domingo, 4 de septiembre de 2011

4572.- DOMINGO MORENO JIMENES


Domingo Moreno Jimenes. (República Dominicana).
Nació en la ciudad de Santiago de los Caballeros el 7 de enero de 1894. Fue Sumo Pontífice del Postumismo. Su vigorosa personalidad ensombrece los intentos poéticos de esos compañeros de ideales, siendo el único poeta postumista que ha realizado una obra de valor permanente.
Su obra permite que aparezcan en la poesía dominicana poetas de las dimensiones sociales y humanas de Héctor Incháustegui Cabra!, Manuel del Cabral y otros. En enero de 1929 sale en Santo Domingo, bajo su dirección, el primer número de El Día Estético, Revista Indo universal de vanguardia, como también rezaba en la portada. Sus redactores fueron Rafael Andrés Brenes y Jesús María Troncoso. Algunas de sus ediciones se realizaron en San Pedro de Macorís y en Santiago.
Moreno Jimenes mantuvo, aún en su edad provecta, un espíritu de combate que lo hizo estar presente en todos los acontecimientos literarios de significación. Es así como vimos aparecer su nombre entre Los Nuevos, La Poesía Sorprendida, etc.
En 1953 Flérida de Nolasco recoge en el volumen III de la Colección Pensamiento Dominicano, parte de la obra de Moreno Jimenes, precediéndola de un breve estudio.
El crítico rumano Horia Tanasescu, ex-profesor del Instituto Osvaldo Bazil, escribe un largo ensayo sobre la obra de nuestro poeta, comparándolo con el poeta chino Lao Tse con quien le encuentra afinidades sorprendentes.
Poemas como «La hija reintegrada», «Su majestad la muerte», «Diario de la aldea», «Canto-grito», «Burbujas en el vaso de una vida breve» (prosa) ya con influencia de La Poesía Sorprendida, aseguran su permanencia como poeta de primer orden y lo convierten en uno de los más estimulantes puntales de la poesía dominicana contemporánea. Murió en Santo Domingo el 23 de septiembre de 1986.






EL POEMA DE LA HIJA REINTEGRADA

AGONÍA

I

Hija, yo no sé qué decirte si la muerte es buena
o si la vida es amarga;
sólo te aconsejo que despiertes, adulta de
comprensión más que tu padre!

II

Hija, ya no habrá oriente ni poniente para tu porvenir:
una sábana blanca serán tus días,
una sábana blanca será tu pasado
y tu recuerdo una estrella que frente a frente
me iluminará el porvenir!

III

No sé por qué tu agotamiento
me trae una recóndita dicha anegada de lágrimas,
que me hace amainar la pulsación de la tarde.

IV

Tu infancia y tu silencio me parecen hermanos.

V

Hija, hazme tomar la resolución de los otros:
vuelve mi proa añicos
y mi voluntad una piragua;
que nada sea mío desde hoy, que no quiera poseer nada mañana;
desnudo de bienes y desnudo de virtudes hazme;
sin egoísmo de lealtades y sin egoísmo de pureza;
hazme entero el milagro de darme todo a los elementos,
como si fuera sustanciación del ser increado...

VI

Tu vida fue microscópica, pero grande;
el segundo de tu existir, eterno!

VII

Hija, cuántas nubes,
cuántos pájaros,
cuántos horizontes insospechados me abre en el amanecer tu ruta!

VIII

Hija mía, para ti la mañana no será clara ni fresca;
verás envuelta el alba en la noche,
y las cosas de mayor transparencia
tomarán ante tus ojos la actitud de un largo crepúsculo.

IX

En este mundo donde sólo se premia la capacidad de fingir mejor,
era justo que llegaras, y después de breves instantes,
ya estuvieras confundida con la cal y con la
mariposa, con el carbón y con la piedra.

X

¡Cómo me alivianas la sombra, al advertir
desde que te dormiste que en mi
derredor todo es sombra!

XI

¡Oh tú, que me enseñaste desde que naciste
a ver la vida con ojo más sabio
y a la humanidad con ojo más triste!

Triste, triste; ¿y no es acaso la suprema alegría
de los seres mudables el ser tristes?

Triste fue la faz de la tierra cuando se
desperezó el primer hombre!

Triste tiene que quedar la tierra cuando se
desentuma en su regazo el último hombre!

XII

¡Oh, tú, que desde que naciste pude decir:
boleta de tumba!
Oh, tú, que ya crecida pude decir, por tu desvalidez,
la preferida mía!

XIII

Por ti quise cambiar y que la fortuna me sonriera;
por ti no cambié
y la fortuna no me sonreirá nunca!

XIV

Hija, cada vez que examino tu vida
me doy cuenta que tú eres como mi vida:
una sombra entre dos crepúsculos!

XV

Iba a decir entre dos agotadoras auroras
y ya ves, reicindí, sin querer, entre dos crepúsculos!

XVI

¿Por qué tan pura, tan casta y tan leve, te
debas parecer al crepúsculo?

XVII

Olvidaba que toda adjetivación es cruel y ruda:
Dios dio desnudo a los hombres el verbo,
y del lenguaje, sólo debe quedar desnudo el verbo!

XVIII

Toda filigrana de síntesis es una profanación
¿verdad, hija mía?

Ya no te puedo buscar sin parcializaciones,
sin atributo contingente:
¡será en mi incompleto nombrar, sencillamente,
el vaho de las cosas!

XIX

No te puedo asir con una palabra,
y no debe extrañarte recónditamente,
porque estás para mí más alta que la región de las palabras!

XX

Y vuelvo a caer en las comparaciones.
¡Oh, hija, cuán subordinado estoy a la vida!

XXI

Miserable hombre que osa creer que
después de la sombra la vida es vida!

XXII

De imperfecciones se forman nuestras excelencias
y es toda la existencia del hombre un brazo tendido
hacia el turbio porqué de los enigmas.

XXIII

-Tiene el pulso demasiado débil,
pero este letargo no es la muerte-.

Su médico era mi propia almohada de cabecera
y yo quedé perplejo ante su callado
sufrimiento y la miseria de la vida!

XXIV

Si fuera bizco de pensamiento
y tuviera la boca siempre llena de mentidas palabras;
hija, iba a blasfemar por tu dolor...pero, ¡perdona!

XXV

¡Compran caro el suelo donde colocan a los muertos,
y ellos son más dueños de la tierra que los hombres
que comercian con ellos!

XXVI

¡Al través de los milenios, los hombres son puñados de tierra
que se deforman a su antojo!

XXVII

Hija, ya me han avisado que tus pies están fríos.
Hija, resígnate a que lo blanco no sea blanco
y a que lo negro no sea negro!

XXVIII

Hija, ¡cuánto crece el sol sobre la sombra de los tilos,
cómo se agiganta la nada sobre la soledad
de tu aposento,
cómo nace y renace la esperanza por entre
los ámbitos de la vida!

XXIX

-Tibien la leche, terciada con agua,
para si mi chiquitita despierta.
Cuídenmela, hasta que se vuelva esperma
como capullo inmortal el cuidado.

Ella es carne de mi vida, flor de mi
pensamiento, cemento de mi alma.

XXX

(¡Eres, amada mía, como flor del higüero joven,
como el azogue del crepúsculo,
como la diafanidad de la Naturaleza toda!).

XXXI

No seas padre; sé hombre,
sencillamente.

¡Gira tu vida a tu derredor
y que tu amor a una abstracta "Humanidad"
no te haga olvidar jamás de que eres hombre!







LA NIÑA POLA

¿Qué será de la niña Pola
que estaba en el campo,
que su padre figuraba tonta
y echaba a rodar a los vientos de la alborada su risa loca?...

Crepúsculo y alma,
ingenuidad y gloria;
suspirillos de un pecho que no había tenido pesares nunca,
inquietud de unos ojos que habían rondado por la montaña,
tras el arco-iris que los corpúsculos tornasola...

Sobre blanco rojo,
y sobre rosado, moreno.

Brillo como aquel brillo, yo no he encontrado ni en el diamante ni en el destello;
castidad parecida,
ni en la albahaca ni en el romero,
ni en la petunia, ni en la magnolia, ni en la paciencia;
(el sol de espaldas o el sol de hinojos junto al cerro...)

- Es muy tranquilo; pero me lleva catorce años.

(¡Oh, si supieras, cuántos abismos, cuántos obstáculos,
salvo en la tarde, salvo en el alba, para tenerte junto a mi sueño!)

¿Qué será de la niña Pola,
que estaba en el campo,
que su padre figuraba tonta
y echaba a rodar a los vientos de la alborada su risa loca?...

La sangre aborta, y a las miradas que están en éxtasis
no le es posible seguir el curso ya desarbolado de la égloga...







ASPIRACIÓN

Quiero escribir un canto
sin rima ni metro;
sin harmonía, sin hilación, sin nada
de lo que pide a gritos la retórica.
Canto que tuviera
sólo dos alas ágiles,
que me llevaran hasta donde quiere,
con su sed de infinito,
en las noches eternas volar el alma.
Canto que, como un río
sereno, fuera diáfano;
y en su fondo se vieran
como piedras cambiantes, mis ilusiones,
como conchas de nácar, mis pensamientos,
como musgos perpetuos, mis ironías
sobre los arenales de mi esperanza.
Y allí mostrarme todo
como soy en la vida
y seré tras la muerte
cuando la eternidad orle mi gloria
con sus palmas de luz!







SU MAJESTAD LA MUERTE

Hendido así,
de cara al Cosmos,
lo vemos más cuando se rinde en lo incomprensible;
DOMINGO MORENO JIMENES 451
cuando es halo y no cuerpo,
cuando es luz y no vida.
Pasa como si se perdiera hundiéndose en nosotros;
y lejano y cerca de las cosas,
vuelve y vuelve,
pero no lo vemos,
sino que lo advertimos muy junto
y como desleído en nosotros.
El rayo iba a caer, pero no cayó,
sino que quedó suspendido entre Dios y nosotros.
Ahora vive en el agua;
y en el niño que nos desconoce;
y en la pisada tenue de la brisa;
y en la religiosidad que nos arcana el dolor;
y en la alegría superflua de todo humano triunfo;
y en el goce mentido de la caricia de la tarde;
y en la angustia compasiva de la ansiedad;
y en el instante que se soñó un milenio;
y en el milenio que fue un instante.
Quedó prendido en el cordaje de Dios, como nota
que desnivela el tiempo,
que contrae el mundo hacia el átomo,
y que en un átomo vuelve a recrear el mundo.
¡Tan asequible y tan lejano!
¡Tan perdido y tan nuestro!
Ya no es de su esposa, ni de sus hijos,
ni de su madre,
sino mío y de todos...
La muerte tentó a Dios;
y los muertos no tienen estado, no tienen
dimensión ni tienen domicilio.
Los muertos son libres como el aire, y aún más.
Nadie puede huirles; nadie es capaz de
aprisionarlos;
se salen de las manos del amor;
miran al bien como un extraño;
el rostro del mal desconocen;
poseen una conciencia tan consciente que llega a los
linderos de la inconsciencia,
y Dios no los alcanza, porque toman su forma
informe y su silencio de sonoridades desoídas.
El cadáver estaba caliente hace pocos ratos,
¡pero yo ignoro el tiempo y hasta desconozco el
astro por que he sido Influido!



LA FIESTA DEL ÁRBOL

El silencio es más grande que todas las
diatribas humanas;
permite no obstante, que mi voz lo
deshaga con tal de que tú continúes en alto
«por todos los siglos de los siglos»
oh árbol!, cuya tradición de victoria
crece en el horizonte de los más apartados
confines,
de las más remotas civilizaciones,
de los más ignorados pueblos!
Yo sé que la noche tiene sus calmas y sus luces,
pero el ruiseñor también es la luz
y la alondra, siempre es la alondra!
Permite que así como amo a la rosa te ame a ti
que prolongas la vista de los pelícanos
hacia las nubes.
Hasta que no pernocté en una selva no supe tu
gracia oh! luna, ni tu fuerza, oh! rayo, ni tu
mudez oh! gris.
Duerme el viajero en el bohío del campesino
agreste
y ya no es la luz de la mañana ni el beso
de la amada que lo despierta
sino el canto de los pájaros,
y ese olor odorante de la selva virgen
que se desprende en el rumor de fiesta del
crepúsculo
matutino
como un inicial resplandor de éxtasis!...
Oh cielo alto!
y más alto y más erguido por coronar la
frente de los árboles...
Sé que la flor dura apenas un día
y tú te prolongas al través de las generaciones
¡oh ceiba de Colón!
en cuyo tronco el grito de mi niñez estalló
con júbilo
y más tarde la cólera de mis días viriles
fueron un holocausto
oh tú que recibiste el eterno arrullo de las
oceánidas del Ozama
y los ultrajes de Yanquilandia!
Ahora el polvo y el humo te azotan
y yo sigo en mi esquife de plata que no
tiene brújula,
presiento el gesto de las aves
y esquivo el dardo de los insectos!
en tus ramas no hay nidos
ni en tu corteza insignias insignes.
Ojalá nos hubiera tragado la mar
antes que permitir que la más seca de tus hojas
fuera tocada
o la más estéril de tus raíces rota!
Yo sé que comencé a sentir el dolor de la Patria
en la momia de tu corteza caída.
Ya no entran las carabelas al Ozama a
traer el olivo
y a los distantes buques que por la rada pasan
ya no podemos saludar con éxito,
ni dejar de sentir un agudo presentimiento
hasta ante la goleta que viene de Jamaica
cargada de cocolos!
Por mucho tiempo el arte de la marinería,
será piratería para nosotros.
Culpa ha sido del viento, que no de la brújula.
Oh árbol, por ti he abandonado el bosque y
la ciudad
y ahora me encuentro en pleno océano que
es como quien dice en pleno infinito;
pero tú me perdonarás porque los sueños no
tienen patria
ni los ideales horizontes,..
Desde este recodo de Sabaneta, saludo el
advenimiento del mayo espléndido
y me inclino reverente ante estas aulas
compañeras
y ante esta escuela albante
con sus vocecitas de niños felices y su puerta,
-siempre su puerta, de par en par abierta, al sol.



MELANCOLÍA

Dejaré mis niños.
Partiré del pueblo.
Me roerá la angustia que a los peregrinos
acoge en silencio.
El día que parta,
todos a sus puertas saldrán a verme;
encontraré en mi senda alguna anciana
de las que socorría algunas veces...
Cuando unos pinos cruce
fustigaré mi potro;
y aunque el norte no empañe ni una nube,
el pañuelo de hilo me llevaré a los ojos.
Al verme las perdices
levantarán el vuelo;
llorará en una palma una tórtola triste,
y tal vez si un can sucio me seguirá a lo lejos...
Por semanas y aun meses
me instigará una sombra;
luego... mis cantos en la mañana alegre.
¿Y después?... el olvido y algunas muertas rosas.





CANTO—GRITO

Mi vida tosca
y triste;
mi vida llena de miserias y de lampos de
infortunio, infinitos;
mi vida ahuecada por el presente
y paralizada por el futuro;
mi vida poblada de infantes que piden pan y de
mujeres que esquivan caricias;
mi vida torpe y desgarrada como una pitahaya;
mi vida, sin razón de ser y sin sentido, como la
misma muerte que circunda la Vida.
Mi vida, —¡oh, sopor de abismo; oh faro apagado
por el pensamiento; oh destino que devuelve
el destino!



http://www.obsidianapress.com/domingo_moreno_jimenes.htm

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