miércoles, 19 de octubre de 2011

4968.- GERMÁN KRAMER


Germán Kramer nació el 10 de mayo del 68 puse un pie en la lona en la Ciudad Autónoma de Bs. As. Escribió, Holderlina (96), Lengualarga y el hijo del hijo de puta(99), Mi padre era un oficial nazi (01), Delitos leves (02), El Congo Belga (04), y volumen de cuentos: Increíbles Ofertas (06). No dirije revistas, ni edita a otros poetas, no fundó grupo ni corriente alguna, no influyó de manera decisiva en la poesía de su generación, y nunca tuvo un éxito clamoroso. Recibió diversos galardones entre los que se cuentan todas las desgracias. Es diseñador gráfico y pintor.








DELITOS LEVES

por Germán Kramer*

cargo
veinte iraquíes,
dos afganos,
tres venezolanos
en el tanque de mi fiel NISSAN.
reviso el aceite y el vinagre.
agarro la circunvalación,
cruzo toda la ciudad
por una pinta de stout.



vuelvo a tientas,
lijándome los huesos
contra paredes encaladas.
en el espejo:
el pelo sucio,
la barba crecida,
la claudicación moral de un bárbaro.



emitiendo sonidos guturales,
infrahumanos,
Laura se sacó la remera
y le aflojó el corpiño a Ceci.
Manuel sin short se tiró de cabeza,
jugamos al voley en bolas.
con los pepinacos en agua clorada
nos sentíamos libres,
el tiempo se había detenido...
pero bastó que dijera:
“¡todos a la cama!”
para que me miraran como a un bicho raro,
un depravado sexual.



me asalta una duda,
un cuadro leve de indecisión mancha mi vida monacal.
dejo a todos en la pileta
“¡voy a darle la mano al obispo!...”
“ajajaja”.
al atravesar las puertas batientes de la cocina
cambio de opinión:
voy a la habitación donde se cambiaron las nenas.
la ropa está revuelta sobre la cama.
alzo una bombacha aureolada de efluvios virginales,
la huelo,
respiro hondo, pienso:
la mejor flor.



¡a-rro-rro mi gnomo!
hay un canciller Orgasmo
que balconea en mi bragueta.
esgrimo mi primacía sexual
entre adolescentes acaloradas,
las someto a un tanteo meticuloso.
dejo la pornografía al alcance de las niñas,
le musito a mi sobrinita:
vamos a jugar al caballito,
¡vamos a jugar al caballito!
le musito a mi sobrinita
que ya emplumó una pelusa incipiente
y una pilosidad púdica en la conciencia.

¡qué dicotomía antitética!
¡qué binomio antiestético!
el viejo indecente, la niña inocente.



Jo me observa con ferocidad.
corro detrás de Jo
la encaro y me trabuco
finjo
que no me salen las palabras para tratar de seducirla,
demostrarle lo mucho que me intimida,
lo realmente impresionado que me deja.
pero no es boluda,
es la menos boluda de las tres.



ella va a la facu
prende la compu
compra zapatitos rojos en Bordeaux
y asocia la profundidad con un
pozo.



formalmente
no va a cambiar nada.
no me van a salir pelos ni escamas,
todavía tengo pensado
seguir caminando
en dos patas,
bien erguido
como el resto de los mortales.
pero tampoco quería que nos quedáramos en silencio,
como si lo único que nos hubiese unido
fueran peleas absurdas,
discusiones interminables.



el Paraíso, el árbol,
está podrido.
lo vi cuando tomaba el sol con la putranca.
yo sé que empezamos a odiarnos
porque no teníamos tinta en las impresoras
y así dejamos de tener una salida,
una liberación.



¡Geeeer, cierra el supelmelcaaaado!
rápido rápido
me cambio de pantalones sin sacarme los zapatos,
destino mi último esfuerzo
en intentar pasar el zapato por la bocamanga.



...será un sabio... se las rebuscará de esta manera para sobrevivir... echando mensajes crípticos entre frases simples... o ése, su auxiliar, metiendo naranjas en la bolsa con plena conciencia de su condición mortal: será su discípulo... estará esperando alguna suspicacia para transmitir su conocimiento...



1 kilo de naranjas
6 naranjas en la bolsa
3 destornilladores
7 tragos por vaso
2 sodomizaciones en la cama.
3 nalgaditas para quedarse dormido
sobre un charquito frío que se escapó del trapo.



está todo unido
por lo cual
tienen que coincidir un montón de cosas
para que esté todo disperso.
en sueños inducidos
un perro me muerde la mano,
me despierto a mitad de la noche sobre la mano acalambrada.



Shams-i Tabriz y su discípulo Shaddad recorren la aldea por su propio pie. Debe ser invierno porque tienen la ropa fría. Miran los frondosos árboles del camino y escuchan el trinar de los pajaritos. Van pasándose un cartón de vino tinto. Están borrachos.



–¿Por qué no amamos a quien nos ama? –pregunta el díscolo discípulo Shaddad a su Maestro Shams-i Tabriz .
–Nos odiamos a nosotros mismos, Shaddad –responde Shams-i Tabriz –: vemos la ceguera de nuestra amante que impide ver las debilidades de nuestro ser abyecto, y amamos a quien no nos ama porque percibe nuestros defectos. He aquí una curiosa forma de amarnos a nosotros mismos.



–Cierto, –repone Shams-i Tabriz , observando una mona ataviada con una tortilla–, el hombre no ama a la mujer. La mujer es una ocupante ilegal. El hombre ama el vacío y la mujer llena ese vacío.



–Mirá –dice Shams-i Tabriz, señalándose las rodillas–, mi onerosa toga de lino manchada con desodorante a bolilla. Todas las mañanas me inclino para atarme las sandalias. Sentado al borde de la cama, apoyo los sobacos acá –dice, dándose palmaditas en las rodillas–. ¿Cómo mi Laia puede comprar desodorante a bolilla a la persona que dice que ama?



–Al principio la sentía cerca cuando estaba conmigo y lejos cuando se iba –le dice Shaddad a su Maestro Shams-i Tabriz–. La comencé a sentir distante cuando estaba y cerca cuando se iba. Ahora, cuando nos vemos me encuentro lejos y cuando me alejo la olvido.



–Observa al hombre común –dice Shams-i Tabriz –. Suple la necesidad de amar a otras mujeres viendo enfermizamente a la misma todos los días. De ahí se sigue el matrimonio y los hijos para airear un poco el hastío. Cuando fracasa el amor nace el matrimonio, cuando muere el matrimonio nacen los hijos. Siendo la pasión lo primero que se extingue para concebir el amor.



La atracción del día es un cadáver que quedó de anoche. Lo velan a cajón cerrado. Llevan las manijas filosas del ataúd y oyen el responso en un idioma que no conocen...
Caminan por el campo desgranando la mazorca, las manos en los bolsillos, sin maestros ni discípulos.



Estalla finalmente el Shams-i con potente optimismo:
–¡Ah, vieja cajera concha de alcancía. Todos lados adonde mirás son una porquería! Ella está muy apurada y lo que ha faltado siempre es una explicación. Estamos acá y superamos la curiosidad que inspira lo desconocido. Está muy apurada porque ya somos parte de lo desconocido. Ella está muy apurada porque solo falta conocernos a nosotros mismos .



El detalle irrumpió en el ojo y no tenía una visión abarcadora de las cosas. Hasta hace poco creía que había cosas ocultas. No hace mucho descubrí que no hay cosas ocultas. Las cosas recién se revelaron. Lo que hasta ayer era oculto hoy se descubrió.
–¿Qué lo velaba?
–Su descubrimiento.



–¿Te acordás cuando tenía las llaves de tu casa?, –pregunta el Maestro Shams-i Tabriz–. Un día partí. Ahora las llaves de las palabras son tu hogar. Espero que tu dirección todavía llegue a tu casa, pues puse tu casa en un buzón y viajo de polizonte en el sobre para entrar nuevamente a tu corazón. Quiero decir, para volver a tu casa tengo que dejar de escribirte, y ya superé el laberinto que tendiste para liberarme.



Y en absoluta congruencia con este relato:
Este maestro es cualquiera -piensa Shaddad-, manda fruta.
Lo asalta un deseo sintético. A diferencia de su maestro, se relame pensando en un tibio bivalvo. Ahora el discípulo tiene ganas de hacer algo con el sexo: cualquier cosa.



El discípulo se escurre sigilosamente a mitad de la noche. Todos duermen. Lau dejó la puerta abierta: desnuda, hace que duerme, boca abajo, con una remerita blanca.



el discípulo
se detiene en el hueco de la puerta de Lau
y goza
del límite imaginario
trazado en la línea de demarcación
que divide el cuarto del pasillo.
no sabe a ciencia cierta
qué cosa está más dura,
si el marco de la puerta que sostiene con la izquierda
o el tronco de madera que agita con la otra.
Lau oye un repiqueteo chicloso
y repentinamente,
chirriar los goznes de gozo:
saltan los sesos del cíclope.
la prosapia germánica de Hermann Shaddad
lava el marco, la pared, los pies, el piso;
y deja un poco de baba ahí también.



toda leche derramada
viene de antemano negociada;
dinero infiel que siempre se va con otro,
como las putas.



de cómo la niña concreta su misterio gozoso.

ronronea
su culito pendenciero
boca abajo
dormida sobre la sábana
dormido el palo remolón.
sin embargo ronronea su culito pendenciero
con pequeños grititos entrecortados
con estrepitosos gritos severos.
trepa a su cuerpo
y se la mete
despierta enojadísima
grita
lo insulta
él bromea cariñosamente
hasta lograr su aprobación.
vuelve a treparla
y se la mete absurdamente
por el agujero fecal.
la lengua descuélgase
y como lengua delatora la pija
donde despaciosos reflujos recurrentes
y azoradas contracciones
vomitarán
semen loco por la herida
reverbera destripándola
cuando sale de la tripa.



el sábado fuimos
a una de esas fiestas
punchi punch
que se hacen en garages del centro,
(corredores estampados con graffitis cabuleros,
colas interminables para entrar al baño):
¡si necesitás papel higiénico avisame! –gritó Rox–.
¡cuando tomo me dan ganas de cagar! –agregó–.
disimulando la impresión
que le provocó el rechazo, Shaddad sonrió.
después
le dieron ganas de coger.



en esa sexión del Dr. Ogas
nos disputamos la más larga y la más gorda,
a menuda ración, solución salomónica:
peiná vos que yo elijo.
un adolescente pinta
el nombre de su grupo favorito,
descolorido para el resto de los mortales.
La Fura dels Baus, fuera De la Rúa.
patria o privatizadas.
tacho patria, tacho privatizadas,
me quedo con la "o".



hipnotizados por
la instantaneidad de la coca
o la postergación del faso,
exageramos proezas deportivas
y conquistas amorosas.
sacamos arando el Caprice
de 1000 dólares,
dejando dos surcos de veinte metros
de goma quemada
en el pavimento.



pasa la velocidad de los pensamientos rápidos
en el convoy de lo que quería decir.
la tortuga pasa con las patas embarradas.
ayer llovió.



pongo un bife a la plancha.
toda la casa se llena de humo.
una vecina está baldeando el patio.
me tengo que asomar a la ventana:
es más fuerte que yo.


pongo las tazas sobre la cafetera
para conservar el calor
los chopps en el congelador para mantener el frío
las luces bajas para distraer a los curiosos


y salgo
a comprar una ensalada de frutas
que reclama
el tubo recocido
que une la garganta con el estómago
y caminar seis cuadras
gastar dos pesos
sentir el jugo frío mezclado con agua a través del envase
abrir el pote y meter la cuchara de plástico
entre frutas desfiguradas.



me confundo
no sé si tengo que devolver en el video
la película que vi en la tele.
no se puede decir que mire la tele
porque miro a través
de la tele
unos dibujitos
que a mi entender
remedan un equilibrio perdido.
se sobreimpone la estampa de mi padre,
cruza en diagonal
ensayando una danza serbo croata.
salta en una pierna,
la otra pegada contra el pecho.



alquilé cualquier cosa.
mira embobada la película
que alquilé cualquier cosa.
“mirá las tuin tauers”.
extiende el brazo,
manotea sin éxito,
abriendo cerrando la mano
tenaza
el chopp que está del otro lado.
“está del otro lado”. dice
que mire la película de mierda que alquilé.
hoy tampoco va a haber sexo.



la película terminó bien
y me siento tranquilo.
no marcho por la manga hacia la faena,
voy por el pasillo a la cocina.
enciendo la luz.
las cucarachas corren
a refugiarse en los rincones,
se arrastran junto a un futuro incierto,
no saben que mañana
vendrá el fumigador.



a la noche me caminan por la espalda
atrapo una
la trituro entre los dedos.
por la mañana miro donde cayó muerta
sin señales de vida rastrera:
aplaudo,
me pongo de pie,
me arrastro al trabajo
como la cuca moribunda.



miro
los restos anatómicos de una hoja
recostados
en el muslo tostado de una chica
que inclinó la cabeza
cuando una rama abofeteó las ventanillas.



un puro en los labios
exhibe la opulencia
que mi bolsillo contradice.
una carcasa negra
crece en el espejo retrovisor:
tiene la luneta llena de calcomanías.



“circule con precaución
accidente en acceso a colectora”...
el limpiaparabrisas niega la tormenta,
la arboleda pelea a ramalazos.
buscando ese accidente
que no existe por ningún lado
disminuyo la velocidad de una manera imprudente.
temo que puedan predecir el futuro
y retrospectivamente,
(transijo todos los días con motoqueros muertos)
ese avatar me esté destinado.



empiezo por las ramas más bajas de los árboles,
corro los troncos, aplasto los sapos,
quemo las cortaderas;
me sorprendo señalando los árboles nativos
que sueño con quitar.
a la tardecita
vuelvo colorado,
con botellas, paquetes de cigarrillos,
veneno para ratas.



-no es conveniente
hacerlo funcionar más de tres veces por día-
dice el técnico del lavarropas.
éstas son cosas que necesitamos en nuestras vidas:
sabiduría que se transmite de generación en generación
información valiosísima para el imperio.

casi debajo de un árbol frondoso
una bicicleta tumbada en el pasto.
y con esta imagen me jubilo.



al asado
van llegando los circunstantes.
con la espalda ancha y las piernas delgadas,
con las piernas gruesas o el torso raquítico,
a un cuello de toro corresponden pantorrillas de tero.
es como si San Juan Bosco,
patrono de los gimnasios,
o Nuestra Señora de la Educación Física
hubieran desencuadernado sus rutinas.



Escucho el tableteo de un auto Unión. Un viejo autito que solíamos llamar “el rapapá”. El motor de explosión de dos tiempos funciona con una mezcla a base de nafta y aceite. Cuando regula hace paaapapapapapapapapapapapapapapa paaapapapapapapapapa paaapapapa, y cuando lo aceleran un poco, aumentando la entrada de aire carburado para alcanzar mayor potencia: raaapapapapapa raaapapapapapa raaapapapapa raaapapapapapapapapapa...
Un pullover a rombos agita las mangas; alzo una mano para saludar. La autovía a 200 mts. canta como una motosierra.
¿Quién debajo de un cielo redondo lleno de estrellas no ha sentido un profundo dolor en el corazón?

http://www.no-retornable.com.ar/poesia/0039.html


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