miércoles, 4 de mayo de 2011

JULIO HUASI [3.792]


JULIO HUASI

Julio Ciesler, conocido como Julio Huasi (1935-1987) fue un poeta y periodista argentino. Nació, según dice uno de sus poemas, «en un augusto conventillo de parque patricios» el 20 de marzo de 1935. El 11 de marzo de 1987 fue encontrado muerto en su departamento de Buenos Aires presumiéndose su suicidio.

Fue poeta -admirado por Cortázar, periodista y crítico literario. Su verdadero nombre era Julio Ciesler y fue un revolucionario de la literatura y de la vida. Vivió en el exilio en Chile y España y regresó a la Argentina tras las vuelta a la democracia después de la larga noche de la dictadura genocida de 1976.

Su labor como periodista fue dilatada e intensa, trabajó en la mítica revista "Brecha" del Uruguay, en "Prensa Latina" (agencia cubana de noticias fundada por Jorge Masetti), colaboró con la revista Punto Final y en la primera etapa del Periódico de Las Madres de Plaza de Mayo. Durante su exilio español colaboró en el Instituto de Cooperación Iberoamericana, en el diario "El País" y en la revista "Nueva Estafeta". Pero ante todo Julio Huasi fue un poeta, un "juglar de la revolución" (como lo solían llamar) y es eso lo que seguramente jamás le perdonó la cultura oficial de su país. Sus méritos poéticos lo enmarcan en lo mejor de la vanguardia, al igual que Oliverio Girondo fue un gran acuñador de palabras y hasta de un lenguaje: matria mía, asesinaciones, yanquería, gardelaire, serumano... son algunos ejemplos. Su primer libro publicado fue "Sonata popular Buenos Aires" (1959) publicado en las también legendarios Cuadernos de Cultura gracias a los oficios de uno de los más grandes poetas argentinos de principios del siglo XX, Raúl González Tuñón, quien además prologó el mismo "saludando" "el advenimiento de un gran poeta". Luego seguirían Lírico hollín (1955-57), Yanquería (1958-59), Violento casorio o las bodas universales (1961-62), Los increíbles (1965), Bandolor (1965-66), Sangral américa (1971), Asesinaciones (1972-81), Matria mía azul (1983) y Comparancia (1982-84).



Muchachos
tan solo, tan lejos, tan sin ellos
buscando a ciegas un fusil para traerles un milagro
que harán los muchachos ahora, dónde duermen si duermen,
qué hacen sus manos queridas, qué’ acarician si acarician,
qué dolor estrangulan a solas sin ruido
que un hombre macho no debe llorar.
Argentina, te llevo oculta como un ladrón,
tus puntas me rompen la piel y me delatan,
quedate quieta, amor, nos miran, somos tus huerfanitos
entre la última curda y la revolución
disparando en tu honor estos cachos de muerte.
Hoy ando con una garúa feroz, cómo llovizna tu sangre,
llevo treinta nenes llorándome en el alma
todos juntos.

(de "Sangral América", Julio Huasi)

El 2 de mayo de 2002 la Asociación Madres Plaza de Mayo y estudiantes de la Universidad Popular de las Madres inauguraron la Biblioteca Popular Julio Huasi en honor al poeta.

Obras

Sonata popular Buenos Aires, Cuadernos de Cultura, 1959
Lírico hollín (1955-57).
Yanquería (1958-59), Ediciones del Río de La Plata, 1960
Violento casorio o las bodas universales (1961-62).
Los increíbles, Ediciones Reunidas Ultimátum, 1965
Bandolor (1965-66).
Sangral américa (1971). Este libro y el anterior fueron reunidos en un volumen de la colección La Honda de Casa de las Américas, La Habana, 1971
Asesinaciones (1972-81), Puerta del Sol, Madrid, 1981; Hernández editor, 1985
Matria mía azul (1983), Hernández editor, 1985
Comparancia (1982-84), Hernández editor, 1985


increíble de la carta que dejó el desocupado
en su bolsillo izquierdo

amurado contra la niebla sangro
afilo mi navaja en las chimeneas
desnudo despojado de retórica
espero la ofensiva de los cuervos
que pronto vendrán a desnacer
entre tanta traición me queda un tango
para sucumbir abrazados a la nave
sólo la noche heredará mi camisa
mi plato y mi cama bajarán de la cruz
y mi espacio lo llenará el crepúsculo
mi soñadora ya no sueña exhala rosas
ellas alzan mi viola malherida
y en la última nota cantan órdenes
de vengar al rehén de la miseria
por la sangre que nunca secará
gaviotas rojas despeguen de mi piel
con instrucciones sagradas y en el ala
un ardiente capítulo especial
sobre el amor el dolor y los perdones

(de los increíbles, 1965)



increíble de la libertad

libertad querida ¿quién te conoce?
no hace mucho que ando en el planeta
una juventud tirada a los perros
no te vi ni una vez en este baile
y la verdad es que me estoy cansando
te raptaré una mañana de estas
a punta de tormenta de furor
con una pistola llena de música
amaré tu cuello tu voz tus ojos
ah mi amor uno muere de soñarlo
bajará una patrulla flor y flor
por la violenta sangre que ya truena
para matar la contraflor y el resto
de la sucia baraja que nos pisa
con la espada en la mano te tendré
con el oro haremos los anillos
con el basto el lecho las ventanas
y con la copa nos emborrachamos
hay que festejar querida el casorio
de dos que se encontraron vírgenes

(de los increíbles, 1965)



hogar

vivo con siete ratas exangües y un perro
sobre mi escuálida cama, en la brumosa pared,
arde la vaga sangre de un sujeto anterior
cerca de un cristo que no pudo zafarse,
fue en la sien derecha, fino calibre, es indudable
por la perspectiva, el suave tamaño de las manchas.
El perro se sienta frente a mí solemnemente,
jugamos al ajedrez y él siempre me gana.
Entre el alcohol hablamos de nuestras costillas,
las estaciones, beethoven, ciertas naves ilusorias
y de mujeres, pero se le humedecen los ojos:
la última que trajimos se congeló de súbito
al quitarse una media, en mitad de un muslo,
oh la bella inmóvil, la venus de carne finita,
la cenamos con dolor, nos duró una semana.
Esto es muy frío para cuestiones de amor,
ya quemamos el ropero, las puertas, los recuerdos
y la guitarra crepitó en otoño su dulzura póstuma.
El perro escribe genialmente a medianoche
y yo ladro con locura pero él me mira furioso
si se inspira o hay luna o piensa en la ausente.
Cuando posemos los dos restos, los dos hálitos,
vendrán las siete ratas dialécticas, tenaces,
nos acabarán con su liturgia, es una pena.
Me sangra el hocico de infinita tristeza
al pensar que la casa quedará tan sola.

(de bandolor, 1965-66)



palestinos

a leila, a jaled

sus raíces carnales al aire claman a un cielo de napalm,
una bóveda roja de lobos devora los corderos celestes
de la antigua patria y patea las cenizas del hogar,
los niños arden entre sus brazos como teas.
Te has pasado de infiernos, señor, en mis
pies deambulan eras de pies trashumantes,
amo de este barrio sideral, jehová, deus, alá,
responde donde estés si es que estás, se acabaron
los desalojos del planeta, los inquilinos elegidos y los parias,
la tierra es de quien la sangra y todos caben bajo las uvas del sol,
dios quiera, dios, no te cuelguen el triste hatillo de los éxodos
y sepas cuánto pesa la cruz de tus errabundos,
esto será un carro de amor para todas las criaturas,
o hay mundo para todos o no hay mundo para nadie

(de Asesinaciones, 1972-81)



quinta ley contra la quinta rueda

al doctor e. en rosario y azul

por esa ley dialéctica según la cual
cada cual busca a su cual en el torbellino
del caos y contracaos en travesía
de florecer y besar entre muerte y muerte,
hallarán en mis hermanos, novias, cuñados
los seres más bellos y creadores de la creación
y en mis lobos la depredación más horrenda,
tal cual, pueden averiguarlo en nuestro infierno,
patria mía donde los padres entierran a sus hijos,
lo que es yo, ínfima conjetura de versículos,
verdísimo de mate hasta el cerebelo sólo
quiero propagar su sílaba a semejanza de sus besos,
siempre bebió de su pezón insigne el poeta cachorro
por su ser y contraser, ellos son mi crucifijo y mi belleza,
aquí no hubo pirámides enterradas,
las erigimos con lajas y brújulas de sangre
tropezando en la niebla con nosotros mismos
y así vamos oliéndonos a escoger cada cual a su cual
para ofrendar sus soles a los proletarios del mundo
desunidos

(de asesinaciones, 1972-81)



SABOTAJE

dentro mío alguien solloza y no sé quién es,
quizá fuera yo mismo perdido hace tiempo
y no pude salir encerrado como un niño
cuyos padres fueron a dar sangre
a un almacén, un usurero, un hospital
y nunca regresaron. Pudiera ser
también que un extraño entró por ósmosis,
la cosa es que el sujeto llora sin parar
como si muchos difuntos lo rodearan.
No doy más, hoy día me abro con las uñas
para verle la cara y expulsarlo de una vez
y no me importa que no tenga donde ir.
Estamos en guerra, carajo, aquí no llora nadie.



AMÉRICALATINA DULCE HOGAR

brazos contra piernas, pies sobre mejillas,
un torso paterno desemboca en los labios
de una niña que fluye su aire de tres años
en los testículos orlados de canas,
una masa de miembro late hasta el tejado,
dormimos, dios, loado sea tu reino.
Un ojo brilla entre el vaho visceral,
como un planeta sangra y se apaga en el hedor
que no aparece en las fotografías de la unesco,
el ciudadano ha muerto, un voto menos.
Un bosque de pies eleva sus cristos ahorcados
bajo coronas de uñas patéticas en tanto
un pene flamea su espesa bandera,
gatilla sobre el útero más próximo.
Esto es una cajita de música y los vientres de los niños
son más tersos y redondos que el culo de Jacqueline Kennedy
esta cúbica ola carnal es más bella que Miami,
tómese una foto con el guitarrou, señor turista,
si recibe un balazo será pura coincidencia,
pasen nomás, hijosdeputa, a ver los monos.




INCREÍBLE DEL POETA

en el vientre del humo fue parido
doña luna canyengue le hizo el nudo
lo bautizaron con vino y con tangazos
y largó su agarrada sangrienta con los panes
ilícitos benditos malhabidos no es problema
tiene que haber uno para cada uno
fue a decir todo eso y al abrir la boca
lengua con alas alumbró un zorzal
con las indómitas cuerdas bien puestas
fue un milagro una milonga de oro el pueblo
formó alrededor del dulce pájaro
sublevaba tu corazón el payador espléndido
luego hubo de todo y más que nada sombras
traición sobre traición vinieron los censores
con una serpiente ciega en cada mano pero
ni víboras izquierdas ni víboras derechas
pudieron desatar al pueblo de su música
el ombligo inmortal cantaba fusilaba
qué le van a hacer mis verdugos es la vida
con el pueblo ha llegado y con el pueblo volverá.



GOLONDRINAS

al chacho dragún, donde esté

tengo celos, envidia feroz de las golondrinas,
conocen esta américa mejor que uno y eso que uno
anduvo y desanduvo los llagales de su madre,
australes y boreales tañen el dulce cordaje
de trópicos, cuadrantes, los mil rumbos y tientos de la rosa
como si fuera un arpa familiar, las señoras músicas
siempre de gira ellas por flor en aire verde.
Cuéntenme algo de mis hermanos, cantoras mías,
mis mujeres, cuñados, cachorros, tata y mamá,
cómo andan de salud, de amores, de balazos, por
aquí todo bien, ya regamos los sangrales este otoño,
y si ven a la que más añoro díganle que sin ella
toda primavera será bruma, pero como cosa suya,
cuando vuelvan por el sur no se olviden de sus ojos,
cuántas veces lo encargué y siempre se distraen
por tanto bosque y soles haciéndose el amor,
claro, y que a uno se lo coman los insomnios,
pucha que son largas las noches del virreino. Mire,
princesas, cómo tiemblan las brújulas locas de mi rebelión,
vienen volando densas bandadas de clavelaire
con sus largas alas, remos de ultracielo, no se hagan
de rogar, mis guitarristas, tóquense algo hermoso
y díganme suavecito cómo es la libertad

Poemas extraídos de "Sangral América"
Ediciones Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 1971



MENTANDO A JULIO

Por Rolando Revagliatti (*)

Yo andaría en mis 18 años cuando asistí a un espectáculo poético cuyo único intérprete era el poeta Julio Huasi, porteño, nacido en 1935 y suicidado en 1988. Hasta donde me consta, algunos de sus poemarios editados entre 1959 y 1985, son: “Sonata popular en Buenos Aires”, “Yanquería”, “Los increíbles”, “Sangral América”, “Asesinaciones”, “Matria mía azul”, “Comparancias”. Y es en 1958 cuando obtiene el premio de poesía en el Concurso Literario organizado por el Consejo Argentino de la Paz, cuyo jurado integraban Atilio Dabini, el premio Nobel Miguel Ángel Asturias, María Rosa Oliver, Bernardo Verbitzky y Raúl González Tuñón, del cual transcribo unas líneas: “...intención crítica, ironía, tras la aparente balandronada juvenil. Es posible que algunas palabras vulgaricen la frase poética, rocen el mal gusto (...) Esto no supone que no sean lógicas cuando ambiente y forma las justifique, les asigne un valor funcional”.
En el “Nacional” de Caracas afirmaba el pope cubano Nicolás Guillén que Huasi era el único poeta a quien le cabía en plenitud la denominación, hace varios lustros, todavía prestigiosa, de juglar.

Coincido con quien asentaba que Huasi provenía de una tradición de grandes voces líricas –como Carriego, José Portogalo, Nicolás Olivari-. Y que su poética está plagada de hallazgos. Funda humanería, estrellea, tragibundo, gardelaire, contramor, etc.

Su admirador en Francia, Julio Cortázar, le escribió en noviembre del ’81: “Querido tocayo: (...) Te imaginás lo que siento al leer “Asesinaciones”, lo que puede sentir un argentino ante cada uno de esos poemas. Y digo cada uno porque es así, porque no hay ni uno sólo que salga de esa línea espantosamente lúcida (...) ¿Quiénes entenderán esto, a partir del título que ya es un salto en lo nuevo? ¿Quiénes tendrán el coraje de sacarse los pantalones del cerebro y los calzoncillos de la tradición para ver cómo lo estás metiendo en una dimensión diferente?” Y poco más de un año después desde Managua, le escribió: “Querido tocayo: (le dije a) que tu libro era para mí el más importante libro de poesía argentina de todos estos últimos años, ya que el avance que hacías en él, en el terreno de la escritura y la desescritura tenía un tal alcance (...) sin hablar de los incapaces de acercársete ni de lejos a ese nivel de poesía”.

[Texto originariamente publicado en la columna “El Elegido” de la Revista de Poesía “La Guacha” Nº 14, agosto 2001, de la ciudad de Buenos Aires, la Argentina.]



DERROTAS 

procedo de una antigua dinastía de vencidos,
qué no hemos perdido me pregunto,
perdimos el paraíso y el favor de dios,
la virginidad, el prepucio, la inocencia ,
perdimos las guerras y por ende la paz,
la fe, la razón, los dientes, la salud,
hará cien años que un abuelo perdió
su único ojo en un vaso de aguardiente,
lo castigó, según dijo, pues lloraba, 
cuando creímos que los cielos se apiadaban
perdimos la camisa, las ollas, la última moneda,
el rancho, la tierra y el país entero,
la voz, la libertad, el pellejo,
el amor, el trabajo, las ganas de vivir,
el séptimo mandamiento, y el buen nombre,
la ilusión, el caballo, los testículos,
últimamente hemos perdido la paciencia
y ya no queda nada por perder, excepto
la memoria, el tesoro de nuestro destino,
recen ahora, dueños del mundo. 


El gurí

vagamos mi hijo y yo perdidos por un frío callejón,
me lleva de la mano como a un ciego en la neblina,
el puma y su cachorro marchan sin palabras
despatriados sin su américa en los pies
pero manando toda ella por los clavos,
las bisagras reventadas del alma, ahí van
el adán y su vástago sin eva, chaplin
y el niño, el dúo de ladrones de bicicletas,
fierro y fierrito sin caballo en la tormenta,
dos monitos brincando en occidente por un maní,
agarrado del ala de un gorrión sobre el vacío
debo darle de comer, de soñar, de humanar
pero en la última cena los platos son de humo,
en realidad el padre es él, me da consejos
con la voz de su baleada experiencia,
con sólo nueve giros de calesa celestial
ya tiene tres látigos de estado en el lomo y
tres masacres tupidas, ene países, dos océanos
y un pavor animal a los helicópteros verdes.
Tomados de las uñas como dos huerfanitos
él me enseña a leer las brumas y yo a no ser poeta,
lleva a upa mis fantasmas y yo juego con las cuatro bolas
muy candentes, eso sí, ya son muchas las horas de fuego,
él busca en mis ojos la lumbre de un portal
y yo busco una novia que nos entibie a ambos
pero está todo muy caro para las ternuras de los pobres,
el pichón empluma bajo lloviznas demasiado históricas,
mi pibe, cabrito, chango, botija, gurí, chaval, le hablo en mil idiomas,
tu hermana está muy lejos tras un mar nos miramos en silencio,
papá les dejará un tesoro bárbaro de herencia,
siete versos inservibles, una navaja que cojea,
las banderolas del pantalón, cáscaras de ilusos delirios
pero antes de eso les prometo un buen bailongo, una gran
fogarata, y los niños serán reyes y las patrias alegrías,
no te aflijas, guachito, total qué si venceremos,
nunca estuvo más oscuro que antes de atacar.


entrenamiento

San Pedro y San Pablo (tango)
Letra Julio Huasi - Música Ismael Spitalnik - 

I

Los purretes trajeron la madera,
tablones, sillas rotas, un catre y un cajón.
La montaña se hará pronto una hoguera,
las viejas tendrán brasas, no gastarán carbón.
Y las casas serán rojos fantoches,
millares de fogatas habrá por la ciudad,
surgirá la mañana en plena noche,
paloma y papa asada los pibes comerán.


II

Fantasmas de aserrín,
y a aquel viejo violín
las cuerdas le sacaron
el alma en el Dzhin-Dzhin (Yin-Yin).
Cantando un "Capuchín"
pebetas de carmín,
un viejo distraído
chamusca su botín.


I (bis)

Se cortará el piolín,
la noche tendrá fin, y el viento hará milongas
de cenizas y de hollín.
Un incendio crepita en... cada esquina,
en medio del invierno todos tienen calor,
las muchachas de risa cantarina
los ojos se les queman: fogaratas de amor.
Yo quisiera poner algún muñeco
llenarlo con las penas, la angustia y el sufrir,
y tirarlo cual pobre palo seco
y que se vuelva humo por siempre en mi vivir.
    


La Chicana - San Pedro y San Pablo

prepárate para lo peor si quieres acostarte con la libertad,
prepárate incluso a tenderte con ella bajo la tierra si la amas,
si quieres un pan sin cuervos preestablecidos en tu boca,
un vino sin pobres ahorcados en el vaso, una cuchara
sin aullidos de niños muertos, sus vientres como cópulas
de observatorios con los mil ojos prensados del hambre,
una cama sin futuros esclavos entre las cuatro piernas,
un invierno sin lágrimas por techo, una almohada sin viudas
sepultando en su seno noche a noche los agujeros de sus difuntos,
aprende entonces a artillar en la tinieblas, parar la bala,
para desclavar tu cristo primero cortarás las manos de los
crucificadores prontos siempre a reponer y remachar tu figurita en escarmiento,
si una patria sin boas, si una américa tuya, un planeta rodando sobre los besos,
arrancarás las armas a tus antiguos bebedores, tal es el dilema,
muérelos antes que te mueran porque ellos no vacilarán,
no te cubras con paraguas ilusos, te lloverá tu propia sangre en vano,
ponle gatillo a tus testículos, tus senos, dispáralos
como ráfagas de bolívares macho y hembra, prepárate,
desde ya a ser un hombre si es que quieres ser un hombre,
tu ira especialmente requiere una técnica superior, luz estratégica,
átate a los tuyos con las venas, despierta tus colmillos para vencer
al lobo, si quieres montar el sol haz de quemarte en pelo,
ningún cordero se salvó balando.




Y por el Ande Allende

La Gaviota
Letra Julio Huasi - Eduardo Carrasco

Con tu puñal desatado
Abriendo la inmensidad
Te pareces demasiado,'
Gaviota, a la libertad.

Quiero seguirle en el vuelo,
Gaviota, si me dejás;
Ya nos robaron el cielo
Será muy duro volar.

El gringo roba hasta el aire
Roba la tierra y el mar
Y una garúa de sangre
Nos moja sin acabar;
Hay que matar esa nube
Con una gran tempestad
Para romper la costumbre
Gaviota, de lagrimear.

En las orillas de américa
Eres la dueña del mar
Yo soy esclavo en mi tierra
Mi continente sin pan,
La sangre sigue cayendo,
Gaviota, sobre los dos,
El yankee ríe por dentro,
Gaviota, parémoslo.

Con tu armamento de espumas
Con mi puñal vengador
Con su balazo la luna
Con el gatillo del sol
Hay que matar esa historia
Con un disparo final
Para que lluevan auroras
Sobre mi tierra y tu mar.
  
Quilapayún - La Gaviota (Basta, 1969)

Me jurabas tu poema inmortal sobre la leche
Con tus manos recitantes al cielo, salvador,
Tu versal de niños exánimes y huevos milagrosos,
Me narraste espíritus de cucharas encantadas y sus vahos y
Chile rompía esa tarde su oleaje de humanuras
En la escayola de tu pierna iluminada como un faro
Mientras hojeabas un poemal de ensuraciones, capitán,
A la lumbre astral de un pisco y pupilas amadas por los dos,
Fue unas siete sangres antes que ese mar te oleara en andas
Sobre el sillón del crímen, si no cuentan mal mis dedos en duelo,
Y alli mismito tu sangre se puso a fecundar por la eternura
Rojos cajoncitos en miríada con los rostros del pueblón
Y vamos granados en tu sangral choclos en fuego vivo,
Yantar de la noche de gurra con tu fiera nariz como insignia
Se me canta hoy tu metáfora de peces y tibias hallullas
Mis cachorros crecían al blancor de esa leche creativa,
El pueblo almorzó por vez primera en cinco siglos
Todos los santos días un verde calcio de copihues,
Su piure carmín en tamal de clavel y chilenaire,
El fósforo en flor entre el libro azul del quimantú
Sol de sabiduría de arauco y su camada de solumbres,
Tu familión mascaba en éxtasis sartenes y letras fragantes,
Los vinos chilares fueron entonces bellas bendiciones
Para las carnes del amor, su ají tan insurrecto, el romero sutil,
Los niños trinaban volando de escuelas dulces como ubres
Con un panal de lechura en las manos tan orondos
Y la tripulación de los úteros matrios zarpaba
A sus vagires con una gaviota de leche en la axila,
Chile era corola de amparos de todos sus chilitos y hermanos,
Pezón de espumas donde mamaban pichones temibles,
Por todo ello pues, por tu puesta candeal y su candor
Las antiguas hienas del contramor y el hosco viboral
Ocultaron el nuevo pan en sus cavernas blindadas,
Las leches inéditas que recopilaras en sueños, salvador,
De la vaca que ellos usurparan hacia tantísimas sangres
Y puesieras en las encías ulceradas de los terneros,
Elevaron sus bocas a la cruz, calcinaron sus páginas vagibundas
Humaredas de versos que dibujan aún su canción en la niebla
Y por quemar quemaron la patria por atreverse a cenar,
Mi salvador hasta el fin, hasta la última bala cabría
Que resuena en los planetas su cultrún convocador
Al guillatún contra el huinca de fort killer y su orquesta
De monos con orugas, con el perdón del mono original.
Ese once, tata, ese martes maldito del sangrazo inerme
A la hora en que dios bailaba en washilngton, vieras salvador
El río oscuro del pueblo bajar por vicuña mackenna
Mudo como la muerte a ocupar su lugar en el sangrón,
Si el furial amargo de sus ojos tuviera morteros verídicos,
Si sus manos en vez de ángeles llevasen trompetas antiaéreas,
Si su corazón mirífico fuera ejército de pumas artillados
No solo aquel océano bagual de plumajes indefensos
Beberíamos ahora la estrellura del pisco y sus solsticios
En tomas moro o guardia vieja o tu guarida del mapocho,
Llegarlas tan parado en tu hilacha intumbable de araucaria
Recién peinado en la fresca vinumbre del roble pellín,
Tus mejillas rosadas y bélicas de lingue en octubre,
Nos reiríamos a mares de nixon y su hampa de correajes,
Parlaríamos largo de poemas sobre leches albas y estrategias,
La pasión de américa y su navidad desovando en las galaxias,
Las hermosuras tremens de la mujer, chilena y en general,
En los cósmicos espejos de tus lentes yo vería bailar
A millones de serúmanos la cueca votiva de los libres
Con el bombo de los volcanes y pañuelos de amoruras,
Te cebaría mi mate argentino con trémulo celo de orfebre
Como se honra al abuelo machazo, vieras salvador,
Si era sangre por sangre, chicho mío, antes que la sangre
Bienamada de los hijos de mi madre y la de ella
Más mejor nos fusilábamos a los cuatro generales
Mamita mía, cuanta sangre bajo los puentes marciales,
Sus torrentes contraatacan en lavas de fresias y lautaros
Montonera de huevitos con naricitas como la tuya
Y bigotes de victores, augustos, luchos y migueles,
Se dan tremendos besos con mareas de ovaritos enflorados
Y ojazos nochísimos de cármenes, violetas, lauras y lucías,
Serás el padrino de sus bodas australes, bésame a la novia,
En la ramada te la llevarís te la llevarís la más donosa,
El cóndor ya no pasa, funde un palio de rayos y pueblos
Y la cóndora cose ajuares de trueno a sus condoritos muy graves ellos
El copihual concelebra airado en su rojo verdor,
Hay percusión de gaviotas en la cielumbre grávida,
Que tañe su alamén de cueca muy larga en el seno tenso del sur,
Vienen en olas andinas los labios mojados de aquella noche y su luz,
En osornos luminosos vienen con toda su allendura, allende,
Con todos mis muertos y mis vivos y su allendor y su chilumbre
Y traen un niño en el pico que se trae un violín en su ombligo
Y una gaviota de pólvora bajo el tierno plumón de la axila, vieras,
Si lo vieras, salvador.




Trabajo de colaboración de Julio Huasi para una profunda nota sobre Manuel Rojas en la mítica revista Crisis. Clic para descargar el número 1 (mayo de 1973) completo en pdf.

increíble del poeta 

en el vientre del humo fue parido 
doña luna canyengue le hizo el nudo 
lo bautizaron con vino y con tangazos 
y largó su agarrada sangrienta con los panes 
ilícitos benditos malhabidos no es problema 
tiene que haber uno para cada uno 
fue a decir todo eso y al abrir la boca 
lengua con alas alumbró un zorzal 
con las indómitas cuerdas bien puestas 
fue un milagro una milonga de oro el pueblo 
formó alrededor del dulce pájaro 
sublevaba tu corazón el payador espléndido 
luego hubo de todo y más que nada sombras 
traición sobre traición vinieron los censores 
con una serpiente ciega en cada mano pero 
ni víboras izquierdas ni víboras derechas 
pudieron desatar al pueblo de su música 
el ombligo inmortal cantaba fusilaba 
qué le van a hacer mis verdugos es la vida 
con el pueblo ha llegado y con el pueblo volverá


muchachos

tan solo, tan lejos, tan sin ellos
buscando a ciegas un fusil para traerles un milagro
que harán los muchachos ahora, dónde duermen si duermen,
qué hacen sus manos queridas, qué acarician si acarician,
qué dolor estrangulan a solas sin ruido
que un hombre macho no debe llorar.
Argentina, te llevo oculta como un ladrón,
tus puntas me rompen la piel y me delatan,
quedate quieta, amor, nos miran, somos tus huerfanitos
entre la última curda y la revolución
disparando en tu honor estos cachos de muerte.
Hoy ando con una garúa feroz, cómo llovizna tu sangre,
llevo treinta nenes llorándome en el alma
todos juntos.


humanería 

el hombre es una estrella orgánica formada 
por siete décimas partes de agua (impía); 
el resto es un sólido furor, un fuego obseso 
que lo incinera tenuemente en la olla mundial, 
sus cinco puntas crepitan apasionadas. 
Mi conmoribundo es una burbuja crucial, un gas equívoco, 
una ebullición que rota sin aliento 
y es muy riesgoso calentarse en demasía, 
uno exhala un humito y se evapora. 
Seres tan líquidos unos beben a los otros 
y éstos perdidas por perdidos, en el último 
suspiro de su deshidratación bramando 
escupen llamas, arman un gran hervor final 
para abolir la succión del hombre por el hombre. 


la pieza

Increíble del orador. Fragmento del espectáculo teatral "Versos Per-Versos", presentado en 1982 en el Teatro de La Fábula, de la ciudad de Buenos Aires. Texto: Julio Huasi. Actriz: Alicia Morisio.

apenas quepo, me estrello conmigo a cada rato,
mis fantasmas no pueden hacer uso de rincones
ni botellas, estamos todo el día frente a frente,
un día sacamos la navaja y habrá sangre.
Tu recuerdo de fuego, tu inolvidable aroma
tengo que llevarlo en las costillas, no hay otro lugar
y cuando entre el sol –de canto- yo me voy,
me descuelgo, no cabemos los dos juntos.


seriales 

a felipe mellizo

hubieras horneado a tus serúmanos, dios, 
con una cremallera a la altura del corazón, 
me quitaría esta bolsa de vidrios rotos 
y pondría en su lugar una gaviota,
el cráneo de un ángel o un violín perpetuo 
a enjugar los ríos de mi zoo interior, 
lo pusiste todo, el pezón, el prepucio, la angustia
pero olvidaste la cremallera para el cristo, señor,
para sacarlo a pasear y poner uno nuevo.

Asesinaciones, editado en Madrid, Libros Dante, Puerta del Sol / Colección Poesía, 1981, dedicado a Adolfo Pérez Esquivel, 31 de enero 1983.



materialismo histórico

andaba tan delgado, chocaba con las gentes
y no sabían a quién pedir disculpas,
sólo veían un diario alejando su página política,
ya era un hálito, el espejo no me reflejaba,
para salir a las calles ponía en el bolsillo
un croquis de mi persona por si me desarmaba
y una bola de hierro para que el viento no me eleve.
Me fui transformando en una espina sin rostro,
ya no era un hombre, tan sólo una película aérea,
nadie como yo soñaba una reencarnación,
vulneraba la ley de gravedad, no daba sombra,
me quedaban dos neuronas y tres glóbulos rojos cada vez más pálidos.
Un día olvidé mis precauciones mínimas,
el viento me alzó como a un átomo sin eslabones,
royó mis ropas dejando mis costillas al aire,
volé donde quiso hasta que descubrí otros congéneres
que agitaban como yo sus calaveras por el cielo frío,
nos fuimos enganchando, poco a poco ajustamos
nuestros extraños sujetos como una gran crucifixión
enhebrando los huecos torácicos cada vez más densamente
hasta que al fin oscurecimos la atmósfera.
Ahora volamos, sí, pero al contrataque,
nuestros huesos exterminadores bombardean el mundo
hasta no dejar en pie ningún rey, ninguna miseria.
Entonces bajaremos cubiertos de carne estival
a darnos besos.




recuerdo de Valparaíso

Lunas con acordeón y cocaína.
Lunas borrachas y melancólicas.
Luna de las bahías y los cafetines.
Lunas que huelen a ron, a espuma, a sobaco marinero, a oscuro amor.

Las señoritas mac-lean, bormman, vandervelde y goldstein bajaban por la noche al puerto mecido en el azul y en el verano.
Todas bien dopadas,
todas con pantalones,
todas con carcajadas terribles
y enganchaban a los marineritos.

Los llevaban a los muelles,
los embarcaban en sus bellas lanchas de exóticos nombres, se hacían servir brutalmente en la cubierta y en el caliente frenesí de la droga, desnudas, mojándose en whisky, corrían por la borda y escupían a las estrellas y lanzaban feroces chillidos. Como los toscos australianos o ligures o finlandeses —a quienes el maná les había caído maravillosamente del cielo— se fugaban, siempre terminaban amándose entre ellas...
Eran la juventud dorada de valparaíso.

Yo era adolescente
y estaba enamorado de chile, de mari-rosa, de la poesía, el mundo, el vino, la libertad, las rojas banderas, los mares, lo misterioso y volcaba mi nuevo turbulento lirismo bailando hechizado la incendiada exaltación de mis dieciséis años y modelaba y luego lanzaba cálidas palomas junto a los muchachos del comité de la paz de la provincia de santiago que me mostraban la magia de santa lucía, me llamaban el che y me querían.

Los portuarios estaban en huelga,
el mal baterista se contorsionaba en el dancing batiendo un mambo frenético.
Estaban la policía, los alcahuetes y la estrellería de los cerros brillaba como una anunciación de venganza.
Los obreros vigilaban cada borda, cada luz, cada ola.

Hablé con los estibadores en los piquetes y caminamos con mari-rosa de la cintura toda la noche, toda la aurora y una estrella mágica y verdosa volaba de nuestras manos. Ya en la mañana comimos pescado frito y bebimos rojo vino y no terminábamos nunca de besarnos y ella se fue a trabajar y yo a la ciudad, a la ciudad, a la ciudad y encontré el valparaíso que luego hallaría en el poema de tuñón.
Mis ojos se hicieron más verdes con la lejanía,
alas rebeldes batieron bajo mi piel
y quería amar a todo el mundo y que todo el mundo me amara
y un violín color de sangre nacía de mi corazón.




golondrinas 

al chacho dragún, donde esté

tengo celos, envidia feroz de las golondrinas,
conocen esta américa mejor que uno y eso que uno
anduvo y desanduvo los llagales de su madre,
australes y boreales tañen el dulce cordaje
de trópicos, cuadrantes, los mil rumbos y tientos de la rosa
como si fuera un arpa familiar, las señoras músicas
siempre de gira ellas por flor en aire verde.
Cuéntenme algo de mis hermanos, cantoras mías,
mis mujeres, cuñados, cachorros, tata y mamá,
cómo andan de salud, de amores, de balazos, por
aquí todo bien, ya regamos los sangrales este otoño,
y si ven a la que más añoro díganle que sin ella
toda primavera será bruma, pero como cosa suya,
cuando vuelvan por el sur no se olviden de sus ojos,
cuántas veces lo encargué y siempre se distraen
por tanto bosque y soles haciéndose el amor,
claro, y que a uno se lo coman los insomnios,
pucha que son largas las noches del virreino. Mire,
princesas, cómo tiemblan las brújulas locas de mi rebelión,
vienen volando densas bandadas de clavelaire
con sus largas alas, remos de ultracielo, no se hagan
de rogar, mis guitarristas, tóquense algo hermoso
y díganme suavecito cómo es la libertad




sweet home tango

dios y mis hollines me hicieron así,
me fascinaron los malvones y no los juegos de té,
en los conventillos, lady, se come recién
después de impredecibles entreveros, recuerdo que
comía sólo quien despertara primero,
por ello quizá éramos tan madrugadores,
aún niños ya sabíamos acariciar mujeres y pájaros
y con igual candor atracábamos las panaderías,
durante las huelgas corríamos bajo los puentes
de las bolas de nuestros padres y el fuego de la police
y así jugábamos al tenis en mishiadura country,
vástago de machos y hembras que jamás
pidieron perdón por no tener rodillas
no me exijan paz, tecitos ni alfombras persas a mí,
hijo de pueblos que todos los malditos días desde adán
fueron y van a jugarse la cara y la cruz
por el derecho de empuñar el tenedor,
golpearemos con la cabeza a lo toro la roca del poder ola
tras ola tras ola hasta vencer, farewell, miss,
que disfrutes de cézanne y jardinero y un marx
encuadernado en la piel de quien sea menos la tuya,
gracias por los besos, te dejo aquellos míos
de recuerdo, nadie es culpable salvo los tambores
que latían en mis venas ya en el útero,
adiós, me apuran las lunas para asaltar
un cielongo de esculturas y colchas para todos




podredumbre

te maldigo, poesía,
por tus senos perdí lo más querido,
bello rapto mío con la pistola en la sien de los dioses
te arrastré por la feria, fábricas de angustia, todo el fangal, 
y estabas matadora desnuda o encapuchada de azucena,
te ahogaba en gin pero siempre emergías solícita
y arrebatadora con tus uñas de tigra fatal,
kyrie eleison, miserere, arrójanos un cable de luz en el turbión,
puta mía, qué será de nosotros.




querencias

tus senos son dos campanarios que redoblan
en mi memoria a toda hora, tu sureño te dibuja
con el dedo en los vidrios empañados de esta europa
oscura y gélida como la caja de un banco,
me queman los añoros, los añares de nuestra ilusión
desde el primer beso de ojos en el octubre austral,
vos te pintabas las uñas con pétalos de malvones,
yo arrancaba sonatas con un palo en las columnas de la luz
en tu homenaje, morocha de todas mis canciones,
dios nos juntó siempre en tantos destinos que ya no sé
siquiera si es cierto que nacimos, si este jirón es tuyo,
tus pechos en la sombra son como las cúpulas de buenos aires,
córdoba, santiago, motevideo, mojadas por el crepúsculo
y el vaho dorado de sus carillones, tangos por ángelus,
yo sigo orando con azufres en la misa clandestina de los nuestros,
dónde andarán ahora tus ojos de potra y mate lunar,
ya no canto ni tu nombre, arcana mía, para no dañarte,
nos cruzaremos o no, puede y no puede, pero quien
nos quita lo amado, lo bailado, lo tan besado.




evangelio según san fierro

si somos un solo mar de galeotes al unísono,
si hay un solo pueblo en la misma cruz con el mismo
agujero para el clavo en única vida, contravida y muerte,
no es humilde ni ama a su igual más que a sí mismo
quien no arrime al semejante su ternura, no hay ternura
si los hermanos no sean unidos en gracia y desgracia
mientras el cuervaje relame su munición y nos aplaude,
hijos de mi madre, amáos los unos a los otros




idilium tremens

los enamorados pobres en los parques del otoño
con sus narices rojas contra los vidrios del mundo,
los amantes sin cama, sin rosa, sin vanguardia
se besan con labios muy fríos bajo un rocío de mocos
en sus siluetas apresadas en el hielo para siempre
jugando a las estatuas en ademán de caricia.




corderos de mar

soy un error de tu imprenta cósmica, dios,
no devanes más ensayos con mi aullido,
perdiste en mi garganta tu perdón pero también
mis rodillas se niegan a tu remonta,
buscas en mí un armonio excelso de lamentos
y sólo ofrendo variaciones del tiempo en sol mayor
sostenido en partituras amorosas, contrapuntos
y fugas inacabables por tu infierno, da igual
si igual mi pueblo es un tigre uniformado de cordero
en rebelión final contra el horror eterno,
usted nos dio de nacer, ahora aguántese en el molde,
la azul matriz de su galaxia que, entre nos, es hermosísima,
sus corderillos de sacrificio son hoy virtuosos del colmillo,
su errata celestial fragua un bandoneón infinito,
baje a la orquesta si gusta, nos falta un saxo misterioso
para la sonata en ciernes de la caricia genial,
si somos sus criaturas somos muy divinos pues,
hágase la libertad, el beso sin usura del Uno al Otro.




la cola infinita

cuando los pobres alumbran se instalan
con su pañal y su hambre en la cola
en espirales que circundan este reino,
amontonados aúllan en cada meridiano
con sus cucharas trágicas como viudas de guerra,
apenas un pobre masca las hierbas
tras suyo aparece otro pobre de bruces
sobre el mundo y devora las raíces
y tras de él otro más se consuela los dientes
con el terrón del planeta en carne viva,
soy una crucifixión multiplicada detrás mío al infinito,
el último que apague las galaxias
hasta que aparezca el pan que nos robaron.




a la ronda ronda

la niña ha bautizado su muñeca
en el nombre del rocío, la arrulla en su seno,
susurra una música inefable en el espacio,
la niña mece a la niña bajo las tiernas estrellas,
dúo de ronda bailan sobre américa una niña
de zapatos de fango con su guagüita de trapos
mojados de sangre, sí.




los dos borrachos

se cañoneaban táctica y estratégicamente con gin,
a cada andanada escupían voladuras de rezos ululantes,
demolían la noche esas alarmas de sus guerras del alma,
entre los escombros volvían al contraataque, a embestirse
con ira sus flancos izquierdos, el más vulnerable que tenían,
así amanecían sin una tregua desmoronados el uno en el otro,
dormían con un ojo abierto aterrado, bien quemados
los dos perdidos, en un solo pellejo




el cadáver rugiente de pablo de rokha

pablo de rokha comía cabezas de cordero, abraham del arauco,
arriero de altas cumbres fundió la gran metáfora de los andes
y erigió su volcán perenne con ladrillos de versos faraónicos,
vendía sus libros por los pueblos como quien vende peces
con un olor a pobreza que los próceres jamás perdonarían,
bendijo con chacoli su fundación del barroco popular americano,
poeta de anticipaciones geniales y gigantes inocencias
no supo jugar a las florerías de salón y perdió como un pobre
niño ingenuo,
quien se mofara clamando una gran necrópolis para una gran




cosmópolis

conversó largamente con epicuro antes de saltar de su caballo
y ponerse en la boca aquel smith and wesson 44 imitación
con el que se trabucara los soles y estrellerías de chile
para beberse toda la muerte de un solo trago
y seguir rugiendo por sus cráteres, remezón de bardos cíclopes




increíble de los dulces nombres

digo todo tu olor lo llevo entre la noche
ser tu poeta tu voz tu aire en armas
sabés vos lo sabés bajo todos los disfraces
fui más que un cantor fui un cantamor
que desbuitren los accesos al amor a tu nombre
te haré reina de la tempestad y sus alondras
para que en tu cuello florezca la liberación
que sangre un nombre de mujer entre mis labios en guerra
para amar hay que jugarse hay que batirse amando
parirán los tambores la caricia más pura
guerra al mundo viejo guerra al contramor
por vos por el amor por lo que más quieran
poesía o muerte amor o muerte venceremos.




increíble para fusilar el olvido

tus gusanos Diego ya talaron tu sonrisa
tu ojos se cerraron la traición sigue lloviendo
escondan esa sangre en nombre de la ley.
entierren esos ojos apaguen esas uñas
oculten las vísceras los besos casi vírgenes
tapen sus cuencas rellenen sus agujeros con palomas
pongan las lenguas cortadas bajo las alfombras
barran los huesos inclínense y soplen las cenizas
carne joven inoportuna borracha perdida
aprenda por la eternidad a convivir en peace
sangre loca furiosa aventurera sangre bandida
no sabe usted que hay que cumplir diez siglos
ser muy viejo muy frío muy muerto muy ruin
para escribir con moho la palabra libertad
sangre malvada insurgente sorpresiva sin corsé
qué es eso de irrumpir en mitad del paraíso
qué es eso de salpicar a la gente y la luz
alucinada entrometida desnuda ala viva
no ves que los esclavos sin pan votamos a Dios gracias
sangre hereje maldita todavía tus pupilas
desde el fondo de la patria siguen apuntando.




antiréquiem para julio

(a Julio Cortázar)

volviste enrollado en espiral, ultrafeto
de julio por julio al infinito en tu dulce potencia,
polizón de una trompeta cósmica en trasbordo
a las matrices locas de la galaxia colérica,
mi hermano largo en tu juliura de adagios
te sobran las piernas por todas las partituras
del dolor de la humanía y su clave de alcohol
quién pondrá su alpiste al canario del suicida
con tu ojo absorto en un no bemol que transfuga
la pauta enrejada del serúmano, julión,
tras un canon de caricias y besos inéditos,
subterráneo, su vainillita de almas pálidas,
quién será como vos más humilde cuanto más
genial tu cuentura ulterior de lucanor para acá,
quién narrará en el sangrío fogón de los américos
los romances en guerra de los ernestos y las magas, turro
mío me anunciarás un prólogo para matria nuestra lacerada
y me clavaste el negror de un epílogo a traición
sin decir ni chau besos a mi sobrino, tocayo, eso
no se hace, hermanón, uno no se muere así
como así, no debieran ni siquiera los cortázares
morir si no quién contará los salmos ocultos en la materia,
si hoy lo viera a dios le pegaría tanto almazo
en la mandíbula con ganchos cruzados del calvario,
de la asesinación del pueblo venía tu ternura brava,
con suma excelsitud te agarraste con sus hienas
mas el expiro de carol te devoró los últimos glóbulos
de atrás como estila el altísimo cabrón del cabronal,
no te perdono, hermanito inmenso como la angustia argentina,
bajaste la guardia en un descuido muy julioso
al volar con tu ala tremens a disparar tus besuras
junto al hermanal amado amoreciendo en managua
elevo mi antiréquiem desde el llagal impatrio,
llevo en andas tus gusanos sobre todas las bordonas,
no me lo hagas más, hijo de mi madre, no me mueras otra vez
de esa forma tan matrera, hubieras esperado al menos
que las gaviotas tomaran el poder en nuestro finismundi,
en el sur de nuestro horror en rebelión con una cinta
celeste alando en las gargantas de su gardelaire
cortázar corta azahares del naranjo de omotepe
para las novias del allá. 




usuras 

(a Manuel Irusta)

el último plazo de nuestra deuda original
por esta carne en préstamo prendada hasta el adiós
lo pagamos ya con creces, señor, estamos en las últimas,
no nos queda un centavo de ser en las venas,
nos despojaron de todo, nos embargaron hasta el molar,
el usurero se cobró incluso la prole, nos hizo jabón
para lavar sus bucles en tus peluquerías para perros,
nos computaron las moléculas, el protón más ínfimo
y ahora debemos entregar el ánima, la hipoteca de sangre,
nos desalojan, majestad, nos echan del planeta, si es así
volverán tus corpúsculos, señor, el cuchillo entre los dientes
a buscar el cuello del avaro?

[De "Asesinaciones / Matria mía azul / Comparancias", Hernández Editor, Buenos Aires 1985]




Tu milongura azul

...me ahoga, matria, tus olas de sangre,
ya no tengo manos para remar tus duelos,
pintora de horruras tus pálidas venas
escurren al borde de esta olla de espantos
que fuera nuestro corazón y tus uñas
puntean la espuma de ayes y preces,
guitarra, guitarra mía, quién oye tu canción,
qué cielos mueven tu pulmón si ahorcaron
tus cuerdas nudos ciegos al lunaire de tu voz,
rueda tu luz en las ruletas carnívoras
del imperio sumo, se la jugaron tus verdugos
una noche de lesa traición y cacerías,
la noche enramerada de tu asesinación,
matria mía azul, tan violadita ella,
mía deshijada con el cuchillo en el útero,
mi azul de niños que ululan inhallables,
mi matria tus cabellos son porras de locura
tremolando la pampa en busca de sus hálitos,
tus bordonas calcinadas retuercen sus dedos cachorros
abrazados a tu milonga como a un seno perdido,
tañen tu canción de cuna refundida en réquiem,
guitarra, guitarra mía, calla si ella te besa
con labios deshollados de su cría y su lechura
raptada por un viento de metrallas y negror,
guitarra, guitarra mía, diles que anoto esa música
con un lápiz de fiebre en tu alvéolo más íntimo,
cuando se eleva su canto me sube un pueblor
por lo más hondo de este cuello hijo tuyo,
penacho sangral del árbol de tu carne,
yo que amé tu madreselva encinta y tu tangura
alzo tus amares, tus lloveres, tus morires
para reunir los trozos esparcidos de tu vientre
y me pongo a cantar con la tráquea cegada en tus arenas?

[De "Asesinaciones / Matria mía azul / Comparancias", Hernández Editor, Buenos Aires 1985]




La sangrura nacional 

... somos un pueblo, una patria, una nación, sí,
un pueblo carneado en cortes seriales
en procesión por los ganchos de esta factoría,
nos descuajan el ojo, la lonja fina del alma
en la banda de montaje del solar invadido,
enlatan nuestro aullido cual joya de exportación
y orean nuestras vísceras en vísperas de feria,
matria mía estaqueada en crucetas cardinales
abierta en canal te vas por mil sangreductos
a tus puertos funerarios donde aguardan los galeones
de tus siete añares de vacas crematorias
nuestros coágulos enredados en sus hélices,
oro de tigres prensados, lingote de amoríos en gajos
vendidos antes de nacer con su nana y su santita,
no es justo, matria, la muerte es de quien la trabaja.
Y somos una patria descalza y en andrajos sublimes
los pies lacerados pisan un absurdo de esmeraldas,
al trasluz de tus tobillos traspasados se estampan
los ojos de tus niños que devoran tus suspiros
en los tarros de basura junto al portón del matadero.
Y una nación, sí, con peluca frigia
remolina su cartera en las esquinas del mundo
y entrega su diezmo al cabrón del bajo fondo
en su atuendo magno de barras fosforescentes
y vende a sus hermanas prestando sus verdugos,
mueca pintarrajeada del contraser nacional,
matria mía crucificadita en treinta mil agonías.
Tus madres tocaron sus cabezas humeantes con pañales
de sus atrapados en esta fábrica de angustia
y escribieron con sangre sus nombres en sus dulces
tejeduras con balbuceos aún en sus hilos vagibundos
y dan vueltas por la tierra con sus fotos calcinadas,
calesita de alas ígneas y mamonas del telar lechoso,
carrusel de cirios con sonajas y gatillos de mechones
vas matria azul aspa clamorosa por el planeta oscuro
con tu plumaje de trinos raptados en el nido,
noria inexorable tus pañuelos terribles vuelan
en círculo fatal con un vampiro en el centro
como aquellas gaviotas bajo las lunas densas de octubre
tras los reflectores sutiles de sus ojos perdidos,
con pañuelos, matria, que limpiaron nuestros culos y sueñales
juntan la tropilla puma a puma, pastoras del infierno,
capitanas de la resurrección, los bellos renaceres
y nos sobraba donde morir mas no donde caernos vivos,
zurcidoras de agujeros de la noche letal cuando
los machos públicos ni pasaban el tacón de las hembras públicas,
guitarra, guitarra mía, pon a volar ese pañal en tu diapasón
de estrellerías hondas, vihuela máter, tango surensis
con tus madres en la jefatura de toda la armonía,
cuánta sangre aún bajo tus puentes sonoros,
estremecido de añoros y venires sólo te diré
que mi sonata se asomó con el ojo en la punta del mástil
al futural y vio que allí los besos eran muy fragantes,
los prójimos se acariciaban los unos a las otras
y ponían a bailar su humanía en una pista galaxial
bajo una música infinita jamás oída en era alguna
y yo pulsaba feliz tu guitarrura y bandonaires
y hubo una ovación a tus pies desde universos muy arcanos
y para mis cómplices voraces alrededor de tu pezón
cuando volvías futurosa y eras millones, somos
un pueblo, una patria, una nación, sí,
en un croquis de sangrones cruciales, mi azul?

[De "Asesinaciones / Matria mía azul / Comparancias", Hernández Editor, Buenos Aires 1985]




muertos del pueblo, uníos

ustedes cuyos cráneos ruedan por américa
y en américa dejaron sus amargos cueros
que sirvieron para forrar la historia
de las balas que llueven sin respuesta
sobre este viejo paraguas de sangre,
sepan ustedes que perturban la paz
y colman de zozobra el equilibrio nuclear.
Se los conmina a guarecerse en los sepulcros
con disciplina y a la hora que ordena esta ley
mientras prosiguen las negociaciones.
Notifíquese, cúmplase, entiérrese. 




el mate

el mate brilla gravemente sus ojos exilados,
me putea bajito para que no se enteren los vecinos,
volvamos, me dice, agregando a mi madre.
Mi viejo mate tucumano me odia y tiene sus razones,
no escribas oda alguna –brama- no salves tu alma,
cae en el infierno como un hombre, los tuyos
alzaron sus testículos a ambos lados del gatillo,
me hunde el rostro una y otra vez en su amargura,
bébeme con hojas del corazón de tus muertos
y llévame a la guerra, fue su maldición
antes de ultimarme con su puñalada esmeralda.
Por eso hallaron entre mis restos este tango
inútil como una bala arrojada con la mano. 




reflejos

para mí comer es siempre un júbilo,
veo un plato lleno y escucho música,
trompetas de gracia remecen mi sangre
como un domingo lleno de besos invisibles.
La razón de esta rara metafísica es
que desde mi vagido inaugural
comimos solamente los días de fiesta.
Niños de américa, desentiérrense en masa,
levántense y anden los cajoncitos blancos en alto,
ha sonado la hora de la sopa total,
nos vamos a comer hasta las uñas
al cuco de washington que nos dejó sin cena,
sopa o muerte, buen provecho. 


20 de marzo, 1935, 12:30 horas, con un bautismo de chimeneas como obispos tísicos, dios andaría entre mármoles con sus parientes ricos

nací a la hora de comer, como una maldición,
los míos, sus vecinos, alzaban cucharas oxidadas,
sus ojos eran tan trágicos que ni siquiera lloré,
lo poco que tenía mi madre lo chupé en las nueve lunas,
así que ese histórico mediodía fui uno más para el ayuno.
Miraron en mis axilas, me sacudieron por si algo caía
pero en vez de pan era un violín lo que había en el ombligo,
puso ojos de inocente así no lo estrellaban contra el zinc,
este turro –dijeron- entre tanto dolor venir con música.
Un poco más y no desenfundaba, tuve suerte,
las gaviotas del estuario iluminaban buenos aires,
diosas mías con sus pechos celestes ellas me salvaron.
Luego me pusieron los pantalones de la revolución,
hago canciones para que mamen sus hijos. 




ritmo

el violinista que hay en mí con su arco insano,
el niño que en mí sueña un juguete de fuego,
el mar que hay en mí con sus tigres fosfóricos,
la garúa que hay en mí y su mojadura fatal,
el pobre cristo que hay en mí y sus clavos solícitos,
el demonio que a su izquierda le convida gin,
la negrura que me habita, mi putez interior y mi piedad
se pueden guardar las partituras, los atriles,
enfundar los instrumentos y morirse al unísono.
Llévense la música hacia la oreja eterna, me cansé
de dirigir la orquesta y los virtuosos
se creyeron genios. Este cuerpo se retira
a ejecutar un teclado de pólvora
con músicos de verdad a mil manos
por toda américa. 




contrapunto y fuga

mis zapatos me miran con todos sus ojos,
parecen dos cifras, dos sujetos de la muerte,
me acusan de traición, desidia, esclavitud,
yo qué les hice, turros, no tengo nada que ver.
Abajo se abrieron dos llagas redondas,
les digo que son goteras al revés, que todos sufren,
que son dos ojos secretos para mirar la vida
pero ponen una cara de dios que da terror.
Los tapo con tiritas, saliva, sangre
mas el agua, las noches, el mundo sigue entrando,
en venganza los payasos me muerden los pies,
me apuran, me hacen correr hacia el fuego. 




tango en la sombra

estalló la rojura de un beso a la luz de un jazmín,
sus formas se mueven bajo el hollín del viejo muro,
bailan el tango de la creación eva y adán de pie,
los gatos iluminan el amor con verdes reflectores,
no sienten vacío, hastío, noia ni paranoia,
no piden éter, ácidos, tratados del no ser,
antes que nada les gustaría una cama. 




testamento

tus cejas eran una gaviota tendida en la luz,
tus ojos el mar en la noche con fogatas de espuma,
tu voz sonaba a aguamarinas tocadas por la tarde,
tu hermosura una milonga esculpida en la marea,
toda voz una flor navegable, penetrante,
mi adiós, mi muerte, mi jamás, sangró tu cantamor,
ese es el último poema con tu nombre,
dónde estás para enviarte mis ojos.




increíbles de los niños juiciosos

“….cágome en vos, en él y en sus poesías”
francisco de quevedo y villegas

tiritan colgados de las antologías
abajo corren fuegos sangres cebollas
trafican las dosis de su pequeña caca
mientras contonean sus cadáveres de cascabel
micos gregarios chillan en la rama
necrófilos comedores de muertos ardientes
descuidistas de vallejo loros posteriores
les daré el último poema así se nutren
nerudas amarillos sudando estérilmente
arduos roedores de quesos diplomáticos
rancios capados rosados evangélicos
caras poliédricas buenos hábiles prudentes
mártires del rasguño cristos de la torta
los culos llenos de dardos cargados
hacen nalga en un sillón de cualquier ángulo
arrimados pus gnomos delatores
maquillada putandad murciélagos izquierdos
torcidos sin plomada pisalfombras
no ejercen el amor por falsa escuadra
prófugos del dolor cafishios de pueblo
reclaman su captura todas las chimeneas
por traiciones reiteradas por bastardos
los tratantes de musas sin ovarios ni
el polvo de sus versos la América tendrá
ni hombres ni poetas ni argentinos
me alivio me desbebo en ellos
con un chorro potentísimo sarcástico
a la gran luz de mis sombras queridas
a la sombra de mi luz inviolable
vívome en vos y en los y en su poblemas
para jactarme ante todos mis gusanos
cuando estemos demasiado solos
y haga mucho frío.




increíble de Felipe Vallese

todo el poemaje de mundo no dirá tu hombría
un hombre verdadero es mejor que la poesía
que poemasangre el tuyo qué poemamor
nuestro corazón bramaba por la venganza
patria se clavaba las uñas en el seno
los señores horneaban telegramas respetuosos
papá vallese lloraba como un chico
luego bajó un alud de twistería y
todo era una joda y el doctor notemetás
la llevaba el perrito a mac´cklintock por palermo
mientras las rosas florecían serenamente
felipe querido nuestro no te creas
esto se acabó ahora florecen los tambores
perdón por tanto traidor por tanta nada
perdón por las margaritas y las regaderas
al pie de tu sangre con la mano en argentina te juramos
no te bajaremos con velas temblorosas
te subiremos en andas de fusiles
con muchachas con estrellas con comandos
con revolución y todo
felipe podemos citarnos desde ahora
ese día a las siete en el sur hirviendo
quizá tardemos un poco felipe resulta
que vendremos con todas sus cabezas.




increíble de los generales

Dios me envió del cielo en un paracaídas
a restaurar Su cruz Sus reinos Su opulencia
que desplieguen Sus parrillas radiantes
asaré estos negros sus fantasías
sus calles lenguas ombligos sin fe
haré jabón para las manos del Altísimo
como se balancean los trapezoides de la noche
como gesticulan los grasientos a mis pies
acaricia mi costado la diosa aberdeen
para gozar mejor éste espectáculo
crecen las fogatas los alaridos
mas el humo no hace llorar mis ojos
y estoy pálido pero es por la luna
y porque me han ahorcado.



increíble de la mesa

en esta mesa una vez
me senté con sus ojos
me senté con su adiós
me senté con la angustia
me senté con mi sombra
me senté con el gin
me senté con la lluvia
me senté con el hambre
y me senté con la muerte
una vez en esta mesa pero la eché.



Julio Huasi, poeta de mirada triste

Por Paula Chahin

Trovador  del pueblo

El “juglar de la revolución”. Así llamaron en los 60 a Julio Huasi, que era en realidad el poeta argentino Julio Ciesler. Desde los albores de su vocación de poeta y periodista, optó por estar del lado de los marginados y cambió su apellido europeo por uno indígena, que en mapudungun significa “la casa de todos”. Así era él, tenía su casa abierta a todo el mundo, aunque sólo fuera para compartir un pedazo de pan y un mate.

Poeta, periodista, militante, autor de canciones populares, Huasi vivió en Chile más de cuatro años a fines de los sesenta. Allá se casó y tuvo una hija. Colaborador de Punto Final, simpatizaba con el MIR, y tanto que escribió poemas dedicados a Miguel Enríquez y a Luciano Cruz, fundadores de la organización. “Vivo en América Latina, en el lugar donde sea más necesario”, dijo alguna vez quien además fue redactor de la revista uruguaya Brecha y de la agencia cubana de noticias, Prensa Latina. En Chile no sólo desplegó toda su calidad artística sino que también tejió grandes afectos.

Más tarde, en su exilio español y marcado por las muertes de sus compañeros, escribió un nuevo volumen de poesía que está dedicado -entre otros revolucionarios latinoamericanos- a Víctor Jara, Augusto Olivares y Augusto Carmona, estos dos últimos, compañeros de redacción en Punto Final. 

De su vida personal no es mucho lo que se sabe. Así como hospitalario, era muy reservado. Además de su hija, que hoy vive en España, se conoce que tuvo otro hijo en Argentina. Pero al momento de morir estaba solo, así que se desconoce el día exacto de su suicidio. Mes trágico para Argentina, del más sangriento golpe de Estado, marzo fue también el mes de su muerte y nacimiento: había nacido en 1935 un día 20, en Buenos Aires, en el seno de una familia humilde. También en ese mes decidió pegarse un tiro en la sien en la soledad de una pieza de alquiler, a los 52 años. Sus amigos y compañeros de trabajo recuerdan que pobreza y melancolía marcaron su vida.

Recuerdan también que el último día que lo vieron en su trabajo -la redacción del semanario argentino El Periodista- se despidió de sus compañeros y llevó regalos a las mujeres. Le preguntaron a dónde iba. Y respondió, simple como su pluma: “A ningún lado”. 

RECREANDO LENGUAJE

Huasi -que aprovechó su experiencia en el servicio militar (en Neuquén, en 1956) para inspirarse publicando Soldado madrugada- fue galardonado por su obra dos años después, por el Consejo Argentino de la Paz. 

Conocida fue también su forma de emplear y recrear el lenguaje, tanto que se habla de una estética propia, sin convenciones ni reglas tradicionales. Generalmente, escribía sin mayúsculas y publicó títulos como Humanería, Estrellea, Tragibundo, Asesinaciones.

Su primer libro se llamó Sonata popular en Buenos Aires, ciudad a la que Julio Huasi amaba. No era un poeta común, tenía el don de los juglares. Visitaba cárceles, plazas y fábricas dando a conocer sus versos a los protagonistas de huelgas, injusticias y rebeliones. De plaza en plaza iba recitando sus creaciones, que eran aplaudidas también por capitanes de la poesía (Julio Cortázar y Juan Gelman, entre otros, eran admiradores de su obra).



Despedida de la publicación Entre Todos (1986-1988) que pertenecía al Movimiento Todos por la Patria. La revista puede descargarse en Ruinas Digitales

Pero él definitivamente quería estar del lado del pueblo. Su poema “Malambo del ferroviario” se lo envió a los obreros detenidos en la cárcel militar de Magdalena -en el litoral bonaerense- quienes lo retribuyeron con una hermosa carta donde lo llamaron “poeta del pueblo”. Debe haber sido uno de sus máximos orgullos, ya que abogaba por el fin del paternalismo de algunos intelectuales que escribían “para el pueblo”. 

Su poesía trascendió las fronteras y llegó a todos los rincones de América donde se urdía la palabra liberación. El poeta cubano Nicolás Guillén -en vísperas del triunfo revolucionario en su país- escribió un extenso artículo reconociendo la calidad poética y el compromiso de Huasi: “Ya tiene bien ganado un hermoso futuro en el esplendente pero difícil rumbo que él mismo ha buscado: el de su pueblo. Allí no existe el mezquino maquiavelismo ni la malsana adulonería y snobismo de los pisaverdes que rondan el arte y la cultura”. 

EXILIO Y MUERTE 

Militante de las causas populares y ferviente admirador de su compatriota Ernesto Che Guevara, Huasi afirmaba que crear una nueva cultura latinoamericana “depende de todos en cada puesto de lucha. No le tocará a ningún elegido. No es una gracia de Dios, sino de dos: de dos pelotas”. 

En 1976, cuando se dio el golpe de Estado en Argentina, partió al exilio perseguido y amenazado por quienes tomaron el país por asalto. Llegó a Madrid, donde continuó su labor de poeta y periodista; pero jamás se pudo recuperar del dolor de ver caer a tantos compañeros, de éste y el otro lado de los Andes. Allí conoció y trabó amistad con las Madres de Plaza de Mayo, cuya valentía admiraba. Al regresar a Buenos Aires -tras el retorno a la democracia- se unió fervorosamente a su lucha. Hasta el día en que se quitó la vida, jamás faltó a las marchas “acompañándonos en nuestro reclamo de justicia, en nuestro dolor y en nuestra rabia”, recuerdan ellas. “Hasta el jueves, compañero”, lo despidieron las Madres en su periódico, del cual Huasi también fue redactor. 

Como homenaje, a la biblioteca que tienen las Madres en su sede le pusieron el nombre de Julio Huasi e inauguraron una exposición de arte donde hay un retrato suyo, obra de Armando Propati, artista popular que lo admiraba. Las Madres de Plaza de Mayo lo señalan como un “hombre entero, algo de lo que muy pocos pueden vanagloriarse”. Para ellas, Julio Huasi decidió quitarse la vida porque no soportó una sociedad que no le dio nada. “No le dio trabajo porque vino del exilio; no lo reconoció como ser humano ni como persona, no le dio afecto y lo marginó”. 

Sus amigos admiraban su talento, su humildad y un sentido del humor un poco ácido, siempre tierno. Por eso, quedaron desconcertados por su decisión. “Duele mucho más cuando lo ejecuta un hombre que había apostado los cinco sentidos a defender la vida y a convertirla en una gesta solidaria”, dicen.

Fuente: www.puntofinal.cl




Junto a Nicolás Guillén en Chile, 1967

Dupla de julios

Por Juan Chaneton

Julio Huasi, un amigo, un compañero militante, un compañero de nuestro periódico, se suicidó porque no soportó vivir esta vergüenza que nos toca vivir hoy. No se bancó esta sociedad que no le dio nada de lo que necesitaba, que no le dio trabajo porque vino del exilio, que no lo reconoció como ser humano, como persona, que no le dio afecto, que lo marginó. Julio no se lo bancó, pero nos dejó un ejemplo...” 

Del mensuario Madres de Plaza de Mayo, abril, 1987.


Habrá sido en mayo o en abril que se mató. No sé. No me importa saberlo (este último enigma lo planteo yo, el firmante de esta nota).

Tengo que decir que el Julio del epígrafe fue amigo mío. Lo conocí en la redacción del diario de las Madres; o en la Plaza, yo no sé... Pero está aquí hoy, entre nosotros, porque fue uno de los poetas más (¿geniales?; ¿talentosos?)... Cuando se habla de poesía y de poetas todo adjetivo es impropio. Se es poeta o no se lo es. Se escribe poesía o lo que se escribe es otra cosa. Herman Broch dijo, en el paroxismo de su lucidez, que “cuando la poesía se degrada, se convierte en literatura”. A mí, Julio me enfrenta, cada vez que él lo quiere así, a esa demoníaca sentencia de Broch. 

Yo no tomo nota de la fecha del suicidio de mis amigos o compañeros de militancia o de las personas que, sin ser amigos o compañeros, quiero. Por eso, no sé cuándo se puso el revólver en la boca o en la sien, Julio. En realidad, nadie lo sabe, porque vivía solo. Sí creo que murió en un desangelado departamento de Palermo, vacío de todo confort y al cual le faltaba, sobre todo, amor, afecto, flores. Yo conocí ese departamento. Otros dicen que murió en una pensión. También conocí a un hijo suyo que llevaba en la mirada y en la piel todo el estupor que heredaba de su padre.

A Tania, la hija que vivía en España, no la conocí. Sólo sé que Tania Huasi vivía en España y que tenía teléfono. Yo la llamé y cumplí, a pie juntillas, cuando llegué a Madrid en 1986, lo que Julio me había pedido: “Besos de su papá y su hermano, que escriba por favor a la dirección de “El Periodista” y que mande fotos suyas...” También me pidió que me contactara con un amigo de él, de apelativo Manuel Ríos Ruiz, Editora Nacional, Gran Vía 62, 1° izquierda.

Soledad. Eso es soledad; eso es clamar por amor. Eso es anhelar pertenencia a un conjunto humano contenedor, que la vulgaridad institucionalizada llama “familia”. Pero el horror que nos inspira esa palabra (la “familia” es, en Occidente, matriz con poder para crear la locura; hontanar de perversiones sin límite, escuela de sujeción, cuartel disciplinatorio, principio de realidad impuesto, aunque el jefe de los católicos nos quiera convencer de que no es así), nos hace preferir, en vez de “familia”, afectos cercanos y sin condiciones como deseo no realizado de Julio Huasi, nacido Julio Ciesler. Él quería eso: afectos, seres humanos que lo amaran, hijos cercanos...

Ahora vamos a lo esencial. Julio Huasi fue “el poeta”, en el cual deben mirarse los escribidores de pavadas que hoy publican con fruición sabedora de que eso es “lo que debe ser la poesía”. Los “medios” no hablan de Julio. Están en otra cosa. Algunos lavan más blanco, como Rinso, y/o sufren la muerte confusa de algún pisaverde perdido en gestas transgresoras o directamente contradictorias con los intereses de “la familia”.

La familia, siempre la familia. ¿Qué crimen no se ha gestado en una familia?

* * * 
Cortázar dijo de Huasi muchas cosas. Cortázar es el otro Julio, el otro exiliado, el que -destinatario de una actitud miserable- no fue recibido por Alfonsín (después de haber eludido el terrorismo de Estado y de haberse pasado años fuera de su país) cuando pudo arribar a estas playas, en 1983.

¿De qué podrían haber hablado Alfonsín y Cortázar? Por cierto que no de literatura. Pero la razón última que explica la gambeta trapera con que el devenido Presidente eludió ese espíritu superior fue otra. Julio C. era, ya se sabe, “comunista”, hablaba bien de Cuba y de la reciente revolución sandinista, y su mujer de entonces, Carol Dunlop, había descripto al país de los volcanes en un libro que se llamó “Llenos de niños los árboles”. 

Esto, para un radical en la cima de su gloria (que es ganar una elección) es prueba contundente de comunismo y, si no, de problemas que es mejor evitar. Exhibió, con ello, Alfonsín, debilidad de carácter, por decirlo en términos respetuosos. La misma que nos obsequió a los argentinos cuando -con Rico sublevado y para disimular- dijo que la casa estaba en orden y que los “amotinados” (no cabía el término, no se trataba de amotinados, sino de delincuentes que se habían alzado contra la legalidad) eran, “algunos de ellos, héroes de Malvinas”.

Como se ve, esta nota busca reabrir heridas del pasado, que más valdría cicatrizar. Esta nota no es políticamente correcta. El “cobro, luego existo” que cultiva la prensa funcional al poder burgués en este país no es, por cierto, el sino de CRISIS. Y para una adecuada explicación de lo que es el “funcionalismo sistémico” en Sociología, ver Zaffaroni, Raúl; pero verlo personalmente; y preguntarle.

Bien. Sigamos con los dos Julios. 

Dijo Cortázar después de leer una obra de Huasi, “Asesinaciones” ...

“Querido tocayo: (...) Te imaginás lo que siento al leer “Asesinaciones”, lo que puede sentir un argentino ante cada uno de esos poemas. Y digo cada uno porque es así, porque no hay ni uno solo que salga de esa línea espantosamente lúcida (...). Y cuando llegué al El Gurí [ver más abajo] se me aflojó la canilla, que querés, la presión de todo lo ya leído me cayó en la espalda.

“Aludo, sobre todo, al ataque que le llevás a la lengua, la forma en que transgredís sin miedo cualquier tabú del «castellano» para crear formas expresivas de una fuerza enorme. ¿Quiénes entenderán esto, a partir del título, que ya es un salto en lo nuevo? ¿Quiénes tendrán el coraje de sacarse los pantalones del cerebro y los calzoncillos de la tradición para ver cómo los estás metiendo en una dimensión diferente. Y tanto más, Julio..”.

Creo que lo que va en negra da en el clavo de lo que es la poesía de Julio Huasi.

Todo esto escribió Julio Cortázar de Julio Huasi. Y tanto más, como él dice. 

Ahora dejo que el lector juzgue, con sus propias luces o con su propia sensibilidad (esta oposición evoca los comentarios de Borges sobre Poe), un poema de Julio Huasi, tomado –como dijimos- de su libro “Asesinaciones”.

Publicado en revista Militancia Nº 33, 31/01/74.




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