jueves, 28 de octubre de 2010

1633.- RAMÓN BASCUÑANA


Ramón Bascuñana, (1963, Alicante, España) Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Murcia. Narrador y poeta. Ha obtenido numerosos premios en ambos géneros. Ha publicado una docena de poemarios y sus relatos se encuentran dispersos en diferentes antologías. Fue incluido en la antología poética “Al aire vivo” (2001) editorial Desierto, México. Colabora en diversas revistas literarias: Empireuma, Papers de Versalia, Ex Libris, Lunas de papel, Piedra de Molino.

POESIA:
Hasta ya no más nunca (1999)
Quedan las palabras (2000)
Los deseos impuros (2000) Plaquette
Tal vez como si nunca (2001)
Liturgia de la profanación (2002)
Los días del tiempo (2002)
Retrato de poeta con familia al fondo (2003)
Las avenidas de la muerte (2004)
Ángel de luz caído (2005)
Vera efigies (2005)
Impostura (2006)
La piel del alma> (2006)
Donde nunca ya nadie (2007)
El destino del hombre (2009) Plaquette
El gesto del escriba (2009) Antología [1999-2007]

PREMIOS DE Poesía:
1997 Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández
1998 Premio de Poesía Paco Molla
2001 Premio de Poesía Esperanza Espinola
2001 Premio de Poesía Real Sitio y Villa de Aranjuez
2002 Premio de poesía Hispanoamericano Juan Ramón Jiménez
2002 Premio de Poesía Ciudad de Morón
2003 Premio Internacional de Poesía Ciudad de Ponferrada
2003 Premio de Poesía Julio Tovar
2004 premio de Poesía Mariano Roldán
2005 Premio de Poesía dulce Chacón
2006 Premio de Poesía Marina Romero
2006 Premio de Poesía Flor de Jara
2008 Premios de Poesía Marco Fabio Quintiliano



EL TIEMPO

El tiempo en los relojes nos condena
a envejecer al ritmo de sus horas.
Es un juez implacable y rencoroso.
Ni perdona un minuto ni se olvida
un segundo.
Siempre desfavorable,
adversa y negativa es su sentencia.
Incuestionables son sus argumentos.
Y sus razonamientos son de peso.
Quizás por eso pesa tanto el tiempo.
Y cuanto menos queda más nos pesa.

[De Retrato de poeta con familia al fondo]

MAGIA NEGRA

Cómo explicar el pequeño milagro
de escribir un poema.
Cigarrillos,
una taza de café bien cargado,
unas horas robadas a la noche,
a trabajo, a la vida, y ganas
de dejarte la piel en el intento.
También cierta querencia por escoger
los vocablos que mejor definan
tu concepto del mundo.
Poca cosa.
Escribir un poema se aproxima
al tesón de la lluvia en los cristales;
una terca rutina solitaria,
aunque algunos lo llamen magia negra.

[De La piel del alma]








MÁSCARA

Sobre el rostro del alma, la máscara del rostro.
Un rostro que nos mira desde un fondo de sombra,
un rostro donde el tiempo deposita misterios,
un rostro que duplican los espejos del agua.
Ese rostro es el rostro que acompaña estos versos
que son, en cierto modo, el rostro de mi alma.

(De Los días del tiempo)






UN PERFECTO INÚTIL

La poesía que es inmortal
y pobre…poco a poco me fue llevando
a una casi perfecta inutilidad,
con el consiguiente coste económico
que semejante situación conlleva.
Víctor Botas.


Cuando les comuniqué mi decisión,
leí en sus ojos perplejidad y espanto.
Mi padre se quedó sin palabras
-lo único que a mí me sobran-
y mi madre aseveró que, de perseverar
en el empeño, acabaría como un perfecto inútil.

Ni los premios,
ni los libros de versos publicados,
ni las cada vez más frecuentes presentaciones,
cambiaron aquella primera opinión materna.
Es más, los premios, los libros y las presentaciones
reafirmaron a mi madre en su parecer
y confirmaron sus peores sospechas.
Eres un perfecto inútil, me decía.

Desde su punto de vista, es comprensible.
No me marché de casa en su momento
y ahora, si me marcho, no es por mucho tiempo.
No he formado una familia decente y honorable,
ni les he dado nietos
que entretengan sus ocios y fines de semana,
ni poseo un trabajo estable y bien remunerado,
ni ayudo y colaboro en ninguna
organización de voluntarios,
ni he cejado en mi empeño
por alcanzar la luna de mis sueños.

Es comprensible.
A su manera,
soy un perfecto inútil.

(De Vera Efigies)





IMPOSTURA

El poeta es un fingidor.
F. Pessoa.

Aceptaré las quejas, si tú reconoces
la legitimidad de la impostura.
Luis García Montero.


Para llegar aquí, hasta este verso
que busca reflejarme en su mirada,
han sido necesarios muchos años
de callado trabajo solitario;
muchos años de pacientes lecturas
que han dejado en mi voz múltiples ecos
y un sedimento de turbia tristeza
que impregna mis palabras de ceniza
y de cierta ironía pesimista.

Para llegar aquí, han hecho falta
Inviernos, primaveras y veranos
-del otoño es mejor no escribir nada-
de dura incertidumbre y de fracasos;
largas tardes luchando, sí, luchando
a brazo partido y con mil tretas
contra el verso que se me resistía
o contra algún poema interminable.

Para llegar aquí, al verso dieciocho
de este poema que intenta contener
en su mínima forma mi concepto
del mundo y expresar mi verdad, mi yo
más hondo y misterioso, he tenido
que echar mano de mi propia experiencia,
pero también de la experiencia ajena;
fingir que soy los otros, que nunca soy
yo mismo, que pude haber escrito:
lo has llamado el otoño de las rosas,
o ciertos versos soñados por Pessoa:
no quiero rosas mientras haya rosas.

Sí, para llegar aquí, muchos otros
tuvieron que inventarse las máscaras
que mejor reflejaran sus instintos
y mejor protegieran sus deseos
para no ser heridos si mostraban
el corazón abierto de sus sueños.
Sobre la doble impostura de no ser
y ser al mismo tiempo, se levanta
la estructura interior de este poema
que es como mi vida y mis anhelos,
reflejo de un reflejo de un reflejo.

(De Impostura)




«Como el temblor del vino»,


Como el temblor del vino
es el escalofrío
que recorre mi espalda
cuando alzo la copa
y brindo por los años
que esperan, todavía,
besarnos en los labios
con su leve caricia.

El gesto del escriba —Antología 1999-2007
— (Huacanamo, 2009).




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