lunes, 13 de diciembre de 2010

MARCO MARTOS [2.437] Poeta de Perú



Marco Gerardo Martos Carrera 



(29 de noviembre de 1942) es un reconocido escritor y poeta peruano. Es considerado uno de los principales representantes de la Generación del 60 en la poesía peruana. Actualmente es presidente de la Academia Peruana de la Lengua, catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de dicha casa de estudios.
Marco Martos nació en el entonces Hospital de Belén de Piura. Su padre fue el huancabambino Néstor Samuel Martos Garrido (1903-1973) notable historiador y periodista. Su madre fue doña Rosa Clementina Carrera Ubillús de Martos (1907-1958), dama huancabambina que durante el siglo XX se dedicó a la educación de la niñez piurana. Marco es el mayor de tres hermanos: Samuel José (fallecido en la niñez), Martha María, profesora como sus padres y Manuel María. Realizó sus estudios primarios en el colegio "Salesiano", una institucion educativa cuya sede estuvo ubicada en la calle Libertad, frente a la Plaza Merino en la ciudad de Piura. Poco después cuando pasaba a quinto grado, a petición de él, sus padres lo cambiaron al colegio San Miguel de Piura donde culminó también sus estudios secundarios. Aunque no fue el primero de la clase, fue uno de los alumnos sobresalientes en literatura.
En los años 60, con su llegada a Lima, Marco Martos empieza a vislumbrar su vida poética. Ingresa a estudiar Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú; pero, impulsado por su vocación literaria, ingresa a estudiar Literatura Hispana en la cuatricentenaria Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Es doctor en Literatura, poeta y periodista peruano. Prolífico autor de obras poéticas, se le considera uno de los principales representantes de la Generación del 60 en la poesía peruana. Sus poemas usan un lenguaje sencillo, irónico y cotidiano para criticar la realidad en la que vive y para referirse a la soledad y al aburrimiento existencial.
Obtuvo en el año 1960, el Premio Nacional de Poesía del Perú y fue ganador de los Juegos Florales de San Marcos, además de Jurado de la Casa de las Américas (1984).
Marco Martos, también sobresalió en ajedrez entre 1960 y 1964. En 1962 en un torneo obtuvo el primer puesto y en 1963 obtiene victorias frente a ajedrecistas chilenos. En ese mismo año el diario La Prensa de Lima sostuvo que era una lástima que Marco se dedicara a la poesía. Más tarde escribiría "Jaque Perpetuo", un poemario dedicado al ajedrez, una de las grandes pasiones de su vida.
En 1969, se presentó a un concurso organizado por La Casa de la Cultura del Perú en donde obtuvo el Primer Premio Nacional de Poesía con su libro "Cuaderno de Quejas y Contentamientos".
Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en donde luego fue decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas. Actualmente se desempeña como profesor principal de esta facultad y director de su Unidad de Posgrado, además es profesor en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, la cual, pese a ser desconocida para muchos, se proyecta como un semillero de futuros filósofos, escritores y maestros.
Se graduó como bachiller en Letras en 1972 con la tesis "Darío y Machado: del modernismo a la literatura comprometida" y como doctor en Letras en 1974 con la tesis: "la poesía amorosa de César Vallejo en Los heraldos negros y trilce".
Su obra le ha valido un amplio reconocimiento, la cual ha sido traducida y publicada en alemán, francés, húngaro, italiano e inglés.
Desde el año 2006 es presidente de la Academia Peruana de la Lengua.
Nuevamente, en el 2010, llega a ser decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Obras
Poemario Dante y Virgilio. Iban oscuros en la profunda noche. (Lima: Universidad San Martín de Porres. 2008)
Aunque es de noche. (Lima: Hipocampo. 2006)
Dondoneo. (Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 2004)
Jaque perpetuo. (Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú. 2003)
El monje de Praga. (Lima: Hipocampo. 2003)
Sílabas de la música. (Lima: LIRSUR. 2002)
El mar de las tinieblas. (Lima: El Caballo Rojo-Atenea. 1999)
Al leve reino. (Obra poética 1965-1996) (Lima: Peisa. 1996)
Cabellera de Berenice. (Trujillo: SEA-Municipalidad Provincial de Trujillo-Casa del artista. 1991)
Muestra de arte rupestre. (Lima: Instituto Nacional de Cultura. 1990)
Carpe diem/El silbo de los aires amorosos. (Lima: CEPES. 1981)
Carpe diem. (Lima: Haraui. 1979)
Donde no se ama. (Lima: Milla Batres. 1974)
Cuaderno de quejas y contentamientos (Lima: CMB. 1969)
Casa nuestra. (Lima: Ediciones de la Rama Florida. 1965)



Oficio

Mi oficio es el canto
el canto de las palabras,
el dulce embrujo
de las sílabas
y las asonancias.
Éste es mi oficio
y no lo cambio por nada,
pero qué difícil es
querer decir algo
y no tener sino gana.





Lima

En Lima cada cuadra tiene un nombre me dijeron
y es verdad que he comprobado;
otras cosas se callaron las personas
que en dar informes se solazan:
en Lima cada coche, cada cola, cada rueda,
sardinas y presagios,
sudores ajenos
y humos robustos
sin quererlo respiramos;
en Lima hay un desprecio
por las gentes de otros lares
y a la larga uno añora
a su pueblo, a su gente, a sus calles.

(de Casa nuestra, 1964)



Ley

Tenga la palabra cosa vacío significado:
lo real y lo ideal alejados habiten de su cáscara.
En virtud de la ley enunciada,
pueda el caminante,
infatigable buscador de verdades,
hacer justo las cosas de las que ayer renegó.
Y en la rúa nadie lance sombras
sobre el desconocido rostro,
pues la palabra cosa, como la sombra misma,
exige ojos y brazos humanos: voluntad de creación.
Así mismo con los ojos cerrados y en silencio tenaz,
pueda la muchacha de voz serenísima
decir la palabra cosa,
murmullo de ola o tic-tac de reloj
y pueda juntar en el aire
blanco y negro, ser y nada.
Y no haya contradicción.



Casti connubi

Cada mañana, marido y mujer, sentados y limpios,
comiendo tostadas, ruido de rata,
leyendo los diarios, matando las moscas,
hablando del clima, cada mañana,
esperan la noche, el hastío sexual:
fingirse dormidos, fingirse despiertos,
decirse palabras de libros de amor,
cada mañana, marido y mujer,
van al trabajo, regresan, almuerzan,
van al trabajo, regresan se acuestan,
gordos, lustrosos, años de años,
esperan la noche, matando tostadas,
matando las moscas, matando los diarios,
matando los climas, cada mañana, gordos,
payasos, esperan la noche, el hastío sexual:
fingirse dormidos, fingirse despiertos,
decirse palabras de libros de amor,
cada mañana, rata y rata, rata y rata.

(de Cuaderno de quejas y contentamientos, 1969)




Leteo

Zumba una biela dentro de la cabeza cansada,
va desollando por dentro la poca pulpa,
por dentro erizadas semillas va dejando
a flor de piel, siguiendo la gravedad
se inclina y aquieta las aguas del Leteo.
Ampolleta que antes fue vaso comunicante,
miserable vidrio estriado, roma punta hueca,
se escapan cianuro con huesos, calaveras,
aserrín, piratas de Salgari y todo.
Por fin el silencio avanzando triunfante,
por fin la nada bañándolo todo,
ese motor que ladra a lo lejos,
ese humo que conduce mi noche,
ese silbido que vive en la luna,
el rencor que me tienes de ayer y mañana,
por fin el silencio avanzando triunfante,
por fin la nada bañándolo todo.
Zumba la biela dentro de la cabeza cansada,
zumba el olvido como una biela cansada,
zumba Leteo como una furia cansada, zumba,
zumba la biela y zumba y duele el silencio
inaugurándolo todo.

(de Donde no se ama, 1974)




Varona y varón

Varona y varón,
desnudos frente a frente,
desnudos con esmero,
son presencia impalpable
de la gracia del quién sabe.
Nada pueden contra ellos
ni el miedo que bien sienten,
ni lo espaciado de los encuentros,
ni la envidia de los solitarios,
ni el viento de los que murieron.
El fuego es tan su salsa,
tan feliz como un niño,
tan se escapa por un tubo,
tan se oculta o parece nada,
que induce a la pareja
a desnudarse con esmero,
a juntar aire, y tierra,
aumentando la ternura
para empezar de nuevo el acto
más hermoso de la vida:
varona y varón.

(de Carpe diem, 1979)





Marina

Cuidadosa en su habitación la muchacha
levanta el caracol en la mano, oye las olas,
cierra o abre los ojos. El mar parpadea,
el rumor del mar sobre la arena leve
bate los cantos rodados y su lento trabajo
orilla mi boca con sal perenne.
El mar, mirar el mar que huelo.
Con las esquirlas de mis manos
cuarteadas me hurgo las cuencas
colmadas de sal y luego aderezo
la música de tu piel, la música sólo,
mientras la espuma veloz de febrero,
blanquísima dibuja el caracol
indescifrable de la muerte.

(de El silbo de los aires amorosos, 1989)




Última hora de Abderramán III
(Córdoba, año 961)

Muere el sol en la mézquita de Córdoba
y nace la noche en mi corazón. Y nunca más.
Mañana el astro volverá a su rito
y no habrá corazón en su oscuridad definitiva.
Astrolabios, relojes de arena, arrugas de mi rostro,
calendarios del Nilo, memoria de los creyentes,
soldados de mi espada, todos saben
y comentan cómo han goteado
cincuenta años de emirato y califato.
Tesoros, honores, placeres,
todo lo he tenido, todo
lo he desperdigado.
Mis rivales, los más grandes,
me estiman, me temen, me envidian,
besan protocolariamente el suelo sagrado
y suben arrastrándose hasta mi trono.
Todo aquello que los hombres desean
me ha sido donado por el cielo.
La noche viene. Ya cantan los pájaros.
En este tiempo largo de aparente
contentamiento he guerreado en Toledo,
en Mérida, en Zaragoza, he vencido
en todas las batallas, todas
las perfidias del reino las he dominado.
Las más hermosas mujeres de al-Andalus
me han sonreído en mi lecho, cada alborada.
La noche viene. Ya callan los pájaros.
Antes de irme quiero contar
los días en que fui feliz. Mi memoria
escudriña el pasado: sólo son catorce.
Creyentes, mortales, aprecien conmigo
la grandeza del mundo y de la vida.
La noche llega. Me llamaba Abderramán III.
Esta es mi última palabra.

(de Cabellera de Berenice, 1990, 1992 y 1994)




Franz Kafka se compara con un erizo (1912)

Doy dolor
a quien se me acerca.
Doy dolor.
Doy dolor.
De propia voluntad
entran en mi campo
de imanes, ¡tantos imanes!,
y salen descalabrados.
Me traen una pitanza
que he ganado lealmente
y me la tiran a la cara
como un escupitajo.
Yéndose,
me insultan
y se alejan retorcidos,
como tocados por el rayo
del demonio.
Y me dejan en carne viva,
en estas brasas,
con mis inútiles imanes
en medio de la noche.



Soledad de Charles Baudelaire

Las plazas de París tienen encanto
difícil de llevar a la escritura,
salvo para el poeta que madura
pensamientos en medio del espanto
de crecer solitario con su canto,
que es incienso subiendo a la hermosura
de mujer zahorí de piel oscura,
de fuego abierto y risas del amianto.
Ni caricias ni besos lo transforman,
Baudelaire anda inerme por los parques,
buscando la belleza de lo horrible;
las viejas desdentadas nos informan
que besa en playa y muelles los embarques
de rosas venenosas y terribles.

(de El mar de las tinieblas, 1999)




SAN MIGUEL DE PIURA

Encendí el corazón sobre los médanos,
en los soledosos algarrobos que continúan
la ciudad más allá de la postrera bandera blanca,
bordeando el camino de Los Ejidos, regado
por la bosta de las cabras. El cielo era azul
con sus nubes pintadas y había un viejo caballo
y un burro blanco entre los grises.
He olvidado a qué íbamos a Los Ejidos
pero puedo adivinarlo mientras aspiro todavía
el aire luminoso de la infancia.
Los Ejidos: el olor de las cabras, la leche
de cabra, el queso de cabra que jamás
he encontrado después en la tierra.
A la hora del regreso el sol reverberaba
sobre los médanos y en llegando al recodo
del camino que divisa a la cruz del Norte,
bajo la sombra benéfica de los sauces,
los pequeños pudimos sumergirnos
en el río suavísimo y verdoso.
Han pasado años de años; ¡me he mezclado
en tantas cosas!, y ahora que el sol
reverbera sobre el asfalto, no extraño
a esa patria, distante y diminuta.
O tal vez la extraño y por eso escribo.





La biblioteca del mar

Infinitos libros tiene la biblioteca del mar,
manuscritos por la mano de Dios
el día de su mayor bondad.
Algunos se distinguen a lo lejos;
sus pastas parecen espuma
pues son blanquísimas
y las hojas se zangolotean
con el viento viscoso que repta
en el atardecer;
otros tienen carátulas azules
y son tan numerosos
que a veces los creyeras
imagen de la totalidad,
la sonrisa del creador
cuando no había tiempo, ni nada, sólo Dios.
Hay libros verdes
como los ojos
de agraciadas mujeres
que observan a los barcos
al mediodía, desde el malecón
y son los que producen
una sensación de felicidad.
Los libros plateados
se aparecen en la madrugada
y anuncian el sueño ligero del mar.
Hay libros oscuros
en la boca de la noche
y sobre esos líquidos lánguidos
oscilan las sombras de los hombres
y los remos.
Hay libros encarnados
que abren sus páginas
antes que empiece lo negro
y expresan el abrazo del mar
con el sol fatigado
en la tarde que se va.
En las páginas de los libros
navegan peces
y se esconden anclas enterradas,
oro en las arenas,
amarillo en el fondo del azul.
¿Quiénes pueden leer
la biblioteca del mar?
No muchos, ciertamente.
Demasiados la han mirado
sin verla.
Los artistas pueden
describirla o pintarla o sentirla,
pero el significado último y cabal
permanece ignorado
para toda la humanidad.
Dios mismo
escribió en etrusco
la biblioteca del mar
y dijo en hebreo
que era muy bella,
lo más hermoso de su invención.
Nos queda un lenguaje líquido
que nos inunda de luz
y de perplejidad.





Gonzalo Rojas y Braulio Arenas

Desde Chillán Gonzalo Rojas llegó a Santiago
para hablar con su amigo Braulio Arenas.
«Perdí mi juventud en los burdeles»,
dijo Rojas, «perdí mi mocedad en los clubes de ajedrez»,
contestó Arenas.
- Los burdeles dan miedo y también alegría.
- Los clubes de ajedrez son un pánico en la vida.
- ¿Cómo se puede preferir la dama
inventada del juego de ajedrez
a la mujer verdadera del prostíbulo?
- No lo sé, ambas no se entregan nunca.
- Miente el que diga que disfruta en un club de ajedrez.
- Miente el que se refocila con la puta en un burdel.
- Miente el que acaricia el rostro de la dama.
- Miente el que juega ajedrez en el bulín.
- Nosotros somos ángeles y no mentimos nunca.





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