jueves, 22 de septiembre de 2011

JAIME GARCÍA MAFFLA [4.797]




Jaime García Maffla 

Poeta y ensayista colombiano, nacido en Cali en 1944. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de los Andes y un Máster en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana. En su obra se traslucen influencias del existencialismo. Fue cofundador de la revista de poesía Golpe de Dados, que apareció en 1972, junto con Mario Rivero, Giovanni Quessep y Fernando Charry Lara. Ha sido catalogado, con muchos otros poetas, en el grupo de la Generación sin nombre. Fue autor de las notas y el prólogo de la primera edición colombiana del Quijote. En 1997 recibió el Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia. Ha trabajado con la Casa de Poesía Silva como coordinador de talleres de poesía y actualmente se desempeña como profesor de Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana y en el Instituto Caro y Cuervo, en Bogotá.


Obra poética


Morir lleva un nombre corriente (1969)
Guirnalda entre despojos (1976)En el solar de las gracias (1978)La caza (1984)Las voces del vigía (1986)Poemas escritos a lápiz en un viejo cuaderno (1997)Vive si puedes (1997)Al dictado (1999)Caballero en la Orden de la Desesperanza (2001)Antología mínima del doncel (2001)Caballero en la Orden de la Desesperanza (2001)Poemas del no-decir (2011)Buques en la Rada – Lais (2014)De las señales (2014)

Obra ensayística

En otoño deberían caer todas las hojas de los libros (1987)
En la huella de Miguel de Unamuno (1985)
Don Quijote (1987?)
Fernando Charry Lara (1989)
Estoraques de Eduardo Cote Lamus (1994)
¿Qué es la poesía? (2001)
Hacia la sacritud del lenguaje: Stephane Mallarmé (2001)



PASOS

Esta vez vino breve
sonido de una caja de música
acaso porque huyera
haciendo un alto en cada puerta
Cada uno miraba en torno a sí
o al patio
y algo adentro escapaba de las manos.



LAS SOLEDADES SUYAS

Ni una sonrisa,
ni un gesto de benevolencia
o amistad,
extranjera llamada que a las puertas

De mi pasión un día se llegara,
pues apenas persigo la estación y el fin
justos
a mi desvelo, acabadas mis fuerzas,
hora que se aproxima desde mi nacimiento.

Ni auxilio ni llamado, menos aún
calor,
bienes ajenos todos,
por otra mano concedidos
de donador más eficaz y ecuánime,
aquel que sabe quién tiene la gloria
o la gloria es.

Nada de mi pasión
ni de mis vencimientos en esta hora
final,
si al asilo que acojo o que me aguarda
no asiste estrella alguna,
salvo la soledad de mi anhelo que querría,

Así como la niebla silenciosa se tiende
sobre el aire
o como el tiempo ignora

Con su desdén la mano inexistente,
ver en las cosas todas
transportada y ajena solitaria mi imagen.



CANCIONES DE AUSENCIA


Fragmento


1

Ondas del mar de mis sueños
¿en qué playa habrán de dar?


2

Florecido por tu ausencia
un rosal tengo de quejas
para plantar en las eras
del corazón que me alejas.


3

Tu cuerpo y mi alma
¿cuándo se tendrán?
Tu cuerpo que vive y mi alma que sueña.


4

Te acercas a mi recuerdo
como una mano intocada
a cuyo tacto los sueños
fueran verdad y me amaras


5

Si duermo
vives conmigo,
contigo voy
si despierto


6

He amado tanto tus ojos
y tanto los he soñado
que ya no puedo decir
si al mirarlos me han mirado,


7

Todavía conmigo está
el color de los geranios
que querías una vez
poner tras este cristal.


8

Me llamas
y no respondo
porque en silencio
me hablas.


9

Si caminar a tu lado
ya toda la fantasía
me ha devuelto ¿qué sería
contigo estar?


10

Eres el aire que pasa
y que mueve sin rozar
las hojas de mi nostalgia.


11

Las mariposas que vuelan
por tu mirada
¿en cuál red podré apresarlas?


12

Te vi llegar y no supe
de cuál de las vidas mías
venías porque llegada
ya ninguna vida tuve.


13

¿A qué al mundo
hemos venido
si no ha sido
para amarnos?


14

Las eras de mi recuerdo
sin eriales porque en ellas
es tu alma lo que pierdo.


15

Quien amores da
temores aguarda,
quien amores guarda
temores tendrá.


16

¿Dónde abrevaré la sed
que me abrasa tras haber
vuelto a encontrarte otra vez?


17

Muérome porque me dejas
y estás a mi lado,
muérome porque a mi lado
te me alejas.


18

¿Me amarías
todavía
si mi vida
ya no es mía?
(....)


Duelo


El duelo de la hora:
Cómo se vive y cuánto
Enemiga nostalgia
Lo lleva de la mano.

Y el corazón que va
Con la vida que escapa,
Abraza sólo el sueño
De las cosas que ama;

Música o soledad,
Duelo ya fantasía
De ser y de vivir
A solas el milagro.

Duelo que en celo y vela
va en alas de presagio,
De una nada a otra nada
Hacia el último tránsito.



Razón

Vive si puedes
Fueron las tres palabras
Que le dijo a su propio corazón
Al saber que debía
Despedirse de todo e ir al desapego
Plantar en su jardín la flor morada
Del desprendimiento
Ahora si puedes vive
Asi se dijo
Asi oyó de sus labios su razón
Siendo él su contrario
Siendo él mismo aquel otro
Que en enemigo suyo se volvía
Luego de abandonada la vida que una vez
Fuera su aliento
Su alimento y su senda
Cuando su alma era el norte de sus pasos
Y ahora se lo dice
Vive si puedes
Ajeno ya de si cuando el final del día
Le hace exiliado de su ensueño y el huésped de su duelo.



Voluntad del juglar

Sea la inexistencia
Que mi ser todo desaparezca
Que no quede huella de mis escritos
Memoria de mis actos
Rastro de mí
Semilla o fruto de mis pensamientos
Que mi nombre se hunda en el olvido mi alma en el no ser
Mi vacío en el vacío universal
Como se han ido ya mis horas
Así se seque el cauce de mi sangre
Ay que huella no quede de mis pasos
Ni eco de mi voz
Ni sombra de mis cosas
No se guarde de mi ni la nostalgia
Así sea en una urna
Borrada de los lienzos toda imagen
Que los espejos ya no me reflejen
Y si algo quedare
Sea pues de mi ser lo que no ha sido.



Los poemas que a continuación publicamos de este admirador y epígono de Unamuno, forman parte de un libro que perdió su impresor. Eran 20 poemas para una edición de 50 ejemplares, como casi todos los libros publicados por el colombiano (Salvo ‘De las señales’ y ‘Buques en la rada’, ambos de 2014). Al perderse, García Maffla ha recuperado algunos de esos textos, aparecidos en la Revista ECO, No. 127, de 1970.



BREVE VUELO DE PÁJAROS

Nadie sabrá
más tarde cómo ha sido
en qué lugar
dejaron tantos restos
quién señaló la puerta
o abrió la trampa para que cayeran
las señales

En los bosques quedaron
en los árboles del camino
que nadie cruzara desde entonces




A LA MESA SENTADOS A LA TARDE

A la mesa sentados a la tarde
quietos abuelos dóciles como el trigo

Al oro de la sombra contemplan
sueños
trozos de objetos
                                
                Breve tiempo

Caer sobre los muros con alas apagadas




ESTA VEZ VINO BREVE

Esta vez vino breve
sonido de una caja de música
acaso porque huyera
haciendo un alto en cada puerta

Cada uno miraba en torno a sí 
o al patio
y algo adentro escapaba de las manos



A VECES VISTO EN LOS ESCAPARATES

A veces visto en los escaparates

En las manos también
se presintiera igual a la caída
de pájaros
a la tarde en los árboles desiertos

Dentro de poco llamarán a la puerta

La huída que concluye donde ayer
comenzara



LLEGADO AL PASO DE LA TARDE

Llegado al paso de la tarde
sonido apenas perceptible de metales

Entre la claridad
mujeres en las puertas o por habitaciones

Cuando el tiempo apresure la caída
vendrán sueños




TANTO ALENTAR ESTÉRIL

Tanto alentar estéril

Así el tiempo
como animal yaciendo en toda cosa

Hoy como ayer
en el hacer que es siempre
que cada vez es más
y nadie se lo impide caer

Como el guerrero
con estruendo de armas y de sueños





Jaime García Maffla

HERIDA DEL JUGLAR  Antología poética íntima   (1972-2016)
HEBEL Ediciones, 2016


I

VIVE SI PUEDES


VIVE SI PUEDES

Vive si puedes
Fueron las tres palabras
Que le dijo a su propio corazón
Al saber que debía
Despojarse de todo e ir al desapego,
Plantar en su jardín la flor morada del
Desprendimiento.
Ahora, si puedes, vive,
Así se dijo,
Así oyó de sus labios la razón
Siendo él su contrario,
Siendo él mismo aquel otro
Que en enemigo suyo se volvía,
Luego de abandonada la vida que una vez
Fuera su aliento,
Su alimento y su senda,
Cuando
Su alma hacía de Norte a sus pasos.
Y ahora se lo dice:
Vive si puedes, vive...
Ajeno ya de sí, cuando el final del día
Le hace el exiliado de su ensueño
Y le convoca
En el oscuro huésped de su razón del día...




II

SEÑALES

A: Danilo Cruz Vélez


OTOÑO

A la mesa sentados a la tarde
Quietos abuelos dóciles como el trigo
Al oro de la sombra contemplan
Sueños, trozos de objetos
En el patio desierto la aurora
De la estirpe
 Breve tiempo
Caer cobre los muros con alas apagadas



AL PASO DE LA TARDE

Llegado al paso de la tarde
Sonido apenas perceptible de metales
Entre la claridad
Mujeres en las puertas
O por habitaciones esa historia
Del mártir traspasado en la avenida de laureles
Cuando el tiempo apresure la caída vendrán
sueños




PASOS

Esta vez vino breve
Sonido de una caja de música
Acaso porque huyera
Haciendo un alto en cada puerta
Cada uno miraba en torno a sí
O al patio
Y algo adentro escapaba de las manos.




III

VIENTO EN LOS ÁRBOLES

LA POESÍA

 A: Indrán Amirtanayagám

No haces ya
Los versos, no los haces.
Tal vez la poesía
Sea sólo una forma de señal
De los atardeceres de tu alma.
Mas no compones,
Ni dices ni callas.
Tal vez por compañía
Has de tenerla o por consolación
Que es
Vana estadía la tuya en las palabras,
Como en tu paso,
Si es que dejas huella.
Acaso
Un recuerdo o un amor o un adiós,
Pues ya no sabes
En cuál lugar de ti estás ahora.



RECONOCIMIENTO

Los ojos que me miran desde un cristal imaginario,
Evocando los rasgos que tuviera un día,
Nada tienen que ver o saben del final que me
                   aguarda
Y no imagino.
           Sin embargo,
Cuando lunas y soles hayan cumplido con su
           tránsito,
Y de la memoria hayan partido imágenes y sueños
           eternos,
Quedarán,
Como la parte mía no encontrada, los ojos que me
           miran.



QUIERO HABLAR CON LA VIDA

 A: María Mercedes Arias

Quiero hablar con la vida,
Yo quiero que una tarde
La vida venga
Y se siente a mi lado a conversar.

Que nos vamos
A la banca de un parque
O nada más a caminar,
Y nos sentemos a decir nuestras cosas.

Hablar de los asuntos:
De la tarea de ser
De oficios como ganar el pan
De la desesperanza y la esperanza.

Yo quiero que la vida me diga
Quién es ella,
Saber de los amaneceres,
De la nostalgia, la derrota y el sueño.

Y quiero preguntarle
Por el destino,
Cómo hay que resistir, estar,
Cómo se puede soportar noblemente.

Hablar de la agonía
Y del paso del tiempo,
De tener que tener
O tener que perder y tener que seguir.

Del hilo de los días,
Del misterio, de la nada y del cielo
O de sus fantasías,
Del cansancio, del duelo y del olvido.

Yo quiero que la vida,
Así una amiga vieja
O una desconocida,
Me hable de la secreta historia de su herida.




IV

DESDE LOS TRAZOS


HERMANO

Búscate, hermano,
Si llegas a encontrarte
Cuéntame en qué lugar estás
Y cuál te hallas,
Qué razón tienes de ti mismo,
Cómo vives,
Si vives; si te llega
Noticia de tu alma
Dime el estado de sus cosas,
Si penosa o serena es su navegación,
Si el día la recibe o le es extraño.



VOLUNTAD

De lo que afuera existe nada quiero saber, como
         no sea
Que nada afuera existe o permanece, aunque la
         vanidad
Es cierta y de su éxito referida fue siempre su salida
         feliz.
Dentro de mí tampoco nada existe, si aún alienta la
         sangre
Entre mis venas, por las palabras hecha,
Con el final que aguardo y el viaje de mis días. 




EXTRAÑA

Aparición o imagen:
¿Quién nos vigila? Extraña
Desplaza con su vuelo
Todo el afán del día.

Grave y azul por sueños
La soledad desfila
En olas que son hojas
De horas detenidas

Y la estación descubre
Que no el afán del tiempo,
Cuando acerca la pátina
Lenta de la agonía.




EN SU PATIO DE ROSAS

En su patio de rosas, temprana primavera,
El engañado advierte cómo, de la materia
De du vida
Crecen los vencimientos, la desilusión,
El fulgor de su espera fantasía hecho ya.

¿A qué vivir? Ahora se pregunta; fragmentos
Sus días son, tras el ensueño a penas duras
Recogidos, aliento el de sus semejantes hecho
                herida
O imbatible puñal para la herida,
Y la mirada suya, la de su corazón, luz
De sus ojos, un universo desplomado.




V

¿DE LAS PREGUNTAS?


ESTACIÓN

El encanto y la pausa del encanto;
Rocío matinal que hiere y deja
Sobre el herido la estación, la queja
De la herida y la seña del quebranto



ROSAS

Rosas y rosas blancas
Abiertas al rocío
Y a tus ojos abiertas
Pálidas entre el alba.

Delante de su signo
Le preguntas al Ángel
De la vida, por qué
Fuiste de ella elegido.

Al tapiz de los años
Bajo tus pies tendido
Con los indescifrables
Dibujos del destino.

Al Ángel de la Vida
Y a su oscuro designio
Preguntas por qué ella
Te eligió y con cuál Sino.




NOMBRES

Detenidas las barcas...
Los marineros
Pintan los nombres,
De sitios o mujeres en la proa,
Tejen las velas rotas.
Hay voces y en el fondo del agua
Están los residuos del viaje.
El sol cae benévolo
Pues todavía es la mañana.
Han hecho un alto,
Como los hombres y el deseo.
Las barcas detenidas
Ahora navegan por el tiempo
Que acaricia sus quillas
Con ese amor alado de las ondas.



ACUDE, PUES QUE IGNORAS

Acude, pues que ignoras
Todo cuanto de los otros en ti hay,
A tu interior,
Como a la luz las mañanas acuden.

En el ámbito solo de algún día
Antiguo,
Tu nombre graba,
Y así al concluir el día también concluya.

El desencanto de querer comprender
Tuyo no solo es
Sino de la naturaleza toda,
Aunque la comprensión para ella no fue hecha

Sino el existir,
Zumo entero de horas que rosas son,
Cogidas
En el jardín eterno del fluir que se agota.




VI

LAS VOCES DEL VIGÍA


LAS VOCES DEL VIGÍA

Las voces del
Vigía
Dicen de los oscuros
Seres mágicos ya desaparecidos,
Pero que han de volver.
Hablan de los lugares
Que ocultan la marea
O maleza del tiempo,
Seres
Que nos conocen,
Sitios del corazón hoy olvidados
Y a donde el viaje va;
Anuncian la venida
De la hora del tránsito,
Ecos de su vigilia
Las voces del vigía son señas del encuentro.





VII

SEGÚN LA OCASIÓN SEA

A: Mario Rivero



ADÓNICO

A nada invoco fuerzas, hoy a nada me acojo,
Las heroicas salidas de ayer no se repetirán,
Pues que afuera he quedado y nada me
                resguarda.
Quede mi nombre hoy como los nombres quedan,
Para que sea según cada ocasión o por cada
                partida,
Y no carguen mis pasos otros huesos que estos
Huesos equivocados que dirigen mis pasos,
Fuero de la ordenanza de seguir con el juego
Y aún perpetuarlo.




OTRA VEZ

Siempre
Había imaginado los navíos,
Pero tenía
Un profundo sentido de la pérdida;
Ahora le faltaba
Alcanzar un sentido de la espera.
Sabía de las desolaciones
De lo nostálgico, sabía
Que eran como un abrigo
No tenía sino razones de sí mismo;
Actuaba en ignorancia de su ser y concedía,
Todo era una concesión o una obediencia.



HERIDA DEL JUGLAR

Lo dije siempre y de ello me convenzo,
Que la ocasión, nunca se nos ofrece,
Ni se nos acomoda,
Y que la estrella fija de todo nacimiento
Discurrió por el nuestro y desatina
Hasta el presente desde entonces.
Que la fortuna en creces, si en dobleces rica,
Cuando el cauce descubre de nuestras aguas
diáfanas
No lleva ni convida su curso, ni se vuelve o pregunta
O raciocina, vuelve
Su mirada a los lares que a nuestro lar vigilan.



POR UN ENGAÑO

¿Qué habría de decir
O a qué mover mi mano?
No sé qué sea la poesía,
Ni aún mi vida.

Nada sé de mí
Ni de aquellos que ahora
Me rodean,
Pero tampoco puedo saber nada.

Estas líneas las trazo
Estérilmente y por inercia,
En un casi completo abandono
O en una obsesión.

¿Decir? Nada
Hallaría, ni de mí ni de nadie;
Sé que existen los versos
Y que los he amado desde niño.

¿Más para qué? Los días
Son siempre nuevos,
Nuevos también los ojos engañados
Y el corazón que a ellos adora.




VIII

ENTRE TU DÉBIL SANGRE


DESEADA LA IMAGEN

Restituye tu vida
A la quimera que de ti
Un día fabricaste,
Día de tus soledades.

Encontrarás en ella
No esa imagen pasada,
Que hoy tampoco reconocerías,
Sino la que aún alienta en ti,

Viva sangre a despecho
De los otros
Entre tu débil sangre,
La que has llevado y llevas,

Que vive, pues la ignoras,
Y a espaldas suyas has
Hecho de tus actos
Los de aquel otro que no has sido.

Esa quimera acoge,
Pues la imagen labrada
De tu eterno presente por tu vida
Vive con quien en ti quiere la vida.



CANTIGA

Árboles de verde de oro
No me miren cuando lloro.

No miren lágrimas mías
Ni oigan baldías palabras
Pues que vienen del Amor
Tampoco pasen las páginas
Del libro del corazón
Sino miren a mis ojos
Como las nubes se miran
En el espejo del agua
La tempranas y engañadas
Flores que se abren al día. 



ENTREGA

Seducida la hora
Por su propio misterio
Y por la rosa
Falaz que la persigue;

Seducida, dispuesta
Y encendida,
Por referir la historia
Que esconde a la porfía,

Y en su desdén ofrece
A la quimera,
Como en las dolorosas
Avenidas del tiempo,

Sin comienzo ni fin
Y sin regreso,
Entre los patios vive,
Vive en los pensamientos.



PALABRAS QUE AYER

Palabras que de sí
Una vez ayer, lejos, dijera,
Hoy nada son
Nada para nosotros
Que en otra tierra, con historia
Distinta, debemos hacer frente al destino.

Pero no es esto lo que importa;
Aunque es verdad que de un lugar a otro,
De un tiempo los azares
Y afectos difieren
Con el sendero de una vida y su meta,

Mas aquellas palabras,
Dolor de un hombre solo, permanecen… 



IX

EL OFRECIMIENTO


ADVOCACIÓN

Algo menguado es mi comienzo
¿Qué habría en fin de lograr?
De mis presagios una ilusión hice,
Aún dorada. Si un día la amé y a ella
Me acogí, flaqueza fue,
De ahí que hoy esté como estoy.

Mejor que advocación es esta
Invocación
O agonía, lucha más propiamente,
Aunque tan inocente como las otras todas
Y tan inocua. Si de melancolía me asisto,
De parsimonia o amargura, es que todo
                  lo concedo,
Pues alabo y persigo la fe que por mí excluyo.




UN REGRESO

Era un inicio.
¿Podría conseguirlo?
Era otra vez un instante vacío
Con el ramo de olivo de la Nada
Entre sus manos
Y en la luz de ese instante
En el que todo habría de congregarse
Como si hiciera parte de otro rito,
Como si apenas ya callado
Fuera y en acatamiento
Sólo el comenzar en otra ceremonia.
Por cuánto tiempo y hacia cuáles parajes
Que le era concedido o de suyo
Imaginar su ensueño como algo intocado,
Como si fuera dispuesto en el comienzo.
Ay, pero no lo era
Y ya había sido tantas veces el fin.
Si es que esa rada todavía estaba allí,
Haría un alto en la navegación con las jarcias
        en ruinas.



ABANDONANDO

La alegría de este cielo
Que miramos en silencio:

¿A dónde alcanza la dicha?
Sólo a nuestros pensamientos;

A la nostalgia que olvida
Y que de olvidos se viste.

Haciendo de vida y años
Aquello que ya no existe.



LO QUE DESEO

            En memoria de Daniel Arango

No quiero más palabras
Que las de la conversación de la lluvia,
Ni más verdades
Que los colores de las mariposas.

No ya otras voces
Que la voz de las cosas o las olas,
Y no las luces de una revelación
Sino la luz del cielo.

No más imágenes
Que las que dibujan las nubes
En el lienzo azul del firmamento,
Ni música distinta a la del agua.

No otra creencia
Que los cantos y el vuelo de los pájaros,
Más posesiones que el desprendimiento,
Deseos que el desapego.

No más objetos
Que los del cofre de la fantasía,
Ni más leyendas
Que las que trae y lleva el viento.

No otra oración
Que la que se hace en sueños,
Ni misterio distinto
Al del tiempo inasible e invisible.

No ya certezas
Salvo los pensamientos de los pétalos,
No quiero más sosiego
Que el de lo silencioso en el silencio.



ACUDE PUES QUE IGNORAS

                 A: Pablo García Arias

Acude, pues que ignoras
Todo cuanto de los otros en ti hay,
A tu interior,
Como a la luz las mañanas acuden.

En el ámbito solo de algún día
Antiguo,
Tu nombre graba
Y así al concluir el día también concluya.

El desencanto de querer comprender
Tuyo no sólo es
Sino de la naturaleza toda,
Aunque la comprensión para ella no fue hecha

Sino el existir,
Zumo entero en las horas que rosas son
Cogidas
En el jardín eterno del fluir que se agota.




X

GRABADO EN PAPEL


NOSTALGIAS

¿Qué de las dignidades?
El cielo que me asiste
Y acoge hoy mi destierro,
De vosotros no aguarda

Los oros ni los premios.
Mi huerto no es de rosas
Ni de hojas de rosas
Que rojas se quisieran

Al caer dulcemente
En la mano solícita,
Sino de pensamientos,
Los que asisten al fuego

Que mi anhelo abandona
O condena mi empeño
Al abandono cierto
De mis oros por cortos si por vacuos.




MIRADLO QUE AL FIN MUERE

Invoca el abandono
De sus días antiguos,
Aquellos que ahora son
Llama y cenizas.

En él vendimia hace
De ilusiones y amores,
Coros que son ahora
De sus desdichas

O de sus fantasías
Que en él una vez fueron
Rosales por la vía
De otros cielos.

Mas es Doncel y puede,
Seguido de su Gracia
Tomar por campo y lidia
Desazón y nostalgia.




LA HORA

                   A: Hugo Mujica

Hoy me ha mirado la hora que pasa
Y me he mirado al pasar de esa hora.

Hoy la hora que sabe de su paso
Ignora todo cuanto en su seno lleva.

Hoy me ha mirado el pasar a un pasado
Lo presente en la hora que a través mío pasa.




NOCHE Y DÍA

                A: Gloria Posada

Abandonada, entre su imagen bella recordando
Los días primeros, el comienzo del mundo.

Ahora el desinterés, la fatiga, la sed,
Como una galería hace tiempo olvidada
En donde fue creciendo el esplendor
Del vencimiento, por las frías paredes musgosas,
Por los párpados fríos,

Abandonada a su suerte y extraña
A sus recuerdos, por las sombras herida,
Por sus voces, como mirada, como luz o mañana.




XI
SIGNOS


ESCENAS DE LA CAZA

                  A: Rubén Sierra Mejía


I

El despertar es desalada cámara
Por la que apenas el aliento se siente;
Estación de otros ángeles o de los ángeles
De otros, fragua durante el sueño
Su fracaso, su desorientación y pobreza.


II

No sabe si sus horas
Para otros sean auroras,
Ni averigua la causa
De verse así sin pausa
Maltrecho, pues no muerto,
Que la agonía es lo cierto,
Si la vida no sabe
Vivir ni amor le cabe.


III

Duelos los suyos eran y suya la pasión,
La senda por su enseña, los aposentos, posesiones
Holladas y reconciliaciones,
Amores y rencores que en su suntuosidad
Amigables se hacían. Así, mejor el corazón, 
      la noche
En despoblado, en bosque ameno al lado
      de las aguas
Y al rocío de la aurora, que en soledad está
Y abrigo, es decir en la paz, si paz existe;
Sin voz, ni luz, sin eco ni llamado y sin oído,
que la agonía así habrá de ser.



NO QUIERAS PRIMAVERAS

Advierten estas rosas
Que la estación ya se aproxima,
Y con ella otras rosas
Como estas,

Mañanas semejantes
A esta, si no cálidas, frescas,
Si no frías apacibles.

Esta es la ventana
Y en ella estoy;
Para invocar la vida
Abre cada mañana

Al rocío los cristales
Y a la mano solícita,
La mano que ha de abrir los cristales.

Rosas que abren las manos
En la ventana cada amanecer.




AMAR LA VIDA

Amo la vida, sí,
Dios mío.
Aunque no sé si crea
En tu Ángel de perfecta belleza y esperanza.

Estoy ante un papel
Y sería mi verso la puerta que a tu oído
Se abriera,
El hogar que han de buscar mis pasos.

Vivo, y otros conmigo,
A quienes amo,
Los seres que me han acompañado hasta hoy,
Con quienes voy ahora y van conmigo.

Pero no puedo más,
O nada quiero más, fuera de mi alma,
Nada o nadie, es lo mismo,
Si esos seres

Que me rodean son aire y van al aire.
Señor, mi Dios,
¿A qué todo, y yo a quien o a dónde?
Deja el agua que fluya y olvídame. En paz
Estamos, o lo estaremos, si me guarda la vida.



XII
SUAVE DECIR



CANTIGA CASTELLANA

Historias de navegantes
¿Quién me las ha de contar?

Salieron un día del puerto
Los navegantes amantes
Como de la rosa sale
El agua del manantial
Un día salieron del puerto
Los navegantes de antes
Con la mañana en sus ojos
Y no regresaron más.
Se perdieron en el mar.



A LA FUENTE FRÍA

A la fuente fría
Por ver si pasaba
Llevé mi nostalgia…
A beber del agua
De la fantasía
Por ver si calmaba
Como yo quería…
La llevé a la fuente
Por ver si pasaba
O ver si olvidaba
Y ella no bebía…



AL POETA

Lo que debes hacer es bellos versos,
Dijo en silencio el ángel al poeta;
De tus canciones la fuente secreta
Sean, el suave decir que hace los tersos

Pliegues de las palabras, los dispersos
Ecos de voces santas, la discreta
Historia de tu alma y la violeta
Mirada por tu alma. Bellos versos

Que hablen de antiguos cielos y de horas
Amadas y de seres que te amaron
Y de vuelos de alas misteriosas

Que a solas pasan cuando a solas lloras
Por lo que con la infancia te quitaron.
Lo que debes cantar es bellas cosas.



XIII

ANTIGUA


A: Edvika Vidrová



VIAJERA

Es la vida olvidada
Que hasta ella,
Como una estación, viene,
Pero no tiene fuerzas,
Aún la evocación le hace daño.
Más quisiera subir
En una orilla silenciosa
A una barca de flores
Cuyos remeros fueran
Cantando nada más
Y la barca llevada por las ondas...
Sea entonces esa barca,
Su descenso
Al amor de ese olvido,
La voz de los remeros y las flores.



LA RADA

Son las naves
Antiguas,
Las naves en el puerto
De tu duelo,
En la rada del tiempo.
Naves de velas blancas
Y de jarcias
Como alas de ángeles.
Naves ajenas
Que silenciosas vienen
De otro cielo a este cielo,
Por entre unas
Ondas misteriosas también,
También en vano,
Si la enseña suya es
Dorada y de otro mar y de otros puertos.



ESTANCIA

Está en mitad
Del azul lago de la desesperanza.
Qué distante la orilla
De los seres,
Si que también tan enemiga.
Puede tal vez mirar
Sus ojos en esa superficie
Reflejados inmóviles,
El inmóvil reflejo de la dicha,
Tocar las líneas
De su rostro en el agua.
Cómo quiere hallarse al abrigo
De algo que ignora,
Junto al calor
Del sueño o del amor que ama.
Cómo quiere... Cuánto pierde...





XIV
UN HORIZONTE


DEL JUGLAR A SU AMADA

¿Querías un monje? Ya lo soy,
Mírame consagrado al rito de tu lecho.
No ejerzo mucho la imaginación
Sino más bien me paso el día mirando
Cómo va deslizándose el tiempo por la luz.
Mis emociones son como el jardín que cuidas,
Visibles todas y dispuestas en surcos.
Me apego mucho a las hojas que escribo,
A las pocas palabras que puedo redactar
Porque me vienen desde no sé dónde, no las sueño
Aunque sí las espero a la hora del Ángelus.
No sé si existo pero estoy contigo,
Soy parte de tus cosas y mi alma está en paz.




OYE

               A: Santiago García Arias

Dice tu ángel:
No pienses en nada,
Lo mejor es no pensar,
El pensamiento es agua entre las manos.

El ángel blanco
Dice que sólo hay
Este instante y este aire,
Sólo tu alma y tu respiración.

Oye que el ángel
Dice que te recuerdes
Y con la mano en la mejilla dice
Que sólo existes tú y no el pensamiento.

Pero oye también
Esto que no te dice:
Que no le oigas y te oigas,
Que tu voz es su voz y es la del cielo.




EL DÍA

El día va
Y avanza de la mano
De su ensoñación;
Ella es el cayado
Y el atado
Del alma que viajera,
Tras calzar las sandalias
Y vestir
El manto gris del peregrino,
Atraviesa las horas como necesitada
O extraviada que es,
En el azar de sí y en este
Por alguien inventado, duro exilio del cielo.



ESTUVIERON AQUÍ

Breve vuelo de pájaros nadie sabrá
Más arde cómo ha sido, en qué lugar
Dejaron tantos restos, quién dio la voz,
Siguió la falsa huella o abrió la trampa
Para que cayeran: las señales quedaron en los
Árboles, del camino que nadie cruzara desde
                            entonces.




XV
SABERSE




EN RAZÓN

                         A: Lelo Voce

Viento que viaja
Entre sus propias manos
Hacia antiguas imágenes de sí
Y de la transparencia que lo hace.
  
Viento que de un abandonado
Solar donde las Gracias
Esperan para ser encontradas
Por quien espera que ellas lo encuentren.



SU LID, SU LIED

I

Era y es su signo.
Habría podido dibujar en su adarga
Algo como la imagen de un antiguo abandono,
Gestado por sus actos, presencia y figura equívocos
Entre la oscura marea humana.
Y allí estaban sus cosas, tras la depredación,
Dejadas ya a la mano de nadie,
Pues una niebla ha descendido ingrávida...
Solo, como debiera ser desde que fuera
Armado Caballero de la Orden de la Desesperanza,
Y sin derecho a ser ni a estar, sin haber sido,
Sin lacre para el correo de su alma,
Haciéndose al cabo en virtud de lo otro
Como un fragmento de la lejanía,
O más que Caballero,
Monje en la Orden del Desprendimiento.
El duelo por aliado, el no-ser por alianza.
Y el cielo le pregunta: ¿Cuál fue tu lid.
Cómo era tu lied? Todo desde aquel lance,
Cuando dejó de ser en su sistema de
                 desapariciones,
Ay, cuando creyó que oraba y eran lágrimas
                 de su ángel
Lo que oía, pensando haber algo,
Tras ese sino, signo de la equivocación,
El que ya no veía, ni ordenaba ni oía ni seguía
O sabía, por las leyes sagradas del olvido,
                 si que de la expiación
A él escritas, a él dictadas, a él dichas,
                 a él decretadas.


II

Pero es que debía volver a estar
Entre las cosas,
Sólo asistido por el despojamiento,
Debía poder hacerlo sólo por no poder,
Ser sólo por no ser,
Que ya lo era,
Y el vértigo en torno, la desazón
De algo como presencias que lo herían y cercaban.
Así recibía el beso de saludo, hundiéndose,
Como quien ha dejado sus huellas en la Nada.
Y seguir,
Pues que lo asignado era comenzar otra vez:
Así imaginaba los navíos en el paisaje
                          de su expiación-



XVI

LOS POETAS



LOS POETAS
                   
                              A: Alfredo Pérez Alencart


Los poetas son como los pájaros:
Ninguna
Cualidad aparte de volar y cantar,
Ninguna posesión que no sea el aire.

Inofensivos y depredadores
Lloran con el llanto del mundo
Y el dolor del dolor es su dolor.
Saben lo que la vida es y no pueden vivir.

(Los hombres de negocios, en cambio,
Son como los aviones:
Vuelan más alto
Y verdaderamente llegan a algún sitio).

Efímeros y bellos,
Van tras de su alimento
Por eras de los sueños o jardines del duelo,
Y las palabras son sus plumas.

Sienten la eternidad en el instante,
Pues nada
Sino el instante eterno tienen,
Como su vuelo que son sus canciones.

Nada pueden hacer
Como no sea decorar las calles,
Nada sino ser nadie,
Si no es el nido de sus versos nada saben hacer.




CONTIGO

                            A: Armando Romero

Cuanto es,
Contigo está
Lo mismo que los pétalos
En la flor intocada,
O el pájaro en el viento ignorante
Del vuelo.
También está contigo
Lo que no es ni eres,
No fuiste, no has sido, ni serás.
Contigo está lo que no has visto y lo que no verás.





XVII

VOZ



PASARELA

Si las palabras
Dicen lo que tenemos que decir
O más bien el silencio,
O si la ausencia es estar presente.

Si el sitio
En que se habita es el vacío nuestro,
Y este cielo quisiérase
Otro cielo y deseo, huida y ensueño

Si nadie se es,
Que es todo cuanto se podía ser;
Si se es nada y es todo cuanto se es,
Entonces verdaderamente estás en ti.




LO FUE ASÍ

                           A: Gustavo Wilches Bautista

Era de lejos,
Cuando
Miró que caminaba
Al lado de bajos pinos grises,
Y alcanzó,
Ya había sobrevenido el escarnio,
Mirando su silueta a decirle:

-“No atravieses el puente…”

Sus ojos se encontraron
Tras del oculto esplendor de la entrega.



EN LA MEMORIA

Imagen únicamente en la memoria
A veces un presagio un cumplimiento,
El eco de otros pasos desolada avenida
Cuando el atardecer y el viento
Pero no es esto si lo hubo nada hay
Afuera entre las manos, entre cada mirarse
Acaso un ala o día o anécdota terminen
Alguna vez sean todo sin que pregunte nadie
Cómo por qué de dónde hacia la oscuridad al frío
De cortinajes sin luz un blanco cuerpo inerte
Herido que en silencio reposa el abandono.




XVIII

¿PERO ALGO ES…?




ASÍ

Navegando en el blanco de lo blanco más blanco:

Así miras la nieve de regreso a las nubes.
Así tu corazón se abre entre el alba

Hacia ramos de antiguas y ajenas azucenas
Y te roza, de lejos, un ala en el cristal.

¡Ay! Verdaderamente ignoras todo,
¡Ay! Verdaderamente nada podrás saber.



SIGNOS

De nuestros pasos
(Ellos por palabras
y desde el Sentimiento)
Parecerían engendrarse
Las desapariciones y el desierto
Vivir la esencial soledad
Por necesaria de todo lo poético
Y lo humano
Hace que la separación se transmute en unión
Por los secretos lazos
Que deberían atarnos a una trascendencia
Cuyos pétalos
Han de abrirse a los actos en un afuera ajeno.



SALIR

Algo debe
llamarnos desde
Lo exterior
Para un encuentro
Así sea el del mismo
Vivir desde sí aunque no para sí
Desamparo
Tal la justa dentro de cada alma al exponerse
Algo habrá de encontrarse
Al salir y alejarnos
Calles y líneas y ojos y pasos y aire
                          y herida y flaqueza.



EL SUEÑO NO

El sueño de los días que es dueño de este día,
Abre escondidas aguas, salas que son
                     de la memoria
Por las que a penas la incomodidad
                     y la fiebre pasean:
Acogida nostalgia que enciende en esperanza
                     más fugaz
Mentira más constante, pero difícil es andar por
Los derrumbamientos: sus calcinados restos hablan
A otras edades, a otro llanto y otros ecos
                    despiertan.



DESAMPARO

Dejadas ya las armas,
Sólo tenía el roce de su alma;
Únicamente le quedaba el viento
Para ir contra el viento, su corazón
Por liza, la del otro que habitaba desde antes
De su vida, ese su ser sin yo ni dónde reclinar
                               su cabeza



DECÍA ESTA ORACIÓN

Señor:
He de cumplir con este día,
Si es que lo aguardas,
Si es que está entre Tus planes.

Déjame, pues,
Ya no por mí ni el iris de mis ojos,
Sino en ofrecimiento,
Para seguir las líneas del mapa de tus manos…



XIX

ASÍ Y AL FIN



LA ESCRITURA

Cuando se escribe
Ya sin afán de decir cosas,
Ya sin deseo de saber más cosas,
Ya sin deseo de escribir.

Cuando se escribe lejos
Del lugar a donde irá lo escrito,
Lejos de las palabras
Y lejos de quien ha de leerlas.

Cuando la página no escrita
Dice más que las líneas
Y lo blanco es lo escrito,
Cuando al azar se escribe.

Cuando se está más cerca
Del callar y las horas,
De los signos del Cielo
Que de las letras de los libros.

Cuando se escribe algo
Sin afán de enseñarlo
Aunque escrito para alguien.
Cuando sin escribir se escribe.

Entonces las palabras
Serán esa palabra,
Hoja caída de una rama eterna,
Que hemos de oír en labios del Silencio.



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