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viernes, 4 de septiembre de 2015

MANIGUEUIGDINAPI STANLEY [16.997] Poeta de Panamá


MANIGUEUIGDINAPI STANLEY

Jorge Stanley Icaza (Manigueuigdinapi)

Nacido un 11 de mayo del 68 en Panamá, decepcionado mi familia por haber nacido niño y no niña como lo establece las tradiciones del pueblo Kuna, aún así mi madre me enseño a leer y escribir si haber leído nunca. Tropecé luego con la filosofía y la historia hasta que las nubes, la Madre Tierra y el Festival Internacional de Poesía Ars Amandi me atrapo en un eterno espiral de palabras y voces. Me dedico como principio de vida a luchar por los derechos humanos de los Pueblos Indígenas y la Soberanía Alimentaria de los Pueblos.

Declaración poética

La poesía es Vida, es Chucha, es Madre Tierra, Abuela Mar, es abuelo Sol, es las olas, los ríos, las gotas de agua que salen de mis ojos.




POEMAS

La Chaquira y la Kuna

Yo que estaba acostumbrado a los polvos de 2 minutos, trataba de quitarle la blusa pero no podía, entonces inicie por su falda de colores y peces, cuando quitaba una, aparecía otra tela, quitaba su otra falda y aparecía la siguiente tela, estaba enrollada en telas infinitas de colores. 

Y me abalanzaba hacia ella, besándola, poseído por los olores de mar, me detuvo en seco y me baño con plantas, albahacas y rodeados de muñecos de madera pintados en ceremoniales colores de rojo y negro e inicio un ritual con sahumerio impregnando el ambiente de humo y cacao, mostrándome sus cuentas de colores, desnuda. 

Con cada cuenta amarilla me robaba un poro de mi cuello, si tomaba una cuenta roja me bañaba con jugos de mango, con cada cuenta anaranjada me premiaba con baños de chicha de plátano tibio y fermentado, cuentas negras, pequeños trozos de guineo maduro. 

La hamaca estaba húmeda, la chaquira de sus pierna y brazos la desprendía poco a poco, con sus colores me juntaba una frase, una palabra indescifrable, está chaquira humana dorada iniciaba sus cantos chamanísticos, sus colores se habían desprendido y entro en mí una oscuridad infinita de tatuajes negros, colmillos y olores a albahaca.





Yo, debí morir

El 20 de diciembre de 1989 por las bombas estadounidenses 
debí ser un Sioux y ser masacrado en Wounded Knee 
exterminado junto a mis ancestros Taínos del Caribe 
sucumbir con los más de 30 millones de guerreros en el 
ombligo de la Luna, Tenochtitlan, México en 1521 
descuartizado y desmembrado en el Perú junto a Tupac 
Amaru, quemado cuando la iglesia católica reconoció que no 
tenía alma 
y acompañar al Mapuche Caupolicán a la hoguera.

Fusilado junto a Victoriano Lorenzo 
morir de hambre como aquel niño Kuna. 
Abatido en las encomiendas y minas de Potosí 
arrancado de raíz de la tierra y alcoholizado 
desaparecido y ser el numero 44 Ayotzinapa, 
pero me dieron esta tarea 
los millones de muertos que habitan en mí 
escribir poemas, danzar y jamás olvidarlos.



Jorge Stanley Icaza (manigueuigdinapi), 
un G (K) Una náufrago en la AVENIDA CENTRAL

Mani, como le dicen sus amigos, es otro más de la tribu G(k)una que sobrevive en la ciudad de la noche y las nostalgias de las islas, como Olo, Diguar, Aristeides o Vianor, entre otros, artistas y héroes. Poeta autóctono que escucha bachata y rock and roll.  Hombre de caña y sol. No pertenece a esta ciudad de cristales y acero, viene de lejos, de las islas, de Usdup, Comarca Guna Yala (Panamá), pero trae un mensaje cargado de amor y mar, mitos, soledades y sed. Otro náufrago del viento que se resiste a dejar atrás su memoria de pueblo, pero cargado de humor e ironía. Nacido en 1968, además de poeta ha hecho teatro (Grupo IbelerUagan-Los nietos del sol). Sin dudas su poesía procede de su militancia por la vida y por su pueblo. “Miembro del Movimiento de la Juventud Guna, y del Consejo Internacional de Tratados Indios. Es activista y defensor de los derechos humanos de los pueblos indígenas”, como se afirma en una nota. Yo que compartí junto a Mani y la tribu algunas noches de ron y vallenato, ebrios por la Avenida Central, paso  a paso, atrapados por las arañas de la melancolía, la rabia y el dolor, ignoré su talento, nunca supe, hasta que amaneció… por eso hoy saludamos a este poeta que rompe su silencio para hacer estallar en nuestras caras pálidas blancas su voz de poesía y protesta, fundiendo origen y ciudad, mar limpio y vómitos, mitos…



Una navidad más

Sin tierra para niños Nasos*
      sin ríos para campesinos
      con violencia en las calles
Donde los hijos de Antonio Smith
      jugarán a las escondidas sin él.
Donde la Senafront
      regalará soldaditos
      y vaqueros a sus hijos
      para matar indios y negros…
Donde los ciegos y tuertos
      no verán los arco iris, ni la luna.
Donde los borrachos y analfabetos
      putearemos a ministros y diputados.
Donde los muñecos de año nuevo
       serán locos y ñames.
Un año más
      para tomarnos la calle
      pintar las paredes
      recordar los mártires
      defender la Madre Tierra
       los ríos y la vida
       y escribir poemas para ella. 
     
*Nota del articulista: (Según Wikipedia, los miembros del pueblo Naso de Panamá habitan una vasta región selvática del noroeste del país, junto a la frontera con Costa Rica).

Por Moisés Pascual
Exclusivo para la Revista Prometeo, Colombia








INAWILIPE DIWIGDI [16.996] Poeta de Panamá


INAWILIPE DIWIGDI

INAWILIPE DIWIGDI (Aresio Valiente López).  Nació en Uggubseni, una de las islas del territorio autónomo de Gunayala. Abogado, músico, dancista guna, poeta y profesor de Derecho en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá y en otras universidades. Asesor de las Organizaciones y Congresos Generales Indígenas de Panamá. Ha sido Presidente de la Unión Nacional de Abogados de Panamá, Presidente de la Comisión de Propiedad Intelectual del Colegio Nacional de Abogados, miembro fundador de la Alianza Ciudadana Pro Justicia y ha participado en la redacción de las leyes indiígenas, ambientales y de Derechos Humanos. Director Ejecutivo del Centro de Asistencia Legal Popular. Asesor del Congreso General Guna.


Declaración poética

Camino con los espíritus de mis antepasados danzando en la pradera con mis hermanos ríos, árboles y animales, soñando navegando en el mar territorial de Gunayala.




DESDE LA HAMACA GUNA

Ensueños de la vida canta con el amanecer de la luna…
Sus dos luceros brillaron con su luz propia hacia el infinito…
Tantas estrellas en el firmamento fueron nuestros testigos…
Entre sueños y esperanzas se dibujó en la arena su cuerpo.

Flores de las montañas danzaron lentamente…
Alborada del nuevo espíritu cantó entre las praderas…
Nuestras miradas contemplaron la belleza de las montañas..
Iluminó con la luna llena las olas del mar…
Amor recorrió con el nuevo amanecer.

Ante su mirada angelical las olas susurraron sus voces…
Recorriendo lentamente en la arena de la playa…
Entre la brisa del mar llegó la aurora…
Sus ojos se abrían y cerraban lentamente…
Irradiaron las montañas en la madrugada…
Omnipotente es su ser.

En el alba se oyen las coplas del masardule, cantor fúnebre…
Guiando al nuevo ser hacia la morada de la vida...
Recorrerá montañas y ríos para saciar los amores de los dos espíritus...
Mientras en la hamaca guna escribo los versos de la vida…
La luna llena fue el testigo de nuestro primer ósculo…
Las olas del mar acariciaron nuestros espíritus.






NUEVO CAMINO

Comienzo a caminar hacia la morada…
La pradera me llevará al infinito,
Solo quedará la sombra de mis pasos…
Nadaré en los ríos de mis antepasados,
Contemplaré la belleza del espíritu…
Entonaré mis ganguis, las flautas de bambú, a la naturaleza,
Mi cayuco de balsa me llevará a descansar…
Escucharé las melodías de los pájaros,
Suspiraré el olor de la hierba buena…
Saciaré mi sed con el aroma del cacao,
Dejaré la sonrisa  plasmada en la vida…
Cantaré junto a los espíritus,
Dejo en el jardín las flores bellas…
Embellecen mi corazón,
Mi hamaca guna envolverá mis ilusiones…





AROMA DE CACAO

Llega a la ventana la frescura de su aroma,
Su silueta ha quedado plasmada en la arena,
Los latidos de su corazón han vibrado en el espíritu.
La penuria de los pasos sigue buscando el horizonte,
Gotas han de brotar en el jardín del corazón,
El agua cristalina del río ha de acariciar su último suspiro.
Las melodías del gemido acarició la vida,
El verdor de la llanura emitió sus lindas melodías,
Hacia el levante se dibujó su beldad.
Descansó en la hamaca con su sonrisa angelical,
Danza con el ritmo de la flauta de bambú y de la maraca,
Germinaron nuevas estrellas en el firmamento.
Los colores de la naturaleza colorearon su belleza,
Los cantos de las sirenas alegraron sus latidos,
Las yemas de los dedos acariciaron su desnudez.
La brisa del mar penetró en su espíritu,
El aroma del cacao se esparció en las flores,
El último aliento seguirá hacia el infinito.








LUIS CALVO RODRÍGUEZ [16.995]


LUIS CALVO RODRÍGUEZ

Nació en David, Chiriquí, Panamá (1981) Abogado especialista en Derecho Penal, padre de Joao, 
latinoamericano, amante del fútbol, radical, provocador que escribe y combate panfletos.




DE LA CUNA A LA TUMBA

Miedo a sacar la cabeza por la ventana
a llorar valientemente
a sonreír con toda la fuerza de los pulmones
a las balas y las serpientes
miedo a los ruidos que acechan en la noche
y al prójimo que lo origina
a la cárcel infernal
o a los purgatorios hospitales
miedo a que la verdad
te empuje al ostracismo
a los perros ajenos
a los burócratas cara dura
a los disciplinados gendarmes
miedo al noticiero estelar
y su permanente música alarmante
al aumento de la canasta básica
o al de cualquier cosa
al cambio o al status quo
a los ríos y al fuego
a los vivos y a los muertos
miedo, mucho miedo
desde la cuna a la tumba
como para caminar siempre de puntillas.




(autorretrato)

Mírate, tirado en la puerta 
desprovisto de seguridades 
al filo de la soga y las cenizas 
en carrera frenética 
en calle sin salida ni retornos 
pobre de abrazos y futuro 
la parte derecha de tu rostro 
es como un piano en despedida. 
Mírate, dando vueltas en el balcón 
dos curiosos esperan que caigas 
y que en un impacto de polvo 
des silencio a tu pulso bullicioso 
o en la mesa de tu cuartucho 
la frente clavada, palabras secas 
piececitas de rompecabezas 
repetidas con torpe entusiasmo 
¡despierta!, la sangre que quieres 
está en la calle que miras absorto
no en el papel que hieren
tus trazos siempre crudos.
Mírate, mientras dibujas un adiós
sobre un panfleto que quiso
arder en esta madrugada que espera
una guitarra rugosa, un machete rítmico
un canto que quiso ser y será.
Mírate, donde nadie te ha podido ver
recostado en las ruinas de tu raíz
revolviendo la tierra sin placer
tomando las letras, mutilándolas,
cerrando el acertijo de los versos
la normalidad abre sus puertas.




HUMANOS 

Suma de letras 
constelación de espejismos
cerebro hinchado de hadas
ego perdido en la arena

ni antes ni ahora
el río nació ayer
el todo se expande

aunque sus ojos se pierdan
en aquella nariz pulverizable

el todo se expande
nos ignora,
desprecia,
aunque ella tribute a la cenizas

el sol roe su piel de minutero
mientras se complace,
pavo real,
narciso penitente, iluso

toda la sangre humana
de todas las órbitas ancestrales
cabe bajo las uñas del tiempo
ni metáforas,
ni retratos aburguesados

el tiempo se expande y nos olvida.




ADELA 

Un café humeante y mestizo
unos sobrecitos de azúcar
rotos y vacíos
un merengue en la radio
mi libreta de borradores
donde renaces con más frecuencia
el sol que nace
el sol que muere
la luna entera
la luna cuarteada
cielo dominio de estrellas
el mar y sus cantos
Boquete y sus imágenes deseadas
un autobús y sus asientos ajustados
un abogado en el último puesto
un tipo que habla muy alto
cantando a todos sus gestas mercantiles
un bolígrafo gastado y mordido
mis libros favoritos y fieles
un Kia blanco y cascarrabias
cabello libre, piel, sabor
cerveza para nacionales
cerveza de exportación
fritos, patacones
pescados, mariscos
¿no son lo mismo?
un error en el menú
el campo, la ruta al campo
una terminal de buses con acento
tu istmo, mi isla
nuestra patria
un globo con relieves
una sonrisa bella
portadora de alegrías
Milton Friedman
cuidado con la palabras
no es lo que parece
Lenin, Bosh
nuestros dedos entrecruzados
una playa solitaria
una playa habitada por dos
una playa de cicatriz huracanada
una playa para reconstruir sensaciones
calor, historia, monocolor
la Zona, Casco Viejo
the Canal Zone
frío, refugio en ti, verde y azul
La Vega y nuestro primer mapa
día a día, sin etiquetas
¿lo ideal? Existe lo que existe
cada nacimiento es
promesa y muerte
imágenes y olvido
sábanas revueltas y tibias
las nuestras
o las mías o las tuyas
abanico pendular, frenético
apagón, maldiciones
a la compañía de luz
borrachos que olvidan la ruta de la puerta querida
borrachos que insisten
en brindar sin alcohol
escaleras y bicicletas
calles estrechas
motoristas solitarios
soledad dudosa
dudas razonables
razón derrotada y obsesiva
duermo invitándote a mis sueños
cada minuto se hacen y deshacen
los elementos sin nombre ni forma.













DÉBORAH WIZEL [16.994]


DÉBORAH WIZEL

DÉBORAH YAEL WIZEL DAVID. Panamá
Escribir cuentos y poesía a partir de los 8 años. Segunda mención de honor en el Concurso Maga de cuento breve 1996 con el cuento La Armadura.  Tercer lugar en el Concurso Municipal León A. Soto, 2013 con Instantáneas de Dolor. Algunos de sus cuentos y poemas han sido publicados en antologías. En estos momentos escribe sus memorias (los primeros 50 años) y una novela.

Ha publicado el poemario Instantáneas de dolor, 2015. 


“El tiempo corre
Como los vagones
Que se siguen llenando”

Déborah Wizel




DIME

“Afuera no hay canto de pájaros
y adentro un silencio sofocante se cierne sobre todos”
Ana Frank

Bergen Belsen (1945)



I

Annelies Marie
tu juventud se esparció en la tinta de tus diarios

La liberación llegó tarde
la fiebre tifoidea  te venció faltando un mes

Dime…
si no hubieses muerto
¿sabría quién eres?



II

Tantos diarios que no fueron escritos

Tantos adolescentes
-como tú-
que de la noche a la mañana enfrentaron su fatalidad

Dime Ana…
si hubiesen vivido
¿los conocería?



III

¿Cuántos desaparecieron?
¿Cuántos diarios se dejaron de escribir?

Y yo…
que rompí mis diarios
quemé las hojas
boté todo
borré mi historia

Dime Ana…
¿Cuándo yo muera
alguien me recordará?

(Del Libro: Instantáneas de Dolor,  2015)




Último

Por veinte noviembres
la esquina del ropero
telarañas reprimidas

La esperanza se arrugó colgada de la percha

La foto en el bolsillo perdió color

Eterna distancia
insondable espera

El último noviembre

Desparecí fronteras
vestí deseo
peiné ansias
calcé lujuria
y salí a tu encuentro




Panamá II

En encuentros furtivos
y pactos de amigotes
se negocia mi cuerpo

Les molesta mi delgadez
me quieren grande
                  rellena
me quieren gorda
más carne para traficar
                  más…
                                    más…

Políti-xenetas avaros
terratenientes
abusan el cuerpo

Roban al mar su espacio
para engordarme y venderme
Cortan mis raíces
Destruyen mis manglares
Secan mis ríos

En bandeja de plata
servida a extranjeros
la carne cansada
la carne violada

Olvidan mi pasado
borran mi historia
me regalan por partes
y mis hijos sin escuela

Me quieren puta
en toda mi extensión
y mis hijos sin tierra
sin techo
sin agua

Me venden al mejor postor
y mis hijos hambrientos
mis hijos enfermos
mis hijos muriendo









ANA HIDALGO [16.993]

(Imagen: Eme de Armario)



Ana Hidalgo 

Nació en Almuñécar (Granada) en 1986. 


Es licenciada en filología hispánica y, actualmente, becaria de investigación en el Departamento de Lingüística General y Teoría de la Literatura de la Universidad de Granada. 

Hallar una hendidura, su primer libro de poemas, fue publicado en 2011 por la editorial Point des Lunettes. Actualmente trabaja en la elaboración de una tesis doctoral sobre Simone Weil, Clarice Lispector y Chantal Maillard.






Quise que metieras tus dedos en mi boca 

Quise que metieras tus dedos en mi boca para que demoraras mis encías, para que recompusieras la carne blanda, para sentir el placer de la presión y la invasión, el placer de lo ajeno, pues sólo en lo ajeno hay placer y conocimiento, las traiciones.
Pero también quise que metieras tus dedos en mi boca para poder, desde esa demora de las encías y ese placer de lo ajeno, descubrir el advenimiento de la palabra, el impulso de la palabra, el origen y el trayecto del verbo. Porque hablar no es una separación y quise que metieras tus dedos en mi boca para materializar todas las palabras que yo pronunciaba como si fueran una piedad del pensamiento, para materializar las plegarias y los nombres de los animales amados, para materializar la materia y no esconderme nunca más del olor y el peso, esa forma que yo tenía de dormir encogida intentando aislarme de la superficie sobre la que dormía.
Entonces metiste tus dedos en mi boca y yo metí mis dedos en la tuya, tuvimos la transparencia y la simultaneidad de las plantas, su crecimiento violento, su germinación. La palabra no era un ensimismamiento sino una prolongación de mi cuerpo, una sucesión de mi boca: la posición de la lengua, la tensión del paladar, la apertura de los labios. Todo lo que íbamos a responder lo responderíamos desde la contigüidad y el sabor, hablar no es una separación como no lo es la existencia.





Porque no sabíamos ser préstamo

Porque no sabíamos ser préstamo ni sabíamos durar, comerciábamos, de materia a materia, de alimento a alimento, sin préstamo, sólo aparentes, instrumentos, cedidos, sólo la única forma de ser buenos, solo la única forma de referirse físicamente a la bondad, porque no sabíamos ser préstamo ni sabíamos durar, en la premura de lo tomado y la piedad del vendedor, donde yo sostenía el objeto, donde yo lo consentía, lo alzaba, donde yo era la intrusa, el olvido, y sólo la propiedad y el precio, lo atenuado, la bondad. Comerciábamos con objetos, nos sentíamos próximos a la madera y comerciábamos con madera, también estábamos vinculados a los alimentos y comerciábamos con ellos, cedidos y materiales, aparentes, propicios, porque no sabíamos ser préstamo ni sabíamos durar, en la caducidad del alimento y el envés de la madera, sólo aceptábamos el comercio de objeto a objeto, de premura a premura, donde la bondad y lo hostil, donde lo insustituible, en la resolución de la mitad y el arrepentimiento de la mitad, sólo aceptaba que el comercio fuera un intercambio de materia, un intercambio de impureza, desigualdad, apariencia. Si hallábamos peces comerciábamos con peces, próximos a un pez, vinculados al alimento, sólo aparentes, cedidos, olvidados, sólo la única forma de ser buenos, la única forma de referirse físicamente a la bondad, en la brevedad del arrepentimiento y la compensación de lo inmediato, en el desconocimiento de una desigualdad inesperada, donde los peces iguales y muertos tuvieran la impureza de nuestros dedos en sus cuerpos, ya que no sabíamos ser préstamos ni duraderos, las manos alzadas de alimentos a alimento, de premura a premura, sólo caducos, efectuados, bondadosos, comerciábamos y anulábamos.




Como contagio

Como contagio, como calma, la forma era forma hacia abajo, la forma era el peso de la forma, como alojamiento, como calma, como la capacidad de creer y de repente sentir dolor, la forma era la forma presionando la superficie sobre la que se extendía, la forma era la forma vertical y antepenúltima transmitiéndose en la superficie, la yuxtaposición del organismo, la calma, la enfermedad. A veces la ciencia médica y nuestros dos sexos, a veces lo sagrado, el olor, como observarte quieto y las sangres nivelándose, como participación, como calma, tu quietud y tu peso presionando la superficie sobre la que estabas quieto, tú siendo hacia abajo como alojamiento, como consecuencia, las sangres nivelándose, el inicio de la enfermedad, nuestra quietud, la forma. Porque no era sólo el ruego que cada dolor extendía, como la ciencia, como lo inmediato, como la postura que nuestros cuerpos adoptaban para estar sentados o nacidos, hacia abajo, la tensión vertical y antepenúltima de la quietud, lo que no podíamos comprender de la superficie, nuestros dos sexos, la súplica, los sedimentos, como calma, como contagio, como el rechazo al intento por no comprender.





La madre de César Vallejo

Mi madre no era la afirmación de la existencia. Ella había percibido la belleza y el principio, ese suelo lleno de arena y esas manos que tocaban la arena del suelo, esa ropa manchada que su hija tenía que ofrecerle, pero mi madre no era la afirmación de la existencia, porque ella nunca había esperado una sincronización, nunca había esperado la liturgia del lugar, aunque durante un tiempo sí creyera en un pan que tocaba las manos y los labios. Pero a pesar de ese pan que quizá podía tocar las manos y los labios, mi madre no era la afirmación de la existencia, no era la creencia ni la liturgia del lugar, sino una mujer que inclinaba su cuerpo y levantaba su cuerpo, el sufrimiento y la visión, un fragmento del amor y el trabajo. Porque mi madre no era la afirmación de la existencia, sino que mi madre sufría, y ese sufrimiento me obligaba a las personas, me obligaba a conocer el nombre de las personas, a ser desnuda y mediada, la especificidad de la muerte, el tacto del desplazamiento, la descomposición de la sintaxis. Descompuse la sintaxis porque mi madre no era la afirmación de la existencia, no era mi destino, pero había un pan que tocaba las manos y los labios, un pan que comimos mi madre y yo, y entonces yo podía descomponer la sintaxis, amar la caída, ser la insignificancia. Mi madre era una vida.





PARA QUE ALGO SUCEDIERA

Para que algo sucediera tenía que suceder dos veces, tenía que suceder doblemente, los sentidos como réplica y obsesión, la vida como simetría del cuerpo, la sexualidad como semejanza, para que algo sucediera tenía que suceder dos veces, tenía que suceder doblemente, la simetría del cuerpo, la representación. Tu concepción sería efectiva únicamente cuando te concibiera dos veces, tu concepción sería efectiva únicamente en la bifurcación de los actos, mirar con un hijo tu imperativo, mirar con el otro hijo mi rostro, la realidad de mi hijo y mi acto quedaría demostrada por la existencia del otro hijo, por la imitación y la demora del acto. La descendencia fue posible a través de la simetría del cuerpo, el nacimiento fue posible a través de la simetría del cuerpo, la fertilidad de la equivalencia, la fertilidad de la obsesión, dos piernas, dos pechos, dos brazos, dos pulmones, el pensamiento fue posible a través del supuesto de un doble, a través de la implicatura de un doble y la descendencia, dos pulmones y la representación. Un brazo justificó la existencia del otro brazo, un pulmón confirmó la realidad del otro pulmón, un hijo vio al otro hijo, un hijo nació del otro hijo, para que algo sucediera tenía que suceder dos veces, tenía que suceder doblemente, el regreso y la memoria, la estructura doble y obsesiva de la memoria, el miedo sagrado a la mutilación.





SUPE QUE PODÍA EXISTIR EL DOLOR


Supe que podía existir el dolor y construí mi contorno. He trabajado para crear testimonio, para separar las generaciones, para la mentira. Supe que podía existir el dolor y construí mi contorno, supe que podías existir y que mi unidad sería necesaria para ello, sería necesaria para tu existencia, todos los nombres de los enemigos serían necesarios, la tasación del deseo, la cifra en las manos. Durante años he trabajado para la suficiencia de mi visión, para la invocación de todo lo que pudiera delatarme, el recorrido mínimo, la mentira. Supe que podías existir y si existías podía existir el dolor, podía existir la herida, el extrañamiento. Mi contorno era necesario, los nombres de los enemigos eran necesarios, era necesario para que tú pudieras existir, para que tú pudieras tocarme y herirme, y yo supe que tú podías existir, supe que podía existir el dolor y construí mi contorno, me construí. En la disolución, en el acto reflejo, tú no podías existir, y yo quería tu existencia, quería tu contacto, el dolor, el extrañamiento. Separé las generaciones y fui la mentira para que tú pudieras tocarme, para sentirte. He trabajado en el testimonio de la visión, el testimonio de la preferencia, para que tú lo desmoronaras, pronuncié los nombres de todos los enemigos para que tú me estremecieras. Supe que podía existir el dolor, supe que podías existir y propicié mi asombro, propicié el extrañamiento, el dolor y el desplazamiento del dolor, construí mi contorno.


(De Hallar una hendidura,  Point de Lunettes, 2011)