jueves, 2 de diciembre de 2010

2222.- LUIS MARÍA MARTÍNEZ


LUIS MARÍA MARTÍNEZ (Asunción, 1933) : Poeta y ensayista. Presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP) de 1990 a 1991 y de 2007 a 2008 y director de la revista Estudios entre 1986 y 1990, actualmente se dedica a reunir su copiosa producción inédita para su próxima publicación en libro(s).

De extenso recorrido poético, su obra se caracteriza por un fuerte acento crítico-denunciatorio y muchos de sus poemas reflejan una gran admiración por ELVIO ROMERO, el poeta paraguayo más conocido de las últimas décadas.

Varias veces galardonado con premios literarios, Luis María Martínez ha publicado una veintena de libros que incluyen los siguientes poemarios: POESÍAS (1960), ARMADURA FLUVIAL (1961), RÁFAGAS DE LA TIERRA (1962), ARDER ES LA PALABRA (1966), EL JAZMÍN AZORADO (1969), DESDE ABAJO ES EL VIENTO (1970), CLAREA EL FIRMAMENTO (1975), CHILE SERÁ VICTORIA (1976), PERPETUAMENTE ALONDRA (1982; Primer Premio del Concurso de Poesía 1980 del PEN Club del Paraguay), YA NO DEMORA EL FUEGO [1969-701 (1986) y una muy valiosa recopilación antológica, en dos tomos, de la poesía social paraguaya: EL TRINO SOTERRADO, vols. I (1985) y II (1986).

De posterior aparición son los poemarios FERVOR DISPERSO (1994), HOJA Y HOJA (1994), LA LUCHA ESTÁ EN EL CENTRO (1995), EL LIBRO DE LAS LETANÍAS (1996), PERSONA Y TIEMPO (2000), POETA URBANO 1993-1994 (2001), ANTOLOGÍA POÉTICA (2003) y ESPERAR LA TORMENTA (2007).

De más reciente publicación son: POESÍA SOCIAL DEL PARAGUAY (2005; antología) y HERIB CAMPOS CERVERA -NOVECENTISTA OLVIDADO- PROSA Y POESÍA (2006), un estudio valioso y exhaustivo en torno a la figura de un poeta clave de la literatura paraguaya.

Fuente: CRONICAS Y ENSAYOS PARAGUAYOS DE AYER Y HOY – TOMO II (H-Z). Autora:TERESA MÉNDEZ-FAITH - Ilustraciones: CATITA ZELAYA EL-MASRI. Intercontinental Editora, Asunción-Paraguay 2009 (427 a 822 páginas)







El pueblo es un gigante

No importa que al presente sea como:
nulo poder, poderío gigante no ejercido,
clamor difuso, mustias convicciones,
mudez difusa, ¡mudez de tantos!
El pueblo es un gigante incuestionable.
Gigante con el gesto de la mano.
Gigante con los raptos de su asombro.
Gigante con la sombra de su vida.
Gigante con la voz de su garganta.

El pueblo es un gigante soterrado.
Gigante con el río de sus vidas.
Gigante con sus pasos en la historia.
Gigante que ambicionan los mortales.
Gigante desterrado entre las gentes.
Gigante con millones de videntes,
de sordos y de oyentes,
de ciegos con virtudes musicales.
(¿Gigante oscuro, mustio o desterrado?).
El pueblo es un gigante.
Gigante con la llama de una estrella.
Gigante que al moverse es una fragua.
Es yunque que soporta fieros golpes.
Es golpe que se inserta en los martillos.
El pueblo ha sido siempre un buen gigante.
Gigante que a la historia ha dado fuego.
Y ha dado mar y chispas y maderas.
Valor de un Goliat con piedras sueltas.

El pueblo es un millón, varios millones,
que al clamar con valor en toda historia
lo impulsa a que ejercite:
¡un salto hacia adelante!
¡El pueblo es un gigante inusitado!





En el tiempo este pueblo

En el tiempo este pueblo
fue muy próspero y hondo
que lo echaron de bruces,
que le dieron de muertes,
que los valles hedían de muertos,
que los cerros penaban de muertos,
que los ríos corrían con muertos,
que los pueblos olían a muertos,
que las calles...
Lo pialaron muy fuerte.
Le quitaron la casa.
Y la casa, su pan y su risa.
Empezaron a ararle
con historias que eran bien otras,
le inventaron de cosas...
que otro nombre era el nombre del pueblo,
que otros héroes eran los héroes del pueblo,
que otra lengua era la lengua más buena,
pues la suya era tosca y grosera,
tan grosera que hería en los labios,
que debía olvidarla,
que debía no hablarla,
y tirarla de nuevo a los bosques...
Que su música cierta era otra.
Que su voz de labriego era otra.
Que sus cantos.
Parcelaron su mapa
(cada vez más pequeño lo dejan)

Se instalaron los feudos
con capangas y cepos y hambres,
se vinieron los antes.
Se detuvo la historia.
Le cortaron las alas.
Le pusieron de hinojos.
Y en el aire vibró la nostalgia.

De un pasado pasado a leyenda,
de una lucha feroz por ser libre:
«si hace falta morir moriremos,
si no hay armas, sin armas caeremos,
lucharemos con todo,
y hasta el fin marcharemos...».
Y siguieron silencios fatales.
Un paréntesis grave.
De gran pueblo a pueblo caído.
De vidente a cegado.
De hablador a callado.
De saciado a hambriento.
Se inició un musitar de tristezas:
que oprimido, trabado y sin nada,
se arrugó de tan triste,
se vistió de gran luto,
e inició el novenario bien pronto,
a rezar lo que tiene
en feroces dolores que sangran,
por su cuerpo de pueblo atrapado,

por sus aires de pueblo sin aires:
¡el de un pueblo sin nombre y sin nada!
Desbordó su mortal letanía...








"EL REBELDE":

Yo, el eterno rebelde,
el inconforme, el preso,
el perenne insurrecto,
el hombre que en la llama
reposa y no se cansa;
la pasión; por si acaso,
por si acaso el incendio,
yo, el eterno rebelde,
rebelándome paso...

Contra toda injusticia,
contra prisión, mentira, podredumbre,
igual que contra todo
lo que apena y sojuzga
y más...
La visión de la patria que hallamos
en José Luis Martínez es dramática,
trágica:
Este es un pueblo casi cegado,
casi enterrado...
que movió, que se ha movido
pero que luego se quedó encallado
como un navío oscuro, abandonado...

Este es un pueblo poderoso,
con poderío de toro,
ahora casi acostumbrado
al aire del calabozo.

(YA NO DEMORA EL FUEGO)




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