de América Latina, Universidad Simón Bolivar, 1983


LA PRIMERA LÁGRIMA

Cuando al caer la lágrima primera
Surcó de Eva el rostro doloroso,
Quedó el rostro de ella tan hermoso
Y la besó Adán de tal manera,

Que cual rompe cascada prisionera
Sus alas de azul y oro primoroso
Abriendo, por el éter vaporoso
Huyera el ángel en veloz carrera.

Otros, posando en próxima montaña,
De cerca querían ver los condenados,
Haciendo del dolor alegría extraña.

Y al rumor de los besos redoblados,
Todos querían perdición tamaña,
Ansiosos, mudos, trémulos, pasmados.




A PRIMEIRA LÁGRIMA

Quando a primeira lágrima caindo,
pisou a face da mulher primeira,
o rosto dela assim ficou tão lindo
e Adão beijou-a de uma tal maneira,

que anjos e Tronos pelo espaço infindo
qual rompe a catadupa prisioneira,
as seis asas de azul e d'ouro abrindo,
fugiram numa esplêndida carreira.

Alguns, pousando à próxima montanha,
queriam ver de perto os condenados
da dor fazendo uma alegria estranha.

E ante o rumor dos ósculos dobrados,
todos queriam punição tamanha,
ansiosos, mudos, trêmulos, Pasmados...



CADÁVER DE VIRGEM

Estava no caixão como num leito,
palidamente fria e adormecida;
as mãos cruzadas sobre o casto peito,
e em cada olhar sem luz um Sol sem vida.

Pés atados com fita em nó perfeito,
de roupas alvas de cetim vestida;
o tronco duro, rígido, direito,
a face calma, lânguida, dorida...

O diadema das virgens sobre a testa,
níveo lírio entre as mãos, toda enfeitada,
mas como noiva, que cansou na festa.

Por seis cavalos brancos arrancada...
onde irás tu passar a longa sesta
na mole cama, em que te vi deitada?!...




A SAÍDA

O galo canta: o ar, que freme, é quente:
desce ruflando pelo vale o vento;
há no horizonte os rolos de uma enchente
do mar, que invade e doira o firmamento.

Toca a sineta; vem saindo a gente
da senzala, num jorro sonolento:
depois da reza, a passo tardo e lento,
enxada ao ombro, dois a dois em frente,

Ao eito vão pelo carreiro aberto:
o mato cheira, rumorejam ninhos
no cafezal, de branca flor coberto...

Há um grande chilrar de passarinhos...
e enquanto o escravo vai... segue-o de perto
a risada da luz pelos caminhos...





ALTAR SEM DEUS

Inda não voltas? — Como a vida salta
Destes quadros de esplêndidas molduras!
Mulheres nuas, raras formosuras...
Só a tua nudez entre elas falta ...

Pede-te o espelho de armação tão alta,
Onde revias tuas formas puras;
Pedem-te as cegas, lúbricas alvuras
Do linho, que a Paixão no leito exalta.

Pedem-te os vasos cheios de perfume
Os dunquerques, as rendas, as cortinas,
Tudo quanto a mulher de bom resume,

Escolhido por tuas mãos divinas... 
E sai do teu altar vazio, ó nume, 
A tristeza indizível das ruínas ...




TELA APAGADA

Tecum vivere amem.
Horácio

Como isto aqui mudou!... Agosto, o ano passado,
Tinha mais sol, mais luz, mais calor, menos frio;
Mas tudo o mais é o mesmo: a água do mesmo rio,
A ponte de madeira, as mangueiras, ao lado,

Velhas, grandes, em flor, o lanço esburacado
Do muro, e o líquen nele, e a avenca, e o luzidio
Lacrau, que salta, e vira, e já volta ao desvio;
O cão ganindo; e a um canto, à esquerda, ao longe, o prado;

Bambus em renque, em meio o caminho, e no espaço,
Longe do morro, ao fundo, a casa; e no terraço
Sobre o jardim, talhando o ar cintilante, a imagem

De um anjo, - um áureo nimbo à coma, o olhar humano
Como jamais pintou Corregio ou Ticiano:
Quem, levando-a, apagou a esplêndida paisagem...



ALMA VIÚVA

És uma alma viúva e perturbada:
Foi-te a paixão um vento de passagem,
Que indo, lançou do céu na tua imagem
Luxos da noite e jóias da alvorada.

A flor de amor, macia e perfumada,
Não foi de oásis, foi de uma miragem;
Anda por ti, como um rumor de aragem
A um rosal, que deu rosas, pendurada.

Teu negro olhar... o teu olhar esconde
Lasciva flauta de dois tubos, onde
Pã tocara, cantando a selva em coro.

Dentro, o desejo, como instável onda,
Dorme fremendo, quando alguém o sonda,
Como um leão ao sol nas garras d'ouro.



UMA PRINCESA ANTIGA

Tem a grandeza antiga e peregrina
Das mulheres da Bíblia, e da Odisséia:
Anda, fala, aparece... e se imagina
Ou Palas ou Judite ou Diana ou Rea.

Mas quando ao campo os passos seus destina,
Sua estatura avulta: - então é Dea:
Jove, para a espiar da azul cortina,
Deixa os deuses no Olimpo em assembléia.

Juno descora... E ela no cercado,
Numa das mãos erguendo os seus vestidos,
Com outra lança às aves pão cortado,

E vê de longe, entre os capins crescidos,
O velho boi de Homero, um boi malhado
De passo tardo e chifres retorcidos.



O MAL DA VIDA

Amor, pois, é a esplêndida loucura,
E a miséria de um sol que nos invade?
Caiu alguém aos pés da formosura
Que lhe não deixe aos pés razão, vontade?

Este delírio vem da eternidade,
Vem de mais longe, eu sei: - quem o procura
Acha-o mais velho do que Deus: quem há-de
Fugir do mal da vida por ventura?

E o amor é o mal que acaba em paraíso;
E para dar-nos céus num só lampejo
Basta-lhe um pouco, um nada é-lhe preciso:

De sonhos d'oiro e luz calça o desejo:
E então, de dia, em rosa abre o seu riso,
E em ampla estrela, à noite, abre o seu beijo...




CAPRICHO DE SARDANAPALO

"Não dormi toda a noite! A vida exalo
Numa agonia indômita e cruel!
Ergue-te, ó Radamés, ó meu vassalo!
Faço-te agora amigo meu fiel...

Deixa o leito de sândalo... A cavalo!
Falta-me alguém no meu real dossel...
Ouves, escravo, o rei Sardanapalo?
Engole o espaço! É raio o meu corcel!

Não quero que igual noite hoje em mim caia...
Vai, Radamés, remonta-te ao Himalaia,
Ao sol, à lua... voa, Radamés,

Que, enquanto a branca Assíria aos meus pés acho,
Quero dormir também, feliz, debaixo
Das duas curvas dos seus brancos pés!..."





OS SEIOS

Nunca te vejo o peito arfar de enleio,
Quando de amor, ou de prazer te ebrias,
Que não ouça lá dentro as fugidias
Aves, baixo alternando algum gorjeio...

Aves são, e são duas aves, creio,
Que em ti mesma nasceram, e em ti crias,
Ao arrulhar de castas melodias,
No aroma quente e ebúrneo do teu seio;

Têm de uns astros irmãos o movimento,
Ou de dois lírios, que balouça o vento,
O giro doce, o lânguido vaivém.

Oh! quem me dera ver no próprio ninho
Se brancas são, como o mais branco arminho,
Ou se asas, como as outras pombas, têm...



IN HER BOOK

Ela andou por aqui; andou. Primeiro,
Porque há traços de suas mãos; segundo,
Porque ninguém, como ela, tem no mundo
Este esquisito, este suave cheiro.

Livro, de beijos meus teu rosto inundo,
Porque dormiste sob o travesseiro
Em que ela dorme o seu dormir, ligeiro
Como um sono de estrela em céu profundo.

Trouxeste dela o odor de uma caçoula,
A luz que canta, a mansidão da rola
E esse estranho mexer de etéreos ninhos...

Ruflos de asas, amoras dos silvedos,
Frescuras d'água, sombras e arvoredos
Dando seca aos rosais pelos caminhos...



PRIMEIRA MISSA NO BRASIL
(a Vítor Meireles)

Céu transparente, azul, profundo, luminoso;
Montanhas longe, encima, à esquerda, empoeiradas
De luz úmida e branca; o oceano majestoso
À direita, em miniatura; as vagas aniladas

Coalham naus de Cabral; mexem-se inda ancoradas;
A praia encurva o colo ardente e gracioso;
Fulge a concha na areia a cintilar; grupadas
As piteiras em flor dão ao quadro um repouso.

Serpeja a liana a rir; a mata se condensa,
Cai no meio da tela: um povo estranho a eriça;
Sobre o altar tosco pau ergue-se em cruz imensa.

Da armada a gente ajoelha; a luz golfa maciça
Sobre a clareira; e um frade, ao ar, que a selva incensa,
Nas terras do Brasil reza a primeira missa.



A POESIA

O que é poesia, Helena? O céu invade,
E tudo une e desune e tudo enfeixa;
E tudo mete em sonorosa endeixa,
E tudo quanto foi, e inda ser há de.

É a voz de Deus, o som da tempestade:
Dá músicas ao mar, amor à queixa:
E ela em seu manto embrulha os sóis, e deixa
A ira enleá-la, e é cheia de bondade.

Embala o berço, e faz dançar a boda:
Mesmo ao trágico empresta os seus encantos:
Dá voz sublime à ventania douda.

É de existência dor, sorriso, prantos:
E a grande, a rica natureza toda
Luz, freme, goza, sofre, haure em seus cantos...



EXTRA MUROS

A tarde de ontem!... Longe da cidade,
Eu a esperava à porta do Passeio:
Quando via ir chegando um carro: — há de,
Pensava, ser o carro em que ela veio.

Não era. — Então ficava em novo enleio:
Cada momento era uma eternidade;
E entre a esperança, a dúvida, o receio,
Que inquietação, que angústia, que ansiedade!

Mas de repente o rápido ginete
Estaca, o faéton pára, as longas clinas
Sacode o pônei fino e cor de leite:

Sai a deusa: o sol ri, e das colinas
Rola-lhe ao pés a luz, como um tapete
Que ela esgarça na ponta das botinas...



A ÁGUIA

A águia negra, num vôo, de repente
Fura o céu, desprendida da montanha,
E parece levar em feixe ardente
Luz, que às garras metálicas apanha.

Afronta o sol, provoca-o frente a frente,
Deixa as nuvens atrás, remonta em sanha...
E volta irada, triste e lentamente,
Por ver tão longe a luminosa aranha.

Liso, e em foto o areal, como um espelho
Amplo, se estende ao seu olhar vermelho...
Vermelho, como a espuma dos vulcões:

Desce; e por desenfado ao bico enorme,
Enquanto um grupo de gazelas dorme,
Folga arrancando os olhos aos leões.