domingo, 29 de agosto de 2010

SAM HAMILL [723] Poeta de Estados Unidos


Sam Hamill 



Estados Unidos, 1943. Poeta, ensayista y traductor. Huérfano durante la Segunda Guerra Mundial, actualmente dedica su tiempo a luchar contra la guerra y a favor de movimientos por la paz. Es autor de 13 libros de poesía, tres de ensayos, y de diversas traducciones desde el antiguo griego, latín, estonio, japonés y chino. Enseñó en prisiones durante 14 años, en programas de artista en residencia por veinte y trabajado ampliamente en favor de las mujeres y los niños desprotegidos. Editor fundador de Founding Editor of Copper Canyon Press. En enero del 2003 fundó Poets Against the War (Poetas contra la Guerra). También editó una muy difundida antología de poesía antibélica. Su obra ha sido traducida a más de una docena de lenguas.




La orquídea

Justo mientras me pregunto
si es que acaso va a morir,
florece la orquídea

y no puedo explicar por qué
mueve mi corazón, por qué tal placer

brota desde un pequeño capullo
sobre un espigado tallo, una
dorada flor rojo sangre

abierta en medio del verano,
diminuta, perfecta en su hora.

Aun para un poeta
canoso y arrugado, es
enteramente erótica,
pistilo y estambre, polen,
rocío del mundo, una cucharada

de tierra, y agua.
Erótica porque hay muerte
en el corazón del nacimiento,

drama en aquellos viejos prismas del
amanecer en húmedos arcos de cedro,

misterio más profundo
lavando platos al anochecer
o bromeando con mi mujer,

que se hace, sí, más bella
porque uno de nosotros morirá.





Lo que el agua conoce

Lo que la boca canta, debe aprender

a perdonarlo el alma.
A los ojos del mundo real una rata
es tan moral como un monje.
Todavía, el corazón es un río
manando de sí mismo, un río
que no puede ser cruzado.

Se abre sobre una bahía
y se devuelve sobre sí mismo
cuando entra la marea,
lleva el grito del somorgujo y las sales
de lo indeciblemente humano.

Un águila distante entra a la boca de un río
el salmón ya no corre, sus amplias alas brillan
corriente arriba hasta que desaparece
hacia la nada de donde vino.

Sólo permanece el pensamiento.
Desprovisto de la astucia del águila
o de la sabiduría del gorrión,
¿adónde tornaré, anegado en tristeza?
¿Quién conocerá lo que los árboles conocen,
la arácnida paciencia del arce joven
o lo que confiesa el sauce?

Permítanme ser agua.
El corazón se escancia en olas.
Escuchen lo que el agua dice.
Viento, sé un amigo.
No hay nada que yo no pudiera perdonar.




Égloga de la marisma negra

Aunque es mitad del verano,
el gran garzón azul
sujeta un invierno más oscuro sobre
sus hombros gibados,
las nubes grisáceamente opacas
se alzan sobre él como tormenta
sobre el Pacífico.

Más monumento que pájaro
se alza en el negro marisma,
un arrugado profeta
vuelto desde una mitología esfumada.
Vigila el corazón de las cosas

y no se mueve o modula. Pero cuando
al fin vuela, sus grandes alas
cubren el cielo ensombrecido, y lentamente,
como si rezara, se alza, casi sin moverse,

mientras empuja lejos el mundo.

Traducciones de Rafael Patiño




Existe un gran mar llamado Tranquilidad.

Existe un gran mar llamado Tranquilidad.
Lo vi una vez en un mapa. Allí había navíos blancos
con blancas velas sopladas por la brisa Adriática,
estaban cargados con sueños
y creencias-lo vi todo en el mapa.
Pero nunca podría llevarte allá.
No puedo encontrarlo otra vez.

Pero aquí está el mar que conozco, duro y frío,
amargo en su sentencia, aplastado
por un cielo de sólida ceniza.
Las noticias del día llegan frenéticas
y nosotros nos endurecemos, nuestra sangre
se enfría, y un fantasma del pasado
libera nuestro sermón narcisista

en la misma vieja monotonía que nuestros padres
escucharon en Auschwitz o en Treblinka.
Cuando llegue el verano, el mar
se volverá de oro y veremos nuestros rostros
reflejados en el agua. Sólo entonces podremos
recordar
la rosa de muchos corazones abriendo,
una tras otra,

sus más secretas habitaciones hacia el fin.
Caminamos sobre las cenizas de la muerte
bajo un cielo de cenizas.
Los Japoneses combinan el signo palabra
con el signo templo para obtener el signo poesía:
templo de la palabra; bendita palabra;
ninguna palabra puede salvarse.

Versión de Abraham Chinchillas



LAS REDES

El algún sitio alguien
en la orilla del mar
al calor de una pequeña hoguera
está desenredando
las pesadas redes del deseo.

Trabaja despacio, sus dedos sangran,
su mente a un tiempo y a medias,
piensa……. escucha…….
sabiendo que sólo el mar alimentará su sed.



MONTAÑAS Y RÍOS SIN FIN

Luego de hacer el amor, somos como ríos
que descienden de la cima de las altas cumbres.

Permanecemos en la quietud, nos movemos
tranquilos en la profundidad del peligro

dos ríos penetrando el océano
serenos, como si nada tuviera importancia:

sosegadamente, pero con gran energía
confluyendo en las aguas cada vez más profundas.



DISCURSO ANTE LA ASAMBLEA
LEGISLATIVA, 2003

Nunca he estado en Jerusalén,
sin embargo Shirley habla de las bombas.
No tengo ningún dios, pero he visto a los niños
orando para que todo esto llegue a su fin.
Ellos le rezan a diferentes dioses.
Nuevamente las noticias son todas viejas noticias,
que se repiten
igual que los vicios, el tabaco barato,
la mentira social.

Los niños han visto tanta muerte
que ésta ha perdido su significado.
Ellos hacen la cola para recibir su pan.
Ellos hacen la cola para obtener un poco de agua.
Sus ojos, negras lunas reflejando el vacío.
Los hemos visto mil veces.

En unos momentos hablará el presidente.
Él tendrá algo que decir acerca de las bombas,
La libertad, y nuestro modo de vida.
Yo apagaré el televisor. Siempre lo hago.
No puedo mirarlo. No soporto los monumentos
en sus ojos.



EL GANADO DE DRESDEN
Ah, las ruinas del corazón humano.
Un granero envuelto en llamas,
una catedral bombardeada,

las sombras de formas casi humanas
caen, se levantan, se deslizan,
silenciosamente se turnan
para entrar alternativamente
¿en la oscuridad o en la luz? Napoleón
o los eslavos que murieron
a lo largo del agonizante Elba.

Las viejas manos azules de mármol
del albañil colocaron piedra sobre piedra,
y las manos sangrientas de los amargos

las hicieron añicos.
Nos condujeron por las calles
como ganado. Lloramos

pero nadie acudió. Una cosa
es amar a otro ser humano,
otra saber

y recordar
como murió lo bello.



EL DON DE LENGUAS

Todo aquello que hurto, lo doy.
Una vez, rodeado de pinos tan altos
como estos,
la misma luna creciente deslizándose,
suave, a través de la altura,
yo estaba sentado, acurrucado sobre mis rodillas,
en compañía de un amigo, fumando, bebiendo té,
intercambiando historias de coyotes y mentiras.

Él me dijo algo acerca de las palabras,
que cada una de ellas es un nombre,
y que cada nombre es el de Dios.
Yo que no tengo ningún dios
permanecí sentado en la vastedad del vacío,
tan callado como podía en el silencio.
Un sendero que puede ser nominado
no es el sendero.
Cada una de las palabras refleja
el Espíritu que no puede ser nombrado.
Cada palabra un don, su valor en exacta proporción
al espíritu en que ésta es entregada.

Así habladas, estas palabras que entrego
en este instante
por medio del chino antiguo de Lao Tzu,
fueron robadas veinticinco siglos más tarde
por este un humilde ladrón.
La Palabra es sólo evidencia de lo real:
en la lengua hopi no hay ballenas;
en el inglés norteamericano no existe
el Cuarto Mundo.

_
En revista “Omero poesía”, número 14,
octubre 2006. Trad. Esteban Moore en
colaboración con Sam Hamill, Buenos Aires, 2006.


CARTA A SAM HAMILL

CARTA A SAM HAMILL, ORGANIZADOR DEL MOVIMIENTO
POETAS CONTRA LA GUERRA

Admirado poeta:

Desde el 28 de febrero pasado Tony Guerrero está en el hueco.

¿Qué es el hueco?

¿Quién lo ha encerrado ahí?

¿Por qué lo hicieron?

El hueco es un cubículo repulsivo y asfixiante concebido para que un ser humano se convierta en un despojo acosado e indefenso. El hueco es un lugar inmundo en donde un ser humano no tiene derecho a escuchar la voz de alguien amado.

El hueco es un sitio siniestro donde un ser humano no puede hablar con sus defensores ni recibir un papelito con una frase de consuelo ni leer un libro ni escuchar una música ni el canto del gallo al amanecer y ni siquiera el rugido de los automóviles en las autopistas lejanas.

Los dueños del hueco son muy poderosos. La arrogancia y el poderío económico de los dueños del hueco gobiernan a los gobiernos de las naciones.

Y así como en una cárcel de South Florence, Colorado, han encerrado a un simple y sencillo poeta cubano en el hueco, arbitrariamente, porque sí, porque no quieren que Tony Guerrero, ni sus otros cuatro compañeros en igualdad de condiciones tengan finalmente un juicio justo, como lo manda la Constitución sagrada de ese país, ahora han decidido que quieren apretar el botón de la guerra. Porque de eso parece que se trata: de apretar asépticos botones en oficinas ovales o pentagonales, o en altísimos salones perfumados con el codiciado aroma del petróleo.

Allá abajo, en calles, parques y plazas, algunas de ellas muy lejos, pero otras inquietantemente cerca de los dueños del hueco y de su dedo, que está a punto de apretar el botón de la guerra, miles de millones de hombres alzan su dignidad ultrajada. Miles de millones de hombres se han puesto de pie, y por primera vez en la Historia el Norte desarrollado y el Sur despojado y el Este multitudinario y misterioso y el Oeste rociado de islas y hasta los mínimos habitantes esporádicos de los polos lanzan un solo grito multiplicado. Grito que ha tomado por asalto las televisoras internacionales, le pese a quien le pese, y que vemos escrito en todas las lenguas del orbe: NO A LA GUERRA.

Querido amigo Sam Hamill:

Tony Guerrero es un poeta, pero ante todo es un hombre. (Lo primero es ser hombre y lo segundo, poeta, decía el grandísimo Antonio Machado, muerto de tristeza en el exilio en el momento mismo de la caída de la Republica española.) Y como es un hombre entero, al igual que sus otros cuatro compañeros de infortunio, todos ellos ahora confinados en el Sitio inmundo, están resistiendo a pecho descubierto y con la fuerza de sus convicciones todas las humillaciones, todas las bravatas, todas las crueldades de los dueños de hueco, que son los dueños de las armas nucleares, del Banco Mundial y de las transnacionales, y del dedo que se agita --insaciable carroñero-- ante el botón de la guerra, atraído por el hedor fósil de un petróleo que no le pertenece.

Es conmovedora y apasionadamente exaltante la manera ejemplar en que estos cinco seres humanos están afrontando el choque bestial con la mas potente maquinaria de poder que existe en el planeta. Pero su lucha no es ni será solitaria. Los mismos que gritan ¡ NO A LA GUERRA ! se están solidarizando con esta causa justa. En varios países del mundo y en los propios Estados Unidos, pese al silencio de los medios (ya sabemos a quienes pertenecen los medios) se han creado y se crean a diario comités de solidaridad y de apoyo. Miles de cartas, de poemas, de listas con firmas, de mensajes solidarios, inundan con su calor de humanidad las cinco prisiones donde se hayan recluidos.

Los más de cien poetas cubanos y extranjeros, entre los que se encuentran ocho Premios Nacionales de Literatura, firmantes del Mensaje de Solidaridad con Tony Guerrero y del Mensaje de Apoyo al Comité POETS AGAINST THE WAR, que tú, Sam Hamill, impulsaste a crear contra la guerra en admirable y masiva repulsa, te solicitan, como hermanos, que se informe a los poetas norteamericanos sobre la inmensa injusticia que se está cometiendo en vuestro país con un poeta de esta pequeña isla, de esta Cuba codiciada históricamente por los gobernantes USA desde que se desprendió del dominio español, pero que un día se plantó y dijo: ¡No pasarán!

Y no pasaron.

Con afecto y por la paz entre los hombres,

Aitana Alberti

Desde La Habana, Cuba

(AITANA ALBERTI, La hija de Rafael Alberti y María Teresa León, dos de los más grandes escritores españoles del Siglo XX, es autora de Poemas, Y de nuevo nacer, Son del fugado cuerpo y Pupila al viento. Tiene además el libro inédito Al margen de la Elegía III, de Rilke, y prepara otro poemario en el que aborda a la familia y los recuerdos, así como un libro de memorias. Aitana nació en Argentina, durante el exilio de sus padres tras la Guerra Civil Española, y desde hace diecinueve años reside en Cuba. Además de poeta, es editora, conferencista, periodista y promotora cultural. Forma parte del comité organizador del Festival Internacional de Poesía de La Habana, cuyo Coordinador general es el poeta Alex Pausides, su compañero en la vida. Acompañados por el laúd de Efraín Amador y el piano de Doris Oropesa, Aitana y Alex realizan recitales poético musicales con obras de Rafael Alberti, Guillén y otros clásicos. El próximo mes de abril harán una gira por diversas ciudades españolas con motivo de los centenarios de Alberti y Maria Teresa León).

Autor: Aitana Alberti León







Moradas

                                                                                            
para Ian Boyden


1.

Tierra. Líquenes alpinos,
coloridos como una naranja,
digiriendo lentamente la piedra.
Tierra negra;
roja tierra, tierra marrón,
polvo escarchado.

Los desfiladeros fueron esculpidos
durante siglos y siglos
por las aguas, los hielos.
Desfiladeros de piedra,
montañas expulsadas hacia la superficie
por los continentes en movimiento.

Del otro lado del río,
los grandes árboles
se arquean en el viento.
Los vivos son la morada
de los muertos.
Sí...
qué pequeño es un hom


2.

¿Cuán pequeño es el hombre
que lee las rocas
y escucha el susurro
de los álamos ?

¿Cuán grande es el corazón
que mide el corazón
de un hombre
con un puñado de tierra ?

¿Cuánta esperanza y tristeza
es un hombre con un puñado de tierra
y un corazón  que se despliega
bajo la luz de la luna ?

Escuchá atentamente
a las estrellas, al batir
de las alas del chotacabras,
escuchá al  silencio.

A la luz de la luna
la susurrantes aguas del río
nos dicen sus secretos
y los grandes árboles tiemblan.


3.

Los grandes árboles tiritan
y el río es risa
y las rocas ruedan
con las crecidas del río,
son pulidas
por las aguas.

La paciencia de la piedra,
una multitud de árboles,
la luna como testigo―

Si sólo la emoción humana
pudiera ser hallada
en las cosas de este mundo...

Hasta el río
agota su tiempo
se ahoga en el desierto
o vacía sus aguas
en un océano.


4.

Un océano
de tiempo, vastos mares de la memoria:
el detritus
contiene las semillas
de la belleza.

Él arrastró desde el río
un antiguo tronco de cedro,
semi petrificado
y lo utilizó para hacer las tapas un libro.
Con los dientes de un tiburón, jibias  
y hueso de ballena, fosilizado;
preparó los pigmentos para la tinta;
de la piedra, el alma
de la piedra,  tierra de la tierra,
transformada, transmutada-
de cardo y pluma,
materia realizada
sin embargo es un organismo,
posee vida.

Digo, los árboles escuchan
e incluso la tierra tiene mente.


5.

La tierra tiene una mente
que legisla los árboles,
cada uva en la viña,
y los árboles y el vino definen
la luz cambiante
que arde dentro de la mente.

Raíces de la memoria tribal
se queman en soledad,
en el vasto no saber
de este mundo conocido.

Gneis. Pizarra. Fracturado mármol. Esquisto.
Granito. Carbón negro
comprimido, transformado en diáfano diamante.

Los huesecillos del oído de la ballena,
el gran árbol derribado por los vientos,
ambos transformándose en piedra,
molidos para pigmentar la tinta.

Cien mil años
en una pequeña piedra.
Una pluma es una cosa mágica.
Y ¿Cuál es su significado?


6.

¿Qué significa
cuando alguien dice  “El
majestuoso álamo,” o
“la nobleza del pino”?
Roble achaparrado
pino de los pantanos,
cedro, álamo y olmo
cada uno tiene su poeta
con adjetivo y rima.

Pues el río,
nos gusta creer, fluye
a través nuestro, y
cuanto más noble el árbol,
más recta nuestra columna vertebral.

Abajo a través del suelo duro,
doscientos pies de profundidad,
a través de capas de basalto bajo el nivel del mar,
yo perforé  buscando un río en la tierra,
una vena,
agua para un hogar
de cedro y el abeto.

Sagrada, el agua; sagrada, la madera.


7.

Sagrados, estos bosques
reclamando la tierra,
rica en detrito
transformándose en su alimento.

Sagrado, el jardín, su río
de piedras, su musgo,
lirios de la pradera y sus arces enanos.

¿Deberían los árboles permanecer erguidos?
¿Se despierta, anima, excita
el Katsura cuando le brotan nuevas hojas?
Su sangre surge.

Dejá que las piedras lo digan.
Dejá que el río lo cante nuevamente.
Escuchá atentamente el silencio.
Escucha ese lenguaje
ese que no nos pertenece.


8.

Esta tierra no nos pertenece.
Para nosotros, sólo el sacramento
de su fecundidad,
y el gran misterio,
y el misterio de nuestro pasar.

Los árboles más altos se arquean,
plumas en el viento,
y nosotros nos maravillamos
escuchando la música del agua bajo la luz de la luna.

No nos pertenece, este misterio que penetramos,
esta extraña morada.
La marea crece.
El río y los árboles, las piedras y el hombre permanecen.

Saboreando el vino, terroir,
es saborear la tierra y el sol.
Saborear los peces
es respira el mar.

Mi hermano, el poeta ciego,
utiliza sus oídos para ver.
Allí en las altura, la Cruz del sur,
el río de los cielos, la Osa mayor.


9.

Vamos a la deriva en el río de los cielos
bajo la gran osa
o bajo la cruz
en la nave de los sueños.

Flotamos a la deriva en nuestra nave de los sueños
sobre la tierra
y rara vez la tocamos
a no ser que ésta se derrumbe sobre nosotros.

Y, sin embargo los árboles
nos elevan hacia el mundo,
las lluvias nos limpian,
tomamos nuestro alimento de la tierra
todo sacramento y abundancia

antes de regresar a la tierra,
al polvo, a la roca,
idos como el canto del zorzal,
todo devorado y renacido.


10.

Devorados, devorando, y renacidos
la tierra sobrevive.

Aquí, donde las vastas sombras
de los árboles que se arquean se reflejan
en las olillas del agua iluminada por la luna,
existe un mundo a sus anchas, en reposo,

indiferente a la nave de nuestros sueños,
nuestra paleta de deseos temporales-

Este tiempo puede se medido únicamente
por los siglos del hielo y el fuego
y por aquello que puedan traer los vientos.

Observando a estas mismas estrellas
que inspiraron a los artistas de Lascaux:
el gran vacío,
ese misterio que es hambre en el alma.

El bisonte ha desaparecido, y el mastodonte,
la mariposa que cabalgó los vientos
hasta México y regreso,
la avecilla que le cantó al amanecer-
todos devorados,  renaciendo.


11.

Todo devorado y con la necesidad de renacer,
los hambrientos buscan un maestro,

Haciendo el papel, preparando la tinta,
remojando el pincel, el maestro dice,
“Dibujá el sonido de la brisa en los pinos.”
Y, sonriendo, agrega, “ No seas
tan tonto como para dibujar sólo árboles.”

En la mente de un Buda,
ni una flor.
Shiva la creadora, Shiva la destructora.

En un sendero en la cumbre de los Alpes
en las alturas, más alla de la vegetación,
me arrodillé ante un glaciar
y miré hacia abajo, cientos de metros

observé los peñascos y las rocas en una cañada,
y por un instante, supe
que esta antigua tierra, los anaranjados líquenes alpinos
lentamente devoraban la piedra.

http://alpialdelapalabra.blogspot.com.es/



State of the Union, 2003

I have not been to Jerusalem, 
but Shirley talks about the bombs. 
I have no god, but have seen the children praying
for it to stop. They pray to different gods. 
The news is all old news again, repeated 
like a bad habit, cheap tobacco, the social lie.

The children have seen so much death 
that death means nothing to them now. 
They wait in line for bread. 
They wait in line for water. 
Their eyes are black moons reflecting emptiness. 
We’ve seen them a thousand times.

Soon the President will speak. 
He will have something to say about bombs
and freedom and our way of life. 
I will turn the tv off. I always do. 
Because I can’t bear to look 
at the monuments in his eyes.






The Orchid Flower

 Just as I wonder 
whether it’s going to die, 
the orchid blossoms 

and I can’t explain why it 
moves my heart, why such pleasure 

comes from one small bud 
on a long spindly stem, one 
blood red gold flower 

opening at mid-summer, 
tiny, perfect in its hour. 

Even to a white-
haired craggy poet, it’s 
purely erotic, 

pistil and stamen, pollen, 
dew of the world, a spoonful 

of earth, and water. 
Erotic because there’s death 
at the heart of birth, 

drama in those old sunrise 
prisms in wet cedar boughs, 

deepest mystery 
in washing evening dishes 
or teasing my wife, 

who grows, yes, more beautiful 
because one of us will die.





The New York Poem

I sit in the dark, not brooding
exactly, not waiting for the dawn
that is just beginning, at six-twenty-one,
in gray October light behind the trees.
I sit, breathing, mind turning on its wheel.

Hayden writes, “What use is poetry
in times like these?” And I suppose
I understand when he says, “A poet
simply cannot comprehend
any meaning in such slaughter.”

Nevertheless, in the grip of horror,
I turn to poetry, not prose,
to help me come to terms—
such as can be— with the lies, murders
and breathtaking hypocrisies

of those who would lead a nation
or a church. “What use is poetry?”
I sat down September twelfth,
two-thousand-one in the Common Era,
and read Rumi and kissed the ground.

And now that millions starve
in the name of holy war? Every war
is holy. It is the same pathetic story
from which we derive
“biblical proportion.”

I hear Pilate’s footsteps ring
on cobblestone, the voice of Joe McCarthy
cursing in the senate, Fat Boy exploding
as the whole sky shudders.
In New York City, the crashes

and subsequent collapses
created seismic waves. To begin to speak
of the dead, of the dying... how
can a poet speak of proportion any more
at all? Yet as the old Greek said,

“We walk on the faces of the dead.”
The dark fall sky grows blue.
Alone among ash and bones and ruins,
Tu Fu and Basho write the poem.
The last trace of blind rage fades

and a mute sadness settles in,
like dust, for the long, long haul. But if
I do not get up and sing,
if I do not get up and dance again,
the savages will win.

I’ll kiss the sword that kills me if I must.





Homeland Security
after Borges

No one is the homeland. The myths of history 
cannot clothe the Emperor’s nakedness, 
no speech empower a vote not counted, 
nor honor the living who are impoverished 
by our anthems for the dead. No one 
is the homeland. Not the heroes of our 
old genocides, the Indian Wars, nor those 
who sailed west with cargoes of human flesh 
in chains, nor those in chains who came 
against their will to work and breed and die 
in the service of their masters, masters 
whose sons would be masters of us all today.

There are no heroes except the ones 
who rise to greet the dawn with empty hands 
and heavy hearts in a brutal time. No oath 
or pledge reveals what’s in the heart or mind. 
No one is the homeland. Or everyone. 
For who lives without a country of the heart? 
And yet we cry, “We!” We cry, “Them!” 
I pledge allegiance to the kind. 
Among the exiled, I make my stand.
No true democracy can be won 
at the point of a loaded gun, nor honor found 
in anthems or cheap paradigms 
based on the social lie. No one is the homeland.

It can’t be found in the grandiloquence
of pompous village idiots who run for office 
because they want the power. Nor in the brilliance 
of the medals on a uniform worn by a man 
whose thinking is uniform and obedient 
as he swears his pledge of allegiance. 
The homeland is a state of grace, of peace, 
a whole new world that patiently awaits.
The homeland is a state of mind, a light 
flooding the garden, a transcendent moment 
of compassionate awareness, one extraordinary line 
in some old poem that reveals or exemplifies 
a possibility… in time… in time…






On the Death of James Oscco Annamaría

When they found his body 
in the trash pile
near Pachachaca Bridge 
in Abancay,

no one could say 
just who it was 
who ripped the nails 
from his fingertips,

who broke his legs, 
who gouged out his eye, 
who finally slit his throat.

No one could say 
who dumped him in the trash 
like a message in a bottle.

No one could say 
who it was 
or why.

But someone knows
whose hand is on the throttle 
and whose is on the gun.

What did the young poet say 
that he should have to die?
Were the authors of this tragedy
a death squad?

Trained by the CIA? 
No one can say.

Someone knew the delicate 
touch of his tongue 
as it brought to life each 
vowel and consonant of the poem.

Someone remembers 
the tear in his eye 
when he spoke of the death of Lorca, 
the timbre of his voice 
when he spoke of The People.

Someone remembers how he dreamed 
of democratic music 
in the shadows of the Andes, 
of poetry with wings.

Surely, the young poet knew 
that poetry is love, 
and in this world, 
love is a dangerous thing.




On the Third Anniversary of the Ongoing War in Iraq
a letter to Hayden Carruth

It’s been nearly forty years 
since you wrote that poem 
about writing poems against 
all those wars, Harlan County 
to Italy and Spain. When your 
Selected Poems arrived today, 
it was one of the poems that 
gave me pause reading it again.

We’ve been at war ever since.
I too, born in World War, 
have lived and written against 
that particular stupidity 
and pointless, hopeless pain 
all my agonizing days. 
Has even a single life thereby 
been saved? Who can say? 
Except that doing so saved mine.

Oh, I could tell you about 
saved lives. There was that 
beautiful young woman in Sitka
whose husband, jealous 
of her poetry, tied 
her feet together with a rope 
and threw her from his boat. 
You have about 12 minutes of life 
in those southeast Alaskan waters.

Or the grandmother in Utah 
who wrote rhymed, romantic sonnets 
and called me late one night 
in my motel because her jaw
was broken, and her nose, and because 
he was still drinking. Or 
I could tell you about Alex, 
doing life for murder over drugs, 
and how his eyes lit up 
when he discovered the classics.

Yes, poetry saves lives. 
All wars begin at home 
within the warring self. 
No, our poems cannot stop
a war, not this nor any war, 
but the one that rages from
within. Which is the first 
and only step. It is 
a sacred trust, a duty, 
the poet’s avocation.  
We write the poetry we must.






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