martes, 31 de agosto de 2010

782.- MARVIN BELL




Marvin Bell. Poeta estadounidense. Nació en 1937, en Brooklyn, Nueva York. Entre sus dieciseis libros de poesía se destacan El libro del hombre muerto (Canyon de cobre, 1994) y Ardor: El libro del hombre muerto, vol. 2. (Canyon de cobre, 1997). Actualmente enseña en la facultad del MFA en programa de escritura en la Universidad.





LOS TRES ÁNGULOS DE LA REALIDAD

Uno puede hablar largamente
de los tres ángulos de la realidad
—lo que se ha visto, lo que se creyó
haber visto,
y lo que se creyó que se debió haber visto—
y olvidarlo.
O se puede argumentar el relativo mérito
de mirar hacia atrás, como oposición
a mirar hacia adelante o mirar con indiferencia,
y estar dispuesto a terminar
en cualquier momento.
¿Y quién puede disponer de semejante tiempo?
—preguntaban cuando tenían tiempo
de preguntar; y parece que hubiera una película
que se exhibiera otra vez exitosamente
en consideración a estas preguntas.
Siempre, las más hondas preguntas
están entre nosotros,
apareciendo para inquirir por nuestras vidas.
Bien, les daré las respuestas adecuadas:

"¿Cómo reconoce usted la poesía?"
—Tiene aspecto de poesía.
"¿En qué se distingue la prosa de la poesía?"
—La prosa tiene otro nombre.
"¿Por qué escribe poesía?"
—Porque me hace sentir bien.

Y generosamente reparto muestras de mi gozo.

(Traducción: R. Vargas)






Sí, se puede

Somos un pueblo que empezó de un Sí
Una nación nacida del sí en las tierras de labranza

El sí grabado en la tierra y piedra
En las minas, en el mar, en las máquinas
que hicieron las vigas que construyeron
las ciudades en las ideas grandes
que nos hacen humanos

En el sí que viene de cada calle
donde se mantiene un amor de antepasados

Y una red por los niños cuando se caen
donde estuvo un sí por “Intentemos”

Y un sí, podemos hacer mejor, y un sí

Que creció a envolver nuestra América más grande
sí al trabajador de hierro en los rascacielos, sí
a los excavadores de los túneles y los pilotos,
sí a los que todavía trabajan, a los fabricantes,
los constructores, los transportadores,
los guardianes

A los maestros que tuvieron que conformarse.
Es el sí que canta y da luz a la oscuridad.

Es el sí en los colores innumerables de la unidad,
Y lo que quiere decir ser un adulto.

En los arcos iris de gasolina junto a los bordillos
Mientras el padre lleva a su niño a la escuela

Y la madre lleva su almuerzo al trabajo
Y el padre lleva sus papeles
Y la alumna su tarea

La carpintera su medida, el pescador su equipo
Y ¿quien se atreve a decir que no podemos
al amanecer?

¿Ha escuchado el llanto de sí del recién nacido
que está junto al seno de su madre,
y escuchado el sí susurrando en los campos
en el tiempo de cosecha?

Hay un sí que no se calla
En la cabeza de la científica cansada
en su escritorio

Y el doctor mientras que estudia los rayos X
después del trabajo.
Somos el sí de cada continente,
el sí nacido de carne y hueso que vino

Por buque y barco esclavo, la pluralidad
de todos quienes eran las primeras personas
de la nación

O llegaron después, por varios senderos
sin importar lo que costara

Hemos sido un conjunto de esperanzas
Y deseos, del futuro, de bendiciones, de dolores
Y placer, de las libertades sagradas
Por los cuales las familias han laborado y sufrido.

Todavía queremos decir sí, sí a la igualdad,
Sí a lo mejor dentro de nosotros, sí y sí a la idea
que se nos juzgará por lo que hacemos por otros
gratis, y entonces hemos dicho sí, y sí otra vez,

Una nación, un pueblo, y sí, se puede.


[Marvin Bell, quien sirvió dos períodos
como el primer poeta laureado del estado de Iowa,
escribió este poema cuando un partidario
de Obama se lo pidió.]

Traducido del inglés por Andrés Alfaro









UN POEMA DE AMOR

No eres hermosa, exactamente.
Eres hermosa, inexactamente.
A Dorothy de Marvin Bell

No eres hermosa, exactamente.
Eres hermosa, inexactamente.
Dejas que crezca una hierba mala por la morera
Y una morera por la casa.
Tan cerca, en el silencio personal
De una noche ventosa, roce la muralla
Y aparta el día hasta que dormimos.

Un niño lo dijo, y pareció verdad:
“Las cosas que se pierden son todos iguales.”
Pero no es verdad. Si te perdiera,
el aire no se movería, ni crecería el árbol.
Alguien arrancaría la hierba mala, mi flor.
El silencio no sería el tuyo. Si te perdiera,
tendría que preguntar al césped que me deje dormir.

*Traducido del inglés por Andrés Alfaro





781.- RAMIRO OVIEDO



Ramiro Oviedo. Profesor y escritor ecuatoriano (Chambo, 1952), ha alternado la docencia en varios colegios de Quito con la escritura. Integrante de varios talleres literarios. Vive en Francia desde 1987. Actualmente es profesor de Literatura Latinoamericana en la universidad del Litoral, en Boulogne Sur Mer. Fue incluido en la Antología esencial de la literatura ecuatoriana contemporánea. Bibliografía : Serpencicleta, 1995 ; Esquitofrenia, 2000; Escanner, 2005; Hiéroglyphe, 1997 ; Semaine Sainte,1998; Fanesca, 1999 ; La nature se méfie de la vitesse, 2001 ; Les poèmes du Colonel, 2002 ; Los poemas del coronel Buendía, 2007.- Premio Trouvères 2002 y Claude Sernet 2004.



Color hueso 1

A Bruno Pino

Me gusta el color hueso.
-el único que se ha comido la lengua-
humano hasta la médula
vive sin brújula
sin nudos en los pies.

Buscando algún rincón, un hueco,
alguna página
Un segmento de algo para tatuar su sombra,
el artista
Halla una calavera –un cráneo seco- escupe
Una sorpresa, así como un tatuaje
Que salta desde allí para posarse luego
En el hombro derecho de los viandantes
Diciéndoles
“No corras que ya vengo”.

El batracio es poeta
Y cuando canta llueve por los alrededores.

La perra del olmo
El artista escupe un batracio en un huevito
cósmico
Y dios se queda mudo. El poeta orina
Y se queda después como una diva
Tomando el sol en aquel lecho óseo.

En su hueso frontal
Hay una tuerca que canta por las noches.
Cada croac-croac es una lluvia de sílabas

Un cráneo nunca muere
Peor en Quito.







Sin título

1. Llueve prácticamente gratis
Se me hace humo la boca.
Las torres de las iglesias
flotan como orejas de burro
En medio de la bruma.

2. Como en un óleo de Víver
Quito se ha dormido de pie
Frente al museo Camilo Egas.
Las golondrinas se acurrucan en una cornisa
Muy cerca de una lumbre de miel
Y se ponen a escuchar las palabras de la lluvia
Chorreando sobre los taxis.

3. Esta ciudad es mujer
No cabe duda.
Si no es mujer es un travestí mago
Duende o camaleón, ciudad Miss Mundo
Turista de sí misma
Va saliendo como de un cuadro de Zapata
Vestida con palabras de candela

4. Lo que es yo
Me quedo en esta acera donde el domingo
es gótico.
Aquí
Los ciegos son luminosos
-No impostores-.
Y las mujeres caminan bonito.

5. Llueve a ritmo de rap
Pero llueve también agua de lejía
Sobre el ciego del barrio y sus harapos.

6.Llueve sobre el paraguas
de un par de enamorados
-no se sabe si escarcha o sí esperma-
Entreabriendo los ojos más felices del mundo
Interrumpiendo un beso de caníbales
Se echan a correr al café de la esquina.

7.Llueve en esta ciudad
Y La Mariscal es el único reloj
En perfecto estado de funcionamiento.

8. No cabe duda
Esta ciudad es mujer.
(Ni la menor idea de dormir)
El revuelto soy yo
Nadando entre dos aguas,
Como Piscis barato.





Color hueso 2

Ayer lunes
La calavera me hizo un guiño
Exclusivamente mío.

No lejos
La catedral parecía una cerveza rubia
vista con lupa.

Los pájaros comenzaban a tomar por asalto
El cielo de la universidad
Los enamorados parecían poemas tirados
en el césped
Y las secretarias soñaban que era viernes.

Los inmigrantes en España
Compraban desaforados los periódicos
Para ver si era cierto la revolución.

Excribir
Cúmpleme advertir a quienes quisieran
Que tire la toalla y deje de escribir
Que me siento en la imposibilidad
de poder complacerles.
Es más
En adelante voy a escribir
aunque sea con caca
Entonces
Métanse nomás la offset en el culo.
Una cosa es que el poeta
acepte la inutilidad de lo que hace
-sin regateos ni justificaciones-
Y otra muy distinta
Que le quieran obligar a pegarle una mamadita
Al señor Presidente de la Casa de los Mil Artículos
Al gordo de las ediciones tutti-futti,
A la comadre de la librería Tripa-Mishki
Sin hablar del cabrón de la tele
Ni del canal
Del cuñado del tío del sobrino
De la Sagrada Concha de Su Madre.
Yo soy un puerco espín
!A mucha honra!

Del Álbum de la Poesía Ecuatoriana reciente,
selección Fernando Andrade







El hombre tragado por la lluvia

Un nubarrón se había colgado sobre Macondo.
El cielo se agitaba como diablo en botella.
El viento mostraba sus dientes de perro.

Entonces
Sentí aterrizar en mi nariz una gotita
de terciopelo.
Luego flotaron en mi sombrero
dos o tres pasos de bailarina,
Que remataron mis hombros
con un besuqueo de agua.
Para torear la lluvia entré a la cantina
de Catarino
Desde ahí pude ver a Isabel mirando
detrás de la ventana.

El último rayo de sol iluminaba el mantel
de la mesa
Mientras la sombra de un hombre
penetraba en la lluvia.

Ya éramos dos los espectadores.

Veíamos las huellas.
De sus pasos de lobo.
Su corazón de tambor
Sus ojos de candela.
Con una alegre ignorancia iba entrando
en una selva de agua,
En una lluvia podrida por la bruma
Mientras las nubes se arranchaban las tripas.

Y entonces, Dios se puso a mear parado.
Llovía arañas.Llovía diesel
Llovía nudos y uñas
Llovía mariposas negras
Los aretes de todas las vírgenes llovía.


El hombre
Quería asirse de un retazo de aire
Cortar la lluvia con sus manos ciegas
Pero llovía jeringuillas.

Tropezando con esas sogas de agua
Abrumado por esta lluvia de alfileres
El hombre se zambullía en el hocico de la bruma
Lo vimos permanecer suspendido
entre los labios del torrente
Como un espantapájaros.
Y luego
Dios se puso a vomitar su resaca.
Llovía sangre
Llovía pena
Llovía café en Macondo
Llovía trago puro sobre la misma lluvia.

Al fin
Fusilado por la lluvia
Lo vimos atado por las cuerdas del diluvio
En pleno centro de la sábana blanca del siguiente día
Tal un charco de nube en carne y hueso.

De su boca recogimos un poema muerto.







Asfixia, no me quieras

Querida as fixia mía te
escri bo para de cir-
te dos
pala bras : última-
mente me quieres dema-
siado.Sobre todo desde el vier nes úl-
timo.Ya vamos mar
tes y nadfie rexuxita.

A pan y a-
gua me tie nes
( a mí que no soy
místico) y me mue ro
porque no
mue ro de ver güen za
si no de ma-
che ta zo ecuatoriano
de re sa ca
depoe mapo drido mue ro
mue ro de mu cha gen te
que me quiere como
nun ca
para siem pre mudo.

Mar tesya
Yniunaputasílaba
Nisisisisisiquiera la no.

El aire se derrite
Las palabras son un líquido rojo
-poesía en regla-
cerca del tío vivo y sus caballos
de palo popular.

Las palabras
buscan la orejaqueseasfixia
en un abrir y errar de ojos
como la mano ciega del que vota
como la boca tuerta del que lee.






De huesos lleno estoy por todo el cuerpo

Sí. De pies a cabeza los huesos se apoderan
del escombro
y vuelve a dolerme el hueco de la muela.
Este cacahuete con necrosis,
esta muela mía.


Una caries de luz
invade mi esqueleto que se muere de risa
los ojos hinchadísimos de aire
en la caja betunera de la noche.

Querida muerte
siéntese aquí,
no joda,
le leo unos poemas.






Escáner

Mi cuerpo ha perdido la gamuza
y ya no huele a mango.
Toda la manzanilla que traía la perdí
en una apuesta
con una bruja de cuento.
Mis pies son un zig-zag de puntos suspesivos.
y las lágrimas que nunca lloré
se me escapan solitas
de par en par.

Me queda la memoria
como clavo de olor
para la muela huequeda que sigue respirando.
Duele como respira esta muela maldita.

En unos años más
36 piezas dentales relucientes
como una sucursal de la General Motors
sonreirán en mis dos maxilares.

(Por favor
tengan lista toda la caña de azúcar de la costa
para el país de bambú que respira en mi boca).






La memoria del ojo

El ojo no olvida nada. ni las zonas industriales.
ni los suburbios.

No puede ignorar la acera de enfrente
Ni la agencia de viajes Paris-Dakar
Ni los viajes de verano por los mares podridos
Ni los desiertos con las firmas de Total
Ni la amazonía mordida por la Texaco
Ni las huellas de Repsol hundidas en la arena
Ni las mandíbulas redondas de Mitsubishi
Ni los abismos abruptos
Ni las montañas enanizándose
como monedas sudamericanas
Ni los lagos y sus vientres apagados
Ni los huesos rotos de las nubes
Ni los bosques convertidos en libros de pacotilla
O en aeropuertos clandestinos.

Tampoco olvida el olor negro del último minuto.
La memoria del ojo dice sí.






La tierra es mujer, a veces

Para explorar el cuerpo de la tierra
-que lo sepan los artistas y
..... quienes nos gobiernan-
Hacen falta cojones. No decretos.

Hay que tener al menos tres dedos de frente
La audacia de querer la luna
Estar dispuesto a excavar los astros,
para tatuar el futuro más
Allá de las orillas
De sus caderas.

Para amarla como ella ama
y mantenerse a la altura
De sus caprichos
Inútil venerarla como a Santa Teresa.

Para que diga sí.
Hay que amarla. y mucho
Y cada vez más
Sin que nada en ella se consuma.


Diga no al pozo de cruces inéditas
En torno nuestro y en Estambul,
esqueletos de cuadros en espera.
El peroné luminoso de Picasso,
mezclado al equipaje ordinario
..... de residuos
De un cementerio destripado,
arrastrado por una lluvia de ..... uñas largas.

A pesar de la exuberancia del Mato Grosso,
ninguna alevosía
Solamente esqueletos de cuadros
En los Andes, las clavículas peladas
de Guayasamín
En cada metro de Viena un dedito de Mozart
En cada pastizal de América Latina la guitarra
de Víctor Jara
En el desierto de Sonora cráneos perforados
en el parietal
Y esqueletos de cuadros esperando.

Por los prados de Toscana,
cráneos nadando entre el fango y la
..... lluvia
Por los vergeles y viñedos de España,
esqueletos de cuadros
..... y rótulas de cal. afiches del PP y CeDés de Sabina
Corazones colgados en los postes de Quito
Por los jardines de Versalles, por cada fuente,
por cada parcela
..... de tierra labrada
Por cada árbol
Metacarpios húmedos y esqueletos
de cuadros esperando
Junto a las ortigas hirvientes
que invaden las cabañas en ruina.

Un mundo de cruces el mundo.

(Tomados de "Boca a Boca")






Tu voz

El mundo es una pintura.
Cuando cantas
tu voz atraviesa cada gota de lluvia,
cada begonia.
Los pájaros se callan,
las bananeras parecen hipnotizadas,
las mariposas amarillas se sientan en la hierba
y el viento,
vestido de luz,
juega columpiándose en cámara lenta
alrededor del castaño.

En el taller
el metal vive un orgasmo de peces dorados
antes de ponerse a nadar,
bajo el oro del aguacero.

Pronto -como una diva-
me traerás un café
y desaparecerás,
estrella fugaz.

(Tomado de "Los poemas del coronel Buendía")



LUIS CHAVES [780] Poeta de Costa Rica


Luis Chaves



Poeta nacido en Costa Rica, en 1969.

Publicó El anónimo (Ed. Guayacán, Costa Rica, 1996), Los animales que imaginamos (CONACULTA, México, 1998) e Historias Polaroid (Ed. Perro Azul, Costa Rica, 2000). Con el libro Los animales que imaginamos ganó el “ Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz 1997”. El libro Historias Polaroid. Antología de la nueva poesía costarricense (Ed. Línea Imaginaria, Ecuador, 2001). Desde 1998, coedita la revista de poesía joven latinoamericana Los amigos de lo ajeno, cuya versión impresa se publica y distribuye en Costa Rica y Argentina. Obtuvo mención como uno de los tres finalistas en el “Premio Internacional de Poesía del Festival de Poesía de Medellín”, 2001.





MONUMENTOS ECUESTRES (una letanía)






Fotos mal enfocadas
frente a monumentos ecuestres.
La bruma de la droga,
anécdotas de bajo impacto
y pasajes de películas mal dobladas
Con esto llegamos a los 40,
no seamos malagradecidos,
podría ser peor.

**

Aquel año terminando
en el mes de los pericos
que a nadie dejaban dormir
con sus chillidos dementes.
Fecha cuando bajamos los brazos
creyendo que los subíamos.

**

Un brazo, el fragmento de un brazo
congelado en el borde izquierdo:
la foto donde posamos como turistas
en la ciudad más fea del mundo.
La extremidad salida de cuadro
avanzando hacia un destino
sin valor para la Historia.
Esa foto,
la mecánica de la sonrisa activada
por la señal del desconocido que la tomó.

**

La poesía es la voz del recuerdo.
Aquí, sin embargo, se habla del futuro.
No del abstracto, no de la posteridad:
en media hora saldremos de esta oficina
conscientes de que el mes entrante,
como los últimos cuarenta y nueve,
tampoco podremos renunciar.

**

Para no pensar en lo inminente
especulemos sobre el destino
del compañero de primaria
que forraba sus cuadernos de rosado.
O seamos prácticos
y calculemos los impuestos.

**

Dios guarde, piensa.
Diusguardi, dice.

**

Cada cuatro meses,
cual chequeo técnico,
mamá pregunta si soy gay.

**

Hijo (abandonando la mesa): Nos vemos mañana
Madre (entre dientes): Si Dios quiere.

**

Vacaciones del 91,
turno vespertino
digitando el catálogo
de copias piratas.
El exorcista en repeat por semanas
hasta aprender de memoria los diálogos
de los que, 15 años después, nada queda.
El ejercicio inútil
de unas vacaciones.
La crisis de los 40
a los 22.

**

La maleza crece
cuando dejamos de mirar.
Los años se acumulan
mientras nos ocupamos de la maleza.
Aprender esto nos tomó
más tiempo del que hubiéramos querido.

**

– “Nos vemos mañana”.
– “Dios primero”, me corrige.

**

Del sol, otra vez superado
por rotación y traslación,
quedan escasos minutos de luz naranja
favoreciendo las siluetas
de los viejos inmóviles del parque.
Es así o es lo que veo a través
del filtro atenuante
de 10 mg de clonazepán.

**

La bruma de la droga,
anécdotas de bajo impacto
y pasajes de películas mal dobladas.
A esa hora de la mañana
en que a los travestis
les crece la barba.

**

Vicios que explican la mirada vidriosa
de quien vio al otro que,
en una zona libre de la mesa,
ocupada por electrodomésticos robados,
planchaba primero billetes viejos
para después, minucioso,
restaurarlos con cinta scotch.

**

Jorge (jardinero) poda la maleza.
–Nos vemos mañana.
–Que Dios lo acompañe.

**

Casa de los padres
un domingo de gordura
(pantalón desabotonado),
toda idea es pecado capital
en el sofá frente a la tele.
Pasan la peli de uno
con corazón de mandril.
O eso, desde niño, le hicieron creer.
El músculo débil
sustituido por una fantasía.

**

Entregado a la interrupción,
escribe esto:
“sobre el bar donde hubo alegría
construyeron la catedral
de todo lo que no me pertenece”.

**

Entregado a la interrupción
recita esto:
“Kyrie, rex genitor ingenite,
vera essentia, eleyson”.

**

Antes me preocupaba la muerte,
ahora el sobrepeso.
El cerebro: órgano autónomo
seducido por la frivolidad.

**

Dato estadístico:
“tengo fotos que antes tuvimos”.
Un corazón débil. Sin fantasía.

**

Años y años,
horas y horas
dedicadas a ejercitar el cerebro
que responde sólo a lo superficial.
Un órgano autónomo
dicta el dolor
—no metafórico— de corazón.

**

En mi cabeza hay una persona diminuta que pica piedras, también un cojo que arrastra su pierna muerta por la arena del Pacífico y la huella que va dejando parece la escritura de uno que te hizo daño, y las olas vienen y la borran.

**

Conversaciones en las que no puede participar.
Pilas de libros pendientes.
Llaveros con focos inútiles.
El camino de hormigas parece una grieta en la pared.
Escribir en el propio antebrazo con el borde filoso de la uña cortada a diente.
Súper: arroz, mostaza, pasta de dientes, cinta scotch, acetaminofén.
Jorge (jardinero): 224 5678
Súper: sal.
Conversaciones en las que no puede participar.

**

Fotos mal centradas
frente a monumentos ecuestres.
El brazo de León Cortés,
la sombra del brazo de León Cortés,
sobre nuestra biología de 30 años.
Todo, menos los extras de atrás,
parece un montaje en Photoshop.

**

Los hijos de la Segunda República
reprodujéronse a lo que venga,
alimentaron a estos que se afeitan
la cabeza, el pecho, las axilas.
Secretamente saben que es el 2 de agosto
el Día de la Independencia.

**

Cada cuatro meses,
cual inspector fiscal,
la madre pregunta si es adicto.

**

Diusgaurdi, piensa.
Diusguardi, dice.

**

Fotos mal enfocadas,
fotos de la gente
que consume ansiolíticos
envueltos en papel de golosina
mientras ve películas mal dobladas.
Una tarde, un cine de provincia,
tanda para desempleados.

**

Tengo esas fotos que antes tuvimos.
Si superponemos los rostros
aparece Linda Blair,
aparece aquel travesti
que conocemos desde la primaria.

**

En el lugar del corazón,
una piedra con la forma
de la Virgen criolla
que nos liberó de los españoles,
de tu mamá, tus hermanos, del sobrepeso,
de comprender el misterio de la Trinidad.

**

En la orilla del Pacífico
mirábamos atentos el fuego
como si fuera un tele inteligente.
Los brillos del gel en tu cabeza
eran estrellas mortales, diminutas,
extinguiéndose.

**

Podría ser peor,
así llegamos a los 40.
Pronto se despejará la bruma,
Dios mediante,
para tomarnos la foto de grupo, de país,
para empezar donde se detuvo el cojo.

**

Fotos mal centradas
cada cuatro meses,
billetes defectuosos
en el bolsillo del pantalón,
el sol visto desde un planeta plano,
los pericos de aquel mes
cuando bajamos los brazos
creyendo que los subíamos.


De Monumentos Ecuestres
Editorial Germinal, 2011.
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Historias Polaroid

La bajita del rincón oscuro
Mamá quería que yo fuera mujer
y que no lloviera nueve meses al año
y que papá la sacara a bailar de vez en cuando.
Pero era más probable amanecer un día con tetas
o un cambio anómalo del clima,
antes que don Luis la convidara un bolero.

Hace varios años que mi madre dejó de soñar,
hoy aguarda la vejez como un último trámite.
Esa mujer que muchas mañanas
lavó y secó los pies que más tarde
una sola vez bailaron con ella,
se sienta todos los días en las gradas de su casa
a mirar el baile victorioso de la lluvia.
Y para atender mis llamadas,
cada vez menos frecuentes,
ya ni siquiera puede levantarse
por el peso de tanta música muerta en sus piernas.






Estuve en colegios privados

Lupe cocina de lunes a viernes,
el fin de semana la dueña de casa
prepara sus exóticas recetas,
las de verdad.

Lupe plancha, dobla la ropa,
encera los pisos donde se reflejan
sus duras piernas nicaragüenses.
La familia se levanta de la mesa
para que la nica cene sola
la comida que ella misma adobó.

De noche Lupe no cierra la puerta
para que el señorito de casa entre,
de lunes a viernes,
a manosearle torpemente las nalgas.
El fin de semana,
con su novio de Bluefields,
es el turno de las sesiones profundas,
las de verdad.




Flash forward

En un extremo de la casa
el niño aprende que la cera Genie
no sabe a lo que huele.

Al fondo del patio su hermano mayor
llena una botella con agua y flores
y la entierra, para que con los años
se transforme en perfume.

Vendrá después el invierno
más largo de la historia,
una vista aérea y nocturna de la ciudad.
También navidades, sepelios
y cicatrices que con lentitud de molusco
se pasearán por la piel.

El niño uno crecerá
para hablar un idioma
diferente al del niño dos.
Este último para descubrir
que las cosas no mejoran con el tiempo.






Niccolo

La calle bordeada por alambres y postes,
una guirnalda de luz que rodea la ciudad.
Invierno en el trópico, estación fértil
para talleres de feng shui o el karaoke.

Siluetas detenidas detrás de las ventanas
esperan que escampe
mientras por el frente ven su vida pasar
como en voz en off.

Libros nunca leídos en las repisas,
televisores encendidos mientras se duerme,
gente envejeciendo en las fotos
del último cajón,
la pantalla azul que ilumina una cabeza
en la oscuridad del estudio.

Hasta dónde llega el oficio,
el pasatiempo,
hasta dónde el ocio.

La estática certeza de que los medios
se han convertido en fines.






Lo que dura la felicidad

El abuelo de mamá,
totalmente senil,
dentadura de porcelana y pañales,
sentado en medio de una progenie
que ya no reconoce.
A la cuenta de tres todos dicen whisky.

Su sonrisa dura lo mismo
que ese instante mínimo
entre el flash y el obturador.







Foto en el periódico

Una ciudad en escombros,
tres o cuatro viejos convencidos
por fin de partir.

Y atrás un perro
que, una vez pasado el peligro,
olfateando entre el metal retorcido
y las paredes convertidas en aire,
regresa a buscar
su pote de alimento,
su alfombra al pie de cama,
su mano en la cabeza.






El objeto del deseo

Debajo de ese lunar tan sexy
crece en silencio
un tumor maligno.




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los animales que imaginamos
esto que ves antes no existía. dice
las personas acomodan sus sombreros.
corrigen sus posturas y sonríen desde el papel.

es agosto y llueve con la voz de nina simone.
el apartamento es una cama gigante
donde se cubren las partes duras del amor.

afuera el mundo gira como siempre.
unos viven esperando el autobús de regreso.
otros adrede dan direcciones equivocadas.

en una habitación en pleno centro de san josé.
al colchón se le salen las entrañas.
faltan sillas para las preguntas.
hay noches desbordadas en los ceniceros.

ella es una niña que crece
como la santalucía entre las ranuras de concreto.

sentado frente a la lámpara.
él junta sus manos y aparece un pájaro en la pared.
mirá cómo camina este elefante. repite ella.
él enrola otro cigarrillo y cambia de canal.

se habla de dios. la muerte.
desnudos o en ropa interior.
bajo las sábanas las rodillas como cabezas atentas.
él lee cuentos con la sangre en llamas.
ella se duerme justo antes de llorar.
es la voz de nina simone y llueve como agosto.
hay latas vacías junto a las pantuflas.
ropa tendida en el alma de los dos.
desde los extremos de la mesa.
sus miradas se encuentran
como regresando de pueblos lejanos.

ella canta el blues de la negra. confunde las estrofas.
da golpecitos con el índice a su reloj.
de noche él deja sin seguro la puerta.
para que el miedo salga a caminar.

pero el tiempo no entiende de estas cosas.
para él todos son animales.
todos tienen lecciones que aprender.
y un viernes hay una grieta en el aire.
la puerta trasera abierta de par en par.
un pájaro dibujado con tiza negra vuela en la pared.

en un cajón remoto calla nina simone.
así tuvo que ser. piensa él.
que ya no frecuenta ciertos lugares.
y a veces se queda quieto de repente
cuando escucha pasos minúsculos en el cielo raso.
recuerda el tono atropellado de sus palabras:

todo el invierno es agosto
y llueve siempre como su voz

De Los animales que imaginamos, pp. 11-12




¿Tan rápido llegó el 2002?

EL sonido de los refrigeradores
arrulla a las familias
y creen que es la lluvia
o viceversa.
Para los turistas,
esto que es tu casa
será un video amateur
de palomas que llegan a comer
de sus manos.

No hace mucho tiempo
dormíamos sin soñar
mientras nuestros pies se tocaban.
Sin duda, los primitivos
encontrarían aquí un significado.

Del cine salen los electores
a vivir una película
en que todos son extras
y nada hay en eso de dramático,
como tampoco nada excepcional
en el charco de diesel tornasolado
donde los niños escupen para divertirse.

Allá donde fue tu casa
ya no está la foto blanco y negro
de la hija de un alcohólico.
El árbol que creció con los hermanos
tiene dos iniciales encerradas
en un poliedro
que debió ser corazón.

Llamarnos por nuestros nombres
debería parecernos un milagro
o al menos algo digno
de esas películas para intelectuales.

Herencia de mi madre es hablar poco,
el resto no es culpa de nadie.
Vivo en la que fue su casa
como un turista
y es mi padre ese señor
que alimenta a las palomas.

Nos arrulló varios inviernos la lluvia
o eso queremos creer,
pero es cierto
que dormíamos sin soñar
y que nuestros pies se tocaban.





Ring side

Fue la mejor pelea de Alí
o de Cassius Clay, como él lo llamaba,
negándose a aceptar
su recién adquirido nombre musulmán.

Ese negro levantaba los guantes
y convertía el cuadrilátero
en una pista de baile.
Años después comprendí
que ese fue mi encuentro inicial con la poesía.

Entre el quinto y sexto round
papá bajó su guardia por primera y última vez,
sin dejar de ver la tv. Dijo:
no me iba a casar con su máma
aunque usted ya había nacido,
estaba enamorado de otra.

En el álbum familiar
tengo un viejo fotoposter de Alí
justo cuando noqueaba a Foreman en Zaire.
Es mi foto preferida de mamá.




1985/2002 (el tonto comprende poco,
el necio comprende mal)

El aguacero que nos bañó,
la blusa del uniforme empapada,
la cornucopia de sus tetitas de quince años,
la música tonta que mi memoria agrega
como banda sonora.

Adultos, hoy, nos saludamos
sin ocultar las miradas de desprecio.
Vos porque no soy de tu clase,
yo porque te juzgo superficial.
La música necia del supermercado.



Falso documental (a partir de “esta
es la nueva canción
de la que te hablé hace 20 años”, de bdb)

En la tele pasan un caballo
que habla nuestro idioma.
En la radio a un hombre
que habla el idioma de los caballos.
Lo cierto sucede en otra parte.
El sol está quieto
en un cielo sin nubes.
Al balcón llegan pájaros
a comer las migas de pan
que tiré horas antes
para que vinieran a alegrarme la mañana.
Se acercan primero con timidez,
picotean el suelo,
me miran de costado,
luego vuelan a otro balcón.
No podría ser una parábola más pobre,
pero me hacen pensar en algo
que nada tiene que ver con la alegría.

El polvo avanza en el comedor
como una enfermedad
o una bendición,
dependiendo de quien lo mire.
Si sé que ese fenómeno lo explica la física,
¿por qué la sospecha
de una fuerza sobrenatural?
El día no ofrece más opción
que un paneo lento
sobre estos últimos años.
Ahí están los restos y desechos
que dejó la marea de una época convulsa.
Unos sobre otros,
confundidos los inicios
con los desenlaces,
los intentos de reanudación
con los fracasos.
De pronto, el viento cambia de dirección
y abajo, en la calle,
un conductor reacciona
a la luz verde del semáforo.
Y aunque estoy consciente
de ser discípulo del error,
lo interpreto como una señal,
como si el universo girara en torno a mí.

Repito mentalmente
la letra de una canción
que aprendí mal.
Es probable que recuerde
cosas que no dice.
Solemos pensar
que una canción es buena
si habla de nosotros.
Debe ser que todas las vidas se parecen.
Si es así,
¿qué será de esa niña,
allá en la otra acera,
que no sabe si comer el helado
que se le derrite
o si acariciar al perro
que salta a su lado moviendo la cola?
El hilo afilado de los mosquitos
es toda la música que escucho
mientras trato es escribir
imaginando que repito una canción.

Antes de darlo por finalizado
apenas en setiembre,
creí que el 2004 sería un buen año.
Ahora la casa es una bolsa con ropa sucia
en mitad de la sala,
dos o tres novelas
abandonadas antes del final,
los boletos de un viaje en ferry,
un mensaje en el contestador
donde aquella voz pregunta
por los planes de un viernes ya lejano.
Es así, todo período se puede reducir
a una simple enumeración.

Quería explicarte otra cosa,
pero la voluntad es engañosa
como los espejos de los gimnasios.
Y sin embargo,
quizás está bien quedarse en el balcón,
sin pájaros,
observar desde arriba
lo que dentro de unas horas me superará.
Dejar que el tiempo sedimente
como la espiral contra mosquitos
sobre el papel de diario
de aquella infancia
en la que aún no nos conocíamos.

Está bien seguir con la vista
la ruta de la equivocación.
En algún lugar están
las personas que fuimos,
un espacio donde la prueba y el error
se repiten una y otra vez,
con una canción de fondo
que dice lo que queremos escuchar.

Pero el lugar que importa es éste.
Las hojas de los árboles
se mecen con el viento norte
y con el humo del progreso.
Sostenida por un imán,
en la puerta del refrigerador,
está la foto que tomaste
la noche en que un ciclo terminaba
mucho antes de que lo supiéramos.

Esto lo escribo una mañana luminosa.
Entre los edificios de enfrente,
cerca de la avenida Córdoba, pasa un avión.
Cruza el cielo en silencio,
en cámara lenta,
como impulsado
por el motor del recuerdo.
La vida de afuera parece fluir
con calma y naturalidad.
Quiero que la vida de adentro también.





Bootleg (maqueta de improvisación
para dos bandejas, radio de transistores,
latas de aluminio, un caracol)
Una transmisión en AM. Cuco Valoy detrás
del ruido blanco. Tu prima flaca se embadurna
el bronceador y espera que lleguen los zopilotes,
tirada en la arena, bocabajo, boca arriba ahora,
bocabajo de nuevo en un rato. Tu prima gorda
se embadurna el bronceador y espera
que lleguen los zopilotes, tirada en la arena,
bocabajo se ve igual que boca arriba.
En un rato.

Para el poema lo mismo que con el médico,
una segunda opinión. “Doctor ¿cómo lo ve?”
“Hay –dice– que amputar”.
El ABC de la literatura es el 2 x 4 de Valoy.

Los bikinis de tus primas colgados en el alambre.
Uno es un calzoncito, el otro una bolsa
de chorrear café. Pesadas gotas sobre la arena
que dificultan toda literatura pero provocan
una erección.

El verano sobrevolado por aves carroñeras,
Cuco Valoy mal sintonizado, la fe de tus primas
en el aceite de coco, bajo la panta un bulto duro,

779.- SANDRO PENNA




Sandro Penna nació en Peruggia, en 1906 y murió en Roma, en 1977. El más grande, el más alegre de los poetas italianos vivos llamó Pasolini a Sandro Penna en los años cincuenta, cuando casi era un autor desconocido. Homoerótico en sus obsesiones, intuitivo y espontáneo, poeta maldito comparado alguna vez con Cavafis, con el que tiene algunas afinidades, su obra se resiste a las etiquetas. Vivió siempre en el margen, en lo excéntrico como escritor y como persona. Frecuentemente estuvo al borde de la indigencia económica que llevaba con un porte aristocrático y gongorino. Cesare Garboli, compilador y comentarista de Penna, cuenta que en los setenta, en medio de la mayor pobreza tenía contratado a un chófer que lo llevaba a respirar la brisa del sudoeste a las afueras de Roma. A partir de 1958 con Cruz y delicia empezó a ser reconocido como poeta importante pero eso no evitó que se siguiera resistiendo a la publicación. Casi veinte años tarda en aparecer su libro siguiente, Extrañezas. Otros de sus libros son El viajero insomne (1977) y Confuso sueño (1980).




"Poeta esclusivo d'amore"

48, de: "Extrañezas"

"Poeta exclusivo de amor"
me han llamado. Y tal vez era verdad.
Pero el viento aquí en la hierba y los rumores
de la ciudad lejana,
¿no son también amor?
Bajo cálidas nubes,
¿no son aún el eco
de un amor que se abrasa
y nunca más se aleja?

Traducción de Pablo L.Ávila







La vita...è

La vida... es recordar un despertar
triste en un tren al alba: haber visto
afuera la luz incierta: haber sentido
en el cuerpo cansado la tristeza
áspera y virden del aire hiriente.

Pero pensar en la liberación
imprevista es más dulce: al lado mío
un marinero joven: el azul
y el blanco de su uniforme, y afuera
un mar todo reciente de colores.

Traducción de Horacio Armani








LA LUNA DI SETTEMBRE...

La luna de septiembre en el oscuro
valle adormece el canto campesino.

Una cadencia insiste: como lento
respirar de animal, en el silencio
el valle zarpa si la luna asciende.

Otro dulce animal respira aquí,
también él silencioso. Y un tumulto
de vida en mí repite antigua vida.

No estaré nunca más vivo que así.

Traducción de Horacio Armani







EL AMIGO

Estaba el barco cargado de luz
solitario y seguro, cuando de pronto
llegó mi amigo: me pareció aún
más bello bajo el sol occidental.
El sol de septiembre cuánta luz
pone en los ojos de las cosas
recién barnizadas, cuánta muerte
en quien desciende por la calle de la vida.
Sea feliz mi amigo, y un poco hostil
brille la luz del barco, escribo
serenamente con su lápiz.

(Quería decir sólo que el barco
era un muchacho y el lápiz
su dádiva inocente como una copla.)




_________________________________





Llovió sobre nuestro amor ardientemente
todo el verano. Después el color
del campo fue más bello.




________________________________



¿Me hago viejo si, de un largo viaje
siempre sentado, nada he visto sino
la lluvia, sino un cansado rayo
de vida silenciosa...? (los obreros
subían y bajaban de mi tren,
llevaban, de un suburbio a un dulce lago,
su sueño y, con él, sus utensilios).
Grité también cuando caí en la cama:
hombres somos, más que viles cansados.



______________________________




a Eugenio Montale


La fiesta hacia el atardecer. Yo voy
en dirección opuesta a la caterva
que alegre y ágil sale del estadio.
A ninguno yo miro y miro a todos.
De vez en cuando apaño una sonrisa.
Mas raramente una sonrisa alegre.
Mi mente no recuerda ya quién soy.
Entonces el morir no desearía.
Que muera me parece harto injusto.
Aunque ya no recuerde más quién soy.





______________________________


A Enrique Garavano, Pipón, queridísimo amigo,
a un año de su muerte.



Bajo un cielo
todo azul
¿qué espero?
¿qúé anhelo?
Está todo en paz
aunque hay un velo
de tristeza
que no quiero.


Ya no está esa gracia fulminante
sino el soplo de algo que vendrá.


El mar está completamente azul
El mar está completamente calmo
En mi corazón hay casi un grito
de alegría. Y todo está completamente calmo.


En la noche profunda
se consumen las estrellas.
Un dolor me inunda:
un amor de cosas bellas.


Besame en la boca, último verano
decime que no te irás tan lejos,
regresa con el amor sobre tus hombros
y tu peso ya no será vano.





______________________________




¿no es tal vez el amor un nudo estrecho
entre la angustia y el goce?


Estos poemas de Sandro Penna,
están tomados del volumen Poesie,
Garzanti, 2000, p 394,







Fragmentos

-1 –

Felice chi è diverso
essendo egli diverso.
Ma guai a chi è diverso
essendo egli comune.

Feliz quien es distinto
siendo él diferente.
Mas ¡ay del que es distinto
siendo él ordinario!


-2-

¿La juventud es mía aún?
Así lo creo ahora que el viento
desbarata dulcemente mis ideas
y la ventana está abierta, honesta y clara,
y entre mis versos yace el tedio mío.

Ha durado dos días este tedio,
el triste tedio hecho de palabras
y de gestos que enmascarar quisieran
la ausencia de un amor, mi primer
tregua en el mundo de mi deshonor.

He pasado dos días sin amor,
he visto al más bello de los niños
en mi corazón apagarse sin un guiño
como hace la bujía sin aceite.

Después he visto un tierno, novato
rubor sobre una mejilla tibia y sola
y sola la he dejado que se enfríe
como un viejo maestro de primaria.

Más tarde sorprendí el sexo casualmente
de un rubio marinero abierto y noble
(no me preguntéis, ciudadanos, dónde)
Y no le dije que no estaba solo.

No preguntéis, amigos, por qué calla
también el rubio bote bajo el sol;
su balanceo abarcaba sus palabras
pero mi silencio carecía de sol.

¿La juventud es mía aún?
Así lo creo ahora que el viento
desbarata dulcemente mis ideas
y la ventana está abierta, noble y clara,
y entre mis versos yace el tedio mío.
Ha durado dos días este tedio…





-3-

Me pierdo en el barrio popular
muy animado porque es casi de noche.
Estoy entre hombres tan lejanos
de mí: maravillosos hombres
para mí: vivos y claros, no valores
marcados. Todos iguales, ignotos y nuevos.
En una esquina oscura tomo el puesto
dejado por un obrero que ha subido
(justo a tiempo) al autobús que se marchaba.
No vi su cara, pero sus movimientos
ágiles en el corazón ahora los llevo. Me queda
(de él, anónimo, para mí, preso
de la vida) de aquella esquina oscura su olor
honesto de animal, como el mío.



-4-

Pero cuando estaba perdido –y el agua
en torno a él se iba volviendo negra-
libre y solo junto a la ribera
en un soplo de sol vio a un muchacho.
Desnudo doblado sobre las piernas, salía
de su cuerpo eso de todos los días.
Varias veces gritó, y con menos angustia
sintió de nuevo el mundo y el tedio.
El sexo lo miró, parecía humilde y ausente.
Otra cosa colgaba; y fue con alegría,
casi con alegría que miró la quieta
imagen invocada; como una ausente
mirada hacia su fin, y fue con alegría
que un temblor feliz dentro de sí
volvió a cerrarse.






-5-

No había nadie en la portería.
Una luz incidía
sobre las pobres camas sin tender.
En una mesa aparte
dormía un muchacho
bellísimo.
De sus brazos salió
ofuscado, vacilando, un gatito.







-6-

Veloz va el atleta adolescente
en el mediodía plácido y sereno.
Pero lo abraza el crepúsculo, y él declara
ahora su firme sombra en Atenas.
Si nos cubrimos asistimos a la época
de los calzoncillos.


-7-

Amor, amor
disonante del lecho.



-8-

He encontrado a mi ángel
entre una laja plateada.
Fumaba un cigarrillo
y tenía brillo en la mirada…






778.- TIZIANO SCARPA



Tiziano Scarpa nació en Venecia en 1963. Es uno de los escritores jóvenes italianos más importantes. Ha publicado narrativa (novelas como Occhi sulla graticola, 1996, y relatos, como los reunidos en Amore, 1998), textos de carácter ensayístico (Cos'è questo fracasso, 2000) y obras poético-teatrales (como Groppi d'amori nella scuraglia, 2005).


ATARDECER EN ZARA

Estimados señores, esto que ven
es el atardecer. Lo sé:
son apenas las seis de la tarde;
el sol brilla todavía.


¿Pero en qué momento exacto comienza
el atardecer? Yo creo
que cuando empezamos a esperarlo.


Nos encontramos en Punta Bajlo, frente
a la isa de Ugljan.
El islote que tenemos enfrente se llama Osljak.
Ese pueblito es Kali; aquel otro, Preko.


Les pido que observen
las boyas herrumbradas, los bidones que flotan
oxidados: ya sea la forma, ya el color,
si son impacientes,
puede servirles a ustedes
para hacerse una imagen no adecuada
de la forma que adoptará el sol al atardecer.


Hemos llegado con mucha anticipación
porque ésta es la empresa más difícil
de mi trabajo: explicarles el atardecer.
Y estoy un poco emocionado.


Si no los satisfago
pueden pues abstenerse de la propina;
nuestra visita terminará aquí.


Este no será un atardecer cualquiera.


Piensen que Alfred Hitchkock
cuando pasó por aquí dijo
que en Zara se contempla el más bello atardecer del mundo,
más bello incluso
que el que arranca aplausos a la gente en Key West.


El atardecer en Zara, a no dudarlo,
eligió al testigo mejor autorizado,
a alguien que sabe cómo encuadrar el mundo.


Sólo los directores son titulares
de esa pastosidad de la luz,
esa pegajosa mirada sobre la realidad
que en los filmes se llama fotografía.


Es decir que si lo hubiese dicho Albert Einstein,
Adolf Hitler, o acaso el Papa o Marilyn,
no habría sido pues lo mismo.


¿Se dieron cuenta
de que en nuestra época
no es posible representar
el atardecer? Es un tabú.


Las fotos, los cuadros, los videos
que lo representan son kitsch.
Empalagosos. Vulgares.


Lo que ahora nosotros estamos esperando
será el atardecer más bello del mundo:
será pues un superatardecer;
un atardecer hiperkitsch, de alto riesgo.


¡No saquen fotos! ¡No aprieten el REC!
Mantengan apagada las videograbadoras.


¿Es que no se dan cuenta del peligro?
Regresarían a casa con un patético souvenir.
Un ridículo objetíto
estimado tan sólo por ustedes. Insignificante
y banal para los otros.


¿Es eso lo que quieren?
¿Por qué razón vinieron hasta acá?
Vamos, adelante. No es un deshonor
admitir las propias debilidades.
¿Buscan la belleza? ¿Sí o no?
¿Por qué entonces avergonzarse?


Este acto de mirar debe vivirse
sin que nadie se dé cuenta del todo
y sin documentarlo. Lo prescribe
la estética en vigor.


El arte da un paso atrás
en presencia del atardecer: no hay
simulacro aceptable seriamente.


El buen gusto tutela este instante,
justo este, el de ahora.


Y a mí me paga
el ente de turismo
para decirles que el atardecer
tiene que ser visto en vivo.
Solamente en flagrante.
No es representa ble.


Y sí, hay que resignarse,
a estar aquí completamente,
completamente ahora.


Creo que ya lo tenemos frente a nosotros,
¿no lo creen?


Miren qué grande que es,
se expande hacia todos lados.
El rojo termina
en el lomo de las nubes,
ahí, detrás de ustedes.


Hay dos pesqueros que pasan.
Ellos también forman parte del atardecer.


Sí, está bien, está bien;
entiendo. Me callo.

Biografía y traducción: Diego Bentivegna





El órgano marino

Frente a la belleza de los paisajes
hay alguien que fuma mirando al horizonte,
que extrae su cámara y saca una foto,
que abraza a su noviecita,
que desafina una nana,
que escribe algún poema.


En todo caso, se siente la necesidad
de desbordarse, de hacer algo,
de desahogarse. También a ustedes los veo
un poco inquietos.
La belleza hace hacer. Hace reaccionar.

Y sin embargo es superfluo
hacer algo
frente a la belleza;
ella no tiene necesidad de nada,
y mucho menos de nuestras reacciones.

Aquí pues el paisaje mismo se preocupa
de autoelogiarse.
Incluso de noche, o con mal tiempo,
el morske orgulje sigue repitiéndole
al mar que él es hermoso.

El mecanismo es ingenioso: la fuerza
de las olas hace de fuelle de un órgano
escondido en las piedras de la orilla.

La energía muscular
de los siervos que inflaban y desinflaban
ad maiorem dei gloriam
los fuelles para Johann Sebastian Bach
aquí el agua misma la provee.
Se escuchan cómo se filtran
las notas sol y do.
Un mugido gentil
sale por los agujeros hacia la tierra
y también por las fisuras de los escalones,
que imitan adrede
la forma de una armónica.
También nosotros ahí por un momento.

Pero luego nos alejamos.
Volvemos a escuchar
el ruido del mar,
sin las notas, sin los caños del órgano.


La música del agua,
el ritmo de las olas.
Nada nuevo, pero siempre consuela.
El mar es el verdadero órgano marino.


Podemos hamacarnos
con la ilusión de que es él quien reacciona,
con sus lentas caídas arrastradas,
a una belleza cualquiera,
desconocida para nosotros mismos,
pero que nos pertenece
y que debemos descubrir.

Trad: D. B.






777.- MARIO LUZI



Mario Luzi (Florencia, 1914) Poeta italiano. Su obra, de carácter meditativo, es una de las más singulares de la poesía italiana contemporánea. Destacan La barca (1935), Honor de lo verdadero (1957), Tramas (1980), Lugares (1980) y El silencio, la voz (1984). Ha traducido a Racine, a Coleridge y a Shakespeare.





COMO DEBE

¿Qué quieres tú que vienes de tan lejos
y entras en vuelo ciego en esta niebla, aquí,
donde los pájaros, aun los de nido,
de rama en rama extravían el rumbo?


La vida, como debe, se renueva,
se esparce en arroyuelos. Ya la madre
parte el pan para los niños, aviva
el fuego; la jornada pasa plena
o tediosa; ya arriba un forastero,
y parte; nieva, aclara, o una lluvia
de fines del invierno apesadumbra,
impregna ropas y zapatos, oscurece.

Es poco, de otra cosa no hay ni un signo.

(Versión de Esteban Nicotra)







AÑO

Provistos ahora, pero quietos
se exponen macetas y floreros,
se cuelga la uva. Lo otro es desconocido,
lo otro estaba y está encerrado
en este cielo opaco
donde un lumen vinoso se endurece
y el grito del pinzón es ya de hielo.

Es aquí, es en estas obras apacibles
y claras donde transcurre y arde
lo que deberé perder, sin poseerlo.
El tiempo pasado y futuro se equilibran...
Yo, sea como sea, he venido aquí, avanzo
desde no sé qué tiempos, ardo, espero;
sin fin me convierto en lo que soy,
encuentro reposo en esta luz vacía.

(Traducción de Coral García)








A LA VIDA

Amigos, una barca nos espera y oscila
en la luz donde el cielo
se arquea y toca el mar,
vuelan criaturas locas por amar
la faz de Dios ardiente de esperanza
buscando arriba abajo
afecto en toda oculta distancia
y van llorando: estamos en la tierra
pero un día podremos planear en el aire
doblarnos mansamente sobre el seno divino
como rosas de muros en calles olorosas
sobre el niño que, mudo, las reclama.

Desde la barca, amigos, se ve el mundo
y en él una verdad que avanza
intrépida, un suspiro profundo
desde el delta al manantial;
la Virgen de los ojos transparentes
desciende paso a paso hacia los moribundos,
recoge el resultado de la vida, dolores
deseos escondidos de siempre en la faz húmeda.
En las ennegrecidas ventanas, las muchachas
con la mirada hacia los montes
no saben terminar de esperar el futuro.
En las habitaciones, las voces de las madres
se turnan sin origen y sin profundidad
con el silencio de la tierra, bellas
voces de las que todo parece haber nacido.

Traducción de Jesús Díaz Armas






MARFIL

Habla el ciprés equinoccial, oscuro
y montuoso el macho cabrío exulta,
dentro de rojas fuentes lavan lentas
las yeguas de los besos a sus crines.
Desde las tenues selvas a ciudades
excelsas inmensos chocan ríos
largamente, se mueven en un sueño
afectuosas velas hacia Olimpia.
Correrán las intensas vías de Oriente
oreadas muchachas y en mercados
salobres mirarán el mundo alegres.
¿Pero dónde alcanzaré yo a mi vida
ahora que el tembloroso amor ha muerto?
Al horizonte lo violaban rosas,
vacilantes ciudades en el cielo
rociadas por jardines tormentosos,
en el aire su voz era una roca
infecunda de flores y desierta.






DIANA, DESPERTAR

El viento libre luce entre los humos
de la llanura, el monte ríe raro
iluminándose, surgen relumbres
del agua, ¿hay mensaje más caro?

Hora es de levantarse, de vivir
puramente. Ya vuela en los espejos
un sonreir, un temblor en los vidrios,
vuelve un sonido a confundir los oídos.

Y tú acudes alegre y contradices
de inmediato a la muerte. Así cuando
se abre una puerta desbordan felices
los colores, la sombra va de vuelta

a disolverse. Nacen rientes imágenes,
en la sangre se filtra, ciego vuelve,
el espíritu del sol, nos llevan céfiros
consigo: a existir, a extinguirse en un día.







MARINA

Qué exhaustas aguas contra la frágil costa,
qué oleada gris contra los postes. E islas
más allá y bancos donde un incierto afán
se separa del día que nos deja.

Qué dispersas lluvias navegas, qué luces.
¿Cuáles? ignora si no finge el pensar,
si no recuerda niega: allá viví,
consciente aquí del tiempo de otro modo.

Qué memoria heredamos, qué imágenes,
qué edades no vividas, qué existencias
fuera de la alegría y del dolor
luchan en la marea con los muelles

o en el mar que florece y se despide.
Regresas tú, te acoges a esta orilla
y en el cielo que zarpa chirría un pino
de pájaros que vuelven, corazón.




¿DÓNDE ME LLEVAS, ARTE MÍO…?

¿Dónde me llevas, arte mío,
a qué remoto
desértico territorio
de repente me arrojas?

¿A qué paraíso de salud,
de luz y libertad,
arte, mediante hechizo me escoltas?

¿Mío? no es mío este arte,
lo practico, lo afino,
le abro las reservas
humanas del dolor,
divinas me provee
él de ardor
y de contemplación
en los cielos en los que me adentro…

¡Oh mi indescifrable condición,
mi insostenible encarnación!

Traducción de Pedro Luis Ladrón de Guevara







«Parca-Aldea»

Junto al fuego se habló mucho de ti
tras atender los rezos vespertinos
en estas casas grises donde, frío,
el tiempo trae y se lleva rostros de hombres.

Fue a dar luego la charla en otros, sus riquezas,
y fueron bodas, muertes, nacimientos,
el triste rito de la vida.
Alguno, forastero, llegó hasta aquí y se fue.

Y yo, vieja mujer en esta vieja casa,
voy cosiendo el pasado con el presente, y tejo
tu infancia con la infancia de tu hijo
que atraviesa la plaza junto a las golondrinas.

Vida fiel a la vida
(Galaxia Gutenberg, 2009)
Traducción de Jesús Díaz Armas.








Ménage

Vuelvo a verla, ya no sola, diferente,
en el cuarto más profundo de la casa,
en la luz unida, sin color ni tiempo,
filtrada por las cortinas,
con las piernas cruzadas sobre el diván,
acurrucada junto al tocadiscos a bajo volumen.
“No en esta vida, en otra”,
fulgura su mirada gozosa
pero más elusiva, como afrentada
por la presencia del hombre que la limita
y tritura.
“No en esta vida, en otra”,
leo bien al fondo de sus pupilas.
Mujer capaz no sólo de pensarlo,
de no tener esa soberbia
certidumbre.
Y no es ésta la última de sus gracias
en un tiempo como el nuestro,
que no le es extraño ni adverso.

“Creo que conoces a mi marido”,
y él orea una sonrisa importuna,
pronta y huidiza, como si quisiera
quitársela de encima
y mandarla hacia atrás, más allá
de una pared de años y niebla;
y mientras se me acerca
tiene el aire de quien viene
al por tú, entre hombres, al asunto.
“¿Se puede obtener algo de los sueños?”,
me pregunta,
clavándome sus ojos blancos
y vacíos, ignoro si de gurú o de torturador
en una villa triste.
“¿Algo de qué clase?”,
y la veo radiante de ternura
desde lo rubio de su mirada fluida y aguda,
medio apiadándose de mí, creo,
por hallarme bajo esas zarpas.

“Al acoger lo divino los sueños
de un alma madura
son sueños que iluminan;
pero los de un nivel más bajo
son indignos, sólo son expresión de lo animal”,
agrega,
clavando sus ojos impenetrables,
que no sé si ven ni hacia dónde.
Aún no entiendo bien si me interroga
o sigue por su cuenta un discurso
sin principio ni fin,
tampoco si me habla con orgullo
o si algo sombrío e inconsolable
llora en sus adentros.
“¿Qué objeto tiene hablar de sueños?”,
pienso y busco un nido para mi mente
en ella, que está aquí,
presente en este instante del mundo.
“¿Y ella no está soñando?”, prosigue,
mientras sube de la calle
un vítreo griterío de niños
que hiela la sangre.
“Tal vez la frontera entre lo real y el sueño…”,
murmuro y oigo la aguja de zafiro
en el último surco sin notas
y el resorte del automático.
“No en esta vida, en otra”,
ella exulta más que nunca
y en su mirada rebosa una luz indefendible,
que ostenta otros pensamientos,
los del hombre a quien tolera,
deseándolos quizá, las caricias
y el yugo.






Bureau

Lo veo muy cerca de la puerta,
de pie en su puesto,
inclinado sobre su escritorio, indiferente
a la fiebre amortiguada que agita
esa luz de acuario y de falso templo
que me rechaza y atrae al mismo tiempo.

Entretanto levanta con trabajo el rostro
y con el rostro una vacía mirada
de imbécil o de enfermo.
No lo reconozco, pero por una punzada
repentina sé
que no es ajeno a mi pasado, y,
mientras me mira
lo voy buscando no entre mis amistades,
entre los rencores sordos e inexplicables
de una edad más cándida.
“¿Qué haces aquí?”, me pregunta
marcando las palabras más de justo,
como lo hace alguien ya muy hosco
y amargado.
Acaso no es más que un hábito de hombre
abatido y carente de toda linfa,
pero me basta para reavivar
la herrumbre impalpable
que hubo entre nosotros poco después
de la infancia.

No respondo; lo miro en medio
de estantes y papeles
y me pregunto si ese es su reino
o la cárcel que lo ha envilecido y apagado.
“Cómo leer un destino en una cara
tan inexpresiva”,
me digo, mientras aumenta mi inquina
y hasta deseo que me hable largo y tendido.

Callo delante de él, esperando,
él espera también, y pienso
si no hay en este encuentro cara a cara
algo más que un encuentro fortuito,
una deuda que saldar con un tiempo
no muerto, por lejano que sea,
o para que un oscuro fin se cumpla.

“La muchacha cayó en tu poder,
pero no le fue nada bien,
según supe”, graniza en mi cara
su voz llorona y ausente,
pero que lastima, animando
con una mueca o una sonrisa esa máscara
mucho peor que la del llanto.
“No sucedió como tú crees”, respondo
mientras vuelvo a ver el dónde y el cuándo
y, en un ángulo preciso, su ya viejo
aspecto de gorgojo.
No pienso defenderme, pienso en el nudo
de aquel sufrimiento que quedó
sin remedio en aquel punto de su vida.

“Conozco bien a los tipos como tú.
Sacrifican al prójimo y a sí mismos
cegados por una presunción de arte.
A veces ni siquiera te pasa por la mente
lo que se pierde.
Tras una pausa prosigue:
“Era mi salvación y la suya”,
y aguza tanto la mirada
que al fin afloran dos
pupilas que me traspasan.
“Quién lo sabe”, digo al hallar otra palabra
que nos hermane en el oscuro sentido
del bien y del mal hecho y recibido.

Pero no es hombre capaz de enfrentárseme
en este punto que debería unirnos
como compañeros expertos
en el dolor del mundo.
Lo veo acorralado en la propia ofensa,
apretando los dientes,
y no sé si recrimina o si incuba
así la fuerza para desafiar a su infierno.

El silencio que sigue en la oficina
desierta, aunque no estamos solos,
es un silencio enorme, sin confines ni tiempo,
mientras la hélice del ventilador zumba
y rueda con un estremecimiento
de hojas removidas,
y pienso en la lucha por la vida
en los fondos marinos
y en el plancton.

“Pero no estoy acabado”, explota luego
con ojos desorbitados,
echándome a la cara
su fuerte olor a tabaco y alcohol.
“No más que yo, no más que cualquier otro”,
murmuro reabsorbido por su arrojo,
y miro a través de un vidrio la muchedumbre
en la cual desapareceré dentro de poco.



VIDA FIEL A LA VIDA

La ciudad en domingo
al atardecer
cuando hay paz
pero una radio gime
entre sus moles ciegas
desde sus visceras rígidas

y a quien va en la hendedura de una calle
cortada neta entre los bancos le llega
dulce hasta el sufrimiento, lo humano
aplastado en sus alcantarillas y entresuelos,

tregua, sí, y no obstante
uno, la frente en el asfalto, muere
entre poca gente turbada
que se detiene y rodea el infortunio,

y nosotros estamos aquí o por destino o casualmente juntos
tú y yo, mi compañera de pocas horas,
en esta esfera enloquecida
bajo la espada de doble filo
del juicio o de la absolución,

vida fiel a la vida
todo esto que le creció en el seno
adónde va, me pregunto,
baja o sube a saltos hacia su principio...

si bien no importas, si bien es nuestra vida y basta.

(Traducción de Horacio Armani)