viernes, 15 de octubre de 2010

1525.- ROBERTO LÓPEZ MORENO


ROBERTO LÓPEZ MORENO, 11 de Agosto 1942, Huixtla, Chiapas. MÉXICO.
Maestro de la escuela de periodismo Carlos Septién García en donde tuvo a su cargo las materias de Literatura Hispánica, Redacción y la de Géneros Periodísticos. Miembro de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (Academia de Folklore y Tradiciones) y del Consejo Directivo de la Casa de la Música Mexicana.
TÍTULOS PUBLICADOS
1969 “Trilogía entre la sal y el fuego”. Poesía. Edición de autor.
1973 “Las mariposas de la tía Nati”. Cuentos. (Dibujos de José Hernández Delgadillo) Ediciones de Cultura Popular.
1974 “En el sur de la nostalgia”. Poesía. Editado bajo el título general de Tres poetas mexicanos, con Sergio Armando Gómez y Aurora Reyes.(Dibujos de Aurora Reyes) Federación Editorial Mexicana.
1974 “Siete notas para un poema”. Homenaje antológico a Silvestre Revueltas. (Dibujos de Aurora Reyes, Inocencio Burgos, Hernández Delgadillo, Vicente Rojo, Fernando Castro Pacheco, Mario Orozco Rivera y Ricardo Magaña; Poemas de Alfonso del Río, Sergio Armando Gómez, Carlos Illescas, Alfredo Cardona Peña, Efraín Huerta, Pablo Neruda y Abigael Bohórquez; Textos de Juan Marinello, José Revueltas, Eugenia Revueltas, Efraín Huerta, Leopoldo Borrás, Carlos Pellicer, Juan Helguera, Juan de la Cabada y Tomás Mojarro; fotografías de Manuel Maldonado Monroy. Comisión Federal de Electricidad.
1975 “La voz primera”. Poesía. Comisión Federal de Electricidad.
1975 “Silvestre Revueltas”. Segunda edición. Fondo de Cultura Económica.
1977 “Variaciones de invierno”. Poesía. Antología de la obra de Juan Bautista Villaseca. Morada de Paz.
1979 “Aquí con mis hermanos”. Poesía. Colectivo con Enrique González Rojo y Margarita Paz Paredes. Edición de autor.
1979 “Siete apuntes”. Poesía. Ediciones de poesía artesanal. Delanbo.
1980 “De la muerte violencia su estrofa erizada maúlla a las nubes un trágico final, sobre las azoteas el gato escribe”. Cuentos. Delanbo.
1980 “Itinerario inconcluso”. Poesía. Cuadernos de Estraza.
1980 “A dónde ira, veloz y fatigada” (Diurno de los adioses). Poesía. La Máquina Eléctrica.
1980 “Trece tiempos de Eros”. Poesía. Con dibujos de la pintora Leticia Ocharán. Ediciones TEA.
1982 “Yo se lo dije al presidente”. Cuentos. Fondo de Cultura Económica.
1983 “Versitlán”. Poesía para niños. Presencia Latinoamericana.
1983 “El arca de Caralampio”. (El extraño mundo Zoológico de Chiapas) Cuentos. Editorial Katún.
1983 “Las mariposas de la tía Nati”. Cuentos. Segunda Edición. Presencia latinoamericana.
1984 “Cuando salí de La Habana válgame Dios”. Antología de cuentistas cubanos. Claves latinoamericanas.
1984 “De saurios, itinerarios y adioses”. Poesía. Universidad Autónoma de Chiapas.
1986 “Yo se lo dije al presidente”. Segunda edición. Fondo de Cultura Económica.
1986 “Poema a la Unión Soviética”. Poesía. Claves Latinoamericanas.
1986 Motivos para la danza”. Poesía. (Dibujos de José Hernández Delgadillo) Editorial Factor. 1986 “Décimas Lezámicas”. Poesía. (Homenaje a José Lezama Lima). UNAM.
1986 “Los ensueños de Don Silvestre”. Cuentos para niños. Editorial Amaquemecan.
1986 “La curva de la Espiral”.Cuentos. Claves Latinoamericanas
1988 “Dos cuentos”. Edición compartida con Juan de la Cabada. Lectura Semanal. Secretaría de Educación Pública.
1988 “Selección de poemas del 68” para la revista Zurda.
1989 “Un poeta en la patria del color” Ensayo sobre la obra de Benito Messeguer. Programa cultural de las fronteras y Gobierno del Estado de Chiapas.
1989 “Los Ensueños de Don Silvestre”. Segunda edición. Editorial Amaquemecan.
1990 “Cantata al Valle de México”. Edit. Max Eschig de París (partitura). Textos literarios para la partitura del puertorriqueño Ernesto Cordero.
1990 “Aurora Reyes: la sangre dividida”. Ensayo sobre la obra poética de Aurora Reyes en colaboración con Leticia Ocharán (ensayo sobre la pintura de la misma artista) Programa cultural de las Fronteras y Gobierno del Estado de Chihuahua.
1990 “13 sonetos 1 sonejo = 14 dolores y 1 gozo: el silencio o 14 sonetos”. Poesía. UAM.
1990 “Lotería ecológica” (Esto es Chiapas). Versos. DIF- Chiapas. Proyecto del Maestro Miguel Alvarez del Toro.
1990 “Nuestro sonido: responsabilidad histórica”. Ensayo. Programa Cultural de las. Fronteras.
1990 Tercera Edición de “Los ensueños de don Silvestre”. Le cambiaron el nombre por “Cuentos de la música Mexicana”.
1991 “Manco y loco: ¡arde!”.(La historia que no se ha escrito). Poesía. Editorial Miguel Angel Porrúa e Instituto Chiapaneco de Cultura.
1992 “Cuentos en recuento”.Cuentos.UNAM.
1993 “Verbario de varia hoguera”. Poesía. Instituto Chiapaneco de Cultura.
1993 Cartel de Poesía. Instituto Chiapaneco de Cultura.
1994 “Yo se lo dije al presidente”. Tercera edición. Fondo de Cultura Económica.
1994 “Aurora Reyes”. Material de Lectura. UNAM.
1995 “De la obra poética”. Compilación. Ilustraciones de José Antonio Hernández Amezcua. Ediciones Papeles Privados. 1996 “Sinfonía de los Salmos”. Poesía. UNAM.
1997 “Las mariposas de la Tía Nati” (Tercera edición) y “El arca de Caralampio” en un sólo tomo de la colección Lecturas Mexicanas del Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes. Prólogo de Edith Negrín.
1997 “La roja y verde rosa de los vientos”. Poesía. Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas.
1998 “Négridas”. Poesía. Instituto Veracruzano de Cultura.
1998 “Yo se lo dije al presidente” Cuarta edición. Fondo de Cultura Económica.
2001 "Crónica de la música de México" (Edición hecha en Buenos Aires) Editorial LUMEN.
2003 “Muerte y vida de José Hernández Delgadillo” (Poemural) Ediciones Tintanueva.
2004 “Morada del colibrí”. Poesía. Instituto Politécnico Nacional.
2004 “Ábrara”. Poesía. CONECULTA de Chiapas.




EL RÍO

(fragmento)

-Madre, ¿por qué se queja el río?
-Son los ahogados, hijo, olvídalo.
-Madre, está llorando el río.
-No es llanto lo que escuchas.
-Qué es, madre.
-El olvido.


MORADA DEL COLIBRÍ (Poemurales)
Edit. Papeles Privados
1995





LA RESPUESTA

"¿Qué han hecho estos desdichados
que ansí los azotan...?”
Sancho al manco.
Manco a Sancho:
-Están haciendo el crimen
de quien los azota mientras silba.





DULCINEA FRENTE AL USUMACINTA

Ella se dedicaba a jugar a las horas con el río,
lo ceñía por las noches con una cinta roja,
ponía cascabeles a sus pies líquidos
y en las mañanas era un juntar los dos pechos
con el sol en medio.
Ella jugaba y jugaba
a que el río se detenía en su cuerpo,
jugaba a la ilusión
y el río estaba ahí,
no se movía de su sitio,
mientras, ella,
era un correr de agua
hacia la mar canora.




CONFESIÓN

Te azotaban, hombre atado al árbol.
Te azotaba tu amo.
Yo fui el que hizo que te desataran.
Yo provoqué la ira de la bestia
que luego te dio doble.
No tiene culpa alguna
el del quemante yelmo.
Me declaro culpable.
Todo eso lo hice con una sola mano
y lo lloro
con dúo remordimiento.




METEORO

En tu pecho, Señor,
de áridas y abandonadas rutas
has colocado la primavera.
El musgo tierno crece en vericuetos
de esa longitud reseca,
anuncia la alegría de lo nuevo.
En ese pecho hay una muerte y una vida de continuo,
es una larga tierra de amor
que el corazón enciende y apaga.
Tu cuerpo es el palacio de Dios,
su adolorido domicilio y sin embargo florece.
Has colocado la primavera en tu pecho, Señor,
el manco que inventaste envuelto en fiebre está contento.
Su hipertermia no es de enfermo, es de libres.
El ignora que esa fiebre es coronada
por la estrella de Juliano,
por los que fueron corazón de hogueras,
por la imaginación rebelde.
Sólo es fiebre y arde hacia adelante.
Eso lo sabe, hacia adelante.

La luz se esconde tras columnas de la sombra divina.
En tu memoria sin que lo sepas arde Troya,
la desgracia,
arderán los últimos ensangrentados acales
en el aullido final de Tlatelolco
(no podremos beber de esta agua llena de salitre,
de sangre, de gusanos, visión de lo terrible).
En medio de la muerte tú, Señor, lanza hacia arriba.
Qué pronto el futuro es el pasado,
pero lento, más lento que lo lento, tú serás futuro,
esa es la forma de burlar el tiempo sujetándote a sus leyes.

No despiertes, Señor, hacia los cisnes,
quédate en el vuelo terrible de los buitres,
témelo, horrorízate de esas alas, pero ayuda a la limpieza
en medio del pavor, del aleteo sombrío.
Asiste al trabajo profiláctico,
abona el camino de la flor, el estallido que triunfa de la muerte.
El abismo desde tus ojos, señor,
es tu propio cuerpo, se ahonda en el vientre, ¡súrcalo!,
conviértelo en latido, que el abismo vuele.

La penumbra sobre la penumbra sobre la sobre
cantidad que produce el salto,
suma hechizada, magia que establece el trance,
lanza irguiéndose de carga, de divinizada sobrecarga.
Hoy que estás en la primavera voltea hacia tu pecho,
eje de equinoccios,
ahí de nuevo el manco que florece,
su fiebre es marejada de arpegias buganvilias
(de este hombre desgraciado tendrán noticias los venideros).
Hay una explosión de buganvilias clavada como un remo.

Cae la noche como un metal profundo,
no hay más carne que la noche, de ella hacemos día,
de su inevitable infinitud, de su eternidad presente,
de su masa henchida de rumores.
No cae la noche. Siempre ha sido a izquierda y derecha,
a lo arriba y a lo abajo.
Tiene la boca de la noche una tesis de dientes apretados,
destella mientras nos acogemos a su aquiescencia. Vivimos.

Pero también la noche es materia transformable,
cada niño que de su vientre nace en la Moebius curvatura
no encontrará el final que lo asesine,
permanecerá sin principio en la savia renovada del cosmos,
en la punta de tu lanza, con fatiga, sí,
pero sin sentencia de principios ni de conclusiones.
Niño de larga barba, espiral en la boca de dientes apretados,
reconoce el palmo de tu polvo novedoso,
de tu ancestro polvo por siempre renovado,
árdelo, preséntalo al hondo ojo de la sombra,
la ráfaga de ayer no ha nacido mañana todavía,
se alzará en tu lanza.

Desciende, Señor, a conocer la luz,
a rendirla con la magia azul del tacto,
ven y reconoce el rostro presentido,
encuentra que era cierto y fuerza
que te nombre montado en el ahí estar de la galaxia.
Ven a tocar el rostro de la luz,
su espectro tras la columna de sombra,
de él eres la partícula que somos,
ven,
desciende al punto en el que te ascendemos.
Mientras no mueras seguiremos vivos,
inermes, debajo del barro que nos cubra,
sólo erguidos en tu lanza,
más muertos que el sol que multiplica al buitre,
más vivos que la sombra del ala proyectada sobre el piso
tintando obrera rotación de hormigas.
Desde los muertos nacerán los vivos
para dar la eternidad al círculo.
Si cada montaña tiene de nuestros estremecimientos
somos nosotros solamente los del matrimonio con el cielo.
La piel adolorida de estrellas crea sus estatuas de sal,
sus estaturas, sus estatutos, sus estamentos.
Atrás el incendio, el cataclismo en perenne.

Entre más vemos, menos vemos, Señor,
sólo tus ojos abarcan la insensatez del rayo.
Desde el lampo tramo de tu cuerpo
devuelve tus ojos al poeta,
reintégrale su mano,
dale tu corazón de rita roca.
Hace años, en esta curva del espacio murió un hombre,
un puño de arterias que nacerá mañana.
Conocemos la historia, Señor, regresarás y serás miles.
Tu arma en ristre no será detenida por la sombra
porque de ella parte hacia los resplandores,
mucho tiene del ala del buitre,
del zopilote que vuela de su víctima
y se posa en el inmenso árbol oscuro
y lo carga de alas hasta iluminarlo.
Hace siglos aquí murió un hombre, yo soy su sueño,
la memoria del derrumbe que incubará el vuelo,
soy la memoria de la espuma, de las crestas del viento,
de la pica que marcó mis venas con muescas de ansia,
soy la sombra avanzando dentro de tu armadura.

Padre, presérvame del sol, quema, hiere,
yo, el nacido de la sombra te lo pide,
acércame a tu pecho viejo niño,
hijo indefenso, defiéndeme, protégeme, acógeme,
eleva tu amargo corazón sobre este lodo.
El sol es hijo de esta sangre negra,
con este fluir lo alimentamos diario.
¿De cuántas voces, de cuántos alaridos está formado el cosmos?
Ah, la enorme arca de silencios que murmuran.
Sentémonos un momento sobre el tiempo,
es hora de escuchar la palabra de los muertos,
hablemos, hablemos, hablemos hasta hacernos oír
por los que vamos a nacer mañana.

Los muertos no existen, Señor, lo sabemos,
los actuamos a diario, los hacemos decir, callar,
los movemos en cada pensamiento, adentro de la ropa y de la máscara,
los engendramos para su nacimiento de mañana,
para su muerte a la que habremos de asistir puntuales para que no mueran.
Los muertos no existen, lo sabemos, sólo somos suma.

La gran bóveda, la interminable, es una biblioteca,
en ella aprehendemos esta simetría.
Señor, hoy que colocaste primavera sobre magro lote
haz florecer el sexo de la idea en esta realidad que nos delinea.
El cosmos es congénito,
en él se abre en expansión continua la gruta del aroma.
Todo dolor busca su compañera, su complemento.
Dulcinea es congénita como el cosmos,
asúmela en tu lecho, ofrécele el perfume de Afrodita,
de Astarté, combate bifurcado.
Crécela, que entibie tus horarios tersos.
Que las diosas la escolten
para abrir la tumba de la vestal Urbina
y ya ungida por ambas,
le entregue en la insistencia de la carne
el homenaje de la vida.
En Dulcinea y Catalina deposita una gota de Friné.
Vamos, la libertad no nos encadene,
que ella misma se pueda dirigir a donde quiera.
El delirio de la carne es también fuerza,
complementa, Señor, tu arisca guerra.

¿Cómo puede medirse el miedo de los héroes?
¿En qué reloj de arena?
En la fábrica de rostros escogemos
el que mejor le va a nuestra medida.
En la fábrica de ruiseñores para los cuerpos de los muertos,
el muerto escoge cuál para su pecho.
En la fábrica de muertos el ruiseñor espera,
fluye dentro del reloj de arena.

Cadenas de eras apenas son un ciclo de sol,
no hay tiempo para aprender el idioma de las piedras,
no lo hay para el diálogo con troncos y arenales
y conocer la verdad de su existencia,
de su terca presencia entre la vida.
Si la sangre es fluir de hormigas
y el recuerdo nostalgia de elefantes,
ganemos el sol las veinticuatro horas con las que forja sus diástoles y sístoles.
No hay tiempo para aprender el idioma de las piedras.
Hay que ganarlo.

La entraña de la noche es sombra viva.
Yo vengo de la muerte, Señor, de su rostro helado,
el movimiento de la oscura entraña me arrojó a la vida,
de la sombra vengo y en ella hoy me multiplico,
soy ejércitos marchando sobre el polvo de Dios,
camino de Santiago, serpiente de nubes.
Soy el cuerpo de todos, su memoria,
soy tu lanza y tu derrota,
tu victoria final sobre los tiempos.

Sobre tu equino calcio a la intemperie cruzo el cosmos.
Yo, tu victoria final.
Señor, hoy que pusiste la primavera sobre tu pecho
recíbeme en tu sombra.
Surca el cielo la fiebre del manco que inventaste,
-Catalina y Dulcinea lo asisten-
somos ese bólido,
esa ansia de arder, prender al buitre y al albo ruiseñor
que lleva adentro.

Escúchanos, Señor, somos tu media imagen,
entre más lastimados más tu triunfo,
tu vuelo de cadenas,
tu alegría de heridas,
tu combustión, tu historia.
Hoy. Señor. Primavera. Pecho.
Acógenos.
Acéptanos.
Protégenos.
Recíbeme en tu sombra.
Vuela.





LA PRIMERA PIEDRA

Yo, Ginés de Pasamonte,
fui autor de la primera piedra.
Acúsome
del rostro ensangrentado de aquel hombre,
era un loco
y enloquecí con él,
pero yo de confusión,
de no entender el cobro,
de miedo.
Acúsome en razón de villanía.
Algo arde en mi cara. Quema.
Por mi rostro resbala aquella piedra.




LA ORACIÓN DE ALDONZA

Yo, Aldonza Lorenzo,
enloquecí a aquel hombre.
Entré Dulcinea en su cerebro,
guié su brazo,
su voluntad,
la dirección endeble de su rienda.
Sus hechos fui,
el filo que desde él atravesaba el viento,
la rotación del mundo
sobre el local Toboso.
Lloré en su lágrima.
Reí en su risa.
Fui la pasión,
la visión,
la muerte...
Si tan sólo un beso
hubiera sido...





DE CABALGADURAS

Por la puerta falsa del corral
salí a recorrer el mundo,
espinazo dócil y molido el mío,
superficie de inicio trasijada,
mataduras del tiempo,
mapas de la mala vida.
Yo, maltrecho Rocinante,
costal de anhelos y pesares desde mano de amo,
desleída memoria del solio de Calígula,
yo, callado,
y servicial a medias por rienda de fatiga,
me pronuncio dolor de curvo lomo,
lo que me duele a mí le duele al mundo,
al lodo sobre el que cabalgo,
al aire sobre el que me elevo,
a la galaxia por la que me guían.
Yo, oscuro Rocinante
también soy este mundo que delira,
mi fiebre es la de todos,
tinta ácida de mi escritura.
Yo, manco entre las sombras
escribo este relincho
en el que reconozco mi dolor
como el dolor de todos.
El jamelgo me observa con ternura,
trémula desolada crin.
Su crin es viento.

Manco y loco ¡Arde!

Edit. Miguel Ángel Porrúa
1991



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