sábado, 25 de septiembre de 2010

1278.- TOYIN ADEWALE GABRIEL


Toyin Adewale Gabriel nació en Ibadan, Nigeria, en 1969. Poeta y narradora. Realizó estudios universitarios de Literatura e Inglés. También se ha desempeñado como crítica literaria en diversos periódicos de su país, entre ellos: Guardian, Post Express y Daily Times. Fue cofundadora y coordinadora varios años de la Asociación de Escritoras de Nigeria. Obras: Naked Testimonies, 1995; Breaking The Silence, 1996; Inkwells, 1997; Die Aromaforscherin, 1998; Flackernde Kerzen, 1999; 25 New Nigerian Poets, 2000; Aci Cikolata,Gunizi Yayincilik, 2003; y Nigerian Women Short Stories, 2005. Escritora en residencia en Suecia y Alemania, ha sido invitada a importantes encuentros de poesía en Europa, África y América. Por encima de cualquier consideración de género, su poesía se destaca en la contemporaneidad como una de las voces más destacadas de la nueva poesía africana. Su trabajo es una especie de mixtura cultural en la que aparecen los temas comunes de la poesía africana: la sabana, la fauna, los paisajes humanos y su entorno, la geografía del dolor -Gorée-, etc., y junto a tales elementos se dan otros pertenecientes a la poesía universal, de otras latitudes y culturas y que dan como resultado una singular mixtura de gran belleza y que posee una fuerza que nos seduce y nos integra a su palpitación poética. En sus poemas hallamos elementos que se dan como hierbas salvajes, y que apuestan a un manifestar más allá de lo simplemente poético y lírico hallando así imágenes de sabor acre, irónicas y dolorosas, itinerario del dolor. Poesía intimista con visos elegíacos, su obra se destaca nítidamente y deberá estar incluida en cualquier antología de poesía africana que se precie de ser integral.





Exploradora de aromas

Como el fuego devora la hierba,
como las llamas consumen las cerillas,

la calle se traga mis pasos,
mi voz se disuelve en el suelo.

Conozco la bilis verde del hambriento.
Conozco el triunfo del polvo,

la despreciativa arrogancia del sol,
sobre los restos de empapadas

ratas. He cenado sobre perros raquíticos,
con sabor a orina acre.

Y a los pies de intrincados remanentes,
encuentro los más altos despojos,

De muslos de pollo aborrecidos por exceso.
Yo, exploradora de aromas,

vadeando a través del laberinto de arroz,
deleitándome en la basura. Digo que tus desechos

son para chuparse los dedos.
Dicen que los ricos también lloran,

danzando para aliviar su vergüenza,
sus llagas palpitantes.






Safari

(para Ogaga Ifowodo)

Cuando leí mis poemas,
goteantes de fuego y alcantarillas,
me preguntaron, ‘¿no escribe usted
acerca de árboles y constelaciones?’

Y yo dije, en esta tierra amamos con dolor
hasta las melenas parecen látigos.
No puedo fingir que la sangre en
mi boca es salsa de tomate.

Tu libro se aflige en mi mesa.
Las bromas en nuestro almuerzo se volvieron rancias
Qué sacrificio soportamos,
ladrillos sobre cabezas desgastadas.
Cargas que crecen abundantemente.

A través del polvo, busco tu aroma,
tu corazón de safari, esa curiosa dicha
que irriga tu poesía,
veo huesos vendidos en cuentas bancarias,
un depósito, a la espera de bárbaros.

Es por ello que el viento esparce tus palabras,
de avispas, de redes, de gemidos.






Escúchate a ti mismo

(En memoria de Durban)

¿Dónde hay una palabra para asir el borde de las aguas azules
cuando las olas luchan como esposas rivales?

¿Dónde hay una palabra para asir una mujer
cuando ella corre, corre, corre…

¿Dónde hay una palabra para sofocar el fuego
cuando un cielo carece de hogar?

Escúchate a ti mismo.
Escucha la murmuración de los mares,
lavando las piedras del fogón de Nombolisa.
Escucha a la esperanza vagabunda
balanceando ganchos de ropa en los semáforos en verde.
Escucha al hombre que no puedes tocar
los niños esposados, la inocencia despojada.

Traducciones de Rafael Patiño Góez


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Respuesta

Quién abrirá la bóveda de trofeos
cuando los elefantes se desvanecen como el polvo en la aspiradora
Quien contará el drama de los teatros al aire libre?
Quién recorrerá los laberintos, buscando los
champiñones en los jardines chinos perdidos?

Quién puede subir los tres ramales
hacia el castillo donde nunca puedes llegar.
Quién puede rastrear las sesenta millas en línea recta hacia la soledad
atravesando senderos de fino hilo entre la esperanza y la desesperación?

Recuerda las reliquias del hielo, la voz
del bosque, cuán desnuda, gimiendo en invierno.
Recuerda la primavera de ardillas negras, verdaderamente traviesas,
poderosamente triunfantes. Recuerda el verano de
flujos, de abejas de miel borrachas, un llamado teléfono sorpresivo
desde California. Recuerda el viento abundante
y roja y dorada, la nostalgia del otoño.


Publicado en Sentinel poetry
Traducido del inglés por Myriam Rozenberg


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