viernes, 29 de octubre de 2010

1642.- ÁNGEL CAMPOS PÁMPANO


Nace en 1957 en San Vicente de Alcántara (Badajoz). Licenciado en filología hispánica por la Universidad de Salamanca, en la actualidad es profesor del Instituto Español Giner de los Ríos en Lisboa. Desde la publicación de La ciudad blanca Ángel Campos aparece como uno de los autores más singulares de la poesía contemporánea en español, con textos en los que la crítica ha destacado la intensidad de su lectura del espacio, la calidad de sus poemas en prosa y la progresiva simplificación y austeridad expresiva.
Junto a su obra poética es reconocido como uno de los más importantes traductores españoles de la literatura portuguesa del siglo XX, de la que ha vertido al castellano obras de autores tan destacados como Fernando Pessoa, Carlos de Oliveira, António Ramos Rosa, Eugénio de Andrade y Sophia de Mello, entre otros. Es fundador y director de las revistas hispano portuguesas Espacio/Espaço escrito y Hablar/Falar de Poesía.
Ha presidido la Asociación de Escritores Extremeños. En 1992 funda el Aula de Poesía Enrique Díez-Canedo de Badajoz -que ha dirigido hasta el año 2002- bajo el patrocinio de esta misma asociación, una singular iniciativa por la que han pasado más de ochenta autores (entre otros, A. Gamoneda, J. A. Valente, Claudio Rodríguez o Ángel González), que se combina los encuentros didácticos con alumnos de institutos y las lecturas abiertas al público.
Fallece en Badajoz el 25 de noviembre de 2008.

-POESÍA
Materia del olvido (1986).
La ciudad blanca (1988).
Caligrafías (1989). En colaboración con el pintor Javier Fernández de Molina.
Siquiera este refugio (1993).
Como el color azul de las vocales (1993).
De Ángela (1994).
La voz en espiral (1998).
El cielo casi (1999).
El cielo sobre Berlín (1999). Con serigrafías de Luis Costillo
Jola (2004). Edición bilingüe, con traducción al portugués de Ruy Ventura y fotografías de Antonio Covarsí.




El azar de las calles: una oculta pasión, misteriosa y difícil. Huele a limpio el verano entre la ropa tendida. El esfuerzo húmedo del aire contra el cielo es una transparencia, la quietud admirable de un enigma que no descifro, queme puede. En medio de las calles, el bullicio lento de los tranvías que atraviesan la ciudad se desvanece. En las aceras, la mansedumbre y la tristeza de las gentes que pasan, el sosiego secreto de sus cuitas, el silencio solo... Si te llegas aquí, a estas calles, el tiempo es otro, insondable, más leve, menos torpe.

(De La ciudad blanca)








LA DIGNIDAD

mientras pueda pensarte
no habrá olvido

todavía si llamas
acudo a ti
fluyo desde mi mano
a la mano que tiendes desvalida
y entro en tu abrazo
con el temor que engendra el miedo

pero voy en tu busca
acudo a ti ofreciéndome
como animal sediento
que hociquea en el barro

acudo a ti
asciendo a tu respiración
fragmentado rumor que es puro abismo
surco abierto en la roca
cauce seco

que oculta el agua
la misma que ahora yo
acerco hasta los labios agrietados
por mitigar apenas
la fiebre que humedece
la nítida blancura de las sábanas

acudo a ti
a tu recogimiento
a la untura que calma tus rodillas
a la pausa limpia de la voz
tuya
entrecortada
por ver si lo que un día dijiste
podrá ser dicho
de nuevo con la misma dignidad

porque tú bien lo sabes
hay palabras
que duran mucho más que la caída

por eso hoy acudo a ti
a la tibieza de tu sangre
a la tersa piel que cubre tus piernas
acudo a ti
a la nada
retenido el aliento
de tu voz que me habla
hasta hacerse en mí
cierta

la palabra que dura
legible en su mudez
suspendida en los labios
y escribir con ella
mi biografía

sé que mientras pueda decirte
no habrá olvido
que del espacio de tu nombre
ha de brotar
abiertas sus dos sílabas
la semilla en la nieve


(De La semilla en la nieve)





Cercano A Lo Que Importa (I)

A Luis Ledo

Como una flor sorprendida en medio del desierto se nos revela la sombra audaz de un cuerpo perdido en la enramada, deslumbrada materia que es casi un sollozo, un advenimiento, puro lenguaje en el verde paraíso de los sueños.

Su pureza es la del desierto, la de la sal dispersa, que el destino del hombre desconoce, el precario equilibrio de la tierra que aspira a lo más simple, al mismo corazón de lo inmediato.




Siquiera Este Refugio (I)

Construida la casa, qué queda sino aguardar ante su puerta un efecto de luz, una voz que desde dentro te llame y cubra, como un presentimiento, la honda distancia que separa tu nombre de otros nombres.

La casa sola, geometría del aire, describe la razón de la escritura, la herida intacta del silencio.





Cercano A Lo Que Importa (II)

El cielo de la tarde aún es un incendio, una piedra quemada que lentamente envejece. El aire es limpio y bajo como un nuevo placer que tú desconocías. Se alboroza el silencio. Melodía de alas entre las hojas vivas. Escondido en la tela, te sobrecoge un pájaro, un pájaro imposible, negado para el vuelo, un deseo ilusorio enredado entre las ramas, enmarañado en el paisaje; un pájaro atrapado al que le niegan el poder de ascender, el de ausentarse…





Siquiera Este Refugio (II)

El cuerpo se acomoda a la secreta lascivia de las cosas, a su pobreza más íntima. Su morada es lugar de nacimiento, fulgor del día, voz inicial que se entreabre al sol de la mañana. La casa fue siempre el encuentro de la tierra y el agua, un fruto que germina con la luz y como el árbol se yergue vertical, insobornable.






Siquiera Este Refugio (IV)

Hoy, habitada la casa, descubres el asombro que la manden firme, en pie. Y aunque no lo recuerdes, unos ojos dormido ocupan sus salas, unos ojos dormidos en mitad de la noche como la huella imprecisa de la luz de un relámpago, como un gesto fiel que sólo sabe de ti por su silencio y que reclama una nueva lectura o que quizás tan sólo espera ser escrito para ser de otro modo finalmente.










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