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miércoles, 15 de febrero de 2017

ADRIANA ALMADA [19.940]


Adriana Almada 

(Paraguay, 1957). Adriana Almada es poeta, crítica de arte, editora. Nació en Salta, Argentina, en 1957; reside en Paraguay desde 1984. Publicaciones de su autoría: Jardines del abandono, Ediciones Tekoha, Asunción, 2015 (en prensa); Patios prohibidos, Servilibro, Asunción, 2008; Colección privada [escritos sobre artes visuales en Paraguay], FONDEC, Asunción, 2005; Zona de silencio, AA Publicaciones, Asunción, 2005; Lugares comunes: Octavio Paz o el Otro que somos, Instituto de México, 2003; Jacinto Rivero: Diez experiencias, Faro para las Artes, Asunción, 2002. Ha publicado numerosos artículos sobre arte contemporáneo. Textos suyos han sido recogidos en libros, revistas, antologías y ediciones colectivas en Paraguay y el exterior y diversos artistas han incorporado sus poemas como parte de sus exhibiciones, entre ellos Francis Naranjo (España), Joaquín Sánchez (Bolivia) y Alejandra Mastro (Guatemala). Actualmente desarrolla un proyecto que integra poesía y performance, en colaboración con artistas de teatro. Participó en el II Festival Internacional de Poesía de Granada (Nicaragua, 2006) y en el VI Encuentro de Poetas del Mundo Latino (México DF y Morelia, México, 2005).

Obtuvo el Premio Oscar Trinidad al Periodismo Cultural en 1999; el primer premio de traducción francesa en el certamen Marcel Pagnol, organizado por la Unión Latina, en 2004; y el segundo premio en el Concurso de ensayos Octavio Paz, organizado por el Instituto de México en Paraguay, 2003. Fue jurado en dos ocasiones del concurso nacional de narrativa Elena Ammatuna (2012 y 2013). Es corresponsal de Arte al Día Internacional (Miami-Buenos Aires) y colabora regularmente en ArtCrónica (La Habana), Correo Semanal y ABC Cultural (Asunción). Es miembro del Consejo Editorial de la revista SURES, publicada por la Universidade Federal da Integração Latino-Americana – UNILA. Dirige una oficina de proyectos editoriales que tiene en su haber más de cincuenta publicaciones sobre arte, estética, literatura y ciencias sociales. Ha sido editora de la Revista AICA Paraguay, arte y cultura.

Actualmente es vicepresidente de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, con sede en París, y miembro de su comité de publicaciones.



I

Traigo este viejo corazón en una bandeja.
Manjar extraño.
Ligero y violento. Acidulado.

Exquisito en su amargura, como un buen calvados.
Viejo corazón.
Hojaldre de pena. Crocante.

Un bocado para cada comensal.
Hay que proceder despacio.
Manjar tibio.
Viejo corazón delicado.

Cada mordisco libera un eco
y cada eco un fantasma.

No todas las fauces son iguales.
Algunas apuran la fiesta.
Sin embargo, no hay desgarro.
Este viejo corazón no tiene sangre.
Se ha secado en sal,
en vértigo.



*


tus dedos desprenden hielo
y encuentran agua



*



creo que puedo reconstruirlo todo a partir
del indicio. dibujos, escritos, una que otra
tela... perfumes. creo que puedo. detenerme
un instante, sentir la inminencia del viaje.
creo que puedo. la memoria es tierra fértil,
plena de humus y lombrices que airean la
propia biografía. reconstruirlo todo. como
el homicida la escena del crimen, como el
amante la delectación del amado.


*




si me abandono al recuerdo
me abandono al abandono
me deshago



*



abro las puertas
creo que ha amanecido





-

domingo, 11 de septiembre de 2016

EDU BARRETO [19.130]


Edu Barreto

(Asunción, Paraguay 1978)

Diseñador gráfico y docente universitario. Participó de talleres literarios presenciales a cargo de los escritores Victorio Suárez, Lia Colombino y a distancia, con la argentina Laura Yasán (premio Casa de las Américas La Habana 2008). Algunos de sus poemas fueron publicados en Cuando maduran los signos, poemario del Taller Literario de la UNIBE (2008), Poetas por KM2 (2014), Aposíntesis (2015), El Guajhú No. 7 (2016). Su cuento Ramón/Zulema forma parte de Lascivia Textual, antología de cuentos eróticos lanzada por Revista Y (2014). Alimenta irregularmente su blog: contuberniocatartico.blogspot.com con textos que intentan parecerse a poesía, desde 2005. Actualmente viene desarrollando BienCerca, poesía íntima en espacios públicos, proyecto que consiste en leer poesía al oído de la gente en los bancos de plazas asuncenas.
Por las tardes imagina que la espera es una tarántula, que pasea por su vientre.

 

Me crucé con un chico de ojos distantes

y no le pregunté su nombre…
Fue cerca del Mercado.

Desde ayer voy a comprar
cosas que no necesito:
Una corbata,
diez berenjenas,
anatómicos a rayas
para ver si me lo encuentro.
Pregunté al policía.
al carnicero,
a la vendedora de huevos…
Sólo recibí insultos.

Nadie distingue ojos distantes
si está perdido en el ruido.

Subí a los colectivos
y pregunté si alguien vio
al chico de ojos distantes.
Nadie respondió.
Sólo recibí empujones.

Fue inútil
Ni en el Mercado, ni en los colectivos
nadie ve ojos distantes
en esta ciudad de ciegos miserables.

 

Accidente

Habló de una mujer
recuerdo,
e invadió mi cama
un sábado,
con la llave del
deseo atrasado.
Una vez, accidente.
La tercera
se reconoce habitante.
Sin excusas,
lo guié por mi cuerpo:
pantanoso territorio de gemidos
Con cada embestida,
las palabras
cambiaron de color.
Fui gato
que gritó
nombre de hombre
en medio de la noche.
Temprano, nos vestimos
para ocupar
el lugar de simples coincidencias.
En la calle,
nuestros cuerpos
fueron ecuaciones no resueltas.
El asfalto fue un dios
que exigió mucho.

 

Desviado

Hijo bastardo
de madre soltera
y encima puto:
llevo en mi, todos tus monstruos.

Sobre mis espaldas:
el solitario apellido,
saliva de hombres que terminaron
y se vistieron.
El caminar amanerado,
a veces escondido,
a veces exagerado.

Una vida dudosa.

El radical/ el insano/ el resentido…
Así, ¿Santificado será mi nombre?

Inseguro, paranoico
pero nunca el esfínter contraído.

Clamaron masculinidad
y les mostré el culo.
Ejercieron autoridad
y les escupí en la cara.
Pidieron discreción
y les grité: ORGULLO.

 

(Anal)tómico

Hay que ser distraído
y dejar el anatómico
en la casa del amante.
Gastado signo de orinar territorio…

Hay que ser cínico
y organizar un museo de calzoncillos
como botines del cuerpo a cuerpo:
Rayados, a motas, manchados.
El tuyo ocupa un lugar privilegiado.
Tener tus iniciales bordadas cerca de los testículos
es la más clara señal
de tu insignificancia.

 

Masaje

¿Pensamos lo vulnerable
que quedamos al dejar el cuerpo
desnudo ante un par de manos?
Nódulos, dolor y contracturas.
Es tu nombre hecho tirón lo que duele.
Tiene la piel morena.
Fuerza en los brazos.
Una respiración pausada.
Huelo jazmines en el aire.
Los muslos vibran ante el roce.
Intento mirar su bulto
pero el peligro aparece.
Pide que de vuelta
como cuando estuviste
en mi espalda.
Ni el sudor se controla.
Me destapa
y mira mi amapola
queriendo llegar al cielo
sin viento.
Es imposible,
e involuntaria la pulsión.
El deseo es una flor
que crece entre toallas,
años luz de tu cuerpo.










.

CAMILA RECALDE [19.129]


Camila Recalde

(Asunción, 1992)

Escritora, narradora oral, editora y docente. Publicó poemas en la Antología de la Academia Literaria Kavure´i (2010) de la Facultad de Filosofía y en la Antología Generación Piknic (2016), ediciones El Guajhú. Publicó artículos en la revista especializada en poesía y crítica El Tren Rojo (2016). Coordinó el Club de lectura “Literatura Paraguaya de la Dictadura” (2015). Colaboró en la radio online Ondas Ayvu del CCEJS, con entrevistas a escritores contemporáneos en postcast del programa “Deshojando Ondas”(2015-2016). Es editora de la revista independiente de lengua y literatura El Guajhú (2013-2016). Actualmente se encuentra coordinando junto al poeta Carlos Bazzano, el Laboratorio de Creación Literaria (2016).



La madurez es una niña grande

La niña que se dedicaba a descuartizar flores por las tardes, una de esas tardes se preguntó por qué los seres humanos se empeñan en encontrarle sentido a sus acciones, fue la última vez que se sentó a descuartizar flores por las tardes.


Mis bienes

Clausuraron el parque,
pavimentaron el césped.
Ya no tengo más
que lo que guardan
mis bolsillos rotos;
un par de aguacates,
muchos limones,
un gato sin dueña,
demasiados besos…
Y vos,
que vas con los hombros cargados
de acordes mayores,
de peces sin nombre
y al final del día
solo tenés tus manos
tus manos y sus muchas ampollas
y un invierno leve
que no sacia
tu anhelo de frío.
Y nosotros,
que aun sumando
nuestros escasos bienes
no somos más que polvo,
dudas,
buzón sin casa
parque clausurado,
cabellos sin trenzas,
poemas sueltos,
techaga´u,
no sé.



Mis amigos se drogan

Mis amigos se drogan, se drogan mucho, el gobierno les droga; yo me drogo con ellos, ellos me drogan, me droga el gobierno narco, me droga el tiempo que no para, la tristeza a la que no le saco ni una sonrisita, me droga la incesante duda, me droga la sobriedad con sus reglas demasiado estrictas para mí y mis amigos. Me droga la soja transgénica, las campañas electorales, cada uno de los 40 grados de la tarde asuncena, se droga mi hermanito, mi primo, mi papá y hasta mi vieja se droga. La legalidad, la legalidad es otra cosa.



Contrato social

Tiene derecho a una educación formal:
timbre-fila-tomar distancia-himno
buenos días profesora,
bien, gracias y usted profesora
Tiene derecho a guardar polvo en los bolsillos
del uniforme escolar
Tiene derecho, si se porta bien,
a una vida eterna
y, por supuesto
tiene derecho a permanecer callado .
Está prohibido abrazar árboles
en la peatonal de San Lorenzo.
Beber alcohol frente a la iglesia de Areguá.
Prohibido bañarse desnudo en lugares públicos,
prohibido estornudar sin taparse la boca,
prohibido escribir por la pared,
usar bikini en el hospital,
reírse en los entierros,
chuparse los dedos antes de comer,
manejar muy rápido,
manejar muy despacio,
prohibido escribir “prohibido” sin h,
aunque suene igual…
Prohibido comer con la boca abierta,
con las manos sucias,
mascando con chicle,
con los codos sobre la mesa.
Prohibido.
Prohibido comer tierra,
tomar cerveza con vino
tomarse de las manos entre los nenes,
tomar leche antes de sandía
y después de la sandía,
prohibido casi cualquier cosa.
Prohibido lavarse la cabeza mientras menstruas,
alzar a los bebés mientras menstruas,
bañarse en la piscina,
no usar bombacha,
prohibido sentirse bien mientras menstruas.
No, mamá. No estoy enferma,
estoy menstruando
Prohibido decir menstruación en voz alta y muchas, muchas cosas más.


Dice

Que le zumban los oídos,
que le resuenan los tímpanos.
Quizás son sus diablitos susurrándole lujuria
capaz que son sus ángeles cantándole buenas ondas
puede que sean esos bichitos del oído
despabilándose
quitándose el kaigue
destrozando el interior de su ser frágil
es lo que suelen pasar con los seres que viven dentro de otros, su vitalidad es proporcional a la desgracia del anfitrión y uno los ve y no sabe si alegrarse por uno o por los otros.
Nosotros, los espectadores, cegados por ese afán de objetividad, damos, casi siempre, en sentir pena por ambos, por él, por ellos, por todos. Seguimos optamos por sentir pena para poder, paradójicamente, sentirnos mejor,
más humanos,
más sensibles,
con más ángeles en las orejas.



Silencios

¿Me querés?
Silencio

¿Me escuchás?
Silencio

¿Vos me querés?

El tercer silencio fue tajante. Tres silencios fueron demasiado, me alejé inquieta, sollozaban mis ganas de sollozar. Entonces medité sobre mis sentimientos para encontrar su origen, lo hice detenidamente. Había hecho mal la cuenta, no fueron tres silencios. Fue solo uno, el mismo, idénticamente impersonal.
Habrá que aceptar el hecho de que infinidad de preguntas quedarán sin respuestas. O habrá que aprender a escuchar al silencio, de a poco, quizás él aprenda a escucharme para responderme satisfactoriamente cuando le pregunte si me quiere.



A veces yo, siempre vos.

A veces,
cuando noto lo absurdo de la realidad
casi escucho mis ronquidos
Respirar, despertar, respirar…
generalmente no funciona
¿Cuánto más necesitas para dejar de necesitar?
quedate un rato más,
cocinemos algo
Yo,
que duermo con los pies descubiertos
que te extrañé desde siempre.
que me pregunto respuestas
y me respondo preguntas
que muy pronto me quedé sin nada más para dar
¿Y si dormimos juntos?
quédate a dormir,
durmamos juntos
Siempre
que me entregué a la zoofilia
la llamé de otra forma y deseché la moral
las categorías, las barreras.
busqué cosas que no terminé de comprender.
Vos,
que tenés tanto miedo, tanto miedo
que comprendés el miedo y nada más
que no te gustan las trenzas
que te acercás a luz
solo para agrandar tu sombra y sentirte grande, más grande.
¿Y si hablamos de otra cosa?
Está haciendo frío
mejor ponete una gorra.








.

GISELLE CAPUTO [19.128]


Giselle Caputo

(Buenos Aires, Argentina, 1986).
Vive en Asunción (Paraguay) desde 1991. Licenciada en Letras (Facultad de Filosofía – UNA). Publicó dos poemarios: Batel (Felicita Ñembyense Cartonera, 2008) y 17 (El Guajhú Ediciones, 2016). Participó en antologías colectivas. Integra el equipo editorial de la revista literaria El Guajhú.




De Batel (Felicita ÑembyenseCartonera, 2008)

Ya a nadie

a Rubén Bareiro Saguier

Ya a nadie le importa
la manera en que un poeta 
muere hoy tan impunemente,
y vienen sus monstruos a buscarlo
y se lo llevan arrastrado,
pataleando,
gritando un grito mudo que nadie lee,
mientras, en la ciudad,
uno se ejercita,
otro se alimenta,
alguno tal vez lo recuerda de paso 
en una conversación de sobremesa
y los demás simplemente persisten 
hurgando, 
sin espanto, en sus propias cosas.



Persecutores

Nos siguen con sus antenas,
con sus tonos polifónicos,
monotemáticos, irreversibles

Se te aparecen a la vuelta
de cualquier esquina, de cualquiera
de ellas se arman una puerta
y tocan, golpean, pronuncian tu nombre

Te recuerdan: terrícola, dicen,
tus pies siempre irán sucios
porque es lo que te queda de igualdad

Y sobre lo que queda de barro
construyen asfaltos y pedestales
donde colocan sus electrodomésticos
para montarse sobre ellos en eterno circuito cerrado

Vos sabes que nos siguen
por eso cuando te entra la paranoia
encendés la luz, agarrás el cel y llamás a un amigo.


Cuando el calendario se deshoja

A Adrián Caín

Me pregunto qué es lo que crece
cuando el calendario se deshoja
y qué es lo que sugiere el circulito
del minuto si uno no engorda
si uno no transcurre
no madura, no vuela,
no aprende a coser,
a cocinar, a amamantar
a qué llaman progreso
si de este lado no veo más
que deformados y mutantes
con restauraciones trilladas
y discusiones no perecederas
y muchachitas con formol
y edificios embalsamados
y fugitivos que huyen
hacia el ancestral horizonte
me pregunto si la rebelión
más lúcida en todo esto
no es la del niño terco
que llora y zapatea.



10.24 Posmo 

Todos los pasos habrán de ser en falso,
la vida se divierte esgrimiendo impresiones borrosas,
garabatos de loco.
En medio un hombre con todo,
abrazado a un laberinto imposible de preguntas
que prometen, eso sí, la felicidad.



Cotidiano

Es un tiempo complicado,
un tiempo azul rata de escritorio,
de oxígeno,
demasiado oxígeno
y asfalto a la mañana.
Es un día verde tarde
ambientalista gua´u,
de rojo camionero más bien,
de boca salivosa,
de trampa en el ocaso.
Es un tiempo colorido,
doblemente complicado
cuando es de noche y parpadeo
abruptamente naranja de golpe,
un tiempo de fronteras en llamas
al final del día
una contienda
salvaje y brutal,
una invocación.



El perro nuestro de cada día

Es como si las bolsas de plástico
se hubiesen puesto de moda para los muebles
porque para qué recordar a los muertos
y juntar polvo en la casa

Las telarañas emigran
y las hormigas hacen lo suyo:
se llevan la última miga
de un hogar, dulce hogar

Mamá cocina, barre, y me mira
con la sugerente pupila del plagueo,
y cuando pasea por el jardín
es porque anda buscando nidos vacíos

Pero cuando vuelve el chasquido del portón,
ella sonríe, el perro entra y nos pregunta
si hoy nos sobró un poco
de nuestro absurdo pan de cada día.

(del poemario Batel, Felicita Ñembytense Cartonera, 2008)


Lluvioteca

lo que saben las altas y soberbias puertas del centro
mientras llueve sobre sus carteles matutinos,

lo que saben las paredes,
el eco de las goteras en el interior de los edificios,
la asamblea silenciosa de fantasmas en las esquinas,
o su dispersión de sombras temblorosas
escondiéndose en los negocios,

lo que sabe la lluvia, que acribilla el asfalto,
ahora que le cuento mis secretos
y me resguardo en los escalones de una cafetería
y los olores me llenan de deseos extenuados

hay intuiciones veladas y certezas metafísicas
bajando con rigor inclemente
por canaletas y desagües,

veo esperanzas imposibles
repitiéndose en los charcos,
y presentimientos fatales
circulando apacibles
en el desfile de paraguas multicolores,
en las miradas solubles de los transeúntes,
o en los ojos hipnotizados de los maniquís,
que parecen sospechar un crimen
detrás de las vidrieras

acá hay una biblioteca invisible, me digo,
cuyos tomos se guardan en la musiquita yoga de la lluvia
que es relax de fondo y sin embargo triste.

(de 17, El Guajhú Ediciones, 2016)



VI

La vida ordinaria es un punto fétido
sobre otra realidad maravillosa,
yo quiero ser una palabra que viaja
lo que duran sus letras,
la respiración decisiva del moribundo,
un aliento cosmogónico o apocalíptico,
un rayo que nos salve de la oscuridad
y nos devuelva el día, a las tres de la mañana,
quiero ser la fuerza intempestiva del mar,
su búsqueda obstinada sobre la playa,
el embrujo de un sonido irrepetible,
el canto de un sauce loco en medio de la noche.
Yo quiero nacer y morir en un instante,
pero que sea verdadero
como el fulgor de un incendio
que te aniquile por completo.

(de Generación Picnik, antología bucólica, El Guajhú Ediciones, 2016)



Otros poemas

El café

A las 20.00 hs. en punto
me preparo un café
y bajo las escaleras lentamente

Pero, de pronto,
llegando al último escalón
el café no es el café
es un brebaje extraño
hecho de migas, hojas de otoño
y algo de soledad.


Convivencia 

No tenemos donde enchufar los electrodomésticos,
hay un solo triple en la casa
y está la mezquinada remera
que un día se convirtió en trapo de cocina.
Estos dos elementos, 
junto con los platos sucios,
el desorden en la habitación,
las discusiones impenetrables 
y el par de ideas que nos diferencian
constituyen el símbolo más claro
de una extraña aunque adorable 
libertad compartida.


Artefacto

Un solo artefacto con su sonido jadeante 
justifica a los sudados cuerpos que se tienden debajo 
Es el ventilador de techo que está dando vueltas
y no da abasto con su cansado dale que dale



El departamento

El departamento es un agotado campo de batalla.
En pleno cuarto piso 
quedan despojos, 
y palabras mudas que laten
todavía en nuestras bocas 
como latigazos o disparos.

Yo me poso en la baranda entonces 
e imagino a esa suave y apacible brisa 
que a veces viaja desde la bahía de Asunción
solo para vincular al balcón 
con la extensa ventana del dormitorio,
o para conectar a esas dos fracciones
del infinito mundo que ya perdimos.





.

martes, 23 de febrero de 2016

CRISTIAN DAVID LÓPEZ [18.156]


Cristian David López 

Nació en Lambaré, Paraguay, el año 1987.

Es narrador y poeta. Escribe en español y guaraní. Tras residir un año en Argentina, actualmente vive en Oviedo donde participa en diversas actividades culturales.

Ha publicado Poemas del exilio (Universos, Mieres, 2010) y ha sido incluido en la antología Tempus Fugit (Círculo Cultural de Valdediós, 2011). En 2012 ha editado y traducido con José Luis García Martín, Guarani purahéi / Cantos guaraníes (Gijón, Impronta, 2012) y el más reciente, Permiso de residencia (Ediciones de la Isla de Siltolá, Sevilla, 2o15).



El Jakaré

Mamá ha cerrado la puerta
para no dejarte entrar.
Dejo mi ventana abierta
para que puedas pasar.

                *

Si no quieres verme triste
no digas que ya te vas.
Deja a tus besos decir:
"Chau, mi amor, mañana más"


En Paraguay, se le llama "Jakaré" al impertinente amante que visita a su amada en las madrugadas, y que acostumbra, como un Romeo, entrar por la ventana. Las madres siempre rezan: cuidado con el jakaré.



Lui-Lui

Aipyso che kuã
Lui-Lui asapukái.
Lui-Lui oguahe,
Ogueru ipepoguype
yvyty piro’y.
Lui-Lui oguejy che kuãre.
Ha oikojey che hegui
mitã'i koygua,
okyhyjeva he’i hagua
ndeve: Rohayhu.



Espérame aquí

Hace tiempo que ya no te conozco,
me olvidé de tu voz, de los gestos
que hacías con los labios.
Tu cabellera negra que se encendía,
poco a poco se me apagó.
¿Qué será de ti, qué será de mí?
Le pregunto al del espejo,
ese que lleva una bolsa en los ojos,
tal vez de tanto esperar, de tanto soñar.

¿Dónde estará ese lugar
en que tal vez volvamos a encontrarnos?
Hambrientos de apagar lo que nos entristece.
¡Vaya camino que nos separó!
“Espérame aquí”, dijiste. Recuerdo la lluvia
y que, como una enorme raíz,
el tiempo me abrazaba.
Quedé indefenso
y mi alma se oscureció.

Y pasaron los años, millones de gotas sucedieron,
se cayeron los edificios a mi alrededor,
se multiplicaron las calles con mis pasos
las ratas me miraron maquiavélicas,
temblé y la tierra a mi alrededor
se fue rompiendo,
me volví tal vez duro.

Y como al demonio el fuego te siguió,
con tu imagen se marchó,
lloré unos años, miles de noches extinguí
y algunos días no te soñé.

A veces creo que aún estoy en esa esquina,
en donde me dijiste
“Espérame aquí”.
  



Huérfano

La serpiente que se arrastra es huérfana
de los pies y el ciego de la luz.
Quedarse huérfano
no fue en vano, siempre hubo un fin, una prueba.
La vida te ocultó el calor de la madre
para valorarlo, la caricia
para saber del dolor, los adultos
para que nadie decida por ti,
te mostró los fantasmas que habitan en tu cabeza
y así saber realmente quién eres.
Un huérfano no eres:
eres la caricia misma, el fantasma, el guerrero,
la resurrección. Arranca de tu costado una costilla
y de ella fórjate una espada.
Llámala Voluntad.
Nadie podrá resistirse a tu lucha tenaz.
Serás un ser de piel dura;
por más que quieran borrarte no podrán.
Comprenderás que lo huérfano es una forma de estar,
un estado de ánimo contagioso.


Humo-sapiens

“La gloria, es dulce” me dice una voz.
No soy el héroe que buscáis,
valquirias de alas rotas, de rostros estelares.
Solo soy uno más
atraído por el imán de la tierra
del cual sin querer soy otro esclavo.
Pero a pesar de la noche que me oculta la luz
procuro seguir esos pasos
las huellas en el desierto
que tal vez, me hagan volver,
junto a esa que cocinando, y cantando
en bicicleta va pensando en mí.
¡Sí, señor!
No creo en el futuro,
creo en esas manos que se agitan al verme.
Solo conozco un camino: el presente.
Desconfío del destino
de mil rostros de espejos,
alma ingrata que engendra sorpresas.
Por eso me anticipo a sus desgracias
disfrazadas de carnavales,
lo remedio con volver a intentarlo siempre.
Soy la hormiga que sube la montaña
tras una miga de esperanza
y soy la oruga anillada que medita cual Buda
en su bola de lana, tranquilo y tibio.
Seguro como el feto en el útero de la madre.
¡Sí, señor!
En el fondo es todo lo que busco:
Ser protagonista del sitio que ocupo.
La verdadera gloria es identificarme
como humo-humano,
si al final eso es lo que soy.
Subir, subir alto
y desaparecer…



Luciérnaga

No quiero ser el reflejo
de la luna en el lago.
Yo quiero ser algo más.
Totalmente independiente.
¡Yo quiero ser, al menos,
luciérnaga  que alumbra
en el oscuro bosque
con su propia luz el vuelo!



Interesado

Ella era tan fría conmigo…
Y a mí eso me gustaba.
Porque solo la quería
para enfriar mi cerveza.



“Sy”

El poema “Sy” (madre, en guaraní), escrito por Cristian David López y galardonado como Mejor Poema del Mundo por el concurso Premio Internacional de Poesía Jovellanos, es un homenaje a las madres paraguayas.

Este anuncio de Itaú Paraguay incluye una emotiva recitación del poema, diciendo: “Para la mejor mujer del mundo, el mejor poema del mundo”.

Poema: Cristian David López – Sy

Sy
Ahai nde resa
ha mitãnguéra oma’ẽ.
Ahai nde juru
ha mitãnguéra opuka.
Ahai nde réra
ha mitãnguéra oñe’ẽ.



Madre
Dibujo tus ojos
y los niños miran.
Dibujo tu boca
y los niños sonríen.
Dibujo tu nombre
y los niños hablan.

Concluye el anuncio con estas palabras: “Solo nuestro idioma es capaz de expresar todo lo que ella nos inspira”. Al leer esa frase, especialmente en el contexto del poema, no es de sorprender que la lengua que sentimos como propia, es decir, “nuestro idioma”, suela llamarse nuestra lengua materna.

El poema también nos hace pensar en la entrevista que nos concedió Jaime Zacher, cantante de Bohemia Urbana: “Paraguay es un país muy matriarcal“.





CRISTIAN DAVID LÓPEZ. PERMISO DE RESIDENCIA

Permiso de residencia
Cristian David López
Ediciones de la Isla de Siltolá
Sevilla, 2o15

DESPERTAR A SOLAS


   El escritor Jorge Luis Borges es un inagotable almacén literario, un expendedor de citas que siempre deja satisfecho al consumidor; sus palabras tienen una semántica moldeable que se ajusta, como licra, a cada poemario. Así sucede con el libro de Cristian David López  Permiso de residencia, al que define por su carga autobiográfica este párrafo: “Toda poesía es plena confesión de un yo, de un carácter, de una aventura humana”.
   En cada conciencia individual gravitan siempre las coordenadas del origen, ese lugar que sobrevive a cualquier contingencia. Se aloja en los recuerdos para despertar a voluntad, como si concediera un sitio habitable a la memoria. La evocación define al presente como carencia y búsqueda. Cristian David López nació en Lambaré (Paraguay) en 1987 y el legado cultural de sus raíces es un signo estable del quehacer literario. Con el poeta y crítico José Luis García Martín, coeditó y versionó al castellano Cantos guaraníes / Guarani purahéi. Además impulsó la salida de Aforismos y reflexiones, del modernista paraguayo Rafael Barrett y dejó en su novela La patria del hombre una crónica marcada por una profunda estela vivencial que hace recuento de un intervalo remoto asociado a la infancia. Con ese bagaje bibliográfico no pasa inadvertido el título de su primera compilación lírica, Permiso de residencia; de nuevo remite a la inmersión en un entorno distinto y a la pertenencia eventual a otro contexto social. La acreditación legislativa permite fijar una residencia estable y realizar actividades laborales pero no borra la condición de transterrado, la certeza de no ser sino un extranjero que busca sitio.
   El enfoque de Cristian David López está muy lejos de la extrañeza reivindicativa, no se siente un expulsado del paraíso. El sujeto poético tiene una mirada diáfana y abre los brazos  con una nítida propuesta dialogal a la gente común, sin argumentaciones solemnes y con un saludable punto de ironía. Leemos en el introito “La llamada”: “Vengan, / los que no aprietan el tubo de dentífrico por el medio, / los que no cruzan los pasos de peatones en diagonal, / los que no manipulan el móvil al caminar por las calles, / los amantes del vino y la poesía, / los que se bañan para dormir, / los que tienen alguien con quien soñar / (aunque cada noche duerman solos)…”. Son versos que unifican coloquialismo y sentimentalidad, que conectan con el hombre de la calle despojado de cualquier dimensión épica, que hacen de la historia personal un estar común que apela al lector a reconocerse en los otros cercanos.
  De este modo el sujeto poético postula una reflexión en la que afloran las señales de un tiempo a través de composiciones breves, de dicción despojada, que solo precisan mínimos elementos de uso y que tienen un claro sentido aforístico en los finales. Algunos poemas se ajustan al molde versal del haiku, una estrofa ligada al ciclo estacional, al temporalismo y al contacto con la naturaleza. Resalta en esta primera parte la naturalidad expresiva, esa aparente confianza en mostrarse ante la otredad sin máscaras ni artificios, como si las palabras pronunciaran un sencillo ideario estético: “Desnudos los pobres / desnudos los enamorados, / los ciegos, los lisiados, / los huérfanos, los exiliados, / los sueños / desnuda la poesía “.
   El tramo central del poemario, “Biografía de ausente”,  agrupa composiciones más reflexivas. Los poemas reconstruyen un trayecto biográfico desde su epifanía, como si la existencia dispusiera un recorrido en el que junto al estar caminara el desarraigo y la incertidumbre, pero también la invitación al amor que marca varias composiciones del cierre final, “El viejo sueño”.
  Cristian David López organiza Permiso de residencia como un animado relato experiencial en el que los bloques poéticos tienen una aparente independencia, aunque comparten una voz cercana, que ofrece contenidos emocionales, y que tiene un sentido humanista del estar. Si la vida resulta aleatoria y umbría, no viene mal dar a los que recorren sus calles un poco de aire limpio, una alegría sujeta con un clip pasajero, un respiro que haga de la esperanza un trabajo estable. 

Publicado por JOSÉ LUIS MORANTE 



En la biblioteca

La luz entra por la ventana.
Es una luz limpia,
recién hecha por este día
que envejece conmigo
y contigo y con esos
libros de anaqueles 
olvidados.

La luz nos acaricia,
uno a uno,
y, como ladrona sigilosa,
algo se lleva de ellos,
de ti y de mí.

Necesita la luz
nuestra luz
para ser siempre 
joven,
para ser siempre 
luz.







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