Poetas en Toledo:
Antonio Daganzo (España), Miguel Cabrera (Perú), Ahmad Yamani (Egipto), Ángel Guinda (España), Fernando Sabido Sánchez (España), Charo González (Chaglez Fotografia) y Theodoro Elsacca (Chile).

______________________________________________
SUGERENCIA: Buscar poetas antologados fácilmente:
Escribir en Google: "Nombre del poeta" + Fernando Sabido
Si está antologado, aparecerá en las primeras referencias de Google
______________________________________________

martes, 2 de septiembre de 2014

JANE AUSTEN [13.155]


Jane Austen

Jane Austen (Steventon, 16 de diciembre de 1775 – Winchester, 18 de julio de 1817) fue una destacada novelista británica que vivió durante el período de la Regencia. La ironía que emplea para dotar de comicidad a sus novelas hace que Jane Austen sea contada entre los «clásicos» de la novela inglesa, a la vez que su recepción va, incluso en la actualidad, más allá del interés académico, siendo leídas por un público más amplio.

Nació en la rectoría de Steventon (Hampshire). Su familia pertenecía a la burguesía agraria, contexto del que no salió y en el que sitúa todas sus obras, siempre en torno al matrimonio de su protagonista. La candidez de las obras de Austen, sin embargo, es meramente aparente, si bien puede interpretarse de varias maneras. Los círculos académicos siempre han considerado a Austen como una escritora conservadora, mientras que la crítica feminista más actual apunta que en su obra puede apreciarse una novelización del pensamiento de Mary Wollstonecraft sobre la educación de la mujer.

Ha sido llevada al cine en diferentes ocasiones, algunas veces reproducidas de forma fiel, como el clásico Más fuerte que el orgullo de 1940 dirigido por Robert Z. Leonard y protagonizada por Greer Garson y Laurence Olivier y en otras haciendo adaptaciones a la época actual, como es el caso de Clueless, adaptación libre de Emma, o bien Sentido y sensibilidad, de 1995; Mansfield Park, de 2000, y las versiones de Orgullo y prejuicio en 2004 (dirigida por Gurinder Chadha) y en 2005 (dirigida por Joe Wright). El interés que la obra de Jane Austen sigue despertando hoy en día muestra la vigencia de su pensamiento y la influencia que ha tenido en la literatura posterior. Su vida también ha sido llevada al cine con la película Becoming Jane (2007).

Jane Austen nació el 16 de diciembre de 1775 en Steventon, Hampshire, Inglaterra, siendo la séptima hija del reverendo George Austen, el párroco anglicano de la localidad, y de su esposa Cassandra (cuyo apellido de soltera era Leigh). El reverendo Austen obtenía un suplemento a los ingresos de la familia dando clases particulares a alumnos que residían en la casa de los Austen. La familia estaba formada por ocho hermanos, siendo Jane y su hermana mayor, Cassandra, las únicas mujeres. Cassandra y Jane eran confidentes, actualmente se conservan las cartas que se escribían cuando estaban separadas, así como las que Jane envió a otros familiares. Tres de los hermanos de Austen ingresan en el ejército, lo que hace que Jane tenga un amplio conocimiento de la vida en el regimiento; como así muestra en obras como Orgullo y Prejuicio.

En 1783, Jane y Cassandra acudieron a la casa de la Sra. Cawley, en Southampton, para proseguir su educación bajo su tutela, pero tuvieron que regresar a causa de la propagación de una enfermedad infecciosa en Southampton. Entre 1785 y 1786 Jane y Cassandra fueron alumnas de un internado en Reading, lugar que al parecer Jane retrató en el internado de la Sra. Goddard que aparece en su novela Emma. La educación que Austen recibió allí constituye toda la que recibió fuera del círculo familiar. Por otro lado sabemos que el reverendo Austen tenía una amplia biblioteca, y, según cuenta Jane en sus cartas, tanto ella como su familia eran "ávidos lectores de novelas, y para nada avergonzados de ello" (véase cultura en la época Georgiana). Así que Austen leía novelas de Henry Fielding y de Samuel Richardson, y leía también a Frances Burney. De hecho, tomó el título de Orgullo y prejuicio de una frase de esta autora, perteneciente a su novela Cecilia.

Entre 1782 y 1784, los Austen hicieron representaciones teatrales en la rectoría de Steventon, que entre 1787-1788 se hicieron más elaboradas gracias la colaboración de su prima, Eliza de Feuillide, (a quien dedicó Love and Friendship). En los años posteriores a 1787, Jane Austen escribió, para el divertimento de su familia, su Juvenilia, que incluye diversas parodias de la literatura de la época que se recogieron posteriormente en tres volúmenes. Entre 1795 y 1799 comenzó a redactar las primeras versiones de las novelas que luego se publicarían con los nombres de Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio y La abadía de Northanger (que entonces llevaban los títulos de Elinor and Marianne, First Impressions, y Susan, respectivamente). Probablemente también escribió Lady Susan en esta época. En 1797, su padre quiso publicar Orgullo y prejuicio, pero el editor la rechazó.

No hay pruebas de que Jane fuese cortejada por ningún hombre, al margen de un ligero amor juvenil con Thomas Lefroy (pariente irlandés de una amiga de Austen), a la edad de 20 años. Sin embargo, en enero del año siguiente, 1796, escribió a su hermana diciendo que todo había terminado, pues él no podía permitirse casarse con Jane por motivos económicos. Poco después, una tía de Lefroy trató de juntar a Jane con el reverendo Samuel Blackall, pero ella no estaba interesada.

En 1800 su padre decidió retirarse a Bath, ciudad que Jane no apreciaba mucho, posiblemente a causa de sus aguas termales. Mientras residía en Bath, la familia solía ir a la costa todos los veranos, y fue en una de estas vacaciones cuando Jane conoció a un hombre que se enamoró de ella. Al partir, decidieron volver a verse, pero él murió. Lo que conocemos de esta historia no aparece en ninguna de sus cartas. Al parecer Cassandra se lo refirió a sus sobrinas, y hasta años después no fue puesto por escrito. No se sabe hasta qué punto pudo esto afectar a Austen, aunque algunos creen que pudo inspirar su obra Persuasión.

En diciembre de 1802, estando Jane y Cassandra con la familia Bigg, cerca de Steventon, Harris Bigg-Wither pidió a Jane en matrimonio, y ella dio su consentimiento. Sin embargo, al día siguiente rompió el compromiso, y junto a Cassandra, se marchó apresuradamente a Bath. Cassandra se había comprometido con Thomas Fowle, que murió de fiebre amarilla en el Caribe en 1797. Thomas Fowle no tenía suficiente dinero como para casarse, de modo que el compromiso se venía posponiendo desde 1794. Había ido allí como militar para obtener dinero. Esta puede ser la fuente del rechazo por los compromisos largos que manifiestan algunos personajes de Jane Austen. Ni Jane ni Cassandra Austen se casaron nunca.

En 1803 Jane Austen consiguió vender su novela La abadía de Northanger (entonces titulada Susan) por 10 libras esterlinas, aunque el libro no se publicaría hasta catorce años más tarde. Es posible también que fuera entonces cuando comenzó a escribir The Watsons, aunque luego abandonaría la idea.

En enero de 1805 murió su padre, dejando a su mujer y a sus hijas (que eran ya las únicas que permanecían en la casa) en situación de precariedad económica, pues sus ingresos habían venido de su posición de párroco, y una vez muerto, estos cesaron. Dependían económicamente de sus hermanos, y de la pequeña cantidad que Cassandra había heredado de su prometido.

Southampton

En 1806 se trasladaron a Southampton, ciudad situada convenientemente cerca de la base de la marina en Portsmouth, lo que permitía a las hermanas ver frecuentemente a sus hermanos Frank y Charles, que servían en la marina y llegarían ambos, con el tiempo, a almirantes.

En 1809 se mudaron a Chawton, cerca de Alton y Winchester, donde su hermano Edward podía albergarlas en una pequeña casa dentro de una de sus propiedades. Esta casa tenía la ventaja de estar en Hampshire, el mismo condado en que estaba la casa de su niñez. Una vez instaladas, Jane retomó sus actividades literarias revisando Sentido y sensibilidad, que fue aceptada por un editor en 1810 ó 1811, aunque la autora asumía los riesgos. Apareció el título de forma anónima, en octubre, con esta única anotación sobre su autoría: "By a Lady". Según el diario de Fanny Knight, sobrina de Austen, recibió una "carta de la tía Cass rogándome que no mencionara que la tía Jane era la autora de Sentido y sensibilidad". Tuvo al menos dos críticas favorables, y se sabe que los beneficios para Austen tras su publicación fueron de 140 libras esterlinas.

Animada por el éxito, la autora lo intentó también con Orgullo y prejuicio, que vendió en noviembre de 1812, y se publicó en enero de 1813. Al mismo tiempo comenzó a trabajar en Mansfield Park. En 1813 la identidad de la autora de Orgullo y prejuicio comenzó a difundirse gracias a la popularidad de la obra—y la indiscreción de su familia—, sin embargo, al haber vendido los derechos sobre la obra (por 110£), no recibió ganancia de ello. Ese mismo año se publicó la segunda edición de ambas obras. En mayo de 1814 apareció Mansfield Park, obra de la que se vendieron todos los ejemplares en solo seis meses, y Austen comenzó a trabajar en Emma.

Era su hermano Henry, que vivía en Londres, quien se encargaba de negociar con los editores. Cuando Jane iba a Londres se quedaba en su casa. En 1813 Henry Austen fue tratado por el Sr. Clarke, médico del príncipe Regente, el cual, al descubrir que Austen era la autora de Orgullo y prejuicio y Sentido y sensibilidad, obras que apreciaba mucho, se lo comunicó a éste, solicitó a Henry que le fuera dedicada la siguiente novela de la autora—algo que es posible que no halagara a Austen, pues según una de sus cartas no guardaba una buena opinión de los príncipes a causa de sus conocidas infidelidades—.

En Chawton, Austen no gozaba de la misma privacidad que había tenido en Steventon, y es bastante famosa la anécdota narrada por James Austen-Leigh acerca de la puerta chirriante que Austen solicitó no fuera reparada, pues le avisaba de la llegada de algún visitante con la suficiente antelación como para esconder el manuscrito que estuviera escribiendo antes de que entrara en la habitación.

En diciembre de 1815 se publicó Emma, dedicada al príncipe regente, y, al año siguiente, una nueva edición de Mansfield Park. La segunda, sin embargo, no gozó del mismo éxito que sus obras anteriores, y las pérdidas de esta segunda edición hicieron que perdiera casi todo lo que había ganado con Emma. Comenzó Persuasión en agosto de 1815. Un año después empezó a encontrarse mal. A comienzos de 1817, comenzó Sanditon, pero tuvo que abandonarla por su estado de salud. Para recibir tratamiento médico fue trasladada a Winchester, donde falleció el 18 de julio de 1817. Sus últimas palabras fueron: "No quiero nada más que la muerte". Tenía 41 años. En su testamento legó todo lo que tenía a su hermana Cassandra. Por aquel entonces no se sabía cual había sido la causa de su muerte, aunque en la actualidad se considera que fue la enfermedad de Addison. Está enterrada en la Catedral de Winchester.

El epitafio, en la catedral de Winchester, no menciona que fue la autora de sus conocidas novelas. En 1872, después de que James Edward Austen-Leigh publicara sus Memorias, se añadió una nueva placa explicando su condición de escritora y apuntando: "She opened her mouth with wisdom and in her tongue is the law of kindness." ("Abrió su boca con sabiduría y en su lengua reside la ley de la bondad").

El único retrato de la escritora considerado auténtico es un dibujo realizado para ilustrar las Memorias de Austen-Leigh, una reinterpretación realizada en época victoriana de un dibujo de su hermana. En la actualidad se puede ver en la National Gallery de Londres. A partir de éste han sido creadas todas las variaciones de retratos de Jane Austen que podemos encontrar hoy en día.

En la British Library, también en Londres, se puede encontrar una libreta que le regalo su padre, ilustrada por Cassandra, su hermana, donde Jane escribió sus primeras historias. También se encuentran allí manuscritos de los dos últimos capítulos de Persuasión, aunque posteriormente no los utilizó, y un pequeño escritorio de madera.

Existen asimismo dos museos dedicados a Jane Austen. El "Jane Austen Centre", en Bath, es un museo público situado en una casa georgiana en Gay Street, justo unos metros antes del número 25, donde residió Austen en 1805. Por último, el "Jane Austen's House Museum" se encuentra en la cabaña de Chawton, en Hampshire, lugar donde vivió la escritora desde 1809 hasta 1817.

Sociedad y época de Jane Austen

Jane Austen vivió en la época de la regencia, que constituye un puente entre el período georgiano y el victoriano, aunque su obra literaria se caracteriza por describir con precisión la sociedad rural georgiana y no tanto los cambios que estaba sufriendo con la llegada de la modernidad. Este cambio se basa en dos factores externos fundamentales: por un lado, la revolución agraria, que constituye el comienzo de la revolución industrial, y de sus importantes repercusiones sociales. Y por el otro, el colonialismo, las Guerras Napoleónicas y la extensión del Imperio Británico.

Con el advenimiento de la industrialización, el antiguo orden jerárquico que situaba en la cima a la nobleza y sus bienes heredados sufrió un proceso de cambio, al aparecer nuevas formas de adquirir riquezas. La revolución agraria había provocado un incremento en la población inglesa, que a su vez impulsó la economía al hacer crecer la demanda. Por primera vez en la historia de Gran Bretaña, el incremento de la población podía ser sustentado, gracias a las innovaciones introducidas en las técnicas de cultivo. En consonancia, una clase social hasta entonces minoritaria comenzó a hacerse notar y a ganar en importancia: la alta burguesía agraria. La población inglesa inició un éxodo del campo a la ciudad, buscando empleo en la industrialización incipiente y por ello se precisaba un nuevo conjunto de valores, pues la vieja tradición ya no podía cubrirlos. Para el comienzo de la era victoriana, la antigua jerarquía y lo que ella representaba habían quedado obsoletas. Por otro lado, las Guerras Napoleónicas (1804–1815) abrieron otro tipo de profesión mayoritaria en el ejército, que en los años siguientes continuó estando en alza dada la expansión del colonialismo; además, aparecieron héroes nacionales como el Duque de Wellington o Lord Nelson, lo que otorgaba cierto romanticismo a la profesión.

La era georgiana se caracterizó también por los cambios sociales en el aspecto político. Fue la época de las campañas para la abolición de la esclavitud, de la reforma de las prisiones o de las críticas a la minada justicia social. Fue también la época en la que los intelectuales comenzaron a plantearse políticas de bienestar social, y se construyeron orfanatos, hospitales y escuelas dominicales.

Cultura en la época georgiana

Catherine Morland en su dormitorio de la abadía de Northhanger, leyendo Los misterios de Udolfo, la novela gótica mas conocida de la época georgiana.

Culturalmente, la época georgiana se caracterizó por el resurgimiento de la novela y por la discusión sobre si era, realmente, un género legítimamente literario y de calidad. De acuerdo con Ian Watt, en el ensayo The Rise of the Novel, el renacimiento de la novela está intrínsecamente enlazado al florecimiento de la clase media, que, a diferencia de la nobleza, no había sido educada con los clásicos, no conocía el latín ni el griego y tampoco compartía el interés por los temas de las literaturas clásicas. Otro factor importante es que la imprenta había hecho posible que la adquisición de libros fuera accesible a las clases no adineradas. El número de libros publicados creció, permitiendo así un incremento en el número de escritores profesionales. Dicho de otra forma, un nuevo tipo de lectores propició un nuevo tipo de escritura.

Sin embargo, una de las críticas que actualmente se hace a Watt es la exclusión de las escritoras de novelas en su descripción de los siglos XVIII y XIX. En la actualidad, se reconoce que más de la mitad de los autores de novelas durante esta época eran mujeres que a través de la escritura conseguían cierta independencia económica. Es cierto, no obstante, que la calidad de la mayoría de estas obras dejaba mucho que desear, pues estaba llena de tópicos y clichés en el lenguaje y los personajes, herencia de la novela gótica. En cuanto a la postura de Austen, ella defiende la novela como género de calidad, introduciendo discusiones sobre la literariedad prácticamente en todas sus obras, pero a su vez siendo crítica con el estilo de estas novelas de segunda categoría o mofándose incluso de ellas, en obras más paródicas como La abadía de Northhanger.

La educación de la mujer

Durante la época de Jane Austen no existía un sistema educativo propiamente dicho, y la educación de los niños se llevaba a cabo en las escuelas dominicales, o, en las familias pudientes y más educadas, a través de una institutriz y de tutores. Por otro lado existían algunas "escuelas para damas", que por lo demás gozaban de mala reputación, pues la educación "real" que se recibía allí era muy deficiente. Por otro lado, también era común el mandar a los hijos varones a vivir a la casa de un tutor, como lo era el padre de Jane Austen. Creciendo en esa casa, podemos pensar que la autora fue una mujer muy instruida para su tiempo.

El tratado educativo más relevante para la época es el Emilio de Rousseau, que sienta sus bases en la Ilustración. Lo que proponía Rousseau es que todos los males de su época se originaban en la propia sociedad, y que la única alternativa era provocar una transformación en el hombre a través de la educación; una educación que lo permitiera liberarse de esa corrupción que provoca la sociedad. La influencia de la Ilustración hace que se comience a crear un sistema educativo fundado en la razón. Sin embargo, tanto en Rousseau como en muchos otros pensadores de la Ilustración, la mujer queda excluida de esta necesidad educativa. Es más, en el Emilio se hace referencia a la educación de la mujer a través de la sugerida para Sofía, la mujer destinada a casarse con Emilio: la mujer debe ser educada para cumplir con sus cometidos de esposa y madre, y obedecer a su marido. Siendo así no es de extrañar que numerosos tratados de conducta para mujeres jóvenes se popularizaran en el siglo XVIII, enseñando doctrinas morales y enfocando la educación hacia los aspectos domésticos, la religión y los "talentos", y apartándolas de esos otros conocimientos que provocarían que la mujer fuese poco deseable a los ojos de los hombres.

Hay muchos pasajes en la obra de Jane Austen dedicados a los "talentos", pero si hay algo que todas las obras tienen en común es que ninguna de sus heroínas está muy interesada por ellos. Por talentos nos referimos a las diferentes habilidades que una mujer que busca marido debe cultivar para atraer la atención de éste.

"Me resulta increíble," dijo Bingley, "cómo todas las jóvenes tienen tanta paciencia como para cultivar todos esos talentos." (…) "Todas pintan, forran biombos y hacen bolsitas de malla. No habré conocido a una que no sepa hacer todo esto, y estoy seguro de que jamás me han hablado de una chica por primera vez sin referírseme lo talentosa que era." (…) "Una mujer debe tener un amplio conocimiento de música, canto, dibujo, danza, y lenguas modernas para merecerse esa palabra (talentosa); y, aparte de todo esto, debe haber algo en su aire y en su manera de andar, en el tono de su voz, en su forma de relacionarse con la gente y en su expresión, de no ser así, no merecerá completamente la palabra."


Jane Austen, Orgullo y Prejuicio

Jane Austen aboga en sus novelas por una educación liberal para la mujer, alejada de todos estos "talentos", pues considera que la falta de sensatez conlleva un gran riesgo para la vida social, para la elección de un futuro favorable y para la convivencia conyugal.

Inicios y formación como escritora

Jane Austen retrató con dejos de pícara ironía las costumbres de la sociedad de su época.

No resulta fácil determinar cuándo fue el momento preciso en el que Jane Austen comenzó a escribir. Existen cuadernos de notas con relatos que señalan que habría despertado su talento a temprana edad. En 1791, con tan sólo 16 años, ya disponía de un buen número de ejemplares almacenados. Sus primeros trabajos se caracterizan por ser de una extensión ligeramente inferior a la de sus obras más maduras, y por estar narrados en un inglés llano, fácil y libre de ornatos propios de muchos escritores. Siendo de una familia que promovía el aprendizaje, la lectura y las letras, Austen pronto desenvolvió un talento especial que le llevó a desarrollar su deseo de componer textos, siempre representando en ellos los valores familiares que ella estimaba como importantes.

En su concepción de la educación, tal y como expresó en sus novelas, el modelo de unos padres ejemplares era incluso más que suficiente para moldear la buena conducta de sus hijos. No cree estrictamente en la figura de la institutriz, tan común en la época, para criar a los niños, y así lo pone de manifiesto en boca de Elizabeth, la protagonista de Orgullo y prejuicio: "No tenemos institutriz, todo lo hacemos por nosotros mismos" (comentario dirigido a Lady Catherine de Bourgh, quien reacciona sorprendida por el mismo). Es evidente que Austen, pese a su presunto aislamiento literario, no era ajena a las tendencias de su tiempo, y así lo expone en sus obras, sobre todo en lo vinculado a la figura de la mujer. También en Orgullo y prejuicio, se presenta un debate entre los personajes en el volumen I, cuando Elizabeth discute con Mr Darcy, Mr y Miss Bingley, y Mrs Hurst en Netherfield, sobre lo que comúnmente era el prototipo de dama ideal. Para la aristocracia, un buen modelo era el de una mujer cultivada, que supiera hablar idiomas modernos, que supiera de música, de estilo, de varios temas, y que tuviera un cierto carisma y expresión que le favoreciera. Frente a esto, Elizabeth pone en duda si existe una mujer capaz de tener todas esas cualidades a la vez, a lo que responde: "No dudo que conozcáis sólo a una docena; dudo que conozcáis a alguna" (véase La educación de la mujer).

Es evidente, además, que Austen hubiera deseado "escribir menos y leer más". Así se lo hacía saber a su sobrina, Louisa Knight (1804-1899), poco antes de su muerte. Tampoco quiso, en vida, publicar algunas de sus obras, debido a que las consideraba impropias a tal efecto. Fue entonces cuando se propuso pulir sus faltas de estilo y logró convencer a su familia de que desistiera en su intención de llevar sus primeros trabajos a una editorial.

Características principales de su obra

Con Austen surgió un nuevo estilo de novela, que difería de los anteriores en los temas que trataba. Según Richard Whately, en su análisis sobre la técnica y el efecto moral en la ficción de Jane Austen, su obra no altera nuestra credibilidad ni sorprende nuestra imaginación pese a contar con una amplia variedad de incidentes. Aquellas figuras de afección y sensibilidad romántica, agrega, eran primeramente atributos de personajes ficticios, siendo poco usuales entre aquellos de carne y hueso, es decir, de los que viven y mueren. La mayor parte de esta excitación encuentra su clímax mediante la repetición indiscriminada de la misma, el arte de copiar de la naturaleza, dado que se encuentra presente en todos los aspectos de la vida. Este panorama se expone ante un lector no como una sucesión de escenas propias de un mundo imaginario, sino que, en definitiva, la obra de Austen se centra en aspectos cotidianos y, por tanto, afines a la vida real. La variedad, el entretenimiento y el camino incierto del protagonista son temas que la autora aborda en la casi totalidad de sus obras. No es de menor importancia la prioridad que presta al detalle, y a la descripción realista e ilustrada de personajes y lugares.

Sus novelas contienen un mensaje instructivo, señalan el buen comportamiento y aportan una especie de experiencia ficticia, aunque siempre manteniendo los principios clásicos aristotélicos de verosimilitud, esto es, que sea acorde a la realidad y ofrezca, por consiguiente, una historia donde los elementos que la constituyen se presten a la veracidad de los hechos que se narran.

Durante la primera mitad del siglo XVIII, la función moralizadora había corrido por cuenta de ensayistas como Joseph Addison o Richard Steele, que denunciaban en sus periódicos los abusos cometidos por la sociedad británica contemporánea. Estos artículos se encontraban impregnados de una fuerte connotación satírica, cuyo papel era el de modelar mediante la ridiculez y la expresión jocosa los pilares que debían regir el buen comportamiento del ser humano.

A partir del siglo XIX, sin embargo, esa función pasó a formar parte del canon a través del cual se habrían de regir los nuevos novelistas. La narración, tanto en el caso del cuento como en el de la novela, construiría esos modelos de comportamiento a través de la representación de los mismos. Este mecanismo no se centraría en describir diversos prototipos de clases sociales, sino de ofrecernos sus características fundamentales a raíz de uno o varios personajes que pertenecen a cada una de esas clases. Estos personajes, por otra parte basados en el lector común, buscaban que el receptor del texto se sintiera de alguna manera identificado con ellos, sintiéndose, como resultado, atraído por las circunstancias que les deparará el destino. En el caso de Jane Austen, en su novela de Orgullo y prejuicio, Elizabeth Bennet, la protagonista, y su familia, pertenecen a una clase social media baja. Mr. Darcy y otros personajes como Mr. Bingley y Lady Catherine de Bourgh, son claros iconos de la burguesía del momento. La escritora busca romper estas barreras sociales, mostrándose reacia a la incapacidad de movilidad social típica de la época, y concluye con el matrimonio de los protagonistas, el contrato civil, y la fusión de clases.

Jane Austen demuestra tener un buen gusto por el decoro y por la utilidad, ambas influidas por su religión cristiana y el tenor moral de su composición. Ella misma reconocía en sus obras la característica de un "sermón dramático". El aspecto didáctico, por otra parte, es expresado de forma concisa, es decir, ocurre de forma accidental durante el transcurso de la obra y no se presenta ante el lector de una forma forzada, sino más bien natural. Austen se muestra predispuesta a enseñar a sus lectores, no mediante discursos éticos en sentido estricto, sino a través de eventos que no son ajenos a la vida de cualquiera de las personas que se adentran en la historia. La novela de Austen constituye una unidad racional de historias y sucesos entrelazados para crear un argumento común y lógico. Pocas veces se puede percibir el desenlace de su obra, y cada episodio que la conforma es el resultado de los eventos que tuvieron lugar con anterioridad.

Intertextualidad

Se suele decir de Jane Austen que fue una escritora aislada de la influencia de otros autores de su tiempo, y de la vida social más allá de la rectoría de Steventon en la que vivía, y de la burguesía rural que conformaba la sociedad que la rodeaba.

Jane Austen vivió aislada del mundo literario: no conoció a ninguno de los autores contemporáneos ni por carta ni por trato personal. Pocos de sus lectores conocían su nombre, y ciertamente ninguno conocía más de ella que eso. Dudo que fuera posible mencionar a cualquier otro autor notable que viviera en una oscuridad tan completa. No puedo pensar de ninguno que viviera como ella, sino en muchos con los que contrastarla en ese respecto

Memorias de Jane Austen, Edward Austen-Leigh

Esto, sin embargo, no es del todo cierto: sabemos por las cartas que se enviaban ella y Cassandra que las dos hermanas Austen viajaron con frecuencia a casas de amigos y familiares, y también que Austen estaba familiarizada con muchas de las obras que se publicaron entonces. Se puede encontrar prueba de esto en la intertextualidad que aparece en sus obras, pues a veces permite al lector formular juicios sobre los personajes, o hacer que estos se juzguen unos a otros a través de un simple contraste en las lecturas que ellos recomiendan o los fragmentos de texto que leen. Por ejemplo, una forma de ridiculizar a Mr. Collins, en Orgullo y prejuicio, es hacerle leer a sus primas los Sermones de Fordyce, un manual destinado a formar moralmente a las jóvenes que contradecía en muchos aspectos lo que Jane Austen consideraba propio para la educación de ellas. Hay más referencias explícitas en la obra de Austen, por ejemplo, en La abadía de Northanger, que es una parodia de las novelas góticas. La protagonista, Catherine Morland, está leyendo una novela de Ann Radcliffe, Los misterios de Udolfo. Catherine es un personaje que está muy relacionado con las heroínas de novela populares de la época, aquejada de cierto tipo de quijotismo, en el que las novelas de caballería se ven sustituidas por las novelas góticas; ve su vida como la de una de las heroínas, y como las novelas de Jane Austen se definen mejor como novelas de formación o Bildungsroman, Catherine debe aprender que la vida no es como se plantea en las novelas.

Sabemos, por las novelas y las cartas, que Austen leyó a autores como Fanny Burney, María Edgeworth, Ann Radcliffe, Daniel Defoe, Henry Fielding, Laurence Sterne, y Samuel Richardson; a ensayistas como Joseph Addison y Richard Steele o a poetas tales como William Cowper y George Crabbe. Lo más destacable, quizá, no es a quién leía, sino a quién no; faltan aquí los nombres de los románticos: William Wordsworth, Coleridge, o Lord Byron; este último brevemente mencionado en Persuasión, quizá su única novela con ciertas pinceladas románticas. Pero en general, Jane Austen, en su manejo de la ironía, está más a la par con los autores del neoclasicismo, como Alexander Pope o Jonathan Swift.

Críticas a la obra de Jane Austen

En 1816, los críticos de The New Monthly Magazine no consideraban a Emma como una novela de trascendencia.
Austen no fue considerada una gran novelista (apta para entrar en el canon), hasta entrado el siglo XIX. Aunque la mayoría de sus obras aparecieron bajo seudónimo, fueron, sin embargo, ampliamente conocidas y recibieron numerosas críticas.

Fue Sir Walter Scott quien dio un empujón a su obra gracias a su favorable reseña de Emma. Lo que apunta Scott en esta reseña son los puntos que van a repetirse en casi todas las críticas posteriores de Austen. Por un lado, tenemos el espacio, pues la originalidad de su obra radica en que crea entretenimiento a través de retratos de lugares y situaciones comunes para sus lectores. Sus personajes son casi sin exclusión personas de la clase media, movidos por principios que pueden ser comunes a los de cualquier lector, enclavados no en las exóticas colonias, sino en la campiña inglesa. Scott, además, agrega: "Esa joven dama tiene un talento para describir las relaciones de sentimientos y personajes de la vida ordinaria, lo cual es para mí lo más maravilloso con lo que alguna vez me haya encontrado".

En la última novela de Austen, Persuasión, muchos personajes leen alguna obra escrita por Scott y la elogian, pero es Marianne Dashwood en Sentido y sensibilidad quien menciona a Scott como uno de sus favoritos.

Estos mismos argumentos que emplea Scott pueden verse en otras críticas que apuntan a lo limitado de los temas que trata Austen, por ejemplo, en los artículos de Q.D Leavis en The Spectator. Las Guerras Napoleónicas no son tratadas más que en las figuras de los oficiales, ni tampoco se muestran las consecuencias trágicas que la guerra tuvo para muchas familias, ni asuntos políticos o sociales. De entre todos los personajes de sus novelas, ninguno es un sirviente, o pertenece a la clase baja. Salvo en Mansfield Park, tampoco se hacen referencias a las colonias, aún siendo esto común en las novelas de la época, en la que algunos personajes eran enviados a ellas, donde se enriquecían, y volvían con aventuras exóticas para contar.

Austen contó además con la admiración de Thomas Babington Macaulay (quien pensaba que en el mundo no existían composiciones más próximas a la perfección), Samuel Taylor Coleridge, Robert Southey, Sydney Smith, Edward FitzGerald, y el príncipe regente, que se las apañaba para que ella le visitara en Brighton. Los académicos del siglo XX la situaron entre las escritoras más genuinas en lengua inglesa, algunas veces incluso comparándola con William Shakespeare. Tanto Lionel Trilling como Edward Said escribieron ensayos sobre las obras de Austen. Said hizo referencia sobre todo a Mansfield Park en su obra publicada en 1993, Culture and Imperialism.

Trilling afirmó en un ensayo sobre Mansfield Park:

Fue Jane Austen quien primero representó la personalidad específicamente moderna y la cultura en la que ésta se produce. Nunca antes se había mostrado la vida moral como ella lo hace ver, y nunca antes se había creído que fuera tan compleja, difícil y exhaustiva. Hegel habla de la "secularización de la espiritualidad" como una característica fundamental de la modernidad, y Jane Austen es la primera en contarnos lo que esto supone.

En este aspecto, quizá la peor crítica (y más conocida) proviene de Charlotte Brontë, pues sus opiniones eran tan distintas que «salvo por el hecho, posiblemente relevante, de que ninguna de ellas tuvo hijos, [...], temperamentos más incongruentes no podrían haberse juntado en una habitación». En 1848, en una carta a George Lewes, quien había sugerido tras leer Jane Eyre que debería escribir con menos sentimentalismo como Jane Austen. Brontë contesta diciendo que todo lo que encontró tras leer Orgullo y prejuicio era «un preciso daguerrotipo de una faceta común; un jardín cerrado y cuidadosamente cultivado, de bordes limpios y flores delicadas; pero ni una vívida y brillante fisionomía, ni campo abierto, aire fresco, colina azul, o arroyo estrecho».

La primera reacción del escritor estadounidense Mark Twain fue el rechazo:

"¿Jane Austen? Porque, voy aún más lejos al decir que cualquier biblioteca es buena siempre que no contenga algún volumen por Jane Austen. Incluso si no tiene otro libro".
Sin embargo, Rudyard Kipling lo veía de otra manera, llegando a escribir una historia corta, "The Janeites", acerca de un grupo de soldados que eran también admiradores de Austen, así como dos poemas elogiando a la "Jane de Inglaterra" (England's Jane), y dedicándole amor póstumo verdadero.

Desde otra perspectiva, las novelas de Jane Austen, según comenta Richard Simpson (1820-1876) en The Critical Faculty of Jane Austen (1870), presuponen una sociedad organizada de familias, de padres casados, cuya existencia se complementa en haber dado origen a los héroes y heroínas de las diferentes historias. Estos personajes casi siempre están representados en armonía. El sentimiento, la estupidez, la frialdad y otras sensaciones, acompañan la vida cotidiana en consonancia con la felicidad y el bienestar.

Austen se encontraba a gusto con su familia y no deseaba contraer matrimonio; de ahí que en sus obras primen sentimientos como el amor fraternal y la amistad. Su condición de soltera le valió para observar y describir los males del amor desde una perspectiva ajena a su situación. Simpson creía además que Jane Austen excedía la verdad en sí misma, y caracterizaba a sus personajes con una fe que, sin embargo, se las apañaba para convivir con un cierto escepticismo.

Esta autora no utiliza un modelo de personaje, virtud o vicio perfecto. Su filosofía consiste no sólo en rescatar la luz de bondad en lo que se presenta como su opuesto, sino también destacar lo débil y efímero de lo bueno. Es su concepción del ser humano como ser social, y por tanto no individual, lo que la lleva a abstraerlo y aislarlo. Además, el hombre, para la autora, es el producto de las influencias sociales que actúan sobre él. Por otro lado, la virtud se halla relacionada a las diversas formas de parecer, impulsada por la lucha y el deseo de superación. El hombre no es estático, sino que se mueve constantemente, y así lo hacen sus ideas.

Es un hecho común que en las novelas de Austen encontremos pequeños grupos sociales, generalmente compuestos por familias que vivían en asentamientos rurales. Su obra demuestra como se mantuvo indiferente a los debates políticos de su tiempo, a la vez que exponen el medio rural sobre el que se abordan distintas mentalidades y formas de pensar, sin la necesidad de caer en diferencias importantes de clase.

Jane Austen, además, se caracterizó por presentar a sus heroínas en un estado de juventud e inmadurez, pero lleno de buena disposición. De mentalidad platónica, consideraba al alma como el epicentro de la unidad familiar, no como una república. Los conflictos se daban dentro de la familia, y no suponían un atentado contra la figura paterna, ni mucho menos un castigo capital por algún error cometido durante el transcurso de la acción. Sí trata, en cambio, de los matrimonios por conveniencia, del problema de la herencia, de la necesidad de castidad en determinadas situaciones, la virtud de la mujer (y del hombre en menor medida), y los valores que consideraba necesarios en toda sociedad.

Crítica feminista

Conforme a lo expuesto por Margaret Oliphant (1822-1897), una novelista y crítica literaria inglesa, en su obra Miss Austen and Miss Mitford, los personajes de la autora no son refinados y suelen aparecer en el mismo contexto. La pobreza en la novela de Austen, afirma, es el resultado de un problema de patrimonio económico o la consecuencia de una muerte prematura del patriarca familiar. Según Oliphant, sus obras se enfrentan con el límite impuesto por el conocimiento y la naturaleza. Los personajes crecen, maduran, adquieren poder y nobleza a lo largo de la historia.

El estilo es suave y resalta el aspecto ridículo del argumento. Austen se compadece de los personajes que sufren, pero no parece sentir pena por su situación en ningún momento. La mentalidad que imprime en sus obras es meramente femenina, asociada a una mujer que dispone de tiempo suficiente como para explorar el mundo que le rodea, asistir a bailes y conferencias.

Sus escritos exponen a menudo las peculiaridades, la ingenuidad y lo absurdo de la mente humana. También incluyen muestras de tolerancia, paciencia y caridad (si bien no proveniente del principio cristiano). La escritora, además, presenta rasgos de incredulidad, y enseña a sus lectores los errores cometidos por el hombre, distanciándolos con cierto tono humorístico, de lo que comúnmente se asocia con la idea de lo que está bien y de lo que está mal.

Desde el punto de vista de un feminismo más moderno, encontramos una evolución: si en 1975 Marilyn Butler, sostenía que las novelas de Austen perpetuaban esas mismas construcciones sociales que subyugaban a la mujer al matrimonio y a la esfera doméstica, la refutación que Sandra Gilbert y Susan Gubar hacen a tal afirmación desde su obra La loca del ático asegura que, por el contrario, los personajes que conforman el argumento principal de las novelas contradicen esas convenciones defendiendo una educación racional para la mujer y que por tanto, aunque no se puede emplear el calificativo de feminista (como lo entendemos actualmente) para la obra de Jane Austen, sí que se pueden encontrar ciertos elementos distintivos de inconformismo en ella. Ya en la década de 1990, la crítica india Meenakshi Mukherjee sugiere un contraste entre las obras de Jane Austen y Mary Wollstonecraft, pues al igual que en la obra de Mary Vindicación de los derechos de la mujer, las heroínas de las obras de Jane Austen abogan por ser tratadas como "criaturas racionales".

El dilema sobre la educación de la mujer fue crucial en el siglo XVIII, y según asegura Mukherjee, "cada una de las seis novelas presenta una profunda contradicción entre el dominio de la razón dominante en la sociedad de la Inglaterra del siglo XVIII y los valores a los que, hipócritamente, se esperaba que la mujer se adhiriera."21 Por otro lado, la idea de Austen como conservadora puede tener que ver con la imagen que su familia mostró de ella después de su muerte, a través de la selección de cartas y de las memorias de Austen-Leigh. El inteligente uso de la comedia es lo que permite que la obra de Austen no parezca inconformista. Por otro lado, dice Mukherjee, no se puede perder de vista la época y los hechos recientes que podrían haber afectado su escritura. Una generación separa a Jane Austen de Mary Wollstonecraft, y para cuando Austen comenzó a escribir sus novelas, las ideas de Wollstonecraft se expandían rápidamente, expansión que probablemente se debía en parte al escándalo provocado por las Memorias de Godwin. Sin embargo, este escándalo refrenó en cierta manera el progreso del feminismo, llevándolo de un retroceso a los valores conservadores, y es en este ambiente en el que Austen escribe, creando un equilibrio en sus obras entre lo que es vindicativo y lo simplemente entretenido y aceptable, dulcificado a través del humor. Actualmente la investigación acerca de Jane Austen también incluye una perspectiva en torno a las relaciones de pareja, las cuales concluían o no en matrimonio. 

Obras

Novelas publicadas

El orden en que inició y finalizó sus novelas no se corresponde con las fechas de publicaciones.

Sentido y sensibilidad (Sense and Sensibility, 1811)
Orgullo y prejuicio (Pride and Prejudice, 1813)
Mansfield Park (Mansfield Park, 1814)
Emma (Emma, 1815)
La abadía de Northanger (Northanger Abbey, 1818), obra póstuma
Persuasión (Persuasion, 1818), obra póstuma
Obras cortas[editar]
Lady Susan (Lady Susan, 1794, 1805), novela corta.
Los Watson (The Watsons, 1804), incompleta. Su sobrina Catherine Hubback la finalizó, publicándola como The Younger Sister a mediados del XIX.
Sanditon (Sanditon, 1817), incompleta.
Juvenilia u obras de juventud[editar]
Estos relatos fueron escritos por Jane Austen entre 1787 y 1793, por lo tanto hay composiciones casi infantiles, aunque hay algunas que revisó posteriormente cuando ya era una escritora madura, ella misma los reunió en estos tres volúmenes. Destinados al ámbito familiar, no fueron publicados hasta 1922.22

Volumen I

Frederic and Elfrida
Jack and Alice
Edgar and Emma
Henry and Eliza
The Adventures if Mr. Harley
Sir William Mountague
Memories of Mr. Clifford
La bella Cassandra The Beautifull Cassandra
Amelia Webster
La visita The Visit
The Mystery
Las tres hermanas The Three Sister
Una bella descripción A Beautiful Description
A Generous Curate
Ode to Pity

Volumen II

Amor y amistad Love and Freindship
El castillo de Lesley Lesley Castle
La Historia de Inglaterra The History of England
Una colección de cartas A Collection of Letters
La mujer filósofo The Female Philosopher
Primer acto de una comedia The First Act of a Comedy
Carta de una joven dama A Letter from a Young Lady
Un viaje a través de Gales A Tour Through Wales
Un cuento A Tale

Volumen III

Evelyn
Catherine, o el cenador Catherine, or the Bower










Esta pequeña bolsa.
This little bag;


Esta pequeña bolsa, espero, probará
Que no fue hecha en vano,
Pues si necesitas una mano
Toda la ayuda te brindará.

Y cuando estemos listos a partir
También servirá para otro fin,
Posa tus ojos en la bolsa vacía
Y recordarás a tu amiga.







Happy the Lab’rer:

Happy the lab’rer in his Sunday clothes!
In light-drab coat, smart waistcoat, well-darn’d hose,
And hat upon his head, to church he goes;
As oft, with conscious pride, he downward throws
A glance upon the ample cabbage rose
That, stuck in button-hole, regales his nose,
He envies not the gayest London beaux.
In church he takes his seat among the rows,
Pays to the place the reverence he owes,
Likes best the prayers whose meaning least he knows,
Lists to the sermon in a softening doze,
And rouses joyous at the welcome close.





Feliz el obrero

Feliz el obrero con sus ropas de domingo!!
Con capa gris brillante, elegante chaleco, mangas bien ajustadas
y sombrero sobre su cabeza, a la iglesia va él.
Todas las veces, con orgullo consciente, él dirige hacia abajo
una mirada sobre la generosa flor rosa.
Esa, prendida en el ojal, agasaja su nariz.
No envidia al beaux más gay de Londres
En la iglesia toma asiento entre las filas,
rinde por el sitio la reverencia que debe
como la mejor de las plegarias de cuyo significado menos conoce
listo para el sermón en un suave sopor
y despierta jubiloso en el bienvenido final.






 I’ve a Pain in my Head:

  ‘I’ve a pain in my head’ 
Said the suffering Beckford; 
To her Doctor so dread. 
‘Oh! what shall I take for’t?’
Said this Doctor so dread 
Whose name it was Newnham. 
‘For this pain in your head 
Ah! What can you do Ma’am?’
Said Miss Beckford, ‘Suppose 
If you think there’s no risk, 
I take a good Dose 
Of calomel brisk.’–
‘What a praise worthy Notion.’ 
Replied Mr. Newnham. 
‘You shall have such a potion 
And so will I too Ma’am.’





Tengo un dolor en mi cabeza:

“Tengo un dolor en cabeza”
Dijo la enferma Beckford
a su doctor, con miedo
Oh! ¿Qué tomaré para ello?
Dijo su doctor con miedo
Cuyo nombre era Newnham
“Para este dolor de tu cabeza.
Ah! Qué puedo hacer, señora?”
Dijo la señora Beckford “Supongo
que si piensa que no hay riesgo,
Tomaré una buena dosis de
enérgico calomel”.
“Es una idea digna de elogio”
Contestó Mr. Newnham
“Lo tendrá en poción
y también lo tomaré yo, señora”.




GEORGE HERBERT [13.154]


George Herbert

George Herbert (3 de abril de 1593 – 1 de marzo de 1633) fue un poeta, orador y sacerdote inglés. Su obra literaria, escrita a lo largo de 40 años, ha ganado en reconocimiento con el paso de los siglos. Los poemas de sus últimos años, escritos siendo clérigo en Benerton, cerca de Salisbury, son considerados extraordinarios. Sus poemas metafísicos de honda religiosidad desprenden una actitud de modestia. Su poesía se publicó bajo el título de El templo.

Al lado de Donne vemos aparecer otros poetas, aún desigualmente valorados, que tienen tanta profundidad como él en pensamiento y sentir religioso, pero que saben expresar de un modo terno y nítido, bien alejado de todo “barroquismo”. Mal haríamos, pues, en considerarles como simples coetáneos de la escuela de Donne, puesto que, diferenciándose de él en su mayor sencillez, rivalizan a veces con él en al imperecedera cualidad de sus resultados. Sobre todo, esto lo advertimos en George Herbert, cuya profunda religiosidad y ejemplar dedicación sacerdotal han contribuido a que se aplicara el epíteto de “devocionales” a estos poetas, como medio de distinguirles de Donne. Como la etiqueta de “metafísicos”, la etiqueta “devocionales” tenía cierto sabor inicialmente peyorativo, hoy sólo exótico y de excentricidad respecto a la corriente central de la tradición inglesa. La poesía de George Herbert tiene una claridad emocionada, directa, no enturbiada ni aun por la ocasional dificultad de ciertas imágenes o ideas, también engarzadas en la simple línea de desarrollo unitario de cada poema. Su voz es coloquial, íntima.

“La réplica”. La esencial originalidad de George Herbert, y lo que hace que le sintamos como poeta actual, es que sabe adoptar un lenguaje menudo y familiar para las grandes cuestiones del hombre, y resolver imaginativamente los clamores del alma con Dios en visiones concretas, tangibles, humildes, como al terminar el poema “Amor”. “El amor tomó mi mano, y sonriente replicó - ¿Quién hizo los ojos, sino yo? - Verdad, Señor, pero los he echado a perder: que mi vergüenza – vaya donde es debido”. El poeta es consciente de la peculiaridad de su camino creativo, y en algún momento hace más difícil su verso precisamente para exponer polémicamente su “arte poética”, con curiosas e insólitas vetas de sátira, y con un rigor intelectual de conceptos que supera en modernidad y “vanguardismo” a mucha poesía actual. Esto podemos verlo en su poema “Jordán”, y expone así su doctrina de “funcionalismo expresivo”, con sentido religioso. Sin embargo, sólo desde los Románticos se empieza a preparar la gradual “recuperación” de estos poetas. George Herbert no destaca entre ellos solamente por su honda y serena pasión religiosa, ni por su sentido de “clímax” dramático en sus poemas: hay, además, en él otro elemento decisivo poéticamente, y es una fina melancolía elegíaca, que establece con el lector el contacto emotivo donde actúan sus conceptos y representaciones. Su soledad, entre Dios y los hombres.




Pecado

Señor, con qué prolijidad nos has encerrado!
Primero nos sazonan nuestros padres;
Luego los maestros nos entregan las leyes;
Nos envían amordazados hacia las reglas de la razón,
Los santos mensajeros, los púlpitos y los domingos;
El dolor que espía al pecado,
Las variadas aflicciones,
Angustias de todo tamaño,
Finas redes y engaños para cazarnos,
Biblias abiertas descuidadamente,
Millones de sorpresas;
Bendiciones previas,
Lazos de gratitud,
Melodías de gloria resonando en nuestros oídos;
Afuera, nuestra vergüenza;
Adentro, nuestras conciencias;
Ángeles y perdón,
Eternas esperanzas y temores.
Y sin embargo,
Un íntimo y perverso pecado
Destruye todas estas vallas,
Toda esta celestial edificación.




I

Amor Inmortal, autor de esta gran figura,
nacido de una belleza que nunca se apagará;
¡cómo pudo el hombre parcelar tu glorioso nombre,
y arrojarlo a ese Polvo que tú mismo has hecho,

mientras el Amor Mortal gana todo el honor!
ellos se mueven con maestría, luego al unirse
llevan todo el poder, poseyendo mente y corazón,
(tu artesanía) y no te dejan parte en ninguno.

la Razón gusta de la Belleza, y ésta la hace crecer;
el mundo es suyo, ellas dos juegan en él,
y tú te quedas a un lado; y aunque tu nombre
trabajó en nuestra liberación de la fosa infernal,

¿quién canta tu alabanza? sólo una bufanda o un guante
abrigan nuestras manos, y las hacen escribir del amor.




II

Calor Inmortal, no permitas que tu más grande llama
se acerque tanto a nosotros; esos fuegos 
consumirían al mundo, primero has de domarlos, 
y prender en nuestros corazones deseos ciertos

que consuman el desenfreno y realicen tu camino.
entonces te jadearán nuestros corazones; entonces 
nuestra mente pondrá toda su invención a tu altar,
y allí con himnos enviaremos tu fuego de vuelta:

te verán nuestros ojos, los que ayer vieron polvo,
polvo soplado por la razón hasta enceguecerlos;
recuperarás todos tus bienes naturales,
arrebatados por la traidora voluptuosidad:

por ti las rodillas caerán y las cabezas se alzarán,
en alabanza a aquel que hizo y reparó nuestros ojos.




III

el Amor me hizo pasar, pero mi alma se apartó,
llena de polvo y pecado.
mas el Amor atento, observando mi vaguedad
desde la primera ocasión,
se me acercó más y más, preguntando con dulzura
si algo me faltaba.

"un huésped" respondí, "que merezca estar aquí."
dijo él, "tú lo serás."
"¿yo, el malvado, el ingrato? ah, querido,
yo no puedo ni mirarte."
el amor tomó mi mano y sonriendo contestó,
"¿quién hizo tus ojos sino yo?"

"cierto, Señor, pero yo los he estropeado;
deja que mi vergüenza vaya donde le corresponde."
"¿y acaso no sabes" dijo el amor, "quién quiere cargar tu culpa?"
"¡querido! entonces te serviré." 
"sólo debes sentarte" dijo el amor, "y probar mi carne."
y me senté a comer.






TRADUCCIÓN DE MARGARITA FERNÁNDEZ DE SEVILLA Y DEL TALLER DE TRADUCCIÓN LITERARIA

LA ORACIÓN

Banquete de la iglesia, edad del ángel,
Sacro aliento del hombre que regresa a su origen,
Paráfrasis del alma, corazón peregrino,
Plomada de cristianos que sonda cielo y tierra;
Alma contra el Altísimo, torre del pecador,
Trueno al revés, y lanza al costado de Cristo,
El mundo de seis días transpuesto en una hora,
Una suerte de canto que el ser escucha y teme;
Blandura y paz y gozo y amor y beatitud,
Exaltado maná, la mejor alegría,
Paraíso inmutable, hombre bien trajeado,
La vía láctea, el ave del Edén, la sangre del espíritu,
Campanas que se oyen más allá de los astros,
Tierra de especias, algo comprendido.



PRAYER

Prayer the church’s banquet, angel’s age,
God’s breath in man returning to his birth,
The soul in paraphrase, heart in pilgrimage,
The Christian plummet sounding heav’n and earth;
Engine against th’ Almighty, sinner’s tow’r,
Reversed thunder, Christ-side-piercing spear,
The six-days world transposing in an hour,
A kind of tune, which all things hear and fear;
Softness, and peace, and joy, and love, and bliss,
Exalted manna, gladness of the best,
Heaven in ordinary, man well drest,
The milky way, the bird of Paradise,
Church-bells beyond the stars heard, the soul’s blood,
The land of spices; something understood.





LA AFINACIÓN

¡Cuánto te alabaría, Señor! ¡Con cuánto gozo
Mis versos grabarían en acero tu amor,
Si pudiera sentir por siempre aquello
Que mi alma siente a veces!

Aunque haya unos cuarenta cielos, o acaso más,
Por encima de todos miro a veces;
A veces llego sólo a la veintena,
A veces caigo en el infierno.

¡No me atormentes, ay, hasta ese punto!
Tales trechos a Ti te pertenecen:
Para tu tienda es muy pequeño el mundo,
Tumba muy grande para mí.

¿Tenderás hacia el hombre Tus brazos, Tú que llevas
Una mota de polvo desde el cielo al infierno?
¿Se medirá el gran Dios con un cuitado?
¿Podrá entender Tu altura?

Cuando en Tu alero mi alma se refugie,
Déjame allí anidar y acurrucarme:
Así Te librarás de un pecador,
Y yo del miedo y la esperanza.

Pero sea a Tu modo; sin duda es el más justo.
Tensa o destensa a un pobre deudor Tuyo:
No harás sino afinar mi pecho,
Por mejorar la música.

Cayendo con el polvo, o volando con ángeles,
Ambos son obra Tuya, y yo soy ambos:
Tu poder y Tu amor, mi amor y mi confianza
Hacen de todo un solo sitio.





THE TEMPER

How should I praise thee, Lord! how should my rhymes
Gladly engrave thy love in steel,
If what my soul doth feel sometimes
My soul might ever feel!

Although there were some forty heav’ns, or more,
Sometimes I peer above them all;
Sometimes I hardly reach a score,
Sometimes to hell I fall.

O rack me not to such a vast extent;
Those distances belong to thee:
The world’s too little for thy tent,
A grave too big for me.

Wilt thou meet arms with man, that thou dost stretch
A crum of dust from heav’n to hell?
Will great God measure with a wretch?
Shall he thy stature spell?

O let me, when thy roof my soul hath hid,
O let me roost and nestle there:
Then of a sinner thou art rid,
And I of hope and fear.

Yet take thy way; for sure thy way is best:
Stretch or contract me, thy poor debtor:
This is but tuning of my breast,
To make the music better.

Whether I fly with angels, fall with dust,
Thy hands made both, and I am there:
Thy power and love, my love and trust
Make one place ev’ry where.