lunes, 25 de octubre de 2010

JOSÉ MARÍA PALLAORO [1.602]


José María Pallaoro


José María Pallaoro es un poeta y periodista cultural argentino, nacido el 28 de febrero de 1959 en la ciudad de La Plata. Cursó estudios de Castellano, Literatura y Latín.

En varias FM del partido de La Plata, condujo y produjo los programas radiales: La máquina del tiempo, En la vereda del sol, Mariposas de madera y La talita. Colaboró con artículos literarios y culturales en el diario Diagonales de La Plata. Dirigió la revista de poesía El espiniyo. Publicó plaquetas, cuadernos y una decena de libros de poemas. En la actualidad: escribe para medios gráficos y virtuales, dirige la editorial Libros de la talita dorada, coordina en City Bell un taller de escritura y el Espacio Cultural La Poesía. Administra los blogs literarios: Poesía City Bell, Poesía La Plata y Aromito, y uno personal: Los ojos. Pallaoro ha sido traducido3 al italiano y al esloveno. Una selección de sus poemas aparecerá en dos volúmenes, con el título tentativo de: “Poemas anteriores, 1" (1982-1991) y “Poemas anteriores, 2” (1992-2003). También una antología de sus artículos periodísticos.

Poesía

“Basuritas” (2010)
“Setenta y 4” (2011)
“33 papelitos y una mora horizontal” (publicado en Suplemento Letras del diario Diagonales, 26 de noviembre de 2011; edición en libro, 2012)
“Una medida adecuada a todo” (2012)
“Son dos los que danzan” (primera edición 2005; reedición ampliada 2012)
“Una piedra haciendo patito” (2013)
“Sono due quelli che danzano / Ples v dvoje” (edición bilingüe de “Son dos los que danzan”; traducción al italiano por la profesora Ana Cecilia Prenz Kopusar y al esloveno por Marko Kravos y A. C. Prenz Kopusar, editado por Mediterránea, Centro di Studi Inerculturali, Dipartimento di Studi Umanistici, Università di Trieste, Italia, 2013) Sono due quelli che danzano
“Cantar a tientas” (2014)
Otros libros de poemas[editar]
El viaje circular [1998]
Pájaros cubiertos de ceniza [1999]

Poesía en prosa

“El flautista de City Bell” (2014)

Antologías

Junto al poeta Nestor Mu seleccionó los textos de la antología Naranjos de fascinante música: poesía contemporánea de amor en La Plata, 2003, que reúne a 34 autores de esa ciudad desde la segunda mitad del siglo XX hasta el presente.9


1. INTERIOR CON PÁJAROS (fragmento)

«En el jardín, pájaros inocentes / picotean el césped encendido.»
Horacio Núñez West

Sibelius

un piano en el aire de la casa
la música quema la leña brillante de la estufa

sentados
cada uno de nosotros invoca
a su dios o no dios

unidos en la ceremonia





No sé
(para Elena)

por qué si afuera llueve
elijo una música diferente

en el adentro los sonidos se besan

son dos los que danzan




Otra casa

de un cielo gris con destellos
anaranjadamente oscuros

los pájaros de la tarde
caen

vacíos
sin peso

como hojas
que sopla
la muerte

quizás queriendo otra casa



Otra oscuridad

como un viajero a su sombra la sigo
no hay hambre
sólo deseo

cuando me pierdo
o ella se deshace de mí

el pensamiento deja de aventurar conjeturas

y quedo solo
en mi otra oscuridad




La claridad
(para Irina Bogdaschevski)


la claridad
de la ausencia
pesa y aturde

silencio quebrado
viento que no acaricia





Lunas

no me despojo de lo que más quiero
sino que lo que quiero se despoja de mí

luna
que en la noche
callas





Para qué

para qué dormir si en sueños

el cielo es el cielo
la tierra es la tierra

y nosotros
dos pájaros que se cruzan
y no se reconocen




Certezas
(para Gaby)

sé que hay un pájaro en tu mirar
sé que en ese mirar la dicha es luz
además sé
que en vos
la dicha es

un pájaro
que no me ve





Mares

hace tiempo el mar dejó de visitarme
sin embargo la arena persiste en tus pies

desnudos y fríos




Aguas

la quietud del agua es rota por la hoja caída

un cuerpo apenas sumergido
ondas que llevan / a la otra orilla

la soledad del mundo



Saberes

sé que soy
la garra en la puerta de la jaula

y soy el pájaro
que se queda en un rincón sin querer salir




La enredadera

las rejas desaparecen

es indudable que ese jazmín crece
para recordarnos que la belleza es aún posible

dentro de pocos días sus flores perfumarán

la intimidad de esta habitación
donde consumo mis horas

en busca de un tesoro que no encuentro y que no sé si existe





2. LA CLARIDAD (fragmento)

«Escribir es ofrecer desde el primer momento
la última palabra a otro.»
Roland Barthes

El poder

El poder de una palabra
no radica en la voluntad de poder

decir aquello que los demás
quieren escuchar

El poder de la palabra

es un certero golpe en la cabeza del silencio

Y de esa cabeza –estallada en el aire–
se arma el mundo

a imagen y semejanza
de la poesía




Nuestra pequeñez escrita

Escribir
ser uno
entre tantos otros

pensar
nuestra pequeñez
como lo más importante
que nos pudo haber pasado




Los ojos

Cómo hacer para mirar
a los ojos del otro
y que entienda

Cómo hacer para que los ojos
del otro nos encuentren
y comprendamos




Escrituras

Escribo
sobre el charco
azul

palabras

que se hacen
nube
y lluvia




Los pájaros de nuestra memoria

tal vez el poema sea un campo dorado
a la espera de la lluvia

y después del viento

que mece
los árboles

donde descansan los pájaros
de nuestra memoria




La búsqueda

Muy pocas veces estuvo cerca de hallarlo
Está oculto en algún lugar de la casa
entre libros y palabras

y en contadas noches
en el silencio aparente de los objetos
junto a luces ahora dormidas
presiente

que un fugaz conocimiento
pareciera revelarlo todo





3. AGUAS DE NUESTRA SED (fragmento)

(«Quien lanza barquitos de papel lanza deseos.»
de un libro de Mary Shelley)


Aguas de nuestra sed

Ella acomoda los barquitos de papel sobre la mesa
Esos barquitos están detenidos en el cómplice mirar
La tarde pasa para que las aguas de nuestra sed
empujen a los barquitos





Las alas del deseo

Ella es un pájaro que de noche vuela a lugares desconocidos
Lleva entre sus alas el sabor de los que la amaron durante el día
Viaja sola por temor a que la soledad la abandone

Ella se entrega a los brazos que la oscuridad le proporciona
Esos brazos la abrigan de la posibilidad cierta de la muerte
La muerte siempre la descubre amparada por la noche

A veces se detiene a beber agua de los arroyos quietos
Y un nombre que se dibuja en la momentánea transparencia del mundo
le recuerda que no todo lo escrito podrá ser leído





Al natural
(para Maite)

Desnuda subes
la escalera de madera

cierro los ojos
para perpetuar
la suavidad de tus pasos

el vaivén de tus pechos

dejar afuera
–aunque más no sea
por esta noche–
la ciudad y la tristeza

decidida te acurrucarás
a mi lado
en un instante

en el instante preciso
en el que el cielo
se abrirá
a la fiesta de los cuerpos
al amor de los dos




Ella sabe
(para L. Andreas)

Sabe separar el árbol del bosque
Ella oscurece con su boca el sol
Para nuestra dicha pronto lloverá




Los pájaros de la vida

Sólo algunas estrellas guían
a la pequeña pasajera

que dentro de un soplo besará
al hombre
en la playa encendida

para que los pájaros de la vida
canten

canten
junto a tu pensamiento

que canta




Colores
(para Gaby)

No entiende de colores
confunde el encarnado con la lealtad
lo racional con la esperanza
y la pureza con la obscenidad

No entiende de colores
por eso pinta




Tarde de perros

Como si la tarde pasara por la sencilla razón
de que hay silencios que se hacen
los muertos

Como si los perros que duermen bajo el sol
ladraran en sus sueños
al desconocido

Como si nada quedara
Sólo la ceniza

que nos tuvo de testigo
Señales de mirarnos
Cómplices





Música

En otros atardeceres
los cuerpos eran música

Separados o unidos

cuerpos que sin palabras
se eternizaban en esa escisión
en que la música
parecía detenerse

para empezar
otra vez
la rueda fugaz
de nuestra danza

Esa tarde y siempre



4. NADA FUERA DE LUGAR (fragmento)

«... y que sea lo que sea.»
Jorge Drexler

Los muertos

¿Qué se hace con un muerto?
¿Se lo deja en casa?
¿Se le cierran
las ventanas y la puerta
de la habitación?
¿Se habla en voz baja
para no despertarlo?

¿Se lo comienza a olvidar
para no sentir
culpa de su abandono?



Cara y Cruz

Dando la cara llegamos a la vida
con palmaditas en el culo
nos reciben

y de inmediato nos revolean al aire
como a una moneda

por si una vez el azar
por si falla el juego
de la vida

pero la suerte sigue echada
y caemos siempre irremediablemente cruz

Luego juntan nuestros pedazos

Nos olvidan
en uno de esos lugares
oscuros y fríos





Preguntas

¿No hay sol para el desolado?
¿El desolado no hace luz desde su mirar?
¿En el mirar del desolado la luz se transparenta en claridad?
¿Desaparece la luz para sólo ser oscuridad?
¿Acaso el desolado tiene alergia a la luz?



Lecturas

Enfrascado en la lectura de Proust
no llegaba a percibir que
desde el tren
los árboles eran más lentos

tampoco
cuando el muchacho cruzó el vagón
arrebatando a justos y pecadores
las cadenas de un oro imposible

para saltar sin tiempo
y violentamente perdido
hacia otras formas del mundo





Cantar a tientas

Hace una cantidad de años
se solía dejar ciegos a los canarios
para lograr en su canto mayor belleza
-actitud típicamente humana
como cortar lenguas
cercenar gargantas-

Hoy
las cosas no han mejorado
y los pájaros que aún sobreviven
cantan
a tientas
todo el tiempo
con señas desesperadas





Ella dijo

empujá la desdicha a un lado
porque para el dolor
siempre hay tiempo

y recordá
la vida
no es más que estos pedazos de nosotros
compartidos con los demás

http://revistainternacionaldepoesia17.es.tl/






El flautista de City Bell, Libros de la talita dorada, City Bell, 2015.

    
ANIMALES

¿Han visto tendido en el jardín a algún animal llorar sus pecados? Veo el inundar de sus ojos en la gramilla acristalada. Una mujer queriéndolo alimentar con sopa de verduritas y especias. El pecado no es original, una copia inédita de madera de cajón de manzana. Durmió entre las paredes y creció hasta hacerse encima del pis y del olvido de una insistencia que nunca cumple sus promesas. Y ahí está el pobre. ¿Lo han visto? Cierren los ojos, imaginen un espejo.


     
BALDÍOS
    
Desde hace un tiempo, habita una extraña mancha en la pared. La veo desde el interior de mi casa. La pared es una medianera. Da a un baldío. Nunca pisé ese baldío. Tampoco sé el origen de la mancha. Si bien la pared está un poco alejada del ventanal, digamos unos ocho metros y medio, no llego a percibir su naturaleza. No es de humedad, seguro. Ni la sombra de un pájaro petrificado. Es una mancha que nunca cambia. Sea la hora del día que sea, la mancha permanece inmutable. A veces, tengo el deseo de salir, y observarla mejor, pero la sensación persiste unos segundos, y enseguida retorna la cordura. También, en ciertos breves momentos, quisiera perderla, y ver, y ver realmente esa mancha que como escupitajo o asteroide desconocido está aplastada a la pared que da a un baldío.


     
EL PERRO

Lo tiró en el bosque de eucaliptos. Una costumbre familiar que trajo del más profundo Chaco. A la mañana, cuando aún la escarcha no se había disipado, se encontraba ahí, sobre el capó del 1100, con las patas tiesas y los ojos de vidrio. “Estos hijos de puta”, y lo agarró de las patas duras que ató con la soga para manear y lo llevó arrastrando hasta la quinta del loco Carlo, y lo dejó ahí, cerca del molino y de las higueras. Ese día salimos, a pesar del frío, sí, a pesar del frío, regresamos con leña seca del Pereyra, y la pusimos junto al hogar. Encendió el fuego, más bien lo avivó.
     Esa noche preparó huevo batido con oporto y azúcar.
     Esa madrugada, la pared del otro lado de la estufa se mantuvo caliente como la almohada y el colchón y las sábanas espesas.
     Antes del amanecer tuve un presentimiento, y salí. Ahí estaba, encima del auto, bajo el farol de la calle que encendía la neblina, parapetado en sus patas, con los ojos amenazantes o suplicantes, no lo sé, esperando que silbara su nombre.


    
MARGARITAS

Estamos en la cocina. Mira viejas fotos y sonríe. Le convido un mate y cariñosamente dice que después, que ahora está caminando por calles reconocidas. Tomo el mate que le convidara y sigo leyendo el libro que dejé sobre la mesa. Es un libro de poemas de un amigo de Buenos Aires. Tiene un nombre de mujer el libro de mi amigo. Pero no es el tuyo, le escucho decir. No, no es tu nombre que se repite una y otra vez. Tendré que deshojar la margarita como ella deshoja las fotos que sacamos hace apenas un rato de una caja de zapatos.



MÚSICA DE JAZZ
  
Las sillas del jardín inclinadas sobre la mesa. Piedras y arbustos, una maceta caída, vacía. En la pérgola, la parra colmada de racimos de no-amanecer. La lluvia aún no cesó, pero es leve, fina, tan fina que acaricia como música de jazz las chapas del techo. El interior es el exterior de mis cosas. El vidrio, apenas humedecido, mi rostro.


    
UNA HERMOSA VIDA
  
Me metí en el sueño de mi perro. Lo vengo haciendo desde antes que los árboles se acolcharan de sombras. Vi bolsas de Eukanuba. Caricias a la mañana y al atardecer. Una pelota de tenis que busca y trae algunos fines de semana. Un gato en zapatillas deportivas que siempre escapa por la medianera de las enamoradas. Inmensas y terrestres siestas al sol con pajaritos a sus anchas y a sus patas. Una hermosa vida de perro. Y no quise salir, pensando que sus sueños eran mejores que los míos.


    




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