martes, 18 de enero de 2011

2849.- CHEJDAN MAHMUD YAZID


CHEJDAN MAHMUD YAZID. REPÚBLICA ÁRABE SAHARAUI DEMOCRÁTICA (Sáhara Occidental), 1972. Licenciado en Filología Hispánica. De niño tuvo que huir a los campamentos de refugiados de Tinduf. Realizó en Cuba sus estudios universitarios, licenciándose en Filología Hispánica. Desde 1997 vive en España.
Ha participado en las antologías de poesía saharaui contemporánea Bubisher (Editorial Puentepalo, 2003) y Aaiún, gritando lo que se siente (Universidad Autónoma de Madrid, 2006), Um Draiga (Diputación de Zaragoza, 2007) y 31. Treinta y uno – Thirty one. A bilingual anthology of Saharawi resistance poetry in Spanish (Sombrerete, 2007). Actualmente trabaja en un poemario provisionalmente titulado Espera, me han dicho.



Basta

¡Basta!. Las calles enfurecidas
se alzan y comentan
las grandes injurias.

¡Basta!. Las casas pululan
de rabia desmesurada.

Y, ¡basta!, porque hay
un anhelo que ya no espera más.

En estos tiempos ya no
quedan enfados que calmar
y, desde el corazón del oprimido
se exalta la rabia contenida.

Las ciudades del Sahara sombrío
se levantan una vez más,
para gritar orgullosas:
¡Basta!. ¡Basta!. ¡Basta!.










Perdón

Al amigo pido perdón,
a mi madre,
a esa persona sensible:
mi querida amada.
A mi buena intención
también se lo pido.
Y es que me he deslimitado,
diciendo mal de lo incierto,
sobreponiendo sentimientos innatos
y valorando sin fe a la gracia divina.

Y pido perdón
porque no sé hacer reir,
ni con la magia de los gestos
ni con el consuelo
de las hermosas palabras.
Soy infame, grotesco;
por eso pido perdón al navegante,
que en el mar de la poesía
hunde ancla
para saborear palabras.
Palabras que han de ser útiles.










Acuarela

Yo soy de aquellos creyentes
que tienen doble cara,
se sacian de las putas
y comen en nombre de Dios.
Galopan en las nubes
cuan hartos de la tierra
y pintan sirenas
con el humo falso de la eternidad.
Esto es todo.
Ya lo digo:
hay alguien que se aferra
a creer que un fiel
es un poema andante.










Mima

Dijo ella:
"Llámame madre, o
acaso, mima"

Bien, pensé yo.

Días después
ya no tuvo que corregirme,
y le dije: (tímidamente)

"Siento... siento amagos en mis adentros
pujándome sin parar.
No sé... pero algo está pasando,...
debo confesártelo: es una ilusión que tengo
desde... desde este entonces...
hacer el amor con mi madrastra,
¡juntar mis labios con los tuyos!
¡apretar tus pechos!"...

No pude mirar sus ojos.
¡Qué vergüenza!
Ella dijo:
(tímidamente)
"Tú, mi propio protegido,
al que no parí pero di cobijo,...

(pausa larga)

... maldito infiel..."
Lo sabía.

Luego, tan luego,
volví a amar
y adquirí la costumbre
de rezar antes de dormir.

Ama a tu madre,
después a tu madre,
luego a tu madre,
después a tu madrastra.

Yo amé a mi madrastra
hasta la saciedad.
Hoy me resigno,
pero, incomprensiblemente, dejé
de soñar con sus dulces
y tiernos labios.

¡Es tan hermosa la jodida!










Um Draiga

¡Señor omnipotente!:
ha naufragado un barco,
allá donde trabaja el sol,
y las noticias son confusas.
Se ha perdido
el mapa de las rutas.
Se han quebrado
las esperanzas.
¡No quieras saber!,
hay vidas humanas
que iban a fundar un barrio
llamado lahmada.
Se naufraga el navío
y el sol, únicamente,
ya no le quedan fuerzas.
Le vimos que llora y llora,
con lágrimas de arena
y, en una de esas lágrimas
supimos del agravio.










Mi madre loca

Mi madre cuerda
Nació antes que yo,
En un día azul
Sobre una alfombra amarilla.

Mi madre es de sangre
turbia y venas vagas.
Tuvo el honor de vivir
Adulada por su vecino.
Odiada por su ropa
Y enamorada de su abuelo

Loca
Loca, loca, loca, loca, loca.
Así vivió en mi ausencia.
Cuando volví,
Estaba rematadamente loca.

Jueja, q ya te diste por vencida











Una flor mirándome a mí

Y si me miras y te callas.
No me habré percatado
que tus ojos sueñan conmigo.

Y si te veo y no te digo nada,
es porque me gusta tu perfume.

Dime lo que quieras
en esta noche de viento y arena,
entrégame eso que tienes para mí.
No me lo niegues, en ninguna hora
ni en ningún momento.
Abrázame solo y, contaré
los latidos de tu corazón.

Ve a donde estoy yo,
y coge mi mano aún desmarcada
de grandes penas, rehén de ti ayer
Cautivada por ti hoy.

Abre tus carnosos labios,
Y muéstrame tus dientes
enamorados entre sí. Rogadles
que me muerdan una y otra vez y,
diles que yo soy tu mejor amante.










Madrastra

Me despojaron de ti,
y ahora no soy nadie.
¿Sabes?
talé ladrillos
bajo tu atenta mirada,
tratando de lograr una imagen,
y no pude.
Corrí por campos minados
y disparé balas vírgenes,
para el bien de mi futuro,
y se me olvidó el porvenir.
Quise
ser amigo del diablo
y amante de una bruja,
mas, me repudiaron.
También subí
árboles gigantes,
y, sin creerlo, vi las cosas,
todas,
a mi altura o más grandes.
¿Qué más puedo perjurar?
Ahora estoy muy viejo
y reencarnado en el demonio,
tengo cien cabezas y mil lenguas.










Siroco

El día se hace eterno
ya de antemano.
Fatimetu agita su melhfa
y envuelve su impasible rostro
con la tela cotidiana.
Otras miradas tristes
invocan algún misterio.
Desde las vísceras
de la endeble morada
se retuerce la tranquilidad
y, de paso,
se enojan las moscas.
Allá en la penumbra
balbucea algún niño,
entonces
se desprende algún
desairado sermón
y un ambiente distante
carcome las gargantas.
En la frontera
de la jaima y la nada,
el día se hizo amargo,
y nadie quiso
maldecir a los dioses.










Si te fu eras

Si la luna bajara,
ya cansada de esperar,
y tendiera un manto
cerca de su amado,

las estrellas no llorarían,
no, irían en complejas filas,
al rincón abandonado
por esa luna rebelde.










El llano amarillo y el siroco

El promiscuo llano amarillo
hoy se deja acariciar
por la familiar compañía.
Antes y antes
el calor y el frío
ya habían deleitado
a la alfombra impasible.
El siroco rocía la infinidad,
de más y más arena.
A la par, un cántico
envuelve al mismo llano
que, parece dormido
en los brazos del magnánimo siroco
y juguetearse efusivamente
ante los ojos del infinito.
Allá a lo lejos
el sol melancólico y aturdido
contempla a los afanados amantes.
Y algún paisano de índole marcada,
sin percatarse,
maldijo a la nada y el todo,
buscando irremediablemente
la tranquilidad,
implorando que se acabe
la estación de los anhelos,
adonde acuden como hoy
los eternos amantes.










Aún no duermo

Aún no duermo
cuando me acaricia
la pubertad.
Sus manos no cesan
de infringir mi silencio.
En la sonata cotidiana
que resuelve sus ganas,
abrasa su pubis
y me ata su lengua.
Aún hoy duermo
después del letargo
que me hizo esclavo
y me susurró
de algún modo,
el desgano de verla
desnuda
y no duermo todavía
porque algún fantasma
me recalcó que
aún virgen tiene que ser.










El grito desahogado

Un drama que se ha inscrito
en los sospechosos cuadernos
de la órbita mandamás.
Hoy se revuelca en las aceras
de la ciudad de los manantiales:
Va y viene el alma incansable
buscando; a cualquier precio,
la paz de los sentidos.

De una bocacalle ingrata
o una avenida traidora,
salen, como moscas en bandadas
los militares de la discordia
y, riegan con sus armas
la intranquilidad del turbio aire.

El drama del Sahara
sigue impoluto en las ineficaces
lenguas y miradas ajenas.

En tanto
nuestra sangre,
derramándose aquí y allá
seguirá,
por la gran razón inalienable:
de pasearse entre las brisas
de un auténtico aire saharaui.
Olor a incienso y, miradas beduinas
surtirán, entonces, nuestra vida,
arraigadamente nómada.










ORACIÓN AL ARTISTA

Será verdad
porque se ha recalcado
muchas veces,
que el artista
es un timador.
Él sabe
que la sangre que corre
por nuestras venas
no es roja,
-realmente es azul-
cosa que nunca confiesa.
Pinta rosas, paisajes
y personajes, para después
vender arte falso
y, ni siquiera luego,
en la intimidad,
siente remordimiento o
deja entrever
que es un maníaco de la mentira.
El artista se refugia
en la inspiración. Y, miente.

El artista es un acaudalado más.

Por Dios, hasta cuando
tengamos que oír,
y en voz del artista,
que la luna no habla
y las estrellas no se enamoran!.

Pero atención,
que nadie trate
de buscarle el lado bueno.
Simplemente no lo tiene.
Nos confirma la vida
como rigores dados;
remueve nuestro estupor
con versos mágicos,
a razón:
de que somos mortales.
Y nos tima.

Sincero soy yo,
delator quizás.

Suplicad todos,
caballeros y señoras.
sabéis que el alma es frágil;
el sentimiento es ingenuo
y la razón, ¡la razón es un mero
beneficio!.

Amad:
sin arraigo,
al verdadero clemente,
al original, al que no pinta,
al que no escribe, al que no vende.
Después de todo
hay razones para seguir viviendo.

En consecuencia,
no soy rebelde,
me canso de decir la verdad,
y a veces vuelvo a preguntar
a un amigo o una amiga
de lo que ya sé.

El artista no tiene voz.
Nunca crea
delante de su público,
y en efecto
nos da la imagen falsa.

¡Oh, Dios misericordioso!,
¡bendita madre!
ya que son cómplices directos,
¿por qué son así?:
piadosos, benévolos con los artistas.




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