martes, 18 de enero de 2011

2850.- MOHAMED SALEM ABDELFATAH (EBNU)

MOHAMED SALEM ABDELFATAH (EBNU)



Poetas saharahuis: Limam Boicha, Ali Salem Iselmu, Ebnu y Bahia Mahmud Awah

Mohamed Salem Abdelfatah Ebnu nació en Amgala, REPUBLICA ARABE SAHARAUI DEMOCRÁTICA (Sahara Occidental), en 1968.
Es licenciado en Lengua española y Literatura por el Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río, Cuba. Actualmente vive en España y ha participado en las antologías de poesía saharaui contemporánea “Añoranza” (Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de las Islas Baleares, 2002), “Bubisher” (Editorial Puentepalo. Las Palmas de Gran Canaria, 2003) “Aaiun, gritando lo que se siente” (Universidad Autónoma de Madrid, 2006), “Um Draiga” (Diputación de Zaragoza, 2007), “ 31” (Editorial Sombrerete y Sandblast, 2007) y la antología de relatos “Don Quijote, el azri de la badia saharaui” (Universidad de Alcalá de Henares, 2009).

La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria publicó su poemario “Voz de fuego” en 2003. En 2008 fue editado su segundo trabajo en solidario “Nómada en exilio”. Es miembro fundador de la "Generación de la Amistad saharaui".





Esperanza

A todos los saharauis que esperan
entre las sombras del terror
el día de la definitiva libertad.


Entre las calles
enrejadas del olvido,
las manos atadas
a las espaldas del tiempo,
hierven tus desordenados
huesos de porcelana.

Rumores me traen
tu reciente dolor añejo.
La leyenda crece
con tus lamentos al alba.
Mientras,
tus sueños vagan condenados,
esquivando uniformes y espías.

Sin embargo
más allá de tus labios rotos,
del hermoso rostro desfigurado,
de la mirada oscura y ausente,
se adivina tu laudable sonrisa de gloria.
Tu firmeza de acacia solitaria.
Tu fiel esperanza de libertad y primavera.









La opulencia de los pobres

IGLESIAS
MEZQUITAS
SINAGOGAS
PAGODAS

Hermosas formas y alturas
se alzan en nombre de Dios
desafiando la miseria de los pobres
de los eternos vagabundos del señor
que pululan por las callejuelas de la vida
implorando al todopoderoso
un simple cobijo
donde abrigar su hambre de mañana.

subir
El poder

Hoy es día de fiesta
los poderosos mostrarán orgullosos
sus fastos al poder.

Los otros sacrificarán sus sueños
y la sumisión de sus antepasados.

Los pobres ¿Qué sacrificarán?
lo más seguro
es que devolverán al señor
la única riqueza que les regaló
le ofrecerán sus hijos
pero antes
esperarán hasta que el sol
se eleve dos palmeras sobre el horizonte
por si el arcángel quiere aparecer.

¿Quién sabe si no se repite el milagro?
y además
¡Dios es tan poderoso.!







Nuestra era

Esta es la era
de la soledad y el silencio
los amantes son desconocidos
que vagan tomados de las manos
por aceras distintas
en las interminables calles
de ciudades perdidas.

Los transeúntes cabizbajos
van tropezando con
la podredumbre del futuro
que anuncian los lumínicos
de rascacielos invisibles.

Los niños se arrastran
mudos y descalzos
cargando sus penas
en busca del presente.

Mientras
el mundo va nadando
en aguas turbias
de ríos hediondos
que desembocan en el umbral
del nuevo milenio.
En esta edad
de hambrunas y guerras
en esta era
en que a nadie
se le ocurre pedir
una palanca para mover el mundo.







Hijos del sol y el viento

Aún vivimos en las esquinas
de la nada
entre el norte y el sur de las estaciones.

Seguimos durmiendo
abrazando almohadas de piedra
como nuestros padres.

Perseguimos las mismas nubes
y reposamos bajo la sombra de las acacias desnudas.

Nos bebemos el té a sorbos de fuego
caminamos descalzos para no espantar el silencio.

Y a lo lejos
en las laderas del espejismo
todavía miramos, como cada tarde
las puestas de sol en el mar.

Y la misma mujer que se detiene
sobre las atalayas del crepúsculo
en el centro del mapa nos saluda.

Nos saluda y se pierde
en los ojos de un niño que sonríe
desde el regazo de la eternidad.

Aún esperamos la aurora siguiente
para volver a comenzar.






Un día romántico

Era un día romántico
solitario y gris
como estas colinas.

Todo era escaso
melancólico y triste.

--Excepto nosotros—
que, en la abundancia
y la gracia del señor,
el pan y las heridas
compartíamos con las moscas.








Ausencia

Desde los escombros de mi cuerpo
azotado por el viento y la lluvia
renacen las ganas
de tiempos ya casi inmemoriales
cuando aquella noche
escribí mi vida sobre tu vientre
con espermas celestes.

Desde los restos de mi osamenta
busco tus manos
para rascarme la sed
del último suspiro
que ahogué entre tus piernas.

Desde esta celda
reclamo mi soledad
que una noche huyó contigo
dejándome solo
entre tus fantasmas y mis verdugos.








Si mañana

Si mañana desapareciera
en el infinito de la gruta del olvido
mi galaxia
yo podría reír o llorar
-- Eso depende—
pero me gustaría más reír
y no darle el último adiós a mi vida.

Si llorara
mi llanto sería silencio
porque no solamente pierdo
mi galaxia
también pierdo la tuya.

Si mañana
súbitamente desapareciera
el dolor que deforma mis piernas
ofreceré a los senderos mis pasos
con amor
y repartiré mi corazón y mis manos
entre aquellos que son humanos
sólo porque aún pueden sentir
el dolor.









Ven

Ven a sentir la paz de la distancia
a contar las horas del exilio silencioso.

Ven a meditar sobre la gramática
de las hierbas secas de primavera.

Ven a sentir las caricias del siroco
en tu piel muerta.

Ven a besar el excitante polvo
de los caminos del viento.

Ven a escuchar los ecos del tiempo
en los ojos plateados de la memoria.

Ven a recordar juntos
el olor de la última lluvia.

Ven a sobar el vientre
de una cascabel grávida de palomas.

Ven a perseguir los espejismos
para saciar tu sed de vergüenza.

Ven a devorar las nuevas flores
que parió la ingratitud de las estaciones.

Ven a roer los huesos
que sobraron del banquete de la guerra.

Ven a beber el último vaso
del primer té de tu infancia.

Ven a escalar las alturas
de la añoranza perdida.

Ven a permutar tus dientes de leche
por los colmillos de la serpiente noctámbula.

Ven a mirarte el triste rostro
en el espejo de una mañana olvidada.

Ven con tus penas
Ven, incluso, con tus glorias.

Ven a llorar
sobre la tumba de una madre
que llora eternamente
para que tú derrames una lágrima.







Amgala

Las olas del tiempo rompen
contra los muros de la memoria
erosionando las huellas
de mi infancia lejana.

La distancia,
engulle los indefensos recuerdos
que vagan dispersos a la deriva.
--El almuédano despierta la mañana—
y yo me acuerdo de ti, Amgala.

Bajo las estrellas
recito el nombre de Alá…
las suras del Corán,
esquivo la extraña mirada
y las lágrimas se derraman
sobre el cuaderno de lengua castellana.

De la aburrida escuela
me iba al encuentro con el mar
mi seco río de orillas blancas y tibias
collar dorado que acaricia
las sombras de las montañas y los pastores
riberas donde jugaba al escondite
con las olas y las flores.

--El almuédano perdió la voz
y el maestro cruzó la frontera—

Sola te quedaste, Amgala
sin vientre y sin senos
sin brazos y sin ojos
sin padre y sin mí.

Al duende parlanchín,
esclavo de tus pozos y alturas
se le ahogó la voz en la distancia.

--Ya no me responde—

¿Acaso murió de soledad…
o lo desterró la tormenta
que arrasó tus polvorientas calles
donde aún ruedan
mis sueños y mis canicas?

La tormenta,
arrancó la acacia
de los huesos colgantes
y secó el huerto
de los higos verdes y sandías.

Las mariposas
se quedaron sin niños
y se alejaron persiguiendo sonrisas
entre los proyectiles de la guerra.

--Tras los barrotes del invierno
espera, pacientemente, la primavera—

Esperas tú.

Espero yo.

Espera la mujer
que grita su último dolor
destrozando el silencio
y el niño que llega de madrugada.

Esperamos todos
en esta estéril inmensidad
que se extiende entre el cielo y la nada.

Amgala, sin mí te quedaste
pero quedaste conmigo
abrazada a mis venas
alimentando mi corazón
de caravanas de sal y de miel
de gacelas paleolíticas y golondrinas
de odres de leche y palmeras.

Sin mí te quedaste
pero conmigo volverás
para encontrarnos y pernoctar
bajo la sombra de tu aliento
en el interior de tu extraviada muralla
y quedarnos a solas
contigo y tus reliquias de barro y piedra.









Lágrimas de arena

Tiempo de escombros
que se derrama
sobre la miseria infantil.

El pan se fosiliza
en un horno fantasma
y la leche se evapora
en los pechos secos del espejismo.

El agua emigra hacia el norte
y un niño pregunta por el mar.

Las lágrimas de arena
surcan el rostro del viento.

Una madre sin esperanza
comienza a llorar
y un padre de impotencia
vuelve los ojos hacia La Meca
y se pone a rezar.









Otra despedida

Al sur de la almohada
queda un adiós ajeno,
erizando nuestro abrazo.
Un adiós
como un conjuro de la ausencia,
para desterrar a los amantes
nerviosos de la aurora.

Nos aferramos al abrazo,
al presente,
a la tradición que domesticamos
evocando los primeros besos
que acallaron las voces
de nuestros silencios vagabundos.

Al sur de la almohada,
queda flotando el aroma de la duda.
Dos amantes.
Dos silencios.
Dos soledades,
se cruzan sobre las ascuas
de una nueva despedida.








Novedades

Sentado en un café
busco entre los anuncios de un periódico
las novedades del día.

¡Al fin los encuentro...!

Las mismas de ayer
o del año pasado.
Muertes, abusos.
Guerras, hambrunas...

“ Se pospone el futuro
hasta nuevo aviso”
“Seis universitarios saharauis
son detenidos en Marrakech,
porque otros seis han sido
condenados a prisión”.

Me quejo de la calidad
del café de Etiopía.
¿Qué más puedo hacer?
Tal vez mucho...
Tal vez nada...
Pero me preocupa alejarme,
sentirme cada vez más ajeno
a mi propia historia.

¡La cuenta por favor!








Llegado el momento...

Llegado el momento
hemos de volver
a buscar las huellas
que alimentaron
la voracidad del viento.
Los aromas
que se disiparon
entre las densas tardes
de inciensos invasores.

Qué queda...
después de las huellas,
después de los aromas.

Sólo la añoranza
de volver a lo que el tiempo
desterró para siempre de nuestras miradas.

Qué queda...

Sino vestigios
de una vida abandonada.
Una pala de sepulturero.
Y un montón de piedras que
señalan las fronteras de la muerte.







Canta Mariam

Canta Mariam,
Canta.
que tengo el corazón ausente
y la voz quebrada.
Canta Mariam,
Canta.
Que Sreiser Dahbu ha vuelto
y los caballos dejaron
de llorar su ausencia.
Canta Mariam,
Canta.
Que las olas vuelven
a besar tu risa
y un niño por las calles de El Aaiun
te llama hermana.
Canta Mariam,
Canta.
Que mi amor espera
en la tierra sin sombra
en la tristeza de mis versos
mientras cantas las nanas
que engendró tu voz
de flauta pastora.
Canta Mariam,
Canta.



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