domingo, 24 de octubre de 2010

1585.- JAVIER GONZÁLEZ LUNA


Javier Ignacio González Luna. Nació en Facatativá en 1954 y falleció en Bogotá, el 3 de junio de 2009. Estudió psicología en la Universidad Nacional de Colombia, y residió en París entre 1982 y 1992, donde recibió su doctorado en literatura de la Universidad la Sorbona y formó parte del grupo que publicó la revista Spirale-Inkari. Desde 1993 fue profesor del Dpto. de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, donde recientemente había sido nombrado profesor titular.
Su primer libro, El cuerpo y la letra. La cosmología práctica de Octavio Paz, fue publicado en Madrid por el Fondo de Cultura Económica en 1990; saludado por el poeta mexicano como una de las interpretaciones más agudas y originales de su obra. Además publicó los libros de poesía Hacia el alba (Medellín, 1993), Ab-uso de palabra, (CEJA, Bogotá, 1998), Vigilias (Los Conjurados, Bogotá, 2005), Nubes y relojes (No. 46, Colección Viernes de Poesía, Universidad Nacional de Colombia); el libro de ensayos El linaje de Orfeo. Poesía y modernidad, (CEJA, Bogotá, 2000), el diario de viaje Jornadas Indias (PENSAR, Bogotá, 2003) y Kôten, una colección de textos en torno a las relaciones culturales entre Japón y América Latina.





CREPÚSCULO

Nubes. Ovejas irisadas
navegan en la tarde.
Ante el destello
–divina luz que el ojo no resiste–
el oro se funde en transparencias
en la oscuridad.

La montaña se hace radiograma,
sombra,
contraste de ceguera.
Las nubes imploran la luz,
vistiéndose de rojo
tras el astro que se aleja.

Después el gris es una sola nube,
adensamiento de lo oscuro.
Negro sobre negro.
Noche que enciende otros soles.








LA MONTAÑA VAPORIZADA

Por qué creemos más real lo sólido
Que lo etéreo?
Por qué más real lo visible
Que lo invisible?
Por qué creemos más real lo existente
Que lo inexistente?
Por qué más la figura que el vacío?







POÉTICA

Anhelo de ver llegar el día
en que los artificios del barroco
estallen y se dispersen en el aire.

–Presencia ante los ojos–.
No quiero prédica
dogmática ni guirnalda civil.

Aire, aire para esta sed,
para este alud de textos y de voces.
Más claridad. Si no, silencio!
No quiero ruido, discurso,
palabra altisonante.
Despejad el silencio
Acallad el griterío
Quiero luz, transparencia, vuelo.

Talvez después de todo esto
se muestre de nuevo la semilla.






INFANCIA

La memoria orienta porvenires,
presta vigores
al fatigado presente.
El azul rebrilla bajo nueva luz.

Son de nuevo los gritos y las risas,
las veloces palpitaciones.
Es el trigal destellante, rumoroso,
el látigo bautismal de las cascadas,
la miel de la cereza.

Sueño. Infancia perdida
que regresa en cada acto,
en cada deseo,
nutriendo con sangre siempre nueva
ese otro sueño que es el presente.



INTELIGENCIAS

Entre el cubo lógico
y las flores
¿Cómo emplear las manos?
Darle vuelta a la rueda
o hacer un florero?
El cubo es obtuso,
sus líneas rígidas
y su didactismo
resulta isoportable.
Las flores, en cambio,
tienen su amorío
y se rebelan a la composición.
¿Dónde aplicar la inteligencia?
¿En la mecánica de monótonos rodajes?
¿En el exterior de una razón práctica?
¿O aquí? En la disposición
de los objetos y los seres
que me acompañan en la casa.








He tendido cuerdas de campanario a campanario,
guirnaldas de ventana a ventana,
cadenas de oro de estrella a estrella y danzo.
Arthur Rimbaud

EPIGRAMAS

Erótica
Amar los cuerpos con el cuerpo



Mística
La niebla, la nube de dioses,
De raíces de agua.
La noche vibrante.



La muerte me encanta
Con sus promesas.



Que se jodan Zeus
Y los suyos.
El mar es el dios.



El león que soy
El enciclopedista que parezco,
El niño que quiero ser.



II

Bar la veintiuna,
la noche.
Homosexualismo étnico
“Besos nada más”.

Arrullos.
Vallenatos de oro,
De mierda.
Falsos violines y acordeones.
Muerte, muerte.

Domingo:
El niño del veinte de julio
Espera la tribu.
Esperan los ciegos, los sideanos,
Los pobres y
Los enamorados.

El Señor vigila la ciudad.
Tiemblo en la noche.

La noche termina
Como si la muerte ya hubiese hecho su tarea.









HACIA EL ALBA

Sin grito, sin curación
La noche pasa alegre.
Juega la lluvia con las horas.

Baila! No pierdas el paso!

Las horas crecen,
los calendarios.
Baila sin tiempo

Deja la noche pasar
como un beso,
como detenerse
el molino final
Deja surgir el ebrio danzante.

Baila. Ríe
Tu muerte no te pertenece
Habítala. Haz de ella
el sueño,
el ingenuo deleite.







RAÚL GÓMEZ JATTIN

Quieres el puño, la herida,
Las manos sucias. Quieres la tierra
El semen, mejor que la conciencia.

“sentirse vivo en medio de la angustia”
renegar del poeta. Traicionar, quebrantar
la débil palabra.

El poema es lujo, mentira
doblemente peligrosa.
Más que sus perfumes y naranjos
quieres el humo,
los efluvios de retrete
que embriagaron a Rimbaud acuclillado.

La voz y el grito se pierden entre ecos
El “histrión elocuente” es atacado
por sus monstruos divinos
El amor se hace vampiro,
el azul negrura,
La miel barro y ceniza…

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