viernes, 24 de septiembre de 2010

GHASSAN ZAQTAN [1.262]


Ghassan Zaqtan 



Nació en Beit Jala, cerca de Belén, Palestina, el 24 de junio de 1954. Recibió su grado como profesor en Jordania y trabajó como profesor de educación física. Ha vivido en Jordania, Siria, Líbano y Túnez. Actualmente vive en Ramallah, Palestina. Ha publicado varios libros de poesía: Temprano en la mañana, 1980; Viejas razones, 1982; Banderas, 1984, El heroísmo de las cosas, 1988; No por mi causa, 1990; Cielo claro, 1992; Más allá de la descripción, 1995; Encargando descripciones, 1998; Monte tentación, 1999 y La cronología del carbón, 2003. Ha escrito varios guiones para documentales. Su obra de teatro El Mar Estrecho fue destacada en el Festival del Cairo en 1994. Cofundador y actual director de la Casa de Poesía en Ramallah. Director General del Departamento Editorial y Literario del Ministerio de Cultura de Palestina.



Caballos Negros

El enemigo asesinado
Piensa en mí sin piedad en su sueño eterno
Fantasmas que ascienden las escaleras de la casa, rondando las esquinas
Son los fantasmas que recogí por los caminos
Tomandolos de los pecados que rodean el cuello de las gentes

El pecado cuelga de la garganta como un peso
Es ahi donde alimento a mis fantasmas y les doy de comer
Los fantasmas que flotan como caballos negros en mis sueños.

Con el vigor de los muertos se levanta el último Blues
Mientras reflexiono acerca de los celos
La puerta se abre curva, el aliento se filtra por las grietas
El aliento del río
El aliento del borracho, el aliento
De la mujer que despierta a su pasado en un parque público.

Cuando duermo
Veo un caballo pastando en la hierba
Cuando me quedo dormido,
El caballo vela mis sueños

Sobre mi mesa en Ramallah
Hay cartas inconclusas
Y fotos de viejos amigos
El manuscrito de un joven poeta de Gaza
Un reloj de arena
Y versos iniciales que baten en mi cabeza como alas.

Quiero memorizarte como esa canción en primer grado
Esa a la que me aferro
Completa y
Sin errores
El ceceo, la inclinación de la cabeza, desafinada
Los pies pequeños golpeando ansiosos el concreto
Las palmas abiertas golpeando los bancos.

Todos murieron en la guerra
Mis amigos y compañeros de aula
Sus piececitos
Sus manecitas ansiosas…aún golpean los pisos de cada habitación
Golpean las mesas;
Y todavía golpean el pavimento, las espaldas de los paseantes, sus hombros.
Donde quiera que voy
Los veo
Los escucho.



Adiciones al Pasado

Las cartas en la habitación de la viuda
En la canasta de paja
En la cama purgada del sueño
En la intención de ayunar que acecha
En el aire del pasillo.

Los vegetales, comprados normalmente en la mañana
Los tickets,
El bus del amanecer los martes
Las almohadas
Las velas
La indulgencia…, donde las frases sagradas están
Talladas ostentosamente
En los bajorrelieves

El borde del aparador desde la rajadura en la puerta
La puerta misma…donde los himnos reunidos
Revolotean como pañuelos en la oscuridad de la llanura.

La sombra del aire
La novela que ella no ha vuelto a poner en el estante,
No puede recordar!
Sus héroes caen muertos a tierra
Ella los va barriendo
Uno tras otro
Con su escoba, sus reproches, sus plegarias

Las cartas quedan sin abrir
Los muertos
Regresan a traves de la grieta en la puerta
Para robar
La sabana naranja
Y las mantas



Un Enemigo Baja por las Colinas

Mientras desciende
Mientras lo vemos descender
Mientras nos deja entender que esta
A punto de descender

Cauto y silencioso

Su ilicita presencia
Cuando escucha cuidadoso entre los arbustos

Su miedo al descender
El silencio contenido
Que el no es nosotros
No es aqui
Comienza la muerte

Arranca una flor
Solo una flor
Sin mensaje alguno que proponer
Ni bucaro para ella

Desde la colina
Puede ver
El punto de control militar
Los paracaidistas
Puede ver la gente desesperada
Las laderas de las montañas
El unico sendero
Donde sus pies dejaran huellas en las piedras
En lodo y agua

También puede ver
Las bajas desde las colinas
Dejadas atrás con premura

La equivocación de las sombras
Recuerda
Donde el bigotudo enemigo
Se asemeja a los árabes muertos aquí.
En las laderas de las montañas
Las cuevas parecerán todas apacibles
El camino siempre parecerá el mismo.

Mientras desciende
Las cuevas en las montañas
Siguen observando
Pestañean en el frío.


La Trinchera

Qué extraños son los días de la sal
Es como si fueran de otros
Y al igual que una tragedia bien tramada
Traída apenas a su fin
Comienzan a respirar cuando los recordamos

Las olvidadas colinas el tedio de las laderas
Las montañas que aspiran hacia el oeste
Las errantes caravanas de la muerte
La fe de los muertos, completa.

Las manos que emergen de la oscuridad
Para decirte todo
La profunda fraternidad que no conduce a la sabiduría
Las palabras no más apropiadas a los lugares elevados

Extraños son los días de la sal
Ahora solos en el abismo
Esparcidos como podridas semillas

Y mientras ascendemos,
Porque eso es todo lo que podemos hacer
Los días ruedan hacia la distancia a nuestras espaldas
Abandonados y nunca pueden regresar

Nuestra tez oscura
Nuestros intentos de dormir
Nombres, títulos interminables
Dialectos también
Proclamando una campiña
Que ya no es necesaria.

Qué extraños son los días de la sal
No son siquiera dignos de ser recordados.




La Prostituta del Campamento

Lo que se proponen aquellos que visitan su casa
Es palpable
Tan puros, tan altivos.

Los que se quedaron hasta tarde en los campos
La encontrarán colgando junto a los arbolitos
Los cinco peldaños musgosos
Luego la buganvilia junto a la puerta.

Sus brazaletes resuenan en su sueño como un caballo fantasma
Sus ropas interiores colorean sus sueños
Sus senos bien trillados como el sendero hacia el molino
Sus movimientos rituales entre la cama y la palangana
Cual canción popular toda la ira.

La naturaleza muerta en la pared
Las sábanas y las dos almohadas
El aroma de la colonia barata
Las uñas tras la pared
Donde el olor de sus ropas queda flotando
El jazmín más allá de la ventana

Los torpes retorcimientos de su cuerpo
La tensión que llena su silencio

Las intenciones de aquellos que pasan por su casa
El marchante y el huésped,
Los estudiantes, oficinistas y los pollos
Los directores, los guardias y los perros,
Los porteros, los gatos y los verduleros
Los padres y los hijos
Todos aquellos que han dejado su olor en su insomnio
Todos estaban allí
Detrás de los niños
El carromato
El ataúd
Tan puros, acompañándola a su destino.


La Canción del Durmiente

Subo los siete niveles
Del sueño
En el sueño eres
Una elegía a los que se fueron
Un icono de censura

Subo
Los siete niveles del sueño
Todos.

No pasa nada
Nada termina.

Enciendo la luz
Para que los muertos
Puedan ver lo que estoy soñando.

Traducido por May Jayyusi y Alan Brownjohn
For East-West Nexus/PROTA*

Beirut, Agosto 1982

Cómo me gustaría que no se hubiera muerto
en el último ataque aéreo del miércoles
mientras paseaba por Nazlat al-Bir –
mi amigo de pelo rubio
tan rubio como un nativo de las tierras bajas de Irak

Como una mujer hechizada por su telar,
la guerra estuvo todo el verano tejiendo su urdimbre y su trama.
Y esa canción, oh Beirut!,
sonando en todas las radios
en la casa de mi padre en Al-Karama --

y probablemente en nuestra vieja casa en Beit Jala
(la cual, siempre que intento encontrarla en el amasijo del campo,
se niega a ser encontrada).
Esa canción cantaba lo que conocíamos –
cantaba nuestras calles, estrechas y olvidadas,

nuestra gente famélica en los suburbios creados por la guerra.
Pero la canción no cantaba acerca de ese verano en Beirut,
no nos dijo nada de lo que venía—
aviones, bombardeos, aniquilación…

La canción se escuchaba mientras mi amigo de Irak—
quien pensó que yo era de la campiña marroquí—
tropezó sangrando hacia su muerte…
Su pelo rubio nunca desaparecerá,
un rayo de luz se cauterizó en memoria.


Un Joven de Al-Jaheer Expresa Sus Pesares…
(Bir Zeit, 1997)

Debo abandonar esta ciudad:

una ciudad donde el sol nunca me ilumina,
donde nunca hay sombra,

una ciudad sin bar donde ahogar todas mis penas,
un lugar donde nadie sabe que existo!

debo seguir adelante subrepticiamente
sin remordimientos ni amarguras…

no tengo sitio en las celebraciones oficiales
ni un puesto para mí en los jardines

Esos pájaros me han mostrado el camino
puede que no tenga un caballo

pero no tengo nada que temer
no hay muros a mi alrededor…

Pero debo irme ahora mismo…
debo lanzar sus viejas leyes a los perros,

y restregar sus tradiciones en el polvo,
entonces escabullirme, al abrigo de la oscuridad…

Era de noche la primera vez que llegué aquí
los días antes de que mi cabello se volviera gris –

vine a dar aquí y me mezclé,
desenraizado cual planta doméstica en una bañera.

En aquellos días mi paso era firme,
y mi voz nunca vacilaba,

En aquellos días nunca estaba en silencio…
Ahora estoy exhausto de los chismes de este lugar,

Estoy agotado por la corrupción,
por esas mujeres obtusas, extremistas

por los desfiles ebrios, ilusos de todas las noches,
por los viejos balbuceantes, los fanáticos llorosos y arrepentidos…

debo irme!
Debo sacudir de mis pies el polvo de esta ciudad…

Así que mientras los pastores vuelven del pozo,
mientras los ancianos indolentes vuelven reptando de sus madrigueras,

mientras los predicadores brotan de la oscuridad,
y las ventanas se cierran de golpe en la tormenta de arena,

para cuando se estén revolcando en sus sueños,
y se hagan borrosas las líneas

entre lo sagrado y lo profano,
allí donde el día se hace noche…

--estaré lejos del otro lado del valle,
junto al borde de los bosques de cedro, encima a la colina.


Guía

Nos señaló…
este camino.
Y desapareció
en el derrumbe de las casas
después de la explosion
sus dedos en la grieta en la pared
todavía señalando:
por aquí…
por aquí.


Almohada

Habrá tiempo todavía
para decirle,
Madre,
buenas noches,
regresé
con una bala en la cabeza
he ahí mi almohada
quiero echarme
y descansar.
Si la guerra
alguna vez toca la puerta,
diles:está
descansando.

*

Cuatro hermanas de Zakaria
Cuatro hermanas
suben solas la colina
vestidas de negro.
Cuatro hermanas suspiran
de frente a la espesura.
Cuatro hermanas en la oscuridad
leen húmedas letras.
Un tren que venía
desde Artouf* pasó
por detrás del cartel.
Un caballo que lleva
a una muchacha de Zakaria*
relincha por la llanura.
En el desfiladero
las nubes pasan lentas.
Cuatro hermanas
de Zakaria, solas
vestidas de negro
en la colina.

* Zakaria and Artouf son dos aldeas palestinas en el área de Khalil (Hebron) cuyos ocupantes fueron obligados a retirarse en 1948. Los poemas anteriores fueron traducidos por Sargon Bouln, tomados de los poemas escogidos del autor, ´Tarteeb al-wasf´ (¨Poniendo en orden la descripción), Ramallah, 1998. Reeditados aquí según lo publicado en Banipal 12.

*


Recordando a Fátima

Qué claro era el cantar de los marroquíes que nadaban
en la corriente del río antes del crepúsculo, las mujeres recostadas al puente
entre sus niños y las canastas de verduras y tumbas de santos…

La lejana Rabat con sus gentes donde al-Andalus se esconde,
Rabat, siempre que digo que abandonaré sus salones, despliego ante mi voluntad
una manta y ella despliega una manta

Oh Fatima
si sólo te inclinaras hacia mí
o me recordaras,
esa era la canción del río,
temblaría mi corazón
y me harías feliz
y la gacela en las colinas
hallaría el camino…
pero Fatima era sólo una canción
echada al viento por los botes
y las mujeres muertas sobre el puente
en las noches de Rabat.


Los Pájaros me siguen

En el año dos mil o un poco antes, hubo quizás
un preludio que me habitó, se parecía al verano
en los cuartos de los solteros,
yo solía hacerlo girar en mis conversaciones…

Como un paso agradable sobre un borde de mármol o el polvillo
que dejan atrás los cascos de las mulas
cuando por suben la quebrada…



“…en mi casa
las mujeres dan a luz anillos
y desaparecen del mundo por detrás de la puerta,
he aquí el paraíso de quien amo
y la travesía
de quien vió…”


Un preludio igual a otros preludios
que no pude rescatar del balbuceo

Como un pájaro de paja
me persigue…



Los Constructores de Cavafy

Tengo una tonada en la melodía
a la que nunca llegué
pero es mi único tesoro
e instrumento

Tiene la probabilidad de la improvisación
la ternura de los verbos
y la solidez de la narración

Como si secretos constructores que Cavafy hubiera despertado
estuvieran horadando las colinas
y empezaran a cavar junto a mi almohada!


Tallando en Madera

1

En la casa del cactus
concluyo lo que empecé


2

una novela para la muerte y los muertos
y un capítulo sobre cuestiones de pájaros


3

mi casa es mi viaje y el viento es mi puerta
ventanas son aquello que vi


4

perdí mi fortuna
mas conservé mi cacumen


5

un ciego con vision junto al nido del halcón esculpe
mi soledad para que yo sea amado por una variedad de selecciones


6

lisonjée a las hienas y aparte de mí mismo
no confié en nadie


7

no dejé tierra adonde regresar
ni dejé camino para llegar


8

en la casa del cactus cuando llegué
tuve un nombre completo
y manos doradas

“y desligado de la memoria
estuve”

El extraño en su icono

La naturaleza que me ha dejado desesperado
se hizo árida en los campos

mis hogares abandonados en los recuerdos y las hazañas de otros
las muchachas en el muelle
con malas intenciones al esperar por mí

el sueño del lobo en su páramo
la hiena que me desea a mí y a su vecino

el ciprés que tarjé
los caminos que envolví

se hacen distantes y símiles
mientras olvido y recuerdo

yo, que exageraba todo,
voy tan solo como mi madre me parió
y me siento en mi icono.

Antiguos Callejones

Aparte de sus dedos, no pudo dormir
ella estaba ahí suspendida en el recuerdo
remendando sus sueños en la luz mortecina

mientras
una campana encrespaba el sendero hacia su casa
una campana paciente subiendo la cuesta
de basurero y convento

Una campana cojeaba tras la cerca
y el cementerio musulmán
penetrando en la privacidad de los genios y los muertos silentes
junto a las fuentes en los boulevards de los pájaros

Una campana para las mujeres extrañas
para los pocos deseos y el verano

para los viejos vestidos y libros escolares
y niños muertos a la puerta de los áticos

Una campana sube la colina detrás del tiempo antiguo
detrás de los matorrales al pie de la ladera

donde los perros viejos son remangados a la historia
y las casas son congregadas en el aire paciente

Una campana la llamaba por su nombre mientras subía
quizás para ver su letra cursiva
sobre el bosque de pinos


Una Foto de la Casa en Beit Jala

Tiene que volver para cerrar esa ventana
no está del todo claro
si es esto lo que debe hacer,
las cosas no estan claras
dado que las perdió,
y parece que un hueco en algún lugar dentro de él
se ha abierto

Cerrar las grietas lo ha dejado exhausto
reparar las cercas
pulir los cristales
limpiar los bordes
y observar el polvo que al parecer, desde que perdió las cosas,
atrae sus recuerdos hacia el engaño y la astucia.
Y desde aquí su infancia aparece como un truco!
inspeccionar las puertas lo ha dejado totalmente exhausto
los picaportes de las ventanas
la condición de las plantas
y barrer el polvo
que no ha dejado de invadir
los cuartos, las camas, sábanas, vasijas
y los marcos de los cuadros en las paredes.

Desde que las perdió se queda donde los amigos
que se han vuelto menos
duerme en sus camas
que se hacen más estrechas
mientras que el polvo mordisquea sus recuerdos “allá”

…debe regresar a cerrar esa ventana
la ventana del piso de arriba que suele olvidar
al final de la escalera que lleva al tejado

Desde que las perdió
camina sin rumbo
y los pequeños propósitos
diarios tampoco están tan claros

Él No Estaba Durmiendo

Hay una mujer inerme en su sueño
una reclusa preocupada con simples pensamientos
y accesorios inútiles

Una mujer que penetra en su cuarto mientras él
dormita
escudriña su corazón
exactamente, ahí, su corazón
luego toma una flor del búcaro
antes de que él despierte para descubrir que falta una

Cuando se queda dormido se encuentra vagando
en interminables arcos
y caminos de acuarela
fijados al íntimo aroma de la ausencia de una mujer
como si él estuviera paseandose
por los recuerdos de las flores que faltan

Hoy
a las cinco y treinta AM
ella se detuvo tras el cristal
y lo miró en los ojos

y él no estaba durmiendo.


Pensó Por Mucho Tiempo Regresar Allí

Pensó volver allí
donde la dejó escuchando
con una blusa azul y mangas cortas

Había un hombre cruzando la calle sin mirar
mientras que sus infidelidades estaban tras de él tropezando como un montón
de mujeres obesas, mientras él bajaba los tres peldaños
con cuidado de no chocar con el mimado florero

Pensó mucho tiempo regresar
allí donde la dejó escuchando
con ojos de miel y un corazón de trébol

Unos pocos muchachos se balanceaban intensamente
en el peral del cual no tiene memoria
mientras intentaba, en vano, distinguir los peldaños
y sacar de en medio la buganvilia

Cuando, de pronto, la campana sonó
la antigua campana en la colina
la colina que, desde aquella noche, ha cubierto la buganvilia,
en que los once hermanos mataron
a su única hermana.


Todo como era

¿Qué lo llevó hasta allí
con un tiempo tan helado?
Ni la añoranza ni la curiosidad
sino tal vez el miedo o quizás fuera
el frío en la habitación
aunque todo pareciera ser como era
tal como escribiera en un viejo poema que no pudo acabar

“…Todo está tan quieto como solía ser
cuando nos fuimos a la guerra,
en la infancia o antes,
quizás el sol de aquellos años debilitó las blancas
cortinas y redondeó
y pulió más aún los guijarros del zaguán
o la hierba se había hecho más alta
o se había secado!

Los tres espejos están tal como estaban
las sábanas el anaquel
y la escoba

la foto de familia
el Corán forrado en piel
el rosario de la difunta abuela

todo era como si nada hubiera cambiado.
Tal vez nosotros
.nosotros que nos lanzamos a la guerra
desde la campana escolar…”

Eso fue en el verano de 1968 en Damasco, su madre aún vivía entonces y había en alguna parte de aquel poema una apertura, más bien como un agujero que lo seguía,
lo escuchaba tropezar detrás de él donde quiera que iba, especialmente hacia los ansiosos
finales en sus sueños, e incluso allí, ellos, los muchachos, seguirían mirándolo fijamente
y enviando sus gestos enigmáticos, los muchachos que no volvieron de las patrullas de medianoche, y los muertos que volvieron a sentarse a las puertas de sus casas

Ahora siente en él un sobresalto a través de esa apertura,
sin saber exactamente dónde está y dónde está el poema, en su dolorosa inconclusión

Remojado de paciencia
sobrecogido de premura
pensó que este tipo de artimaña
¡convendría al final!

Podía substituir la “abuela” con la “madre”
y observar el estuco desintegrarse sobre la marquesina de la puerta
la silla al revés
donde las flores de malva tropiezan y se recuperan sin ser cuidadas
y la suave luz atraviesa la ventana trasera
siempre en el mismo lugar

Sólo el jazmín continuo su ascensión, con los ojos puestos en el techo.

Traducciones de Omar Pérez




En las huellas de Darwish

Lo tienen por el heredero de Mahmud Darwish. Que es más o menos el mayor galardón que se puede dar a un poeta palestino. Y Ghassan Zaqtan (Beit Jala, cerca de Belén, Cisjordania, 1954) lo merece: lleva décadas siendo una referencia de la poesía palestina, desde que empezó a publicar poesía en los años ochenta, con hitos como El heroísmo de las cosas (1988).  Adquirió fama fuera de la literatura árabe cuando su poemario Cual ave de paja me persigue (2008) fue publicado en inglés (Like a Straw Bird it Follows Me. Yale, 2012), y recibió el premio Griffin en Canadá en 2013.  Desde entonces ha sido dos veces finalista del muy prestigioso premio Neustadt estadounidense.

Aparte de una decena de poemarios, Zaqtan también ha publicado cuatro obras de narrativa, la última titulada Cuando el pájaro se escondió (2015).  Ha dirigido los suplementos literarios de varios periódicos palestinos, además de coordinar el servicio de publicaciones de la Autoridad Palestina.

Zaqtan vive en Ramalá, a 20 kilómetros de su pueblo natal, pero para llegar allí, su vida recorrió un periplo que ilustra el destino de muchos palestinos:  estudió en Jordania, vivió en Beirut hasta 1982, luego en Damasco, y durante los años noventa en Túnez, donde se había exiliado la cúpula del movimiento de liberación palestino. Sólo en 1994 regresó a Cisjordania, estableciéndose en Ramalá.

La poesía de Zaqtan refleja es periplo de exilio y búsqueda, pero al igual que hizo Darwish, busca lo humano en las circunstancias históricas, convierte el cuerpo en símbolo de un destino político que permea la lírica. Como ocurre en El canto de las estatuas, cedido a M’Sur gracias a la mediación de Abdel Hadi Sadoun. La traducción es del poeta egipcio Ahmad Yamani.

[Ilya U. Topper]


 El canto de las estatuas

نشيد التماثيل


Aquí estamos tropezando con nuestros sueños
y nos levantamos para llegar a las plazas a tiempo.
Nuestros cuerpos en forma de dioses
y nuestros órganos visibles
para los transeúntes, las ventanas y los pájaros.

Con nosotros,
la retórica
el truco
y los objetivos curvados como arcos de victoria.
Las multitudes
las intenciones fluidas
y la sabiduría completada
detrás de nosotros.

Las marcas realizadas por los escultores expertos
en las costillas del pecho,
las curvaturas del hombro
y en el hueso pélvico
continúan creciendo sobre nuestros cuerpos
como enredaderas incansables.

Nuestra obediencia es ciega
y nuestro esfuerzo es elogiable.
Nuestras sombras jadean en las aceras
mientras nos levantamos de los obstáculos
en nuestro camino hacia las plazas,
para que cada uno llegue, como ya es nuestro destino,
a su mármol
que siempre estaba allí, esperando
como un fin ciego e inevitable.



ها نحن نتعثر في أحلامنا وننهض
.لنصل الى الساحات في الوقت
هيئاتنا المصنوعة على شكل الآلهة
وأعضاؤنا المكشوفة
للمارة والنوافذ والطيور
…معنا
البلاغة
والحيلة
.والغايات المنحنية مثل أقواس النصر
الحشود
والنوايا الفصيحة
والحكمة المنجزة
….في اثرنا
العلامات التي أنجزها نحّاتون مهرة
على أضلاع الصدر
وانحناءات الكتف
وعظمة الحوض
تواصل نموها عل أجسادنا
.مثل متسلقات دؤوبة
طاعاتنا عمياء
.وسعينا محمود.
,تلهث ظلالنا على الأرصفة
فيما نحن ننهض من عثراتنا
في طريقنا الى الساحات لنصل
، كما هو مقدّر لنا ،
كلّ الى رخامته
التي كانت هناك ، دائما ، بانتظاره
كغاية عمياء
لا نجاة منها
.ولا مفرّ


© Ghassan Zaqtan. Traducción: © Ahmad Yamani 




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