viernes, 24 de diciembre de 2010

2637.- VERÓNICA PADÍN


Verónica Padín nació en la ciudad de Neuquén (Argentina) en 1977. Y con su poesía busca abrirse paso desde las percepciones del entorno, por eso en sus poemas aparecen elementos de lo urbano mezclados con los de la naturaleza. Pasajes que hacen resplandecer la realidad que vive, siente, experimenta y se ofrece. “Caminatas sobre el pensamiento” escribió la poeta. Esa parece ser su imagen/idea de lo poético, una relación del cuerpo con el mundo, una escena dispuesta como contemplación, un testimonio de lo real sin dejar de lado lo íntimo, lo que se vuelve diálogo a trasluz del presente y del pasado que re/vive.
El tiempo es otro de los ejes de sus poemas. “Sigue siendo un borrador/ el tiempo/ lo que tarda mi mano/ en llegar a la palabra”, escribió Padín. El tiempo es un aliento entre la percepción, la plenitud, la confusión y las voces que rodean a la poeta y la escritura se propone y se impone, restituyéndose en virtud de lo real, un refugio en la memoria.
Padín es autora del cidi “Cielos de la isla viento” con música de Guillermo Gorordo. Es Profesora de Enseñanza Primaria, hace diez años que trabaja dando clases de Lengua y Literatura a niños y jóvenes, y actualmente cursa el Profesorado en Letras en la Universidad Nacional del Comahue.






POEMAS

La costa de una casa no necesita mar

La costa de una casa no necesita mar
en aquella soledad había entrado
qué rápido corren los senderos cuando llueve
y bajo la tierra todo tarda en llegar

rige la casi sombra
en los rostros que sientan a mirarse
qué temor arrastra las mareas de viento hacia las costas de mi casa antigua
las fugas
las caminatas sobre el pensamiento
la luz que oscurece

un hombre que llegas avista las puertas
y en su desnudo discurso lo que no logro entender
no apaga los faros que alumbramos cuando podemos

yo veo los planos de la luna
en la otra nueva casa
yo soy el aromo extendido
el aromo es invierno lo que otros en primavera.







No sanar

No sanar
aunque perciba la delgada hora del día
en que las peticiones no son un rito
sino un montaje de cielos

sigue siendo un borrador
el tiempo
lo que tarda mi mano
en llegar a la palabra

si yo pudiera decir retorno
o porvenir si yo pudiera decir

si yo pudiera decir
frenar el vuelo de los pájaros
la espesura del mundo
el sueño que habré tenido
mientras persistía despierto
y no entendí
el tiempo tiene un pedazo menos.







La monotonía de las hojas

La monotonía de las hojas a pesar de la persistencia
no cubren los baldíos
piensan a menudo en su soledad, no alcanza
cómo tratar las confusiones el lugar donde se encuentran

y la dislexia no es de esta palabra
de dónde de dónde
viene el cansancio

la muerte no llega para nadie
el movimiento de las horas hacia la noche nunca se interrumpe.








Septiembre

Pertenezco libre no redimida al balbuceo de agosto
la casa se llena de conjeturas
acerca del miedo que ofrendamos
no evitar apartarse de lo que está lejos
articula los cuerpos que hay adentro

al lado de la ruda creció una pequeña violeta
la luz no fue








Bolsa I

No hay pájaros por acá
y la bolsa que vuela en el patio
acaso murieron antes
en urgente nocturno
vuelo
la bolsa que vuela en el patio
murmura un término
alma rodeada de viento

acaso morí antes
mi alma polietileno.








Bolsa II

La isla viento
la fuerza bruta del polietileno
ve cielos de la isla viento
colgados rosales matizados
Y yo casi siempre en el colectivo
cuando camino cuando hablo callo
la calle grita
mi casa grita
Chet grita
silencio atornillado en la isla viento
en la fuerza bruta del polietileno.








Bolsa III

La arbitrariedad de la rosa
que un día se posa
y un día se aniquila
como los días que vuelven a viernes
a ese funeral primero en donde nadie vende flores
porque en mi casa nadie vende flores
ni mi madre que está perdida ni que en sueños
se vislumbra

otro viernes
vuelve la espiral como un gusano torpe
miedo
a las tardes que vomitan viento

parece que al gusano le gusta el viento
mancharse en el desierto
ver las bolsas
mofarse del vaivén
de las arrinconadas de las que parten de las desaparecidas de las que persisten
como barriletes sin niño sin piola.

viernes nuevamente desempolvado
arremete desierto
sin playa
sin barranca.








Arrullo

Ríe o llora como una hiena
la noche parentética
arrullo
la soledad aérea y la contingencia del tiempo
o la afónica brisa
acercate al silencio
que deja mi cuerpo
para permanecerte

soy un niño

y me asusta esta quietud
tengo el invierno en los ojos
dónde hallaré el olor a tierra mojada del atardecer
la uva del racimo
las migas de pan el agua de mar

cuando el descenso no tiene cielo
cuándo se detendrá
un cuerpo irrefutable
que mecerá
arrullo
y el niño se irá
sombra
y será un leve dormir con lo hallado al costado.









Era vernos rápido

Era vernos rápido alcanzando
las últimas luces del petróleo
quedarse dormido
oscuros
arriba arriba
lechuzas cascoteadas

al cigarrillo prohibido matinal
las mañanitas heladas
frecuentan
ciclistas diarios al chofer que te hace correr y no pasa no para
al sueño que no se recuerda sueño desconfiado
se tiene en la punta puta lengua
desde abajo las aves no ven de frente
para los costados las miradas
no gustan ni vuelan las muy
las gallinas

vacuidad








Linderos del cielo

En los linderos del cielo
con una segunda voz
se mueven los cableados
donde yacen las palomas

han cantado las hojas
las hojas mientras volabas
una sustracción de mis alas
me lleva a la tierra, otra vez

me asemejo a las palomas
pero ellas ya están trazadas
en el cielo vos aéreo
juntando los dos confines

ahí vienen las alas, otra vez
ostinato
han cantado las hojas
y yo subo.




[http://www.revistalamasmedula.com.ar/nro2/neuquen.htm]


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