lunes, 26 de septiembre de 2011

4818.- RODOLFO MODERN



RODOLFO ENRIQUE MODERN
Fecha y lugar de nacimiento: 22 de julio de 1922 Buenos Aires, Argentina.
Doctor en Filosofía y Letras. Abogado. Doctor en Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Profesor de Enseñanza secundaria, Normal y Especial en Letras. Cátedras universitarias: Profesor titular de Literatura Alemana en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de La Plata.
Elegido académico de número de la Academia Argentina de las letras, el 26 de mayo de 1988
OBRAS:
A) POESÍA: Distanciado cielo; Levántate y canta; Rueda en el espejo; Así, de esta manera; Andanzas de Odiseo; De lámparas y fuentes; En blanco y negro; Ascensión de lo grave; Existencia común; Asedio del ángel; Telón de fondo; Tiempo de espera; Antología poética (1963-1995); Intermitencias de la nada.

B) NARRATIVA: Sostenido por bemoles; El libro del señor Wu; El día que no murió nadie; Fin de temporada; La señora Hellgaarth sale de paseo; El hombre de confianza; Cóctel de camarones.

C) ENSAYO: El expresionismo literario; Historia de la literatura alemana; Arturo Cancela; La naturaleza en la obra de Georg Büchner; Estudios de literatura alemana; La literatura alemana del siglo XX; Autores alemanes de los siglos XVIII, XIX y XX; Hispanoamérica en la literatura alemana y otros ensayos; Franz Kafka; Narrativa y teatro alemán del siglo XX; Georg Trakl.

D) TEATRO: Penélope aguarda (con Jorgelina Loubet); Teatro completo (volúmen I: Ligeramente infernal; Trompetas para el inocente; El linaje). Volúmen II: (La mancha de Arequito; Paseo con Clara; Noche de ronda).Volumen III: (El Nino; Cuarteto de Cámara; Los reinos; Contaminado; Interludio celeste).

Traducciones del alemán de: Franz Grillparzer; Georg Büchner; Hermann Hesse; Rainer Maria Rilke; Georg Trakl; Gottfried Benn y Paul Celan.










Instantánea

Terriblemente cierto, terriblemente
fugaz es el transcurso.
seres y cosas partieron y llegaron
y no lo habían advertido
como si un orden superior arrebatara
de su sitio con las abiertas fauces
los movimientos habituales atravesando cortinados.
Todo ocurrió antes del parpadeo más antiguo,
un cero apenas.

Dos palomas tiritan en un rincón del patio
en una libertad sin vuelo ni consumación.








Ronda del cosmos

Y lo que quedará
tras el estallido del Tiempo
después de la explosión de los Cielos
de la explosión de los Volcanes en cadena
serán los yacimientos inconmensurables
de Piedra Pómez y una Espada corroída
por el orín al final.

Y luego todo volverá
a las Llamas implacables del desierto
al Agua que gestó los nacimientos
a la mordiente superficie de una Tierra helada
al Polen flotando en un Espacio sin eternidad
a la Venganza cantada y prevista por los Dioses.

Un pañuelo desgarrado y sucio
en un rincón de por ahí
como final.





SINDROME

El curso de los años no se remonta,
más bien te envuelve con sus suaves,
paulatinas seducciones,
se desliza imperceptiblemente
sobre ti.

Los signos de la revelación hieren
de improviso el ánimo de tu cuerpo:
la pupila nublada, lluviosa,
alquien te cede el asiento
con gesto breve y compasivo,
las palabras no transmiten el sonido ansiado.

El abanico del cielo
se abre entre promesas, cumplimientos y la nada,
algunos disfrutan de su suave brisa,
algunos cántaros se llenan, jubilosos.

Lo peor, sin embargo, es la costra
que recubre el corazón entero
sofocando los impulsos.
Tus labios se adelgazan,
los otros leen allí una línea negra,
impenetrable y dura.






Holocausto

Más que una pupila
que ve las dimensiones
y que registra lo que existe,
y que compara,
Dios es una ilimitada oreja
donde los vientos de plegarias
y los golpes del mar
contra las rígidas rompientes
se acumulan.

Dios no está sordo,
percibe el grito
de cada brizna pisoteada.
Pero su boca enmudeció.

Pupila que no registra ya, que no compara.

Una lágrima muy roja
cae sobre una montaña de cenizas.







EXISTENCIA COMÚN
Torres Agüero Editor
Buenos Aires
Argentina
1988



IDENTIDAD

El Yo: pero la carne y aún la filiación
infligen cautiverio. Amor de sí es cautiverio,
igual que represión del nudo.
Pues toda carne se limita. Como destino
de nadas suspendidas.
El Yo: fragmentos o nostalgia
de las doradas islas que se hundieron.
Definitivamente.

Pero hay seguridad y eco en el aroma
de los nardos, oferta a seres diferentes,
esos otros.





CUARTO EMPAPELADO

La selva en torno nos contempla
quieta. Entre el follaje repetido,
las impasibles flores, frutos que
no alimentan a quienes tienen hambre.
Una reseca piel, los tigres amenazan
desde unos verdes ojos dibujados.
Flujo de un tiempo sin poros ni
temblores, testigo y juez, sentencia
lo que ocurre, los gritos absorbidos
por un trasfondo blanco, carmín en las
corolas. El juicio siempre es culpa.
Se nace y muere dentro del empapelado,
entre las frondas y lo inmóvil.






VIAJE

No mires ya el espejo que era tu costumbre.
Las canas son un fino número que crece,
y cada error surca la cara más profundamente,
como cuchilla de un arado bajo la superficie.
La multitud te sobrepasa, una pared de
indiferencia que separa,
hay un olor cercano a otoño en los árboles y aceras.
Y túneles o viñas pierden los nombres que sabías.
Pero te aguarda Delfos. Revolotean las Presencias
en medio de un aire con destino y ojos llenos.

El muelle es una claridad abarrotada,
y una lámina con meridianos refleja tu verano
nuevo.





ONÍRICA

A tientas,
cuando sientes el costado
de las sombras,
el la bemol del violín,
el óvalo de aquel rostro,
el llamado de la amatista,
el fondo del charco,
los espasmos del impulso.

Y el hacha del verdugo
rozando con prolijidad
este cuello.






EN ZONA DE OTRA LUZ

Porque somos oscuros,
nuestra boca brilla, vidrio
que se quiebra, grata
de la ignominia, reino
de vacilante trono.

Porque cortaron nuestras alas,
el aire es turbio y amarillo,
lepra del pájaro.

Raíz arrancada
es nuestro amor, catarata seca
vertida en un brocal de moho,
eco de estrangulado cuello.

Buscamos la pareja caricia
de la brisa, y nos acuna
el tormentoso fondo del mar.
Viajamos en una carreta
tirada por caballos ciegos.


Purificados,
en zona de otra luz
resucitarán los oscuros.







AUTOBIOGRÁFICA

Nada es inmóvil. Ni las pirámides
que se erosionan por vientos y
centurias. Preguntas y respuestas
son los dos lados de un espejo ubicuo,
las raíces se expanden por el muro,
y las anclas oscilan en las mudas aguas.
Aferrarse al recuerdo es ilusión,
y el porvenir, una cinta rodante de colores.
Tras las ventanas el contemplador advierte
que todo se sucede y es desalojado.
El ansia impide disfrutar de la medida.
La sangre bailotea en las arterias,
y los imanes no terminan de arrastrarme.






HABITANTE LUNAR

Cuando el banquete,
los habitantes de la luna
miran los manjares de piedra,
comen el tibio pan de la nostalgia.

Livianos,
el pasado resbala por sus hombros lisos,
y sus cuerpos
se hunden en un polvo enmudecido.

Rescataron
la sombra de las cavidades,
las velas de un tiempo que navega solo,
la cesta por la que se escurre el agua,
y el exangüe sueño de la imagen.






ECCE-HOMO

Balanceándonos en una cuerda.

La tierra, sedienta de nuestras bocas
y manos, se quiebra.

El cortado aliento en la caída.

Atados al árbol del tiempo,
atravesados por las flechas
bajo el arco de los otros,
la cabeza se inclina.

Aunque los dientes apretados
atenúan el dolor de los ocasos.

Después,
no hay nada ni nadie.
O algo demasiado inmenso
para la palabra.





DE CORDIBUS

Lanzadera
de hilos confundidos, coloreados
por azares,
es el corazón adolescente.

Árbol expuesto:
una incisión del viento lo conmueve,
y el fruto adquiere gusto tembloroso.

Los peregrinajes inútiles
ante las clausuradas puertas
de un cielo que se soñó posible.

Lanzadera es el corazón maduro.










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