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domingo, 16 de octubre de 2011

4945.- ALEXIS CUZME


Alexis Cuzme (Manta, ECUADOR 1980). Licenciado en ciencias de la comunicación, periodista cultural y cronista de cine. Editor de la revista rockera Marfuz. Ha publicado los poemarios Desconsuelo (2001), Complot ante el silencio (2003), Club de los premuertos (2006) y Bloody city (2009). Consta en varias antologías locales y del extranjero. Publicado recientemente en Cajita de música, poetas de España y América del siglo XXI (AEP, Madrid, España). En el campo rockero ha publicado el cuadernillo Legión: década pagana (2006). Actualmente se desenvuelve como asistente de edición en la Editorial Mar Abierto de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí.



Podemos mentirle al placer

Sigilosamente
la tarde arrebata desencantos.
Creer en tu sexo,
en su frescura,
sonoridad,
es común y agotador.
Zozobra el artificio,
pero podemos mentirle al placer.
Amor,
tus glúteos encierran otra forma de vitalidad.










Club de los premuertos

Frente al club de los premuertos
avanzo,
mi último pasillo,
contemplo las luces
como Al Pacino y Sean Penn.

Me desconecto:
yo no seré tú
y tú no serás yo,
rompo el nexo de la carne.

Pequeña, llorarás.
Todo principio suele ser así,
revivirás las fotografías,
absorberás el escaso aroma de mis camisetas,
releerás las cartas en que mentí para acercarte,
contemplarás hasta agotar
las colillas vetustas bajo la cama,
mis medias y botines jubilados,
los últimos preservativos consumidos,
mis discos gastados de ritmo
y palabras descompuestas en dolor,
el retrete donde paré el tiempo
para crear quimeras sin olor ni forma.

Pequeña, llorarás,
sobre la cama en que degustamos nuestros sexos
y degollamos la idea de familia
(sobre todo yo,
responsable no era un complemento que encajara en mí).

Mientras avanzo:
pasillo sin regreso,
pálido tumulto giratorio.

Restaré 21 gramos, quizás más,
para apoyar tu creencia almamito.
Tú y tu dios travestirán mi idea tras la ida.

Pequeña, llorarás,
pero cierra la puerta
no me resfriaré con tus lágrimas.
Llamada sin efecto

Mientras retumba una llamada sin efecto,
pienso en ti.

En el decir desconectado por los años,
en el qué hacer tras nuestro último silencio.

Y suelto un pedo para no perderme:
sonoro,
putrefacto,
arrancándome del tiempo ido.

Ey, flaco de ojos rudos, me digo,
¿por qué Wheter llora en nombre de su amada?
es un marica, reafirmo,
de manos pulcras y masturbadas,
gritón albafóbico completando su único valor.

Ey, flaco de ojos rudos,
que más da si todas las llamadas retumban a la vez,
si Karenina y Bovary lamen sus anos
tras la puerta clausurada de un baño público
negándose a morir.

Estás aquí
(sobre tu silla de madera y lana,
descuajando ideas)
depredando palabras,
espiando al mosquito que te absorbe,
contemplando cuándo morirá la mosca que zumba en tus orejas,
oliendo el semen que extrae la soledad.

Ey, flaco de ojos rudos,
que más da si el mundo intenta conectarse,
nada desde afuera lo resuelve en un instante.








Sobre páginas imaginarias

Te escribo desde el árido rincón de la tarde
sobre páginas imaginarias
frente a una taza de café rodeada por insectos
un track inagotable volviendo en cada clic
una imagen adjunta que no paro de admirar
y la idea común que clama destrucción.
Te escribo y me arrepiento:
tus zapatos enlodados
marcan nuevos signos
la continuación de lo insólito tras de mí.
Suprimo el párrafo
la errada selección inliteraria que asoma sin vergüenza.
Olvida que dije ser poeta
es un título grande aun para mi estatura.
Mientras todo sigue igual:
la tarde árida
insectos flotando en mi café
el track parado en cada nota
y la página imaginaria volviendo a su pureza.










Post mortem

Y mi carne
¿por qué no forra
el espectáculo de mis restos?

Mi osamenta,
mi tiza aún compacta,
¿por qué ante manos insaciables?
¿por qué ante rostros eruditos se desgasta?

Rey
durante la estadía en mi oscuro templo.
y ahora bufón,
distracción desnuda,
croquis indefenso.

Y mis súbditos rastreros
¿a dónde han ido?
¿por qué extraños me exhiben
en el circo de la ciencia?

Flaco, ingobernable,
sin luz, era feliz.
Ahora: marioneta, libro releído,
rompecabezas transportable,
alimento intelectual para perros.

Goberné el silencio del concreto
y recibí una fecha:
el comienzo y el final
y de qué me quejo,
si aquí también me han numerado.
Pero soy bufón:
el obsequio ofrecido en la necrópolis.










Retrato de un impulcro

Tallo cuatro letras sobre tus pupilas.
¿Adivina cuáles son?

¿Creerás que intento levantar el sol, en madrugadas,
con la punta calva de mi sexo;
decir adiós (a todo y a todos)
mientras cepillo mis caries
y remuevo algo del sarro duradero?

No reprimas mis estomacales movimientos salvajes,
es la lid interna preexpulsión
de reservas incoléricas descuajadas,
es el hedor que chilla y filtra por aberturas
hasta atacar tu olfato perfumado.

Después de mí
estaré nuevamente:
candidato sucio a la poesía.

Porque reboso de vilidad,
porque mi nariz es una mina
de pelitos antiestéticos
explotada
removida
dispersa
entre la pasarela de mi dedos,
y eso —aunque te cueste soportar— es importante.

¡Que alguien me clausure!
parche mis orificios
niegue la comunicación:
silbido
eructo.

Sólo he tallado cuatro letras sobre tus pupilas
¿sabes cuáles son?







CAMPO DE BATALLA

Nunca dudé que su sexo
fuera un campo de batalla.
En su trinchera
ellos y yo caímos.
Gemidos. Torturas.
Todo confundido.
Hemos muerto en su mazmorra.
Y ahora combate con soldados erectos
que vibran en su obsesión.









DE “COMPLOT ANTE EL SILENCIO”
(Mar Abierto, 2003)

Los degolladores

A pasos tartamudos
donde la carne gira
frente a más carne,
donde los orificios
absorben pensamientos,
donde el anal eructo
se pierde en vibraciones.

Encasillé
a los degolladores
de mi razón torcida.

Fueron
sus saltos,
sus besos,
sus escenas profanadoras
de un yo
vuelto ante mis ojos.

Ahora solo no soy.








Prealba

Escucha la voz
del canto oscuro:
mañana, mañana.

Garrapata impalpable
exprimiendo
la cordura.

Sofocando
con su delgado disfraz
la paranoia.

Escucha,
oculta en su lírica
el enfrentamiento:
mañana, mañana.





DE “BLOODY CITY”
(Marfuz ediciones, 2009)

Justiciero

Cerceno las tajadas negras
de esta metrópolis,
para bañar en sangre
las estaciones
de los gusanos de metal:
tribunas renovadas
para el mensaje.

Mamá me volvió
un enfermo
que adornó su infancia
con escobas,
un asesino de mariposas
sin conversión,
un verdugo
que decapitó roedores
que sobre poblaron la felicidad.

Ahora que retrato calaveras,
sospecho que están sucias,
como el hedor de las fuentes
tendidas en los bordes
de esta cloaca.









Paisaje

Cierro los ojos, veo tu boca
extiendo mis brazos hacia ti
y solo encuentro nada.
Skálibur

Olvidé pintar los números
en la pizarra con tu nombre,
porque en cada viaje
sobre las veredas
me gusta verte atravesar
entre autos y buses,
siempre descuidada
del contacto sanguinario.

Pero avanzo
y dejo atrás llantas
y tu mirada
bajo ellas.



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