viernes, 24 de diciembre de 2010

2638.- DENISSE BUENDÍA


Denisse Buendía nació en Morelos, México, en 1979. Estudió Ciencias de la Comunicación. En 2004 ganó el Premio Estatal de la Juventud. Ha llevado a cabo una intensa labor como difusora cultural. También se ha desempeñado como productora de radio y televisión. Como periodista destaca su participación en la Jornada Morelos. Actualmente forma parte del colectivo Lobos y sirenas que promueve y difunde la literatura. Días Animales se publicó en México durante el 2007, a través de la Universidad de Guanajuato



Días animales



“Yo nací en días animales…
donde nacen las lobas,
las sirenas,
las mujeres bárbaras con sus hombres tormenta.
Nací un día que mi madre estaba muerta…de pena
y entonces aprendí a rezar”
Denisse Buendía



Lo místico y lo irremediable: aprender a rezar con las alas de palo y el frío aposentado en la médula. “Yo escribo en defensa propia”, dice Denisse Buendía, sorbiendo su té helado; ha venido a mi estudio (en el corazón de la ciudad de Cuernavaca) a hablarme de sus versos. “En la palabra me refugio de mí misma, de mi animalidad”, el mundo está poblado de señales para el alma, cada quien las lee a su manera, a través de una pintura, un baile, una música lejana. Uno no puede andar por la vida anunciando sus oscuridades, hay que callarlas, hay que maquillarlas, hay que volverlas un ropaje interior y cederlas al amante de paso, como si no dolieran, como si no importaran.

Ella habla de los sentimientos violentos, negros, inconfesables, de cómo la poesía puede ir acomodándolos en el silencio, en la balanza de los espacios y los tiempos. Somos la borrasca eterna del miedo a tropezar con nosotros mismos, a zaherirnos con la mirada fija en nuestros ojos, a desatar las palabras que emprenderán el vuelo hacia la herida de la mejilla propia.
Denisse lee:





ANDA UNA MARIPOSA con las alas de palo,
queriéndose arrancar el rostro por el frío.
Yo ya conocía a los monstruos que lloran
por no tener espalda,
mas no sabía que el infierno se llamaba mío,
ni que las palabras te astillaban,
ni que una pueda tropezar con una misma y herirse
a muerte,
sin necesidad de espejos.

Ando singular,
melancólica,
guardándome en mis uñas,
como bruja hervida en colchón de cenicienta.

Caigo blanca, con aroma a vejez,
alguien o algo me esconde en una cajita silencial,
se ha deshilado mi pie izquierdo,
y la mano derecha se me llena de arrugas.

Sobre mis hombros todo lo que he pronunciado
me arrincona,
y entra el cielo fastidiado de mi muerte.





De su reciente publicación Días animales pregunto por qué ese título y ella dice que así se mira atravesar la existencia, con piel de loba, con instinto de alacrán, con corazón de mariposa:






ANFIBIA, anacrónica, hostil,
suelo olvidarme a gotas de mi nombre,
y mi único deseo después de muerta
es dibujar letras azules para los hombres terrestres…
Es fácil gritar el amor, el triunfo, mas el rencor y la desgracia sólo caben en un verso si hay que ponerlos en la conversación de la sobremesa.

[fragmentos de XV VECES QUINCE]

V
Días…
Donde la línea del olvido
suele morderle la memoria al diablo.
Buen-día-aire, para mí,
ventana hambrienta,
dolor de cicatriz,
racimos de palabras desechables,
de besos que caducan.

XI
Hombre, regreso ciega
al tiempo de tu tiempo,
vestida de repetición.

XIV
A gatas se deletrea mejor el abandono.
Hay quienes buscan su nombre en cementerios,
y se quedan mudos.

XV
Shh, silencio…
aún puedo dolerme.
Mientras va leyendo, vuelvo a entender el necio oficio del poeta, que “escondido en una cajita silencial”, urde su plan maestro para deponer al viento.





Y hay más poemas

PARA ESCRIBIRTE capturo besoscangrejos.
Para sostener tus ojos invoco a la lluvia.
Para cubrirte el frío me despojo de mis huesos,
me vuelvo nube, cachito de sol.

Hay noches donde la puerta de mi casa
espera sentadita a que la suspires.

Hay tardes donde me quedo sentada
a la orilla de mí misma,
y me abro el pecho, me toco el corazón, tejo palabras.

Mi cuerpo cruje en silencio, no me deja dormir.

Hay días en que amanezco anciana,
con arrugas en los ojos, cansada de seguirme
y no alcanzarme.

Hay un tiempo en mi tiempo,
donde mis ojos me abandonan.
Es para volverme noche, que me desnudo.

Para asustar nostalgias, escribo.
Para volar, atornillo mis pasos.

Para mirar que los ciegos sueñan, me vuelvo gata.
Es para dispararme, que abro la boca
hasta que me vuelvo un túnel de mariposas.

A veces, para bien amarme,
me vuelvo olvido.




COMENZÓ A TEJER SU NOMBRE en una noche cero,
maniática y rota comenzó a deletrearse,
a hornear pan para demonios,

a bordarle pasos a los duendes,
y hacer rituales de sal para las brujas.

Una mujer capaz de contener el llanto,
de caminar descalza,
de quemarse la boca,
de arrastrarse como un animal
que pide un abrazo fuerte.

Puede irse desnuda a donde nadie ha ido…
pero no sabe besar, carece de memoria.
A veces se despierta y desayuna un rostro conocido,
el del espejo, como un silencio compartido,
pero los demonios siguen sin entender nada,
y en la calle las brujas siguen aventando piedras.

Cuando las pesadillas la alcanzan no puede escribir,
no distingue las letras cuando está de lluvia,
cuando quiere arrancarse el rostro,
y morder el silencio de los perros.

Por eso comenzó a tejer su nombre en una noche cero,
porque tiene miedo de amanecer vacía.








COLECCIONABA CLAVOS, agujas de tejer,
ceras derretidas, focos fundidos,
cajones rotos donde alguna vez guardó sus sueños
una tal Pandora,

botellas decapitadas, gusanos pelirrojos,
cristales rotos con todo y sus fracasos.
Aún lastima el recuerdo de una voz bárbara,

aún se llora la sonrisa de la noche,
y las pesadillas de Jazmín.

Me gustaba hacerle tumbas a los asientos de café,
observar la malquerencia del sol al dejarnos sin aliento,
y me los volví recuerdo,
y me las colgué en el vientre.

Diosa “Nocbaja”, mujer de tres sexos,
donde se siembran palabras,
y nacen te quieros.

Hoy colecciono besos de luna llena y hombre lobo,
abrazos de azúcar para bien soñar,
e intento escribir con mi voz,
¡te amos!
que no sean necesarios,
sólo indispensables.



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