sábado, 19 de marzo de 2011

RAFI WEICHERT [3.514] Poeta de Israel




RAFI WEICHERT



(Tel Aviv, Israel, 1964)

Poeta, traductor y editor. Como poeta ha publicado seis libros. Pertenece a la generación que comienza a integrarse a finales de los ochenta y principios de los noventa en el ámbito literario hebreo-israelí. Sus textos líricos y críticos están presentes en múltiples revistas y suplementos literarios.
Es uno de los mejores traductores de la poesía polaca contemporánea al hebreo. Como patrón y editor de Keshev Publishing House, desde 1997 hasta hoy día, ha publicado más de un centenar de lo mejor de la poesía hebrea actual y de la poesía de otros países en traducción al hebreo.
Estos dos poemas son inéditos en español.



Traducción y nota: Shlomo Avayou




Red de camuflaje


Ahora todo depende de ellas, de las Diosas del
Destino y de su insegura generosidad. Sobre
nuestros días extenderé una red de camuflaje
para que no vean nuestra felicidad. Con cada
abrazo se inflama su cólera, con cada palabra
amorosa tiembla su espinazo. Ven, nos
esconderemos, hija mía, y uno por el otro,
protegeremos nuestro hilo de vida.




Una boca en la noche


Tu boca abierta, el peso hambriento
de mi vida. Corro a calentar una
porción, contando los minutos hasta
el silbo del microhondas. La puertecita
se abre y libera el tesoro que esperas.
Por esto gritaste hacia la madrugada,
cuando las puertas celestes están cerradas
y sólo el oído de los padres es atento al llanto
de su hijita. Asaltas el pezón de silicona
como si escondiera una felicidad oculta.
Tu voz es el alba blanca.
Dentro de poco una sensación de hartura, el calor
de tu aliento. Me alegro, hija mía, que has
conseguido, por un rato, lo que buscabas.
Trato de acomodar tu cabeza, hallar para ti
la postura adecuada mientras te nutres.
Ojalá que así sea tu vida: que lo anhelado
se halle siempre en tu despensa y que hasta
en la profunda oscuridad encuentres tu sendero.

http://www.elcoloquiodelosperros.net/numero20/espanola20raf.htm






Dormida

Duermes, tu cabeza apoyada en mis rodillas
con la seguridad absoluta de los niños.
La luz centellea en la pantalla.
Las imágenes se suceden en silencio anudando,
unos con otros, remotos acontecimientos.

Bajé el volumen para que no interfiriese
la realidad con el sueño.
Ahora debo permanecer en mi postura.
Cualquier movimiento te arrancaría
de esos fantásticos parajes
hacia los que has zarpado.

Quizá también discurran en tus sueños
visiones que tu tranquilo aliento no revela.
Percibo en un momento el delicado tiempo
que fluye y nos rodea,
se aleja de nuestros cuerpos
y se expande, como ondas.

Traducción: Gerardo Lewin




Últimamente...

Últimamente me he encontrado con algunos poetas que me dieron a entender que se les había acabado el estro. Uno escribe mini-relatos, el otro redacta algo así como un epistolario. Un tercero dejó de escribir literatura. En cuanto a mí, se me dificulta el decidir si esta situación comporta una amenaza de parálisis, una necesidad de aspirar versos molidos con un canuto que se tapó y me asfixia o si trae una sensación de ilimitada libertad. Ya no resulta imperioso prestar oído a aquellos ritmos que llegan desde lejanías y se aproximan lentamente hasta vestir la forma del poema, a las palabras que comienzan a infiltrarse, al conjunto que acumula una suerte de energía musical sobre el papel y adquiere significado, habla acerca de tu vida, de tu muerte y de lo que has perdido y de las encrucijadas que atravesaste, errando tu camino.

Traducción: Gerardo Lewin
















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