miércoles, 9 de marzo de 2011

3315.- WALTER DE LA MARE


Walter de la Mare
(Walter John de la Mare; Charlton, 1873 - Twickenham, 1956) Escritor inglés. Descendiente de hugonotes, estudió en la St. Paul's Cathedral Choristers' School de Londres. A los dieciocho años entró como administrativo en la compañía Standard Oil, mientras escribía en su tiempo libre. Durante veinte años compaginó ambas actividades, hasta que a los treinta y seis empezó a recibir una asignación del Estado. Se retiró al campo y se dedicó de lleno a la literatura.

Sus primeros relatos, publicados en revistas, y su primera colección de poesías, dedicada a los niños, Songs of Childhood (1902), fueron publicados con el seudónimo de Walter Ramal. La colección Poems (1906) lo acreditó como uno de los poetas más significativos de la época. Como crítico, publicó sus recensiones en The Times y en The Westminster Gazette.

Autor prolífico y versátil, publicó 27 libros de poesía, 21 libros de poemas y cuentos para la infancia, 5 novelas y 7 libros de relatos. Sus poesías se recogieron en The Complete Poems (1969), y E. Wagenknecht editó sus relatos en The Collected Tales of Walter De La Mare (1950); los cuentos infantiles se agruparon definitivamente en Collected Stories for Children (1947). Su poesía ha sido antologada, con fina inteligencia, por W. H. Auden en A Choice of De La Mare's Verse (1963).

Sobresalió como narrador, aspecto en el cual combinó dotes raras: un estilo de insuperable elegancia, una imaginación y fantasía desbordantes, especialmente en relación con el lado siniestro de los relatos infantiles, y una capacidad asombrosa para explotar el sinsentido verbal y conceptual. Muchos de sus cuentos alcanzaron indudable perfección, tanto en la composición como en el desarrollo de contenidas y raras emociones, para cuya descripción no condescendió a adoptar soluciones convencionales.

La prosa de este autor presenta extranjeros enigmáticos, viajeros, y misteriosos vagabundos, que permiten al lector explorar las regiones más recónditas de la fantasía. El tema del retorno del exiliado es utilizado por el escritor para situar la trama en las fronteras de la realidad, lo onírico y lo mágico. De su amplia obra narrativa, cabe recordar Henry Brocken, sus viajes y aventuras en las regiones ricas, extrañas y difícilmente imaginables de lo novelesco (1904), The Riddle and Other Stories (1923) y Ghost Stories (1956). En obras como Memorias de una enana (1921), además de las penumbras oníricas de la fantasía, se manifiestan, con gran evidencia, fuerzas malignas que se justifican con notables formas inéditas de lo macabro.

En su poesía dirigida a la infancia, en libros tales como Peacock Pie: A Book of Rhytmes (1941), el poeta, en la tradición de Vaugham, Traherne, Blake o Wordsworth, atribuye a los niños la percepción espontánea de "lo verdadero" en el fondo de los fenómenos y de las cosas. También en la poesía "para adultos", como en Memory and Other Poems (1938) y Winged Chariot (1951), el poeta escapa a las desilusiones, implícitas en la "madurez", conservando la mirada serena que desafía la tendencia del tiempo a restar inocencia y belleza a los hombres y a las experiencias.

Hasta sus últimas obras, aunque con la melancolía debida a la certeza de su inminente final, el poeta siguió plasmando un mundo donde el encanto, el misterio y la belleza no podían morir. Su poesía atesora momentos de metamorfosis en que objetos y acontecimientos alcanzan un relieve y una intensidad semejantes a los que recoge la poesía "imaginista", tan distinta en otros aspectos. Entre los premios que se le otorgaron, debe mencionarse el Black Memorial Prize (1922), por su obra narrativa, la Library Association Carnegie Medal (1948), a sus obras para niños, y el Foyle Poetry Prize (1954).






El Fantasma.

¿Quién golpea? Yo, quien fuera bella
más allá de todo sueño para regresar,
vengo de las raíces de la oscura espina más cercana
Y golpeo la puerta.

¿Quién habla? Yo... en un tiempo mi voz
tan dulce como el ave en vuelo,
cuando el eco acaricia las aguas;
Así te hablaba a tí.

¡Oscura es la hora! Ay, y fría.
Solitaria es mi casa. Ah, ¿y la mía?
Miro, toco, labios, ojos que destellan en vano.
Tanto tiempo muertos para mí.

Silencio. Una calma lánguida en la puerta
detiene la luz de las estrellas.
Una mano busca a tientas en la penumbra
sobre llaves, cerrojos y barrotes.

Un rostro mira con fijeza. La noche gris
en el caos de la ausencia brilló;
Sólo había allí un vasto dolor,
el dulce seno ausente.







OTOÑO

En la estación dorada y silenciosa
hay un puñado de aire donde ardía la rosa.

Una pequeña nube transparente
ocupa el cielo de la alondra ausente.

Sufre, en vez de tu rostro pensativo
junto a la reja, tu fantasma esquivo.

En el recuerdo el lirio está lejano.
No hay ahora calor donde estaba tu mano.

Donde andaba la dicha anda el espanto.
El viento va por donde fue tu canto.

Donde hubo Sol apenas hay destellos.
No hay oro donde estaban tus cabellos

y el silencio crecido de las ruinas avanza
por donde, en otros tiempos, venía la esperanza.








En la biblioteca

Quisiera - ¡quisiera que hubiese
Un libro en ese anaquel
Que le enseñara a un viejo
A instruirse a sí mismo! -
El goce de algún escriba,
Pincel al servicio de la pluma,
Quien, con pájaro, flor, paisaje,
Emblema y visión,
Gustaba sus márgenes cubrir.
Entonces podría sentarme,
Por verdadero saber seducido,
Hasta muy entrada la noche
Incluso con mi propio ser reconciliado,
Recuperando la sabiduría
Que perdí, cuando era un chico.

de Canciones de infancia

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